martes, 6 de octubre de 2026

¿POR QUÉ VA GANANDO KAISER?

La encuesta presidencial Panel Ciudadano-Universidad del Desarrollo dice que Kaiser puntea como candidato a ser el próximo presidente de Chile. Eso es bastante lógico, porque quien representa mejor el modelo político, económico y social que le dio a Chile los mejores treinta años de su historia es él. Y porque ha ofrecido privatizar Codelco y darle la plata a la gente a razón de unos dos millones de pesos por cada chileno, dado que Codelco "pertenece a tdos los chilenos" y es razonable que, al venderse, reciban el precio sus dueños. 

Pero dos puntos por debajo de Kaiser está Boric, diferencia que está dentro del margen de error de la encuesta. Entonces ¿en qué quedamos? En que esto es Chile, donde los partidarios de reeditar los mejores años de la historia están apenas por arriba de los partidarios de reeditar los peores años de la misma. Ése es el país que tenemos. El éxito y el caos están a dos puntos de diferencia y en cualquier descuido gana el caos. Como pasó en 1970. Como pasó en 2021.

Por eso en el principal diario de la república hay un debate entre quienes se escandalizaron del patadón de un encapuchado a una manifesrtante pacífica y quienes defienden al agresor porque le encuentran la quinta pata al gato y dicen que es una víctima de la desigualdad social. Y aquí no hace mucho le han dado toda suerte de premios al defensor del encapuchado, pues en un solo año lo premiaron una universidad y la Asociación Nacional de la Prensa y una importante firma financiera lo invitó a dar una charla a sus millonarios clientes sobre la situación política. Hay una parte de la élite que admira al defensor del encapuchado, aunque éste esté listo para quitarle todo de una patada. Esa élite entreguista explica los desastrosos regímenes que han arruinado a Chile.

Pueden pasar muchas cosas en los tres años y algo que faltan para la prróxima elección presidencial y parlamentaria, pero los de la derecha a secas estamos confiados. Tengo que remontarme a don Jorge Alessandri en 1958 para encontrar a alguien de nuestras ideas que gozara de respaldo mayoritario.

Por otra parte, creo que la Revolución Privatizadora propuesta por Kaiser va a trascender nuestras fronteras. El atractivo de la idea de achicar el Estado con beneficio pecuniario para los ciudadanos es irresistible.

Creo que esto está recién comenzando en el mismo Chile donde comenzó la primera economía libre de verdad del siglo XX, transmitiendo la idea a todo el mundo. Se va a decir algo parecido a cuando se atribuyó a los militares chilenos el haber inspirado a Thatcher y a Reagan. 

Lo de ahora se origina en civiles chilenos que han descubierto una receta para mejorar la economía, beneficiar los bolsillos de todos y generar bienestar que no se le había ocurrido a nadie antes, al menos como un planteamiento político concreto.

Sólo cabe confiar que los dos puntos con que hoy el éxito supera al caos se puedan, con el tiempo, aumentar.

sábado, 3 de octubre de 2026

LA REVOLUCIÓN PRIVATIZADORA

No sé si Johannes Kaiser está consciente de que, cuando dijo que se debía privatizar Codelco y darse el precio de venta a sus dueños, que son todos los chilenos, y calculó prudencialmente que corresponderían unos dos millones de pesos a cada habitante, inició una revolución política que va a ser muy difícil de derrotar o detener, porque es seguro que cuenta con un respaldo popular, si no unánime, muy mayoritario. 

Mi opinión es que Kaiser así aseguró su elección como el próximo presidente de la república y de un parlamento cuya mayoría lo respalde.

Sobre todo si la privatización es tan razonable como factible. Claramente va en favor del mejor interés nacional, porque Codelco es una empresa estatal mal administrada, que ha disminuido su producción de cobre en los mejores tiempos del precio del metal, se ha endeudado en exceso y se ha prestado para que intereses políticos y compadrazgos obtengan de ella centenares de millones de dólares anuales en pagos "no destinados a la producción de cobre" Es decir, prebendas políticas.

Las privatizaciones fueron puestas en boga, en el mundo, por otro gobierno chileno, el del presidente Pinochet y su ministro Hernán Büchi, a partir de 1985. En Chile se privatizó la telefonía, la electricidad, el gas, el acero y el salitre, que estaban en manos de empresas estatales mayoritariamente perdidosas y que fueron adquiridas por privados en sendas licitaciones..

Eso generó un ejemplo que distintos países importantes siguieron, como reconoció el autor británico Niall Ferguson, cuando escribió: "los primeros fueron los militares chilenos; Reagan y Thatcher vinieron después". Y tras éstos vinieron los países socialistas, que se volcaron al capitalismo, partiendo por la Unión Soviética.

Lo que tiene de novedoso la propuesta de Kaiser es que contempla dar el precio de la privatización a los actuales dueños de las empresas estatales, que somos todos los chilenos. Esto no lo hicieron Pinochet-Büchi, que en cambio, con lo generado por las privatizaciones, equilibraron las finanzas del país, redujeron la deuda externa y pusieron a Chile a crecer al 6,4 % promedio anual entre 1985 y 1989, situándose a la cabeza de América Latina. 

Pero cuando Pinochet-Büchi privatizaron, el poder legisativo radicaba en la Junta de Gobierno, que concordaba con el Ejecutivo en ese tema y le facilitó el proceso. 

Ahora la privatización requiere de acuerdo del Ejecutivo y del Congreso. Y como todo el mundo sabe o debería saber que una gran mayoría de chilenos no mira con malos ojos la idea de recibir dos millones de pesos cada uno, sobre todo si la mitad o más de ellos nunca ha tenido esa suma en sus manos, es difícil que la revolución privatizadora pueda ser derrotada.

Hasta ahora la izquierda conquistaba mayorias prometiendo al electorado distribuir igualitariamente la riqueza de los demás, pero como "los demás" no veían esa exacción con buenos ojos, las políticas de izquierda resultaron ser invariablemente empobrecedoras de todos. La propuesta de Kaiser, en cambio, es enriqucedora de todos, incluso del Estado, que en lugar de soportar pérdidas va a empezar a obtener impuestos sobre ganancias que los bienes privatizados generan en manos de empresarios particulares.

Así como "los militares chilenos" fueron los primeros en su tiempo, ahora la derecha chilena pasará a ser la primera en iniciar esta revolución económico-social. Ella promete generar el mismo eco imitativo que la iniciada por Pinochet-Büchi en su tiempo, cuyo éxito dejó en ridiculo a Leonid Brezhnev, que había pontificado: "nunca más habrá otro Chile". Pues lo que sucedió fue que lo que no hubo nunca más fue otra Unión Soviética.

"No hay nada más poderoso que una idea a la cual le ha llegado su tiempo", escribió Víctor Hugo. En Chile actual le ha llegado su tiempo a la revolución privatizadora, democrática y popular propuesta por Johannes Kaiser.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

ME ROBARON EL DIARIO

Me robaron el diario porque, como estamos en Chile, el repartidor no hace bien su pega --aunque es muy puntual para pedir aguinaldos de fiestas patrias y pascua-- y en lugar de dejarlo completamente adentro, debajo del portón, lo deja medio afuera. Como estamos en Chile, el primero que pasa y lo ve, se lo roba. También, como estamos en Chile, no hay dónde reclamar y ningún kiosco cercano lo vende. Así es que, en lugar de leer el diario, he decidido escribir este blog (aunque me han dicho que esto es un post y no un blog). Pero, como estamos en Chile, yo lo llamo como me da la gana y le digo blog.

Yo iba a escribir de otra cosa: que como hoy en Chile no se aplica la ley, el venezolano que asesinó al cabo Aguilera era un residente ilegal y debería haber estado preso, para luego ser expulsado. Pero, como estamos en Chile, nadie lo detiene y el ilegal hace lo que se le ocurre. Como matar un policía.

