sábado, 31 de julio de 2021

Sichel es Piñera 3

Estoy reviviendo tiempos de hace trece años. En 2008 yo era columnista de “El Mercurio” y escribía contra la idea de apoyar a Piñera en 2009. No sólo ese diario, sino sus lectores, estaban en desacuerdo conmigo. Reproduzco de mi columna del 24.12.08: “Magdalena Concha escribió (cartas al director, jueves 18): “¿Cuántas columnas más destinará Hermógenes Pérez de Arce a boicotear la oportunidad histórica que tenemos los chilenos que votamos por la Alianza de celebrar la llegada de nuestras ideas a La Moneda”? Yo le replicaba que “nuestras ideas” no eran las de Piñera, sino las de quienes votamos “Sí” el 80 y el 88 y que Piñera era del “No” a todo eso. Otro lector, Gerardo Zegers, en carta del 19 de diciembre de 2008, afirmaba que los argumentos míos “están requetecontra dichos y conocidos”, a lo cual yo replicaba que los Diez Mandamientos también y no por eso había que votar por alguien que los contraviniera. Y añadía: “Un amigo de mis hijos me manda decir que está de acuerdo conmigo y que anulará el voto “pero que no le cuente a nadie, porque lo matan en su casa”. En fin, el 31.12.08 escribí mi última columna, no quise saber más del piñerismo y me fui del diario, mientras la “gente de derecha”, impenitente enamorada del mal menor, preguntaba: “¿Qué le pasa a Hermógenes?”.

Bueno, vinieron Piñera 1, Bachelet y Piñera 2, este último de nuevo en brazos de los partidos de derecha, que en el interín habían borrado diligentemente de sus declaraciones de principios todo reconocimiento al gobierno militar. En lugar de traer a Piñera a la derecha, se fueron a la izquierda en la estela de aquél y nos trajeron a donde estamos hoy, ad portas de la demolición final del modelo de sociedad libre a manos del “Apruebo”. Éste fue encabezado por Piñera y la mayoría de sus ministros (entre ellos Sichel), el alcalde Alessandri, el hasta hace poco presidente de la SFF, además, naturalmente, de los demoledores permanentes de la grandeza de Chile, la DC y la izquierda. Es que la derecha en masa se pasó al enemigo.

Y lo que hoy acontece es culpa de su debilidad. Reeligió a Piñera en 2017, tras, literalmente, centenares de blogs míos conminándola a no hacerlo. Ya en 2008 yo me había jugado en la UDI porque llevaran como candidato a José Antonio Kast. Recuerdo que el único parlamentario que me apoyó en esa idea, expuesta por mí ante la juventud UDI de Viña del Mar, fue el senador Jorge Arancibia. Ni siquiera el propio Kast, que era diputado entonces, se la jugó en esa oportunidad. Después sí lo hizo, en 2017, pero entonces la UDI, encabezada por dos líderes del entreguismo, Joaquín Lavín y Pablo Longueira, conspiraron contra José Antonio con un video de amplia circulación, en que afirmaban que no se debía “perder el voto”, pues Piñera 2 estaba a punto de ganar con el 50 % en primera vuelta. Sacó 36 %. Y Cadem predecía que Kast tenía apenas entre 0 y 2 %, pero obtuvo 8 %, doblando a la Candidata DC, Carolina Goic. Cualquier semejanza con el presente no es mera coincidencia.

Si nuestra derecha actual hubiera estado en el gobierno en 1879, le habría aconsejado a Prat y Condell negociar con los peruanos y entregarles los buques nacionales. Gesto equivalente a la rendición de la Constitución en 2019 y al “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución”, no la de 1980, la de la libertad y la democracia y los mejores treinta años de la historia de Chile. Ésa fue entregada como víctima propiciatoria al enemigo.

Así y todo, por ella nos jugamos el 22 % de los chilenos, los que ahora debemos salvar al país. Sólo con una buena derecha, como la de 1879, lo lograremos. Y ello probablemente sólo sucederá después del gran desastre que provocará la mayoría del “Apruebo” actual, antes de que se vuelque en su contra suficiente gente, como lo hiciera en 1973, en busca de salvación ante el desastre generado por la izquierda y todos los que se han pasado a ella.

