¡Cómo estará de menoscabada la ética en el país que la izquierda se ha logrado trepar al púlpito para dictarle a la ciudadanía lecciones morales a partir de la más flagrante y vergonzosa inmoralidad reciente!
Esto a raíz de que un general y caballero, cansado de injusticias y traiciones, ha resuelto poner fin a sus días después de recibir una enésima puñalada en la espalda propinada por alguien en cuya palabra creyó, y que le había prometido velar por un debido proceso, hacer efectiva la vigencia de la prescripción e impulsar el pronto término de juicios que se eternizan. Nada de ello cumplíó, pese a estar entre sus atribuciones la de "velar por la conducta ministerial de los jueces", como asimismo la de conceder indultos, tal como Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet los concedieron a cuanto terrorista de izquierda y autor de crímenes sangrientos se lo solicitó (por algo están hoy todos libres).
Pero el general y caballero creía estar tratando con un igual en este segundo atributo, y no lo estaba. Lejos de cumplir las promesas de campaña formuladas para conseguir "el voto de la familia militar", el hábil negociante estaba urdiendo todo lo contrario a lo que prometía, y para su exclusivo beneficio: agravar las penosas condiciones de los ilegalmente condenados, para así conseguir, en una "pasada" rentable, los elogios de la izquierda que, supuestamente, se reflejarán en encuestas más benévolas para el promitente incumplidor y sus aspiraciones reelectorales.
Completamente inocente de las tres muertes que se le imputan y por las cuales purgaba presidio, acaecidas hace cuarenta años, el general y caballero fue, sin embargo, condenado por un juez "políticamente correcto" que, como corresponde con uniformados, nunca siquiera lo interrogó. Pero cuando le impuso la pena sí deseó conocerlo y notificarlo personalmente. Mirándolo a los ojos le dijo, supongo queriendo decirle mucho más: "Esta es la justicia terrenal". En el fondo, le explicaba: "o usted o yo". Porque si hubiera absuelto a Mena sabía que la izquierda lo habría lapidado. Así y todo, calculó mal, porque falleció antes de llegar a la Suprema gracias a haber prevaricado contra suficientes militares, que es lo que se exige ahora para ascender. Es decir, se les demanda a los jueces caer hasta el nivel de la moral de izquierda, han obedecido y, por tanto, se han situado en la más abyecta inmoralidad.
Ya hace años el historiador Gonzalo Vial escribía, escandalizado por el imperio general de esta última: "Hay una perfecta asimetría al abordar los atropellos a los derechos humanos del régimen militar (la severidad y persecución vistas) y al abordar el terrorismo comunista del Frente Patriótico Manuel Rodríguez o del MIR (indulgencia y aun secreta y vergonzante admiración) (...) No hace muchos meses el jefe directo del frustrado magnicidio contra Pinochet del año 1986 fue objeto de un homenaje público de un grupo de parlamentarios, quienes le ofrecieron un almuerzo en el comedor oficial de la Cámara. No era visible, pero sobre los manteles del ágape corría y goteaba la sangre de los cinco escoltas presidenciales, totalmente inocentes, ultimados en ese crimen. Que yo sepa el homenajeado nunca ha corrido la menor molestia por su 'hazaña'" ("La Segunda", 19.02.08). Al contrario, la Presidenta Michelle Bachelet, poco después, a su turno lo homenajeó públicamente en La Moneda. Y hace poco un diputado comunista se ha pavoneado "urbi et orbi", y con total impunidad, de haber sido el autor intelectual del quíntuple asesinato.
Ahora la circunstancial rival de Bachelet, Evelyn Matthei, ha hecho causa común con la escandalosa discriminación arbitraria agravada por Piñera, al decir que habría hecho lo mismo que acaba de hacer éste, si hubiera sido ella Presidenta, lo que le ha valido contar con la presencia de la mayoría del Gabinete, más la Primera Dama (y todo el respaldo que lo uno y lo otro implican), en un acto en La Florida, cuando todavía no se apagaban los ecos del disparo con que el general y caballero traicionado puso fin a sus días. Tal vez, y lo digo en su beneficio, ella recibió un ofrecimiento que no pudo rechazar...
Muchos dudaban de que el país pudiera caer tan bajo como para satisfacer los "díctums" morales de la izquierda, pero Piñera ha logrado hundirlo a ese nivel. Ante una medida similar adoptada hace un tiempo por el degradado Ejército actual contra otro general, medida igual de artera que la presidencial de ahora, el mismo historiador Vial escribía: "Lo anterior no es justicia --no puede serlo, ya que no intervienen los tribunales-- y si no es justicia es venganza, y por tanto odio". Exactamente eso es lo que hemos visto ahora, tras la iniciativa presidencial.
A ese nivel moral hemos caído, como país, bajo Piñera. Él puede estar feliz y aprestándose a cobrar los dividendos que le puedan rendir sus "pasadas", y hasta creer que ha hecho algo ético, porque se lo susurran los "moralistas" de izquierda. Pero su conciencia tiene que estarle diciendo que se ha hecho cómplice de la venganza y del odio y, lo que es peor, que ha obrado traicionando hasta llevar a la desesperación más extrema a quienes lo habían apoyado confiando en la integridad de su palabra.
domingo, 29 de septiembre de 2013
viernes, 27 de septiembre de 2013
Modelo de Negocios
Algunos insisten en buscarle interpretaciones políticas a la renovada persecución de Piñera contra los militares, pero no las van a encontrar, porque él no es un político, sino un hombre de negocios cuyo negocio es uno solo: ganar él. Sea lo que fuere a lo que esté jugando, que en este momento es conseguir remontar en las encuestas para salir del poder en condiciones de iniciar su campaña presidencial de 2017 desde el primer día, porque ¿quién otro u otra tendrá el 40 por ciento que aspira a alcanzar él?.
