sábado, 5 de septiembre de 2026
EL 11 Y UNA OPORTUNIDAD PARA KAST
martes, 1 de septiembre de 2026
CARTA ABIERTA AL FORO DE MADRID
Distinguidos señores: Participo plenamente de vuestras ideas. Soy militante del Partido Nacional Libertario, el único de derecha "a secas" del país y que no contemporiza con la izquierda.
Esta derecha cabal nunca repite consignas comunistas contra el gobierno militar 1973-1990, como suelen hacerlo los contemporizadores. Y claramente, también a diferencia de ellos, defiende la obra y el legado de dicho régimen, el cual nos puso a la cabeza del hemisferio en crecimiento, reducción de la pobreza y estabilidad democrática.
Estimamos que el mayor escándalo chileno actual son los llamados "juicios de derechos humanos", en los cuales se violan las leyes y hasta el propio derecho humano a un debido proceso de los exmilitares que derrotaron al terrorismo marxista. Y mediante esos juicios prevaricatorios se sustrae, ya por más de diez años e ilícitamente, dinero al erario, a título de indemnizaciones.
Quiero colaborar a vuestra reunión en Santiago aportándoos antecedentes de mi especialidad, que es la historia reciente del país. Me anticipo a deciros que no me queda claro si en vuestra cita acá "van a estar todos los que son". Pero sí ya sé que "no van a ser todos los que están", pues ha sido invitado a participar el Presidente de la República, don José Antonio Kast, devenido un destacado contemporizador con la izquierda.
Porque él, si alguna vez "fue", ya no "es". En su gobierno predomina la centroderecha entreguista, que basa su estrategia en no causar molestias mayores al centro ni a la izquierda. En ese sentido, el régimen ha elegido ser una reedición de la presidencia de Sebastián Piñera (2010-2014), aunque no persigue a exmilitares como éste, pero tampoco indulta a octogenarios y nonagenarios víctimas de la venganza judicial de la izquierda.
Para ilustrar a los derechistas que concurran al Foro, añadiré que esta cita de Santiago, equivaldría a un Foro de Madrid que tuviera lugar en esa ciudad y al cual fuera convocado como partícipe destacado Alberto Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular, de la centroderecha.
Pues Kast encabeza un gobierno cuya estrategia consiste en llevar a cabo su programa sólo en la medida en que no ocasione grandes molestias a la izquierda. Desde luego, no indulta a Presos Políticos Militares ni privatiza empresas estatales.
Su Partido Republicano alguna vez fue la única derecha. En esa condición obtuvo un gigantesco triunfo electoral el 7 de mayo de 2023, gracias a que se opuso a la idea de una nueva Constitución. Cuadruplicó en votos a los partidos que le siguieron. Consiguió elegir tantos consejeros que podría haber hecho lo que hubiera querido en el Consejo, que no podía adoptar acuerdos sin votos republicanos.
Pero, consumada esa estruendosa victoria, el jefe del partido, José Antonio Kast, cambió de opinión y se pasó al bando de sus adversarios Boric (izquierda) y Piñera (centroderecha), que querían una nueva Constitución. Afortunadamente el pueblo elector "supo mejor" y la rechazó.
Fue un desfallecimiento inexplicable e inexplicado de Kast. Y gatilló un quiebre entre los republicanos, pues los más consecuentes renunciaron y formaron otra colectividad, el Partido Nacional Libertario, de verdadera derecha, que reunió rápidamente 55 mil firmas y pudo constituirse ante el Servicio Electoral.
Entonces el PNL pasó a ser "la derecha" en Chile, el único equivalente a Vox de España.
Es cuanto quería informar a nuestros huéspedes para evitar que la cita del Foro de Madrid en Santiago sea desvirtuada.
domingo, 30 de agosto de 2026
LA REFORMA CONSTITUCIONAL QUE FALTA
El marxismo revolucionario ha conseguido en todo el mundo maniatar la defensa armada de las sociedades libres introduciendo el tema de "las violaciones de los derechos humanos". Ellos se coluden, arman e intentan derrocar a los regímenes libres mediante la violencia armada, y cuando éstos se defienden, los marxistas los acusan de "violaciones a los derechos humanos" de la guerrilla. Y entonces hasta algunos no-marxistas les creen.
