viernes, 3 de octubre de 2014

Adiós, Libertades

          Los que nos llamamos "de derecha" lo somos porque creemos en un valor básico: la libertad. En “La Segunda” de hoy viene un suplemento que incluye la sección “Bienvenidos: un catálogo humano de los extranjeros que están cambiando Chile”, donde aparece Deryck Oñate Espinel, cubano, “desarrollador web”, que se vino de su país porque “la gente allá no tiene internet… Siempre supe que para hacer lo que me gustaba profesionalmente tenía que irme a otro país… Aquí se siente que hay muchas oportunidades y que el límite es uno mismo”.

          Ése es Chile… o estaba siendo. Libre. Gracias al sistema de libertades que garantiza “el modelo” creado entre 1973 y 1990. Pero se ha decidido cambiarlo por “el otro”. Bueno, Deryck, te queda poco: acá están reemplazando ese “modelo” por uno más parecido al que hay en tu país, de donde decidiste venirte. Ahora, que pierdas tu libertad como “desarrollador web” es sólo cuestión de tiempo. ¿O crees que después de suprimir tu libertad para enseñar y educarse, para elegir sistema de salud, para disponer de derechos de agua y cultivar la tierra o trabajar minas o producir energía, o para desplazarte por las carreteras de la Araucanía o contratar trabajadores para que tu empresa no sea cerrada por una huelga o para ir de compras un domingo por la tarde o producir pollos o porcinos al precio que tú determines, se van a detener ahí y no van a suprimir más y más libertades? ¡Nunca ellos se han detenido ahí! Siempre encuentran que les falta algo más, hasta tener el poder total. Como en tu país, Deryck. Y como casi pasó acá hace cuarenta y un años.

          En Chile están sucediendo cosas que habrían sido increíbles poco tiempo atrás. Y están pasando porque el país ha sido mentalmente “deconstruido”. ¿Alguien habría pensado que, en presencia del rector de la Universidad de Chile, se iba a presentar un libro apologético del jefe del primer movimiento terrorista chileno, el MIR, abundantemente publicitado por la prensa de derecha y con declaraciones de su hijo afirmando que Miguel Enríquez nunca puso bombas ni practicó la violencia?

          El “pacífico” Miguel Enríquez asaltó la sucursal Huelén del Banco de Chile en 1974 y cuando el agente de la misma, Renato Robinson, tuvo el gesto heroico de enfrentar con sus puños al grupo armado y propinó a Enríquez un puñetazo que lo lanzó volando por los aires, éste le ordenó a uno de sus esbirros: “¡bájalo!”, orden ante la cual éste le disparó seis tiros en el vientre.

          El asalto resultó frustrado, Robinson sobrevivió, los sindicatos de trabajadores bancarios se pronunciaron en contra del terrorismo mirista y celebraron a los agentes de seguridad de la DINA que días después descubrieron la guarida de Enríquez y, contestando el fuego abierto por éste y sus acompañantes en la calle Santa Fe, pusieron fin a su vida y a su carrera de violencia y subversión.

          Pues bien, en el Chile enajenado y descerebrado de hoy, haciendo una burla más del Estado de Derecho, se inicia un enésimo proceso judicial violatorio de la legalidad contra el agente que puso término a la carrera terrorista de Enríquez, el brigadier Miguel Krassnoff, aplaudido en su tiempo por los trabajadores bancarios, que lo consideraron un protector de su seguridad laboral contra los asaltantes del MIR.

          El otro grupo terrorista chileno, el FPMR, brazo armado del Partido Comunista, sigue activo, impune y hasta ¡subvencionado! Ayer ha caído durante un asalto a una entidad financiera uno de sus miembros, ampliamente perdonado por la legislación por su pasado (por contraste con los ancianos militares que derrotaron al terrorismo y hoy esperan la muerte presos en Punta Peuco). Y, además, premiado por la sociedad con una pensión vitalicia de ciento cuarenta mil pesos mensuales atribuida a él por la escandalosa Comisión Valech, una de las discurridas por el marxismo y los Kerenskys para lavar el cerebro de los chilenos y compensar a los terroristas por habérseles impedido a los partidos de su ideología hacerse de la totalidad del poder en 1973. Se ha lavado tan bien el cerebro de los chilenos que una hija del peor Presidente de la historia del país asevera que en las calles la gente le dice que anhela ver el apellido Allende de vuelta en La Moneda.

          ¿Ha enloquecido Chile? A mí me parece que sí. A lo mejor exagero. Pero, en todo caso, cuerdo o demente el país, lo que sí es objetivamente claro es que “la joya más preciada de la corona latinoamericana”, “el país del más alto ingreso per cápita del continente” y “el que tiene el mejor nivel educacional de América Latina”, está despidiéndose crónica y metódicamente de sus libertades. Deryck haría bien en mirar hacia otros horizontes, si es que quiere seguir disfrutando de las suyas y no terminar viviendo otra vez privado de ellas como en Cuba. Porque para allá vamos.

miércoles, 1 de octubre de 2014

No Quedará Títere con Cabeza

          Pocas veces me habían reenviado tantas veces un material publicado, como ahora un comentario en CNN de Tomás Mosciatti. Tocó la casualidad de que lo había visto, así es que lo he vuelto a ver un par de veces más, para estar seguro de lo que dijo. ¿Y qué dijo? Que Michelle Bachelet pretende cambiar por completo la sociedad chilena, a diferencia de su anterior gobierno, que se mantuvo dentro del modelo. Ella quiere, por fin, hacer una sociedad socialista, completar el legado de Allende. No le importan los costos, la caída de la inversión, el crecimiento ni la inflación. Lo importante es “la misión”. ¿La oposición? No significa nada. Y no tiene posibilidad de impedirlo, porque está completamente desprestigiada. Mosciatti califica a algunos empresarios como “delincuentes”, aunque sólo se les haya dictado condenas en papel de diarios. Y en su exposición desfilan los “condenados” por él: Yuraszeck, Inverlink, La Polar, Cascadas, pollos. Todos sentenciados por los medios. En Inverlink se perdió “el jarrón de Lagos” pero también se le carga a la derecha. Como los 423 caídos por las balas de la guerrilla socialista-comunista durante el Gobierno Militar, que siempre también se le cargan a la Junta. Chile es así. (Esto último lo digo yo). En fin, Mosciatti agrega que el gobierno quiere conseguir una “ley de medios” para controlarlos. Y el Gobierno proyecta ganarse un millón y medio de votos de gente desposeída que hasta ahora no sufraga, y que irá a votar en el futuro y apoyará el gran cambio, que requerirá de varios gobiernos sucesivos.