Entonces, como la mayoría del país es de izquierda, él hace cosas que complacen a la izquierda, como desprestigiar al 11 y a Pinochet, meter presos a más militares, empeorarles a los ya presos las condiciones "por tres razones" (aunque sean falsas, como "la igualdad ante la ley", pues están presos contra la ley; "la seguridad de los internos", pues en ninguna parte estaban más seguros que en Cordillera; y "el más eficiente uso de Gendarmería", pues para eso bastaba trasladar a algunos gendarmes y no a los presos).
Su modelo de negocios consiste además en condenar la fecha del 11 de septiembre y adueñarse del aniversario del "No" que se avecina, confiando en que todo el mundo haya olvidado que él se pasó hace 25 años del "No" al "Sí", cuando aceptó ser generalísimo de Hernán Büchi en 1989, candidato del "Sí" contra el del "No", que era Patricio Aylwin. Pero ya nadie se acuerda de eso y hoy Piñera viene otra vez de vuelta y administra el "No" mayoritario de hoy.
No deja de ser comprensible su anhelo de ser Presidente de nuevo, volver a sufrir a La Moneda con banquetes, visitas ilustres, siempre al centro de la escena, auto o carroza a la puerta, un Airbus listo para viajar a cada rato a otros países y desde allá mandar imágenes para que salgan en las pantallas y portadas de los diarios y, "last but not least", administrar el medio millón de dólares mensuales que eran, la última vez que los revisé, los gastos reservados de la Presidencia, sin contar con la enorme gratificación de que un escuadrón completo se cuadre y lo salude cuando llega a La Moneda cada mañana y poder decir muchos chistes malos y que todos a su alrededor tengan que reírse como si fueran divertidos.
No cabe duda de que la Presidencia, como "pega", es imposible mejor.
Entonces, cuando uno sigue un "modelo de negocios" como éste no es necesario saber nada de política o de leyes. Por eso Sebastián Piñera se ha lucido afirmando, junto a la izquierda, que el camino más corto para recuperar la democracia en 1988 era el triunfo del "No", en circunstancias que lo era el del "Sí", pues con éste se terminaba la Presidencia de Augusto Pinochet un año antes. Piñera ignora otras cosas básicas, como lo ha evidenciado al hablar de "cómplices pasivos", una contradicción en los términos, pues si uno es pasivo no puede ser cómplice, ya que para ser esto último se requiere actuar.
Pero todos esos son "pelos de la cola" en comparación con la imagen de ser anti-Gobierno Militar, que es lo que vende en este momento, aunque de paso hunda a la candidata de su sector, criticándola por haber votado "Sí" y obligándola a pronunciarse en lo de la cárcel Cordillera de la manera que menos le conviene, que es apoyarlo a él, pues ya he visto en una mesa de catorce derechistas que la mitad ya ha decidido no votar por ella debido a que se plegó a la razzia del gobierno contra los presos políticos uniformados.
No sigamos, entonces, buscándole cinco patas al gato cuando de lo que se trata es nada más que de un negocio: ganar por cualquier medio, aunque sea rindiéndole pleitesía a la izquierda, perjudicando a su candidata y sus partidos y poniéndole la alfombra roja a la Michelle (que ya lo elogió por lo de Cordillera, por supuesto), de paso consiguiendo el pleno apoyo del "comité político" lleno de "cómplices pasivos" que lo aplauden a rabiar por las genialidades que le permiten siempre conseguir lo que más anhela en esta vida: ganar.
Entonces, como la mayoría del país es de izquierda, él hace cosas que complacen a la izquierda, como desprestigiar al 11 y a Pinochet, meter presos a más militares, empeorarles a los ya presos las condiciones "por tres razones" (aunque sean falsas, como "la igualdad ante la ley", pues están presos contra la ley; "la seguridad de los internos", pues en ninguna parte estaban más seguros que en Cordillera; y "el más eficiente uso de Gendarmería", pues para eso bastaba trasladar a algunos gendarmes y no a los presos).
Su modelo de negocios consiste además en condenar la fecha del 11 de septiembre y adueñarse del aniversario del "No" que se avecina, confiando en que todo el mundo haya olvidado que él se pasó hace 25 años del "No" al "Sí", cuando aceptó ser generalísimo de Hernán Büchi en 1989, candidato del "Sí" contra el del "No", que era Patricio Aylwin. Pero ya nadie se acuerda de eso y hoy Piñera viene otra vez de vuelta y administra el "No" mayoritario de hoy.
No deja de ser comprensible su anhelo de ser Presidente de nuevo, volver a sufrir a La Moneda con banquetes, visitas ilustres, siempre al centro de la escena, auto o carroza a la puerta, un Airbus listo para viajar a cada rato a otros países y desde allá mandar imágenes para que salgan en las pantallas y portadas de los diarios y, "last but not least", administrar el medio millón de dólares mensuales que eran, la última vez que los revisé, los gastos reservados de la Presidencia, sin contar con la enorme gratificación de que un escuadrón completo se cuadre y lo salude cuando llega a La Moneda cada mañana y poder decir muchos chistes malos y que todos a su alrededor tengan que reírse como si fueran divertidos.
No cabe duda de que la Presidencia, como "pega", es imposible mejor.
