martes, 8 de septiembre de 2026

¡¡¡KRRRAAASSSNOOOFFF!

Los comunistas se especializan no sólo en el asesinato de personas, como los cien millones que les acreditó "El Libro Negro del Comunismo", de Stphanne Courtois y otros, sino que son eximios en el "asesinato de personalidades". En divulgar atrocidades sobre sus adversarios, por falsas que sean. Lo notable es que personas no comunistas repitan sus imputaciones. 

Yo mismo me auto sorprendí hace años diciendo que el de Gabriel González Videla había sido un mal gobierno, influido por todo lo negativo que le imputaban los comunistas, a los cuales había llevado a su gobierno, primero y, luego de conocerlos y darse cuenta de que fraguaban un golpe en su contra, había puesto fuera de la ley (Ley de Defensa de la Democracia, mejor conocida, gracias a la propaganda comunista, como "Ley Maldita".)

Cuando entré a la redacción de El Mercurio en 1962, siendo "joven e indocumentado" así y todo sabía que un destacado intelectual peruano, Eudocio Ravines, que había sido comunista, se había desilusionado y dejado de serlo, Había escrito un libro muy inteligente y honesto, "La Gran Estada", que se vendía en toda Sudamérica y en particular en Chile. Probaba que el comunismo es lo que casi todo el mundo sabe o debería saber: una gran estafa.

Entonces el comunismo desató contra Ravines una campaña de denigración e injurias parecida a la que mundialmente desató y patrocinó desde 1973 contra Augusto Pinochet y a la que antes había desplegado para "asesinar la personalidad" de González Videla. Un redactor le propuso al director del diario entrevistar a Ravines, que estaba acá, pero el director se negó, diciendo que Ravines "estaba desprestigiado". Compró la propaganda comunista. Me sorprendió mucho. No fue la última vez.

El turno ha sido, desde los 90, contra Pinochet y Miguel Kraaanoff. Ha sido tan terrible contra éste que ya su solo nombre ha pasado a ser sinónimo de horror. Los jueces se sienten autorizados a condenarlo por cualquier cosa, sin probarlo. La candidata presidencial comunista Jeannette Jara lo describió practicando un aborto a una prisionera con objetos metálicos, ante una teleaudiencia de millones. Un monstruo. Contra Krassnoff no importa no tener pruebas.

Hace poco la entrevistadora de Mega, Constanza Santa María, usaba su apellido, pronunciando rítmicamente "Krassnoff", para acosar a un diputado de derecha, como sinónimo de "horror".

Y últimamente el senador DC Iván Flores ha dicho, para justificar su nula disposición a alguna forma alternativa de cumplimiento de sus penas por los presos octogenarios y nonagenarios: "No estoy dispuesto a aprobar ningún beneficio para Krassnoff", como si estuviera nombrando al demonio mismo. Un antiguo "malo" del cine se llamaba Boris Karloff y eso rima y ayuda a demonizar a Krassnoff.

Nunca se ha probado seriamente que haya detenido a alguien, pero circulan relatos atroces cuidadosamente inventados. Una vez el juez Solís, que le inventó sus primeras condenas sin pruebas y le dio 600 años de presidio, relató en cámara en la TV cómo había asesinado con sus propias manos a Diana Arón y salido del recinto chorreando sangre y diciendo: "era marxista y judía además". Yo insté a Miguel a mandar un dossier probando su inocencia en el caso --ocurrido cuando él no estaba en Chile-- al embajador de Israel, pero éste se lo devolvió airado sin siquiera abrirlo. El actual embajador de Chile en Israel, Gabriel Zaliasnik (UDI), apareció en Wikipedia afirmando que Krassnoff había asesinado a Diana Arón.

El paroxismo llegó cuando en 2015: el juez Mario Carroza le agregó otros veinte años a los casi mil de condena, por el "asesinato" del jefe del MIR, Miguel Enríquez, que cayó en una balacera en 1974 cuando, gracias a las averiguaciones del entonces teniente, se ubicó su guarida. El Ejército le impuso la Medalla al Valor, que no se otorgaba desde .a Guerra del Pacífico. Fue felicitado por la ciudadanía y los sindicatos bancarios porque Enríquez era un avezado asaltante de bancos y había ordenado a sus compinches disparar seis tiros a un agente bancario que se había negado a abrir la bóveda de su sucursal. 

Nunca se le ha probado un secuestro y está condenado por haber perpetrado más de 50, sosteniendo los jueces que hasta hoy mantiene al medio centenar de personas secuestradas. Ésa es la "verdad judicial". La primera vez que se le detuvo hace treinta años por el secuestro de Miguel Ángel Sandoval, escribió una carta a El Mercurio, que se la publicó, afirmando nunca en su vida haber visto, conocido ni menos detenido a esa persona. 

En medio de su orgía prevaricadora el solo juez Alejandro Solís lo condenó a 600 años por una treintena de supuestos secuestros, los que con el tiempo otros jueces han aumentado a casi el doble. Está condenado a más de mil años. Los abogados de izquierda le han sacado miles de millones de pesos al erario por el medio centenar de "secuestrados" que hasta hoy (es la "verdad judicial") mantiene Krassnoff.