          Si ustedes han seguido este blog, habrán comprobado que una y otra vez también mis escritos insisten en que en Chile está teniendo lugar una revolución socialista, encabezada  por Michelle 3.0, que es la verdadera Michelle, la extremista de izquierda predestinada a completar el legado de Allende. Resuelta a cambiarlo todo. Muy distinta de la Michelle 2.0 de su primer gobierno, “admiradora de la economía de libre mercado” (fueron palabras suyas que el viento se llevó).

          ¿Los costos? ¿A quién le importan los costos? Lo que importa es “la misión”. La producción industrial cayó 4,7%, cifra negativa que sólo se había producido en marzo de 2010, tras el terremoto del 27/F. Es que estamos en medio de otro terremoto, el de la revolución socialista. Ya hay industrias completas en el suelo, como la de la enseñanza superior privada con fines de lucro; o en vías de derrumbarse, como la de la enseñanza particular subvencionada. O bajo amenaza directa, como la de la salud privada, la avícola o la porcina. Si usted es un hábil inversionista en el sector financiero, cúidese. Lo sancionarán con multas millonarias en dólares y sin debido proceso, como reconoce el informe de la presidenta del Colegio de Abogados, Olga Feliú, en  el caso de los ejecutivos de Larrain Vial. Claro, si usted no se llama Larraín Vial se portan mejor con usted, como con Banchile y BTG Pactual, que operaron igual que la anterior con acciones Cascadas, pero todavía no son sancionadas y han quedado libres, hasta ahora, del “juicio en papel de diario”. Y si usted fue Presidente de la República, compró acciones de las Cascadas y amenazó al controlador de éstas con denunciarlo a la Superintendencia si no las fusionaba (lo que permitía al “fideicomiso ciego, pero no mudo” del mismo Presidente, hacer una espectacular “pasada”), bueno, no importa, “pasará piola”. Por algo el controlador de las Cascadas dijo su acertada frase: “Si el Presidente de la República no hubiera tenido acciones de las Cascadas, no habría habido ‘caso Cascadas’”.

          Somos el país que somos. El Contralor se descontrola y critica a diestra y siniestra. “¡Todo es mentira, todo!” dice: la Alta Dirección Pública, porque siempre nombran “al hijo de…”; el registro de ADN “funciona como las pelotas… igual que el registro de las donaciones, como el registro de los aportes de los privados a los partidos políticos”. Y todo eso, dice, “significa ‘reestaticemos las cosas’”. Días antes había delatado que más de la mitad de los recursos para la Subvención Escolar Preferencial para alumnos vulnerables no se gastaba en dicha Subvención. El Gobierno se enoja y critica al Contralor.

          Se anuncia el Presupuesto con casi diez por ciento de aumento del gasto estatal y por octavo año consecutivo no se podrá cumplir la meta de equilibrio estructural, pese a que primero se renunció al superávit estructural de uno por ciento; después al mero equilibrio y, en fin, después hasta al déficit estructural de uno por ciento. Pero todavía queda margen para que el Estado gaste más. No se preocupe, la revolución también dará cuenta de ese margen. Espere y verá.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Aporte de un Fiscal a la Revolución

          El Fiscal Nacional Económico ha decidido hacer su aporte a la tarea de destrucción de la economía privada emprendida por el Gobierno (por el momento enfrascado en liquidar la educación particular subvencionada laica y en arrebatar a las empresas el equivalente al US$8.200 millones de dólares a través de mayores impuestos), dando un golpe mortal a la producción avícola. El Gobierno prepara golpes adicionales a través de las reformas laboral y constitucional y, localizados, a las isapres, al mercado del agua y a las AFPs.

          El Fiscal Nacional Económico no es un revolucionario, pero hace este aporte a la revolución seguramente porque ignora conceptos básicos de microeconomía, según los cuales, cuando existe un oligopolio, la alternativa frente a un acuerdo o cartel entre las empresas es la guerra de precios entre ellas, que terminará con uno o más oligopolistas quebrados y el mercado todavía más concentrado, ya fuere en un monopolio o un duopolio, tan perjudicial para los consumidores como el que actualmente existe en materia electoral lo es para los electores (aunque éstos no se den cuenta).

          Para comenzar, en el mercado avícola actual hay amplia competencia potencial, porque es un mercado desafiable y abierto, y cualquier chileno puede producir pollos o importarlos. Y si nadie lo hace significativamente es porque los pollos que producen los actuales empresarios del rubro son mejores y/o más baratos.

Como en la respectiva industria hay grandes economías de escala (si la producción aumenta baja mucho el costo unitario) han quedado tres empresas mayores, que utilizan la mejor tecnología y, además, tienen capacidad exportadora. Si se pusieran a competir entre ellas por precios, se generaría una guerra por bajarlos y seguramente una o dos perecerían en ese conflicto, que tendría, entonces, como resultado, un monopolio o un duopolio, todo ello con perjuicio para los consumidores.

