miércoles, 30 de septiembre de 2015

Rechazo Unánime a una Gran Idea


          Como combato en varios frentes, uno de ellos el periódico “Estrategia”, voy a reproducir la “Carta Abierta a Evo” que envié hoy a través de ese medio y que expresa lo principal de lo que es una muy buena idea para bolivianos y chilenos:

               Hermano Evo: En vez de desgastarte en un juicio con Chile, te sugiero que llames a tu hermana Michelle y le propongas sentarse a negociar, dejándole ver que eso le podría significar un repunte en las encuestas y un logro político. Las condiciones naturales para una negociación ventajosa entre Bolivia y Chile están dadas. A Chile le sobra litoral y le falta gas natural. A Bolivia le sobra el gas y no tiene litoral. Ambos países ganarían con un intercambio, porque para nosotros una caleta menos no importa nada y para ustedes unos metros cúbicos menos de gas tampoco.
               Para no tener problemas con Perú, Chile te puede dar a elegir alguna caleta de la región de Antofagasta que antes fue boliviana, para que construyas allí un puerto soberano, cuyo nombre te sugiero sea “Puerto Evo Morales”, unido por una autopista con tu territorio. Y por el mismo trazado podría venir el gasoducto. Así se ahorraría mucho en retroexcavadoras (que no lo sepa Quintana). Ya tienes un gasoducto a Brasil de 3.150 kilómetros y otro a Argentina. A Chile podría ser más corto.
               ¿Recuerdas que perdiste en el pasado la oportunidad de hacer una millonaria venta de gas natural a la costa oeste de los Estados Unidos, porque el proyecto sólo era viable desde un puerto chileno, y en vista de eso renunciaste al negocio, como el perro del hortelano? Supérate, Evo. No tropieces de nuevo con la misma piedra. Demuestra que has crecido como estadista. Sobre todo si la venta a los norteamericanos te generaría una ganancia adicional y se haría desde un puerto boliviano.
               Pero si llegamos a acuerdo y el negocio se hace, ni siquiera pienses en cortarnos el gas, porque te cortamos la autopista. “¿Y si se les termina el gas?”, me pregunta un amigo. No se les va a terminar. Tus reservas, Evo, son las cuartas del mundo en magnitud: 25 billones de metros cúbicos.
               En fin, piénsalo y haz el llamado. Porque a los de acá es seguro que no se les va a ocurrir. Nunca les han gustado las buenas ideas. Un abrazo de hermano.

          Ustedes saben que yo ya había expuesto la misma proposición en este blog y me ha llamado la atención el rechazo casi unánime que ella ha merecido. Para esos efectos han  cerrado filas solidariamente tanto los partidarios como los adversarios de este blog, los derechistas, centristas e izquierdistas, los marxistas y los neoliberales, los defensores y denostadores del Gobierno Militar, los tirios y los troyanos, los o´higginistas y los carrerinos, los balmacedistas y los congresistas, es decir, todos.

          Es que he propuesto que salgan ganando bolivianos y chilenos y eso es intolerable, porque aquí se prefiere no ganar nada a resignarse a la idea de que Bolivia gane algo. Allá, por supuesto, este grado de estupidez es peor, porque han probado (en 2004)  que son capaces de perjudicarse con tal de que Chile no gane nada. Hoy se ha publicado en los diarios la negociación bajo el gobierno de Lagos para que un gasoducto permitiera embarcar gas boliviano y venderlo a gran precio a los Estados Unidos, pero los bolivianos entonces (y me temo que también ahora) prefirieron privarse de ese gran negocio con tal de que Chile no fuera a beneficiarse en algo.

          En el libro “Las Leyes Fundamentales de la Estupidez Humana”, elegantemente editado en París, Carlo M. Cipolla clasifica a la especie en cuatro grupos: los inteligentes, los cretinos, los bandidos y los estúpidos. Los primeros son aquellos cuya acción los beneficia pero también beneficia a los demás. Son los que el actual gobierno chileno persigue preferentemente. Los cretinos son los que emprenden acciones perjudiciales para sí mismos sin darse cuenta de que benefician a otros (sin ninguna intención de hacerlo). Los bandidos son los que se benefician perjudicando a otros. Y los estúpidos, los que se autoinfligen un perjuicio sin generar ningún beneficio a nadie y, eventualmente, generando pérdidas para los demás.

