sábado, 22 de agosto de 2026

CARLA FERNÁNDEZ ESCRIBE A MAQUIAVELO

Niccolò:

Esta vez no llamo a la puerta de un santo.

A los santos se les pide un milagro. A ti se acude por un motivo

menos piadoso. Las cuatro sílabas de tu apellido, con los siglos, dejaron

de designar a una persona y pasaron a nombrar un método:

"maquiavélico", el rótulo con que se bautiza la frialdad calculada, el

dominio sin piedad. Se busca, en fin, al único a quien nada de cuanto un

Estado hace con sus condenados podría escandalizar. Al autor que cada

tirano guarda en el velador.

La divisa con que te resumen —"el fin justifica los medios"—

nunca salió de tu pluma. No figura en El príncipe ni en lugar alguno de

tu obra: la acuñaron después, para tener a mano un veredicto portátil. Lo

tuyo fue algo más incómodo y más exacto: que en las acciones de los

hombres, y sobre todo de los príncipes, si guarda al fine —se mira el

resultado—. De acuerdo. Mirémoslo. Cuando lo obtenido es un

moribundo en su celda, tu regla no exculpa a quien manda; lo desnuda.

La leyenda miente de raíz, y tu propia vida fue la primera en

desmentirla.

Antes de ser un insulto fuiste un servidor público. Catorce años en

la República de Florencia: secretario de la segunda cancillería,

secretario de los Diez que conducían la guerra y la diplomacia. El poder

no lo aprendiste en los libros; lo miraste de frente. Negociaste ante el

rey de Francia, ante el emperador, ante el papa. Seguiste a César Borgia

                                                                                                                 2

por la Romaña y registraste, sin apartar la vista, la mañana en que aquel

duque exhibió a su lugarteniente, Remirro de Orco, partido en dos sobre

la plaza de Cesena, un cuchillo ensangrentado al lado. Aquel pueblo

amaneció —son tus palabras— "satisfecho y atónito" a la vez.

Conociste el teatro del castigo mucho antes de teorizar sobre él. Lo

llamaste un "espectáculo feroz" y consignaste su eficacia. Por páginas

así te llaman monstruo; por páginas así conviene leerte, porque nadie

describió mejor la maquinaria desde adentro.

Desconfiabas de los mercenarios, que pelean por la paga y

desertan por la paga, y armaste en su lugar a los ciudadanos.

Administraste dineros del erario y saliste sin fortuna: de tu honradez,

afirmaste, daba fe tu pobreza. Nada del cínico de la caricatura: un

patriota y un republicano, formado al servicio de un orden político que,

mudada la mano que lo regía, después habría de devorarte.

La República cayó en 1512. Los Medici regresaron tras el saqueo

de Prato, donde tu milicia se desbandó ante el asalto español. Y bastó

que, en febrero siguiente, figurara tu nombre garabateado en un papel

—una lista de unos veinte nombres vinculada a la conjura de Boscoli y

Capponi— para que el nuevo régimen de la ciudad a la que habías

servido no perdiera un minuto. Sin prueba. Sin más vínculo con la

conjura que la tinta de ese renglón. La culpa por asociación: un invento

que no ha envejecido.

Vino la cuerda: el tormento que alza al preso por los brazos atados

a la espalda y lo suelta a medio caer, hasta descoyuntarlo. Seis veces lo

soportaste, sin confesar. Desde la celda le enviaste a Giuliano de'

                                                                                                                 3

Medici un soneto que aún se conserva: sei tratti di fune in su le spalle —

seis tirones de soga sobre los hombros—, y anotabas, con sorna dolida,

que así se trata a los poetas. A los cabecillas los decapitaron; a ti te salvó

el azar de un cónclave, la amnistía con que se festejó la elección de un

papa nuevo, un Medici. Y tú, cuyo apellido el mundo escupe como

sinónimo del oficio del verdugo, fuiste entonces quien quedó

suspendido de esa cuerda.

Después, el destierro. Una granja en el campo toscano, la

estrechez, el tedio. De día cazabas tordos y jugabas, entre disputas a

gritos, con el carnicero y el molinero de la taberna; de noche —lo

contaste en la misiva más célebre que desterrado alguno haya escrito—

te despojabas de la ropa embarrada, vestías panni reali e curiali, paños

dignos de una corte. Entrabas a conversar con los antiguos en tus libros;

durante cuatro horas no temías la pobreza ni la muerte. En aquel

escritorio compusiste el opúsculo que habría de condenarte y de hacerte

inmortal. Te habían quitado el cargo, el sueldo, la ciudad. La dignidad

no supieron confiscarla, y el régimen, en tanto, te daba por acabado.

Nada de esto se cuenta para compadecerte: lo habrías detestado.