Mi blog (o post) se iba a titular: "Sin Ley Ni Crecimiento Ni Empleo".  Porque pocos respetan las leyes. Cerca de la mitad evade el pago de la locomoción. Entre los que menos respetan las leyes están los jueces. Marisol Rojas, para ser nombrada en la Suprema, les promete a los senadores no aplicar leyes expresas y vigentes de amnistía y prescripción. 

Los jueces han condenado a más de mil años, sin pruebas, a un eficaz perseguidor de delincuentes, el brigadier Krassnoff. Me enviaron el análisis jurídico de un caso en que el juez le impuso 15 años por tener secuestrado hasta hoy a un detenido al que no detuvo. "Secuestro permanente", delito que no es amnistiable ni prescriptible, pero no existe. No hay ni uno. Como cualquiera puede comprobar yendo a visitar a cualquier condenado por eso  y verificar que no puede tener secuestrado a nadie en su celda. Krassnoff está sentenciado a mil años por condenas como ésta, absurdas, falsas, sin pruebas y por un delito inexistente. Pero, como estamos en Chile, esa monstruosidad jurídica y moral es la que se impone.

Así como sin ley, estamos sin crecimiento: debatiendo cuánto, por debajo del uno por ciento, va a crecer el PIB este año. Pero hace 26 años Chile había completado un quinquenio creciendo al 6,4 % anual, disminuyendo el desempleo a la mitad (a 5% en enero de 1990) e iniciando "los mejores 30 años de la historia de Chile" en lo económico, político y social. ¿Cómo lo logramos? Disminuyendo impuestos, (que eran de 0 si se reinvertían las utilidades); congelando el salario mínimo, como se hizo en 1985, y privatizando la electricidad, la telefonía, el gas, el acero y el salitre.

Pero, como estamos en Chile, nadie le levantó un monumento al que hizo todo eso. Por el contrario, el monumento más destacado es para el que arruinó al país, armó a civiles para quedarse con todo el poder y atropelló sistemáticamente la Constitución y las leyes (veredicto de la Cámara del 22 de agosto de 1973).

Pero el presidente actual no se atreve a privatizar. Hay un candidato "de derecha a secas" que dice que sí se atreverá. Y como eso, para empezar con sólo Codelco, le significaría a cada chileno recibir unos dos millones de pesos, como dueño que es de esa empresa, ese candidato va a ganar.

Pero, como estamos en Chile, esto a lo mejor no pasa, como en 1970, 2014 y 2022, cuando la mayoría entronizó izquierdistas que ofrecían repartir la plata ajena y, por eso, mandaron al país al diablo. O cuando en 2010 (Piñera) o 2025 (Kast), la mayoría prefirió a gobernantes que "les miran la cara" a los comunistas. Luego, no se atreven a aplicar la receta de Pinochet (ni siquiera a nombrarlo ni a conmemorar el 11). Y por eso terminan entregando el poder a un nuevo empobrecedor de izquierda o "ni facho ni comunacho".

"Estamos en Chile". Cualquier cosa puede pasar. Salvo que Johannes se atreva a hacer lo que dice que va a hacer. Yo me arriesgo: creo que se va a atrever. Y lo reafirmo hoy, a la hora en que debería estar leyendo el diario.

domingo, 27 de septiembre de 2026

TRUMP Y CHILE

Si Trump sabe en algún momento dónde queda Chile, poco después lo olvida, aunque el nuestro sea un gran país, tricontinental (Sudamérica, Antártica y Oceanía) y biocenánico (Pacífico y Glacial Antártico). Pero no es protagonista del quehacer mundial sino en momentos fugaces. 

Una vez Trump le preguntó a Macri, presidente argentino, según versión de éste, qué era esa cosa delgada al occidente de su país que lo separaba del Pacífico. Macri le contestó que era Chile. Entonces Trump le preguntó por qué no se lo tomaban y tenían acceso a ese océano. Macri no dijo qué le había replicado a Trump, pero si le hubiera dicho la verdad, habría sido: "Sí, una vez tratamos de invadirlos en 1978, pero cuando íbamos llegando al Canal Beagle, nuestra flota vio 27 gomones chilenos con un torpedo cada uno, capaces de hundir a toda nuestra Armada, así es que volvimos grupas al norte y nos olvidamos de la invasión."

Pero, por otro lado, Trump ha sido el único gobernante norteamericano que ha elogiado a Pinochet y a la Junta. Reagan también lo hizo, por escrito, pero tenía un embajador acá encargado de cohechar a los chilenos para que no votaran por Pinochet en el plebiscito del '88. Conclusión: no se puede confiar en los norteamericanos.

Trump declaró, cuando resultó elegido Kast, que sí, que éste había sido su candidato y por eso había ganado. Una fanfarronada. Seguro que al minuto siguiente se olvidó de todo. Porque poco después castigó al país imponiéndole un 12,5% de arancel, cuando a los demás les imponía sólo 10%.

Típico norteamericano: dos ONGs de izquierda les habían dicho a los asesores de Trump que en Chile había esclavos ("trabajos forzados"). Una mentira del porte de una catedral. Pero a los norteamericanos les encanta que la izquierda los engañe. Justamente en 1989, bajo el gobierno de Pinochet, un comunista del FPMR llevó dos uvas envenenadas a la embajada de EE. UU. en Santiago, diciéndoles que toda la producción chilena estaba envenenada. ¡Le creyeron! Pararon todas las importaciones de uva chilena, nos hicieron perder 300 millones de dólares, y después, al darse cuenta de que los comunistas los habian "pasado por el aro" una vez más, dejaron todo en nada. Pero ni siquiera indemnizaron.

Con el "castigo" de 2,5% adicional de arancel pasa lo mismo: les creen a los izquierdistas, perjudican a Chile, se dan cuenta de que los rojos los han engañado otra vez y, es de suponer, dejarán la sobretasa sin efecto.

En este caso Douglas Pollock, ingeniero chileno crítico del "calentamiento global", que es más cotizado en EE. UU. que en Chile, les escribió a sus amigos de allá acerca de lo escandaloso de la sobretasa de 2,5%, que sólo da en el gusto a ONGs de izquierda. Uno esos amigos, Paul Driessen, basado en la información de Pollock, ha escrito un artículo en la revista Townhall, donde señala que está poniendo en manos de una persona próxima a Trump los antecedentes de este "castigo" absurdo al país del "presidente puesto por Trump". Driessen asegura que se lo va a entregar a una persona muy próxima a Trump, para dejar sin efecto la sanción urdida por las ONGs de izquierda.

¡Grande Douglas! Otro servicio a tu Patria. Pero esta Patria debe caer en la cuenta de que nunca hay que confiar en los norteamericanos, porque a la primera conjura comunista para perjudicarnos, ellos se la van a comprar.

Baste recordar que, cuando solos echamos a los comunistas en los '70, cosa que ellos no habían podido hacer en Vietnam, donde fueron derrotados tras perder 55 mil soldados, 500 mil millones de dólares, el honor y la guerra, los norteamericanos nos castigaron con la "enmienda Kennedy", votada por demócratas y republicanos, para prohibir vender armas a Chile cuando teníamos todas nuestras fronteras amenazadas.

No hay que confiar en ellos, porque habitualmente terminan haciendo lo que los comunistas les dicen. 

Pero, así y todo, conviene que suscribamos el tratado "Escudo de Las Américas", porque es anti crimen organizado, anti narcóticos y anti comunistas. 