Como siempre es preferible la paz a la guerra, los oligopolistas del mercado de los pollos han llegado a un acuerdo, tácito o expreso, de cuotas de producción, que ha sido beneficioso para ellos y para los consumidores (que están protegidos, reitero, por la libre importación y por la libre entrada al mercado de cualquiera que desee producir pollos). Y Chile sale ganando porque tiene una industria avícola de gran escala y primer nivel tecnológico.

Además, la paz y la "no-guerra" de precios han permitido que, cuando alguna de las industrias mayores ha tenido un problema grave, derivado de algún siniestro u otra situación  imprevista, las demás la han ayudado a salir adelante. Porque así son los “acuerdos de caballeros”, no como los que la Alianza ha suscrito con la Concertación, en que, después que la primera cumple, la segunda no (acuerdo para liberar terroristas y militares tras diez años de cárcel, que la primera cumplió y la segunda no, con el resultado de que todos los terroristas fueron liberados y los militares siguen presos y muriendo en la cárcel; o como el acuerdo para nombrar a Brito y Pfeiffer en la Suprema, en el que, tras ser nombrado el primero con votos de la derecha, el segundo fue rechazado con votos de la izquierda). Es que para que exista un “acuerdo de caballeros”, todas las partes deben serlo. Y en Chile es casi imposible que se cumpla ese requisito.

          Si alguien le hubiera hecho al Fiscal Nacional Económico una clase de microeconomía, sección  “El Oligopolio”, probablemente él se habría abstenido de sancionar en términos ruinosos y de poner en la picota del ludibrio público a los productores de pollos, como lo ha hecho.

Como los periodistas, que saben todavía menos microeconomía que el Fiscal, se han hecho parte de la pública condena a los actuales empresarios, éstos han quedado expuestos, además (como ya lo reclaman algunas voces), a que su producción porcina se vea igualmente sometida a una caza de brujas como la de la avícola (la cual, según me informan algunas dueñas de casa, ya se ha traducido en un alza del precio de los pollos). Entonces se demuestra una vez más que podemos saber dónde comienza el populismo económico, pero no dónde puede terminar.  

miércoles, 24 de septiembre de 2014

El "DesUPelote" II


          Un blog tan distinguido como éste no debería emplear ese término, pero es que el Contralor General de la República ya lo ha usado ayer (“La Segunda, 23.09.14, p. 7). Y lo ha hecho para referirse a la forma cómo el Estado ha dilapidado los recursos de la Subvención Escolar Preferencial: “Hay una suerte de cultura del despelote del gasto público”, ha dicho.

La Subvención Escolar Preferencial tiene por objeto suplementar adicionalmente la subvención a los alumnos más “vulnerables”, que es la palabra utilizada de un tiempo a esta parte para referirse a los pobres. Pero el Contralor ha comprobado que más de la mitad de los fondos fue empleada en otros fines. ¿Por qué? Porque los funcionarios estatales son como el resto de los mortales: primero que nada velan por su propio interés. Entonces, según el Contralor, gastaron la mayor parte de la subvención en ellos mismos y su bienestar: bonos, sueldos e indemnizaciones para personas ajenas a la educación ($8.945 Millones); “salidas y celebraciones” ($1.695 millones); inversiones bancarias para ganar intereses; “notebooks, proyectoras, impresoras, discos duros, computadores… que no se encontraban en los establecimientos (educacionales)”; “vestuario deportivo para presentaciones artísticas”, el  cual estaba en los domicilios de los monitores; “proyectores, fotocopiadoras y pizarras interactivas… que permanecían sin ser utilizados; “pago de sandwichs para reuniones de directivos, almuerzos, loza, material de aseo para una escuela de verano, cortinas para habilitar una casa de huéspedes y compra de aspiradoras”; “programas antivirus, radios e identificadores de huellas digitales”; “tarjetas de saludo para el Día del Trabajador, cursos de capacitación  no autorizados, compras de certificados de nacimiento, atención médica, lienzos, pinturas y materiales de ferretería”. ¿Y los alumnos más pobres? Pueden esperar.

          Tanta malversación hace risibles esos “ponderados juicios” de dirigentes políticos y empresariales que compran la retórica de la izquierda y aceptan pagar más impuestos “para mejorar la educación”. Porque, simplemente, la mayor parte no irá a la educación, sino a la burocracia que la maneja. Al tonel sin fondo llamado Ministerio de Educación. El otro día me puse de pie a aplaudir, durante un almuerzo, a un rector universitario que, contestando la pregunta de cuál sería la primera medida que adoptaría para mejorar la enseñanza si estuviera en el gobierno, contestó: “Ponerle una bomba al Ministerio de Educación”. Se entendía que para hacerlo desaparecer. Naturalmente, después de aplaudirlo expliqué que con el dinero despilfarrado año tras año por ese monstruo burocrático se podría dar a todas las familias pobres y algo pobres de Chile un vale para financiar la educación de sus hijos en el mejor colegio particular pagado de su elección, entre los que surgirían en gran número bajo un sistema de libertades. Esto, que tantas veces he propuesto en este blog, lo ha dicho Niall Ferguson días atrás, ganando páginas completas en revistas y diarios. Bueno, no tengo inconveniente en cederle la idea.

          Supuestamente ese dinero dilapidado debió financiar la Subvención Escolar Preferencial para los más pobres, pero éstos recibieron menos de la mitad. ¿Por qué? Porque el dinero cayó en manos del Estado, y éste nunca va a dar la solución, pues “el ESTADO ES EL PROBLEMA” (Ronald Reagan).

          El programa estatista de Reforma Educacional está desarticulando, literalmente, la enseñanza particular subvencionada. El abogado asesor de los colegios, Eduardo Escalona, ha revelado (“El Mercurio”, 23.09.14, p. A2) que sólo el 8% de ellos traspasará el establecimiento a una corporación sin fines de lucro, como exige el plan socialista-comunista. Y que, del resto, el 21% se transformará en particular pagado y el 79% cerrará. Es la debacle de la educación particular subvencionada.