Tampoco para levantarte un pedestal. Redactaste líneas que todavía

hielan la sangre y elogiaste espantos con pulso de cirujano; no hace falta

absolverte para escucharte, ni convertirte en mártir para reconocer lo

que te hicieron. Basta mirarte sin recortes. Así, sin absolución y sin

bronce, comprendes como ninguno lo que vengo a denunciar.

Defiendo a quienes envejecen y mueren tras las rejas de mi país,

en causas que, por una regla de vigencia temporal, siguen sometidas a

                                                                                                              4

un procedimiento ya reemplazado: un rito escrito, secreto en su fase

sumaria, donde un mismo juez instruye, acusa y falla. Aprenden los

rostros de sus bisnietos por fotografía. Lo que padecen no lo suavizo

con eufemismos: es la muerte previsible y evitable de ancianos bajo

custodia estatal, la extinción lenta entre muros. El daño no lo inflige el

tiempo, que carece de voluntad; lo inflige quien lo administra. El poder

que los retiene se cree duro, realista, implacable: se cree, en una palabra,

maquiavélico. No te ha leído.

Trazaste una línea que tus imitadores ignoran. Distinguiste la

crueldad bien usada de la mal usada: la primera se ejerce de una vez, por

necesidad, y se agota; la segunda se agranda a medida que dura. No

hago mía esa distinción. La vuelvo contra quienes la invocan. Aun

medida con tu vara, la que cae sobre mis defendidos es crueldad mal

usada: no un golpe, sino un desgaste suministrado gota a gota, década

tras década, contra quienes agonizan. Enseñaste que le iniurie si

debbono fare tutte insieme —las ofensas, todas juntas— y que los

favores, en cambio, debían dosificarse. Aquí se perfeccionó la fórmula

inversa: la ofensa interminable, la clemencia jamás.

Hay en tus páginas una advertencia que debería desvelar a

cualquier autoridad: el bien concedido a destiempo, arrancado por la

necesidad, no se agradece, porque se juzga forzado. Ahí cabe toda la

causa. No es raro que, cuando por fin se dicta el fallo que dispone la

libertad o el traslado, el preso ya se apague o ya no esté; y la tutela tardía

no redime: certifica que arribó después de aquello que debía impedir.

                                                                                                                    5

Formulaste además la regla de oro del manual: ser temido puede

convenir; ser aborrecido, nunca, porque el odio es lo único que ningún

trono resiste. Sostuviste que los hombres olvidan antes la muerte del

padre que la pérdida del patrimonio; imagina entonces qué rencor

siembra quien despoja a un anciano de lo poco que aún conserva —las

visitas, la honra, la casa donde alguien le cierre los ojos—. Quien lo

borra de la mesa familiar, quien lo deja consumirse entre rejas, cosecha

justamente ese odio del que, según tu aviso, ningún dominio sale

indemne. Y lo cosecha a cambio de nada: ningún fin legítimo de la pena

exige que un anciano agonice entre rejas, y un cuerpo que apenas se

sostiene difícilmente amenaza a nadie.

Añadiste que a un príncipe no le hace falta poseer todas las

virtudes: le basta aparentarlas. Esa lección sí fue aprendida. Se aparenta

justicia: se exhiben códigos y comisiones; se prometen condiciones

dignas sobre el papel. Pero tú mostraste cómo mirar la verità effettuale

della cosa —la verdad efectiva de las cosas—, no su figuración; y esa

verdad no habita en el expediente, sino en el catre, en la enfermería sin

médico de guardia, en la respiración que se acorta. Reconocerías el

truco al primer vistazo: fuiste tú quien retrató el disfraz de la virtud

sobre la sustancia del abandono.

El balance, dicho en tu propia moneda, resulta demoledor. En los

Discursos sobre la primera década de Tito Livio sentenciaste que un

príncipe sciolto dalle leggi —exento de las leyes— es más ingrato, más

voluble y más imprudente que el pueblo al que gobierna. Así funciona

este engranaje: ni siquiera acierta a ser lo que finge. Feroz sin cálculo,

                                                                                                                 6

severo sin provecho, temido tal vez y repudiado con certeza, todo para

nada. Reprueba el examen del autor cuyo nombre cree encarnar. Mal

maquiavelismo: la saña torpe que despreciaste.

No comparo la soga con la demora: comparo la lógica que las

vuelve posibles, el instante en que se deja de ver a la persona y se ve

apenas un renglón en una lista, un uniforme, un expediente. Mis

defendidos conocen ese instante. No vengo a zanjar en esta carta la

disputa sobre el pasado —no es esa la cuestión—; sostengo algo

anterior a ella: ninguna condena autoriza a administrar una agonía.

Cambiar la forma de cumplirla no borra la condena ni extingue la pena.