Eso sí, ojo, nos pueden volver a castigar en cualquier momento por alguna inepcia o argucia de cualquier funcionario que "compre" alguna nueva consigna de la izquierda, las cuales están siempre listos para obedecer. 

jueves, 24 de septiembre de 2026

LO QUE EL LÍBERO NO PUBLICÓ


El Líbero no quiso publicar la réplica de la abogada Carla Fernández Montero a la carta que el cardenal-arzobispo Chomalí envió a ese periódico, en respuesta a un artículo de dicha abogada en El Líbero sobre el rechazo cardenalicio a la idea de un indulto en favor de los Presos Políticos Militares. Pero es de interés público conocer esa réplica y por eso la reproduzco a continuación:

RESPUESTA A CARTA DEL CARDENAL FERNANDO

CHOMALI

Señor Director:

Agradezco al cardenal Fernando Chomali su carta y celebro que

coincidamos en algo: exigir un acto consciente a quien no puede

ejecutarlo es absurdo. Ese absurdo, sin embargo, no lo redacté yo. El

17 de septiembre Su Eminencia declaró que para la clemencia “tienen

que darse ciertas condiciones”, que “tiene que haber arrepentimiento”,

y en la misma entrevista puso a los enfermos de alzhéimer entre

quienes debieran volver a su casa. Una regla enunciada sin salvedades

alcanza a todos los casos que su autor nombra a continuación. Me

limité a leerlo con la atención que merece un cardenal. Lo que hoy

llama aclaración es una salvedad que se le ocurrió cinco días tarde,

cuando alguien le mostró adónde conducía su frase.

Lo que ahora ofrece como ideal tampoco es suyo. El artículo 687

del Código de Procedimiento Penal dispone que el condenado que cae

en enajenación mental no siga cumpliendo la pena y sea entregado a

su familia bajo fianza de custodia y tratamiento. Su Eminencia no

propone nada: describe la ley, y la describe tal como suena en el

papel, que es la única versión que parece conocer. Un hombre que

defendí pasó tres años hospitalizado mientras se resolvía esa solicitud;

los peritos iban hasta el hospital a examinar a un paciente que

necesitaba cinturones para no caerse de la cama y no siempre

reconocía a quienes lo visitaban, y cuando, al quinto informe del

Servicio Médico Legal, una ministra por fin aplicó el artículo, a los

querellantes les bastó apelar para que la Corte de Apelaciones

ordenara un sexto. La demencia también se litiga, y mientras se litiga,

se muere. Ese trámite, y no otra cosa, es el ideal que Su Eminencia

nos ofrece.

De los reparos que le formulé respondió uno, el que no tenía

defensa, y eligió hacerlo a propósito de las únicas personas que no

podrán leer su respuesta. Para los demás la exigencia sigue en pie, y

ahora se entiende su alcance. Al que ya no sabe dónde está, Su

Eminencia lo manda a su casa; al que lo sabe demasiado bien y

sostiene su inocencia, lo deja donde está. Un hombre que asegura no

haber hecho lo que se le imputa sólo puede arrepentirse mintiendo, de

modo que lo que se le pide a un moribundo es una mentira útil, y se le

ofrece a cambio su cama. En los tribunales que frecuento eso tiene

nombre, comprar una confesión, y dudo que en la Curia tenga otro.

San Juan Crisóstomo, doctor de la Iglesia y arzobispo de

Constantinopla, cuyo enfrentamiento con una emperatriz le costó el

destierro en que murió, había predicado antes en Antioquía que el

pobre tiene un solo título, su necesidad; que no se le exija nada más;

que aunque fuera el peor de los hombres se lo socorra sin pedirle

cuentas de su vida pasada; que la misericordia lleva ese nombre

precisamente porque da también al indigno, y que quien exige

explicaciones a sus consiervos las tendrá que rendir él mismo ante

Dios. Lo predicó hace mil seiscientos años, sin condiciones. No le

pido al más alto representante de la Iglesia chilena que el Papa dio a

esta generación que muera en el destierro. Me bastaría con que no

corrigiera a un santo.

Le formulo entonces una sola pregunta, para que su aclaración

quede completa. Un hombre de noventa años, lúcido, con un cáncer

terminal, que ha sostenido su inocencia desde el primer día de su

proceso, ¿debe morir en la cárcel por no arrepentirse de lo que asegura

no haber hecho? Si la respuesta es sí, dígalo con esas palabras y con

su firma, porque esos hombres tienen derecho a conocer la mano que

les cierra la puerta. Si es no, retire la condición con la misma firma

con que la puso. Y si prefiere el silencio, no se lo reprocharé. Me

quedaré con las palabras que Cristo pronuncia en la escena del juicio

final y que Su Eminencia conoce de memoria: “estuve en la cárcel y

vinisteis a mí”. No dice “estuve en la cárcel arrepentido”. Cuando el

propio Cristo no puso esa condición, quien la agrega tendrá que

explicar con qué autoridad lo hizo, y a esa pregunta el silencio

tampoco responde.

Carla Fernández Montero

Abogada penalista.

UNA IDEA A LA QUE LE HA LLEGADO SU TIEMPO

Víctor Hugo escribió: "no hay nada más poderoso que una idea a la cual le ha llegado su tiempo". Cuando Cristóbal Colón era un joven genovés observó que al aparecer en el horizonte se veía primero la arboladura de los barcos y a medida que se acercaban iba apareciendo el casco. Eso hizo que se le ocurriera que la tierra era redonda y podía navegar por el océano y llegar a "las Indias" desde este otro lado. Los sabios de su tiempo no le hicieron caso y le argumentaban diciendo que era imposible hacer lo que él proponía, porque nadie lo había hecho. 

En una de esas reuniones Colón planteó la idea de que se podía parar un huevo sobre una de sus puntas, en la mesa en que estaban reunidos. Le dijeron que esa otra idea suya también era imposible, porque el huevo se caía. Entonces Colón lo tomó y lo aplastó ligeramente en su punta más aguda, donde hay un pequeño vacío bajo la cáscara, y el huevo quedó parado verticalmente. A nadie se le había ocurrido hacerlo. Y así nació "el huevo de Colón".

Sólo Isabel la Católica le creyó y empeñó sus mejores joyas para financiar una expedición en la cual nadie más creía. Y entonces, "a Castilla y Aragón, nuevo mundo dio Colón". A su idea le había llegado su tiempo.

Acá Johannes Kaiser lanzó una idea que a nadie más se le había ocurrido: privatizar Codelco y darles el precio a sus dueños, que son "todos los chilenos". Y haciendo un cálculo perfectamente verosímil acerca del posible valor de Codelco, ha propuesto repartir su precio entre sus dueños chilenos. Y se da el caso de que a cada uno le correspondería recibir dos millones de pesos. Una suma que la mitad de los chilenos, probablemente, a los que "les cuesta llegar a fin de mes", jamás ha tenido ni esperado tener. Y he aquí un candidato que les dice, "si me eligen presidente, cada uno de ustedes va a tener esa suma en su poder." Y yo creo que lo van a elegir, a él y a un Congreso que apoye su idea, porque cada votante va a tener dos millones de buenas razones para hacerlo.

Curiosamente, ha habido hasta opiniones de derecha adversas a la idea de privatizar Codelco, en circunstancias que hacerlo es un win-win para el país. No hay por dónde perder.  La gente va a tener ese nuevo poder adquisitivo en su poder, sin ningún efecto inflacionario, porque provendrá de un activo que es de esa misma gente, es decir, no hay creación artificial de poder de compre y eso garantiza que no genera inflación.

Además, todo el mundo sabe que Codelco es un desastre. En tiempos en que la minería del cobre privada obtiene ganancias extraordinarias, Codelco ya no tiene excedentes que darle al fisco de su producción de cobre. Escondida (privada) le da mucho más, a título de impuestos. Codelco privado le daría más, porque dejaría de ser una empresa explotada por un grupo privilegiado, encabezado por altos ejecutivos que ganan enre 40 y 50 millones de pesos mensuales por hacer todo mal. Y se terminarían los centenares de millones para fundaciones de políticos o primeras damas que reciben altas sumas de Codelco con recursos "no destinados a la producción de cobre".

Supongo que la izquierda está desesperada, porque sabe que a este gobierno de derecha tibio va a suceder otro de derecha de verdad, por el cual la mayoría va a votar por una razón muy sencilla: porque si votan por otro perderán dos millones de pesos. 