¿Qué nos recuerda esto? El Transantiago, por supuesto, que transformó un sistema de locomoción en que había 13 mil empresarios en otro donde quedaron cuatro mil; un sistema que arrojaba ganancias globales anuales de 63 millones de dólares en otro que da pérdidas de 700 millones de dólares anuales; y un sistema que satisfacía las necesidades de los usuarios en otro que les ha deteriorado su calidad de vida.

          La autóctona expresión del Contralor me ha hecho recordar la UP I, durante la cual se acuñó la expresión “desUPelote” para describir la situación. Yo en esos años tenía un comentario radial que se transmitía a las 7.30, las 14 y las 22 horas todos los días y que me valió ser elegido diputado por Santiago. Describía situaciones similares a las que, ahora, han llevado a la señora madre de la Presidenta a decir que le parece estar reviviendo la UP. Por algo lo habrá dicho. En ese entonces, para mí, el clímax del despilfarro y la prueba decisiva de que “el Estado era el problema” se presentó al denunciarse que, con el presupuesto de la Salud estatal. se había financiado ¡un tratamiento sicológico en París para el extremista brasileño Belluce Bellucci Morais”!, uno de los doce mil (datos de la OEA) llegados para impulsar la revolución.

          Ahora estamos viendo de nuevo la película, pero sin (espero) los grupos armados que promovía activamente el gobierno de Allende. A propósito de lo cual me ha divertido saber, a través del programa de Checho Hirane, que ese repúblico democrático que es hoy Osvaldo Andrade fue apresado por Carabineros en 1973, antes del 11, por porte ilegal de un arma, tras un accidente de tránsito. En ese tiempo el armamentismo UP sólo se descubría gracias a accidentes de tránsito. La denuncia policial siguió su trámite y, años después, Osvaldo Andrade se benefició de la Ley de Amnistía y fue sobreseído. Ahora que su gobierno va a “anular” dicha ley ¿debería ser procesado al desaparecer la causal de extinción de su responsabilidad?

          Se incorpora, entonces, el episodio al anecdotario del actual “DesUPelote II”.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Una Señorita Irreconciliable

          Se supone que las Fiestas Patrias son una ocasión para unir a los chilenos y no para revivir viejas querellas, cuitas y rencores, pero la Presidenta eligió la fecha para anunciar que el Ejecutivo patrocinaría una moción legislativa que anulará la amnistía de 1978, que hasta hoy es ley de la república, y gracias a la cual quedaban atrás querellas, cuitas y rencores.

          Como ustedes seguramente saben, pero de manera muy parcial, sesgada y desinformada, en 1973 culminó en Chile un conflicto derivado de que el gobernante marxista-leninista de entonces, apoyado por los partidos de la UP, se proponía instaurar un sistema “socialista marxista integral” (fueron sus palabras en entrevista a Regis Debray), apoyado por grupos armados ilegales cuya descripción y cuantificación fue hecha por el secretario general socialista Carlos Altamirano y con el propósito de destruir por las armas el Estado democrático burgués en la forma descrita por los Congresos socialistas de 1965, 1967, 1969 y 1971.

          Pero el Estado democrático burgués resultó más difícil de destruir de lo que suponían las huestes del señor Allende, pues los partidos democráticos (es decir, los no marxistas) llamaron a defenderlo a quienes tenían legalmente las armas, a la voz de Eduardo Frei Montalva, presidente del Senado, que proclamaba la urgencia de la respectiva acción diciendo: “Esto se arregla sólo con fusiles” y, a los que tenían legalmente los fusiles, “ustedes tienen las bayonetas y deberían saber lo que tienen que hacer para salvar al país” (Acta Rivera, julio de 1973, autentificada).

         Entonces estaba todo claro: los agresores eran los partidos marxistas y su gobierno, denominado de la Unidad Popular. La gran agredida era la democracia chilena. Los ofensores eran los que deseaban destruir esa democracia. Los ofendidos, la misma democracia y los demócratas. El resto es historia.

Derrotado el peligro, todos estaban felices. “Se izaban banderas en las poblaciones”, escribía Frei a Europa. Pacificado el país, la Junta Militar dictó un decreto ley de amnistía general para que todo fuera olvidado y los chilenos nos reconciliáramos. Todo el mundo, partiendo por el cardenal-arzobispo Raúl Silva Henríquez, aplaudió. Los agresores marxistas fueron los primeros en beneficiarse de la amnistía, término que viene del griego “amnestia”, olvido. Los chilenos estábamos reconciliados. Se preparó una nueva Constitución, hubo elecciones y todo marchaba bien ¡hasta que los mismos ofensores y agresores de antes de 1973 lograron tener el suficiente poder, desde el Ejecutivo, el Judicial y, últimamente, el Legislativo, para revivir el odio! Y ahí estamos hoy de nuevo.

          Ahora su Presidenta, en la fecha que debería ser por antonomasia la de unidad de los chilenos, ha anunciado que “anulará” el olvido que nos ha reconciliado. Entrevistada durante las Fiestas Patrias por la periodista de CNN (simpatizante de su gobierno) Mónica Rincón, ésta le pregunta por su sorpresiva iniciativa de “anular” la amnistía. “Los tribunales no la aplican hace muchos años”, se defiende ella. La periodista insiste: “Pero los que han sido sobreseídos antes ¿serán ahora procesados?”. Respuesta: “Son delitos de lesa humanidad, imprescriptibles…”

          Todo de nuevo. Jurídicamente lo que viene es un intríngulis, pero eso no importa, porque Chile, para los efectos de esta materia, no es un Estado de Derecho” y ya hace tiempo que los jueces se ríen de las leyes. Pero, en todo caso, piensen ustedes que, si Chile fuera un Estado de Derecho, la aprobación del proyecto significaría:

