domingo, 11 de octubre de 2026

ARGENTINA Y UNA NUEVA VERGÜENZA

Fuentes oficiales argentinas han anunciado que se impedirá el paso hacia el Atlántico de un barco con mercadería chilena vendida a comercios de las islas Falklands o Malvinas. 

Ello constituiría un acto de piratería inaceptable desde el punto de vista de la libertad de comercio, de los tratados internacionales que garantizan la libre navegación en los mares en general y en la salida atlántica del Estrecho de Magallanes en particular; y del derecho humano a comprar y vender libremente mercadería lícita, bajo el imperio de las leyes nacionales e inrternacionales.

Esta amenaza argentina merece que se movilicen nuestras autoridades diplomáticas para requerir la acción de la Organización Mundial de Comercio, a fin de que condene e impida el acto de piratería anunciado.

Em el orden práctico, Chile debe dar aviso al Reino Unido, al cual pertenecen las islas Falkland o Malvinas, pera que a su vez interponga por su lado las mismas acciones ante la justicia internacional. Pero también, además, para que disponga de la fuerza naval necesaria para apoyar a la chilena en la tarea de garantizar la libre navegación en general y, en paarticular, de naves comerciales que se dirijan desde Punta Arenas a Port Stanley o de cualquier puerto chileno a cualquier puerto británico.

Paralelamente, la Armada de Chile debe disponer del material naval necesario y suficiente para garantizar la indemnidad de cualquier barco procedente de puertos chilenos que requiera protección ante amenazas de actos de piratería por fuerzas privadas o públicas de cualquier otro país.

La industria, la agricultura, la minería y el comercio chilenos tienen derecho a demandar la protección de nuestro Estado ante cualquier amenaza contra su libertad de intercambiar, comprar o vender al exterior.

Por último y last but not least ¿en qué quedó el grito característico del presidente argentino Javier Milei, "¡viva la libertad, carajo!", si el país que él gobierna amenaza a otros por el solo hecho de ejercer esa libertad?

sábado, 10 de octubre de 2026

EL MEJOR DE LOS MUNDOS

La estrategia del presidente José Antonio Kast está clara: tomar medidas para solucionar los más acuciantes problemas nacionales, que son la inseguridad ante el delito y el desempleo derivado del escaso o nulo crecimieto económico. Pero evitar medidas radicales inaceptables para la izquierda. 

A diferencia de su antecesor inmediato, Gabriel Boric, Kast no agrava los problemas. Es verdad. Pero, a diferencia de su antecesor más mediato, Augusto Pinochet, tampoco toma medidas reconocidamente capaces de generar una completa tranquilidad pública y un salto en el crecimiento económico. También es verdad.

A Pinochet la izquierda, con la consabida complicidad tácita de la DC, le hizo 17 "estallidos" entre 1983 y 1987. Ninguno duró más de un día y ni siquiera "quedó para la historia". Pero sí generaron en el  gobierno una activa acción judicial punitiva de los desmanes. Casi un millar de apresamientos por sentencias de los tribunales. Tanto que entre 1987 y 1990 ya no hubo "estallidos". Ni siquiera otro "sit-in" del DC Gabriel Valdés --cómplice activo de la rebelión-- sentado en la calle obstaculizando el tránsito.

En lo económico, desde 1985, con el ministro de Hacienda Hernán Büchi, se tomaron medidas que Kast de ninguna manera contempla, como privatizar ampliamente. Desde 1985 pasaron a manos privadas empresas estatales de telefonía, electricidad, gas, acero y salitre. Y además se dio amplias garantías de invariabilidad a la inversión externa, mediante el DL 600 (después derogado por Bachelet II). 

Y, para aumentar el empleo, se congeló el "popularísimo" salario mínimo obligatorio. Y se redujo a 10 % el impuesrto a las empresas.

¿Resultado? El "milagro chileno". La tasa de crecimiento saltó a 6,4 % anual entre 1985 y 1989 y llegó a 10,6 % ese último año. La de desempleo, de más del 10 %, se redujo a la mitad en enero de 1990, de acuerdo a cifras del Banco Central.

