lunes, 12 de enero de 2026

"¡DESTRUYAN LOS LIBROS!"

Nada refleja mejor la catadura moral de quienes todavía nos gobiernan que la orden de Gendarmería de destruir la biblioteca de cuatro mil volúmenes que habían formado los presos de Punta Peuco.

Todos ilegalmente condenados por un delito que, primero, no existió nunca en la vida real, el "secuestro permanente", y cuyo inventor, el exministro de corte Alejando Solís, confesó en cámara, hace diez años, que él no probaba, sino "fingía", añadiendo, para mayor claridad: "Yo no estoy diciendo que ésa haya sido la realidad". Miles de años de condenas y en ninguna parte nadie ha visto ni sabido de algún "secuestrado permanente".

Y aunque lo hubiera habido, no habría podido condenarse por él a exmilitares, que eran funcionarios públicos. Pues según el código sólo pueden cometerlo "particulares".

Otros dicen que se trata de "delitos de lesa humanidad", inamnistiables e imprescriptibles. Pero esos delitos no existían en la legislación chilena en los años 70, cuando sucedieron los hechos. La Constitución garantiza que sólo se puede condenar por un delito establecido por una ley "dictada con anterioridad a su perpetración". Y la de delitos de lesa humanidad se dictó en 2009. Ella misma dice que no se puede aplicar a hechos ocurridos con anterioridad a su dictación. Y además esos delitos consisten en "un ataque generalizado a la población civil", en circunstancias que los militares defendían a la población civil del ataque generalizado contra ella de los atentados terroristas. Es decir, los que los cometían eran éstos. La cosa era al revés

Por si no bastara, en los juicios contra exmilitares no hay pruebas, sólo presunciones. Cuando al blanco favorito de los jueces marxistas, el brigadier Miguel Krassnoff, fue por primera vez preso, hace más de 30 años, escribió una carta a El Mercurio asegurando que nunca había visto, conocido o interrogado a su supuesto secuestrado. Ahí recibió sus primeros quince años, que a estas alturas han superado los mil. Gendarmería le informó por escrito que en varios cientos de años más podrá pedir su libertad condicional.

Ésa es la calidad moral de la gente que todavía nos gobierna hoy y que a sus vícctrimas hasta les impide leer.

jueves, 8 de enero de 2026

MADURO ERA PEOR QUE BORIC

Maduro tenía 843 presos políticos, que ahora están siendo liberados gracias a Trump. Boric tiene 400 (eran 500, pero han fallecido cien). Nadie, salvo un grupo minoritario de patriotas y esta columna, se preocupa de ellos. 

El presidente electo ni siquiera los alude. Son exmilitares, es decir, los más indefensos de nuestra sociedad, junto con los que están por nacer. Debería aludirlos, porque gracias a ellos Chile no es hoy otra Cuba. Y también porque su conocimiento del derecho y su futura obligación como gobernante de defender el estado de derecho o rule of law, deberían impulsarlo a indultarlos a todos. Con la misma prontitud con que Boric indultó a los destructores del metro, incendiarios de iglesias y devastadores de ciudades.

En el caso de Kast el indulto deberá fundarse en que han sido condenados por un delito que no existe y que, según confesión del autor de la trampa judicial, no se ha probado. Lo cual he acreditado latamente en columnas anteriores.

Kast seguramente teme al poder comunicacional de la izquierda, que ha demonizado a los salvadores de Chile. Es tan fuerte que ha consagrado una gran mentira como verdad dominante: que Pinochet violó sistemáticamente los derechos humanos, en circunstancias que en este mismo blog y en las ediciones del 22 al 25 de noviembre he probado que ordenó a todas las unidades uniformadas y de orden respetar los derechos humanos.

El poder comunicacional de la izquierda llama a esos presos políticos "violadores de derechos humanos", pero ni siquiera a uno de ellos se le ha probado el delito por el cual está preso.

La peor derrota del marxismo chileno en este siglo fue la del 14 de diciembre. Pues que un político que había votado Sí a la segunda presidencia de Pinochet haya triunfado con el 58 por ciento de los votos sobre la candidata comunista, fue demoledor.

Pero en la situación actual se viola masivamente el derecho humano a un debido proceso de los exmilitares. Boric, Piñera, Bachelet han sido violadores de derechos humanos.

Yo le denuncié esto a Trump en su primer mandato y la Casa Blanca me acusó recibo. Pero, como es sabido, los demócratas le robaron la reelección. y no alcanzó a hacer nada. 

Ahora volvió al poder y le escribiré de nuevo. Espero que algo le sugiera al silente presidente electo cuando venga a la transmisión del mando, para marcharse satisfecho de haber sumado 400 a los 843 presos políticos del marxismo que ya ha salvado en Venezuela. 

 

lunes, 5 de enero de 2026

UN CAMBIO DE ÉPOCA

La audaz y exitosa medida de Trump representa un cambio de época. Maduro era una pieza fundamental para la influencia del marxismo-leninismo en América Latina. 

Para éste es tan grave lo sucedido como lo fue el 11 de septiembre de 1973 para el comunismo mundial. Recuerdo lo que dijo Brezhnev entonces: "¡Nunca más habrá otro Chile!". 

Pero lo que sucedió fue, paradójicamente, que nunca más hubo otra URSS. El comunismo, fue siendo derrotado en diferentes países. Todo partió a raíz del éxito del régimen militar chileno que, primero, fue señero en lo económico, como lo ha reconocido el autor inglés Niall Ferguson: "los militares chilenos fueron los primeros, Thatcher y Reagan vinieron después".  