Entonces, cuando uno sigue un "modelo de negocios" como éste no es necesario saber nada de política o de leyes. Por eso Sebastián Piñera se ha lucido afirmando, junto a la izquierda, que el camino más corto para recuperar la democracia en 1988 era el triunfo del "No", en circunstancias que lo era el del "Sí", pues con éste se terminaba la Presidencia de Augusto Pinochet un año antes. Piñera ignora otras cosas básicas, como lo ha evidenciado al hablar de "cómplices pasivos", una contradicción en los términos, pues si uno es pasivo no puede ser cómplice, ya que para ser esto último se requiere actuar.
Pero todos esos son "pelos de la cola" en comparación con la imagen de ser anti-Gobierno Militar, que es lo que vende en este momento, aunque de paso hunda a la candidata de su sector, criticándola por haber votado "Sí" y obligándola a pronunciarse en lo de la cárcel Cordillera de la manera que menos le conviene, que es apoyarlo a él, pues ya he visto en una mesa de catorce derechistas que la mitad ya ha decidido no votar por ella debido a que se plegó a la razzia del gobierno contra los presos políticos uniformados.
No sigamos, entonces, buscándole cinco patas al gato cuando de lo que se trata es nada más que de un negocio: ganar por cualquier medio, aunque sea rindiéndole pleitesía a la izquierda, perjudicando a su candidata y sus partidos y poniéndole la alfombra roja a la Michelle (que ya lo elogió por lo de Cordillera, por supuesto), de paso consiguiendo el pleno apoyo del "comité político" lleno de "cómplices pasivos" que lo aplauden a rabiar por las genialidades que le permiten siempre conseguir lo que más anhela en esta vida: ganar.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
La Prueba de la Decencia
Los chilenos podemos tener diferencias en nuestros puntos de vista políticos, pero sabemos las mismas cosas.
Todos sabemos que los militares retirados presos no lo están por haber tenido intención de delinquir, sino por haber participado en lo que consideraban una guerra interna, donde había un enemigo muy definido que, cuando, podía, los mataba a ellos. Los tenientes Carevic y Zegers, el carabinero Miguel Ángel Tobar, el coronel Roger Vergara y el general Carol Urzúa, por nombrar sólo unas pocas de las 423 víctimas de las balas o bombas extremistas entre 1973 y 1990, acreditan que había una guerra interna. En nuestros días los norteameircanos y los israelíes dan muerte a terroristas dipuestos a matar norteamericanos e israelíes. Lo consideran un deber de seguridad nacional. Hillary Clinton, preguntada sobre qué debía prevalecer, si la seguridad nacional o los derechos humanos, dijo que la primera. Es así en todo el mundo. Entonces, los chilenos de ambos bandos sabemos que los militares presos no lo están por ser delincuentes, sino por combatir al enemigo terrorista como lo hacen todos los países enfrentados al terrorismo.
La segunda cosa que todos, los de ambos bandos, sabemos, es que los uniformados presos son personas que en la vida normal respetan las leyes y los derechos de los demás. Si no, no habrían pertenecido a las fuerzas armadas. Entonces, todos sabemos que están presos por una razón política, no por una razón de protección social. Ninguno de esos presos uniformados es un peligro para la sociedad. Ninguno, absolutamente ninguno, va a convertirse en asaltante, ladrón, violador o asesino. Por eso su hoja de antecedentes es impecable, salvo por los delitos que los jueces les han imputado en su lucha contra el terrorismo de extrema izquierda.
Todavía todos los chilenos sabemos una tercera cosa: que los juicios contra los militares son ilegales. Todos sabemos que hay normas legales que impiden condenarlos y que no hay ni una sola norma internacional que impida eximirlos de responsabilidad penal. Está por ver la luz pública un documentado libro del abogado Adolfo Paul Latorre, "Procesos de Derechos Humanos", que agota el tema en estas materias y deberá ser en el futuro un texto de estudio acerca de por qué se ha atropellado el Estado de Derecho en los juicios contra militares. Incluso el propio ex Presidente Aylwin, en su famosa carta de 1991 a la Corte Suprema para que no aplicara la amnistía sino hasta la sentencia de los procesos, decía expresamente que su gobierno respetaba la amnistía. ¿Por qué lo dijo así por escrito? Porque la amnistía es una ley vigente y válida y porque no hay razón alguna para desconocerla, salvo la prevaricación ("torcida administración de justicia") de los jueces.
Como todos los chilenos sabemos esas cosas se establecieron recintos penales especiales para los uniformados. Fue como decir, por unanimidad: "sabemos que estamos cometiendo una injusticia y una arbitrariedad y que por razones políticas tenemos que meterlos presos, pero no los podemos tratar como a delincuentes comunes, porque es obvio que no lo son". Había un resto de decencia en ese reconocimiento.
Pero en estos días ese resto de decencia se está perdiendo. Una persona dispuesta a todo con tal de remontar en las encuestas, el presidente Sebastián Piñera, no quiere irse del gobierno con el 31 por ciento de aprobación que tiene (encuestas CEP y CERC), porque quiere volver a ser candidato en cuatro años más, y con ese porcentaje no le van a creer el cuento ni en su propia casa. Entonces ha discurrido algo muy simple: que quienes votan en contra de él en las encuestas lo hagan a favor. ¿Cómo? Haciendo algo que les guste. Nada le gusta más a un izquierdista que cometer un atropello contra un militar, porque el militar le impidió establecer lo que más anhela en su existencia: un régimen marxista-leninista. Esos votos busca Piñera en las encuestas, y por eso en "La Tercera" de días pasados un izquierdista tuiteaba: "Si Piñera cierra Cordillera, voto por él en la próxima elección". Eso es.