Fue el mejor de los mundos, pero los chilenos no se dieron cuenta. Tampoco "Occidente" (la "Decadencia de Occidente", Oswald Spengler). Chile y Occidente le "agradecieron" a Pinochet derrotándolo en el plebiscito de 1988, cohecho millonario en dólares mediante ("Endowment for Democracy"). Los EE. UU. y Europa Occidental querían ponerle término... y lo consiguieron. Porque, se decía, había "cinco millones de pobres". Claro, pero con los años se redujo esa pobreza a la mitad. Ningún otro país la redujo tanto.

Ni Kast ni la izquierda quieren hoy volver al "mejor de los mundos".

Habrá que esperar hasta 2030.

martes, 6 de octubre de 2026

¿POR QUÉ VA GANANDO KAISER?

La encuesta presidencial Panel Ciudadano-Universidad del Desarrollo dice que Kaiser puntea como candidato a ser el próximo presidente de Chile. Eso es bastante lógico, porque quien representa mejor el modelo político, económico y social que le dio a Chile los mejores treinta años de su historia es él. Y porque ha ofrecido privatizar Codelco y darle la plata a la gente a razón de unos dos millones de pesos por cada chileno, dado que Codelco "pertenece a todos los chilenos" y es razonable que, al venderse, sean sus dueños quienes reciban el precio. 

Pero dos puntos por debajo de Kaiser está Boric, diferencia que está dentro del margen de error de la encuesta. Entonces ¿en qué quedamos? En que esto es Chile, donde los partidarios de reeditar los mejores años de la historia están apenas por arriba de los partidarios de reeditar los peores años de la misma. Ése es el país que tenemos. El éxito y el caos están a dos puntos de diferencia y en cualquier descuido gana el caos. Como pasó en 1970. Como pasó en 2021.

Por eso en el principal diario de la república hay un debate entre quienes se escandalizaron del patadón de un encapuchado a una manifestante pacífica y quienes defienden al agresor porque le encuentran la quinta pata al gato y dicen que es una víctima de la desigualdad social. Y aquí no hace mucho le han dado toda suerte de premios al defensor del encapuchado, pues en un solo año lo premiaron una universidad, la Asociación Nacional de la Prensa y una importante firma financiera lo invitó a dar una charla a sus millonarios clientes sobre la situación política. Hay una parte de la élite que admira al defensor del encapuchado, aunque éste esté listo para quitarle todo de una patada. Esa élite entreguista explica los desastrosos regímenes que han arruinado a Chile.

Pueden pasar muchas cosas en estos tres años y algo que faltan para la próxima elección presidencial y parlamentaria. Pero los de la derecha a secas estamos confiados. Tengo que remontarme a don Jorge Alessandri en 1958 para encontrar a alguien de nuestras ideas que gozara de respaldo mayoritario.

Por otra parte, creo que la Revolución Privatizadora propuesta por Kaiser va a trascender nuestras fronteras. El atractivo de la idea de achicar el Estado con beneficio pecuniario para los ciudadanos es irresistible. El Estado nos saldrá más barato (porque lo pagamos entre todos). Y aumentarán los patrimonios de todos, menos los de los burócratas que hoy succionan las ubres estatales.

Creo que esto está recién comenzando en el mismo Chile donde comenzó la primera economía libre de verdad del siglo XX, transmitiendo la idea a todo el mundo. Se va a decir algo parecido a cuando se atribuyó a los militares chilenos el haber inspirado a Thatcher y a Reagan. 

Lo de ahora se origina en civiles chilenos de derecha que han descubierto una receta para mejorar la economía, beneficiar los bolsillos de la gente y generar bienestar. Idea que no se le había ocurrido a nadie antes, al menos como un planteamiento político concreto. Un Cyber Day mundial.

Sólo cabe confiar que los dos puntos con que hoy el éxito supera al caos se mantengan... o se puedan, con el tiempo, aumentar.

sábado, 3 de octubre de 2026

LA REVOLUCIÓN PRIVATIZADORA

No sé si Johannes Kaiser está consciente de que, cuando dijo que se debía privatizar Codelco y darse el precio de venta a sus dueños, que son todos los chilenos, y calculó prudencialmente que corresponderían unos dos millones de pesos a cada habitante, inició una revolución política que va a ser muy difícil de derrotar o detener, porque es seguro que cuenta con un respaldo popular, si no unánime, muy mayoritario. 