Ésa es la forma de burlar la amnistía y la prescripción. Todo el mundo sabe que es todo falso, pero como se trata de "Krassnoff", que se ha convertido en sinónimo de "horror", está bien y la mentira judicial y la estafa al fisco deben continuar.

¡Lo que puede la propaganda comunista! Ya Miguel cumplió 30 años tras las rejas, es octogenario y es inocente, pero no saca nada: se llama Krassnoff, rima con Karloff y le produce plata a la extrema izquierda, de modo que, con la ayuda de la DC y la centrodereccha, debe continuar.

sábado, 5 de septiembre de 2026

EL 11 Y UNA OPORTUNIDAD PARA KAST

Nadie puede elegir a sus hermanos. A nosotros nos tocaron los hermanos argentinos, que tienen el poco fraternal defecto de ambicionar territorio chileno. Y británico. En cambio nosotros no ambicionamos territorio argentino. Pero sí ambicionamos tener un presidente como el de ellos, Javier Milei, que vino acá y dijo algo que muchos chilenos no saben, porque "el relato" lo maneja la izquierda: Chile se hizo grande a partir de 1973, cuando consagró la libertad de iniciativas y se deshizo del comunista Allende. 
O sea, dijo lo que el presidente chileno no se atreve a decir. Y, peor, que además anuncia que no va a conmemorar el 11 de septiembre. ¡La segunda fecha más trascendental de la historia del país! ¿Nadie del gobierno va a decir nada de la efeméride en que Chile se libró de una tiranía comunista --Aylwin dixit-- y se inició un gobierno que nos convirtió en el primer país del hemisferio en crecimiento y reducción de la pobreza, dando lugar al llamado universalmente "milagro chileno"? Supongo que todo chileno honesto lo va a celebrar en su fuero interno.
Efeméride que, por añadidura, fue decisiva para provocar la caída mundial de los socialismos reales, de la Cortina de Hierro y del Muro de Berlín. Porque la URSS acusaba al gobierno chileno de violar los dd. hh. y entonces otros gobiernos y los medios les preguntaron a los soviéticos si en los territorios que dominaban se respetaban los dd. hh. Gorbachov dijo que sí y empezó a permitir algunas libertades. Lo cual fue un "orificio en el muro de Berlín" y terminó derribándolo y generando un torrente que arrasó con los principales "socialismos reales". Gracias a la Junta chilena. 
Pero Kast dice que no hay nada que conmemorar. Me recuerda al excomandante en jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, quien, tras declarar en 2004 que su institución asumía la responsabilidad de "todos los hechos punibles y moralmente reprochables del pasado", preguntado si iba a celebrar el 11 el sábado siguiente, contestaba: "va a ser un sábado como cualquier otro sábado".
Lamentablemente nuestro presidente no opina como Milei y sí como Cheyre.  
Pero el destino le brinda una oportunidad de reivindicarse al menos en algo: los comunistas están pidiendo un indulto para un anciano terrorista suyo que cumple condena por diversos crímenes y sufre graves problemas de salud.
Como lo piden los comunistas, es probable que Kast acceda. Y entonces se le presenta la oportunidad de indultar también a presos políticos militares igualmente enfermos y ancianos que, por añadidura, están cumpliendo condenas dictadas en juicios ilegales.
A propósito de lo cual tengo una importante noticia: la magna obra del abogado penalista Jorge Montero Mujica,"Castigos Sin Ley y Juicios Sin Garantías", que arrasa con todas las rebuscadas argumentaciones de los juristas, jueces y abogados de izquierda para contravenir la legalidad y esquilmar al erario, será lanzada en un hotel de la capital. No doy más datos porque el recinto teme una funa.
El lanzamiento ha sido historiado, porque primitivamente estaba programado en el Estadio Español, pero una socia de dicho recinto, cuyo color político podemos sospechar, protestó ante la directiva del Estadio y éste se vio obligado a incumplir con la cesión del salón para lanzar el libro. Son las típicas dificultades que la extrema izquierda pone al conocimiento de la verdad histórica. 
Ello redobla la necesidad de leer el texto de 469 páginas. Es un importante aporte al conocimiento de la verdad jurídica en Chile. Y un antecedente más en favor del término del mayor escándalo moral de nuestro tiempo: la prevaricación sistemática en perjuicio de los militares que nos salvaron de la tiranía comunista y del lucro desmedido de la falange de abogados de izquierda, encabezados por el ínclito Nelson Caucoto, íntimo de los supremos. Esta corrupción ha llevado al Poder Judicial al más alto  desprestigio entre la ciudadanía y a la consiguiente sustracción ilícita de dinero del erario, que ni siquiera la Contralora Dorothy Pérez se ha atrevido a investigar. Perpetrada impunemente ya por más de diez años.

martes, 1 de septiembre de 2026

CARTA ABIERTA AL FORO DE MADRID

Distinguidos señores: Participo plenamente de vuestras ideas. Soy militante del Partido Nacional Libertario, el único de derecha "a secas" del país y que no contemporiza con la izquierda.

