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sábado, 17 de febrero de 2024

Justicia Tardía

Según mi blog del 4 de septiembre de 2014, "Política y Negocios", fundado en informaciones publicadas y no desmentidas, durante un comité político en La Moneda el presidente le mandó decir al controlador de SQM, Julio Ponce Lerou, que si fusionaba las sociedades Cascadas mediante las cuales controlaba a SQM, él conseguiría que la Superintendencia de Valores y Seguros sólo le aplicara una multa pequeña por sus supuestas irregularidades bursátiles,  y que no se querellaría. Y asunto terminado. 

¿Por qué quería esa fusión el presidente? Porque era una manera de comprar acciones baratas de SQM y tomar el control de ésta, "la joya de la corona". Además él tenía acciones de las Cascadas y el precio de dichas acciones subiría con la fusión. O sea, ganaría con ella.

Pero Ponce resistió y retuvo el control de SQM. Declaró que si el presidente no hubiera tenido acciones de las Cascadas, no habría habido "caso Cascadas". Ante la denuncia en su contra por supuestas irregularidades en la compra y venta de acciones, la Superintendencia le impuso la multa más alta de la historia de Chile, 63 millones de dólares. Ponce se siguió defendiendo y al final la multa terminó en 3 millones de dólares. Y preservó el control de SQM.

Otros blancos del ataque presidencial y de la Superintendencia fueron la corredora de bolsa que intermedió las operaciones de las Cascadas, Larraín Vial, su socio principal, Leonidas Vial, y dos gerentes. A todos ellos les impuso enormes multas, que en conjunto sumaron 40 millones de dólares.

Bueno, el 14 de febrero último El Mercurio informó que la Corte de Apelaciones, casi diez años después del comité político en La Moneda y de su secuela persecutoria, y casi catorce después de las operaciones cuestionadas, que habían sido investigadas y sancionadas a instancias de la firma que manejaba el "fideicomiso ciego" administrador de la fortuna del presidente, ha dejado sin efecto todas las multas impuestas a Larraín Vial, a sus gerentes y a su socio principal

Durante una década se impuso en el país y urbi et orbi la versión de un supuesto escándalo financiero. En particular, una víctima propiciatoria fue el principal socio de la corredora, Leonidas Vial, quien tuvo que trasladar su oficina a un lugar distinto de la sede de la firma, para cuidar su reputación. Por igual razón debió renunciar al directorio de la Bolsa de Comercio. 

Y ahora, casi diez años más tarde, resulta que los jueces de primera y segunda instancia confirman que ni la corredora ni él habían incurrido en irregularidad alguna.

Un paso fundamental lo dio la jueza del 29° juzgado, ante el cual se denunció el supuesto fraude: ella misma fue a la Bolsa y quiso hacer una operación fraudulenta como la que denunciaba la Superintendencia ¡y el software se la rechazó! Por tanto, Larraín Vial, su socio principal y sus gerentes demostraron que todas sus operaciones habían sido realizadas legal y reglamentariamente. Y por eso el fallo de la Corte de Apelaciones libera a la corredora, a su socio principal y gerentes de los 40 millones de dólares de la multa.

Los ríos de tinta, las horas de paneles televisivos y espacios radiales donde se barría el piso con el prestigio de Leonidas Vial, Larraín Vial y dos de sus gerentes han quedado reducidos a lo que eran: injurias y calumnias.

Se supone que alguien debería pagar por el daño reputacional de tantos años. El causante originario no lo hará. Pero él fue un "agente del Estado". Éste debería indemnizar. 

El sufrido contribuyente observa desconcertado la situación.


miércoles, 27 de junio de 2012

Anda un Tipo Decente Suelto

El país político se ha ido acostumbrando a transar con la sinvergüenzura. Casi todos prefieren mirar para otro lado cuando el inverecundo trepa hacia las alturas. Lo importante es ganar.

Pero de repente llega un tipo que planta en el campo de juego un estándar moral. Denuncia el clientelismo político y da el nombre de su principal gestor. Nadie estaba preparado para eso.

El país enfermo se retuerce y se estremece. Le han aplicado el termocauterio.

El senador denunciado responde con un ataque devastador. Le dice al denunciante una cosa atroz: "Como ministro no quiso ser populista y se opuso al posnatal de seis meses y a suprimir el 7% de salud de los jubilados y ahora resulta que sus adversarios han hecho ambas cosas desde el gobierno y se las han acreditado para sí". Una imputación supuestamente demoledora para un político: pasarse de serio. ¡Serlo más que su oponente! ¡Qué barbaridad!

Es que el senador acusado ha salido de sus casillas porque no ha estado acostumbrado a que le recuerden cosas. Él fue elevado el año pasado a la máxima dignidad legislativa, la Presidencia del Senado, en brazos de una mayoría de sus pares que a la hora de votar por él olvidaron por completo cómo se gastó fondos de la Cámara para enviar 27 mil cartas a adherentes del PPD y así conseguir la presidencia de la colectividad; cómo cobró fondos para el financiamiento electoral con una factura falsa de Publicam; cómo ofreció al menor menor L. Z. un par de zapatillas nuevas, con tal de que acusara falsamente de pedofilia a un senador adversario.

Esa mayoría senatorial prefirió perder la memoria y elevar al autor de las fechorías a la segunda dignidad nacional. Porque en materias políticas estamos acostumbrados a que no haya la menor exigencia moral. Los prontuarios más oscuros se blanquean con sorprendente celeridad, a la hora de alcanzar el poder. Los cerebros son lavados de toda recordación inconveniente con extraordinaria facilidad. La amnistía (para los políticos) siempre es total.

Por eso ahora suenan todas las alarmas: "¡anda un tipo decente suelto en la arena política! ¡Cuidado!"

Es hora de que los sedicentes "prohombres republicanos" --término este último con el que les gusta hacer gárgaras-- se pongan a temblar.