Ahora el debate se ha renovado porque la izquierda vengativa no ha visto restañados sus odios pese a la campaña publicitaria triunfal que ha desarrollado estas últimas semanas. Parece que ella le ha atizado más el odio. Y Piñera quiere sus votos en las próximas encuestas. Y entonces empujan para el mismo lado: tratar a los militares presos como delincuentes comunes. Hacinarlos en un penal.
Pero todos sabemos, los de ambos bandos, que eso sería una indecencia. ¿Somos capaces los chilenos de cometer tal indecencia? Ya lo creo que lo somos. Pero eso tiene un costo. Ya el Plan Ahora, de la familia militar, ha llamado a anular el voto para diputados en la próxima elección. Los uniformados no salen a la calle, no usan la fuerza en democracia, soportan estoicamente las ilegalidades de los jueces de izquierda (Alejandro Solís se retiró tras imponer decenas de condenas sin pruebas a Miguel Krassnoff y NUNCA lo interrogó, siendo ése un trámite esencial).
En estos días los chilenos estamos por someternos a la prueba de la decencia, consistente en no profundizar las indecencias que ya hemos cometido. Bueno, yo pronostico que no la vamos a pasar.
Todos sabemos que los militares retirados presos no lo están por haber tenido intención de delinquir, sino por haber participado en lo que consideraban una guerra interna, donde había un enemigo muy definido que, cuando, podía, los mataba a ellos. Los tenientes Carevic y Zegers, el carabinero Miguel Ángel Tobar, el coronel Roger Vergara y el general Carol Urzúa, por nombrar sólo unas pocas de las 423 víctimas de las balas o bombas extremistas entre 1973 y 1990, acreditan que había una guerra interna. En nuestros días los norteameircanos y los israelíes dan muerte a terroristas dipuestos a matar norteamericanos e israelíes. Lo consideran un deber de seguridad nacional. Hillary Clinton, preguntada sobre qué debía prevalecer, si la seguridad nacional o los derechos humanos, dijo que la primera. Es así en todo el mundo. Entonces, los chilenos de ambos bandos sabemos que los militares presos no lo están por ser delincuentes, sino por combatir al enemigo terrorista como lo hacen todos los países enfrentados al terrorismo.
La segunda cosa que todos, los de ambos bandos, sabemos, es que los uniformados presos son personas que en la vida normal respetan las leyes y los derechos de los demás. Si no, no habrían pertenecido a las fuerzas armadas. Entonces, todos sabemos que están presos por una razón política, no por una razón de protección social. Ninguno de esos presos uniformados es un peligro para la sociedad. Ninguno, absolutamente ninguno, va a convertirse en asaltante, ladrón, violador o asesino. Por eso su hoja de antecedentes es impecable, salvo por los delitos que los jueces les han imputado en su lucha contra el terrorismo de extrema izquierda.
Todavía todos los chilenos sabemos una tercera cosa: que los juicios contra los militares son ilegales. Todos sabemos que hay normas legales que impiden condenarlos y que no hay ni una sola norma internacional que impida eximirlos de responsabilidad penal. Está por ver la luz pública un documentado libro del abogado Adolfo Paul Latorre, "Procesos de Derechos Humanos", que agota el tema en estas materias y deberá ser en el futuro un texto de estudio acerca de por qué se ha atropellado el Estado de Derecho en los juicios contra militares. Incluso el propio ex Presidente Aylwin, en su famosa carta de 1991 a la Corte Suprema para que no aplicara la amnistía sino hasta la sentencia de los procesos, decía expresamente que su gobierno respetaba la amnistía. ¿Por qué lo dijo así por escrito? Porque la amnistía es una ley vigente y válida y porque no hay razón alguna para desconocerla, salvo la prevaricación ("torcida administración de justicia") de los jueces.
Como todos los chilenos sabemos esas cosas se establecieron recintos penales especiales para los uniformados. Fue como decir, por unanimidad: "sabemos que estamos cometiendo una injusticia y una arbitrariedad y que por razones políticas tenemos que meterlos presos, pero no los podemos tratar como a delincuentes comunes, porque es obvio que no lo son". Había un resto de decencia en ese reconocimiento.
Pero en estos días ese resto de decencia se está perdiendo. Una persona dispuesta a todo con tal de remontar en las encuestas, el presidente Sebastián Piñera, no quiere irse del gobierno con el 31 por ciento de aprobación que tiene (encuestas CEP y CERC), porque quiere volver a ser candidato en cuatro años más, y con ese porcentaje no le van a creer el cuento ni en su propia casa. Entonces ha discurrido algo muy simple: que quienes votan en contra de él en las encuestas lo hagan a favor. ¿Cómo? Haciendo algo que les guste. Nada le gusta más a un izquierdista que cometer un atropello contra un militar, porque el militar le impidió establecer lo que más anhela en su existencia: un régimen marxista-leninista. Esos votos busca Piñera en las encuestas, y por eso en "La Tercera" de días pasados un izquierdista tuiteaba: "Si Piñera cierra Cordillera, voto por él en la próxima elección". Eso es.
Ahora el debate se ha renovado porque la izquierda vengativa no ha visto restañados sus odios pese a la campaña publicitaria triunfal que ha desarrollado estas últimas semanas. Parece que ella le ha atizado más el odio. Y Piñera quiere sus votos en las próximas encuestas. Y entonces empujan para el mismo lado: tratar a los militares presos como delincuentes comunes. Hacinarlos en un penal.