Dada esa lenidad de la ciudadanía libertaria para defenderse y tener su propio "relato" informativo sobre la necesidad de defender por las armas la democracia, cuando es atacada por las armas, termina resultando que el agresor marxista pasa a ser "víctima" y no es querellado por nadie. Mientras, el militar defensor del régimen establecido es perseguido judicialmente, a veces hasta con apoyo de quienes lo convocaron.
Fue el caso chileno: Aylwin, Frei Ruiz Tagle, Lagos interpusieron 300 querellas y Sebastián Piñera mil, contra exmilitares a los cuales la derecha, la DC, los radicales y hasta un partido de la UP (el de Izquierda Radical) habían convocado para derrotar y derrocar a la guerrilla fortalecida por Allende en su gobierno.
Emulando a José Stalin, que en términos estratégicos siempre tuvo muy claras las cosas para cometer sus atrocidades, podríamos preguntar: "¿Cuántas divisiones tiene la guerrilla?" Respuesta: muchas menos que el Estado. Por eso fue que en 1973 el segundo mando del ejército, Augusto Pinochet, pudo asegurar al comandante en jefe Carlos Prats, ante la evidencia del armamentismo marxista: "esos gallos no nos aguantan ni una crujida". Lo que enojó a Prats, que era allendista en ese momento (esta afirmación da para un análisis aparte). Eso está en las Memorias de Prat.
Y entonces vinieron los llamados civiles de la Cámara, de la Corte Suprema, de los colegios profesionales y de una mayoría de opinión pública conminando a los militares. Y, efectivamente, la guerrilla no aguantó "ni una crujida". Antes del fin de 1973 estaba derrotada. Después se dedicó a asaltar bancos y a asesinar personas a mansalva.
Pero si bien el marxismo perdió la batalla de las armas, con los años ganó la posguerra de la propaganda: los victimarios se travistieron de "víctimas", los agresores devinieron "agredidos" y los totalitarios se disfrazaron de "demócratas". Aylwin II sostuvo que jamás había dicho lo que Aylwin I había declarado en defensa de los militares del 73, y 18 años después los persiguió con saña.
La verdad sea dicha, la sociedad democrática, en su mayoría, "compró el cuento a los marxistas". Al extremo de que un posterior comandante en jefe del Ejército, ya incondicionalmente rendido en la posguerra propagandística, hablaba de "nuestros camaradas y las víctimas".
¿Cómo Chile ha podido soportar semejante birlibirloque? Por debilidad política. La "centroderecha", fatídica ella, llegó al extremo de llevar a la presidencia a un Sebastián Piñera que triplicó las querellas contra los militares por haber cumplido su deber elemental de derrotar el golpe armado totalitario. En lugar de condecorar a los uniformados, los han metido presos (pero incluso a su principal víctima, Miguel Krassnoff, alcanzaron a condecorarla con la Medalla al Valor por haber capturado al cabecilla del MIR, Miguel Enríquez, antes de condenarlo ¡42 años después! a mil años de presidio, de los cuales veinte fueron por el "asesinato" de Enríquez). Y lleva 30 cumplidos.
Además la extrema izquierda ha logrado todo esto sustrayéndole ilegalmente al erario miles de millones de dólares. El hijo de Enríquez, ME-O, que se vanagloriaba diciendo "mi padre murió en combate", tuvo que dejar de decirlo para poder cobrar la multimillonaria indemnización que le brindó el ínclito prevaricador en visita Mario Carroza.
Pero todo esto tiene una solución legal para que no vuelva a suceder: darle rango constitucional al derecho de la democracia a defenderse con las armas que tiene, superiores a las de la guerrilla.
Esas disposiciones existen en nuestro ordenamiento, pero la demagogia política ha logrado derogarlas tácitamente con leyes favorables a la subversión, Si aquellas normas estuvieran en la Constitución no podrían invalidarlas como lo han hecho mediante otras leyes.
Por eso yo propongo elevar a rango constitucional, como incisos siguientes del art. 19 N° 15 de la Constitución, al artículo 208 del Código de Justicia Militar que dice: "Será causal eximente de responsabilidad para los militares el hacer uso de sus armas cuando no exista otro medio racional de cumplir la consigna recibida de mantener el orden público".
Y a continuación debería añadirse al mismo N°15 del artículo 16 de la Constitución las siguientes líneas de los artículos 410 y 411 del mismo código que dicen:
"Será causal eximente de responsabilidad penal para los Carabineros, el hacer uso de sus armas en defensa propia o en la defensa inmediata de un extraño al cual, por razón de su cargo, deban prestar protección y auxilio".