¿Qué creen ustedes que va a ponderar el elector, en el secreto de la cámara de votación, en poco más de tres años más?


domingo, 20 de septiembre de 2026

DIRÍJASE A LA IZQUIERDA, MONSEÑOR

El cardenal-arzobispo Fernando Chomalí declaró a Radio ADN el 17 de septiembre pasado, su oposición a un indulto de los presos políticos militares, explicando: "Nadie va a poder comprender en toda su profundidad lo que significa para una familia tener un familiar detenido y desaparecido". Añadió: "El beneficio no puede transformarse en un borrón y cuenta nueva". Y luego demandó a los militares un "aporte de información verdadera para dar con el paradero de los detenidos desaparecidos".

Anda muy perdido monseñor: a los militares sólo puede demandárseles información sobre denuncias bajo su gobierno, es decir, hasta el 11 de marzo de 1990, y no sobre casos de desapariciones que crearon sucesivas comisiones posteriores a 1990, motivadas por móviles económicos. 

El total de denuncias sobre detenidos desaparecidos hasta el 11 de marzo de 1990 era de 674 y eso está documentado en el libro de la investigadora francesa Suzanne Labin, que en 1978 obtuvo de la Vicaría de la Solidaridad el número total de denuncias, 651, lo cual publicó en su libro "Chile, el Crimen de Resistir". Esa cifra nunca ha sido objetada.

Y luego en el Informe Rettig, de 1991, que completó la información hasta 1990, pues detalló los detenidos desaparecidos cada año entre 1978 y 1990: 23 en total, menos de dos al año. 

Total del Gobierno Militar, entonces, 674. A ese régimen no pueden imputársele casos denunciados después de su término. 

En su libro "La Verdad Histórica II ¿Desaparecidos?" el exdirector de la DINA, Manuel Contreras, determinó que en la nómina de los detenidos desaparecidos había nombres que no figuraban en el Registro Civil. Luego, son personas inexistentes. Otro número aparecía viajando al exterior, según Extranjería. Otro era de personas que habían sido vistas vivas, según declaraciones juradas ante notario. Y, en fin, había varios centenares cuyos restos habían sido recibidos por el Instituto Médico Legal y luego enviados al Cementerio General sin haber sido reclamados, Hasta hoy tampoco han sido identificados. ¿Por qué? Están ahí. Que la izquierda permita identificarlos, monseñor. 

Excepto uno, el más famoso, que ya no está ahí: dio lugar a la película "Missing" ("Desaparecido"), del cineasta griego comunista Costa Gavras, protagonizada por Jack Lemmon, personificando al padre de Charles Hormann, supuesto detenido desaparecido..

Un agente civil del Gobierno Militar, Rafael González Berdugo, me contó que recibió el encargo de encontrarlo, a raíz de que la  embajada norteamericana reclamó, en marzo de 1974, al entonces Canciller, almirante Carvajal, por la desaparición de Charles Hormann. 

González fue al Instituto Médico Legal, donde le informaron que un cadáver con ese nombre, recogido de la calle, había llegado ahí y luego había sido enviado al Cementerio General. Fue allá, ubicó sus restos y los hizo exhumar, entregándolos a la embajada norteamericana. O sea "Missing", la película, no es verdad. 

Pero después un juez de DD. HH. comunista que investigaba el mismo caso Hormann, condenó a cinco años a Rafael González como cómplice de su asesinato, que no tuvo autor. Siendo que González se limitó a hallar sus restos cuando se le ordenó buscarlos. Debió purgar cinco años y un día de presidio. Así es nuestra justicia roja.

¿Por qué en 36 años no se ha identificado más restos del Cementerio? Porque seguramente los deudos están cobrando pensiones por su desaparición y si se encuentran los restos pueden perderlas, como sucedió al ubicarse a la "detenida desaparecida" Bernarda Vera en Argentina. Después hubo una chilena residente en Israel que espontánemente dijo a un noticiero que, pese a los ataques de Hamas, no podía volver a Chile porque se perdía su pensión de detenida desaparecida. Lo vi y oí.

El exgeneral Contreras, exdirector de la DINA, detalló incluso los casos de guerrilleros supuestamente desaparecidos que habían sido muertos y luego sus cuerpos lanzados al mar por la DINA desde uno o más helicópteros.

Monseñor: no se quiere identificar, los centenares de restos que hay. Como pidió en su momento que se hiciera el entonces diputado Johannes Kaiser. ¿Por qué no se quiere identificarlos? Porque van a "aparecer" y la izquierda no quiere dejar de cobrar por su desaparición.

Diríjase a ella, monseñor.



























































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































}



















































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































jueves, 17 de septiembre de 2026

DISCURSO QUE DEBIÓ DECIR KAST PERO DIJO CARLA

Sabemos que el presidente José Antonio Kast y el establishment contemporizador con la izquierda totalitaria "se fugaron" el 11. Hicieron "como si" el 11 no existiera. Como si la efeméride mas trascendental, después del 18 de septiembre, no hubiera acontecido. Pero ocurrió y así la conmemoró la figura femenina más importante del país, Carla Fernández Montero, presidente de la Corporación 11 de septiembre. En la fecha expresó, interpretando a la mayoría patriótica, nuestra amargura por este "pago de Chile"::

Señoras y señores; socios y adherentes de la Corporación; familias que

han venido desde lejos; camaradas que partieron y, sin embargo,

continúan en nuestras filas:

Faltan rostros en este acto, y no por voluntad propia. A unos los

retiene un portón en Til Til; otros ya no volverán, porque se apagaron

este año en una celda, aguardando una resolución que llegó tarde o no

llegó. Cada año la nómina se alarga. Esa ausencia lleva un apellido, y lo

hemos pronunciado ante estrados, ministerios y auditorios que hubieran

preferido no oírlo: geriatricidio carcelario.

Han pasado cincuenta y tres años desde aquel septiembre, y

abundan quienes fingen no recordar cómo se vivía la víspera. Ustedes sí

lo recuerdan; lo tienen grabado en la piel. Las madres alineadas desde la

madrugada, con la escarcha en el pelo, para volver sin la leche de los

niños; la JAP decidiendo en cada cuadra, según la filiación del vecino,

quién compraba y quién no; el mercado negro floreciendo en las

trastiendas en tanto las góndolas se vaciaban; una inflación que devoró

el quinientos por ciento y convirtió el sueldo del mes en un puñado de

papel al mediodía; más de medio millar de fábricas y fundos tomados

por la fuerza, con sus dueños expulsados entre consignas; los

camioneros detenidos en las rutas y el campo sin semilla ni

combustible. No han olvidado el miedo, que es lo más difícil de contar:

el obrero que no sabía si al despertar tendría empleo o cordón industrial;

la sobremesa del domingo rota a gritos entre hermanos; las brigadas

desfilando por las avenidas al grito de que el poder se tomaba y no se

votaba. En mayo de 1973 la Corte Suprema denunció formalmente la

inminente quiebra de la juridicidad; en junio los tanques rodaron por el

centro; en julio asesinaron al edecán naval de Allende; el 22 de agosto la

Cámara de Diputados declaró, por amplia mayoría, que el Ejecutivo

había roto la legalidad constitucional de la nación. Chile se desangraba

sin que hubiera comenzado siquiera la guerra civil que tantos daban por

inevitable.

En ese abismo, oficiales, suboficiales, clases y conscriptos

tomaron sobre sí la decisión de detener la caída, y la dejaron escrita ese

mismo día en el acta fundacional de la Junta de Gobierno: asumían el

mando para "restaurar la chilenidad, la justicia y la institucionalidad

quebrantadas". Muchachos de dieciocho años que cumplían con su

deber sin haber elegido la hora que les tocó vivir, y que peinan canas

con la boina todavía en un cajón. A todos ellos rendimos homenaje, sin

distinción de grado. Son hombres de honor. El honor no se pierde por un

fallo ni se marchita con la edad; tampoco cabe en un legajo.