Mi opinión es que Kaiser así aseguró su elección como el próximo presidente de la república y de un parlamento cuya mayoría lo respalde.

Sobre todo si la privatización es tan razonable como factible. Claramente va en favor del mejor interés nacional, porque Codelco es una empresa estatal mal administrada, que ha disminuido su producción de cobre en los mejores tiempos del precio del metal, se ha endeudado en exceso y se ha prestado para que intereses políticos y compadrazgos obtengan de ella centenares de millones de dólares anuales en pagos "no destinados a la producción de cobre" Es decir, prebendas políticas.

Las privatizaciones fueron puestas en boga, en el mundo, por otro gobierno chileno, el del presidente Pinochet y su ministro Hernán Büchi, a partir de 1985. En Chile se privatizó la telefonía, la electricidad, el gas, el acero y el salitre, que estaban en manos de empresas estatales mayoritariamente perdidosas y que fueron adquiridas por privados en sendas licitaciones..

Eso generó un ejemplo que distintos países importantes siguieron, como reconoció el autor británico Niall Ferguson, cuando escribió: "los primeros fueron los militares chilenos; Reagan y Thatcher vinieron después". Y tras éstos vinieron los países socialistas, que se volcaron al capitalismo, partiendo por la Unión Soviética.

Lo que tiene de novedoso la propuesta de Kaiser es que contempla dar el precio de la privatización a los actuales dueños de las empresas estatales, que somos todos los chilenos. Esto no lo hicieron Pinochet-Büchi, que en cambio, con lo generado por las privatizaciones, equilibraron las finanzas del país, redujeron la deuda externa y pusieron a Chile a crecer al 6,4 % promedio anual entre 1985 y 1989, situándose a la cabeza de América Latina. 

Pero cuando Pinochet-Büchi privatizaron, el poder legisativo radicaba en la Junta de Gobierno, que concordaba con el Ejecutivo en ese tema y le facilitó el proceso. 

Ahora la privatización requiere de acuerdo del Ejecutivo y del Congreso. Y como todo el mundo sabe o debería saber que una gran mayoría de chilenos no mira con malos ojos la idea de recibir dos millones de pesos cada uno, sobre todo si la mitad o más de ellos nunca ha tenido esa suma en sus manos, es difícil que la revolución privatizadora pueda ser derrotada.

Hasta ahora la izquierda conquistaba mayorias prometiendo al electorado distribuir igualitariamente la riqueza de los demás, pero como "los demás" no veían esa exacción con buenos ojos, las políticas de izquierda resultaron ser invariablemente empobrecedoras de todos. La propuesta de Kaiser, en cambio, es enriqucedora de todos, incluso del Estado, que en lugar de soportar pérdidas va a empezar a obtener impuestos sobre ganancias que los bienes privatizados generan en manos de empresarios particulares.

Así como "los militares chilenos" fueron los primeros en su tiempo, ahora la derecha chilena pasará a ser la primera en iniciar esta revolución económico-social. Ella promete generar el mismo eco imitativo que la iniciada por Pinochet-Büchi en su tiempo, cuyo éxito dejó en ridiculo a Leonid Brezhnev, que había pontificado: "nunca más habrá otro Chile". Pues lo que sucedió fue que lo que no hubo nunca más fue otra Unión Soviética.

"No hay nada más poderoso que una idea a la cual le ha llegado su tiempo", escribió Víctor Hugo. En Chile actual le ha llegado su tiempo a la revolución privatizadora, democrática y popular propuesta por Johannes Kaiser.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

ME ROBARON EL DIARIO

Me robaron el diario porque, como estamos en Chile, el repartidor no hace bien su pega --aunque es muy puntual para pedir aguinaldos de fiestas patrias y pascua-- y en lugar de dejarlo completamente adentro, debajo del portón, lo deja medio afuera. Como estamos en Chile, el primero que pasa y lo ve, se lo roba. También, como estamos en Chile, no hay dónde reclamar y ningún kiosco cercano lo vende. Así es que, en lugar de leer el diario, he decidido escribir este blog (aunque me han dicho que esto es un post y no un blog). Pero, como estamos en Chile, yo lo llamo como me da la gana y le digo blog.