Esta derecha cabal nunca repite consignas comunistas contra el gobierno militar 1973-1990, como suelen hacerlo los contemporizadores. Y claramente, también a diferencia de ellos, defiende la obra y el legado de dicho régimen, el cual nos puso a la cabeza del hemisferio en crecimiento, reducción de la pobreza y estabilidad democrática.

Estimamos que el mayor escándalo chileno actual son los llamados "juicios de derechos humanos", en los cuales se violan las leyes y hasta el propio derecho humano a un debido proceso de los exmilitares que derrotaron al terrorismo marxista. Y mediante esos juicios prevaricatorios se sustrae, ya por más de diez años e ilícitamente, dinero al erario, a título de indemnizaciones.

Quiero colaborar a vuestra reunión en Santiago aportándoos antecedentes de mi especialidad, que es la historia reciente del país. Me anticipo a deciros que no me queda claro si en vuestra cita acá "van a estar todos los que son". Pero sí ya sé que "no van a ser todos los que están", pues ha sido invitado a participar el Presidente de la República, don José Antonio Kast, devenido un destacado contemporizador con la izquierda. 

Porque él, si alguna vez "fue", ya no "es". En su gobierno predomina la centroderecha entreguista, que basa su estrategia en no causar molestias mayores al centro ni a la izquierda. En ese sentido, el régimen ha elegido ser una reedición de la presidencia de Sebastián Piñera (2010-2014), aunque no persigue a exmilitares como éste, pero tampoco indulta a octogenarios y nonagenarios víctimas de la venganza judicial de la izquierda.

Para ilustrar a los derechistas que concurran al Foro, añadiré que esta cita de Santiago, equivaldría a un Foro de Madrid que tuviera lugar en esa ciudad y al cual fuera convocado como partícipe destacado Alberto Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular, de la centroderecha.

Pues Kast encabeza un gobierno cuya estrategia consiste en llevar a cabo su programa sólo en la medida en que no ocasione grandes molestias a la izquierda. Desde luego, no indulta a Presos Políticos Militares ni privatiza empresas estatales.

Su Partido Republicano alguna vez fue la única derecha. En esa condición obtuvo un gigantesco triunfo electoral el 7 de mayo de 2023, gracias a que se opuso a la idea de una nueva Constitución. Cuadruplicó en votos a los partidos que le siguieron. Consiguió elegir tantos consejeros que podría haber hecho lo que hubiera querido en el Consejo, que no podía adoptar acuerdos sin votos republicanos. 

Pero, consumada esa estruendosa victoria, el jefe del partido, José Antonio Kast, cambió de opinión y se pasó al bando de sus adversarios Boric (izquierda) y Piñera (centroderecha), que querían una nueva Constitución. Afortunadamente el pueblo elector "supo mejor" y la rechazó. 

Fue un desfallecimiento inexplicable e inexplicado de Kast. Y gatilló un quiebre entre los republicanos, pues los más consecuentes renunciaron y formaron otra colectividad, el Partido Nacional Libertario, de verdadera derecha, que reunió rápidamente 55 mil firmas y pudo constituirse ante el Servicio Electoral. 

Entonces el PNL pasó a ser "la derecha" en Chile, el único equivalente a Vox de España. 

Es cuanto quería informar a nuestros huéspedes para evitar que la cita del Foro de Madrid en Santiago sea desvirtuada.

domingo, 30 de agosto de 2026

LA REFORMA CONSTITUCIONAL QUE FALTA

El marxismo revolucionario ha conseguido en todo el mundo maniatar la defensa armada de las sociedades libres introduciendo el tema de "las violaciones de los derechos humanos". Ellos se coluden, arman e intentan derrocar a los regímenes libres mediante la violencia armada, y cuando éstos se defienden, los marxistas los acusan de "violaciones a los derechos humanos" de la guerrilla. Y entonces hasta algunos no-marxistas les creen.

Dada esa lenidad de la ciudadanía libertaria para defenderse y tener su propio "relato" informativo sobre la necesidad de defender por las armas la democracia, cuando es atacada por las armas, termina resultando que el agresor marxista pasa a ser "víctima" y no es querellado por nadie. Mientras, el militar defensor del régimen establecido es perseguido judicialmente, a veces hasta con apoyo de quienes lo convocaron. 

Fue el caso chileno: Aylwin, Frei Ruiz Tagle, Lagos interpusieron 300 querellas y Sebastián Piñera mil, contra exmilitares a los cuales la derecha, la DC, los radicales y hasta un partido de la UP (el de Izquierda Radical) habían convocado para derrotar y derrocar a la guerrilla fortalecida por Allende en su gobierno.

Emulando a José Stalin, que en términos estratégicos siempre tuvo muy claras las cosas para cometer sus atrocidades, podríamos preguntar: "¿Cuántas divisiones tiene la guerrilla?" Respuesta: muchas menos que el Estado. Por eso fue que en 1973 el segundo mando del ejército, Augusto Pinochet, pudo asegurar al comandante en jefe Carlos Prats, ante la evidencia del armamentismo marxista: "esos gallos no nos aguantan ni una crujida". Lo que enojó a Prats, que era allendista en ese momento (esta afirmación da para un análisis aparte). Eso está en las Memorias de Prat. 

