Boric no entiende cómo funciona una economía. La izquierda tampoco. Ni la centroderecha tampoco. Peor si lo entienden y hacen lo que hacen, porque entonces quiere decir que actúan de mala fe.
Si disminuyen la jornada de 45 horas semanales de trabajo por ley, a los actuales empleadores no les queda más que acatar. Pero a los trabajadores que contraten después les van a ofrecer sueldos más bajos, para volver al equilibrio anterior al aumento de sus costos.
Lo mismo si aumenta el sueldo mínimo obligatorio: el empresario va a contratar menos gente. Por la misma razón por la cual la gente compra menos bencina cuando ésta sube. Lo estamos viendo.
Ante todas esas medidas, los que entienden cómo funciona una economía saben de antemano que los sueldos reales van a bajar. Y el desempleo subirá. Y que el país crecerá menos porque se trabajará menos.
Lo mismo sucede cuando suben las cotizaciones previsionales de cargo del empleador: éste contratará menos personas. El desempleo va a aumentar.
Boric impulsó todas las alzas anteriores y por eso ha aumentado el desempleo y a los futuros contratados se les ofrecerá sueldos menores. Para compensar el alza de costos. El desempleo aumentó y el crecimiento sigue estancado.
Por esas razones y otras adicionales la derecha ganó el gobierno.
Lo cual no significa que la mayoría del electorado entienda cómo funciona una economía, pues todas las medidas que han estancado a la chilena siguen siendo ampliamente populares.
Es que la mayoría de los votantes tampoco entiende cómo funciona una economía.
Pero sí entienden que están peor. Y por eso eligen otro gobierno de signo opuesto, pensando que lo va a hacer mejor. Pero sin cambiar su opinión favorable a las medidas que los hicieron estar peor. Y si el siguiente gobierno aplica las verdaderas soluciones, paradójicamente la mayoría se desilusionará de él.
Ése es el gran problema político de nuestro país. Y posiblemente de la mayoría de los países.