          En este momento bolivianos y chilenos caemos en esta última categoría. Estamos pleiteando costosamente, en lugar de estar negociando beneficiosamente. Si hiciéramos esto último, ambos ganaríamos. Lo único claro es que los bolivianos se están comportando aún más estúpidamente que nosotros, porque ellos podrían beneficiarse mucho más de una negociación, al no sólo obtener un puerto propio, sino hacer el gran negocio con la venta de gas a la costa oeste norteamericana y, por añadidura, desde un puerto boliviano.

          Pero en este mismo momento Bolivia está acreditando su pertenencia al último grupo al rechazar que la camiseta alternativa de su seleccionado de fútbol pueda ser roja, como ha propuesto la firma patrocinadora, exclusivamente porque la camiseta chilena es roja. Les va a representar un costo rechazar la idea de la firma, pero no les importa, con tal de no usar el color de Chile.

          Todavía hay algo peor para los bolivianos que hoy se creen triunfadores, y es lo siguiente: si la Corte de La Haya acoge su demanda y obliga a Chile a sentarse a negociar, estará implícitamente respaldando la idea de que Chile reciba algo, porque, si no, eso no sería una negociación. Y la sola idea de que Chile reciba algo y no se limite a ceder un litoral es simplemente inaceptable para la mentalidad boliviana. No se han percatado de que ellos mismos, con el juicio que han emprendido, han abierto paso a un beneficio chileno.

          El hecho es que todo lo que se dice y escribe en Bolivia y Chile en estos días –salvo en este blog, en Bío Bío TV, donde yo aparezco, y en “Estrategia”, donde escribo-- manifiesta un subdesarrollo intelectual extremo. El chauvinismo en ambos países es una enfermedad grave. ¿Cuántos decenios nos tomará mejorarnos de ella?

domingo, 27 de septiembre de 2015

General Después de la Batalla


          En esto de Bolivia me voy a comportar como habitualmente lo hace el chileno medio y voy a ser “general después de la batalla”. El exponente más distinguido de esa especie tan autóctona es Patricio Aylwin, que “gatilló” el pronunciamiento del ‘73 y le dio todos los fundamentos legales y morales, como co-redactor del Acuerdo de la Cámara, y después crucificó a los militares por haberle hecho caso.

          Por mi parte, en lo de la demanda boliviana confieso que nunca me interioricé, de modo que carezco de toda “autoridad moral” para criticar, pero ahora, después de la derrota del recurso, descubro que dicha demanda estaba muy hábilmente confeccionada, sin rozar siquiera la majestad del Tratado de 1904 y fundándose en que la aceptación de Chile a negociar sobre una posible salida al mar había construido un derecho boliviano a seguir negociando, lo que Evo llamó “un derecho expectaticio”.

Y el hecho fue que casi todos nuestros gobernantes han negociado con ellos. Durante el gobierno de González Videla, en la segunda mitad de los ’40, se habló mucho del “corredor boliviano” hacia el mar. Después el Presidente Ibáñez se fue a abrazar con Siles Suazo y cuando iban en un auto descapotable por La Paz mientras las masas los aclamaban gritando insistente y rítmicamente “¡puer-to, puer-to!”, dicen que Ibáñez le preguntó a Siles con toda candidez, “¿para qué piden puerto, si no tienen barcos?”. Después de eso el mayor hito fue el “abrazo de Charaña”, entre Pinochet y Banzer, que no fructificó por variadas razones, la principal de las cuales la constituyó la “mascada” que quiso dar el Perú en Arica.

De modo que, de haber precedentes, los hay. Además, obviamente, que el país con menor PIB per cápita de América Latina sólo pidiera sentarse a conversar al que ostenta el mayor de todos (gracias al modelo de Pinochet) tenía que impresionar a un tribunal con muchos jueces de países con un PIB per cápita parecido al de Bolivia. Sobre todo si la demanda de ésta no tenía relación con el Tratado de 1904 sino sólo con la noción de que Chile, al haber estado dispuesto a negociar, había dado origen a un derecho boliviano a seguir negociando.
  