1)    Como “anula” una ley vigente, quiere decir que ella era válida hasta el día antes de la publicación en el Diario Oficial de la ley anulatoria;
2)    Luego, si era válida, los jueces que no la han aplicado han incurrido en un delito, el de prevaricación, y deberían ser procesados, condenados y destituidos por ello;
3)    La razón que ha dado la señorita Presidenta para que nada se olvide es que se ha tratado de “delitos de lesa humanidad”, pero,
3.a) Esos delitos no existían en Chile en la época de los hechos que se pretende castigar y que fueron amnistiados, y la Constitución asegura a todos los habitantes de la república que no pueden ser castigados por un delito que no haya sido establecido por una ley dictada con anterioridad a su perpetración. Los delitos de lesa humanidad fueron establecidos por ley de julio de 2009, es decir, dictada más de treinta años después de los hechos. ¿Se saldrá de la Constitución la Presidenta, como ya lo han hecho muchos jueces, para castigarlos?
3.b) La propia ley de 2009 que estableció los delitos de lesa humanidad dice que ella no puede aplicarse a hechos anteriores a su vigencia. ¿Desconocerá la Presidenta esta norma explícita dictada bajo su anterior gobierno?

          Bueno, pero éste no es un Estado de Derecho para los efectos de estas materias, pues las leyes no valen y no sacamos nada con razonar como si valieran. Acá la fuerza se ha sobrepuesto sobre la razón y por eso un reciente blog mío sugirió reemplazar el lema del escudo nacional, “por la razón o la fuerza”, por otro: “por la fuerza de la sinrazón”.

          Y ha quedado, por tanto, confirmado en este 18 de septiembre que los que tenemos razón, porque creemos en el derecho, en el orden, en la honestidad y practicamos la reconciliación, ya no valemos nada en este país. Hace tiempo que ya Chile ingresó a un clima regido por otra normativa: la conocida como “Ley de la Selva”, donde el triunfo está reservado, no a quien tiene la razón, sino a quien (o quienes) tienen la fuerza. Una señorita irreconciliable nos vuelve a retrotraer a ese lugar.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

¡Viva Chile, Por la Fuerza de la Sinrazón!

          Como estamos en Chile, celebramos la Independencia el 18 de septiembre, fecha en que no tuvo lugar la Independencia. Lo afirmo no sólo porque en ese día de 1810 de hecho se proclamara nuestra dependencia (que es lo contrario de independencia) de la corona de Fernando VII, sino porque después hubo un acta explícita de proclamación de la Independencia, con fecha 1° de enero de 1818, que expresó haber sido firmada en Concepción. Claro, nunca hemos celebrado el aniversario de nuestra Independencia el 1° de enero, que sería lo que correspondería. Tal vez porque entonces, al igual que ahora, estaba de por medio lo que he llamado “la cosa chilena”: pues, como éste es un país en que las cosas se hacen “a la chilena”, el Acta de la Independencia no fue verdaderamente firmada en Concepción el 1° de enero de 1818, como rezaba su texto original, que ya no existe, pues el conocido investigador y jurista Marcelo Elissalde Martel afirma que se quemó en el Palacio de La Moneda el 11 de septiembre de 1973. En realidad, ella se firmó el 12 de febrero de 1818, y no en Concepción, sino en Talca. Pero el Acta decía “Concepción”. Obvio, era un tremendo trabajo (cosa que todos los chilenos eludimos) caligrafiarla de nuevo y poner al pie “Talca” en lugar de “Concepción”.

          En todo caso, este 204° aniversario nos encuentra en plena “desarticulación nacional”, como titulé en un blog reciente. Todavía este 18 los chilenos podrán comer toda la carne en exceso capaces de financiar y regarla con cuantos “terremotos” sean capaces de ingerir. Pero nada de eso va a remediar la penosa situación que vive el país.

          Como he escrito en otro medio en esta misma fecha, ante el retroceso de la economía provocado principalmente por la Reforma Tributaria el Gobierno ha acordado destinar US$500 millones extraordinarios a reactivarla, los cuales provendrán de muy sospechosas “reasignaciones presupuestarias” por US$250 millones y ¡de la propia Reforma Tributaria!, otros US$250 millones. Es decir, si he entendido bien, dicha Reforma frena a la actividad y para contrarrestar eso el fisco usa US$250 millones que provienen de la misma Reforma. “Lógica chilena”, sin duda.

          También me llamó la atención que en el “emblemático” Instituto Nacional, que la ingeniería educacional socialista va a liquidar mediante el ”ranking” de notas y la prohibición de seleccionar alumnos, tuvo lugar una conferencia patrocinada por la asociación ilícita terrorista del Partido Comunista, el FPMR, que tantos asesinatos impunes ha perpetrado en Chile. Y no sólo impunes: muchos, si  es que no todos, sus autores cobran pensiones indemnizatorias y gozan de variadas franquicias de cargo estatal (salud, educación) para repararles el enorme daño infligido por el Gobierno Militar al impedirles tomar el poder por las armas e instaurar un gobierno totalitario.

          Lo notable de la conferencia del FPMR en el Instituto fue que el orador principal fue su militante César Quiroz, que si ustedes han leído con atención este blog de dos ediciones atrás, titulado “Podemos Estar Tranquilos”, es el mismo que apareció diciendo en “El Mercurio” de 19 de junio de 2003, junto a cinco “compañeros del Frente”, que Michelle Bachelet fue una activa militante del mismo en los años ’80. Antes, en los ’70, de acuerdo con su biografía, obra de los periodistas Andrea Insunza y Javier Ortega, ella había colaborado con el MIR en calidad de “ayudista”. Bueno, el emblemático Instituto Nacional sirve para que el FPMR divulgue sus nobles propósitos entre la élite de la enseñanza estatal chilena.