Pero todos sabemos, los de ambos bandos, que eso sería una indecencia. ¿Somos capaces los chilenos de cometer tal indecencia? Ya lo creo que lo somos. Pero eso tiene un costo. Ya el Plan Ahora, de la familia militar, ha llamado a anular el voto para diputados en la próxima elección. Los uniformados no salen a la calle, no usan la fuerza en democracia, soportan estoicamente las ilegalidades de los jueces de izquierda (Alejandro Solís se retiró tras imponer decenas de condenas sin pruebas a Miguel Krassnoff y NUNCA lo interrogó, siendo ése un trámite esencial).
En estos días los chilenos estamos por someternos a la prueba de la decencia, consistente en no profundizar las indecencias que ya hemos cometido. Bueno, yo pronostico que no la vamos a pasar.
lunes, 23 de septiembre de 2013
La Naturaleza del Chileno
Esta mañana en "La Tercera" venían dos "twitters" diciendo que si Piñera mandaba a los presos políticos uniformados a la cárcel común votarían por él o merecería ser nuevamente elegido.
¡Qué mal hablan de los chilenos esas opiniones! Y son representativas, pues si no lo fueran el diario no las habría destacado entre los miles de twitters que seguramente le llegan a diario. A mí, que no tengo odios, no se me ocurriría abogar por que las condiciones carcelarias de los terroristas de izquierda fueran empeoradas, si es que hubiera alguno preso, pues a todos los que cometieron crímenes sangrientos entre 1973 y 1990 Aylwin los liberó de una u otra forma o se escaparon con la connivencia que he descrito en uno de mis libros ("Terapia...").
Es que hay mucho odio en un sector de la sociedad, y todos sabemos cuál es. Por suerte en el resto de ella no, si bien hay aquiescencia con los que odian.
Los militares presos son en su mayoría personas de edad (numerosos octogenarios) y en malas condiciones de salud. Además, son personas que, invariablemente, han observado y observan en su vida personal una actitud respetuosa de las leyes. Cuando fueron mandados a disparar contra guerrilleros lo hicieron, pues lo que se les enseña a las fuerzas armadas es a disparar contra el enemigo. Sin duda, hubo excesos, pues los enemigos del hombre de armas siempre tienen derechos y éstos no fueron respetados en algunos casos. Pero nuestra sociedad ha castigado a los uniformados por esos hechos con mucha mayor severidad que a los civiles que incurrieron en conductas similares, y que fueron, además, los agresores, porque aquí no fueron los uniformados los que dijeron durante una década que se iban a tomar el poder por las armas, que eso era inevitable ni las que se prepararon para ello. Fue la izquierda. Lo provocó, lo intentó y es, por tanto, la que menos título tiene para pedir más castigo contra quienes se lo impidieron. Parece el colmo que en lugar de estar contenta porque a ella la dejaron libre y la llenaron de plata (más de 200 millones de dólares anuales en indemnizaciones, sumados a los 385 millones de dólares, también anuales, de que da cuenta hoy "El Mercurio", para los "exonerados"), quiere empeorar las condiciones del castigo para los que fueron mandados por la sociedad a impedir su conato totalitario.
Yo no puedo creer que Sebastián Piñera lo vaya a hacer, porque lo sé capaz de muchas cosas, pero no de ésa. Pues él les prometió lo contrario a los uniformados (r): un debido proceso (que no han tenido, como se prueba en el libro "Procesos de Derechos Humanos", próximo a ver la luz pública, del abogado Adolfo Paul Latorre) y la aplicación de causales de extinción de responsabilidad. Ya sería el colmo, entonces, que para remontar en las encuestas al final de su gobierno, no sólo olvidara sus promesas sino que les asestara a los presos políticos militares esta nueva puñalada por la espalda. Y todo porque, como anuncian los "twits" de los que los odian, éstos le darían su voto en una nueva elección y, desde luego, su apoyo si fueran encuestados.
Nadie podría caer tan bajo, a ese peor nivel de la naturaleza del chileno. Y espero que él no sea la excepción.
¡Qué mal hablan de los chilenos esas opiniones! Y son representativas, pues si no lo fueran el diario no las habría destacado entre los miles de twitters que seguramente le llegan a diario. A mí, que no tengo odios, no se me ocurriría abogar por que las condiciones carcelarias de los terroristas de izquierda fueran empeoradas, si es que hubiera alguno preso, pues a todos los que cometieron crímenes sangrientos entre 1973 y 1990 Aylwin los liberó de una u otra forma o se escaparon con la connivencia que he descrito en uno de mis libros ("Terapia...").
Es que hay mucho odio en un sector de la sociedad, y todos sabemos cuál es. Por suerte en el resto de ella no, si bien hay aquiescencia con los que odian.
Los militares presos son en su mayoría personas de edad (numerosos octogenarios) y en malas condiciones de salud. Además, son personas que, invariablemente, han observado y observan en su vida personal una actitud respetuosa de las leyes. Cuando fueron mandados a disparar contra guerrilleros lo hicieron, pues lo que se les enseña a las fuerzas armadas es a disparar contra el enemigo. Sin duda, hubo excesos, pues los enemigos del hombre de armas siempre tienen derechos y éstos no fueron respetados en algunos casos. Pero nuestra sociedad ha castigado a los uniformados por esos hechos con mucha mayor severidad que a los civiles que incurrieron en conductas similares, y que fueron, además, los agresores, porque aquí no fueron los uniformados los que dijeron durante una década que se iban a tomar el poder por las armas, que eso era inevitable ni las que se prepararon para ello. Fue la izquierda. Lo provocó, lo intentó y es, por tanto, la que menos título tiene para pedir más castigo contra quienes se lo impidieron. Parece el colmo que en lugar de estar contenta porque a ella la dejaron libre y la llenaron de plata (más de 200 millones de dólares anuales en indemnizaciones, sumados a los 385 millones de dólares, también anuales, de que da cuenta hoy "El Mercurio", para los "exonerados"), quiere empeorar las condiciones del castigo para los que fueron mandados por la sociedad a impedir su conato totalitario.
