lunes, 24 de noviembre de 2025

PINOCHET PROBADO INOCENTE (5)

 

 XI. REPUDIO POR PARTE DEL ANTIGUO EJÉRCITO

A raíz de la publicación del Informe Rettig, la más antigua de las ramas de las Fuerzas Armadas publicó un lapidario análisis de 19 páginas, refutando punto por punto aquel libelo. Dada su longitud, reproduzco a continuación sólo su resumen final, precedido de algunos contenidos previos indicativos de la orientación de la respuesta al Informe:

“El Ejército de Chile, en aras del prestigio y la dignidad elemental de la Institución, manifiesta su fundamentada discrepancia.”

Yo pregunto: ¿Ha visto alguien publicado en algún medio el Informe del Ejército sobre la Comisión Rettig? Yo, por lo menos, que me preocupo de ver los medios todos los días, nunca lo vi publicado.

Es que era muy “políticamente incorrecto”. Era la voz del “Antiguo Ejército”. Después ·de que Pinochet dejó la Comandancia en Jefe en 1998 hubo un “Nuevo Ejército”, como ya vimos.

Expresó también dicha institución, ante el Informe Rettig y las lágrimas de Aylwin II, que no tenía que pedir perdón por la obra del régimen militar ni “por haber tomado parte en esta patriótica labor”.

Descalificó a la Comisión y negó su imparcialidad, al tiempo que censuró la “utilización político-partidista” del Informe Rettig.

Terminó señalando que “el Ejército de Chile declara solemnemente que no aceptará ser situado ante la ciudadanía en el banquillo de los acusados por haber salvado la libertad y la soberanía de la Patria”.

Acápite Final de la Declaración del Ejército:

“El Ejército, frente al llamado a la reconciliación nacional formulado por Su Excelencia “el Presidente de la República y al anhelo ciudadano, manifiesta que siempre encontrará en él un partícipe entusiasta y a un colaborador leal.

“Sin embargo, reconociendo la sana intención de ese llamado y con respeto por la alta investidura y la autoridad del Jefe del Estado, el Ejército, en aras del prestigio y dignidad de la institución, manifiesta su fundamental discrepancia con el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación y le niega tanto validez histórica como jurídica, por las numerosas razones ya señaladas, que pueden resumirse como sigue:

“1.- El Ejército, junto a las demás instituciones de las Fuerzas Armadas y Carabineros fue llamado a intervenir en la más grave crisis institucional sufrida por el país en el presente siglo, como última instancia, frente a una seria amenaza contra las bases mismas de la convivencia y la soberanía nacionales.

“Y ellas cumplieron cabalmente su misión, derrotando a la asonada totalitaria; reconstruyeron y modernizaron la economía del país, restablecieron la paz social y la democracia y devolvieron la conducción política a la civilidad en un país libre y reconciliado, cuyos habitantes podían convivir en una atmósfera de seguridad pública y privada y ejercer sus derechos democráticos, todo ello en términos que le han permitido a la República enorgullecerse de su seguridad interna ante la comunidad internacional". (NOTA DEL AUTOR: Esto se afirmaba en 1991)

“El Ejército de Chile simplemente no ve razón alguna para pedir perdón por haber tomado parte en esa patriótica labor.

“2.- Una Comisión formada por ciudadanos entre los cuales hay quienes ostentaron por años una conocida animadversión contra las Fuerzas Armadas y Carabineros y hacia su gobierno, carece de la imparcialidad necesaria como para erigirse en instancia capaz de determinar la verdad de los hechos sometidos a su conocimiento y que envuelven un juzgamiento de la actuación de los hombres de armas."

“3.-El Ejército rechaza la utilización político-partidista del Informe y la cobertura internacional que se está procurando darle, cuyos alcances pueden comprometer aspectos básicos de la seguridad interna y la defensa externa de la República.

“4.- De una manera muy especial el Ejército rechaza las conclusiones de la referida Comisión en el sentido de que no hubo en el país un estado de guerra. Esa afirmación constituye una ofensa para los caídos de sus filas en esta guerra. Con todo, ella sirve al mismo tiempo para testimoniar cómo el intento de la citada Comisión de someter al Ejército a una especie de proceso público, contradice la evidencia histórica acerca del contexto en que le correspondió actuar.

“Al efecto, es del caso citar el testimonio del actual presidente de la República, señor Patricio Aylwin Azócar, quien el 19 de octubre de 1973 declaró textualmente el diario “La Prensa” de esa fecha:

“La verdad es que la acción de las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros no vino a ser sino una medida preventiva que se anticipó a un autogolpe de Estado, que con la ayuda de milicias armadas con enorme poder militar y con la ayuda de no menos de diez mil extranjeros de que disponía el gobierno que había en este país, pretendían o habrían consumado una dictadura comunista.”

“Otro testimonio de valor es el del expresidente de la República don Eduardo Frei Montalva, quien también se pronunció acerca del clima de guerra interna en carta al presidente de la Unión Mundial de la Democracia Cristiana, Mariano Rumor, del 8 de noviembre de 1973, en los siguientes términos:

“Instaurado el gobierno convergieron hacia Chile varios miles de extranjeros representantes de la extrema izquierda, de la guerrilla y de los movimientos revolucionarios de América, hombres conocidos en el continente por su actividad guerrillera. Eran de inmediato contratados en Chile con cargos en la Administración, pero dedicaban su tiempo, muchos de ellos, al adiestramiento paramilitar e instalaban escuelas de guerrilla, que incluso ocupaban parte del territorio nacional en el Sur, donde no podían penetrar ni siquiera representantes del Cuerpo de Carabineros ni de las Fuerzas Amadas. Se había establecido así un verdadero "Ejercito Paralelo.”

“5,- El Ejército considera inaceptable que en el Informe se proponga alterar o modificar aspectos que le son esenciales y privativos, sobre todo teniendo en consideración que tales sugerencias provienen de personas carentes de idoneidad técnica y profesional, como también del imperio, para pronunciarse en materia militar.

“6.- El Ejército no puede perdonar a los agresores de las víctimas de sus filas, pues cada miembro de la familia afectada tiene en su corazón el recuerdo del ataque artero de los victimarios y de la forma cómo cayó su camarada, su padre, su esposo o su hijo. Pero sí puede la superioridad pedir a las familias de los caídos en el cumplimiento del deber, que por sí mismos pronuncien sus particulares actos de perdón, como una manera de contribuir a una genuina reconciliación.