          Incluso la sentencia que desechó el recurso dejó establecido que ese rechazo no implicaba reconocer que exista una obligación chilena de negociar. Precisamente dijo que el juicio se refiere a determinar si esa obligación existe o no, y para resolver eso se declaró competente. Como las masas bolivianas entienden tan poco como las chilenas acerca de la realidad de las cosas, han celebrado como un triunfo el rechazo al recurso; y la masa chilena lo ha estimado una derrota. Pero en lo que se refiere al tema principal, no es ninguna de las dos cosas. Es sólo el desenlace desfavorable de un incidente mal planteado por una de las partes.

          Pues yo, como general después de la batalla, creo que nos debimos haber dado cuenta de que el recurso de incompetencia era débil desde un principio, porque la demanda boliviana no tocaba el Tratado sino que se limitaba a pedir que se declarara la obligación chilena de negociar, un asunto muy distinto y ciertamente de la competencia de la Corte; pero, al mismo tiempo, creo que este juicio le abre a Chile una gran oportunidad. Por ejemplo, de conseguir como fruto de la negociación un gasoducto boliviano como los que van a Argentina y Brasil con gas barato. A Bolivia le sobra el gas y a nosotros nos sobra el litoral. Sin siquiera un curso introductorio de economía cualquiera debería saber que ambas partes pueden salir ganando de un intercambio, como propongo en mi blog anterior. Un amigo me objeta y dice que el gas se termina. Pero la plata no. Si Bolivia corta el gas, tiene que pagar el precio de lo que dejó de suministrar.

          La ubicación del puerto, en lo posible en territorio que fue boliviano, para no tener enredos con los peruanos; y la construcción del camino que conduzca a él y otros temas anexos serían materia de la negociación. Y los chilenos seríamos mucho más felices, porque ni nos daríamos cuenta de haber cedido unos kilómetros de costa, pero sí nos daríamos cuenta de las cuentas de la luz y del gas más baratas.

Que, por cierto, Bolivia continuaría sempiternamente molestando con quejumbres y recriminaciones, porque quería un puerto gratis y tuvo que pagarlo, indudablemente seguiría siendo así. Bolivia es para Chile, per se, “a pain in the neck”, como dicen los anglosajones distinguidos, o “a pain in the ass”, como dicen los no tan distinguidos.

          En conclusión, deberíamos sentarnos a negociar con Bolivia ya, ahorrándonos el resto del juicio; deberíamos ofrecerle un puerto en territorio que fue boliviano y pedir a cambio un gasoducto hacia Chile. Y si se acaba el gas, pedir petróleo o dinero, porque para eso fue creado este último, reemplazando al poco práctico trueque. Y prepararnos para vivir el resto de nuestras vidas soportando nuevas quejas bolivianas, porque siempre las habrá, pero convenientemente resignados en vista de que las cuentas de la luz y del gas nos habrán bajado, seremos más competitivos y continuaremos a la cabeza del ranking de América Latina, si es que el programa del gobierno actual no dispone otra cosa..   

viernes, 25 de septiembre de 2015

Derrota Prometedora en La Haya


          Ayer “La Segunda” publicó in extenso la transmisión del fallo de la Corte de La Haya, recaído en el recurso de incompetencia interpuesto por Chile. Y ese diario destacó en fondo amarillo los párrafos que le parecieron más importantes, pero no destacó el siguiente, que fue, a mi juicio, el más importante y revelador de que Chile, perdiendo el recurso de incompetencia, obtuvo un importante triunfo de largo plazo:
  
        “Habida cuenta de las observaciones de ambas partes, la Corte subraya que el uso en este fallo de las expresiones ‘acceso soberano’ y ‘negociar acceso soberano’ no puede interpretarse como reflejo de su opinión en cuanto a la existencia, a la naturaleza o al contenido de la supuesta obligación de negociar que correspondería a Chile”.

          Ese párrafo pone de manifiesto que Chile triunfó en La Haya porque, (1) quedó claro que el litigio no tiene relación alguna con el Tratado de 1904, que por tanto permanece intangible, al igual que nuestras fronteras, sino que se refiere a nuestra obligación o no de sentarnos a negociar con Bolivia; (2) pero la Corte no ha prestado ningún reconocimiento a la pretensión de “acceso soberano” de Bolivia ni a una supuesta obligación de Chile de “negociar acceso soberano”; y (3) la Corte, en este litigio, sólo se ocupará de un tema: si Chile tiene o no obligación de sentarse a negociar.