          Otra cosa que me llamó la atención en días pasados fue la asistencia del ex Presidente Piñera a un acto patriótico en la Escuela Militar. Llegó, tomó asiento, permaneció un rato sentado y luego se puso de pie y abandonó el recinto antes de comenzar la ceremonia, de todo lo cual informó la prensa sin dar una razón para esa extraña conducta. ¿Habrá oído voces que le decían reiteradamente algo?

          Seguramente lo que le dijeron era relacionado con los juicios contra los soldados del ’73 que su gobierno multiplicó por tres. Las escandalosas ilegalidades cometidas por la mayoría de jueces de izquierda en esos procesos, detalladas en el libro más importante publicado en el país en 2013, “Procesos Sobre Violación de Derechos Humanos”, del abogado Adolfo Paúl Latorre, han quedado impunes y no sólo eso: han sido validadas por nuestra sociedad. Pues el ciudadano medio dictamina: “la justicia ha hablado”. Es que no lee sino titulares.

          Pero esa ciudadanía ya está pagando el precio. “Primero fueron los militares, pero yo no era militar, así es que no me importó”, podría decirse, parodiando al pastor Niemöller en la Alemania nazi. Bueno, pues el caso es que la prevaricación ahora alcanza a los civiles. En otro blog anterior comenté el  ”caso Cascadas”, en que también hay un proceso “tramitado en papel de diario”.

Leí completo el informe de la presidenta del Colegio de Abogados, Olga Feliú, sobre ese proceso incoado por la Superintendencia de Valores y Seguros contra varias personas que operan en el mercado bursátil. Lo hice porque, en particular, me extrañó la magnitud de las multas, por ocho millones de dólares, impuestas a dos gerentes de Larraín Vial que no hicieron ninguna operación bursátil personal ni obtuvieron beneficio pecuniario alguno. Me pareció una monstruosidad y, efectivamente, el informe de la abogada Feliú concluye que la Superintendencia inició una investigación sin notificar a los investigados, citándolos para interrogarlos como testigos cuando se proponía formularles cargos, sin fijarles puntos de prueba para que se defendieran y condenándolos como si estuvieran prohibidas operaciones que ella misma había permitido.

          Por eso la abogada Feliú informa:
          “En el caso del presente informe, la superintendencia realizó una investigación que no fue notificada a los señores Manuel Bulnes Muzard y Felipe Errázuriz Amenábar. … Haber empleado las declaraciones prestadas por los señores Manuel Bulnes Muzard y Felipe Errázuriz Amenábar, en calidad de testigos, para fundamentar la formulación de cargos en su contra, constituye una grave vulneración del derecho al debido proceso de los formulados de cargo, y vicia, por consiguiente, el procedimiento administrativo sancionatorio seguido por la Superintendencia. … En el presente caso, la Superintendencia, que tiene la calidad de órgano acusador e instructor del procedimiento, no fijó los puntos (de prueba) relevantes, poniendo de cargo de los imputados hacerlo y sin embargo, cuando éstos cumplieron tal exigencia, resolvió rechazar una parte importante de los hechos y medios de prueba propuestos por los formulados de cargo. Lo anterior constituye un acto ilegal y arbitrario, por cuanto sin que exista una resolución que fije los puntos de prueba, y que sirva de antecedente para contrastar la pertinencia y necesidad de los medios de prueba propuestos, se resolvió rechazar una parte de ellos …. Dicha actuación afecta gravemente el principio de contradictoriedad establecido en el artículo 10 de la Ley N° 19.880. … La regulación específica de las operaciones que la Superintendencia ha considerado como contrarias a derecho, y que, por tanto han motivado la formulación de cargos, se encuentra contenida en Norma de Carácter General (NCG) N° 131, de 12 de marzo de 2002. De acuerdo con dicha regulación, las actuaciones cuestionadas por la Superintendencia no se encuentran prohibidas. La Superintendencia solamente hubiera podido formular cargos por las operaciones cuestionadas, sin vulnerar los principios de confianza legítima y certeza jurídica, si en forma previa a la realización de las operaciones de que se trata hubiera, por medio de una norma de carácter general, modificado la regulación correspondiente. Al no haber actuado en la forma señalada, ha violentado los principios señalados, actuando por tanto, en forma contraria a derecho”.

          Y pasando por todas esas ilegalidades propias de un indebido proceso, la SVS ha condenado a Bulnes y Errázuriz a diez años y un día de trabajos forzados, porque en no menos de ese término van a tener que producir dinero para pagar los cuatro mil y tantos millones de pesos que la Superintendencia les ha impuesto como multa.

          Mismo plazo de presidio sin beneficios que el juez de izquierda Alejandro Solís Muñoz y sus tribunales superiores impusieron a quien el 18 de septiembre de 1973 era el teniente de Carabineros Juan Abello Vildózola, que en esa fecha detuvo legalmente a Arturo Villegas Villagrán, en Penco, tras haber sido denunciado éste por tenencia de armas. Lo dejó en perfectas condiciones en la Comisaría de Penco y nunca más supo de esta persona. Pero el ministro sumariante de derechos humanos Alejandro Solís Muñoz ha condenado a Abello a diez años y un día de presidio sin beneficios por, sostiene, mantener hasta la fecha secuestrado a Villegas Villagrán, sin ninguna prueba de que así lo mantenga, pasando por sobre las normas de la competencia judicial, la cosa juzgada de sentencias del juzgado natural del caso, que lo sobreseyeron; la presunción de inocencia, el sentido común, las pruebas rendidas, la amnistía, la prescripción y todos los demás requerimientos de un debido proceso, manteniéndose la atrocidad jurídica a través de todas las instancias de la presente justicia de izquierda chilena, que ante cada recurso ha descartado las 58 páginas de argumentos y pruebas de la defensa hecha por el abogado Juan Eduardo Iturriaga Osses (que son las últimas 58 páginas del libro antes citado de Adolfo Paúl Latorre) con sólo dos palabras cada vez: “Vistos: Confírmase”. Pues así procede habitualmente la dictadura judicial chilena, que, como escribió Tocqueville, “es la peor de todas, porque es la única que no tiene remedio”.