“7.- El Ejército repudia la campaña para presentarlo haciendo objeto de castigos o apremios inhumanos a personas inocentes. Es cierto que en la sucia guerra desatada por el extremismo pudieron darse situaciones indeseables e imprevisibles. La verdad es que una táctica conocida en la subversión es la de vocear la denuncia de torturas, con carácter de escándalo, como lo hiciera en otro tiempo la revista “Punto Final” del MIR contra el gobierno del Excmo. Señor Eduardo Frei Montalva, en su edición del martes 13 de agosto de 1970 v bajo la firma de un centenar de abogados de la izquierda, con el título de “Crímenes, Torturas y Violaciones de los Derechos Humanos”, donde a lo largo de extensas páginas reprodujo relatos y testimonios similares a los que contiene el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación.

“El Ejército repudia, asimismo, el hecho de que en lugar de los procedimientos propios del estado de derecho, se prefieran relatos de pasquines extremistas para sostener una campaña de denostación en su contra.

“8.- El Ejército de Chile declara solemnemente que no aceptará ser situado ante la ciudadanía en el banquillo de los acusados por haber salvado la libertad y la soberanía de la Patria, a requerimiento insistente de la civilidad.

“Menos aún tolerará lo anterior cuando entre quienes pretenden levantarse como jueces morales de sus hombres están los principales responsables de tragedias vividas en su condición de máximos conductores de la Unidad Popular.

“9.- El Ejército de Chile reafirma su decisión de continuar cumpliendo su rol constitucional de velar por el ordenamiento institucional de la República y por el respeto de su soberanía. Ninguna campaña propagandística ni menos una alimentada y encabezada por algunos de los más visibles promotores de la asonada totalitaria derrotada el 11 de septiembre de 1973 podrá apartarlo de esa misión, de cuyo cumplimiento en el pasado se declara orgulloso y a cuyo permanente empeño se declara dispuesto en el porvenir.

“Finalmente, el Ejército de Chile, dado el profundo análisis efectuado al Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, cuyas conclusiones han sido expuestas en esta oportunidad, expresa que ésta es la opinión definitiva de la Institución en esta materia.”

La respuesta de 19 páginas del Ejército no fue publicada por ningún medio masivo de comunicación.

XII: EL REPUDIO POR PARTE DE SU SEGURO SERVIDOR

Por supuesto, yo fui un decidido detractor del Informe Rettig y lo sigo siendo. Apenas publicado hice variadas objeciones a su imparcialidad y veracidad. Siempre lo he considerado como un montaje político y una herramienta publicitaria para dar versiones no veraces de los hechos y malquistar a la opinión pública con el Gobierno Militar y con los partidos de derecha que lo apoyaban, Renovación Nacional y Unión Demócrata Independiente.

El Informe Rettig resultó tan sesgado y cuidadoso de no herir a la guerrilla marxista, que a los civiles caídos en atentados cometidos por los subversivos marxistas los denominó “víctimas de particulares obrando por motivos políticos”. ¡Particulares!

“A los políticos nunca les ha gustado tomar en sus manos esta clase de trabajos “sucios” y peligrosos (combatir a grupos armados que, además de atentar contra la seguridad de las personas y sus derechos, están destinados a enfrentarse contra las Fuerzas Armadas”.) Los militares lo hacen bien y después uno puede cargarles a ellos todos los excesos, abusos y delitos cometidos en la tarea”.

“Hemos entrado en Chile a esta etapa. Se inicia con amplia divulgación -–a costa del contribuyente, por cierto— del Informe de una comisión nombrada para investigar los atropellos a los derechos humanos ocurridos en la tarea de eliminar a los grupos armados existentes en 1973. Se aducen ineludibles razones morales en apoyo de la investigación. Pero ¿por qué entonces a esa Comisión le ha estado vedado conocer de atropellos anteriores al 11 de septiembre de 1973? ¿Por ejemplo, las “flagelaciones y torturas” denunciadas en el Acuerdo de la Cámara? ¿E incluso las denunciadas por un grupo de abogados marxistas al final de la administración Frei Montalva? La moral, salvo que últimamente la mayoría haya decretado otra cosa, no tiene fecha de vencimiento”.

Por eso mi columna terminaba con mi decisión de “rechazar una verdad parcial, unilateral, destinada a fines político-partidistas y que servirá para convertir a los militares en chivos expiatorios de todas las culpas en una tarea antiterrorista tremendamente difícil, que la clase política no estuvo dispuesta a asumir en 1973 ni está tampoco dispuesta a asumir hoy."

Descalifiqué el Informe en los siguientes términos:

“Test Para la Historia Oficial · (13.03.91): “El otro día sometí el Informe Rettig a un primer test y no lo pasó. Analicé un caso notorio, en el cual la Comisión “llegó a la convicción” de que una persona fue detenida por la policía y luego “ejecutada por agentes estatales en razón de su militancia y las actividades realizaba”. Aparte del nombre de esa persona el Informe dice, por toda descripción, que era el jefe del Departamento de Análisis de la Vicaría de la Solidaridad y se encontraba haciendo una labor de examen del Comando Conjunto. En otras palabras, un funcionario del Arzobispado es asesinado por agentes estatales para frustrar su afán de aclarar atropellos a los derechos humanos.

“La verdad no oficial pero completa obliga a añadir las siguientes cosas: 1) La víctima, de acuerdo con El Mercurio del 13 de abril de 1985, citando a Radio Moscú, era un importante dirigente comunista; había ingresado como chofer a la Vicaría, entidad que desconocía su militancia; de chofer ascendió a la jefatura antes mencionada  2) Un reo por la internación ilegal de armas por Carrizal Bajo, cuya declaración fue publicada el 28 de agosto de 1986 en ese diario, reveló haber sido reclutado para las actividades del FPMR por el mismo funcionario de la Vicaría, cuando acudió a ella en busca de asesoría legal. 3) Cuando el gobierno militar tuvo conocimiento del apresamiento de aquél y otros dos dirigentes comunistas, manifiestamente al margen de la autoridad y control suyos, pidió de inmediato a la Corte la designación de un ministro en visita para el caso, buscando disuadir a los secuestradores de atentar contra la vida de sus víctimas, dado que era de temer una venganza, pues tres días antes habían sido asesinados en Concepción, mediante una trampa explosiva del FPMR, brazo armado del PC, dos suboficiales de seguridad, y habían quedado heridos otros tres. 4) Posteriormente, cuando fue comprobada ante la Justicia la participación de funcionarios de Carabineros en el secuestro -–pero no en el asesinato, según el ministro en visita determinó posteriormente--, debió renunciar a la Junta de Gobierno el general director de la policía uniformada. 5) Además, el gobierno colaboró en todo cuanto la Justicia le demandó, en la tarea de procurar aclarar el crimen.