Y entonces vinieron los llamados civiles de la Cámara, de la Corte Suprema, de los colegios profesionales y de una mayoría de opinión pública conminando a los militares. Y, efectivamente, la guerrilla no aguantó "ni una crujida". Antes del fin de 1973 estaba derrotada. Después se dedicó a asaltar bancos y a asesinar personas a mansalva.

Pero si bien el marxismo perdió la batalla de las armas, con los años ganó la posguerra de la propaganda: los victimarios se travistieron de "víctimas", los agresores devinieron "agredidos" y los totalitarios se disfrazaron de "demócratas". Aylwin II sostuvo que jamás había dicho lo que Aylwin I había declarado en defensa de los militares del 73, y 18 años después los persiguió con saña. 

La verdad sea dicha, la sociedad democrática, en su mayoría, "compró el cuento a los marxistas". Al extremo de que un posterior comandante en jefe del Ejército, ya incondicionalmente rendido en la posguerra propagandística, hablaba de "nuestros camaradas y las víctimas".

¿Cómo Chile ha podido soportar semejante birlibirloque? Por debilidad política. La "centroderecha", fatídica ella, llegó al extremo de llevar a la presidencia a un Sebastián Piñera que triplicó las querellas contra los militares por haber cumplido su deber elemental de derrotar el golpe armado totalitario. En lugar de condecorar a los uniformados, los han metido presos (pero incluso a su principal víctima, Miguel Krassnoff, alcanzaron a condecorarla con la Medalla al Valor por haber capturado al cabecilla del MIR, Miguel Enríquez, antes de condenarlo ¡42 años después! a mil años de presidio, de los cuales veinte fueron por el "asesinato" de Enríquez). Y lleva 30 cumplidos. 

Además la extrema izquierda ha logrado todo esto sustrayéndole ilegalmente al erario miles de millones de dólares. El hijo de Enríquez, ME-O, que se vanagloriaba diciendo "mi padre murió en combate", tuvo que dejar de decirlo para poder cobrar la multimillonaria indemnización que le brindó el ínclito prevaricador en visita Mario Carroza.  

Pero todo esto tiene una solución legal para que no vuelva a suceder: darle rango constitucional al derecho de la democracia a defenderse con las armas que tiene, superiores a las de la guerrilla.

Esas disposiciones existen en nuestro ordenamiento, pero la demagogia política ha logrado derogarlas tácitamente con leyes favorables a la subversión, Si aquellas normas estuvieran en la Constitución no podrían invalidarlas como lo han hecho mediante otras leyes.

Por eso yo propongo elevar a rango constitucional, como incisos siguientes del art. 19 N° 15 de la Constitución, al artículo 208 del Código de Justicia Militar que dice: "Será causal eximente de responsabilidad para los militares el hacer uso de sus armas cuando no exista otro medio racional de cumplir la consigna recibida de mantener el orden público".

Y a continuación debería añadirse al mismo N°15 del artículo 16 de la Constitución las siguientes líneas de los artículos 410 y 411 del mismo código que dicen:

"Será causal eximente de responsabilidad penal para los Carabineros, el hacer uso de sus armas en defensa propia o en la defensa inmediata de un extraño al cual, por razón de su cargo, deban prestar protección y auxilio".

"Estará también exento de responsabilidad penal el Carabinero que haga uso de sus armas en contra del preso o detenido que huya y no obedezca las intimaciones de detenerse".

Los abogados de izquierda y los ministros sumariantes en juicios contra militares y carabineros han hecho caso omiso de estas normas legales. Pero si ellas están en la Constitución no podrán hacerlo sin ser objeto de una acusación constitucional.

Dejo lanzada la idea, sin mayor ilusión de que pueda hacerse efectiva antes de que Johannes Kaiser asuma en 2030. Pero cualquier parlamentario puede presentar la moción e ir ganando tiempo.

jueves, 27 de agosto de 2026

KAST NO INDULTA NI PRIVATIZA

José Antonio Kast ha adoptado una estrategia de no-confrontación con la izquierda, pero tomando medidas que permitan combatir mejor la delincuencia y el terrorismo y que disminuyan los obstáculos que dicha izquierda, nacional e internacional (ONU), ha instalado en Chile para dificultar la creación de empleo y el crecimiento. Está bien. Son políticas positivas para salir del marasmo. Pero Chile va a crecer sólo 1,8 % este año.

Miremos cuarenta años atrás para saber qué se hizo entonces para salir del marasmo de la crisis de la deuda de esa década ("la década perdida de América Latina") y empezar a crecer tres veces más que hoy. 

Dos cosas: se combatió a la delincuencia y el terrorismo con toda la fuerza del Estado, como se había venido haciendo desde 1973, hasta pacificar completamente al país. Eso se logró derrotando a los subversivos en combates y apresándolos tras procesos ante la justicia ordinaria, que era independiente. La Junta y el presidente siempre respetaron al Poder Judicial y acataron sus fallos.

