Quien tiene monumento junto a La Moneda es Salvador Allende, que casi arruinó al país, atropellando las leyes y los derechos humanos. Hasta permitió torturas que salían en el diario sin que él las desmintiera. Pero tiene memoriales y un "relato" que se impone en los medios de comunicación... y su monumento junto al palacio.
En cambio el presidente de derecha que reconstruyó el país "desde las cenizas", según el historiador James Whelan, y lo puso a la cabeza de América Latina, no tiene memorial ni monumento financiado con recursos fiscales. Y sus herederos políticos, dicen, tampoco tienen relato. En realidad, hasta les cuesta confesar que son de derecha.
La izquierda saliente quería que la derecha entrante gastara 46 millones de dólares fiscales para expropiar una hacienda privada, Villa Baviera, y allí hacer un memorial de propaganda izquierdista. Es que nunca han sido tímidos. En realidad son todo lo contrario: tanto que se han "metamorfoseado": de agresores a "agredidos", de victimarios de tantos caídos en sus atentados, han devenido "víctimas"; y de totalitarios de ayer se erigen hoy en "demócratas republicanos".
Ahora, derrotados, querían perpetrar este otro abuso a expensas de la ingenuidad del gobierno entrante y financiar más propaganda suya con fondos públicos, tal como lo intentaron con la compra de la "casa de Allende", fracasada por inconstitucionalidad. Y están furiosos porque el ministro de la Vivienda, Iván Poduje, prefirió usar los fondos presupuestarios equivalentes a 46 millones de dólares que la izquierda necesitaba para su memorial, en construir viviendas de emergencia para los damnificados de los grandes incendios recientes.
Por otra parte, si la derecha abusara del Estado como lo hace la izquierda, podría haber levantado numerosos memoriales para víctimas del terrorismo, como uno en Mapocho para honrar al teniente Carevic, muerto desactivando una bomba que podría haber matado gente. Otros en los lugares de atentados de izquierda que dieron muerte a mucha gente: a los escoltas del general Sinclair, al Intendente de Santiago, Carol Urzúa y sus acompañantes, al subdirector de Inteligencia Roger Vergara (recibió 50 disparos); al carabinero Heriberto Novoa, que custodiaba algo que repele a la izquierda, la Llama de la Libertad (pronto clausurada, por cierto, por Aylwin.) Y otro a la memoria de Simón Yévenes, poblador UDI asesinado por un FPMR que seguramente fue amnistiado o indultado por Aylwin, como mil más lo fueron.
Otro memorial merecería el heroico carabinero Fabriciano González Urzúa, muerto al tratar de salvar a un camarada herido. por balas de la guerrilla. Y otro el teniente Zegers Ried, asesinado por el FPMR cuando éste intentaba incendiar aviones del Ejército. Y otro más a los cinco escoltas del presidente Pinochet, caídos protegiendo a su jefe en 1986. O, en fin, uno gigante a las víctimas del mayor desastre ferroviario en la historia del país, con 58 muertos y cien heridos, originado en un atentado del MIR que cortó un puente cerca de Queronque, dejando el trayecto con una sola vía. Familiares de los fallecidos están luchando hace años por obtener ese memorial, pero obviamente la izquierda se opone. En particular el exmirista, exministro y exsenador Carlos Ominami, que periódicamente amenaza querellarse contra quien vincule su nombre a dicho atentado.
En realidad, si la derecha fuera como la izquierda para usar dineros fiscales, hasta podría tener un Museo de la Memoria para exhibir los horrores de la guerrilla.
Por otro lado, si la derecha no tiene memoriales ni relato, el contribuyente debería agradecérselo. Lo malo es que, en su mayoría, demoró casi 36 años en darse cuenta.