“Ésa es la historia completa y verdadera, bastante distante en sus alcances políticos, su significación moral y en la atribución de responsabilidades al gobierno militar de la versión que sirvió para formar la ‘convicción’ de la Comisión Rettig”.

“Pero el informe de ésta es la ‘historia oficial’, la llamada a prevalecer, merced a la más masiva, hábil y orquestada campaña político-publicitaria de que haya recuerdo en nuestra historia republicana.”

En julio de 1995 tuve una polémica en el vespertino La Segunda con el miembro de la Comisión Rettig, Gonzalo Vial, en el curso de la cual abordé otro aspecto revelador de la parcialidad de su Informe. El 7 de julio de 1995 (La Segunda: “Desmentidos al Informe Rettig”), objeté que éste atribuyera conductas a “agentes del Estado”, en circunstancias que ninguna autoridad les había ordenado hacer lo que hicieron. Señalé: “… el proceso no ha hecho, en todo caso, sino confirmar que no eran ‘agentes del Estado’ quienes cometieron el triple crimen, sino todo lo contrario, es decir, personas que actuaron sin conocimiento de la autoridad, primero, y luego contra la expresa voluntad de la misma, al conocerse su condena del secuestro y su solicitud de ministro en visita, y pese a ello, cometer el crimen”. 

Los Tribunales refutan al Informe Rettig

En 2013 la Corte de Apelaciones de Rancagua desvirtuó la condena a carabineros que había formulado el Informe Rettig por las muertes de los terroristas Carlos Pellegrin y Cecilia Magni, del brazo armado comunista FPMR.

Rettig había fulminado a los carabineros por haber dado muerte a ambos terroristas, pero la Corte de Apelaciones de Rancagua conoció del proceso en 2013 y absolvió a los carabineros.

El tendencioso Informe Rettig había dictaminado que Pellegrin y Magni habían sido apresados y torturados, que ella había sido violada y que luego los cadáveres habían sido lanzados al río Tinguiririca.

El fallo de la Corte dice que nada de ello fue comprobado y que los miembros del grupo terrorista perecieron ahogados al tratar de cruzar el río en su fuga..

Tomó 22 años desmentir otro infundio del Informe Rettig, confeccionado sobre la base de investigaciones de un medio centenar de abogados, el 90 por ciento de los cuales era políticamente adverso al Gobierno Militar (esto me lo dijo uno del diez por ciento de partidarios).

Pellegrin era un terrorista en toda la línea, que había recibido formación militar en Cuba, en el Cuartel Punto Cero, . Su hombre interno o alias era "Comandante José Miguel" y usaba también el alias de "Rodrigo" (La Nación, 31 de marzo de 1993).

Y además era el comandante máximo del brazo armado comunista Frente Patriótico Manuel Rodríguez, , pero tras su muerte esto se ocultó y se dijo que su jefe era el "Comandante Salvador", alias de Galvarino Apablaza, buscado por la justicia por el asesinato del senador Jaime Guzmán. "Salvador" recibió refugio en Argentina, con lo cual, tras la fuga de frentistas de la Cárcel de Alta Seguridad de Valparaíso en 1994, no quedó preso ningún responsable del asesinato del senador. 



PINOCHET PROBADO INOCENTE (4)

 VIII.           IGNORANCIA DE PINOCHET SOBRE CRÍMENES

Un rasgo común a la literatura sobre Pinochet es la falsedad de acusarlo por su supuesta participación en crímenes de los cuales la literatura adversa y hasta a veces la partidaria suya, muchas veces lo inculpa… o se abstiene de exculparlo.

En efecto, la historia real y verdadera se ha encargado de documentar su ninguna participación ni conocimiento previo en los casos más publicitados.

La prueba final de la inocencia de Pinochet en todos esos crímenes se presentó en una crónica de El Mercurio de 2 de abril de 2000 en que se reproduce el diálogo de 1978, después de cometidos, entre Pinochet y el general Manuel Contreras, en presencia de la Junta de Gobierno y en del director de la CNI (sucesora de la DINA), general Odlanier Mena, que se desarrolló en los siguientes términos, según el diario:

“Pinochet le preguntó a Contreras; ‘Categóricamente, dígame si tiene alguna relación lejana o que usted no sepa con este individuo (Townley, autor material de los crímenes).

“No, ninguna mi general” respondió Contreras”.

Ese diálogo tuvo lugar en 1978, tras solicitar el fiscal norteamericano Eugene Propper, del FBI, la entrega de Michael Townley como autor del asesinato de Orlando Letelier, Puede leerse completo el diálogo en mi libro “Terapia para Cerebros Lavados”, El Mercurio-Aguilar, Santiago, 2008, pág. 217.

Ya habían tenido lugar los asesinatos del general Prats en 1974, el atentado contra Bernardo Leighton en 1975, el de Orlando Letelier en 1976, perpetrados por Michael Townley o estando éste en el lugar, como el que sufrió Leighton en Roma a manos de extremistas italianos.

Luego, en una crónica del diario La Nación del 28 de agosto de 2006, siendo diario del primer gobierno de Michelle Bachelet, aparece Townley relatando haberle dicho a Manuel Contreras: “Pero, a mi juicio, el error más grande ha sido no haber informado a Su Excelencia (…) Acepto que hay cosas de las cuales es mejor no informar más arriba, pero la eliminación física de alguien en el exterior, especialmente en Estados Unidos, con todos los riesgos y consecuencias, no es una de ellas”.

Eso acredita la inocencia de Pinochet y la Junta en los mayores crímenes que frecuentemente se les achacan.

Mientras el resto de la Humanidad goza del derecho humano a la “presunción de inocencia”, en el caso de Augusto Pinochet ese derecho humano no lo beneficia y su inocencia debe ser probada. La predominante propaganda izquierdista mundial lo ha consagrado irremisiblemente como un “presumido culpable”, no siéndolo.

Pero este libro lo exonera de culpa y lo presenta velando por el respeto a los derechos humanos. Reproduce las instrucciones originales, “a todas las unidades”, que impartió desde fines de 1973 y hasta mediados de 1974.

Como el tiempo ha tornado difícilmente legibles los originales de esos instructivos, se presenta frente a cada imagen del documento original una transcripción de su texto.

Pero hubo importantes bastiones de la verdad que Aylwin II no pudo incorporar a la gigantesca traición a la historia en general y a los uniformados en particular: el "Antiguo Ejército” y la Corte Suprema. Y modestamente se añade a esa lista de instituciones Su Seguro Servidor, el autor de este libro.

