He procurado descifrar al gobierno del presidente José Antonio Kast y he renunciado a la tarea. Simplemente no lo entiendo. Porque sí entiendo que él se abstenga de indultar a los presos políticos militares por hechos post-11 y post-estallido. Lo entiendo como una fría estrategia consistente en no "provocar" a la izquierda extrema y, en particular, al PC, que es un partido violento, incendiario y asesino. Entiendo su miedo, aunque frente a eso él debería aplicar la receta de Gonzalez Videla de fines de los 40, perfectamente democrática: marginar al comunismo de la política y los cargos públicos.
Pero si, tras negar indultos que pide la derecha, el Gobiern indulta y rebaja penas a violadores de menores, se gana la crítica de la derecha, del centro y de la propia izquierda a la cual no quiere provocar, simplemente no puedo entenderlo.
Es que José Antonio Kast es una personalidad política difícil de comprender. Cuando en 2023 obtuvo un resonante triunfo electoral con su Partido Republicano, gracias a que era el único opuesto a una nueva Constitución, y pocos días después se cambió al bando de Piñera y Boric, al "Acuerdo por Chile" de ambos para hacer una nueva Constitución, concluí que nuestro presidente era impredecible.
Cuando se formaba el Partido Republicano que, se suponía, iba a ser el único de derecha a secas en el país, advertí que en su Declaración de Principios no había ningún reconocimiento al Gobierno Militar, el más derechista de la historia de Chile. Le hice ver ese vacío a un dirigente republicano altamente colocado en el partido, y me respondió que era una evidente omisión y se iba a remediar. Pero no se remedió.
Entonces una persona de derecha a secas, muy próxima a José Antonio, me llamó y me dijo que prestaba su casa para reunirme con éste y convencerlo. Efectivamente nos reunimos, le dí mis razones y le dije que, justamente, la vergonzosa claudicación de la UDI y RN, a principios de los 90, de cambiar sus respectivas Declaraciones de Principios para suprimir los reconocimientos a dicho gobierno eran una acciones políticamente miserable. En particular en el caso de la UDI, en que había sido escrita por su fundador y mártir Jaime Guzmán. Fue en la época de la traición de Aylwin II a Aylwin I y la verdad histórica, cuando el primero formó la parcial e inconstitucional Comisión Rettig.
Pero José Antonio me oyó educadamente con una semisonrisa, no me contestó nada y no incluyó ningún reconocimiento a las fuerzas armadas en la Declaración republicana. Y entonces yo no firmé los registros del Partido Republicano, pese a lo cual éste se constituyó y sobrevivió.
Después el desfallecimiento de Kast en 2023 provocó una escisión entre los propios republicanos y Johannes Kaiser, a raíz de ello, formó, con soprendente éxito de firmas, un partido de derecha real, que contempló en su Declaración de Principios un reconocimiento al régimen militar y cuyos registros, por tanto, firmé: el Partido Nacional Libertario.
Y así hoy nuestro indescifrable presidente se vuelve a distanciar de la derecha, pero también del centro y la izquierda, al perdonar parte de su condena a abusadores de menores, pero sigue sin perdonar, pudiendo y debiendo hacerlo, a los ilegalmente condenados servidores de la patria que por dos veces salvaron a su democracia. Y se gana la crítica de todos los sectores, que en lo único en que coinciden es en que ninguno puede explicarse su actuación.