Antes se decía eso de los sujetos que conservaban un nivel de vida ostentoso pero "debían a cada santo una vela". El Estado de Chile hoy "anda a pata pelá y con leva". Tiene gastos anuales que exceden por mucho a sus ingresos y, en lugar de pagar, se va a tener que seguir endeudando.
Pero al mismo tiempo el Estado es dueño de empresas en que reinan el despilfarro y el enriquecimiento de sujetos aprovechadores. El caso más reciente y ostensible es el de Codelco. Se descubrió que hace años sus directivos vienen inflando artificialmente la producción de diciembre para poder pagarse bonos extra "de desempeño", mientras le dan a su dueño, el Estado, una miseria de 338 millones de dólares. Mucho menos de lo que le pagan en impuestos ordinarios las cupríferas privadas de alto rendimiento y manejadas por sus dueños. Estas son las que mejor aprovechan los tiempos de bonanza en el precio del cobre.
Si el Estado vendiera Codelco podría: (1) Solventar sobradamente su déficit presupuestario de este año; (2) Dar un gran bono al diez por ciento más pobre de la población (que no serían pobres si recibieran directamente el gasto social del gobierno, con el grueso del cual se queda una burocracia sobrepagada pues su remuneración media es superior en 50% a la del mercado). Como lo demostró Rolf Lüders en su memorable columna en La Tercera el 1° de noviembre de 2019, si el gasto social les llegara a los dos deciles más pobres, no habría pobres en Chile, pues cada hogar recibiría 2,5 millones de pesos mensuales.
¿Por qué no se vende Codelco? Porque el gobierno tiene miedo de lo que le puedan decir socialistas y comunistas, que son todos empleados públicos con sueldos 50% mayores y que trabajan menos que el resto.
¿Por qué Pinochet no vendió Codelco? Porque los oficiales de su comité asesor no querían que saliera de manos del Estado. Fue tanto el poder del comité asesor que en la Constitución de 1980 reservó la propiedad de las minas para el Estado. Pero inversionistas extranjeros le dijeron a Pinochet en los 80 que en esas condiciones no se arriesgarían a invertir en Chile. Entonces Pinochet le encargó a José Piñera arreglar el entuerto provocado por su comité asesor y aquél impulsó la ley de concesiones mineras, creando un derecho real tan fuerte como el de propiedad. Y Chile se llenó de inversiones mineras que han dejado muy atrás a Codelco y pagan en impuestos mucho más de lo que le da ésta al Estado.
El actual gobierno debería nombrar ministro de Minería a José Piñera, como ya una vez lo fue, para gran beneficio del país, para vender Codelco, sanear el déficit presupuestario y repartir entre el diez por ciento más pobre de los chilenos el saldo.
Y Codelco empezaría a pagarle al Estado impuestos mucho mayores que lo que le entrega hoy como "dueño engañado".