Pero no fue sólo eso: los comunistas usaban un constructo artificial y astuto, "el respeto a los derechos humanos", para inhibir o impedir a las democracias defenderse de su violencia, logrando así impunidad para su guerrilla. En los foros internacionales acusaban a la Junta de atropellar tales derechos. Acusación falsa, porque Pinochet desde un principio ordenó respetarlos, como lo prueba mi libro, "Pinochet Probado Inocente", reproducido en este blog  a partir del 25 de noviembre último. 

El hecho fue que a los acusadores comunistas, en foros y debates, les preguntaron si ellos iban a respetar los derechos humanos en los países en que gobernaban. Encabezados por Gorbachov, tuvieron que dejar de perseguir y "hospitalizar" a meros opositores y mandar tanques a reprimir marchas en otros países. Esto trajo consigo que su gente se sintiera más libre y derribara primero el Muro de Berlín y luego al régimen de Alemania Oriental, sin que los tanques rusos pudieran actuar. Hubo elecciones y de ahí vinieron las derrotas comunistas en todas la partes donde el pueblo pudo votar, hasta quedar reducidos hoy, tras la caída de Maduro, a Cuba, Nicaragua y Corea del Norte.

Por eso la historia real ha refrendado la frase de mi libro "Historia de la Revolución Militar Chilena 1973-1990", que el comunista Mario Amorós cita en su diatriba (no biografía) contra Pînochet: "La Revolución Militar Chilena alcanzó, entonces, una trascendencia histórica tan importante como la Francesa en su tiempo o la Rusa en el suyo".

En lo económico, lo político y lo social su ejemplo impulsó la libertad en todo el mundo. Un jalón más en ese legado victorioso ha sido la caída de Maduro. Otro se registrará, más temprano que tarde, con la plena reivindicación de nuestro régimen militar y el reconocimiento mundial de que Pinochet ordenó, "a todas las unidades" y desde el primer momento, respetar los derechos humanos. 

La verdad nos hará libres y la libertad nos traerá la paz y la prosperidad del país que recibieron los civiles el 11 de marzo de 1990.


jueves, 1 de enero de 2026

EL ALMA ENVENENADA DE CHILE

Hoy no circulan diarios, pero pueden leerse en internet. Y en El Mercurio viene la carta de Martina Matus, presidenta de la FEUC, de extrema izquierda, porque el 90 % de los estudiantes de la UC no votan en sus elecciones, sino que van a estudiar. Y el marxismo se aprovecha.

En esa carta rinde homenaje a los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad, el brazo logístico del terrorismo (atención jurídica, hospitalaria y propagandística gratuita) que la Iglesia de Santiago, bajo la égida del cardenal arzobispo Raúl Slva Henríquez, le dio al terrorismo del FPMR comunista y el MIR comunista-socialista, ambas asociaciones ilícitas asesinas, cuya defensa judicial y atención médica corrió por cuenta de los católicos. Esto debido al viraje político del cardenal DC, que al igual que su partido, viró del apoyo al golpe ("nos iban a degollar a nosotros también", le dijo a William Thayer, está en sus memorias) poco después del 11, a una oposición ciega.

La carta de Martina Matus manifiesta el veneno que corroe al alma de Chile. Ahora se considera "atropello a los derechos humanos" el combate que el régimen militar, en buena hora (porque venció al final, en 1990, al terrorismo de extrema izquierda. Pero después perdió la posguerra publicitaria).

¿Por qué El Mercurio, supuestamente de derecha, acoge la carta de la extremista de FEUC? Porque también compró el cuento de la izquierda. 

Es que, además, la memoria falla: el 26 de mayo de 1986 los principales diarios publicaron dos páginas enteras con las fotografías de 47 uniformados y de las fuerzas de orden asesinados desde el 19 de abril de 1978, fecha de la amnistía que, en definitiva, benefició masivamente a la guerrilla y se negó a los exmilitares. 

Leo el último de los casos de uniformados asesinados por el terrorismo y cuyos hechores eran defendidos gratuitamente por la Vicaría: el joven carabinero Miguel Ángel Vásquez Tobar, llamado por una falsa denuncia extremista de supuesto asalto a una panadería. Era una celada marxista. Cuando llegan los carabineros son ametrallados. Muere Vásquez Tobar, de veintiún años. Se abre proceso contra los asesinos. que en ese tiempo eran perseguidos, no indultados ni pensionados vitalicios, como hoy. ¿Quién los defendía gratis? Abogados de la Vicaría, entre ellos uno que después  adquirió notoriedad, asesorando al gobierno de Piñera: Luis Hermosilla.

En ese caso la justicia encargó reos a un abogado y un médico de la Vicaría que atendió a un extremista herido en la clínica "Chiloé" donde el Vicario Valech atendía a terroristas. Todo financiado por el Arzobispado de Santiago con el dinero de los fieles.

Ésa es el alma envenenada de Chile: que un supuesto diario de derecha acoja la carta de la Martina Matus para rendir homenaje a una dependencia logística del brazo armado de la izquierda dedicado a asesinar militares, policías y civiles.

Para los 40 años del 11 un grupo de ciudadanos quisimos volver a publicar las dos páginas en los diario en que aparecieron en 1986. Se negaron.

Es parte del alma envenenada de Chile, que llama bien al mal del terrorismo, lo protege y no denuncia a los asesinos de los 47 que habían caído en 8 años y a cuya memoria nadie rinde homenaje. 

Los extremistas asesinos han sido convertidos en víctimas. Los totalitarios en "demócratas". Los agresores en agredidos. Y siguen sustrayendo semana a semana dinero al erario mediante fallos condenatorios por un delito que no se prueba. Y que el autor del artificio reconoce que no prueba, sino sólo finge. Y el alma envenenada de Chile mira para otro lado.