En efecto, todos ellos rechazaron y rechazamos el Informe Rettig.

Pero el grueso de la opinión pública y los medios de comunicación “lo compraron”.

Por mi parte, en mi columna de esa época en El Mercurio lo descalifiqué, bajo el título “Ni Verdad Ni Reconciliación” y “Test Para la Historia Oficial” de 6 y 13 de marzo de 1991.

Un amigo me llamó después de publicada la primera y, perdonando la grosería de su lenguaje, me dijo textualmente, poniendo de manifiesto el clima que se había enseñoreado del país: “¡Tu columna equivale a que lances un eructo en una Misa Solemne de la Catedral y durante la elevación de la hostia!”

Tuve una polémica en La Segunda con Gonzalo Vial (“Desmentidos al Informe Rettig”, del 7 de julio de 1995) donde él defendía el Informe, pero yo le probé sus sesgos y falsedades, en particular cuando trató como “una ejecución en falso enfrentamiento” a la muerte de los hermanos Vergara Toledo, del MIR, que habían disparado primero contra un furgón de Carabineros, hiriendo con dos balas a un suboficial, tras lo cual los acompañantes de éste los persiguieron y dieron muerte.

X:  EL REPUDIO AL INFORME POR LA CORTE SUPREMA

Pero la Corte Suprema, el más alto tribunal, por la unanimidad del pleno de los 14 ministros, declaró, dentro de un extenso acuerdo de rechazo y repudio a la maniobra de Aylwin:

1)                  1) Que la Comisión Rettig “...no trepida en violentar el ámbito de sus atribuciones”;

2) Que “rebasó abusivamente las facultades que se le habían conferido, juzgando y censurando el desempeño de los Tribunales en general y de la Corte Suprema en particular”;

3)            3) Asimismo, acusó a la Comisión de haber “desnaturalizado en su esencia la seriedad que ha de atribuirse a su veredicto, que deja de ser desapasionado y fiable”;

4)              4) Que “la cita que se hace de uno de los discursos inaugurales del año judicial no es afortunada, muy por el contrario, resulta maliciosa, porque dado el contenido de las palabras del Presidente de la Corte Suprema de entonces, es de toda evidencia que tanto él como el resto de los jueces, cuya pirámide jerárquica aquél encabezaba, carecían de información acerca de los atropellos que no habían sido denunciados a la justicia”;

5)    5)“El más rotundo repudio merece la observación de que los tribunales se ciñeron, con demasiado apego, a la ley. Los jueces, llamados por su ministerio a aplicarla, no a crearla, tienen un solo camino para hacerla cumplir, el que les ordena el Artículo 19 del Código Civil, esto es, carecen de toda potestad para darle un sentido distinto del que ofrece su texto literal, cuando éste es claro. Si dejaran de hacerlo traicionarían lo medular de su misión, como instrumentos de esa misma ley”.

6)      6)  Imputan falsedad al Informe al declarar: “Por lo tanto, se aparta de la verdad el aserto de que se habría dejado en la indefensión a las personas, sin base legal alguna, contrariando la normativa jurídica”.

7)     7) “Las pretensiones de otro Poder del Estado o de esta Comisión, como su indisimulado vehículo, en el sentido de avocarse al conocimiento de causas criminales, de revisar el fundamento o el contenido de las decisiones de los Tribunales, debida y apropiadamente sustentadas en fundamentos de hecho y de derecho, de revivir procesos fenecidos, como acontece en la actualidad, constituye un flagrante atentado a las normas que regulan las instituciones claves del Estado y del sabio equilibrio que el constituyente se preocupó de implantar entre ellas”.

8)      8) “Lo más grave a juicio de esta Corte radica en que las invectivas que se han descargado en contra del Poder Judicial se orientan inequívocamente a torcer de modo artificial y por caminos extraviados y fuera del ordenamiento jurídico aquellas interpretaciones que los tribunales han dado a las mencionadas leyes, así como otras que dicen relación con los derechos humanos”.

9)      9) “En último término se busca que las sentencias se adapten o readapten a nuevas interpretaciones, fruto de una hermenéutica original, más del sabor de las corrientes políticas de los autores del Informe”.

1010)  “Se da a entender que la Corte Suprema habría castigado a funcionarios porque, precisamente, se distinguieron en el cumplimiento de su deber. Esto jamás ha acontecido, es una falacia y el más temerario cargo.”

11  11) “Resulta igualmente inexacto el muy grave cargo de que ‘los hechos constitutivos a violaciones de los derechos humanos no fueron investigados por los tribunales?’. No es concebible y tampoco se conoce el hecho de que alguna denuncia de esa índole y especie haya sido simplemente archivada, sin tramitar por los juzgados”.

1212) “Es igualmente falsa la imputación de que la Corte Suprema permitió, a ciencia y paciencia, el arresto de personas sin orden de ninguna especie, aguardando deliberadamente a que el Ministerio del Interior dictara más adelante el decreto respectivo. Esta especie de complicidad no ha existido y es un reproche que deslinda con la calumnia”.

13 13)“En resumen, esta Corte estima que la Comisión, extralimitándose en sus facultades, formula un juicio en contra de los Tribunales de Justicia apasionado, temerario y tendencioso, producto de una investigación irregular y de probables prejuicios políticos”.

Ése fue el resumen de la opinión que mereció al más alto tribunal el Informe Rettig.

 (Continuará).

domingo, 23 de noviembre de 2025

PINOCHET PROBADO INOCENTE (3)

 III.                   DE AYLWIN I  A  AYLWIN II

En 1991, en discurso al país. entre lágrimas, Aylwin llamó a aceptar y asumir el contenido de un Informe Rettig que había encargado un año antes a la “Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación”, que no resultó ser ni de lo uno ni de lo otro. “De Verdad” no fue, por los numerosos desmentidos sufridos por su Informe; y “de Reconciliación” menos, porque, después de publicado aquél, se acentuó el odio contra los militares y contra el sector político que los había apoyado más de 16 años antes en la tarea de salvar a Chile de convertirse en otra dictadura comunista.

El nuevo “relato” impuesto por Aylwin II transformó a los victimarios en víctimas y a quienes los vencieron en la breve lucha armada, ¡a pedido suyo!, en 1973, en “victimarios”.

A los marxistas leninistas, partidarios de hacerse del poder por las armas, a quienes él mismo temía y denunciaba cuando estaba muerto de miedo, los transformó en “demócratas perseguidos por sus ideas”.