Con esa justicia despolitizada, había en 1990 más de 900 delincuentes y subversivos presos. Y nunca el ambiente de seguridad y tranquilidad había sido tan pleno. Sobre todo en las poblaciones populares. ¿De dónde creen ustedes que venían los miles que hicieron cola toda la noche para despedir los restos del presidente Pinochet? ¿De las señoras "empingorotadas" de que hablaba Aylwin II, némesis de Aylwin I, que defendía a los militares? Pero Aylwin II inició el declive en la seguridad indultando ¡a todos! los delincuentes y terroristas presos. Y sentó en el banquillo de los acusados a los militares que los habían derrotado. Entonces no pregunte por qué aumentó la inseguridad y se llegó a perpetrar finalmente un golpe subversivo totalitario en 2019 con el lumpen en primera línea y 600 cubanos y venezolanos organizando el caos.

La dupla Pinochet-Büchi, entre 1985 y 1989, privatizó: disminuyó el tamaño del Estado. La electricidad, la telefonía, el gas, el acero y el salitre pasaron a manos privadas. De ser empresas estatales con pérdidas, pasaron a ser empresas particulares con utilidades y que pagaban impuestos. Éstos fueron bajados y se dio especiales garantías de invariabilidad tributaria a los inversionistas extranjeros en el DL600, después derogado por Bachelet II.

Todo eso "cambió de pelo" a Chile, que dobló su PIB en una década. El mundo lo llamó "milagro chileno". Joaquín Lavín (hoy un incomprensible "arrepentido") escribió "Chile: Revolución Silenciosa" explicando lo logrado.

Entre 1985 y 1989 Chile pasó a crecer 6,4 % anual, según cifras del Banco Central. Y después Bill Clinton, antes de venir en los 90, le escribía a Eduardo Frei Ruiz-Tagle que nuestro país era "la joya más preciada de la corona latinoamericana".

Ahí está la diferencia. La estrategia actual de José Antonio Kast sólo promete disminuir los problemas. La estrategia de la "derecha a secas" (Pinochet-Büchi, Johannes) consiste en erradicar los problemas.

Y Kaiser será imposible de derrotar, porque hará al pueblo una oferta que no podrá rechazar. 

Para empezar indultará a todos los hoy ancianos presos sobrevivientes que combatieron a la guerrilla y el terrorismo marxistas. Quedan alrededor de 400, pues han muerto cien, pero cada día aumentan los "juicios de derechos humanos" que, atropellando el debido proceso, sustraen ilícitamente y por ya más de una década recursos fiscales. 

Pienso que la prevaricación con fines de lucro de los juicios de derechos humanos es el mayor atentado a la legalidad que se ha cometido en la historia del país. Fue agudizado por Sebastián Piñera, que tenía una legión de abogados de izquierda para perseguir militares y no tenía ninguno para apresar a los marxistas que intentaron derrocarlo mediante el golpe de 2019.

Entonces, por fortuna en Chile habrá, dentro de tres años, alternancia en el poder, pero hacia la derecha. Johannes Kaiser ha señalado que indultará a los presos políticos militares y privatizará Codelco, con cuyo precio se podrá pagar a sus dueños (todos los chilenos, la mitad de los cuales nunca ha tenido un millón de pesos), dos millones a cada uno. Y sólo para empezar.

Tal vez pueda ser más. Es una cifra prudencial. Y, por añadidura, el Estado mantiene una treintena de empresas que desarrollan negocios particulares. Bajo un régimen de "Estado Subsidiario" no tienen por qué estar en manos de la burocracia estatal. También serán privatizadas. Oportunamente se les irá anunciando a sus dueños, "todos los chilenos", cómo y cuándo recibirán el precio de las que se licite al mejor postor.

Será una oferta que el pueblo no podrá rechazar. Por tanto, habrá alternancia en el poder, pero hacia la derecha y desde un régimen que, en busca de acuerdos con la izquierda, no indulta ni privatiza. 

Tal nuevo régimen será perfectamente democrático y todos estaremos mejor: el Estado, más pequeño, será más eficiente y barato de financiar. Los particulares verán sus patrimonios aumentados. Chile, creciendo a un ritmo más de tres veces superior al actual, difícilmente va a volver a cambiar de conducción, porque el auge hará que haya menos envidiosos que en 1988, 1989 o 2021, cuando mayorías jubilosas de tarados celebraron haber matado a la "gallina de los huevos de oro".

martes, 25 de agosto de 2026

TRIUNFO SEGURO DE LA DERECHA

En este momento, según las encuestas, el 73 % de los chilenos se opone a privatizar Codelco. Y por una sola razón: porque la izquierda domina el relato, la agenda política, y vende sus eslóganes. Como el de que "Codelco es de todos los chilenos" y, por tanto, sería un pecado entregar a unos pocos privados algo que es de todos.