          Y ahora esa dictadura les llega a los civiles, y la ejerce la Superintendencia de Valores y Seguros, a la cual sirven de altavoces los diarios, las radios y la televisión. Y el ciudadano medio, que lee sólo titulares y a veces hasta los entiende, dice “amén”.

          Por eso nunca hay que olvidar la advertencia del pastor Niemöller ni preguntar “por quién doblan las campanas”, porque, como advertía el poeta John Donne, siempre “están doblando por ti”.

          ¡Vivan en este 18 Chile y el nuevo lema impuesto por su actual revolución: “por la fuerza de la sinrazón”!

domingo, 14 de septiembre de 2014

Lea: Pronto Será Delito Escribir Esto

          El lavado de cerebros que la izquierda le ha practicado al país ha sido tan completo, que pronto será delito no tenerlo lavado. Pues hay una moción de ley para penalizar a quien contradiga la versión marxista sobre el Gobierno Militar.

Ahora la nueva Presidenta del Colegio de Periodistas, comunista, naturalmente, y que obtuvo su mayoría entre 500 votantes sobre un universo de cinco mil, cuyo 90% se abstuvo (siempre los comunistas ganan el poder así), ha condenado como contraria a la ética periodística la publicación del Acuerdo de la Cámara de Diputados de 22 de agosto de 1973 que llamó a los militares a poner término a la situación creada por la Unidad Popular. ¿Va a sancionar a los colegiados que lo comenten o reproduzcan?

Uno de los redactores de ese Acuerdo fue Patricio Aylwin, y lo votaron a favor todos los diputados DC, “como tabla”, sabiendo perfectamente lo que significaba, para lo cual bastaba leerlo, pues llamaba a los comandantes en jefe “a poner inmediato término” a las situaciones que describía el documento sobre el quehacer del Gobierno de Allende. Ahora varios DC, ante la referida publicación, se han esmerado en tratar de demostrar que el propósito del Acuerdo no fue provocar la intervención militar, pero el almirante (r) Jorge Llorente les ha recordado que el propio Salvador Allende reconoció que sí lo fue, en su respuesta a la Cámara. Además, quien lea literatura histórica fidedigna, como el libro del abogado Sergio Arellano Iturriaga, “De Conspiraciones y Justicia”, se enterará de que la preparación del golpe en el Ejército la llevaron a cabo militares de simpatías pro DC y que Patricio Aylwin, enterado de esos preparativos, usó al propio autor de dicho libro, hijo del general de su mismo nombre, para comunicarles a los uniformados el instante preciso en que se rompieron la conversaciones entre Aylwin y Allende, llevadas a cabo en la casa del cardenal Silva Henríquez, dando así luz verde a los preparativos que hacían.

Bueno, pero el lavado cerebral ha sido tal que ahora el 11 de septiembre se celebra en La Moneda como una efeméride de homenaje a Allende y de condenación a quienes lo depusieron y sucedieron, que a estas alturas están casi criminalizados, cosa que partió intentando Sebastián Piñera el 11 de septiembre de 2013 cuando proclamó a los que apoyaron el pronunciamiento (entre quienes estaban los que lo llevaron a él a la Presidencia) como “cómplices pasivos” de violaciones a los derechos humanos.

Lo de las “violaciones a los derechos humanos” no pasa de ser una consigna, porque los militares ese 11 de septiembre de 1973 se encontraron con no menos de diez mil guerrilleros bien armados (fuente: Carlos Altamirano) e igual número de extranjeros ingresados clandestinamente (fuente: OEA) y los combatieron. En esa tarea hubo excesos y la Junta Militar fue la primera en precaverlos y condenarlos a través de instructivos que pueden leerse en mi libro “Terapia para Cerebros Lavados”, cuyos efectos terapéuticos han sido poco eficaces, tal vez en parte porque la editorial en determinado momento decidió dejar de distribuirlo y me devolvió 700 ejemplares. Pero alcanzó a estar seis semanas en la lista de los más vendidos.

No hubo “política de atropello a los derechos humanos”, porque cuando la Junta recibió denuncias fundadas de que la DINA incurría en excesos, esta entidad fue disuelta y reemplazada por la CNI a cargo de un oficial que daba garantías de respetar los derechos humanos de los terroristas. Nunca hubo “masivas violaciones” de tales derechos, como afirma hoy editorialmente un diario de derecha, abrazando la consigna dictada el mismo 1973 desde Moscú. Sí hubo excesos, porque hubo uniformados que en algunas oportunidades interpretaron al pie de la letra la interpelación que Frei Montalva les había hecho a través de la directiva de la Sofofa, a la cual expresó que “esto se arregla sólo con fusiles” y la envió a hablar con los comandantes en jefe como única vía para arreglar la situación creada por Allende (Acta Rivera, debidamente autentificada por José Piñera).

Por supuesto, el hábil Aylwin, 16 años después, necesitó el apoyo de la izquierda para ser Presidente, lo recibió y lo pagó con la Comisión Rettig, un ente parcial y sesgado que se creó exclusivamente para “cargar el muerto” a los militares y exculpar a los “únicos culpables” de lo ocurrido en Chile (según Frei en su carta a Mariano Rumor), los partidos de la UP, en particular comunistas y socialistas, que a la vez tenían los grupos armados ilegales más poderosos.