No venimos a reescribir la historia; venimos a impedir que se la

cuente por la mitad. Lo que en aquellos años se levantó permanece en

pie, sostenido precisamente por quienes juraron demolerlo. Veintiocho

años de gobiernos adversos conservaron la economía abierta, el sistema

previsional de 1980 y la división del territorio en trece regiones, sin

remover cimiento alguno. El general Pinochet lo resumió en 1987 en

una fórmula que incomoda hasta hoy a más de uno: hacer de Chile "un

país de propietarios y no de proletarios". La fruta chilena, que exportaba

treinta millones de dólares en 1974, multiplicaba esa cifra por más de

cuarenta antes de terminar la centuria, y Chile salió a vender al mundo,

hasta el Asia, cuando el resto de América ignoraba el Pacífico. La salud

se reorganizó con FONASA en 1979 y las ISAPRES en 1981, y Chile

alcanzó 1990 con una mortalidad infantil de dieciséis por cada mil

nacidos vivos, entre las más bajas del continente. En 1975 el Metro de

Santiago comenzó a rodar bajo la Alameda; en 1978 corría ya la

segunda línea. Las centrales de Antuco y de Colbún-Machicura

encendieron la luz de incontables casas. La Carretera Austral, mil

doscientos kilómetros de eje longitudinal y otros mil de ramales

arrancados a la cordillera, a los fiordos y al bosque por el Cuerpo Militar

del Trabajo, con picota, dinamita y botas empapadas, rescató a Aysén

de un aislamiento de siglos; hay caseríos que hasta ese día jamás habían

visto un camión, y lo vieron gracias a esos zapadores. En abril de 1984

se fundó Villa Las Estrellas y, siete meses más adelante, nació el primer

chileno en la Antártica: el pabellón se plantó con cunas, no con estacas.

En diciembre de 1978, con las tropas argentinas desplegadas en la

frontera, la contienda se evitó por el cauce jurídico y la mediación

pontificia, hasta que el Tratado de Paz y Amistad, seis años después,

selló para siempre la soberanía sobre Picton, Nueva y Lennox.

Aquella obra se entregó en paz. El plebiscito de 1988, las

enmiendas de 1989 y la transmisión del cargo de marzo de 1990

configuraron un tránsito que se estudió como modelo en el extranjero.

Toda esa arquitectura descansaba sobre un supuesto que ninguno

escribió pero todos entendieron, el respeto al Decreto Ley 2.191, la

amnistía de 1978; sin honrar ese compromiso la reconciliación era

imposible y la democracia naciente carecía de suelo. Esa base se

quebró. Vinieron la detención de Londres en 1998, la querella del

Partido Comunista y la seguidilla que la siguió, las reformas de 2005 y

una oleada de tratados internacionales leídos de tal modo que borraron

la prescripción y consagraron la retroactividad. Lo que se anunció como

clausura de una época degeneró en algo distinto, que la doctrina designa

con una expresión menos amable, retribución retroactiva, y que, a más

de un tercio de siglo, no cesa de devorar presupuestos, tribunales y

vidas.

Existe una realidad que pocos fuera de esta sala conocen y que

esta Corporación se ha impuesto la obligación de repetir hasta que se

escuche. Los militares de entonces son juzgados con el Código de

Procedimiento Penal de 1906, un proceso inquisitivo, escrito y secreto,

en el que una misma persona investiga, acusa y sentencia; en el que la

instrucción puede prolongarse durante lustros sin plazo que la limite; en

el que la prueba de presunciones suple la evidencia material que los

años destruyeron. Ese rito dejó de regir para los delitos posteriores a la

reforma del año 2000; en la práctica actual sólo se emplea con quienes

sirvieron en las Fuerzas Armadas. Un sicario foráneo del crimen

organizado dispone de más garantías procesales que un nonagenario

que vistió el uniforme de Chile. A eso se sumó una jurisprudencia que,

con el ropaje de doctrinas importadas, hizo bastar el rango y la función

para sellar destinos de cientos de años de encierro; condenados por lo

que eran, más que por lo que hicieron. Los antiguos lo llamaron Ley del

Talión; ahora se presenta con toga y birrete. Una pena nacida tras los

hechos no previene nada; se limita a cobrar venganza. Eso, señoras y

señores, no es derecho penal.

Entretanto, los años hacen su labor. Punta Peuco fue cerrado como

recinto especial y sus internos pasaron al régimen común. Octogenarios

y nonagenarios con cáncer o con demencia dependen de otro recluso

para calzarse los zapatos. Una esposa septuagenaria plancha cada

sábado la camisa de la visita y regresa en micro, con la bolsa vacía y las

manos en el regazo. Una hija se casó sin su padre en la iglesia. Un

abuelo descubrió la cara de su nieta en una fotografía que pasó por la

revisión de la guardia. Presos hubo que fallecieron con un recurso de

amparo pendiente. El Estado de Chile ha hecho del tiempo su

instrumento; no requiere decidir, le basta esperar.

A los ex uniformados que nos acompañan les hablo con

franqueza. Saben mejor que nadie el peso de esta espera, pues cada uno

carga con un compañero de armas privado de libertad, un nombre que

repasa a solas cuando revista en su memoria. El mismo Pinochet, al

despedirse del Ejército en 1998, agradeció a los seres queridos de sus

soldados, que "con su comprensión y apoyo también participaron en las

nobles tareas realizadas"; esas personas están sentadas a escasos metros

de este atril, y siguen participando, con la misma comprensión, en la

más ingrata de todas. Nadie juró a la bandera para acabar sus días en un

catre de Gendarmería. Que la lealtad aprendida en los cuarteles no se

haya resquebrajado en tan largos inviernos vale más que cualquier

condena.

Señor Presidente de la República: usted dijo hace unas semanas

que "nadie merece morir en la cárcel sin saber que está en la cárcel".

Esta Corporación recogió esa declaración con la seriedad debida. La

facultad de indultar le pertenece; la oportunidad, también. No se le pide

impunidad. Se le reclama que las penas de quienes ya superaron los

ochenta y los noventa años prosigan donde resulte digno cumplirlas, en

el hogar que levantaron, rodeados de los suyos, como la legislación lo

permite y la conciencia lo manda. Cinco senadores han ingresado, por

su parte, un proyecto de ley. Cualquiera de los dos caminos sirve; lo que

no admite excusa es el silencio, ya que cada semana de demora se mide

en funerales. Las promesas de campaña se pagan en actos, y ellos ya no

disponen de años para aguardar.

A los jueces les decimos que la posteridad también les tomará

cuentas, y que la norma que hoy se dobla contra un anciano será la

misma que un día le falte a otro ciudadano. A la clase política le

advertimos que esta patria padece enemigos reales, que matan,

secuestran y corrompen a diario, y que cuando las madres vuelvan a

formarse en la calle, esta vez clamando por orden, alguien tendrá que

acudir. Ojalá quede quien esté dispuesto.

Al despedirnos, un ruego concreto. Esta Corporación se sostiene

con sus miembros, y cada incorporación inclina un poco más la balanza

cuando toca hacerse oír en La Moneda, llenar una audiencia o escoltar a

una viuda al cementerio. Traigan a su gente, a los amigos que piensan

como nosotros y no se han atrevido aún a decirlo en público. Quien

ingresa no rubrica un formulario; recoge el relevo de los que ya no

pueden marchar. Quienes no pudieron venir necesitan que seamos más.

Volvamos a los ausentes. No pedimos olvido; el olvido sería otra

forma de injusticia. Pedimos que se cierre, de una vez, un capítulo

abierto desde 1973, y que quienes en su momento dieron un paso al

frente por Chile puedan expirar en su lecho, con la mano de un hijo

sobre la suya y voces amadas en la pieza de al lado, y no ante la mirada

de un gendarme. Mientras eso no ocurra, esta casa seguirá

pronunciando lo que otros callan: geriatricidio carcelario. Que cada

muerte entre rejas pese sobre quienes podían impedirla y apartaron la

vista. Ningún ministro de fuero debería dormir tranquilo al firmar

prórrogas sobre moribundos. Que Chile sepa que aquí no se implora

clemencia, se exige derecho; y que, hasta que el último de los nuestros

salga por una puerta con cerrojo, no bajaremos la voz ni soltaremos el

expediente. Aquel día de 1998, al dejar la comandancia, él pudo decir

"¡misión cumplida!". La que hoy nos convoca no ha concluido. Ellos

respondieron cuando Chile los llamó. Nos corresponde responder.