Pues se presenta la privatización como una pérdida para todos en beneficio de unos pocos. Pero si se lograra probar que representaría una ganancia cuantiosa para todos y una pérdida sólo para unos pocos, el veredicto popular sería el opuesto. Más del 90 % votaría a favor de ella. Primero, porque el 100% de los chilenos, cada uno, recibiría un beneficio (calculado en dos millones de pesos per cápita, en principio).

¿Le gustaría a usted recibir dos millones de pesos por la venta de una empresa estatal mal manejada, en cuya administración usted no tiene arte ni parte? La utilidad que dio en 2025 Codelco fue, en su casi totalidad, proveniente de su sociedad con otra empresa, privada, que produce litio. En la producción de cobre Codelco es un desastre: entre 2022 y 2025 entregó al fisco US$ 7.029 millones, pero aumentó su endeudamiento en US$ 8.734 millones (Juan Pablo Vargas, U. de Santiago, Mercurio 21.08.26). 

En cambio, con la privatización todos ganarían: el Estado, porque la experiencia indica que las cupríferas privadas le pagan en impuestos y royalties más de mil millones de dólares anuales, y eso haría Codelco privatizada. El año pasado entregó US$388 millones.

Los particulares chilenos, los dueños de Codelco, recibirían dos millones de pesos cada uno --cifra conservadora, podría ser más-- por el precio de venta, que el gobierno les pagaría después de aprobarse la ley de privatización y materializare ésta. Ganarían todos los chilenos.

¿Creen ustedes que la mayoría va a votar a favor o en contra de recibir dos millones de pesos?

"¡Cohecho!" van a gritar algunos. Pero ¿cómo va a ser cohecho que al dueño de algo que se vende se le pague el precio? ¿O es que no éramos tan dueños?

Ganamos todos. Un win-win.

¿Quiénes pierden? Los que hoy medran de Codelco. Los que perciben sus dineros "no destinados a la producción de cobre", por 353 millones de dólares anuales, dados a conocer en mi blog de 13 de agosto; pierden los que inflaron artificialmente la producción para cobrar "bonos de desempeño", siendo que la producción estuvo un 20 % por debajo de la de 2018 (Varqas, op. cit.)

Como los nacional libertarios son los únicos que apoyan la privatización, una mayoría votará en 2029 por su candidato presidencial y sus postulantes a parlamentarios.

¡Qué grata perspectiva: un nuevo gobierno de derecha, como lo hubo hasta 1990!

sábado, 22 de agosto de 2026

CARLA FERNÁNDEZ ESCRIBE A MAQUIAVELO

Niccolò:

Esta vez no llamo a la puerta de un santo.

A los santos se les pide un milagro. A ti se acude por un motivo

menos piadoso. Las cuatro sílabas de tu apellido, con los siglos, dejaron

de designar a una persona y pasaron a nombrar un método:

"maquiavélico", el rótulo con que se bautiza la frialdad calculada, el

dominio sin piedad. Se busca, en fin, al único a quien nada de cuanto un

Estado hace con sus condenados podría escandalizar. Al autor que cada

tirano guarda en el velador.

La divisa con que te resumen —"el fin justifica los medios"—

nunca salió de tu pluma. No figura en El príncipe ni en lugar alguno de

tu obra: la acuñaron después, para tener a mano un veredicto portátil. Lo

tuyo fue algo más incómodo y más exacto: que en las acciones de los

hombres, y sobre todo de los príncipes, si guarda al fine —se mira el

resultado—. De acuerdo. Mirémoslo. Cuando lo obtenido es un

moribundo en su celda, tu regla no exculpa a quien manda; lo desnuda.

La leyenda miente de raíz, y tu propia vida fue la primera en

desmentirla.

Antes de ser un insulto fuiste un servidor público. Catorce años en

la República de Florencia: secretario de la segunda cancillería,

secretario de los Diez que conducían la guerra y la diplomacia. El poder

no lo aprendiste en los libros; lo miraste de frente. Negociaste ante el

rey de Francia, ante el emperador, ante el papa. Seguiste a César Borgia

                                                                                                                 2

por la Romaña y registraste, sin apartar la vista, la mañana en que aquel

duque exhibió a su lugarteniente, Remirro de Orco, partido en dos sobre

la plaza de Cesena, un cuchillo ensangrentado al lado. Aquel pueblo

amaneció —son tus palabras— "satisfecho y atónito" a la vez.

Conociste el teatro del castigo mucho antes de teorizar sobre él. Lo

llamaste un "espectáculo feroz" y consignaste su eficacia. Por páginas

así te llaman monstruo; por páginas así conviene leerte, porque nadie

describió mejor la maquinaria desde adentro.

Desconfiabas de los mercenarios, que pelean por la paga y

desertan por la paga, y armaste en su lugar a los ciudadanos.

Administraste dineros del erario y saliste sin fortuna: de tu honradez,

afirmaste, daba fe tu pobreza. Nada del cínico de la caricatura: un

patriota y un republicano, formado al servicio de un orden político que,

mudada la mano que lo regía, después habría de devorarte.