El peligro de 1973 ya había pasado y él temía ahora a la violencia de los comunistas en 1990 y tenía que aplacarlos. La mejor manera de hacerlo era persiguiendo a los militares que los habían derrotado 17 años antes. 

Lo peor fue que esa voltereta se impuso en 1990 en todo el país, pues la hicieron suya dócilmente la élite política civil que había apoyado al Gobierno Militar, su prensa dominante y el resto de los medios de mayor circulación o audiencia.

El Informe Rettig fue entonces consagrado como “verdad oficial”.

La “Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación”, constituido su “grupo de trabajo” por una masa de abogados opositores al Gobierno Militar y en general de izquierda, se dedicó a describir la lucha contra la guerrilla como una “persecución contra quienes pensaban distinto”, disimulando el armamentismo revolucionario de la izquierda, como veremos. Y el gobernante se había convertido de Aylwin I, que acudía a los militares para que derrotaran a los comunistas, en Aylwin II, que acudía a los comunistas para condenar a los militares.

IV.       PAPEL DE LA CENTRODERECHA

¿Y qué hacía la centroderecha, antes partidaria del Gobierno Militar? Lo que siempre ha hecho en las encrucijadas nacionales: tener miedo. Temía “que, cuando se vayan los milicos, nos cuelguen de los faroles”, como nos decía un prohombre del sector, circa 1985, en una reunión del “Grupo Portada”, muy partidario del Gobierno Militar.

Y esa centroderecha, transferido en 1990 el poder a los civiles, agradecían a los más extremos, los comunistas, no haberlos “colgado de los faroles” como “colaboracionistas”- Se puso mayoritariamente a disposición del gobierno entrante para traicionar a los militares.

Los comunistas no los “colgaron de los faroles” pero sí partieron asesinando en 1991 al más auténtico político de la derecha a secas, el senador Jaime Guzmán, exasesor de Pinochet. De modo que el centroderechista temeroso del ’85 no andaba tan descaminado.

Y la misma centroderecha pasó a admirar a Aylwin II por haber aplacado a la extrema izquierda. Los minoritarios representantes suyos en la Comisión Rettig estaban dispuestos a firmar, en el desarrollo del trabajo de la misma, todo lo que la masa de abogados de izquierda les pusieran por delante.

V.         LA INCOMPRENDIDA TAREA DE DERROTAR A LA GUERRILLA

Pero la verdad era distinta a la que afirmaba Aylwin II, en su discurso tras recibir el Informe Rettig. Lo más “sistemático” del Gobierno Militar había sido hacer respetar los derechos de las personas. Justamente ese propósito lo establecía su Declaración de Principios, publicada en marzo de 1974.

Y su política sistemática en los hechos fue siempre ésa. Lo prueban los documentos presentados más adelante, constituidos por órdenes del presidente de la Junta, general Augusto Pinochet, a todas las unidades del país.

Esa orden fue impartida por Pinochet mismo y expresamente también, como se dijo más arriba, a los servicios de inteligencia.

Pero, es verdad, hubo quienes no la obedecieron.

La tarea de conciliar el respeto a los derechos humanos con el restablecimiento del orden se dificultaba, porque la cifra de los efectivos del ejército guerrillero -–después confirmada por Carlos Altamirano en el libro-entrevista de Patricia Politzer-- era de diez mil, sólo contando a los chilenos. (5)

Más numeroso aún era el contingente foráneo. Pues la OEA, cuyos representantes sesionaron en Santiago poco después del 11 de septiembre de 1973, estimaron la cifra de extranjeros revolucionarios ingresados a Chile en doce a quince mil. (6)

Más adelante se reproducen las instrucciones del presidente de la Junta ordenando un trato considerado a las personas detenidas. Y en una de ellas se estipula que debía darse cuenta de cada detención al Ministerio del Interior, con precisión de los lugares de arresto. Y con expresa mención de que estas normas deberían ser respetadas también por los servicios de inteligencia de las distintas ramas. 

Otra cosa es que, por desgracia, hubiera quienes incumplieron esas órdenes. Casos en que, a espaldas del gobierno, se cometieron abusos, delitos y hasta crímenes contrarios a las disposiciones dictadas por el gobierno.

Este libro reproduce las directivas recibidas por el Cuerpo de Carabineros, pero las mismas habían sido enviadas a todas las unidades de las demás instituciones armadas y de orden.

               VI.            “ANTIGUO EJÉRCITO” Y “NUEVO EJÉRCITO”     

La sociedad chilena, lamentablemente, creyó el engaño que Aylwin II había hecho suyo. Incluso algunos de los comandantes en jefe del Ejército posteriores a Pinochet lo “compraron.” Al extremo de que uno, de este “Nuevo Ejército” post Pinochet, “arrepentido” de todo lo que su institución había hecho para salvar a Chile del comunismo, hizo públicamente un mea culpa inverosímil, ganándose aplausos de la DC (que se había “arrepentido” antes) y de la extrema izquierda:

“El Ejército de Chile tomó la dura pero irreversible decisión de asumir las responsabilidades que como institución le caben en todos los hechos punibles y moralmente inaceptables del pasado”. (7)

“¡TODOS!” No había delito ni inmoralidad de que no hubiera sido responsable el Ejército.

Bueno, ésa era precisamente la tesis de la extrema izquierda y de la Comisión Rettig. Así culminó la rendición incondicional de un Ejército que se proclamaba y proclama, pese a ella, “siempre vencedor y jamás vencido”. Es que era el “Nuevo Ejército”.

VII.       BÚSQUEDA DE UN DERECHISTA

Aylwin II había sondeado, para mejorar la imagen de la Comisión que iba a crucificar a los militares, a respetados partidarios civiles del gobierno anterior que quisieran sumarse a su propia defección, pero su primera opción, el exsenador Francisco Bulnes Sanfuentes, rechazó de plano el ofrecimiento.

Asimismo, el distinguido abogado y expresidente de Renovación Nacional, Ricardo Rivadeneira, tampoco aceptó participar.

Entonces Aylwin II sondeó a Gonzalo Vial Correa, abogado e historiador de derecha, ex ministro de Educación de Pinochet y tan afín al régimen de éste que había confesado públicamente haber sido uno de los autores del “Libro Blanco” (8).

Pero después había sido despedido por Pinochet del cargo ministerial, con cajas destempladas (por perseguir a los masones, olvidando que Pinochet había sido masón, pese a haberse convertido posteriormente en católico de comunión frecuente.)

Y Vial Correa aceptó sumarse a la voltereta.

