Tras un par de horas de angustia por la suerte de mi hijo enfrentado a tomadores de terreno violentos, tengo que decir que el problema se ha solucionado gracias a personas civiles que se reunieron prontamente en el lugar de los hechos, algunas de las cuales usaron la vieja táctica del garrote y la zanahoria.
Las autoridades a las cuales se acudió brillaron por su ausencia. Por eso el país está plagado de tomas: porque la autoridad no saca al primer ocupante.
Tras intercambios de palabras no del todo amistosos entre el usurpador desafiante y un hijo de la propietaria, más gente acudió al lugar. Se les advirtió a los tomadores acerca de la gravedad del delito que estaban cometiendo. Alguien por su cuenta dijo que venía "una micro de Carabineros", lo cual no era verdad, pero sonó convincente.
Otro dijo que el predio pertenecía a una persona importante, lo cual es efectivo: es de mi mujer. Alguien más insinuó que probablemente ella iba a llamar al presidente para que ordenara a la policía actuar rápidamente. Eso comenzó a crear una atmósfera de inquietud entre los usurpadores.
Otro dijo que Seguridad Ciudadana de la municipalidad, cuyo acalde es del Frente Amplio pero no quiere más tomas (ya tiene once) vendría y destrozaría o confiscaría todos los enseres de los ocupantes, como ya había hecho una vez anterior.
Todo lo anterior fue el garrote. Pero pienso que lo más eficaz fue la zanahoria.
Una tercera voz la aportó: le dijo al jefe de la toma que conocía otra propiedad menos conspicua, donde podría instalarse. Y que era de una persona que no se preocupaba mucho de vigilarla, así es que podría quedarse en ella con menos problemas que en ésta.
Milagrosamente el jefe de la toma, ya en posesión del nuevo dato, empezó a recargar sus enseres en su camión y procedió a marcharse junto a sus acompañantes.
Fue una solución bastante "a la chilena": al margen de la ley y la autoridad.
Fue la tercera toma del mismo terreno. Será hasta la próxima. Las autoridades, llamadas con urgencia, brillaron por su ausencia. Pero se alcanzó un acuerdo político. Lo califico así porque el costo lo pagará otro, lo cual es de la esencia de los acuerdos políticos.
Y yo quedo listo para preocuparme del artículo que pensaba escribir hoy, sobre el silencio de la cuenta presidencial acerca de la situación más ilegal, inmoral y por añadidura gravosa para el erario del Chile actual.