Impide que su ejecución imponga una muerte que la sentencia no

ordenó. Lo que está en juego no es un favor, sino dos exigencias

elementales: un proceso con garantías y, para quien se apaga, una forma

de cumplimiento compatible con la dignidad, bajo techo propio.

He aquí la diferencia. De un altar se esperan milagros; de ti, un

espejo. Santo no fuiste —el encargo te daría risa— y sabías, mejor que

cualquier confesor, que ese aparato no responde ante el cielo sino

ante sí mismo. Por eso no se pide intercesión: se pide tu mirada, esa

lucidez sin ternura que rehúsa la palabra amable y le arranca la máscara

a la razón de Estado. Y a quien la misericordia no ablanda, quizá lo

avergüence todavía su reflejo.

Moriste rechazado por la República restaurada, sospechoso ahora

de haber servido a sus adversarios: la rueda completa. Pocos meses

antes le confiaste a un amigo que amabas a tu patria más que a tu alma:

                                                                                                                    7

amo la patria mia più dell'anima. Esa es la frase que merece

sobrevivirte, no la del monstruo que inventaron.

Hay una ironía final que reúne tu vida y la causa en una sola

imagen. Florencia te sepultó sin honores. Doscientos sesenta inviernos

más tarde, la misma ciudad te alzó un monumento de mármol en Santa

Croce y grabó encima: TANTO NOMINI NULLUM PAR ELOGIUM,

ningún elogio está a la altura de tan gran nombre. Llegó el elogio. Llegó

al polvo. Llegó más de dos siglos y medio después de la soga, del

ostracismo, de las noches en el escritorio, de todo cuanto un hombre

vivo pudo recibir y no recibió.

Eso combato. No la condena: el reloj, y detrás del reloj la mano

que lo deja correr y a esa espera la llama justicia. No la celda, sino la

muerte lenta en que desemboca.

Que este Estado no haga con los mayores de mi patria lo que

Florencia hizo con su secretario. Que no aguarde a que sean piedra para

descubrir que fueron humanos. Mis defendidos no disponen

de doscientos sesenta años. Ni de dos. Que el Estado disponga hoy una

forma de cumplimiento compatible con su edad y su salud; de lo

contrario, el elogio póstumo no será desagravio, sino la confesión de

una crueldad que pudo evitarse. Que sea, siquiera una vez, menos cruel

que el maquiavelismo que invoca sin haber leído a Maquiavelo.

Toca despedirse, Niccolò, y hay una deuda rara: vine buscando

una leyenda negra y encontré a un servidor triturado por la maquinaria

que describió. No sales de esta carta con aureola ni con corona de

espinas: sales como fuiste, lúcido y magullado, con el ingenio intacto y

                                                                                                                  8

el decoro a resguardo, como aquella noche en tu escritorio. Me llevo tu

lección; no acepto tu destino.

Y quede dicho, para que nadie alegue no haberlo oído: mientras un

anciano agonice entre muros ajenos, mientras se vista de prudencia la

demora y de orden la desidia, habrá quien se plante frente a la autoridad

para exigirle —jamás para implorarle— que cumpla lo que juró. Porque

hacer esperar a quien se está muriendo no es vencerlo: es abandonarlo

lejos de los suyos, y eso, mientras haya voz, no sucederá en silencio.

Los que hoy gobiernan proclaman la humanidad en cada tribuna y la

dejan apagarse, sin escándalo, lejos de toda mirada: han refinado la más

callada de las traiciones,

Carla Fernández Montero.







miércoles, 19 de agosto de 2026

TAREAS DEL PRÓXIMO GOBIERNO

Me fui al sur obligado por circunstancias sobrevinientes que me impidieron mantener mis aportes a este blog. Pero he vuelto y continúo en la tarea de preparar el próximo gobierno de Johannes Kaiser, cuyas posibilidades son óptimas, porque es el único capaz de hacerle al pueblo chileno --con sus virtudes y sobre todo sus defectos-- una oferta que no va a poder rechazar. 

Por eso mismo estoy cierto de que lo va a elegir a él y no sólo eso, le va a dar un parlamento con mayoría que lo apoye en su tarea, que es, ni más ni menos, darles mucha plata a todos los chilenos junto con procurar otros "mejores 30 años" como los que nos permitieron el "milagro chileno", cuyos efectos positivos duraron hasta que la candidata izquierdista Michelle Bachelet llegó al poder, invitó a los comunistas a formar parte de él y juntos mandaron el modelo chileno al Diablo.

Antes y ahora apoyo y aplaudo la idea de Johannes Kaiser de privatizar Codelco, como primer paso. Venderla al mejor postor y repartir el precio a sus dueños, que son todos los chilenos. De donde resultará el pago a cada uno de unos dos millones de pesos, a "ojo de buen cubero" y de acuerdo con cálculos prudenciales. Pues podría ser más.