Así es que un prohombre de la derecha cohonestaba el lavado general de cerebros, la venganza contra los militares y la absolución primero y victimización después de la extrema izquierda terrorista, oficialmente consagrada como “víctima de atropellos graves y sistemáticos a los derechos humanos”. De los cuales, por supuesto, el comunismo habría hecho tabula rasa si hubiera conseguido el poder, como en la URSS, Cuba, Alemania Oriental y demás países donde había logrado conquistarlo.

Hubo todo un proceso de acondicionamiento publicitario colectivo, para provocar una amnesia general que permitiera condenar sin remordimientos a los uniformados salvadores de la democracia chilena.

Tal vez viró por miedo, Justificado miedo, a quienes han muerto a más de cien millones de personas con su acción de gobierno en el siglo XX. (9) 

Fue así como, con lágrimas en los ojos, Aylwin II llamó al país entero a aceptar y asumir el contenido del Informe Rettig: “Es la sociedad chilena la que está en deuda con las víctimas de las violaciones de los derechos humanos”, dijo por cadena nacional. (10)

Suprema ironía: según Aylwin II la sociedad chilena estaba en deuda con los extremistas que quisieron instaurar el comunismo por las armas en Chile y no con los militares que la habían salvado, a expresa petición de, entre otros, Aylwin I.

VIII.           ELECCIÓN DE UN BLANCO PREFERENTE

La figura central elegida por Aylwin II y el comunismo para personificar todos los males, fue la del expresidente, general Augusto Pinochet.

Los más gruesos libros de la literatura de izquierda chilena y mundial contra la Revolución Militar Chilena 1973-1990 también han concentrado sus fuegos en la figura de Pinochet.

“Pinochet: Biografía Militar y Política", de Mario Amorós, antes citado, confiesa candorosamente en su contratapa: “En la actualidad, cuando una ola reaccionaria recorre el planeta y diferentes voces en distintos países reivindican a Pinochet, esta biografía resulta más urgente que nunca”.

Otro libro adverso, “Yo Augusto”, del argentino Ernesto Ekaizer, es no menos voluminoso e injurioso. Lo editó la española Aguilar en 2003 (11).

La centroderecha chilena, en pánico y “arrepentida” ante la amenaza de ser “colgada de los faroles” tras la entrega del poder por los militares, estuvo representada en la tarea de denigración por “Pinochet: La Biografía” del historiador nacional Gonzalo Vial, en dos tomos, (12).

Muy injusta, en el sentido de achacar “los crímenes” al biografiado, en circunstancias que en cada caso que lo afectó la justicia comprobó y sentenció que no había sido autor ni cómplice ni había tenido advertencia previa de que se iban a cometer. Así lo resolvió la Corte Suprema de 8 de agosto de 2000, en el único juicio que se le siguió.

Todo esto fue ilegal, como todas las acciones judiciales contra exmilitares, que están amnistiadas y prescritas y la mayoría son por hechos en que no participaron. Pero fue pintoresco, dentro de la falta de seriedad del país entregado al servicio del interés marxista por Aylwin II. Todo era político, no jurídico. Yo escribí un libro jurídico sobre el juicio a Pinochet, “La Verdad del Juicio a Pinochet”. (13).

Empleo el término “pintoresco” porque todo el mundo sabía que el juicio era ilegal y que Pinochet era ajeno a lo sucedido a la Comitiva de Arellano. Tanto era así que un biógrafo hostil a Pinochet, como lo era Gonzalo Vial Correa, escribió lo siguiente en su biografía del expresidente:

“Hermógenes Pérez de Arce publicó un lúcido y provocador análisis jurídico de las irregularidades legales y procesales cometidas (afirmaba) en el juicio Pinochet. Nadie recogió el guante. No era el derecho el tema fundamental que se disputaba.” (14).

Nadie nunca lo ha refutado y una vez Arturo Fontaine Aldunate escribió un artículo en La Segunda haciendo ver que nadie había contradicho lo que yo señalaba en dicho libro. Tampoco, después de eso, nadie “recogió el guante”.

Pero el capítulo final de la obra de Vial es, a la vez, y esto hay que decirlo, el mayor panegírico que se conozca del cometido gubernamental del régimen militar. Parece un capítulo de otro libro. 

Notas:

(5)      (5)            Patricia Politzer: “Altamirano”, Editorial Melquíades, Buenos Aires, 1983.

(6)      (6)            La Segunda,13 de julio de 1990, p. 26.

(7)      (7)            El Mercurio, 10 de diciembre de 2004.

(8)      (8)           La Tercera, 24 de marzo de 2002. Se refería al “Libro Blanco del Cambio de Gobierno en Chile”, Lord Cochrane, Santiago, 1974. 

(9)    (9) Stephane Courtois y otros: "Libro Negreo del Comunismo", Planeta, España, 1997.

(4)    (10)     Aylwin, Patricio: "Discursos Escogidos 1990-1992", Santiago, Andrés Bello, 1992.    

(1   (11)   Ekaizer, Ernesto "Yo Augusto", Aguilar, Madrid 2003.

El  (12)   Vial, Gonzalo: “Pinochet: La Biografía”, El Mercurio Aguilar, Santiago, 2002.

(3)(13)    Pérez de Arce, Hermógenes: “La Verdad del Juicio a Pinochet”, El Roble, Santiago, 2001.

(9) (14)    Vial, Gonzalo, op. cit, p.693. (Continuará).

sábado, 22 de noviembre de 2025

PINOCHET PROBADO INOCENTE (2)

                                                     PARTE POLÍTICA 

I.                    CHILE EN ESTADO DE FALSEDAD

Fue falso que “entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990 existió una situación grave, masiva y sistemática de violación de derechos humanos”, como afirmó el presidente Patricio Aylwin en 1991, al presentar el Informe Rettig. (1)

 Éste fue el trabajo de la “Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación”, convocada por él y cuyo cometido no confeso era “sentar a los militares en el banquillo de los acusados” y absolver a la guerrilla de extrema izquierda. Aylwin lo hizo, supongo, para apaciguar al marxismo chileno, bienquistarse con él y evitar una asonada como las que siempre éste ha fraguado, y que en 1973 preparaba. para consumar su toma del poder total por las armas.

El documento de la Comisión, más conocido como “Informe Rettig”, imposibilitó, por otro lado, la reconciliación entre los chilenos. Pues ésta sólo puede tener lugar si se respeta la verdad de lo acontecido y sin rendirse ante el comunismo. La Comisión no hizo lo primero ni lo segundo.