Entretanto, la derecha entreguista vuelve a traicionar sus propias ideas y le pide a Kast que se retire y apoye a su sepulturero, Piñera 3, que hoy se llama Sichel. ¿O saldrá de alguna parte un Arturo Prat?

martes, 27 de julio de 2021

La Imparable Mujer Que Regala Plata

La sombra de Pinochet está omnipresente en la vida chilena. Léase el art. 130 de la reforma constitucional, nacida del acta de rendición de Piñera y de la democracia chilena ante la izquierda violenta del 15 de noviembre de 2019, y esa sombra se verá. Dice así:

“En el plebiscito señalado la ciudadanía dispondrá de dos cédulas electorales. La primera contendrá la siguiente pregunta: ‘¿Quiere usted una Nueva Constitución?’”.

La respuesta alternativa natural, obvia y de sentido común era “Sí” o “No”. Pero no podía ser, porque “Sí o No” había sido la del plebiscito de Pinochet en 1988. Chile y el mundo se habían dividido entre “Sí” y “No” entonces. Resultado: 56 vs. 44%, influido por los millones de dólares para financiar la campaña del “No” del “Endowment for Democracy” de Estados Unidos y otro tanto de Europa Occidental, que querían “castigar” a quien salvó a Chile del comunismo. Otro rasgo de lo que Oswald Spengler había llamado “la decadencia de Occidente”.

Entonces, para ocultar la sombra de Pinochet, pusieron artificiosamente la alternativa “Apruebo” - “Rechazo”. La parte más inculta y desinformada del país prevaleció y triunfó el “Apruebo”, con 78 % vs. 22 % del “Rechazo”. La mayoría cree que una nueva constitución será un árbol de pascua del cual colgarán regalos para todos.

Por consiguiente se desató la locura y la diputada Pamela Jiles logró llevar a cabo el retiro del 30 % del ahorro previsional, dinero con el cual los chilenos salieron en masa a comprar autos, plasmas y artículos electrónicos, gastándose la plata que era para su vejez. 

Y después de eso la presidente del Senado, Yasna Provoste, pidió darles a quince millones de chilenos dinero mes a mes hasta septiembre, como ingreso familiar de emergencia. Un sueldo sin trabajar. Lo obtuvo. Su nombre se disparó en las encuestas presidenciales y ella acaba de anunciar su candidatura. Parece invencible, imparable: además, es mujer, diaguita, corresponde al fenotipo de la mayoría y regala plata. ¿Quién podrá contra ella?

Pero no falta el antipático que pregunta "¿de dónde sale toda esta plata?" La economista Carolina Grünwald, en “El Mercurio” de 22.07.21, ha tenido la bondad de explicarnos: a diciembre de 2019 los fondos soberanos y reservas de Chile eran de US$ 23.045 millones de dólares, pero ahora “estaríamos cerrando el año con US$ 10.000 millones”. ¡Nos hemos comido más de la mitad de las reservas en dos años! Más encima, habremos pasado de una deuda externa pública del 27,9 % del PIB en 2019 a otra del 34,1 % del PIB en 2021 “con tendencia al alza en el mediano plazo”. La gente que algo entiende saca su plata para afuera: antes había diez mil millones de dólares anuales de ingreso neto de capitales. El año pasado el saldo se tornó negativo en 2.500 millones de dólares, que es lo que se fue del país (Sebastián Claro, columnista de "El Mercurio", 02.05.21).  

Como se da mucha plata sin trabajar, ya la agricultura y la construcción tienen dificultad para encontrar mano de obra, pues ésta, por ahora, no tiene necesidad de ocuparse. Una agencia de empleadas domésticas anuncia su quiebra: ya no hay nanas que se ofrezcan. ¿Cómo va a crecer un país en que tanta gente deja de producir? A este ritmo, en dos años más ya no van a quedar reservas de fondos soberanos ni de la previsión y la deuda externa va a ser tan alta que ningún banco ni entidad financiera nos va a querer prestar, por aumento del riesgo país, salvo a tasas que no vamos a poder cubrir. 