"Estará también exento de responsabilidad penal el Carabinero que haga uso de sus armas en contra del preso o detenido que huya y no obedezca las intimaciones de detenerse".
Los abogados de izquierda y los ministros sumariantes en juicios contra militares y carabineros han hecho caso omiso de estas normas legales. Pero si ellas están en la Constitución no podrán hacerlo sin ser objeto de una acusación constitucional.
Dejo lanzada la idea, sin mayor ilusión de que pueda hacerse efectiva antes de que Johannes Kaiser asuma en 2030. Pero cualquier parlamentario puede presentar la moción e ir ganando tiempo.
jueves, 27 de agosto de 2026
KAST NO INDULTA NI PRIVATIZA
José Antonio Kast ha adoptado una estrategia de no-confrontación con la izquierda, pero tomando medidas que permitan combatir mejor la delincuencia y el terrorismo y que disminuyan los obstáculos que dicha izquierda, nacional e internacional (ONU), ha instalado en Chile para dificultar la creación de empleo y el crecimiento. Está bien. Son políticas positivas para salir del marasmo. Pero Chile va a crecer sólo 1,8 % este año.
Miremos cuarenta años atrás para saber qué se hizo entonces para salir del marasmo de la crisis de la deuda de esa década ("la década perdida de América Latina") y empezar a crecer tres veces más que hoy.
Dos cosas: se combatió a la delincuencia y el terrorismo con toda la fuerza del Estado, como se había venido haciendo desde 1973, hasta pacificar completamente al país. Eso se logró derrotando a los subversivos en combates y apresándolos tras procesos ante la justicia ordinaria, que era independiente. La Junta y el presidente siempre respetaron al Poder Judicial y acataron sus fallos.
Con esa justicia despolitizada, había en 1990 más de 900 delincuentes y subversivos presos. Y nunca el ambiente de seguridad y tranquilidad había sido tan pleno. Sobre todo en las poblaciones populares. ¿De dónde creen ustedes que venían los miles que hicieron cola toda la noche para despedir los restos del presidente Pinochet? ¿De las señoras "empingorotadas" de que hablaba Aylwin II, némesis de Aylwin I, que defendía a los militares? Pero Aylwin II inició el declive en la seguridad indultando ¡a todos! los delincuentes y terroristas presos. Y sentó en el banquillo de los acusados a los militares que los habían derrotado. Entonces no pregunte por qué aumentó la inseguridad y se llegó a perpetrar finalmente un golpe subversivo totalitario en 2019 con el lumpen en primera línea y 600 cubanos y venezolanos organizando el caos.
La dupla Pinochet-Büchi, entre 1985 y 1989, privatizó: disminuyó el tamaño del Estado. La electricidad, la telefonía, el gas, el acero y el salitre pasaron a manos privadas. De ser empresas estatales con pérdidas, pasaron a ser empresas particulares con utilidades y que pagaban impuestos. Éstos fueron bajados y se dio especiales garantías de invariabilidad tributaria a los inversionistas extranjeros en el DL600, después derogado por Bachelet II.
Todo eso "cambió de pelo" a Chile, que dobló su PIB en una década. El mundo lo llamó "milagro chileno". Joaquín Lavín (hoy un incomprensible "arrepentido") escribió "Chile: Revolución Silenciosa" explicando lo logrado.
Entre 1985 y 1989 Chile pasó a crecer 6,4 % anual, según cifras del Banco Central. Y después Bill Clinton, antes de venir en los 90, le escribía a Eduardo Frei Ruiz-Tagle que nuestro país era "la joya más preciada de la corona latinoamericana".
Ahí está la diferencia. La estrategia actual de José Antonio Kast sólo promete disminuir los problemas. La estrategia de la "derecha a secas" (Pinochet-Büchi, Johannes) consiste en erradicar los problemas.
Y Kaiser será imposible de derrotar, porque hará al pueblo una oferta que no podrá rechazar.
Para empezar indultará a todos los hoy ancianos presos sobrevivientes que combatieron a la guerrilla y el terrorismo marxistas. Quedan alrededor de 400, pues han muerto cien, pero cada día aumentan los "juicios de derechos humanos" que, atropellando el debido proceso, sustraen ilícitamente y por ya más de una década recursos fiscales.
