Hubo veintiunos de mayo recientes en que la gran prensa no publicó una línea sobre el Combate Naval de Iquique. Hoy ella ha vuelto a destacar la fecha, y casi como nunca antes.
Esto es parte de la Reconstrucción Nacional. Es el regreso a los valores permanentes de la chilenidad.
El heroísmo de Prat inspiró a Chile, pero también el heroísmo de Chile motivó a Prat. En efecto, Eusebio Lillo escribió la letra de la Canción Nacional, donde dice: "Alza Chile sin mancha la frente/ conquistaste tu nombre en la lid/ siempre noble, constante y valiente/ te encontraron los hijos del Cid.
Y también dice: "Si pretende el cañón extranjero/ nuestros pueblos osado invadir/ desnudemos al punto el acero/ y sepamos vencer o morir." Y añade: "Con su sangre el altivo araucano/ nos legó por herencia el valor/ y no tiemble la espada en la mano, defendiendo de Chile el honor."
Y, en fin, también dice a la Patria: "Nuestros pechos serán tu baluarte/ con tu nombre sabremos vencer/ o tu noble y glorioso estandarte/ nos verá combatiendo caer".
Prat interpretó a Chile al pie de la letra.
Hubo quienes, un siglo después, iniciaron una invasión y, al ver que todo lo anterior se les venía encima, con un Pinochet resuelto a no ceder un centímetro de territorio, dieron media vuelta y se volvieron a puerto propio.
Antes había habido otros que, al ver la misma determinación chilena, interrumpieron sus respectivos preparativos de invasión, ante el lema nacional "vencer o morir", instalado bajo el puente de mando de cada buque de nuestra Armada..
Al heroísmo de Prat se añadió en Iquique la audacia, no menos heroica y, en su caso, triunfal, de Carlos Condell: se las arregló para rendir al principal acorazado peruano, superior al Huáscar, la "Independencia", que arrió su bandera ante la pequeña Covadonga. Ésta la había hecho encallar y le disparaba intimándole la rendición, que obtuvo. Condell añadió el éxito al heroísmo.
Este 21 de mayo los chilenos nos hallamos empeñados en la Reconstrucción Nacional, tras la prolongada tarea de demolición del ser chileno perpetrada por el entreguismo y la izquierda. Y hemos hecho bien al subrayar que Prat y Condell nos indicaron, con sus respectivos ejemplos, el camino a seguir, que señeramente había dejado iniciado en 1990 el presidente Pinochet.