Chile, tras este nuevo "disparo en el pie", va a quedar como está Argentina hoy, pero ya Argentina entonces va a ser como Venezuela hoy... y Venezuela como Cuba hoy. Y, a lo mejor, Cuba ya para entonces va a haber sido liberada, como lo fue Chile en 1973... si la sombra de Pinochet se marcha para allá.

viernes, 23 de julio de 2021

Once Razones Para No Votar por Sichel

(Este blog es inclusivo, pero sólo para "derechistas y derechistos". Si usted no lo es, no siga leyendo. Es una orden.)

Primera razón, porque Sichel no es de derecha. Fue DC, renunció porque se izquierdizó y se fue a Ciudadanos, de Andrés Velasco. De ahí lo capturó la grúa de Piñera (que también tiene alma de izquierda) en una “toma de control hostil” de "Ciudadanos" que dejó a Velasco con el libro de actas, el timbre y la oficina vacía, pues le reclutó a todos sus lugartenientes (otra “pasada” típica suya) e incorporó a Sichel a una “buena pega” en su segundo y peor gobierno .

Segunda, porque también es candidato José Antonio Kast, que sí es de derecha y por quien los derechistas de una sola línea debemos votar.

Tercera, porque Sichel sostiene que “el hombre más malo del mundo” es Pinochet. Es decir, es ignorante, un cero en Historia Contemporánea. O, peor aún, es antena repetidora del KGB. ¡Ni siquiera pasaría de curso en la educación media, salvo con profesor comunista, y quiere ser Presidente!

Cuarta, porque es un Piñera 3.0, aunque no sea un mal sujeto, como éste, ni tenga su prontuario. Pero, como él, "le mira la cara a la izquierda" y cree que ella es “el pueblo”, otro grave error, común en nuestra clase política.

Quinta, porque no se puede confiar en él: traicionó a su amigo Velasco y puede anticiparse que, de igual manera (también como Piñera y ya con tu voto en su bolsillo), te va a traicionar a ti.

Sexta, porque, como la mayoría de los políticos (lamentablemente), Sichel hace como si no existiera el mayor escándalo de falsedad, prevaricación judicial y corrupción de nuestra historia, los juicios “ilegales, inconstitucionales y arbitrarios” (libro de Adolfo Paúl) contra exmilitares. Mira para el otro lado.

Séptimo, porque dijo que iba a cerrar Punta Peuco y luego se dio una vuelta de carnero y anunció que lo iba transformar en cárcel de ancianos. Pero, tal como Piñera 1.0 y 2.0, finalmente hará lo que exija la grita comunista: discriminarlos y perseguirlos todavía más.

Octavo, porque votó “No” en 1988 y tú votaste “Sí”. Es de un mundo político diferente al tuyo, que es el de la libertad, del orden y del crecimiento. Tú eres de "El Ladrillo" y él de "El Otro Modelo".

Noveno, porque él votó “Apruebo” y tú votaste “Rechazo” a la idea de otra Constitución, que transformará al Chile de hoy, donde la actual Carta nos ha convertido en “the United States of South America”, mientras la que prepara la "bolsa de gatos", si es que produce una, nos convertirá en “Chilezuela”.

Décima, porque critica el actuar de Carabineros y preanuncia su incapacidad de derrotar la violencia y mantener el orden público, misma de su ex jefe Sebastián Piñera. Lo último que necesita el Chile de hoy, revolucionado, gobernado de facto, violento y a punto de caer en el comunismo, es un Piñera 3.0.