Yo no puedo creer que Sebastián Piñera lo vaya a hacer, porque lo sé capaz de muchas cosas, pero no de ésa. Pues él les prometió lo contrario a los uniformados (r): un debido proceso (que no han tenido, como se prueba en el libro "Procesos de Derechos Humanos", próximo a ver la luz pública, del abogado Adolfo Paul Latorre) y la aplicación de causales de extinción de responsabilidad. Ya sería el colmo, entonces, que para remontar en las encuestas al final de su gobierno, no sólo olvidara sus promesas sino que les asestara a los presos políticos militares esta nueva puñalada por la espalda. Y todo porque, como anuncian los "twits" de los que los odian, éstos le darían su voto en una nueva elección y, desde luego, su apoyo si fueran encuestados.
Nadie podría caer tan bajo, a ese peor nivel de la naturaleza del chileno. Y espero que él no sea la excepción.
domingo, 22 de septiembre de 2013
El 80 por Ciento de Allende
En "La Segunda" de ayer el candidato de extrema izquierda Marcel Claude afirma: "Si Allende se presentara a estas elecciones ganaría con el 80 por ciento".
Es verdad. El lavado cerebral con motivo de los 40 años del 11 ha sido tan masivo que Allende ha pasado a ser el héroe, Pinochet el villano y la izquierda la víctima a la cual se le debe pedir perdón y darle algo más que los 200 y tantos millones de dólares anuales con que la indemnizamos cada año los contribuyentes por el crimen de haberle impedido instaurar por las armas un régimen totalitario.
¿Alguien discute esta versión? Posiblemente los que creen que la carta de Frei Montalva a Mariano Rumor, aparecida en "El Mercurio", puede haber hecho cambiar de opinión al país. Pero eso lo leyeron las élites, el dos por ciento del país, en el mejor de los casos, porque suponer que más chilenos que eso podrían haber destinado media hora a leer una carta sería creer que somos un país civilizado. No. Lejos de eso. Aquí la opinión pública la forma la truculencia televisiva sobre el 11, encabezada por un canal de un norteamericano al que le importa un rábano la verdad histórica, pues sabe que ella no vende y a él sólo le interesa ganar plata y elevar el rating y el rating se eleva canonizando a Allende y condenando a Pinochet, eso está en el ABC del negocio.
Por eso tiene razón Claude cuando dice que si se presentara Allende ganaría con el 80 por ciento. Una persona razonable podría preguntar cómo va a ganar por tanto una figura que arruinó al país, lo puso al borde de la guerra civil, internaba armas clandestinamente, admitía tropas cubanas y recibía sobornos de empresas norteamericanas y del KGB soviético. Bueno, pero si eso sólo lo sabe la gente que investiga y lee todo, y ¿sabe usted qué proporción del país es esa gente? El uno por mil, con suerte. Y nadie ha ganado nunca una elección con el uno por mil.
Yo les recomendé el año pasado leer la novela "La Tribu Que Perdió la Cabeza", de Nicholas Monsarrat. Yo la releí, para no ser como el capitán Araya. Y ahí está todo. Era una colonia inglesa bastante civilizada, para pertenecer al África ecuatorial, bien ordenada, donde, naturalmente, mandaban los ingleses y no los nativos. Entonces empezaron a llegar periodistas de izquierda ingleses, un jesuita de izquierda, perdonando la redundancia, y los nativos se alzaron, mientras en Londres los medios daban cuenta de los abusos ingleses en la colonia, hasta que en ésta los ingleses dejaron de mandar y llegó el caos total. Pasó de ser, de una progresista y ordenada Rhodesia donde se respetaban los derechos de todos, pero los ingleses tenían más derechos, por supuesto, a una caótica y retrógrada Zimbabwe, donde regía la ley del más fuerte, que era el 80 por ciento manejado por un caudillo llamado Mugabe, que se instaló en el poder en 1979 y de ahí nadie, ni las matanzas ni las hambrunas, lo movió más.
Aquí Allende, tras el lavado cerebral del 40° aniversario, tiene hoy el 80 por ciento. ¿Y qué haría Allende? Lo que hacen sus correligionarios: terminar con la que el socialista Atria llama "la Constitución tramposa". Tramposa porque exige 2/3 para derogar los derechos fundamentales. Ayer me llamó un amigo y me decía: "En todas las Constituciones de los países civilizados se exigen 2/3 para modificar los derechos fundamentales". Pero es que éste no es un país civilizado y lo que quiere la masa es repartirse por mayoría simple lo que ha ahorrado la minoría que emprende, ahorra y produce. Quiere lo que la masa ha querido siempre: matar la gallina de los huevos de oro, para no tener que esperar que los ponga de a uno a la vez sino quedárselos todos al tiro. Y como el Arzobispo también dice que "la Constitución nos está quedando un poco estrecha", lo cual ha sido su modesto aporte de Fiestas Patrias a la campaña de Bachelet ¡pero lo han aplaudido todos!, hasta desde la derecha, si es que todavía existe una cosa con ese nombre, lo que dudo mucho, desde que está encabezada por un personaje que en la revista "Sábado" afirma que sus conversaciones más inspiradoras son las que tuvo con Patricio Aylwin y Gabriel Valdés, que quienes fueron partidarios del Gobierno Militar fueron "cómplices pasivos" y que votar por el "Sí" fue un grave error.