Yo iba a escribir de otra cosa: que como hoy en Chile no se aplica la ley, el venezolano que asesinó al cabo Aguilera era un residente ilegal y debería haber estado preso, para luego ser expulsado. Pero, como estamos en Chile, nadie lo detiene y el ilegal hace lo que se le ocurre. Como matar un policía.

Mi blog (o post) se iba a titular: "Sin Ley Ni Crecimiento Ni Empleo".  Porque pocos respetan las leyes. Cerca de la mitad evade el pago de la locomoción. Entre los que menos respetan las leyes están los jueces. Marisol Rojas, para ser nombrada en la Suprema, les promete a los senadores no aplicar leyes expresas y vigentes de amnistía y prescripción. 

Los jueces han condenado a más de mil años, sin pruebas, a un eficaz perseguidor de delincuentes, el brigadier Krassnoff. Me enviaron el análisis jurídico de un caso en que el juez le impuso 15 años por tener secuestrado hasta hoy a un detenido al que no detuvo. "Secuestro permanente", delito que no es amnistiable ni prescriptible, pero no existe. No hay ni uno. Como cualquiera puede comprobar yendo a visitar a cualquier condenado por eso  y verificar que no puede tener secuestrado a nadie en su celda. Krassnoff está sentenciado a mil años por condenas como ésta, absurdas, falsas, sin pruebas y por un delito inexistente. Pero, como estamos en Chile, esa monstruosidad jurídica y moral es la que se impone.

Así como sin ley, estamos sin crecimiento: debatiendo cuánto, por debajo del uno por ciento, va a crecer el PIB este año. Pero hace 26 años Chile había completado un quinquenio creciendo al 6,4 % anual, disminuyendo el desempleo a la mitad (a 5% en enero de 1990) e iniciando "los mejores 30 años de la historia de Chile" en lo económico, político y social. ¿Cómo lo logramos? Disminuyendo impuestos, (que eran de 0 si se reinvertían las utilidades); congelando el salario mínimo, como se hizo en 1985, y privatizando la electricidad, la telefonía, el gas, el acero y el salitre.

Pero, como estamos en Chile, nadie le levantó un monumento al que hizo todo eso. Por el contrario, el monumento más destacado es para el que arruinó al país, armó a civiles para quedarse con todo el poder y atropelló sistemáticamente la Constitución y las leyes (veredicto de la Cámara del 22 de agosto de 1973).

Pero el presidente actual no se atreve a privatizar. Hay un candidato "de derecha a secas" que dice que sí se atreverá. Y como eso, para empezar con sólo Codelco, le significaría a cada chileno recibir unos dos millones de pesos, como dueño que es de esa empresa, ese candidato va a ganar.

Pero, como estamos en Chile, esto a lo mejor no pasa, como en 1970, 2014 y 2022, cuando la mayoría entronizó izquierdistas que ofrecían repartir la plata ajena y, por eso, mandaron al país al diablo. O cuando en 2010 (Piñera) o 2025 (Kast), la mayoría prefirió a gobernantes que "les miran la cara" a los comunistas. Luego, no se atreven a aplicar la receta de Pinochet (ni siquiera a nombrarlo ni a conmemorar el 11). Y por eso terminan entregando el poder a un nuevo empobrecedor de izquierda o "ni facho ni comunacho".

"Estamos en Chile". Cualquier cosa puede pasar. Salvo que Johannes se atreva a hacer lo que dice que va a hacer. Yo me arriesgo: creo que se va a atrever. Y lo reafirmo hoy, a la hora en que debería estar leyendo el diario.

domingo, 27 de septiembre de 2026

TRUMP Y CHILE

Si Trump sabe en algún momento dónde queda Chile, poco después lo olvida, aunque el nuestro sea un gran país, tricontinental (Sudamérica, Antártica y Oceanía) y biocenánico (Pacífico y Glacial Antártico). Pero no es protagonista del quehacer mundial sino en momentos fugaces. 

Una vez Trump le preguntó a Macri, presidente argentino, según versión de éste, qué era esa cosa delgada al occidente de su país que lo separaba del Pacífico. Macri le contestó que era Chile. Entonces Trump le preguntó por qué no se lo tomaban y tenían acceso a ese océano. Macri no dijo qué le había replicado a Trump, pero si le hubiera dicho la verdad, habría sido: "Sí, una vez tratamos de invadirlos en 1978, pero cuando íbamos llegando al Canal Beagle, nuestra flota vio 27 gomones chilenos con un torpedo cada uno, capaces de hundir a toda nuestra Armada, así es que volvimos grupas al norte y nos olvidamos de la invasión."