          Es posible que en dos años más o algo así diga que sí debe sentarse a negociar o que falle en el sentido de que no tiene ninguna obligación de negociar.

          Pues bien, yo sostengo que a Chile le convendría sentarse a negociar. En realidad, ambas partes pueden salir gananciosas de ello, porque Bolivia tiene un recurso valioso, el gas natural, del cual Chile carece; y Chile tiene un recurso que para Bolivia es muy valioso, y del cual ella carece, el litoral marítimo propio.

          Para Chile el gas natural es un recurso escaso y para Bolivia el litoral propio es un recurso escaso. Para Bolivia el gas natural es un recurso abundante y para Chile el litoral marítimo es un recurso abundante. Es decir, están dadas las condiciones para que ambas partes salgan ganando de una negociación.

          Bolivia tiene extensos gasoductos a través de los cuales vende a Argentina y Brasil. Por razones exclusivamente políticas no tiene uno hacia Chile. Más aún, ha perdido la oportunidad de vender gas a los Estados Unidos debido a que el único gasoducto posible para embarcarlo económicamente sería a través de Chile.

          Si la Corte sentenciara que Chile tiene la obligación de sentarse a negociar con Bolivia, desde luego ésta tendría la obligación recíproca.

Y las expectativas chilenas de contar con energía barata a cambio de un retazo de litoral limitado serían ciertas. Ya el detalle de “dónde” estarían el litoral boliviano y el gasoducto chileno, sería “cuestión de álgebra”, como decía un profesor que tuve hace muchos años, es decir, algo menor y de detalle.

          En mi opinión, reitero, el triunfo chileno de ayer en La Haya deriva de dos evidentes ganancias posibles: uno, a cambio de algo que tenemos en sobreabundancia, litoral marítimo, podemos obtener algo de lo cual carecemos, gas natural; y dos, estando ambos países obligados a sentarse a negociar, Bolivia dejará de ser lo que ha sido siempre para los actuales chilenos vivos, “a pain in the neck”, como dicen los norteamericanos, pues tendría que cesar su campaña propagandística permanente, para concentrarse en la negociación.

          Y se abriría para nuestro país una perspectiva económica muy favorable: por fin, energía más barata. Pues uno de los factores que restan competitividad económica a Chile en la actualidad es la energía más cara que la de los otros países competidores.

          El de ayer, en La Haya, puede haber sido otro “gran día para Chile”.

martes, 22 de septiembre de 2015

Setting the Record Straight


          Cuando “Time” se equivoca, en el número siguiente publica la sección “Setting the Record Straight” (“Poniendo las Cosas en su Lugar”) y confiesa su error.

          Este blog no quiere ser menos que “Time” y, aquí y ahora, como diría Lagos, rectifica un error cometido el martes 15 de septiembre: los ministros sumariantes en causas de derechos humanos no son incompetentes para conocer de hechos anteriores al 9 de marzo de 2000, como afirmé en ese blog. 

          Lo dispone así el art. 8° transitorio de la Constitución, que me ha hecho presente el abogado Marcelo Elissalde Martel.

          Pero… pero…esos ministros sumariantes sí son incompetentes para juzgar hechos posteriores al 9 de marzo de 2000. Y resulta que ellos sostienen que los militares siguen cometiendo “secuestros permanentes” hasta hoy. Eso no es verdad, naturalmente, pero los ministros sumariantes no tienen ningún problema en faltar a la verdad. Ellos no sienten la menor obligación de “to set the record straight”. Mienten sin que se les mueva un solo músculo de la cara.

Todavía peor, cuando sostienen que los militares mantienen secuestrados a terroristas hasta hoy, están juzgando hechos posteriores al 9 de marzo de 2000, cosa que les está legal y constitucionalmente prohibido hacer. Así es que mi error del 15 de septiembre fue sólo parcial.