¡Viva Chile!

Carla Fernández Montero

Abogada

lunes, 14 de septiembre de 2026

MASACRADOS POR MOSCIATTI

Tomás Mosciatti es el Larry King chileno. Este último, entrevistador norteameriano hace largo tiempo fallecido, exhibía llamativos suspensores y generalmente sabía más que sus entrevistados del asunto en discusión y terminaba, habitualmente, "masacrándolos" en cámara.

En Chile surgió un imitador suyo, Tomás Mosciatti, periodista co-dueño de Radio Bío Bío, que con los mismos suspensores y el mismo grado de información, pone en apuros y a veces "masacra", cuando le resulta posible, a sus entrevistados.

Recuerdo, en particular, la entrevista que le hizo al candidato José Antonio Kast en la presidenical de 2021, en que literalmente "lo deshizo" con acusaciones, entre otras, de torturas bajo el Gobierno Militar, nada de lo cual José Antonio fue capaz de replicar, por carecer de información o personalidad, o ambas. 

En esa oportunidad yo le hice en este blog una crítica dura a Mosciatti, porque domino los hechos mejor que José Antonio Kast y, en general, que todos los políticos del momento. En entrevista reciente a Johannes, éste tuvo más energía para replicar, pero quedó de manifiesto que tampoco maneja toda la información, así es que las acusaciones de "torturas" bajo el Gobierno Militar tampoco fueron adecuadamente replicadas.

El hecho es que Mosciatti masacra a los candidatos de la derecha con ese tema y casi no los deja replicar, porque repite esa palabra insistentemente. Como si las torturas hubieran sido una práctica introducida en Chile bajo el Gobierno Militar, cuando ha sido todo al revés: son un procedimiento antiguo en los gobiernos chilenos y bajo el único régimen en que habían sido penadas había sido el militar.

Recuérdense los centenares de páginas de la revista Punto Final, que en los años '70 acusaron al régimen de Eduardo Frei Montalva de torturar a opositores, denuncia que firmaron cien abogados de izquierda, incluyendo a Ricardo Lagos.

Después, en el gobierno de Allende, las torturas de opositores fueron habituales. Y eso que la derecha nunca tuvo guerrillas que cometieran atentados. 

Bajo Allende las denuncias de torturas salieron in extenso en los diarios, en particular en los casos del entonces director del diario El Cóndor de Santa Cruz, Maximiano Errázuriz, que después fue diputado. Tras ser torturado por detectives miristas, fue amarrado a una vía férrea por donde pasaban trenes. Por fortuna lo desataron antes de que pasara alguno.

La tortura de opositores fue tan frecuente en el gobierno de Allende que constituyó uno de los capítulos por los cuales el Acuerdo de la Cámara del 22 de agosto de 1973 llamó a los militares a destituirlo.

Entonces los derechistas "masacrados" por Mosciatti con el tema podrían perfectamente replicarle que era una práctica inveterada de los gobiernos chilenos anteriores y que el régimen militar fue el único bajo el cual se la persiguió y sancionó, como lo probó la condena en los años '70 del Comando de Vengadore de Mártires, cuyos detectives fueron a presidio por haber aplicado apremios ilegitimos a un subversivo de izquierda.

Pero para decir eso hay que interrumpir a Mosciatti, que no se deja interrumpir. Pero en abono de éste hay que decir que es igual con entrevistados de izquierda y de derecha. 

Alguien debería refutarlo en sus propias entrevistas cuando esgrima la tortura bajo el Gobierno Militar, que ha sido su leit motiv contra Kast y Kaiser, pero nadie lo ha hecho, salvo este blog..

Cuando el siguiente político de derecha, defensor del Gobierno Militar (¿queda alguno, excepto el senador Ignacio Urrutia?) sea víctima del intento de "masacre" de Mosciatti, debería contestarle todas esas cosas y, en particular, recordarle que las torturas del régimen de Allende, por ejemplo, en el caso de Juan Luis Ossa (QEPD), salieron publicadas in extenso en El Mercurio, en febrero de 1972, y Allende nunca las desmintió y ni siquiera escribió al diario al respecto, siendo que quien las aplicaba era su subdirector de Investigaciones, el comunista Carlos Toro.

Entonces, cuando el Larry King chileno acose de nuevo a un político de derecha con las torturas, éste ya sabe lo que le debe replicar.


domingo, 13 de septiembre de 2026

LA GRAN FUGA DEL 11

Supongo que a estas alturas y visto y oído todo lo visto y oído, a nadie le cabe duda de que éste, ya definitivamente, es otro gobierno de la centroderecha contemporizadora. 

O sea, Kast es Piñera III, salvo en cuanto no persigue militares (pero tampoco los indulta). Ni privatiza nada (pero tampoco estatiza). Y, tal como Piñera, se cuida de no rozar a la extrema izquierda ni siquiera con el pétalo de una rosa.

Entonces ¿qué hace un gobierno así en su primer aniversario del 11 de septiembre de 1973? ¿Qué dice y hace el presidente? No dicen nada y él se ausenta de La Moneda ese día. Se fuga al sur. 

¿Qué hace la prensa contemporizadora? Lo que El Mercurio: no mencionar siquiera la efeméride chilena más importante desde la independencia. Bueno, ese mismo diario, el 8 de marzo pasado, ya había publicado una lista de todos los traspasos de mando de la historia de Chile y en ella había un vistoso blanco: entre 1973 y 1990 no hubo --según ese diario-- ningún gobierno y, por tanto, en 1990 no hubo traspaso de banda presidencial.

Todo esto por contraste con la izquierda. Todos sus presidentes y en particular Boric hacían una conmemoración estridente de la "tragedia" del 11.09.73, en que los "inocentes" marxistas-leninistas, que querían tomar el poder por las armas,  habían sido cruelmente arrasados por unos militares convocados por una "marea política iliberal", que en la Cámara había votado 81 a 47 a favor de llamar a los uniformados a poner término al régimen de Allende. Con una pequeña nota al pie: formaba también parte de la alianza opositora a Allende y formuló el llamado, un  partido de la Unidad Popular, el de Izquierda Radical (PIR), que también votó a favor de convocar a las fuerzas armadas. Llamado que el entonces Presidente del Senado, Eduardo Frei Montalva, ya en junio de 1973, les había aconsejado formular a los líderes empresariales ("Acta Rivera").

¡Qué contraste entre el entreguismo de la centroderecha para no celebrar una efeméride y la vehemencia de la izquierda para condenar a quienes le impidieron instalar en Chile otra "tiranía comunista" (Aylwin I dixit en 1973, aunque Aylwin II lo hubiera "olvidado" en 1990).

Y no puedo dejar de mencionar a políticos y columnistas de la centroderecha que este 11 entregaron su reconocimiento a la izquierda por su "dolor". La derecha, en cambio, no debe sentir "dolor" ni recordar al carabinerio Hilario Novoa, asesinado por custodiar la Llama de la Libertad; o al carabinero Fabriciano González Urzúa, ultimado el mismo 11 de septiembre de 1973 por las, hoy, "víctimas" de la izquierda. Este último héroe le dio su nombre a la Escuela de Suboficiales de Carabineros que, sorprendentemente, lo ha conservado a través de todos los regímenes concertacionistas, entreguistas e incluso derechamente marxistas, como los de Bachelet II y Boric. Ojalá a Kast no se le vaya a ocurrir ahora cambiárselo, para complacer a la izquierda.

Así, el 11 de septiembre de 2026 pasa a ser tambien una lastimosa pequeña anti-efeméride, recordatoria de la gran fuga del régimen y la centroderecha contemporizadora, para no tener que celebrar el aniversario de la segunda fecha más importante de la historia nacional.  

viernes, 11 de septiembre de 2026

¿POR QUÉ ME PIDEN PLATA EL 11?