Undécima, porque desune a la derecha al rechazar un pacto parlamentario de Chile Vamos con el Partido Republicano (y, con mayor razón, podemos suponer, con Fuerza Nacional en formación), lo que lo convierte en factor de división del único sector que, unido, sería capaz de evitar el peligro actual más inminente: que el país se vuelva “a dar un balazo en el pie” y repita los mil días de Allende.


miércoles, 21 de julio de 2021

"El Hombre Más Malo del Mundo"

Este país, anteayer en Wall Street, acaparó los letreros luminosos de Morgan Stanley, orientados a los cuatro puntos cardinales, que decían a grandes caracteres: “Sube fuerte la Bolsa en Chile al ser eliminado en primarias presidenciales el candidato comunista”.

Es que Chile hoy hace titulares mundiales. Pues todavía es “the United States of South America”, adonde muchos pobres de Sud y Centro América acuden a aprovechar las oportunidades que les abre el modelo de economía libre, surgido de la Constitución de la Libertad de Pinochet. Pero también hoy el 78 % de los votantes chilenos quiere reemplazarla, porque está escrito que cada ciertos años deben “pegarse un balazo en el pie” (según Robert Haldeman, ex gerente de la Compañía Chilena de Electricidad, que –como él mismo decía y no resisto volver a citarlo-- no era “Compañía”, sino sociedad limitada; ni “Chilena”,  pues sus dueños eran norteamericanos; ni daba “Electricidad”, porque los radicales y socialistas del gobierno le habían congelado las tarifas y por eso no invertía y debía cortar la luz ante el aumento de la demanda en las horas peak). (En Chile no se puede escribir “horas pico”, como en el resto del mundo hispano. Si alguien requiere más explicación al respecto, que visite un baño público y lea lo escrito en sus paredes.)

Es que el candidato comunista Jadue, que encabezaba las encuestas --equivocadas, por lo demás-- perdió ampliamente ante un ¿joven? (35) egresado de derecho que ha reprobado dos veces el examen de grado, pero habla de corrido y promete dar mucha plata a los pobres. Aventajó a su rival comunista porque nunca manifestó, como éste, ganas de "salir a matar judíos" ni que iba a hacer quebrar a las pymes, obligándolas a pagar 500 mil pesos de sueldo mínimo, ni que iba a perseguir a la prensa opositora, como su contrincante. De modo que terminó venciéndolo ampliamente. Y entonces la Bolsa volvió a subir. Pero ni Wall Street ni la Bolsa parecen haberse enterado de que Boric es “un tiro al aire”, pues ofrece repartir mucha plata inexistente. Lo cual, por otro lado, siempre le ha encantado a gran parte del electorado chileno. (Otro día hablaremos de Provoste, que ofrece lo mismo, y está en stand by).

El otro triunfador del domingo, Sichel, es un ex DC que en el pasado se fue más a la izquierda, a “Ciudadanos” de Andrés Velasco, hasta que su tocayo Sebastián Piñera lo atrajo ofreciéndole un alto cargo en su gobierno, el cual aceptó. Tiene una biografía que hace palidecer a las de Madame Bovary y Jean Valjean y que numerosos aspirantes a “Gustave Flaubert o Víctor Hugo chilenos” están al acecho para novelar. 

Tiene un fenotipo del agrado de las clases alta y media-alta chilena (buena estatura y ojos claros) y no tiene la más mínima idea de la historia reciente, como que repite lugares comunes propios de los millenials, que son antenas repetidoras de las consignas del KGB soviético, hoy en el basurero de la historia pero cuyas mentiras permanecen vigentes acá. Eso explica su respuesta al periodista Roka Valbuena, tras éste preguntarle “¿quién es el hombre más malo del mundo?”: “Augusto Pinochet Ugarte”.

Ése ha pasado a ser un “examen de suficiencia” para alcanzar el apoyo de la centroderecha, que en su tiempo clamaba por Pinochet y lo aplaudía. Sebastián Piñera sorteó el mismo examen con honores en 2009, como expartidario del “No” a Pïnochet; y en 2017 por eso mismo y además por haber sido el más sañudo perseguidor judicial de los exmilitares que vencieron al terrorismo marxista, la mayoría de los cuales son, por eso, genuinos “presos políticos” de la centroderecha (condenados por razones políticas y no por lo que dicen las leyes).