          De todo lo cual dejo debida constancia para los efectos del buen nombre de este blog.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Y la Estantería Sí se Remeció


          Nunca he sabido por qué mi in(o sub)consciente –tampoco nunca he sabido cuál de los dos— me dicta premoniciones. El miércoles escribí que “se remece la estantería” y esa misma noche lo hizo a más no poder. En 2005 escribí una novela premonitoria, “Está Temblando”, que terminaba en la transmisión del mando de 2010, en el curso de la cual se producía un fuerte temblor. Y cinco años después exactamente eso sucedió, en medio del espanto del príncipe heredero de España y otros dignatarios extranjeros. En fin, todavía antes, en 1973, en mi programa radial diario de Agricultura yo reiteradamente anunciaba que al destructivo régimen de la UP lo sucedería otro que llamaba de “Reconstrucción  Nacional”. Y también entonces exactamente eso sucedió.

Pues bien, ahora en verdad os digo que este gobierno desarticulador del país va a terminar en medio del mayor de los desastres, si completa su período; o en un desastre menor ("acotado", como dicen ahora) si antes de consumar ese penoso desenlace, renuncia quien lo preside, después del 11 de marzo próximo. Lo único que tengo claro es que a este gobierno lamentable lo sucederá otro de signo opuesto, en relación al cual sólo pido encarecidamente que no sea presidido por Sebastián Piñera, que tiene mucho dinero, muy pocas ideas y ningún escrúpulo, y que ha sido el destructor de la derecha chilena y de las mejores iniciativas para el progreso del país. Su único mérito fue no encabezar una revolución de signo marxista-leninista como la que hoy está en curso, pero no cabe duda de que fue su precursor, tanto como Frei Montalva lo fue de la otra de 1970-73, de la cual apenas nos libramos en medio, por supuesto, del aplauso del mismo Frei Montalva.

Pues el discurso igualitarista de Piñera fue el principio del desastre. Me remito a mi blog del día miércoles 9 de septiembre, “La Penúltima Voltereta de Piñera” y al comentario televisivo de Teresa Marinovic en Bío Bío TV, que puede verse en http://tv.biobiochile.cl/notas/2015/09/11/el-prontuario-de-pinera.shtml. Ya ha logrado cerca de 30 mil visitas.

Pero con alarma advierto que Piñera ya está en plena campaña, sin importarle nada el cúmulo de facturas truchas de sus empresas que examina la fiscalía, pues parece inmune a las acusaciones que a otros destruyen. Y digo que está en campaña pues opiniones reconocidamente sobornables de la plaza ya le están haciendo claque y denigrando a sus previsibles contendores.

          Todo esto es de mucha actualidad, pues pienso que la renuncia de Bachelet en marzo es una perspectiva cierta, atendido a que ella carece de energía para hacer lo único que en este momento puede salvar a su gobierno y al país, que es poner marcha atrás en los cuatro Transantiagos que ha resuelto añadir al que ya figura en su hoja de logros: el tributario, el huelguístico, el antieducacional y el constitucional, encaminado, este último, esencialmente a restar respaldo al derecho de propiedad. Otros Transantiagos adicionales y parecidamente dañinos, pero sólo sectoriales, se originan en los planes para liquidar la atención privada de salud, la previsión privada y la agricultura, esta última a través de la estatización de los derechos de agua.

          No creo que Bachelet esté dispuesta a rectificar nada de eso. Al contrario, pienso que ese panorama la interpreta ideológicamente, en el sentido de aproximar el modelo chileno al de la RDA que ella declaró tanto haber admirado (al parecer, no se ha enterado, ni siquiera por la prensa, de la caída del Muro de Berlín).

          Si a estas alturas del próximo año nada de lo que vaticino ha sucedido, autorizo a quien lo desee hacer ver públicamente la incompetencia de mi sub o in consciente para adivinar el futuro; y lo autorizo asimismo para afirmar urbi et orbi que las tres oportunidades del pasado en que lo he hecho no han sido sino una mera y afortunada coincidencia.

martes, 15 de septiembre de 2015

Se Remece la Estantería


          Durante la UP yo tenía un programa de radio en que le advertía a la izquierda, pero especialmente a los comunistas, que si abandonaban el camino de la ley, eso alguna vez se podía volver contra ellos y hacerlos víctimas de la ilegalidad. En ese tiempo el jefe comunista, Luis Corvalán, nos advertía a los opositores, con  toda la prepotencia propia de los que tienen el poder y las armas, y en el lenguaje propio de su cultura, que si salíamos a las calles a protestar, nos iban a “sacar la cresta”. Hoy día los comunistas siguen iguales, pero ya ni siquiera advierten, sino que agreden. Agredieron a los camioneros frente a La Moneda; agredieron a Gina Facinetti, Alfonso Márquez de la Plata, los hermanos Widow y al hijo de uno de éstos (ella quedó con una costilla hundida y los Widow con narices quebradas y una pierna dislocada) por ir a un teatro a ver un documental favorable a Pinochet.