La República cayó en 1512. Los Medici regresaron tras el saqueo

de Prato, donde tu milicia se desbandó ante el asalto español. Y bastó

que, en febrero siguiente, figurara tu nombre garabateado en un papel

—una lista de unos veinte nombres vinculada a la conjura de Boscoli y

Capponi— para que el nuevo régimen de la ciudad a la que habías

servido no perdiera un minuto. Sin prueba. Sin más vínculo con la

conjura que la tinta de ese renglón. La culpa por asociación: un invento

que no ha envejecido.

Vino la cuerda: el tormento que alza al preso por los brazos atados

a la espalda y lo suelta a medio caer, hasta descoyuntarlo. Seis veces lo

soportaste, sin confesar. Desde la celda le enviaste a Giuliano de'

                                                                                                                 3

Medici un soneto que aún se conserva: sei tratti di fune in su le spalle —

seis tirones de soga sobre los hombros—, y anotabas, con sorna dolida,

que así se trata a los poetas. A los cabecillas los decapitaron; a ti te salvó

el azar de un cónclave, la amnistía con que se festejó la elección de un

papa nuevo, un Medici. Y tú, cuyo apellido el mundo escupe como

sinónimo del oficio del verdugo, fuiste entonces quien quedó

suspendido de esa cuerda.

Después, el destierro. Una granja en el campo toscano, la

estrechez, el tedio. De día cazabas tordos y jugabas, entre disputas a

gritos, con el carnicero y el molinero de la taberna; de noche —lo

contaste en la misiva más célebre que desterrado alguno haya escrito—

te despojabas de la ropa embarrada, vestías panni reali e curiali, paños

dignos de una corte. Entrabas a conversar con los antiguos en tus libros;

durante cuatro horas no temías la pobreza ni la muerte. En aquel

escritorio compusiste el opúsculo que habría de condenarte y de hacerte

inmortal. Te habían quitado el cargo, el sueldo, la ciudad. La dignidad

no supieron confiscarla, y el régimen, en tanto, te daba por acabado.

Nada de esto se cuenta para compadecerte: lo habrías detestado.

Tampoco para levantarte un pedestal. Redactaste líneas que todavía

hielan la sangre y elogiaste espantos con pulso de cirujano; no hace falta

absolverte para escucharte, ni convertirte en mártir para reconocer lo

que te hicieron. Basta mirarte sin recortes. Así, sin absolución y sin

bronce, comprendes como ninguno lo que vengo a denunciar.

Defiendo a quienes envejecen y mueren tras las rejas de mi país,

en causas que, por una regla de vigencia temporal, siguen sometidas a

                                                                                                              4

un procedimiento ya reemplazado: un rito escrito, secreto en su fase

sumaria, donde un mismo juez instruye, acusa y falla. Aprenden los

rostros de sus bisnietos por fotografía. Lo que padecen no lo suavizo

con eufemismos: es la muerte previsible y evitable de ancianos bajo

custodia estatal, la extinción lenta entre muros. El daño no lo inflige el

tiempo, que carece de voluntad; lo inflige quien lo administra. El poder

que los retiene se cree duro, realista, implacable: se cree, en una palabra,

maquiavélico. No te ha leído.

Trazaste una línea que tus imitadores ignoran. Distinguiste la

crueldad bien usada de la mal usada: la primera se ejerce de una vez, por

necesidad, y se agota; la segunda se agranda a medida que dura. No

hago mía esa distinción. La vuelvo contra quienes la invocan. Aun

medida con tu vara, la que cae sobre mis defendidos es crueldad mal

usada: no un golpe, sino un desgaste suministrado gota a gota, década

tras década, contra quienes agonizan. Enseñaste que le iniurie si

debbono fare tutte insieme —las ofensas, todas juntas— y que los

favores, en cambio, debían dosificarse. Aquí se perfeccionó la fórmula

inversa: la ofensa interminable, la clemencia jamás.

Hay en tus páginas una advertencia que debería desvelar a

cualquier autoridad: el bien concedido a destiempo, arrancado por la

necesidad, no se agradece, porque se juzga forzado. Ahí cabe toda la

causa. No es raro que, cuando por fin se dicta el fallo que dispone la

libertad o el traslado, el preso ya se apague o ya no esté; y la tutela tardía

no redime: certifica que arribó después de aquello que debía impedir.

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Formulaste además la regla de oro del manual: ser temido puede

convenir; ser aborrecido, nunca, porque el odio es lo único que ningún

trono resiste. Sostuviste que los hombres olvidan antes la muerte del

padre que la pérdida del patrimonio; imagina entonces qué rencor

siembra quien despoja a un anciano de lo poco que aún conserva —las

visitas, la honra, la casa donde alguien le cierre los ojos—. Quien lo

borra de la mesa familiar, quien lo deja consumirse entre rejas, cosecha

justamente ese odio del que, según tu aviso, ningún dominio sale

indemne. Y lo cosecha a cambio de nada: ningún fin legítimo de la pena

exige que un anciano agonice entre rejas, y un cuerpo que apenas se

sostiene difícilmente amenaza a nadie.