La medida anterior es inaceptable para las izquierdas, que viven del Estado y repudian las privatizaciones.

Tampoco va a impulsarla el gobierno de José Antonio Kawst, que ya definitivamente no quiere molestar a la izquierda y es una repetición del de Sebastián Piñera sin Sebastián Piñera, aunque de partida, se diferencia de éste en que no persigue a los exmilitares. Pero tampoco los indulta. Es que es un gobierno contemporizador con la izquierda. El próximo deberá ser uno que la reduzca a su mínima expresión y que, desde luego, meta presos a todos los Boric que salgan a quemar buses, edificios, iglesias y destrozar semáforos.

El equipo de economistas de Johannes está encabezado por Víctor Espinosa, de extraordinaria preparación. Su tarea deberá consistir en preparar todas las medidas conducentes a privatizar Codelco apenas asumido el poder. Así se definirá la cantidad más verosímilmente cercana a la promesa dos millones de pesos a cada dueño de Codelco.

En particular el próximo gobierno deberá preparar la continuidad de las privatizaciones, pues el Estado tiene una treintena de empresas que no tienen por qué ser estatales. Desde luego, Televisión Nacional no tiene por qué serlo y podría ser la privatización que siga a la de Codelco. 

El equipo de economistas de Johannes tendrá que prestar especial atención a la privatización de Enap, monopolio estatal que nos tiene en la categoría de países que no producen petróleo ni gas, porque por ley ningún particular puede explorar en busca de esos combustibles fósiles, según la ley actual.

Sería interesante ir sabiendo desde ya cuánto se le podrá pagar a los dueños --todos los chilenos-- por estas privatizaciones que vendrán después, para mantener un flujo de efectivo para los chilenos durante todo el próximo gobierno. Los dos millones iniciales deben ser sólo la primera cuota.

Estoy cierto de que una campaña basada en las promesas anteriores de privatización y pago a sus dueños será imposible de derrotar en las urnas

El apoyo popular que estas propuestas van a recibir asegurará un alto crecimiento, con el cual hoy día no podemos siquiera soñar. Este año el Informe de Finanzas Públicas del Banco Central anticipa que Chile crecerá 1,8 %. La minería está cayendo 6,4 por ciento interanual, la pesca cae 5,9 por ciento, la construcción 3,2 por ciento, el sector agropecuario-silvícola cae 0,3 por ciento, la manufactura 0,3 por ciento.

Compárese eso con el cuatrienio iniciado con las masivas privatizaciones de Pinochet-Büchi, en 1985, de la electricidad, el gas, el acero, el salitre, la radiotelefonía, que dieron origen a un crecimiento del 6,4 por ciento anual. Hacia eso también apuntamos ahora, pero con la diferencia de que esta vez las ventas de las empresas del Estado irán a los bolsillos de los dueños del Estado y no a la burocracia de éste.

El futuro gobierno es la tarea del momento.

miércoles, 12 de agosto de 2026

LO QUE PUEDE PASAR

El presidente se ha declarado orgulloso de Codelco como empresa estatal. 

La siguiente es una lista de los pagos hechos por Codelco a propósitos distintos de su giro, que es producir cobre. Fue enviada a este blog en 2016 por un  lector. 
Tuvo mas de 18 mil lecturas. Nadie desmintió la veracidad de la nómina, que reproduzco a continuación:

Listado de Egresos de CODELCO para fines distintos al giro:

