Los países no pueden elegir a sus vecinos. Vienen dados. A los chilenos nos ha tocado en suerte que el peor de ellos sea el que tiene la frontera más larga con nosotros. Ha sido tan mal vecino que en 1978 desconoció el laudo arbitral que nos adjudicó las islas del Beagle --laudo cuyo cumplimiento estaba entregado al honor de las partes, suponiendo erróneamente que ambas lo tenían. Y no sólo eso: porque no aceptamos su ilícito desconocimiento del laudo, nos amenazaron con invadirnos. Y tampoco sólo eso: iniciaron la invasión de nuestro territorio.
Como la vida me ha daedo la oportunidad de estar en el lugar de hechos importantes en momentos cruciales, el día de la invasión yo era director de "La Segunda" y no sabía cómo titular ese sábado 22 de diciembre de 1978, pues la flota argentina había penetrado en el Beagle, iniciando la invasión.
"La Segunda" salía a mediodía los sábados y yo preparaba el titular obvio: "Ha Comenzado la Guerra". En eso me comunican con un oficial de la Armada que quería hablar conmigo. Me dijo: "Le tengo el titular de hoy: no habrá invasión, la flota argentina dio media vuelta y puso proa al norte". Y titulé con eso. El primer diario del país y del mundo que dio la noticia.
Con los años supe, a través de un oficial retirado argentino de apellido Boganovic, que hizo un video de amplia divulgación, que cuando el portaaviones "25 de Mayo", encabezando el convoy invasor, vio en lontananza a 27 botes de goma chilenos, uno de los cuales se le acercó a 60 metros y le mostró que llevaba adherido al fondo un torpedo con 700 kilos de dinamita, capaz de hundirlo con un solo impacto certero, sus mandos decidieron "volver grupas" y marcharse a un puerto más seguro en el norte de su país. Se acabó la invasión antes de empezar la guerra.
Así había fracasado la culminación de una serie de atropellos argentinos inaceptables. Una vez en los 50 un buque de ellos disparó contra una baliza chilena en el islote "Snipe" y la destruyó. Y sólo protestamos verbalmente. Otra vez en los 70 el acorazado argentino Belgrano navegó desafiante por los canales australes chilenos sin autorización. El gobierno chileno ordenó a la Armada no decir nada ni autorizó ninguna acción y el acorazado se fue. Pero desde entonces los marinos chilenos resolvieron saber siempre dónde estaba. Hasta que fue hundido por un submarino británico en la guerra de 1982. La cual se inició con una subrepticia, no precedida de declaración de guerra alguna, invasión a las Falklands o Malvinas.
Años antes, en 1965, 102 gendarmes argentinos habían invadido territorio chileno sin advertencia previa y, aproximándose a un puesto con media docena de Carabineros en la Laguna del Desierto, mataron a uno, el teniente Hernán Merino Correa, hirieron a otro, apresaron a los restantes y huyeron.
Carabineros organizó en seguida una fuerza de 300 hombres para enviarla al lugar de la emboscada, pero el gobierno DC de Eduardo Frei Montalva les ordenó desistirse y se puso a negociar.
Casi 30 años después, un arbitraje rodeado de denuncias de soborno de jueces caribeños, adjudicó la Laguna del Desierto a Argentina. Chile, país de honor, respetó el fallo, no obstante que el único juez insobornable de los tres que fallaron, el salvadoreño Galindo Pohl, habia votado por adjudicar a Chile la Laguna. Lamentablemente, era presidente otro democratacristiano, Patricio Aylwin, que, pronunciando su famosa frase entreguista, "pedacitos más, pedacitos menos", hasta se negó a interponer un recurso que existia para objetar el fallo.
¡Qué diferencia con Pinochet, que cuando se iniciaba la invasión Argentina de 1978 había advertido: "Si nos invaden, no habrá paz hasta que el último soldado argentino haya dejado el territorio chileno"! Y no cedimos ni un centímetro de territorio. No hubo ningún "pedacito menos".
Ahora la política argentina del mal vecino se manifiesta en que sus voces uniformadas digan que no van a permitir el comercio chileno con el territorio británico de las Falklands ni dejar que un barco chileno con mercaderías compradas por los británicos pueda entregarlas allá. Un bloqueo ilegal para impedir el libre tránsito y el libre comercio.
El Canciller argentino Quirno ha procurado suavizar la gravedad de la amenaza contra nuestro libre comercio y el cumplimiento de entregar mercadería ya adquirida a nacionales de otra nación amiga. Pero es que los chilenos ya sabemos que los políticos civiles argentinos mandan menos que los uniformados. Cuando en 1965 sus gendarmes asesinaron al teniente Merino, el presidente argentino Ilía ni siquiera sabía lo que estaba sucediendo. En realidad, la acción en Laguna del Desierto era una operación militar para deponer al presidente civil Ilía, que poco después debió escapar en helicóptero de la Casa Rosada, para no ser apresado.
Yo le he mandado decir al Canciller Pérez Mackenna en mi blog anterior que se ponga en contacto con el Reino Unido, país también agredido por este bloqueo ilegal anunciado por uniformados argentinos, para que ambos países dispongan de buques de sus Armadas que garanticen al barco mercante chileno la libre navegación garantizada por todos los tratados internacionales y, en particular, el de "Paz y Amistad" de 1984 entre Argentina y Chile.
La experiencia nos enseña que, cuando discrepan los civiles argentinos con los militares, se termina haciendo lo que éstos dicen.
"Si vis pacem, para bellum". "Si quieres la paz, prepárate para la guerra", decían los romanos hace veinte siglos, y más de un milenio después se sigue demostrando que tenían razón.
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