Ahora esa misma centroderecha voluble está entusiasmada con Sichel y, como yo apoyo al único candidato presidencial declaradamente de derecha, José Antonio Kast, que votó “Rechazo” a derogar la Constitución y todavía opina lo mismo que Eduardo Frei Montalva, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Patricio Aylwin, la DC casi completa (salvo trece) y yo opinábamos en 1973, es decir, que los militares salvaron a Chile de un autogolpe marxista, las “élites habladoras” a que se refería Paul Johnson vuelven a preguntar, contrariadas, “pero ¿qué le pasa a Hermógenes?”. 

Ya en 2009 y 2017 "Hermógenes" insistía en que preferir a Sebastián Piñera por sobre José Antonio Kast iba a resultar nefasto para el país. Y parece que tenía razón. ¿Volverá a tenerla otra vez?

lunes, 19 de julio de 2021

Primarias Que Pudieron Ser Peores

Pues pudo ganar Jadue y quedar en posición de expropiar todo y hasta dispararles a los judíos, tal como prometía en el anuario del Liceo Alemán, del cual egresó, probando así que la educación particular pagada también es capaz de engendrar monstruos.

También pudo ganar Lavín, que en su desenfrenada e incontenible carrera hacia la izquierda –el ex “gallo de pelea” del gobierno militar ya había asumido últimamente de lleno la socialdemocracia— ahora amenazaba convertirse en el primer expinochetista en ofrecer un “socialismo del siglo XXI” con sello del Opus Dei.

Es decir, el resultado fue, en primer lugar, bueno porque la primaria de la izquierda fue un triunfo de la derecha: Boric proviene de un hogar acomodado de Punta Arenas, donde la madre enciende velas a la Virgen cuando es necesario y seguramente lo hará cuando su hijo quiera emprender, como lo ha prometido, la marcha de Allende por “las anchas Alamedas”, ahora convenientemente inclusivas, pues serán recorridas por “el hombre y la mujer libres”, para volver a dejar al país con la mayor inflación del mundo, el menor crecimiento (en realidad, el mayor decrecimiento) de América Latina y al borde de una guerra civil, como en 1973. La única incógnita es que ya no están los salvadores de entonces, que nos libraron  del primer Salvador. Pero está la Virgen de la mamá, que puede sanar al hijo de su TOC marxista.

En la primaria del piñerismo, es decir, la del “Apruebo”, que por definición excluía al 22 % del electorado derechista que votó “Rechazo” y a su mayoría de 60 %, en las cuatro comunas más prósperas del país, por el referido “Rechazo”, se registró un sorpresivamente amplio triunfo del tocayo y émulo de Sebastián Piñera, Sebastián Sichel. También éste viene, como aquél, de la DC, aunque no exhibe (para fortuna suya) el mismo prontuario. Pero se le parece en el completo desconocimiento de la historia reciente del país, pues ha proclamado públicamente que Augusto Pinochet Ugarte es “el hombre más malo del mundo”, por los 3.097 muertos de su lucha contra la guerrilla y el terrorismo marxistas, olvidando que 423 de éstos cayeron a manos de los subversivos de izquierda y que Stalin tuvo una cuenta personal de 20 millones de muertos, Hitler otra de seis millones de judíos, Pol Pot su millón y medio y que Idi Amin Dada, “el carnicero de Uganda”, devoraba a sus adversarios caídos. Seguramente Sichel siguió el mismo curso abreviado de Historia Reciente de Chile ofrecido por el KGB, que inspiró a su tocayo Piñera para proclamar haber votado “No” en 1988 “para llegar cuanto antes a la plena democracia”, en circunstancias que votando “Sí” ésta habría tenido lugar un año antes.

Sichel representa el sueño húmedo de la derecha sempiternamente devota del “mal menor”: viene de la DC, votó por Bachelet y mostró “habilidades blandas” como ministro de Piñera, pues fue el más popular del gabinete. Esto desató los celos del "presidente-todo-protagonista", que lo envió a un “exilio dorado” en la presidencia del Banco del Estado, desde la cual saltó a su candidatura independiente, exitosamente culminada ayer.