Pienso que la prevaricación con fines de lucro de los juicios de derechos humanos es el mayor atentado a la legalidad que se ha cometido en la historia del país. Fue agudizado por Sebastián Piñera, que tenía una legión de abogados de izquierda para perseguir militares y no tenía ninguno para apresar a los marxistas que intentaron derrocarlo mediante el golpe de 2019.
Entonces, por fortuna en Chile habrá, dentro de tres años, alternancia en el poder, pero hacia la derecha. Johannes Kaiser ha señalado que indultará a los presos políticos militares y privatizará Codelco, con cuyo precio se podrá pagar a sus dueños (todos los chilenos, la mitad de los cuales nunca ha tenido un millón de pesos), dos millones a cada uno. Y sólo para empezar.
Tal vez pueda ser más. Es una cifra prudencial. Y, por añadidura, el Estado mantiene una treintena de empresas que desarrollan negocios particulares. Bajo un régimen de "Estado Subsidiario" no tienen por qué estar en manos de la burocracia estatal. También serán privatizadas. Oportunamente se les irá anunciando a sus dueños, "todos los chilenos", cómo y cuándo recibirán el precio de las que se licite al mejor postor.
Será una oferta que el pueblo no podrá rechazar. Por tanto, habrá alternancia en el poder, pero hacia la derecha y desde un régimen que, en busca de acuerdos con la izquierda, no indulta ni privatiza.
Tal nuevo régimen será perfectamente democrático y todos estaremos mejor: el Estado, más pequeño, será más eficiente y barato de financiar. Los particulares verán sus patrimonios aumentados. Chile, creciendo a un ritmo más de tres veces superior al actual, difícilmente va a volver a cambiar de conducción, porque el auge hará que haya menos envidiosos que en 1988, 1989 o 2021, cuando mayorías jubilosas de tarados celebraron haber matado a la "gallina de los huevos de oro".
martes, 25 de agosto de 2026
TRIUNFO SEGURO DE LA DERECHA
En este momento, según las encuestas, el 73 % de los chilenos se opone a privatizar Codelco. Y por una sola razón: porque la izquierda domina el relato, la agenda política, y vende sus eslóganes. Como el de que "Codelco es de todos los chilenos" y, por tanto, sería un pecado entregar a unos pocos privados algo que es de todos.
Pues se presenta la privatización como una pérdida para todos en beneficio de unos pocos. Pero si se lograra probar que representaría una ganancia cuantiosa para todos y una pérdida sólo para unos pocos, el veredicto popular sería el opuesto. Más del 90 % votaría a favor de ella. Primero, porque el 100% de los chilenos, cada uno, recibiría un beneficio (calculado en dos millones de pesos per cápita, en principio).
¿Le gustaría a usted recibir dos millones de pesos por la venta de una empresa estatal mal manejada, en cuya administración usted no tiene arte ni parte? La utilidad que dio en 2025 Codelco fue, en su casi totalidad, proveniente de su sociedad con otra empresa, privada, que produce litio. En la producción de cobre Codelco es un desastre: entre 2022 y 2025 entregó al fisco US$ 7.029 millones, pero aumentó su endeudamiento en US$ 8.734 millones (Juan Pablo Vargas, U. de Santiago, Mercurio 21.08.26).
En cambio, con la privatización todos ganarían: el Estado, porque la experiencia indica que las cupríferas privadas le pagan en impuestos y royalties más de mil millones de dólares anuales, y eso haría Codelco privatizada. El año pasado entregó US$388 millones.
Los particulares chilenos, los dueños de Codelco, recibirían dos millones de pesos cada uno --cifra conservadora, podría ser más-- por el precio de venta, que el gobierno les pagaría después de aprobarse la ley de privatización y materializare ésta. Ganarían todos los chilenos.
¿Creen ustedes que la mayoría va a votar a favor o en contra de recibir dos millones de pesos?
"¡Cohecho!" van a gritar algunos. Pero ¿cómo va a ser cohecho que al dueño de algo que se vende se le pague el precio? ¿O es que no éramos tan dueños?
Ganamos todos. Un win-win.
¿Quiénes pierden? Los que hoy medran de Codelco. Los que perciben sus dineros "no destinados a la producción de cobre", por 353 millones de dólares anuales, dados a conocer en mi blog de 13 de agosto; pierden los que inflaron artificialmente la producción para cobrar "bonos de desempeño", siendo que la producción estuvo un 20 % por debajo de la de 2018 (Varqas, op. cit.)