          No mucho tiempo después de la UP los prepotentes y amenazadores del gobierno marxista clamaban por el amparo de la legalidad que ellos habían trasgredido primero.

          Hoy vuelven a las andadas. Hay semejanzas entre entonces y algunas situaciones del presente. Es público y notorio que los jueces de izquierda burlan la legalidad para cobrar venganza contra los militares que derrotaron al terrorismo armado. Hemos visto a uno de aquéllos, Alejandro Solís, confesar en cámara que se basó en “ficciones” para condenar, sin cumplir su deber de acreditar los delitos y sin respetar circunstancias eximentes de responsabilidad.

Esa ilegalidad implica que los militares a quienes tales jueces han condenado son presos políticos. Pero como los jueces están respaldados por el Ejecutivo y una mayoría legislativa, se creen impunes. Ya nadie cumple la ley. Los controladores de vuelo paralizan todos los aeropuertos ilegalmente y en plena semana festiva y no les sucede nada. Al contrario, serán premiados. Cuando a Reagan le hicieron lo mismo en 1981 despidió a todos los huelguistas y nunca más hubo otra paralización ilegal. Acá está recién comenzando una seguidilla. Violar la ley es rentable.

          Sin embargo, últimamente ha surgido una evidencia de ilegalidad demasiado aplastante: presentaciones del abogado Cristián Heerwaggen y del ingeniero Rodolfo Novakovic han acreditado que los ministros sumariantes en los juicios de derechos humanos han estado actuando sin tener competencia para hacerlo, pues esa instancia fue suprimida expresamente por la ley N°19.665 a contar del 9 de marzo de 2000.

          Y la Constitución garantiza que “nadie puede ser juzgado… sino por el tribunal que señalare la ley”. En este caso la ley 19.665 dice expresamente que se suprime a los ministros sumariantes en sede criminal, de modo que desde hace quince años no deberían haber podido juzgar a nadie.

          El diario digital “diariopurochile.com” afirma que la comprobación de esta realidad legal ha provocado gran inquietud en los tribunales superiores. Y aventura la reflexión de que, si un destacamento militar resolviera liberar a los Presos Políticos Militares condenados por un tribunal jurídicamente inexistente, nadie podría objetar su proceder, porque simplemente estarían poniendo término a una ilegalidad flagrante.

          A veces regímenes que gozan de un fuerte respaldo popular pueden darse el lujo de amparar ilegalidades judiciales como la descrita, y lo estamos viendo en Venezuela. Pero cuando hay una gobernante que, según la última encuesta Cadem Plaza Pública de ayer, ha caído al 20% de aprobación versus un 72% de rechazo a su gestión, y todas las reformas emprendidas por su gobierno merecen también amplios márgenes de rechazo, su capacidad de amparar ilegalidades se ve grandemente reducida.

          Todavía más si se publica en un diario español (“El Mundo”) que habría consenso político en Chile para que en marzo próximo se hiciera efectiva la renuncia de la Presidenta y, tras un acuerdo transversal, el Congreso Pleno designara por la mayoría de sus miembros en ejercicio a Ricardo Lagos Escobar para sostener la estantería hasta el fin del mandato, aplicando el “realismo con renuncia” de que habla hoy en “El Mercurio” Andrés Velasco. Todo ello hasta que asuma el (la) nuevo(a) presidente(a) el 11 de marzo de 2018, tras la elección de 2017.

          Gobierno débil, ilegalidad judicial flagrante. ¿Tropezarán los herederos de Luis Corvalán otra vez con la misma piedra?

sábado, 12 de septiembre de 2015

Odio y Prevaricación


          Chile sería muy distinto si no hubiera tanto odio. Lo vimos expresarse, una vez más, en “la efeméride nacional del odio”, el 11 de septiembre, que, sin embargo, debería ser de celebración del día en que la nación se libró de convertirse en una colonia totalitaria, como lo dijo con tanto acierto Patricio Aylwin en 1973 y se reproduce hoy en una inserción pagada de “El Mercurio”, suscrita y financiada por un grupo de leales a la historia y la verdad.