En realidad, el origen primero de Sichel en la centroderecha proviene de “una pasada” política exitosa de Piñera, como las que en los negocios le han permitido hacer fortuna. Es decir, una pasada sin atenerse a las reglas del marqués de Queensberry: se apropió de “Ciudadanos”, el movimiento con aspiraciones de partido político de Andrés Velasco, contra la voluntad de éste y en una “toma de control hostil”: viendo la acogida que en la centroderecha tenía el proyecto moderado del ex titular de Hacienda y que éste antes había encabezado el sector “autocomplaciente” de Bachelet 1.0 (2006-2010), y había sido mantenido en su cargo por ésta pese al fuego graneado que le disparaban los “autoflagelantes” más afiebrados, como Francisco Vidal, Piñera reclutó para su administración a los principales lugartenientes de Velasco, Sebastián Sichel, Juan José Santa Cruz, Gonzalo de la Carrera y el economista Patricio Arrau, dejando al fundador del movimiento con el libro de actas, el timbre y la oficina vacía, de la cual debió limitarse a apagar la luz y cerrar la puerta por fuera, además de irse con un palmo de narices. Velasco entonces se marchó a Londres a un alto cargo académico, probablemente diciéndose “mientras más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”.

En conclusión, los del “Rechazo” “estamos bien, los 33”. Salvo algunos despistados de los nuestros, que fueron a votar a la primaria piñerista “para salvar al país del comunismo”. Los que conozco lo hicieron por Lavín, pese a todas las veces que los ha defraudado (a mí, una sola, pues posteriormente "supe mejor"). 

Y, en fin, estamos bien porque tenemos candidato propio y de derecha, José Antonio Kast. Esperamos pasar a la segunda vuelta presidencial y ganarla en nombre de que no queremos ser otra Venezuela. Ya se logró una vez, desperdiciada por Piñera. Por suerte Kast no es como Piñera. Y tenemos la mejor Constitución, la de 1980, que nos ha dado los mejores años de la historia de Chile en términos de paz política, crecimiento, supresión de la pobreza, creciente igualdad y mucha plata al Estado para ayudar a los más necesitados. Lo malo ha sido que con gran parte de ésta se han quedado los políticos y sus apitutados. 

Y eso es lo que deberemos remediar entre 2022 y 2026: el gran cambio de destino desde manos de la burocracia a las de las familias vulnerables, para que en Chile no haya pobres y se reduzca aún más la desigualdad. Con autoridad, orden y pantalones volveremos a la “rule of law”, a los bandidos en la cárcel y no como ahora, llenos de garantías, cobrando indemnizaciones millonarias gracias a la justicia roja y redactando constituciones. 

Así volveremos a vivir en paz y a ser todos chilenos una vez más.

sábado, 17 de julio de 2021

No Votaremos Mañana

Ni los del “Sí” ni los del “Rechazo” votaremos mañana. Nuestro voto es la expresión de nuestra razón y nuestros valores. ¿Cómo podríamos ir a votar mañana, si todos los candidatos contradicen nuestros principios? 

Un amigo muy inteligente llega hasta la cuarta derivada para convencer a otros de votar por Sichel, un tipo que, preguntado por Roka Valbuena acerca de “quién es el más malo de la historia”, contestó “Augusto Pinochet Ugarte”. Se saltó a Stalin con 20 millones de muertos en su cuenta personal; a Hitler con seis millones de judíos en la suya (un verdadero adelantado de Daniel Jadue en la historia); a Pol Pot, con su millón y medio de muertos sobre una población de siete millones y a Idi Amín Dada, el caníbal de Uganda. Sichel calumnió a Pinochet, bajo quien hubo apenas 3.097 bajas, de las cuales 423 mató la guerrilla izquierdista, y habiendo salvado a Chile de un régimen totalitario sempiterno y también de la guerra civil que iba a causar 500 mil víctimas (Carlos Prats). 