Como los nacional libertarios son los únicos que apoyan la privatización, una mayoría votará en 2029 por su candidato presidencial y sus postulantes a parlamentarios.
¡Qué grata perspectiva: un nuevo gobierno de derecha, como lo hubo hasta 1990!
sábado, 22 de agosto de 2026
CARLA FERNÁNDEZ ESCRIBE A MAQUIAVELO
Niccolò:
Esta vez no llamo a la puerta de un santo.
A los santos se les pide un milagro. A ti se acude por un motivo
menos piadoso. Las cuatro sílabas de tu apellido, con los siglos, dejaron
de designar a una persona y pasaron a nombrar un método:
"maquiavélico", el rótulo con que se bautiza la frialdad calculada, el
dominio sin piedad. Se busca, en fin, al único a quien nada de cuanto un
Estado hace con sus condenados podría escandalizar. Al autor que cada
tirano guarda en el velador.
La divisa con que te resumen —"el fin justifica los medios"—
nunca salió de tu pluma. No figura en El príncipe ni en lugar alguno de
tu obra: la acuñaron después, para tener a mano un veredicto portátil. Lo
tuyo fue algo más incómodo y más exacto: que en las acciones de los
hombres, y sobre todo de los príncipes, si guarda al fine —se mira el
resultado—. De acuerdo. Mirémoslo. Cuando lo obtenido es un
moribundo en su celda, tu regla no exculpa a quien manda; lo desnuda.
La leyenda miente de raíz, y tu propia vida fue la primera en
desmentirla.
Antes de ser un insulto fuiste un servidor público. Catorce años en
la República de Florencia: secretario de la segunda cancillería,
secretario de los Diez que conducían la guerra y la diplomacia. El poder
no lo aprendiste en los libros; lo miraste de frente. Negociaste ante el
rey de Francia, ante el emperador, ante el papa. Seguiste a César Borgia
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por la Romaña y registraste, sin apartar la vista, la mañana en que aquel
duque exhibió a su lugarteniente, Remirro de Orco, partido en dos sobre
la plaza de Cesena, un cuchillo ensangrentado al lado. Aquel pueblo
amaneció —son tus palabras— "satisfecho y atónito" a la vez.
Conociste el teatro del castigo mucho antes de teorizar sobre él. Lo
llamaste un "espectáculo feroz" y consignaste su eficacia. Por páginas
así te llaman monstruo; por páginas así conviene leerte, porque nadie
describió mejor la maquinaria desde adentro.
Desconfiabas de los mercenarios, que pelean por la paga y
desertan por la paga, y armaste en su lugar a los ciudadanos.
Administraste dineros del erario y saliste sin fortuna: de tu honradez,
afirmaste, daba fe tu pobreza. Nada del cínico de la caricatura: un
patriota y un republicano, formado al servicio de un orden político que,
mudada la mano que lo regía, después habría de devorarte.
La República cayó en 1512. Los Medici regresaron tras el saqueo
de Prato, donde tu milicia se desbandó ante el asalto español. Y bastó
que, en febrero siguiente, figurara tu nombre garabateado en un papel
—una lista de unos veinte nombres vinculada a la conjura de Boscoli y
Capponi— para que el nuevo régimen de la ciudad a la que habías
servido no perdiera un minuto. Sin prueba. Sin más vínculo con la
conjura que la tinta de ese renglón. La culpa por asociación: un invento
que no ha envejecido.
Vino la cuerda: el tormento que alza al preso por los brazos atados
a la espalda y lo suelta a medio caer, hasta descoyuntarlo. Seis veces lo
soportaste, sin confesar. Desde la celda le enviaste a Giuliano de'
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Medici un soneto que aún se conserva: sei tratti di fune in su le spalle —
seis tirones de soga sobre los hombros—, y anotabas, con sorna dolida,
que así se trata a los poetas. A los cabecillas los decapitaron; a ti te salvó
el azar de un cónclave, la amnistía con que se festejó la elección de un
papa nuevo, un Medici. Y tú, cuyo apellido el mundo escupe como
sinónimo del oficio del verdugo, fuiste entonces quien quedó
suspendido de esa cuerda.