El camión de la basura me pidió plata con motivo del 11. El repartidor del diario, pese a que la mitad del año no me llevó Las Últimas Noticias, a la que también estoy suscrito junto con El Mercurio, también me pide plata el 11. El cartero lo mismo: me dejó un sobrecito con su cuenta corriente para que le deposite.

¿Qué pasó un 11 de septiembre, que todos me piden plata? Busco en El Mercurio, que me llegó todo mojado y no tuvieron una bolsita plástica para un día de lluvia. Pero en El Mercurio no dice nada sobre que hubiera ocurrido algo extraordinario un 11 de septiembre de algún año pasado en Chile. Todo lo contrario, su primer editorial viene con elogios para Camilo Escalona, dirigente socialista recién fallecido, que un 11 de septimbre de 1973, como parte activa de la guerrilla marxista que entonces denunciaba El Mercurio, buscaba refugio en alguna embajada.

Sí, algo debe haber ocurrido un 11 de septiembre en Chile. Algo que también lleva al lumpen de izquierda, todos los años, a causar especiales destrozos, desórdenes y atentados en esa fecha. Algo que lleva a ciertos grupos a vandalizar el monumento a Jaime Guzmán, senador asesinado por el Partido Comunista, a la entrada de Vitacura. No hay ninguna estatua de Jaime Guzmán, porque sus amigos, al momento de inaugurarlo, supieron que los comunistas la iban a destruir. Pero de todas maneras, el recinto es vandalizado cada 11, porque algo sucedió --que no sale en el diario-- que lleva al lumpen de izquierda a destruir en esta fecha. 

A lo mejor hay gente que piensa que sin un 11 de septiembre hoy seríamos como Cuba, con su 95 % de pobreza, sin  libertad de expresión y con un partido único, mucha escasez y mucho retraso, cuya gente quiere irse. Por lo menos los que han venido a Chile de allá son los mejores defensores de la memoria de Pinochet. ¿Quién es Pinochet? Hoy ningún diario lo nombra, pero sí lo nombran los videos de cubanos exiliados que se declaran "partidarios del capitalismo salvaje de Pinochet, porque si necesito gas lo pido por teléfono y me lo vienen a dejar, no como en Cuba, donde hay que hacer cola para conseguirlo y no te lo venden si no tienes tarjeta de racionamiento." Eso dicen los cubanos exiliados acá, todos pinochetistas y defensores del "capitalismo salvaje" chileno.

Algo debe haber ocurrido acá un 11 de septiembre para que hoy sucedan y se digan todas estas cosas. Si alguien averigua qué pasó, que llame al principal diario para que se entere e informe a sus lectores, aunque sea con retraso.


jueves, 10 de septiembre de 2026

¿ERA PINOCHET UN DICTADOR?

Con motivo de este 11 de septiembre un catedrático español se ha hecho esa pregunta... y la ha respondido de la siguiente manera:

Aunque lo pregonen a los cuatro vientos los interesados voceros de la falsa libertad, siga muda la amplia y congelada meseta austral, y se marchite cada otoño la roja flor del copihue; la pregunta para el pueblo racional chileno seguirá siendo la misma, después de cincuenta y tres años de haber salvado al pueblo de la tiranía marxista, aún vigente en nuestro hemisferio en Cuba y Nicaragua: ¿era Pinochet un dictador?

Los griegos elogiaron siempre las dictaduras, y los romanos tuvieron que acudir a ellas para salvar el Imperio del caos y la molicie; ambos pueblos distinguieron claramente entre dictaduras y tiranías. Plutarco y Cicerón fueron los primeros en dar carta de naturaleza al pueblo para resistirse a los tiranos que gobernaban en contra de sus intereses. Tomás de Aquino, Francisco Suárez o el padre Mariana avanzaron sobre la licitud del tiranicidio; sobre aquellos usurpadores del poder, ejercido sin título alguno; o contra el “dictador soberano” que, accediendo legítimamente al poder, lo ejerce de manera despótica y en detrimento del interés general.

De estas y otras enseñanzas debían haberse valido los gobernantes revanchistas de laizquierda más blanqueada y abyecta, Bachelet y Boric; y la derecha más ayuna deprincipios y cobarde, Piñera, para no mantener a los defensores de la libertad en Chile en 1973, prisioneros, ad eternum, como delincuentes sin ningún derecho exigiblecomo al resto de los ciudadanos.

Punta Peuco es, cada día que pasa, un mayor atentado al estado de derecho, una injusticia lacerante, una ignominia colectiva irreparable, una impiedad manifiesta con personas que, además de salvar a Chile del comunismo, tienen una edad que no admite la permanente venganza. Descubrir las profundas razones por las que Pinochet dejó el poder, de forma procesal y plebiscitaria, y mantuvo la neutralidad del ejército, ayudaría. ¡El odio y la ceguera no pueden soslayar esas evidencias!

La figura política de Augusto Pinochet ha sido objeto de intensas controversias, en el hipócrita universo del liberalismo democrático, porque su dictadura no era de izquierdas, progresista. Porque procuraba el progreso de su pueblo, salvaguardando la integridad de la nación. Porque no admitía el juego partitocrático siempre divisor y corrosivo.

Un mínimo, pero riguroso examen sobre la naturaleza del poder ejercido por el jefe del Estado Chileno entre 1973 y 1990, nos debería llevar al convencimiento de que su régimen militar distó mucho de ser una dictadura. Abordó el concepto técnico de dictadura; el modo en que Pinochet accedió al mando; la estructura jurídica de su mandato; el proceso constituyente que éste generó y la dimensión psicológica del propio Pinochet. El resultado, analizando esas variables, nos lleva al convencimiento de que no fue una “dictadura soberana”, querida y buscada por él, por un grupo social o un partido. Bien al contrario, su poder fue un mandato esencialmente “comisorio, autolimitado, que deriva de un mandato histórico y moral”, refrendado ampliamente por los chilenos en todo el período constituyente, en que se convirtieron sus diecisiete años de paz y progreso”. Lo comprendieron pronto los intelectuales comunistas de entonces, y de ahora, que esperaron que el tiempo dinamitara la gratitud, el respeto y el valor de aquella generación de chilenos fundantes.

Conviene acotar lo que se entiende, en filosofía política, por dictadura, siguiendo el racionalismo europeo, dónde se afirma, “es una magistratura suprema, personal y excepcional”. Suprema, porque actúa con capacidad decisoria última; personal, porque se concentra en un individuo dotado de carisma o autoridad militar; y excepcional, porque no constituye una forma política ordinaria, sino que aparece en momentos críticos de la vida nacional.

Pero dentro de ese marco, deben distinguirse dos modalidades: La dictadura soberana, en la que la voluntad del gobernante es fuente creadora de todo el ordenamiento y poder público. Y la dictadura comisoria, limitada por un mandato histórico, en circunstancias de emergencia que afectan tanto a su misión como a su duración. Esta segunda modalidad es la que encaja con el gobierno de Pinochet, que crea un orden nuevo, ex nihilo, como un mandato requerido por unas circunstancias críticas y asumido como una obligación limitadora.

En segundo lugar, resulta necesario explicar, que tanto la elección de Pinochet, como su legitimación, no fue una autoproclamación, sino la asunción de su obligación como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, garantes de la independencia y soberanía de su nación. En dicha excepcionalidad se le otorgan “todos los poderes del Estado”, sin limitación temporal, para la gobernanza y la paz, tras el colapso de la legalidad de Allende, y como respuesta a un vacío de poder efectivo. De ahí que Pinochet no se impusiera a la sociedad, sino que fue “alzado por ella”; una apreciación evidenciada por la sociedad que sostuvo la responsabilidad histórica de su ascenso, compartido “por una fracción mayoritaria del pueblo y la nación”.

En tercer lugar, desde el punto de vista estrictamente jurídico e histórico, el gobierno de Pinochet fue un poder regulado, incompatible con la voluntad creadora absoluta.