“¿Dónde la viste” Sichel?”. ¿Cómo puede alguien votar por un tipo tan ignorante y descriteriado, habiendo leído a Paul Johnson situar a Pinochet entre los héroes de la historia, desde César a Churchill, porque, como escribió en su último libro, “yo conozco los hechos”? Por favor. Un poco más de respeto por nosotros mismos.

Sobre todo si los del “Sí” y del “Rechazo” (44 % en 1988 y hoy 22 % en todo el país y 60 % o más en las cuatro comunas más ilustradas y con mejor educación, pues ésta es particular pagada) tenemos un candidato que nos representa, que no ha desertado al “No” ni votó “Apruebo”: José Antonio Kast. Ya tiene el cupo y respaldo legal para participar en la elección presidencial del 18 de noviembre, que será donde todos, pero absolutamente todos los de una sola línea deberemos ir a votar.

Pues mi voto soy yo. Y yo soy de una sola línea. Para mí, el fin no justifica los medios. No iría a votar por Boric, que contradice todos los valores y principios en que creo, para “atajar a Jadue”, aunque éste los contradiga peor y sea el más troglodita de los comunistas. 

Tampoco votaría en la primaria del piñerismo, donde sólo postulan candidatos que apoyaron el “Apruebo derogar la Constitución de la Libertad”, exministros y cómplices del peor de los Presidentes, que ha rendido al país ante la violencia, los saqueos y el vandalismo y hasta ha tolerado la secesión de territorios sureños, con tal de eludir las amenazas de un prevaricador universal como Baltasar Garzón. ¿Cómo voy a votar por personajes que son tan distintos y piensan tan distinto que yo?

Por respeto a nosotros mismos, los herederos del “Sí” y partidarios del “Rechazo” no podemos ir a votar mañana en la primaria del “Apruebo”.

jueves, 15 de julio de 2021

Regreso a Santiago

Estuve seis meses en aislamiento sanitario en la costa. Volví la semana pasada a Santiago y al ir a mi escritorio me encontré con que no tenía internet. Llamé al teléfono de Entel señalado en su última factura de $50.400 mensuales y una niña me dijo que llamara a otro teléfono. Lo hice y otra niña, esta vez con acento centroamericano, me dijo que yo no era cliente de Entel. Le repliqué que estaba leyendo la última factura que le pagué a esa empresa, número 17337133 y ella insistió en que no tenía esa factura en su sistema y en que yo no era cliente.

Entonces escribí a “Línea Directa” de “El Mercurio” el 6 de julio relatando que yo no era cliente de Entel para recibir servicio pero sí para pagar la factura. No publicó mi reclamo, pero parece que algo hizo, pues me llamó una niña de Entel, muy altanera, y me dijo que por no haber usado varios meses mi internet había sido “dado de baja”. Yo le repliqué que me seguían cobrando $50.400 mensuales y le pedí que me restableciera el servicio. No lo hizo, de modo que llamé a un experto particular, que por módicos $30 mil pesos me informó que el aparato tenía una señal roja, que llamara para que me lo resetearan o mandaran a alguien a revisar la conexión desde la calle.

Volví a llamar a Entel y un señor me dijo que no podían hacer nada de eso y que yo debía llevar el equipo a una sucursal de Entel. Yo le dije que el aparato estaba arriba de un estante alto y me podía caer al bajarlo y además no quería salir a contagiarme con la variante delta. Le pedí que lo resetearan desde Entel o mandaran un técnico a revisar el cable desde la calle, que aparentemente está bueno. Me replicó que ellos no reseteaban ni mandaban técnicos a casos como el mío.

Entonces recurrí a un nieto experto en internet y me conectó el computador de la oficina con el internet de mi celular y quedé con servicio gratis, salvo, claro, lo que pago a Entel por no dar servicio.

Después me llegó una encuesta de Entel para que le pusiera nota a la atención a sus clientes, y le puse un uno en todo. Estoy esperando la factura de este mes, para no pagarla. De “Línea Directa” nunca más se supo. En mi oficina quedaron dos teléfonos y un aparato, que creo que se llama router, y ninguno funciona.

Ha sido lo más llamativo de mi regreso a casa.