Después, el destierro. Una granja en el campo toscano, la
estrechez, el tedio. De día cazabas tordos y jugabas, entre disputas a
gritos, con el carnicero y el molinero de la taberna; de noche —lo
contaste en la misiva más célebre que desterrado alguno haya escrito—
te despojabas de la ropa embarrada, vestías panni reali e curiali, paños
dignos de una corte. Entrabas a conversar con los antiguos en tus libros;
durante cuatro horas no temías la pobreza ni la muerte. En aquel
escritorio compusiste el opúsculo que habría de condenarte y de hacerte
inmortal. Te habían quitado el cargo, el sueldo, la ciudad. La dignidad
no supieron confiscarla, y el régimen, en tanto, te daba por acabado.
Nada de esto se cuenta para compadecerte: lo habrías detestado.
Tampoco para levantarte un pedestal. Redactaste líneas que todavía
hielan la sangre y elogiaste espantos con pulso de cirujano; no hace falta
absolverte para escucharte, ni convertirte en mártir para reconocer lo
que te hicieron. Basta mirarte sin recortes. Así, sin absolución y sin
bronce, comprendes como ninguno lo que vengo a denunciar.
Defiendo a quienes envejecen y mueren tras las rejas de mi país,
en causas que, por una regla de vigencia temporal, siguen sometidas a
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un procedimiento ya reemplazado: un rito escrito, secreto en su fase
sumaria, donde un mismo juez instruye, acusa y falla. Aprenden los
rostros de sus bisnietos por fotografía. Lo que padecen no lo suavizo
con eufemismos: es la muerte previsible y evitable de ancianos bajo
custodia estatal, la extinción lenta entre muros. El daño no lo inflige el
tiempo, que carece de voluntad; lo inflige quien lo administra. El poder
que los retiene se cree duro, realista, implacable: se cree, en una palabra,
maquiavélico. No te ha leído.
Trazaste una línea que tus imitadores ignoran. Distinguiste la
crueldad bien usada de la mal usada: la primera se ejerce de una vez, por
necesidad, y se agota; la segunda se agranda a medida que dura. No
hago mía esa distinción. La vuelvo contra quienes la invocan. Aun
medida con tu vara, la que cae sobre mis defendidos es crueldad mal
usada: no un golpe, sino un desgaste suministrado gota a gota, década
tras década, contra quienes agonizan. Enseñaste que le iniurie si
debbono fare tutte insieme —las ofensas, todas juntas— y que los
favores, en cambio, debían dosificarse. Aquí se perfeccionó la fórmula
inversa: la ofensa interminable, la clemencia jamás.
Hay en tus páginas una advertencia que debería desvelar a
cualquier autoridad: el bien concedido a destiempo, arrancado por la
necesidad, no se agradece, porque se juzga forzado. Ahí cabe toda la
causa. No es raro que, cuando por fin se dicta el fallo que dispone la
libertad o el traslado, el preso ya se apague o ya no esté; y la tutela tardía
no redime: certifica que arribó después de aquello que debía impedir.
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Formulaste además la regla de oro del manual: ser temido puede
convenir; ser aborrecido, nunca, porque el odio es lo único que ningún
trono resiste. Sostuviste que los hombres olvidan antes la muerte del
padre que la pérdida del patrimonio; imagina entonces qué rencor
siembra quien despoja a un anciano de lo poco que aún conserva —las
visitas, la honra, la casa donde alguien le cierre los ojos—. Quien lo
borra de la mesa familiar, quien lo deja consumirse entre rejas, cosecha
justamente ese odio del que, según tu aviso, ningún dominio sale
indemne. Y lo cosecha a cambio de nada: ningún fin legítimo de la pena
exige que un anciano agonice entre rejas, y un cuerpo que apenas se
sostiene difícilmente amenaza a nadie.
Añadiste que a un príncipe no le hace falta poseer todas las
virtudes: le basta aparentarlas. Esa lección sí fue aprendida. Se aparenta
justicia: se exhiben códigos y comisiones; se prometen condiciones
dignas sobre el papel. Pero tú mostraste cómo mirar la verità effettuale
della cosa —la verdad efectiva de las cosas—, no su figuración; y esa
verdad no habita en el expediente, sino en el catre, en la enfermería sin
médico de guardia, en la respiración que se acorta. Reconocerías el
truco al primer vistazo: fuiste tú quien retrató el disfraz de la virtud
sobre la sustancia del abandono.