Como decía uno de los poquísimos DC que no cambiaron de posición, Juan de Dios Carmona, quien fue hasta su muerte muy leal con los militares, “los democratacristianos usaron a los militares para derrotar a los comunistas y después a los comunistas para derrotar a los militares”. Aylwin les dio el gusto a los rojos mediante la Comisión mal llamada “de Verdad y Reconciliación”, "mal llamada" porque disfrazó la realidad y sólo ha servido para atizar el odio entre chilenos, que casi un cuarto de siglo después de constituida está más vivo que nunca de parte de quienes siempre lo han tenido como enseña de su acción pública.

Fue tanto el ocultamiento de la verdad practicado por la Comisión Rettig que hizo desaparecer al ejército clandestino de la izquierda, atribuyendo los muertos debido a sus atentados terroristas y ataques a una entelequia indefinida que llamó “violencia política”, para no identificar precisamente a sus autores, los guerrilleros del FPMR comunista, del MIR, del PS, del Mapu y de la Izquierda Cristiana. Y minimizó la cantidad de caídos a manos de ella, que era la guerrilla de izquierda, en 168. Ni siquiera la Comisión leyó el Informe del Ejército de cinco tomos presentado a la misma, donde se precisaban las víctimas del terrorismo marxista. Pero una posterior comisión formada por el mismo Aylwin, a raíz de que muchos izquierdistas también querían compensaciones en dinero, la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, fue más seria y comprobó que la guerrilla había matado a 255 personas más, elevando el total de los caídos bajo las balas de la izquierda a 423, sin perjuicio de lo cual todos los que se refieren al punto invariablemente se los cargan también siempre a los militares, por ignorancia o mala fe.

Pero el lavado cerebral ha sido tan completo que hoy día hasta los columnistas de derecha les atribuyen a los pobres militares (“pobres” porque son ilegalmente perseguidos y a diario siguen cayendo presos por hechos inexistentes o amnistiados o prescritos y, además, como ya son personas de edad avanzada, yacen entre pañales y balones de oxígeno en celdas de dos por tres en el penal Punta Peuco). Demás está decir que la mayoría de las querellas ilegales en contra de ellos fue interpuesta por el gobierno de sus supuestos “cómplices pasivos”, según Sebastián Piñera, quien como candidato y para conseguir los votos de la familia militar les prometió un debido proceso y respeto a la prescripción y como Presidente se sentó en ambos compromisos, a cambio de una “pasada” favorable para él en las encuestas, y a través de su inefable subsecretario Ubilla acentuó la persecución en su contra y les cerró el único penal relativamente digno en que algunos estaban (durante cuyo acto de traición permitió que se enarbolara en el frontis del penal que se cerraba la bandera de la hoz y el martillo que llevaron los comunistas para celebrar el endurecimiento de su venganza gracias a la complicidad activa de Piñera). Muchos me preguntan “por qué ‘le tengo pica’ a Piñera” y les respondo que por cosas como ésa y no por situaciones personales, que nunca han guiado mis opiniones sobre materias públicas o políticas.

Hoy leía a un columnista de derecha referirse al periodista que los “encapuchados” de la izquierda días atrás rociaron con bencina y estuvieron a punto de quemar, creyéndolo un carabinero de civil, y sólo se abstuvieron al convencerse de que no era carabinero, porque si no lo quemaban. Estos son “las víctimas” y los “defensores de los derechos humanos”. Lo malo es que el columnista equiparaba el caso al de Carmen Gloria Quintana, que resultó quemada por sus propios artefactos incendiarios durante una protesta de los años ’80, como si los militares la hubieran quemado, en circunstancias que fueron ellos los que le apagaron el fuego iniciado por ella misma, según acreditó el juez Alberto Echavarría Lorca, que investigó los hechos. Pero ya la derecha “cargó” los quemados a los militares irremisiblemente.

Ahora la Presidenta alienta la mitología anti gobierno militar y en este aniversario del 11 ha vuelto a hablar del “pacto de silencio” de los uniformados sobre los detenidos desaparecidos, pacto que, por supuesto, no existe. El tema de los detenidos desaparecidos es mantenido artificialmente, porque las dos comisiones formadas y antes señaladas llegaron a un total de 1.102 personas en esa condición y durante años se ha comprobado la muerte y el destino de 1.108 personas, de las cuales hay los restos de varios centenares sin identificar en el Instituto Médico Legal y varios patios del Cementerio General que la Justicia conoce perfectamente y que están precisados en la página 262 de mi libro antes citado. Además, media docena de personas que las Comisiones habían dado por detenidas desaparecidas han ido reapareciendo en el curso de los últimos años y se han publicado sus casos. El “pacto de silencio”  no tiene ningún sentido, porque ya todo se sabe y lo único que falta es la decisión de identificar restos que ninguno de los sucesivos gobiernos de izquierda (ni el sedicente de “centroderecha” que mantuvo a un  militante del MIR como funcionario de su exclusiva confianza dirigiendo el Instituto Médico Legal, y que, lógicamente, ha sido confirmado por el gobierno actual) se ha interesado por identificar ya por más de casi un cuarto de siglo en que habrían podido hacerlo. Pregúnteme usted por qué.

En fin, tal vez pronto decir estas verdades será constitutivo de delito en Chile y si no lo es, será considerado tal por los jueces de izquierda que predominan en los tribunales, cuya nueva presidenta gremial ha dejado constancia de su tendencia de izquierda en la prensa de hoy al manifestar su admiración por los ministros Haroldo Brito y Carlos Cerda, de la Corte Suprema, caracterizados por dejar sin aplicación las leyes cuando de vengarse de los militares se ha tratado.

Así es que aproveche de releer las líneas anteriores porque, si la izquierda sigue campeando como lo hace y la derecha cohonestando sus versiones antojadizas de la historia, tal vez en el futuro no sea posible volver a publicarlas y usted sólo estará autorizado para leer lo que sea del agrado de, en este caso, la “Hermana Mayor”.