En 1990 y 1991 Aylwin se las arregló para instalar en el país un clima de opinión dominante y falso, en favor del extremismo de izquierda. Pero los totalitarios por años reiteradamente habían predicado que era preciso destruir la “democracia burguesa” mediante la lucha armada y habían formado guerrillas y preparado un autogolpe que el mismo Aylwin había denunciado en 1973. Sin embargo, menos de 20 años después, con su complicidad, pasaron a ser tratados como víctimas de un atropello injustificado.

Aylwin en 1973 había agradecido a los militares haber evitado “una tiranía comunista”, pero en 1991 era “otra persona política” y había olvidado todo. Yo he llamado al nuevo personaje Aylwin II, ahora convencido de que. en lugar de agresores, los de la izquierda violenta habían sido los agredidos.

Y por el solo hecho de que el Gobierno Militar hubiera derrotado a la subversión rápidamente, en el terreno elegido por ella, que era el de las armas, Aylwin II lo acusó y condenó en 1991 ante el país y el mundo, mediante la Comisión, mal llamada “de Verdad y Reconciliación” y que no fue ni lo uno ni lo otro, pues comenzó por forjar un nuevo relato falso acerca del pasado. Naturalmente, eso frustró la reconciliación que ya de hecho vivíamos en 1990. Pues entonces ya no había lucha interna armada, aunque cada sector de la sociedad mantuviera su versión del pasado discrepante con otras.

Porque ese 91 por ciento que en 1989 votó a favor de reformar una Constitución concordada, estaba de hecho reconciliado y no quería “pelear a muerte” con nadie.

II.                  “ANTES” Y “DESPUÉS”

Es sabido que los seres humanos somos muy distintos “antes” que “después” de sucedido algo, sobre todo si “después” el reconocerlo nos demanda algún sacrificio. Y Patricio Aylwin no fue la excepción. “Antes” de que en 1973 los militares salvaran a Chile de ser otra tiranía comunista sin vuelta, él, como la gran mayoría, había temido lo peor y opinaba de la siguiente manera acerca de la acción que estaban llevando a cabo los militares desde el 11 de septiembre:

“Es muy fácil convertirse en juez de otros que están peleando, mientras uno está cómodamente sentado en el escritorio. Yo no me siento con autoridad moral para juzgar si (los militares) han sido excesivos o no, porque lo cierto es que… han tenido muchas bajas y han recibido la acción. No tengo una cuantificación, yo creo que hay más muertos de lo que se ha dicho, pero al mismo tiempo tengo otra cosa clara: que la versión que se ha dado en el extranjero es tremendamente exagerada. Cuando se habla de los muertos flotando en el río Mapocho. Cuando se habla de los cientos de miles o decenas de miles de muertos, heridos y prisioneros, es una exageración manifiesta”. (2)

Entonces también decía: “Nosotros tenemos el convencimiento de que la llamada Vía Chilena de Construcción del Socialismo que empujó y exhibió como bandera la Unidad Popular y exhibió mucho en el extranjero estaba rotundamente fracasada y eso lo sabían los militantes de la Unidad Popular y lo sabía Allende, y por eso ellos se aprestaban, a través de la organización de milicias armadas muy fuertemente equipadas y que constituían un verdadero ejército paralelo, para dar un autogolpe y asumir por la violencia la totalidad del poder. En esas circunstancias pensamos que la acción de las Fuerzas Armadas simplemente se anticipó a ese riesgo para salvar al país de caer en una guerra civil o en una tiranía comunista”.

Eso era “antes”.

Pero “después”, ya pasados hacía muchos años el peligro y el miedo, Aylwin vivía en un país próspero y tranquilo que había olvidado todo y, mientras era filmado en un video, también publicado en la prensa, aseguraba:

“Yo nunca pensé que la Unidad Popular como tal, ni menos Salvador Allende, estuvieran interesados en dar un golpe y establecer una dictadura. Yo supe de eso cuando salió el libro ese o el documento (sonrisa irónica) que publicó el Gobierno Militar denunciando ese plan.” (3)

Se refería al “Libro Blanco Sobre el Cambio de Gobierno en Chile”, de 1974. (4)

(1)                 (1) Aylwin, Patricio: “La Transición Chilena: Discursos Escogidos. Marzo 1990-1992.                                 Santiago de Chile, Andrés Bello, 1992

(2)                 (2) Entrevista a NC News Service de 24 de septiembre de 1973, reproducida en el diario La                      Prensa, de Santiago, de 19 de octubre de ese año.

(3)                  (3) Enlace de internet “Don Patricio Aylwin y el Plan Z”.

               (4)  Gobierno de Chile: “Libro Blanco Sobre el Cambio de Gobierno en Chile”, Lord                                    Cochrane, 1974. (Continuará).

viernes, 21 de noviembre de 2025

PINOCHET PROBADO INOCENTE (1)

 

PROLOGO

Este libro prueba que Augusto Pinochet, universalmente presentado por la propaganda de izquierda como “violador de derechos humanos”, nunca lo fue y en la realidad dio órdenes explícitas de respetarlos a todas las unidades uniformadas del país, en 1973 y 1974, y dispensar un trato humanitario a los detenidos.

Este libro prueba, además, que los detenidos debían estarlo en lugares autorizados y que toda detención debía ser comunicada al ministerio del Interior.

Y también prueba que esa orden se hizo explícitamente extensiva a los Servicios de Inteligencia de todas las ramas uniformadas.

En fin, prueba que los más voceados atentados y crímenes atribuidos a ese gobierno, cometidos entre 1974 y 1978 (Casos Prats, Leighton y Letelier), fueron llevados a cabo sin conocimiento previo de Pinochet. Y que el autor material de los mismos (pero que en un caso fue sólo cómplice), dejó constancia pública, años después de perpetrados, de que Pinochet no había sido informado con anterioridad de que se estaban urdiendo.

La documentación ordenando respetar los derechos humanos es original de 1973 y 1974 y está fotografiada en el libro, pero para facilitar su lectura su contenido también ha sido impresa en las páginas que siguen.

Asimismo, se deja constancia de que hubo personas de diferentes unidades que no obedecieron las órdenes recibidas y cometieron delitos, contraviniéndolas. Lo más grave fue que posteriormente algunos de esos responsables quisieron hacer recaer sus propias culpas en el Gobierno Militar o en el presidente de la Junta Militar que les había prohibido todo exceso.