El balance, dicho en tu propia moneda, resulta demoledor. En los
Discursos sobre la primera década de Tito Livio sentenciaste que un
príncipe sciolto dalle leggi —exento de las leyes— es más ingrato, más
voluble y más imprudente que el pueblo al que gobierna. Así funciona
este engranaje: ni siquiera acierta a ser lo que finge. Feroz sin cálculo,
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severo sin provecho, temido tal vez y repudiado con certeza, todo para
nada. Reprueba el examen del autor cuyo nombre cree encarnar. Mal
maquiavelismo: la saña torpe que despreciaste.
No comparo la soga con la demora: comparo la lógica que las
vuelve posibles, el instante en que se deja de ver a la persona y se ve
apenas un renglón en una lista, un uniforme, un expediente. Mis
defendidos conocen ese instante. No vengo a zanjar en esta carta la
disputa sobre el pasado —no es esa la cuestión—; sostengo algo
anterior a ella: ninguna condena autoriza a administrar una agonía.
Cambiar la forma de cumplirla no borra la condena ni extingue la pena.
Impide que su ejecución imponga una muerte que la sentencia no
ordenó. Lo que está en juego no es un favor, sino dos exigencias
elementales: un proceso con garantías y, para quien se apaga, una forma
de cumplimiento compatible con la dignidad, bajo techo propio.
He aquí la diferencia. De un altar se esperan milagros; de ti, un
espejo. Santo no fuiste —el encargo te daría risa— y sabías, mejor que
cualquier confesor, que ese aparato no responde ante el cielo sino
ante sí mismo. Por eso no se pide intercesión: se pide tu mirada, esa
lucidez sin ternura que rehúsa la palabra amable y le arranca la máscara
a la razón de Estado. Y a quien la misericordia no ablanda, quizá lo
avergüence todavía su reflejo.
Moriste rechazado por la República restaurada, sospechoso ahora
de haber servido a sus adversarios: la rueda completa. Pocos meses
antes le confiaste a un amigo que amabas a tu patria más que a tu alma:
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amo la patria mia più dell'anima. Esa es la frase que merece
sobrevivirte, no la del monstruo que inventaron.
Hay una ironía final que reúne tu vida y la causa en una sola
imagen. Florencia te sepultó sin honores. Doscientos sesenta inviernos
más tarde, la misma ciudad te alzó un monumento de mármol en Santa
Croce y grabó encima: TANTO NOMINI NULLUM PAR ELOGIUM,
ningún elogio está a la altura de tan gran nombre. Llegó el elogio. Llegó
al polvo. Llegó más de dos siglos y medio después de la soga, del
ostracismo, de las noches en el escritorio, de todo cuanto un hombre
vivo pudo recibir y no recibió.
Eso combato. No la condena: el reloj, y detrás del reloj la mano
que lo deja correr y a esa espera la llama justicia. No la celda, sino la
muerte lenta en que desemboca.
Que este Estado no haga con los mayores de mi patria lo que
Florencia hizo con su secretario. Que no aguarde a que sean piedra para
descubrir que fueron humanos. Mis defendidos no disponen
de doscientos sesenta años. Ni de dos. Que el Estado disponga hoy una
forma de cumplimiento compatible con su edad y su salud; de lo
contrario, el elogio póstumo no será desagravio, sino la confesión de
una crueldad que pudo evitarse. Que sea, siquiera una vez, menos cruel
que el maquiavelismo que invoca sin haber leído a Maquiavelo.
Toca despedirse, Niccolò, y hay una deuda rara: vine buscando
una leyenda negra y encontré a un servidor triturado por la maquinaria
que describió. No sales de esta carta con aureola ni con corona de
espinas: sales como fuiste, lúcido y magullado, con el ingenio intacto y
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el decoro a resguardo, como aquella noche en tu escritorio. Me llevo tu
lección; no acepto tu destino.
Y quede dicho, para que nadie alegue no haberlo oído: mientras un
anciano agonice entre muros ajenos, mientras se vista de prudencia la
demora y de orden la desidia, habrá quien se plante frente a la autoridad
para exigirle —jamás para implorarle— que cumpla lo que juró. Porque
hacer esperar a quien se está muriendo no es vencerlo: es abandonarlo
lejos de los suyos, y eso, mientras haya voz, no sucederá en silencio.
