Las hijas del general Carlos Prats, asesinado en Buenos Aires en 1974 mediante una bomba puesta bajo su autmóvil por el agente del general Manuel Contreras (no de la DINA), Michael Townley, se oponen a cualquier indulto a exmilitares hoy presos por el caso Prats, porque los consideran culpables de la muerte de sus padres y les niegan lo que ellas llaman "derecho a la impunidad".
Pero esos exmilitares no tuvieron nada que ver con la muerte de sus padres. Lo que sucedía era que Prats estaba a sueeldo del KGB soviético. Esto lo reveló un agente del mismo KGB, Vasilii Mitrokin, que desertó a los Estados Unidos llevando copiosa documentación secreta y reveló en su libro "El KGB y la Batalla por el Tercer Mundo": "A Prats se le entregaron diez mil dólares de los fondos entregados por el Comite Central para 'trabajo con la resistencia chilena y la comunidad de inmigrados'".
En esos años la DINA trabajaba estrechamente unida con la CIA norteamericana, cuyo subdirector y el director de la DINA eran amigos (el primero convidó al segundo a visitar los cuarteles de Langley de la CIA en los Estados Unidos).
Enterados los militares chilenos del quehacer de Prats, enviaron a uniformados a Buenos Aires a monitorear sus actividades y en ningún caso a asesinarlo. La actuación del dúo Contreras-Townley fue siempre personal, no instituciobnal. Por eso el primero pudo negar conocer al segundo, al ser interrgado ante la Junta en 1978. Y la Junta, que no sabía nada de Townley, lo entregó al FBI.
En esa ocasión, en reunión de la Junta con el general Contreras, éste negó tres veces conocer a Townley y que fuera agente de la DINA. Por eso fue entregado fácilmente a los Estados Unidos.
Pero agentes de inteligencia chilenos sí vigilaban a Prats, porque las actividades suyas con los soviéticos eran conocidas por los servicios secretos. Y Prats, al servicio de los soviéticos obtuvieron gracias a Prats una entrevista de su agente Konstantinov, de apellido real Tolsticov, con la vicepresidenta argentina Isabel Perón.Eso demostraba que Prats también tenía buenos vínculos con autoridades del país vecino.
Es obvio que fueron enviados agentes chilenos a vigilar sus pasos en orden a formar un ejército de resistencia a la Junta. Probablemente la CIA estaba al tanto de lo mismo que la DINA, dada la estrecha relación entre el subdirector de la primera, el general Warren, con el director de la segunda, que está bien documentada.
Pero esos militares, que hoy sufren condenas prolongadas, no tuvieron ninguna participación ni intención de asesinar a Prats.
La literatura, abundante a este respecto, ha confirmado que el vínculo Contreras-Townley era desconocido para las autoridades chilenas antes de 1978.
En consecuencia, los oficiales hoy presos por haber vigilado a Prats no tuvieron participación en su asesinato, cumplieron órdenes razonables, desde el punto de vista de la defensa del gobierno chileno de entonces, y no tuvieron la menor intención de quitarle la vida al excomandante en jefe.
Por eso es muy injusta respecto a ellos la impetración que hacen las hijas del general Prats a que no reciban perdón alguno por un crimen que no cometieron. Perdón que, en su caso, es doblemente procedente, porque son inocentes, cumplieron una misión razonable y fueron completamente ajenos al atentado que en ese tiempo todo el mundo repudió en Chile, pese a que entonces regía la pena de muerte a uniformados que trabajaran para potencias extranjeras contra un gobierno chileno.