1.- CORPORACION TIEMPO 2000, US$ 599.000, ligada a la DC.
2.- FUNDACION TIEMPOS NUEVOS, US$ 463.806, Luisa
Durán, esposa de Ricardo Lagos.
3.- CENTRO DE ESTUDIO PARA EL DESARROLLO, US$ 414.000,
ligada a la Concertación (DC).
4.- IPG CONSULTORES S.A., US$ 339.000, empresa relacionada
a Ejecutivo de Codelco.
5.- FUNDACION CHILE, US$ 165.000, cuando José Pablo Arellano
era su Presidente.
6.- FUNDACION NACIONAL DEL DEPORTE, US$ 112.000, ligada a
la Concertación (DC) y a don Eduardo Frei Ruiz-Tagle.
7.- DIRECCION NACIONAL DE VIALIDAD (MOP), US$ 82.000.
8.- RICARDO HORMAZABAL SANCHEZ, US$ 60.000, expresidente
de la Democracia Cristiana.
9.- ALEJANDRA PALLAMAR AZUA, US$ 28.448, esposa del
diputado en ejercicio Esteban Valenzuela Van Treek.
10.- FUNDACION CHILE 21, US$ 27.000, Ligada a la Concertación.
11.- CORPORACION JUSTICIA Y DEMOCRACIA, US$ 16.000, Ligada
a Patricio Aylwin.
12.- FUNDAC. EDUARDO FREI MONTALVA, US$ 12.586,
ligada a Eduardo Frei Ruiz-Tagle y familia.
13.- GESCAM, US$ 198.000, Hernán Durán de la Fuente, cuñado
de Ricardo Lagos.
14.- INVERSIONES SANTA TERESA LTDA, US$ 146.000, Jorge
Navarrete Martínez (DC) y su esposa, exministra de Vivienda.
15.- SUR PROFESIONALES CONSULTORES LTDA, US$ 232.759,
ligada a la Concertación.
16.- INVERSIONES COMERCIO Y ASESORIAS S.A., US$ 90.000,
LUIS AJENJO ISASI, expresidente de EFE.
17.- SERGIO VELASCO DE LA CERDA, US$ 40.000, exdiputado DC.
18.- HERNAN SANDOVAL ORELLANA, US$ 486.205, amigo personal
de Ricardo Lagos.
19.- INVERSIONES Y ASESORIAS EL RODEO LTDA, US$ 318.000,
Fernando Riveri Cerón, vicepresidente de Codelco.
20.- RAUL ALVAREZ CORTES, US$ 118.164, director de ENAMI.
21.- ESTEBAN VALENZUELA VAN TREEK, US$ 9.483, diputado.
22.- JORGE INSUNZA GREGORIO, US$ 77.586, diputado.
23.- RENAN FUENTEALBA , US$ 25.862, diputado.
24.- DENISE PASCAL ALLENDE, US$ 205.172, diputado.
25.- PATRICIO VALLESPIN, US$ 77.586, diputado.
26.- Fiberglass, US$ 3.155.870, Juan Villarzú (DC) expresidente
Ejecutivo de Codelco, accionista de esta empresa.
27.- Metálica S.A., US$ 21.382.584, Fernando Riveri (DC)
exvicepresidentede Operaciones de Codelco, accionista y director
de esta empresa.
28.- TOP Consultores, US$ 2.346.000, Rafael Estévez (PS),
exvicepresidente de Recursos Humanos de Codelco, Propietario de esta empresa.
29.- Ecomet S.A., US$ 3.644.500, Gabriel Tomic socio de esta empresa,
hermano de Francisco Tomic (DC), Vicepresidente de Desarrollo Humano y
Finanzas de Codelco. 30.- Ara Worley Parsons, US$ 60.000.000, Daniel Barria (DC) vicepresidente
de Servicios Compartidos de Codelco,accionista de esta empresa.
31.- Manuel Araneda Castex, US$ 19.800, Juan Enrique Morales (DC)
Vicepresidente de Desarrollo de Codelco, cuñado de este proveedor.
32.- Geovitta, US$ 258.692.242, Julio Cifuentes (DC), Gerente General de
División Salvador, accionista de esta empresa.
33.- Dynal, US$ 711.100, Pablo Trivelli socio de esta empresa, hermano
de Daniel Trivelli (DC) gerente general División Andina.
34.- Mario Cabezas L., US$ 88.000 , Mario Cabezas (PRSD) gerente
de Reconversión División Salvador, es padre de este proveedor.
35.- Jorge Navarrete Martínez (DC), US$ 865.218, director de Codelco,
sociodeInversionesSanta Teresa, Asesor Comunicacional de Codelco, presidente
de Auditoría, prestaba servicios en Codelco y en una filial.Tenía
además cinco contratos en paralelo.
TOTAL: US$ 355.348.971
Ch$ 213.149.382.600 (tipo de cambio: 600 Ch$/US$).

Si esa nómina fuera efectiva, el presidente Kast no tendría razón para estar
orgulloso de la condición estatal de Codelco.

El presidente del Partido Nacional Libertario, Johannes Kaiser, por el
contrario, ha propuesto vender Codelco, que es "de todos los chilenos",
y como un precio razonable y posible de venta sería de unos 40 mil millones
de dólares, ha propuesto algo muy natural: que los dueños perciban ese
precio. Ello permitiría a cada chileno recibir dos millones de pesos.
Yo preveo que en la elección presidencial y parlamentaria que tendrá lugar
en poco más de tres años, un gran mayoría de dueños de Codelco, es
decir, de chilenos, va a votar por el candidato que prometa venderla y entregar
el precio de venta a los dueños.

Lo mismo puede esperarse de la votación parlamentaria, en que una posible
mayoría va a votar por candidatos que ofrezcan legislar para que los dueños
de Codelco puedan percibir el precio de su empresa vendida.

En poco más de tres años sabremos si estas previsiones eran acertadas o no.

domingo, 9 de agosto de 2026

¿POR QUÉ NO LE PREGUNTAN AL PUEBLO?