Los que hoy gobiernan proclaman la humanidad en cada tribuna y la
dejan apagarse, sin escándalo, lejos de toda mirada: han refinado la más
callada de las traiciones,
Carla Fernández Montero.
miércoles, 19 de agosto de 2026
TAREAS DEL PRÓXIMO GOBIERNO
Me fui al sur obligado por circunstancias sobrevinientes que me impidieron mantener mis aportes a este blog. Pero he vuelto y continúo en la tarea de preparar el próximo gobierno de Johannes Kaiser, cuyas posibilidades son óptimas, porque es el único capaz de hacerle al pueblo chileno --con sus virtudes y sobre todo sus defectos-- una oferta que no va a poder rechazar.
Por eso mismo estoy cierto de que lo va a elegir a él y no sólo eso, le va a dar un parlamento con mayoría que lo apoye en su tarea, que es, ni más ni menos, darles mucha plata a todos los chilenos junto con procurar otros "mejores 30 años" como los que nos permitieron el "milagro chileno", cuyos efectos positivos duraron hasta que la candidata izquierdista Michelle Bachelet llegó al poder, invitó a los comunistas a formar parte de él y juntos mandaron el modelo chileno al Diablo.
Antes y ahora apoyo y aplaudo la idea de Johannes Kaiser de privatizar Codelco, como primer paso. Venderla al mejor postor y repartir el precio a sus dueños, que son todos los chilenos. De donde resultará el pago a cada uno de unos dos millones de pesos, a "ojo de buen cubero" y de acuerdo con cálculos prudenciales. Pues podría ser más.
La medida anterior es inaceptable para las izquierdas, que viven del Estado y repudian las privatizaciones.
Tampoco va a impulsarla el gobierno de José Antonio Kawst, que ya definitivamente no quiere molestar a la izquierda y es una repetición del de Sebastián Piñera sin Sebastián Piñera, aunque de partida, se diferencia de éste en que no persigue a los exmilitares. Pero tampoco los indulta. Es que es un gobierno contemporizador con la izquierda. El próximo deberá ser uno que la reduzca a su mínima expresión y que, desde luego, meta presos a todos los Boric que salgan a quemar buses, edificios, iglesias y destrozar semáforos.
El equipo de economistas de Johannes está encabezado por Víctor Espinosa, de extraordinaria preparación. Su tarea deberá consistir en preparar todas las medidas conducentes a privatizar Codelco apenas asumido el poder. Así se definirá la cantidad más verosímilmente cercana a la promesa dos millones de pesos a cada dueño de Codelco.
En particular el próximo gobierno deberá preparar la continuidad de las privatizaciones, pues el Estado tiene una treintena de empresas que no tienen por qué ser estatales. Desde luego, Televisión Nacional no tiene por qué serlo y podría ser la privatización que siga a la de Codelco.
El equipo de economistas de Johannes tendrá que prestar especial atención a la privatización de Enap, monopolio estatal que nos tiene en la categoría de países que no producen petróleo ni gas, porque por ley ningún particular puede explorar en busca de esos combustibles fósiles, según la ley actual.
Sería interesante ir sabiendo desde ya cuánto se le podrá pagar a los dueños --todos los chilenos-- por estas privatizaciones que vendrán después, para mantener un flujo de efectivo para los chilenos durante todo el próximo gobierno. Los dos millones iniciales deben ser sólo la primera cuota.
Estoy cierto de que una campaña basada en las promesas anteriores de privatización y pago a sus dueños será imposible de derrotar en las urnas
El apoyo popular que estas propuestas van a recibir asegurará un alto crecimiento, con el cual hoy día no podemos siquiera soñar. Este año el Informe de Finanzas Públicas del Banco Central anticipa que Chile crecerá 1,8 %. La minería está cayendo 6,4 por ciento interanual, la pesca cae 5,9 por ciento, la construcción 3,2 por ciento, el sector agropecuario-silvícola cae 0,3 por ciento, la manufactura 0,3 por ciento.
Compárese eso con el cuatrienio iniciado con las masivas privatizaciones de Pinochet-Büchi, en 1985, de la electricidad, el gas, el acero, el salitre, la radiotelefonía, que dieron origen a un crecimiento del 6,4 por ciento anual. Hacia eso también apuntamos ahora, pero con la diferencia de que esta vez las ventas de las empresas del Estado irán a los bolsillos de los dueños del Estado y no a la burocracia de éste.
El futuro gobierno es la tarea del momento.