Entonces parece que estamos listos. ¿Quiere saber el final de la telenovela? Busque un ejemplar de "La Tribu que Perdió la Cabeza".
Es verdad. El lavado cerebral con motivo de los 40 años del 11 ha sido tan masivo que Allende ha pasado a ser el héroe, Pinochet el villano y la izquierda la víctima a la cual se le debe pedir perdón y darle algo más que los 200 y tantos millones de dólares anuales con que la indemnizamos cada año los contribuyentes por el crimen de haberle impedido instaurar por las armas un régimen totalitario.
¿Alguien discute esta versión? Posiblemente los que creen que la carta de Frei Montalva a Mariano Rumor, aparecida en "El Mercurio", puede haber hecho cambiar de opinión al país. Pero eso lo leyeron las élites, el dos por ciento del país, en el mejor de los casos, porque suponer que más chilenos que eso podrían haber destinado media hora a leer una carta sería creer que somos un país civilizado. No. Lejos de eso. Aquí la opinión pública la forma la truculencia televisiva sobre el 11, encabezada por un canal de un norteamericano al que le importa un rábano la verdad histórica, pues sabe que ella no vende y a él sólo le interesa ganar plata y elevar el rating y el rating se eleva canonizando a Allende y condenando a Pinochet, eso está en el ABC del negocio.
Por eso tiene razón Claude cuando dice que si se presentara Allende ganaría con el 80 por ciento. Una persona razonable podría preguntar cómo va a ganar por tanto una figura que arruinó al país, lo puso al borde de la guerra civil, internaba armas clandestinamente, admitía tropas cubanas y recibía sobornos de empresas norteamericanas y del KGB soviético. Bueno, pero si eso sólo lo sabe la gente que investiga y lee todo, y ¿sabe usted qué proporción del país es esa gente? El uno por mil, con suerte. Y nadie ha ganado nunca una elección con el uno por mil.
Yo les recomendé el año pasado leer la novela "La Tribu Que Perdió la Cabeza", de Nicholas Monsarrat. Yo la releí, para no ser como el capitán Araya. Y ahí está todo. Era una colonia inglesa bastante civilizada, para pertenecer al África ecuatorial, bien ordenada, donde, naturalmente, mandaban los ingleses y no los nativos. Entonces empezaron a llegar periodistas de izquierda ingleses, un jesuita de izquierda, perdonando la redundancia, y los nativos se alzaron, mientras en Londres los medios daban cuenta de los abusos ingleses en la colonia, hasta que en ésta los ingleses dejaron de mandar y llegó el caos total. Pasó de ser, de una progresista y ordenada Rhodesia donde se respetaban los derechos de todos, pero los ingleses tenían más derechos, por supuesto, a una caótica y retrógrada Zimbabwe, donde regía la ley del más fuerte, que era el 80 por ciento manejado por un caudillo llamado Mugabe, que se instaló en el poder en 1979 y de ahí nadie, ni las matanzas ni las hambrunas, lo movió más.
Aquí Allende, tras el lavado cerebral del 40° aniversario, tiene hoy el 80 por ciento. ¿Y qué haría Allende? Lo que hacen sus correligionarios: terminar con la que el socialista Atria llama "la Constitución tramposa". Tramposa porque exige 2/3 para derogar los derechos fundamentales. Ayer me llamó un amigo y me decía: "En todas las Constituciones de los países civilizados se exigen 2/3 para modificar los derechos fundamentales". Pero es que éste no es un país civilizado y lo que quiere la masa es repartirse por mayoría simple lo que ha ahorrado la minoría que emprende, ahorra y produce. Quiere lo que la masa ha querido siempre: matar la gallina de los huevos de oro, para no tener que esperar que los ponga de a uno a la vez sino quedárselos todos al tiro. Y como el Arzobispo también dice que "la Constitución nos está quedando un poco estrecha", lo cual ha sido su modesto aporte de Fiestas Patrias a la campaña de Bachelet ¡pero lo han aplaudido todos!, hasta desde la derecha, si es que todavía existe una cosa con ese nombre, lo que dudo mucho, desde que está encabezada por un personaje que en la revista "Sábado" afirma que sus conversaciones más inspiradoras son las que tuvo con Patricio Aylwin y Gabriel Valdés, que quienes fueron partidarios del Gobierno Militar fueron "cómplices pasivos" y que votar por el "Sí" fue un grave error.
Entonces parece que estamos listos. ¿Quiere saber el final de la telenovela? Busque un ejemplar de "La Tribu que Perdió la Cabeza".
viernes, 20 de septiembre de 2013
Remontar Antes de Reaparecer
Con tal de remontar en las encuestas Sebastián Piñera se ha ido definitivamente para el otro lado. La derecha y la centroderecha que lo llevaron como candidato, si hubieran estado vivas, habrían tenido algo qué decir frente a esta deserción. Pero están políticamente muertas (si no han sacado certificado de defunción es debido a la huelga del Registro Civil), enésima paralización ilegal impune bajo un gobierno carente absolutamente de autoridad.