Añadiste que a un príncipe no le hace falta poseer todas las

virtudes: le basta aparentarlas. Esa lección sí fue aprendida. Se aparenta

justicia: se exhiben códigos y comisiones; se prometen condiciones

dignas sobre el papel. Pero tú mostraste cómo mirar la verità effettuale

della cosa —la verdad efectiva de las cosas—, no su figuración; y esa

verdad no habita en el expediente, sino en el catre, en la enfermería sin

médico de guardia, en la respiración que se acorta. Reconocerías el

truco al primer vistazo: fuiste tú quien retrató el disfraz de la virtud

sobre la sustancia del abandono.

El balance, dicho en tu propia moneda, resulta demoledor. En los

Discursos sobre la primera década de Tito Livio sentenciaste que un

príncipe sciolto dalle leggi —exento de las leyes— es más ingrato, más

voluble y más imprudente que el pueblo al que gobierna. Así funciona

este engranaje: ni siquiera acierta a ser lo que finge. Feroz sin cálculo,

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severo sin provecho, temido tal vez y repudiado con certeza, todo para

nada. Reprueba el examen del autor cuyo nombre cree encarnar. Mal

maquiavelismo: la saña torpe que despreciaste.

No comparo la soga con la demora: comparo la lógica que las

vuelve posibles, el instante en que se deja de ver a la persona y se ve

apenas un renglón en una lista, un uniforme, un expediente. Mis

defendidos conocen ese instante. No vengo a zanjar en esta carta la

disputa sobre el pasado —no es esa la cuestión—; sostengo algo

anterior a ella: ninguna condena autoriza a administrar una agonía.

Cambiar la forma de cumplirla no borra la condena ni extingue la pena.

Impide que su ejecución imponga una muerte que la sentencia no

ordenó. Lo que está en juego no es un favor, sino dos exigencias

elementales: un proceso con garantías y, para quien se apaga, una forma

de cumplimiento compatible con la dignidad, bajo techo propio.

He aquí la diferencia. De un altar se esperan milagros; de ti, un

espejo. Santo no fuiste —el encargo te daría risa— y sabías, mejor que

cualquier confesor, que ese aparato no responde ante el cielo sino

ante sí mismo. Por eso no se pide intercesión: se pide tu mirada, esa

lucidez sin ternura que rehúsa la palabra amable y le arranca la máscara

a la razón de Estado. Y a quien la misericordia no ablanda, quizá lo

avergüence todavía su reflejo.

Moriste rechazado por la República restaurada, sospechoso ahora

de haber servido a sus adversarios: la rueda completa. Pocos meses

antes le confiaste a un amigo que amabas a tu patria más que a tu alma:

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amo la patria mia più dell'anima. Esa es la frase que merece

sobrevivirte, no la del monstruo que inventaron.

Hay una ironía final que reúne tu vida y la causa en una sola

imagen. Florencia te sepultó sin honores. Doscientos sesenta inviernos

más tarde, la misma ciudad te alzó un monumento de mármol en Santa

Croce y grabó encima: TANTO NOMINI NULLUM PAR ELOGIUM,

ningún elogio está a la altura de tan gran nombre. Llegó el elogio. Llegó

al polvo. Llegó más de dos siglos y medio después de la soga, del

ostracismo, de las noches en el escritorio, de todo cuanto un hombre

vivo pudo recibir y no recibió.

Eso combato. No la condena: el reloj, y detrás del reloj la mano

que lo deja correr y a esa espera la llama justicia. No la celda, sino la

muerte lenta en que desemboca.

Que este Estado no haga con los mayores de mi patria lo que

Florencia hizo con su secretario. Que no aguarde a que sean piedra para

descubrir que fueron humanos. Mis defendidos no disponen

de doscientos sesenta años. Ni de dos. Que el Estado disponga hoy una

forma de cumplimiento compatible con su edad y su salud; de lo

contrario, el elogio póstumo no será desagravio, sino la confesión de

una crueldad que pudo evitarse. Que sea, siquiera una vez, menos cruel

que el maquiavelismo que invoca sin haber leído a Maquiavelo.

Toca despedirse, Niccolò, y hay una deuda rara: vine buscando

una leyenda negra y encontré a un servidor triturado por la maquinaria

que describió. No sales de esta carta con aureola ni con corona de

espinas: sales como fuiste, lúcido y magullado, con el ingenio intacto y

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el decoro a resguardo, como aquella noche en tu escritorio. Me llevo tu

lección; no acepto tu destino.

Y quede dicho, para que nadie alegue no haberlo oído: mientras un

anciano agonice entre muros ajenos, mientras se vista de prudencia la

demora y de orden la desidia, habrá quien se plante frente a la autoridad

para exigirle —jamás para implorarle— que cumpla lo que juró. Porque

hacer esperar a quien se está muriendo no es vencerlo: es abandonarlo

lejos de los suyos, y eso, mientras haya voz, no sucederá en silencio.

Los que hoy gobiernan proclaman la humanidad en cada tribuna y la

dejan apagarse, sin escándalo, lejos de toda mirada: han refinado la más

callada de las traiciones,

Carla Fernández Montero.