Si Codelco es de todos los chilenos ¿por qué no nos preguntan si deseamos o no vender esa empresa y recibir unos dos millones de pesos cada uno, suponiendo que valga unos US$ 40.000 millones? Es lo que ha propuesto el candidato Johannes Kaiser, con toda lógica.

En este momento esa empresa está capturada por unos pocos y constantemente se publican los abusos a costa de ella que perpetran esos pocos. 

Estoy cierto de que la mayoría de sus dueños reales no quieren que siga este estado de cosas. Y como dueños que somos, tenemos todo el derecho a poner término al abuso.

¿Por qué no se consulta, en un procedimiento estrictamente democrático, si los dueños prefieren o no licitar Codelco y percibir su precio?

Si no se hace ahora, el tema no va a desaparecer, como parecen confiar los actuales beneficiarios de la impresentable situación actual. 

Tres años pasan muy rápido. Cuando transcurran, ya vamos a estar en plena campaña presidencial. Y va a haber un candidato que va a insistir en su misma propuesta de hoy. Los dueños de Codelco van a ser los mismos que van a elegir al futuro presidente. ¿Irán a votar por que siga el escándalo o por que se le ponga término, ellos reciban el precio y cada uno resuelva soberanamente qué va a hacer con su parte alícuota?

Hay, por otra parte, una treintena de empresas estatales que sería bueno saber si es del interés nacional que sigan siéndolo. ¿Necesitamos una TVN que pierde plata año a año? ¿Necesitamos un banco estatal? ¿O una empresa monopólica que no permite a nadie explorar libremente en busca de petróleo o gas y, al mismo tiempo, tampoco encuentra ninguno de los dos?

¿Necesitamos una comercializadora de trigo estatal? Yo no. Prefiero la plata.

Sería muy bueno que hubiera un presidente que nos preguntara a nosotros, el pueblo, si queremos seguir teniendo las empresas estatales que hay o preferimos que se vendan y nos den nuestra plata.

En particular porque "los mejores 30 años" --1985-2015-- de la historia de Chile se gestaron a partir de un gran proceso de privatización de empresas estatales, lo que estuvo en la base del progreso económico-social alcanzado y lamentablemente hoy desaparecido.

Entonces, para empezar de nuevo, que se le pregunte al pueblo por Codelco. Si no, éste de todas maneras va a dar su respuesta en las urnas en 2029. 

viernes, 7 de agosto de 2026

CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE

He sido autorizado para reproducir la siguiente carta, que se explica por sí misma:

HOMBRES QUE SALIERON A DEFENDER LA PATRIA

Señor Presidente de la República, don José Antonio Kast Rist:

Estos hombres juraron entregar la vida si la patria la reclamaba, y

no fue palabra hueca: cuando el país, al borde del abismo, los convocó

—eran los días en que las mujeres alzaban pañuelos blancos pidiendo

orden—, vistieron el uniforme y salieron a honrar, ante la bandera, la

palabra empeñada, exponiendo junto con la existencia propia la suerte

de sus familias. Y terminada su misión, en vez de retener el poder

prefirieron devolverlo, restituyendo la democracia bajo la cual hoy

gobierna V.E. y escribe esta abogada. Así retribuye la patria semejante

lealtad: esa generación languidece, olvidada, en los pabellones más

antiguos de nuestras cárceles, donde la República niega a sus servidores

hasta una muerte digna.

No vengo a discutir condenas: vengo a cobrar una deuda. Quienes

fueron escudo de la Nación pasaron a recibir trato de enemigos, y al

enemigo no se cuida: se deja morir despacio. Sobre el castigo dictado

por un juez cayó otro que nadie suscribió: la agonía sin auxilio, lejos de

la familia, como si la tierra defendida cobrara ahora la cuenta de su

propia defensa.

Las sentencias, además, provinieron de un procedimiento que

Chile enterró por indigno: inquisitivo, escrito y secreto, donde un

mismo juez investigaba, acusaba y fallaba, con un sumario oculto hasta

para la defensa. La reforma procesal vino a proscribirlo; estos ancianos

son los únicos a quienes el rito abolido todavía alcanza. No pido revisar

nada: dejo constancia. Juzgar sin garantías y abandonar al moribundo

no se archiva con los expedientes: permanece como una mancha

indeleble en la justicia chilena.

Esto tiene nombre, y lo vengo escribiendo hace años:

geriatricidio carcelario. La muerte anticipada de los presos más

ancianos, ejecutada sin un solo golpe: basta negar el auxilio que el

propio encierro vuelve imposible de procurar. Recluir a un hombre es

privar de libertad, no presenciar una agonía sin médico. Una pena que

excede lo fijado por el juez ya no es justicia: es venganza con toga.