Pero, por otro lado, Trump ha sido el único gobernante norteamericano que ha elogiado a Pinochet y a la Junta. Reagan también lo hizo, por escrito, pero tenía un embajador acá encargado de cohechar a los chilenos para que no votaran por Pinochet en el plebiscito del '88. Conclusión: no se puede confiar en los norteamericanos.

Trump declaró, cuando resultó elegido Kast, que sí, que éste había sido su candidato y por eso había ganado. Una fanfarronada. Seguro que al minuto siguiente se olvidó de todo. Porque poco después castigó al país imponiéndole un 12,5% de arancel, cuando a los demás les imponía sólo 10%.

Típico norteamericano: dos ONGs de izquierda les habían dicho a los asesores de Trump que en Chile había esclavos ("trabajos forzados"). Una mentira del porte de una catedral. Pero a los norteamericanos les encanta que la izquierda los engañe. Justamente en 1989, bajo el gobierno de Pinochet, un comunista del FPMR llevó dos uvas envenenadas a la embajada de EE. UU. en Santiago, diciéndoles que toda la producción chilena estaba envenenada. ¡Le creyeron! Pararon todas las importaciones de uva chilena, nos hicieron perder 300 millones de dólares, y después, al darse cuenta de que los comunistas los habian "pasado por el aro" una vez más, dejaron todo en nada. Pero ni siquiera indemnizaron.

Con el "castigo" de 2,5% adicional de arancel pasa lo mismo: les creen a los izquierdistas, perjudican a Chile, se dan cuenta de que los rojos los han engañado otra vez y, es de suponer, dejarán la sobretasa sin efecto.

En este caso Douglas Pollock, ingeniero chileno crítico del "calentamiento global", que es más cotizado en EE. UU. que en Chile, les escribió a sus amigos de allá acerca de lo escandaloso de la sobretasa de 2,5%, que sólo da en el gusto a ONGs de izquierda. Uno esos amigos, Paul Driessen, basado en la información de Pollock, ha escrito un artículo en la revista Townhall, donde señala que está poniendo en manos de una persona próxima a Trump los antecedentes de este "castigo" absurdo al país del "presidente puesto por Trump". Driessen asegura que se lo va a entregar a una persona muy próxima a Trump, para dejar sin efecto la sanción urdida por las ONGs de izquierda.

¡Grande Douglas! Otro servicio a tu Patria. Pero esta Patria debe caer en la cuenta de que nunca hay que confiar en los norteamericanos, porque a la primera conjura comunista para perjudicarnos, ellos se la van a comprar.

Baste recordar que, cuando solos echamos a los comunistas en los '70, cosa que ellos no habían podido hacer en Vietnam, donde fueron derrotados tras perder 55 mil soldados, 500 mil millones de dólares, el honor y la guerra, los norteamericanos nos castigaron con la "enmienda Kennedy", votada por demócratas y republicanos, para prohibir vender armas a Chile cuando teníamos todas nuestras fronteras amenazadas.

No hay que confiar en ellos, porque habitualmente terminan haciendo lo que los comunistas les dicen. 

Pero, así y todo, conviene que suscribamos el tratado "Escudo de Las Américas", porque es anti crimen organizado, anti narcóticos y anti comunistas. 

Eso sí, ojo, nos pueden volver a castigar en cualquier momento por alguna inepcia o argucia de cualquier funcionario que "compre" alguna nueva consigna de la izquierda, las cuales están siempre listos para obedecer. 

jueves, 24 de septiembre de 2026

LO QUE EL LÍBERO NO PUBLICÓ


El Líbero no quiso publicar la réplica de la abogada Carla Fernández Montero a la carta que el cardenal-arzobispo Chomalí envió a ese periódico, en respuesta a un artículo de dicha abogada en El Líbero sobre el rechazo cardenalicio a la idea de un indulto en favor de los Presos Políticos Militares. Pero es de interés público conocer esa réplica y por eso la reproduzco a continuación:

RESPUESTA A CARTA DEL CARDENAL FERNANDO

CHOMALI

Señor Director:

Agradezco al cardenal Fernando Chomali su carta y celebro que

coincidamos en algo: exigir un acto consciente a quien no puede

ejecutarlo es absurdo. Ese absurdo, sin embargo, no lo redacté yo. El

17 de septiembre Su Eminencia declaró que para la clemencia “tienen

que darse ciertas condiciones”, que “tiene que haber arrepentimiento”,

y en la misma entrevista puso a los enfermos de alzhéimer entre

quienes debieran volver a su casa. Una regla enunciada sin salvedades

alcanza a todos los casos que su autor nombra a continuación. Me

limité a leerlo con la atención que merece un cardenal. Lo que hoy

llama aclaración es una salvedad que se le ocurrió cinco días tarde,

cuando alguien le mostró adónde conducía su frase.

Lo que ahora ofrece como ideal tampoco es suyo. El artículo 687

del Código de Procedimiento Penal dispone que el condenado que cae

en enajenación mental no siga cumpliendo la pena y sea entregado a

su familia bajo fianza de custodia y tratamiento. Su Eminencia no

propone nada: describe la ley, y la describe tal como suena en el

papel, que es la única versión que parece conocer. Un hombre que

defendí pasó tres años hospitalizado mientras se resolvía esa solicitud;

los peritos iban hasta el hospital a examinar a un paciente que

necesitaba cinturones para no caerse de la cama y no siempre

reconocía a quienes lo visitaban, y cuando, al quinto informe del

Servicio Médico Legal, una ministra por fin aplicó el artículo, a los

querellantes les bastó apelar para que la Corte de Apelaciones

ordenara un sexto. La demencia también se litiga, y mientras se litiga,

se muere. Ese trámite, y no otra cosa, es el ideal que Su Eminencia

nos ofrece.

De los reparos que le formulé respondió uno, el que no tenía

defensa, y eligió hacerlo a propósito de las únicas personas que no

podrán leer su respuesta. Para los demás la exigencia sigue en pie, y

ahora se entiende su alcance. Al que ya no sabe dónde está, Su

Eminencia lo manda a su casa; al que lo sabe demasiado bien y

sostiene su inocencia, lo deja donde está. Un hombre que asegura no

haber hecho lo que se le imputa sólo puede arrepentirse mintiendo, de

modo que lo que se le pide a un moribundo es una mentira útil, y se le

ofrece a cambio su cama. En los tribunales que frecuento eso tiene

nombre, comprar una confesión, y dudo que en la Curia tenga otro.

San Juan Crisóstomo, doctor de la Iglesia y arzobispo de

Constantinopla, cuyo enfrentamiento con una emperatriz le costó el

destierro en que murió, había predicado antes en Antioquía que el

pobre tiene un solo título, su necesidad; que no se le exija nada más;

que aunque fuera el peor de los hombres se lo socorra sin pedirle

cuentas de su vida pasada; que la misericordia lleva ese nombre

precisamente porque da también al indigno, y que quien exige

explicaciones a sus consiervos las tendrá que rendir él mismo ante

Dios. Lo predicó hace mil seiscientos años, sin condiciones. No le

pido al más alto representante de la Iglesia chilena que el Papa dio a

esta generación que muera en el destierro. Me bastaría con que no

corrigiera a un santo.

Le formulo entonces una sola pregunta, para que su aclaración

quede completa. Un hombre de noventa años, lúcido, con un cáncer

terminal, que ha sostenido su inocencia desde el primer día de su

proceso, ¿debe morir en la cárcel por no arrepentirse de lo que asegura

no haber hecho? Si la respuesta es sí, dígalo con esas palabras y con

su firma, porque esos hombres tienen derecho a conocer la mano que

les cierra la puerta. Si es no, retire la condición con la misma firma

con que la puso. Y si prefiere el silencio, no se lo reprocharé. Me

quedaré con las palabras que Cristo pronuncia en la escena del juicio

final y que Su Eminencia conoce de memoria: “estuve en la cárcel y

vinisteis a mí”. No dice “estuve en la cárcel arrepentido”. Cuando el

propio Cristo no puso esa condición, quien la agrega tendrá que

explicar con qué autoridad lo hizo, y a esa pregunta el silencio

tampoco responde.

Carla Fernández Montero

Abogada penalista.