En fin, se prueba más adelante que hombres públicos que habían incitado a los militares a obrar como lo hicieron en 1973 y los habían aplaudido por llevarlo a cabo, veinte años después negaron haberlo hecho. Despreciables “generales después de la batalla”, se presentaron ante el país como asegurando que si hubieran estado ellos a cargo lo habrían hecho todo perfecto.

Una mayoría hoy ignora la verdad de lo acontecido antes, durante y después del pronunciamiento militar de 1973. Pero otra amplia mayoría lo apoyó en su época, lo que posteriormente se ha querido ocultar.

Este libro critica, en particular, la falta de idoneidad, rigor y apego a la verdad del Informe Rettig que, sin embargo, gracias al cambio de relato impuesto desde el gobierno de Aylwin II en adelante, es tenido como un texto no oficial consagratorio de la verdad, no siéndolo. (Contiuará).

lunes, 17 de noviembre de 2025

TRIUNFO DEL SEGUNDO MEJOR

El óptimo era Kaiser, qué duda cabe. Nació como candidato después de que, en un desmayo, Kast se llevó al único partido de derecha que había en 2023, el Republicano, al contubernio inconstitucional de Piñera y Boric, dirigido a reemplazar la Constitución de Pinochet.

El Republicano se había convertido en el primer partido del país, cuadruplicando al que le seguía en la elección de consejeros constitucionales del 7 de mayo de 2023, y eso por ser el único que se oponía a una nueva Constitución. Pero su jefe máximo, José Antonio Kast, se cambió de bando sin aviso previo y se unió al contubernio Piñera-Boric, que se autoatribuía la potestad constituyente de dictar una nueva Carta, sin tenerla. 

La derecha a secas se sintió burlada y, liderada por el diputado exrepublicano Johannes Kaiser, formó un real partido de derecha a prueba de "vueltas de chaqueta", el Nacional Libertario. En diez meses se constituyó, presentó lista parlamentaria y llevó candidato presidencial, Johannes Kaiser, que ayer obtuvo el 14 por ciento de los votos y consiguió representación parlamentaria. Una proeza que abre perspectivas.

Pero como el cupo para pasar al balotaje lo obtuvo Kast, Kaiser se puso a su disposición y lo apoya como "subóptimo" o "segundo mejor", en lugar de sí mismo.

Estaríamos tranquilos, pues si bien "todo pudo ser mejor, también todo pudo ser peor", como decía un caballero boliviano con el cual me tocó viajar hace muchos años. Pero no estamos tranquilos, pues ha surgido una poderosa tercera mayoría del 20 por ciento, personificada por Franco Parisi, que se proclama "ni facho ni comunacho", que patrocina iniciativas tan ruinosas como el retiro de fondos previsionales y exenciones del IVA, y que ayer ha repetido algo gravísimo, que ya había manifestado un almirante (r) en carta al diario: "los adherentes de Jara crearon...'el que no salta es paco'... los de Kaiser cantaron la tercera estrofa del himno nacional... con nostalgias del pinochetismo. Espero que no sean éstas las trincheras que decidirán la elección... porque querría decir que vivimos aferrados al pasado". Parisi hizo suyos estos conceptos en cadena nacional nocturna. 

Para mí fue lo peor del día. Poner en equivalencia una asonada de destrucción, saqueos e incendios con la labor del gobierno que dio al país "los mejores 30 años de su historia" revela una escala de valores distorsionada: ¡cómo pone en un mismo nivel corear "el que no salta es paco" con cantar una estrofa del himno nacional! Eso revela incapacidad de distinguir entre el bien y el mal y desconocimiento histórico. 

Que el personero de la tercera fuerza partidaria del país se sumara así al ala más destructiva de nuestra política, la cual desde 1990 ha consumado una tarea de deformación histórica sin precedentes, es una muy mala noticia.

Así y todo, la suma de los contingentes de Kast, Kaiser y Matthei parece asegurar el triunfo del "segundo mejor". Pero la manifestación disruptiva de valores, principios y evidencias del personero del 20 % del electorado abre un signo de interrogación y fue, sin duda, la peor noticia del día.

viernes, 14 de noviembre de 2025

VOTO INÚTIL PERO HONRADO

¿Por cuál candidato presidencial debe votar un ciudadano honesto? Por el que ofrezca el mejor programa para el progreso del país. En conciencia pienso que debo votar, por esa razón, por Johannes Kaiser. Lo que él anuncia que va a hacer como gobernante es lo más parecido a las políticas que dieron a Chile los mejores años de democracia política, progreso social y crecimiento económico de su historia. Logramos entonces el único top-one mundial que hemos alcanzado en materia social, dado a conocer por José Luis Daza, economista chileno que hoy es viceministro del gobierno de Javier Milei: Chile fue el país que, en el transcurso de esos años, más redujo la pobreza. 

Pero hay personas que vocean la necesidad de votar por otro candidato que no sea el mejor, "para evitar el "mal mayor". Gerardo Varela, exministro de Piñera y columnista de El Mercurio, dice: "Yo ya estoy viejo para pasar susto", implicando con ello que va a votar por el candidato, en este caso la candidata que, según las encuestas, vencería por más margen a la comunista que se da por seguro pasará a segunda vuelta. 

Es decir, Gerardo Varela está diciendo entre líneas que va a sacrificar la posibilidad de conseguir el mayor bien del país para, en vez de eso, votar por quien, según las encuestas, aventaje por mayor margen a la comunista, cuyo posible triunfo es lo que lo hace "pasar susto". 

Pero, según las mismas encuestas, Tanto Kast como Kaiser también aventajarían a Jara en segunda vuelta, aunque Evelyn Matthei lo haría por una margen mayor. Luego el predicamento de Varela es que debe sacrificar su voto por el mayor bien del país (Kaiser) y también el voto por el "segundo mayor bien del país", (Kast), para votar por un "tercer mejor bien del país", que por ser ella la heredera universal de Sebastián Piñera vendría a ser un mal (la perspectiva de otro 18.10). 

Votará por Evelyn Matthei para minimizar el susto en segunda vuelta. Él está dispuesto a sacrificar lo mejor para el país con tal de "no sentir miedo". 

Yo estoy dispuesto a pasar susto con tal de tener la posibilidad de que se elija al mejor gobierno posible, capaz de reeditar "los mejores años" de estabilidad política, paz social y prosperidad económica, cuando éramos "los jaguares de Latinoamérica" y los únicos que tenían susto eran los delincuentes y terroristas.

Y era cuando Fidel Castro le decía a Andrónico Luksic Abaroa, tras relatarle éste la situación chilena de los años 90: "¡Eso se lo deben ustedes a Pinochet!" Por una vez fue sorprendido diciendo la verdad.