          Este 11 se reunió en La Moneda un cuarteto de mujeres odiosas: Michelle Bachelet, Isabel Allende, Viviana Díaz y Lorena Pizarro. Propiciaron, cada una a su turno, que los ancianos Presos Políticos Militares sean trasladados del penal de Punta Peuco a una cárcel  común. La edad promedio de los PPM es de 76 años y hay entre ellos varios octogenarios y enfermos que han perdido la lucidez y no saben dónde se encuentran. Uno de estos últimos, Marcelo Moren Brito, acaba de fallecer. Si se respetaran los derechos humanos, debería haber sido liberado hace años por razones humanitarias. Pero éste es un tema visceral y político y para otra agente del odio de tiempo completo, como Lorena Fries, del Instituto de Derechos Humanos, sólo son tales los de los terroristas de izquierda.

Ya Piñera, en su caso no por odio, sino obrando por el móvil de todos sus actos, su propia conveniencia y popularidad, trasladó a un puñado de oficiales que estaban en un penal digno, Cordillera, a otro alejado y a punto del hacinamiento, Punta Peuco. Uno de sus perseguidos, el general Odlanier Mena, no soportó la idea y, siendo por añadidura inocente, puso fin a su vida. Hace poco otro camarada suyo, Hernán Ramírez Rurange, optó por el mismo camino. Resultado de la persecución odiosa y la injusticia.

          Seguramente las promotoras del odio no pueden soportar que los ancianos y enfermos estén encarcelados en condiciones dignas. Pero eso va a ser así en cualquier otro penal al cual los trasladen, porque se trata de personas decentes que con sus propias manos mantienen aseados sus calabozos, comedores y letrinas y, por tanto, nunca van a poder ser rebajados a las condiciones habituales en las cárceles nacionales, donde se camina sobre excrementos, los reos portan estoques para atacar, defenderse y abusar y donde “el bueno se hace malo y el malo se hace peor”. Las odiosas mujeres querrían que esos ancianos PPM, a quienes la saña y el atropello de las leyes mantienen privados de libertad, vivieran en medio de la hez de la sociedad. Pero fueron los que salvaron a Chile enfrentando las balas terroristas, lo que justifica el homenaje que les rindió en la Cámara el único parlamentario que se atreve, Ignacio Urrutia (UDI)).

          A propósito de eso la justicia de izquierda ha dado un testimonio más de su sesgo al suspender mediante una “orden de no innovar” la condena a veinte años de uno de los asesinos de Jaime Guzmán, Enrique Villanueva Molina, que estaba ya condenado por sentencia ejecutoriada. Contra la misma se interpuso un insólito e improcedente “recurso de queja”. Contra una sentencia ejecutoriada no procede recurso alguno. Pero estamos en el Chile de la justicia de izquierda.

          Por contraste, se condena a veinte años al caballeroso mayor (r) Arturo Silva Valdés, como “único autor material del homicidio de Berríos”, un químico de los servicios de inteligencia. Pero en carta al diario su abogado defensor, Carlos Neira, ha precisado que la condena fue sin pruebas. La mayoría de izquierda de ministros se atuvo a la “doctrina Solís” y lo condenó por “una ficción”: como Silva Valdés estuvo a cargo de la salida de Berríos en 1991, “mantuvo un deber de cuidado sobre la víctima, lo que la doctrina denomina posición de garante y por tal razón no le era posible desentenderse de ella”, según se lee en el fallo de la Sala Penal. Un año y medio después de haber llegado sano y salvo a Uruguay, en 1993, Berríos fue asesinado; y ahora, sin ninguna prueba, la Corte Suprema imputa el crimen a Silva Valdés, mediante la “ficción” de que si lo cuidó en 1991 tiene que haberlo asesinado en 1993. Presunción de culpabilidad, en lugar de inocencia.

          Terrorista libre, militar preso. Y éste, ojalá en medio de los delincuentes comunes. Entre el odio y la prevaricación, Chile prosigue su lamentable e inevitable retroceso moral.