Y no hablo en abstracto. En el recinto que concentra a los reclusos

más ancianos del país se hacina casi el doble de los internos previstos,

sin un médico de planta que acuda cuando un cuerpo de noventa años se

apaga de madrugada. La Corte Suprema ordenó corregir esas

condiciones; la orden sigue incumplida, y la población del pabellón ha

ido disminuyendo por la única puerta que allí se abre sin permiso: la de

la muerte. Octogenarios en su mayoría, algunos ya nonagenarios,

agonizan entre esas rejas, aquejados de un cáncer terminal que ninguna

enfermería carcelaria podría tratar. Ya no pueden seguir esperando.

La salida no es el perdón, sino la pena cumplida en el domicilio. El

enfermo grave permanece preso, condenado y purgando: apenas muda

los muros del penal por los del hogar, la soledad del pabellón por la

familia y un médico cercano. No se remite una hora. Se ahorra el

suplicio. Eso es todo.

Y conviene decirlo sin pudor: además de humano, es buen

gobierno. Un sistema penitenciario desbordado gasta en custodiar

moribundos las camas, el personal y las ambulancias que el resto de la

población penal reclama a gritos, sin provecho para la seguridad del

país. La conciencia y la razón de Estado, por una vez, apuntan al mismo

norte.

El derecho no permite esta salida: la ordena. Quien encierra

responde por la vida del encerrado —posición de garante, en la voz de la

doctrina—, y ese deber de cuidado, por mandato del artículo 24 de la

Constitución, culmina en el despacho presidencial. No pido a V.E.

dictar reclusiones domiciliarias: esa palabra pertenece a los tribunales.

Pero los caminos para que ningún interno siga expirando en el abandono

abundan en manos del Ejecutivo, y no los enumero: quien gobierna los

conoce mejor que esta abogada. Los tratados suscritos por Chile

mandan preferir, para el recluso enfermo, formas de cumplimiento

compatibles con la dignidad humana. Las vías existen. Falta la

voluntad.

Si nada ha ocurrido, no es por ausencia de norma, sino por una

indiferencia vuelta costumbre: la de suponer que ciertas vidas, por el

pasado que cargan, ya no merecen cuidado. Hay una crueldad peor que

la del enemigo: la de la Nación que abandona a sus defensores. Chile

rindió siempre honores a sus caídos; a los sobrevivientes de aquella

generación hoy los deja extinguirse tras las rejas, sin más himno que el

silencio. Un soldado sabe morir de pie; ninguno merece pudrirse en una

celda mientras la tierra por la cual iba a caer mira hacia otro lado. La

dignidad ni se gana con la hoja de servicios ni se pierde con la condena:

dura lo que dura el hombre.

Hablo sin rodeos, señor Presidente. La responsabilidad reside en

su investidura, y cada semana de silencio no es un trámite: es una

decisión. Gobernar no es administrar la demora, sino firmar cuando el

deber lo exige, aunque vociferen los que jamás han cuidado a nadie.

Suya fue, alguna vez, la máxima de que nadie merece morir en la cárcel;

esas palabras siguen aguardando dueño. La historia no preguntará por

informes ni cálculos: preguntará cuántos perecieron mientras la firma

esperaba.

No invoco clemencia: exijo el pago de una deuda de la República.

Que los ancianos gravemente enfermos y los desahuciados que se

consumen tras los muros concluyan la pena en el hogar, atendidos,

como el derecho ya autoriza. Chile no puede exigir juramentos de

sangre a sus hijos y negarles después el lecho de la última hora.

A quienes acudieron al llamado de la patria y devolvieron el poder

en lugar de retenerlo, la República adeuda, cuando menos, un final sin

olvido ni celda, al amparo de la bandera que juraron. Sobrellevar la

condena toca a quien la recibe; impedir que se vuelva pena de muerte

encubierta, al Estado que la dictó. Lo primero ya ocurre. Lo segundo

aguarda una firma. Ellos ya no tienen tiempo; la pluma, señor

Presidente, sigue sobre su escritorio.

Carla Fernández Montero

Abogada


lunes, 3 de agosto de 2026

KAST NO SE LA JUEGA

Si Kast hubiera sido "jugado", habría indultado el primer día a todos los Presos Políticos Militares y carabineros condenados por resguardar el orden.

Si hubiera sido "jugado", no habría reajustado el salario mínimo, como lo hizo, sino que lo habría congelado, como lo decidió Pinochet en 1985, después de lo cual se redujo el desempleo de 11% a 5 % entre ese año y enero de 1990. 

Y si fuera jugado estaría anunciando la privatización de Codelco y ENAP, para comenzar a hablar. Porque ahí hay mucho paño que cortar, como lo había en 1985... y se cortó.