No puede considerarse, la magistratura de Pinochet, como una dictadura soberana,aunque recibiera plenos poderes; pues éstos se fueron progresivamente autolimitando, mediante la creación de un orden constitucional propio, articulado a través de las leyes y los gobiernos en sus mandatos, que configuraban una estructura política estable, previsible y reglada.

Ello acredita el proceso autolimitador y constituyente de Pinochet, a medida que la situación nacional se estabilizaba. Lejos de perpetuar una concentración ilimitada de poder, construyó gradualmente un entramado jurídico-político que fijaba competencias, definía instituciones y permitía la continuidad histórica de Chile, más allá de su persona. Esto resulta innegable, hoy. Este proceso había culminado en 1990, dando paso al nuevo orden, donde se precisan las funciones del Estado, del Gobierno, de las Cortes y del propio jefe del Estado, creando una separación de poderes funcional que reducía la discrecionalidad personal. Pinochet pretendió ser el fundador de un orden temporal, muy beneficioso para el pueblo chileno; no el gestor arbitrario de un régimen personalista.

La finalidad de la acción política de Pinochet, en el ejercicio del poder, estuvo guiada por un principio de servicio público, entendido como un deber moral. Pinochet vivió su responsabilidad “como un compromiso”, orientado al restablecimiento del orden, la reconstrucción económica y la continuidad histórica de Chile. No hubo voluntad de dominio personalista o mesiánico, sino una actitud de “protector o procurador”.

El perfil psicológico de Pinochet, dado por quienes lo conocieron bien y lo trataron durante años, conviene traerlo a colación, ahora. Pinochet era, por su carácter, la contrafigura del prototipo dictatorial. Los dictadores clásicos - desde Pisístrato a Sila, desde Napoleón a Mussolini, Stalin, Fidel Castro o Chávez - se caracterizaban por voluntades fuertes, impetuosas, egocéntricas y marcadas por un talante autoritario.

En cambio, Pinochet, poseía un temperamento “abierto, respetuoso, bonachón y extraordinariamente dúctil”, que lo situaba “en las antípodas del arquetipo autoritario” identificado por la psicología política contemporánea. Ello también explica su capacidad de escucha, la serenidad en la toma de decisiones y su sentido del deber, favoreciendo una estabilidad institucional que evitó las tensiones propias y externas del tiempo que le tocó gobernar.

Jaime Alonso García, abogado, expresidente de la Fundación Nacional Francisco Franco, España.


martes, 8 de septiembre de 2026

¡¡¡KRRRAAASSSNOOOFFF!

Los comunistas se especializan no sólo en el asesinato de personas, como los cien millones que les acreditó "El Libro Negro del Comunismo", de Stphanne Courtois y otros, sino que son eximios en el "asesinato de personalidades". En divulgar atrocidades sobre sus adversarios, por falsas que sean. Lo notable es que personas no comunistas repitan sus imputaciones. 

Yo mismo me auto sorprendí hace años diciendo que el de Gabriel González Videla había sido un mal gobierno, influido por todo lo negativo que le imputaban los comunistas, a los cuales había llevado a su gobierno, primero y, luego de conocerlos y darse cuenta de que fraguaban un golpe en su contra, había puesto fuera de la ley (Ley de Defensa de la Democracia, mejor conocida, gracias a la propaganda comunista, como "Ley Maldita".)

Cuando entré a la redacción de El Mercurio en 1962, siendo "joven e indocumentado" así y todo sabía que un destacado intelectual peruano, Eudocio Ravines, que había sido comunista, se había desilusionado y dejado de serlo, Había escrito un libro muy inteligente y honesto, "La Gran Estada", que se vendía en toda Sudamérica y en particular en Chile. Probaba que el comunismo es lo que casi todo el mundo sabe o debería saber: una gran estafa.

Entonces el comunismo desató contra Ravines una campaña de denigración e injurias parecida a la que mundialmente desató y patrocinó desde 1973 contra Augusto Pinochet y a la que antes había desplegado para "asesinar la personalidad" de González Videla. Un redactor le propuso al director del diario entrevistar a Ravines, que estaba acá, pero el director se negó, diciendo que Ravines "estaba desprestigiado". Compró la propaganda comunista. Me sorprendió mucho. No fue la última vez.

El turno ha sido, desde los 90, contra Pinochet y Miguel Kraaanoff. Ha sido tan terrible contra éste que ya su solo nombre ha pasado a ser sinónimo de horror. Los jueces se sienten autorizados a condenarlo por cualquier cosa, sin probarlo. La candidata presidencial comunista Jeannette Jara lo describió practicando un aborto a una prisionera con objetos metálicos, ante una teleaudiencia de millones. Un monstruo. Contra Krassnoff no importa no tener pruebas.

Hace poco la entrevistadora de Mega, Constanza Santa María, usaba su apellido, pronunciando rítmicamente "Krassnoff", para acosar a un diputado de derecha, como sinónimo de "horror".

Y últimamente el senador DC Iván Flores ha dicho, para justificar su nula disposición a alguna forma alternativa de cumplimiento de sus penas por los presos octogenarios y nonagenarios: "No estoy dispuesto a aprobar ningún beneficio para Krassnoff", como si estuviera nombrando al demonio mismo. Un antiguo "malo" del cine se llamaba Boris Karloff y eso rima y ayuda a demonizar a Krassnoff.

Nunca se ha probado seriamente que haya detenido a alguien, pero circulan relatos atroces cuidadosamente inventados. Una vez el juez Solís, que le inventó sus primeras condenas sin pruebas y le dio 600 años de presidio, relató en cámara en la TV cómo había asesinado con sus propias manos a Diana Arón y salido del recinto chorreando sangre y diciendo: "era marxista y judía además". Yo insté a Miguel a mandar un dossier probando su inocencia en el caso --ocurrido cuando él no estaba en Chile-- al embajador de Israel, pero éste se lo devolvió airado sin siquiera abrirlo. El actual embajador de Chile en Israel, Gabriel Zaliasnik (UDI), apareció en Wikipedia afirmando que Krassnoff había asesinado a Diana Arón.

El paroxismo llegó cuando en 2015 el juez Mario Carroza le agregó otros veinte años a los casi mil de condena, por el "asesinato" del jefe del MIR, Miguel Enríquez, que cayó en una balacera en 1974 cuando, gracias a las averiguaciones del entonces teniente, se ubicó su guarida. El Ejército le impuso la Medalla al Valor, que no se otorgaba desde .a Guerra del Pacífico. Fue felicitado por la ciudadanía y los sindicatos bancarios porque Enríquez era un avezado asaltante de bancos y había ordenado a sus compinches disparar seis tiros a un agente bancario que se había negado a abrir la bóveda de su sucursal. 

Nunca se le ha probado un secuestro y está condenado por haber perpetrado más de 50, sosteniendo los jueces que hasta hoy mantiene al medio centenar de personas secuestradas. Ésa es la "verdad judicial". La primera vez que se le detuvo hace treinta años por el secuestro de Miguel Ángel Sandoval, escribió una carta a El Mercurio, que se la publicó, afirmando nunca en su vida haber visto, conocido ni menos detenido a esa persona. 

En medio de su orgía prevaricadora el solo juez Alejandro Solís lo condenó a 600 años por una treintena de supuestos secuestros, los que con el tiempo otros jueces han aumentado a casi el doble. Está condenado a más de mil años. Los abogados de izquierda le han sacado miles de millones de pesos al erario por el medio centenar de "secuestrados" que hasta hoy (es la "verdad judicial") mantiene Krassnoff.

Ésa es la forma de burlar la amnistía y la prescripción. Todo el mundo sabe que es todo falso, pero como se trata de "Krassnoff", que se ha convertido en sinónimo de "horror", está bien y la mentira judicial y la estafa al fisco deben continuar.

¡Lo que puede la propaganda comunista! Ya Miguel cumplió 30 años tras las rejas, es octogenario y es inocente, pero no saca nada: se llama Krassnoff, rima con Karloff y le produce plata a la extrema izquierda, de modo que, con la ayuda de la DC y la centrodereccha, debe continuar.