Lula da Silva ha obtenido un inesperado triunfo, a pesar de que tiene un déficit del presupuesto del 6 % (Chile está preocupado porque va en el 2,6 %), una deuda externa que equivale al 83 % del PIB (Chile está alarmado porque va llegando al 45 %) y allá hay una semana de trabajo de 35 horas (acá el alto desempleo se explica por la reducción paulatina hasta 40 horas).
Hace unos 60 años Brasil se había hecho famoso por todo lo contrario: tras la crisis del gobierno de extrema izquierda de Joao Goulart, se registraba el "milagro brasileño" de alto crecimiento y espectacular progreso, presidido por el ministro de Hacienda, Roberto Campos, bajo un gobierno militar.
Como todos los milagros económicos conocidos, aquél se fundaba en la economía libre. Acá en los primeros años del gobiero militar chileno se procuró invitar a Chile a Roberto Campos para que diera a conocer sus experiencias. Pero la visita no se pudo concretar. En definitiva no importó, porque acá estuvo pronto a la cabeza del equipo económico un personaje tan eficazmente liberalizador como Roberto Campos: Sergio de Castro, que encabezó el "milagro chileno".
Cuando en los 80 la "crisis de la deuda" castigó a América Latina, hubo un interregno de interrupción del libre mercado, con un ministro de Hacienda del Partido Radical. Pinochet lo llamó "juego de piernas". Pero Chile volvió al libre mercado y fue el primer país en salir de la crisis, gracias a la audaz política privatizadora de un asesor de de Castro, Hernán Büchi. Totalmente entregado en 1985 a profundizar la economía libre y reducir el Estado, privatizó electricidad, telefonía, gas, acero y salitre, alentando la inversión nacional y extranjera. Ahí se iniciaron los "mejores 30 años" de nuestra historia, con alto crecimiento, disminución de la pobreza y la desigualdad, privatización de empresas estatales, reducción de la burocracia pública y por derivación natural, al final, democracias política.
Después de 2015 Brasil y Chile recorrieron el camino inverso, desmantelando poco a poco el modelo que les había brindado sendos "milagros". Allá Lula da Silva ha sido reelecto cuatro veces, con la de anteayer, y todo el mundo sabe que más temprano que tarde sobrevendrá una crisis terminal de su demagogia. Por algo la Bolsa de Valores cayó 13 % en un día y la moneda local, el real, se devaluó abruptamante 12 %, también en un día, mientras el riesgo-país aumentó 20 %.
Por añadidura, Lula ganó haciendo ofrecimientos demagógicos que sólo van a agravar la crisis y precipitar su caida, como el de locomoción colectiva gratuita los fines de semana, por ejemplo.
Entonces ¿quién va a lograr primero su segundo "milagro económico", Brasil o Chile? Yo creo que Brasil, por colapso. Lula está apagando el incendio con bencina y la combustión de su régimen será rápida. Chile tiene un gobierno tibio que no se atreve a privatizar y antes de repetir su "milagro" deberá esperar las elecciones de 2029.
La recuperación de la racionalidad económica puede producir allá el nuevo "milagro brasileño", antes de reeditarse acá el "milagro chileno".
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