Si Kast hubiera sido jugado ya tendría legiones de carabineros en las calles, con pleno respaldo oficial, capturando asaltantes y autores de encerronas. Y no tendría cinco mil carabineros menos que en 2020, como hay hoy. Ni ningún carabinero, ante una toma de terreno, se negaría a ir a desalojar y detener al usurpador, como sucede hoy. Lo digo por experiencia propia.

Los treinta mejores años de la historia de Chile se gestaron entre 1985 y 1990. De ello, estoy cierto sin haberlo leído, dará testimonio un libro de Juan Andrés Fontaine que se lanza en estos días. En esos años Pinochet y Büchi se jugaron enteros, haciendo cosas "impopulares" según la izquierda, que son las mejores para el país. Pues se puso en vigor una legislación, el Plan Laboral de José Piñera, maximizador del empleo. En lugar de desalentarlo, como lo hace la ley vigente hoy. 

Si Kast fuera jugado, ya habría echado a los abogados del Consejo de Defensa del Estado, que ganan más que él, pero no han sido capaces, en diez años, de defender al Estado del mayor escándalo del presente, los juicios ilegales de derechos humanos, mediante los cuales se condena injustamente a exmilitares y se le sustrae ingentes sumas al erario. Si fuera jugado, Kast los reemplazar{ia por abogados como Carla Fernández Montero, que ha logrado tener querellado ante el Ministerio Público a un ministro sumariante prevaricador. 

Por supuesto, si Kast hubiera hecho todas esas cosas los comunistas habrían salido a la calle a subvertir el orden. Pero el gobierno, siendo jugado, los habría metido presos, como lo hizo Pinochet. Éste entregó el mando a Aylwin con casi mil terroristas y subversivos presos, sólo para que el presidente DC, con su cerebro ya completamente lavado de por medio, los indultara A TODOS. Así se originó el actual auge de la delincuencia y de la inseguridad general.

Pero Kast no es jugado. Mantiene un pacto no escrito con los comunistas, que no han salido a incendiar ni destruir. Pero como la impunidad del delito parece garantizada, la inseguridad reina y la gente está más pesimista que nunca. Porque la verdadera solución de sus problemas está en jugarse por resolverlos.

Lo cual no garantiza que el pueblo lo agradezca. Pinochet gestó el "milagro chileno" y el pueblo votó en 1988 contra su reelección. Cohecho norteamericano y europeo mediante (millones de dólares a la campaña del No): "la decadencia de Occidente".

O "el pago de Chile", como lo llaman algunos.


viernes, 31 de julio de 2026

PRIVATIZAR NO ESTÁ EN EL PROGRAMA

Como hubo una voz del medio oficialista que mencionó la posibilidad de privatizar Codelco, el gobierno se apresuró a aclarar que eso no estaba considerado en su programa.

Lástima. Eso quiere decir que crecer a más del 6 % anual tampoco está en su programa. Porque cuando Chile creció a más de esa tasa fue cuando privatizó masivamente, a partir de 1985, bajo la presidencia de Augusto Pinochet y con Hernán Büchi como su ministro de Hacienda. 

Fueron privatizadas empresas de electricidad, teléfonos, gas, salitreras y del acero.

La privatización fue el verdadero motor del "milagro chileno".  Gracias a ella se logró disminuir la deuda externa, al aceptarse el pago de las empresas en bonos a su valor par, que habían sido comprados a una fracción de ese valor. Este incentivo incrementó el flujo de capital hacia el país y contribuyó a reducir la deuda externa. Recuérdese que "la década perdida de América Latina" en los 80  se debió a la crisis de su deuda externa.

El alto crecimiento logrado con estas medidas contribuyó a que, junto con disminuir dicha deuda, entre 1985 y 1990 también aumentara la recaudación tributaria y se redujera el déficit del presupuesto.

Y a raíz de todo lo anterior se registró una gran disminución del tamaño del Estado, que ya se había reducido en 1975, cuando la situación crítica heredada de la Unidad Popular obligó a disminuir en 30 % el personal del sector público.

El auge de la economía también permitió reducir el desempleo, de 11 % en 1985 a 5 % en enero de 1990, según cifras del Banco Central. Claro que las políticas pro-empleo de Büchi contribuyeron a ello: en 1985 fue congelado el sueldo mínimo obligatorio, contribuyendo así a crear ocupaciones para personas de baja calificación, que son a la vez las más pobres. 

Además contribuyó que el gobierno transformara las pérdidas que sufrían las empresas públicas en ganancias y mayorea ingresos fiscales generados por los impuestos pagados por ellas ya privatizadas. Eso explica la disminución del déficit del presupuesto entre 1985 y 1990.

Sin privatizaciones seguirá el espectáculo lamentable que da Codelco y no puede pensarse siquiera en unos "segundos mejores 30 años de la historia de Chile". Pues los primeros "mejores 30 años" se debieron fundamentalmente a aquéllas.