Pero a Sebastián eso lo tenía sin cuidado, porque no se iba a ensuciar las manos poniendo término a los contratos de los huelguistas ilegales (lo perjudicaría en las encuestas) y entonces ha aprovechado las últimas fotos en que él va a estar al centro, en el Te Deum, en la Parada y en la ópera, de paso empleando los micrófonos para elogiar al "no" de 1988 y criticar a la candidata de su (?) sector por haber sido entonces partidaria del "sí", esgrimiendo las razones equivocadas (que el "sí" era la prolongación de un gobierno militar, lo que es falso).
Y también ha dado una última vuelta de muñeca al puñal clavado en la espalda de las Fuerzas Armadas y Carabineros (la vuelta anterior fue no cumplir su promesa de velar por un debido proceso y por la aplicación de la prescripción), ahora anunciando que va a empeorar las condiciones de su prisión política en Cordillera y Punta Peuco, con el aplauso de la izquierda extrema (a la cual necesita para remontar en las encuestas). Y, adicionalmente, para complacer a esta última, manteniendo cerca al funcionario de su confianza Patricio Bustos, militante del MIR, que administra el Instituto Médico Legal, donde todavía no se identifica los restos de centenares de personas que, si fueran cotejados con los ADN de los familiares de detenidos-desaparecidos, llevarían prácticamente a la extinción de esta bandera electoral izquierdista, pues no habría personas cuyo paradero se ignora, cosa que un Presidente de centroderecha preocupado del país y no de las encuestas se habría apresurado a despejar.
En resumen, con el Gobierno y la Oposición formando un solo frente del "no", los pobres "cómplices pasivos" que trabajan en la administración Piñera procuran acomodarse al nuevo escenario y repiten "dictadura" cada vez con mayor frecuencia. Si no hubiera sido por la carta de Frei Montalva a Mariano Rumor, que descolocó a todo el mundo opositor por breves instantes, porque contradecía el cuadro que han presentado ante la sociedad chilena durante ya casi dos semanas, de un golpe "gorila" contra un impecable gobernante democrático, el mismo que ha sido consagrado masivamente por la encuesta de internet como "el más grande chileno de todos los tiempos", el capítulo ya se habría cerrado definitivamente. Pero se cerrará pronto y se abrirá así paso (con el aporte de Piñera) al regreso de la UP, nuevamente con el concurso de la DC, al poder, para "completar el legado de Allende", como lo han prometido desde Bachelet y Lagos para abajo.
Y todo ello con la enorme satisfacción de Sebastián Piñera de haber contribuido en la mayor medida posible a entregar el país a sus opositores, pero, y esto es lo único importante para él, subiendo en las encuestas gracias a los votos de izquierda que le granjearán sus más recientes decisiones y declaraciones.
Pues, a estas alturas, que el país haya vuelto a caer en competitividad por segunda vez consecutiva (y ello merced al alza tributaria impulsada por el mismo Piñera), es una cosa que tiene a casi todos los chilenos sin el menor cuidado, pues sólo apareció en los periódicos y secciones de Economía y Negocios, que no lee casi nadie y, entre los que leen, entiende sólo el 66 % y los demás nada.
Entonces, con tal de terminar bien en las encuestas, que venga el Diluvio. Lo que importa es tener el título para que en 2017 se pueda decir "y qué fue, y qué fue, Piñera otra vez". Y así volver a estar en el centro de todas las fotos.
Pero a Sebastián eso lo tenía sin cuidado, porque no se iba a ensuciar las manos poniendo término a los contratos de los huelguistas ilegales (lo perjudicaría en las encuestas) y entonces ha aprovechado las últimas fotos en que él va a estar al centro, en el Te Deum, en la Parada y en la ópera, de paso empleando los micrófonos para elogiar al "no" de 1988 y criticar a la candidata de su (?) sector por haber sido entonces partidaria del "sí", esgrimiendo las razones equivocadas (que el "sí" era la prolongación de un gobierno militar, lo que es falso).
Y también ha dado una última vuelta de muñeca al puñal clavado en la espalda de las Fuerzas Armadas y Carabineros (la vuelta anterior fue no cumplir su promesa de velar por un debido proceso y por la aplicación de la prescripción), ahora anunciando que va a empeorar las condiciones de su prisión política en Cordillera y Punta Peuco, con el aplauso de la izquierda extrema (a la cual necesita para remontar en las encuestas). Y, adicionalmente, para complacer a esta última, manteniendo cerca al funcionario de su confianza Patricio Bustos, militante del MIR, que administra el Instituto Médico Legal, donde todavía no se identifica los restos de centenares de personas que, si fueran cotejados con los ADN de los familiares de detenidos-desaparecidos, llevarían prácticamente a la extinción de esta bandera electoral izquierdista, pues no habría personas cuyo paradero se ignora, cosa que un Presidente de centroderecha preocupado del país y no de las encuestas se habría apresurado a despejar.
En resumen, con el Gobierno y la Oposición formando un solo frente del "no", los pobres "cómplices pasivos" que trabajan en la administración Piñera procuran acomodarse al nuevo escenario y repiten "dictadura" cada vez con mayor frecuencia. Si no hubiera sido por la carta de Frei Montalva a Mariano Rumor, que descolocó a todo el mundo opositor por breves instantes, porque contradecía el cuadro que han presentado ante la sociedad chilena durante ya casi dos semanas, de un golpe "gorila" contra un impecable gobernante democrático, el mismo que ha sido consagrado masivamente por la encuesta de internet como "el más grande chileno de todos los tiempos", el capítulo ya se habría cerrado definitivamente. Pero se cerrará pronto y se abrirá así paso (con el aporte de Piñera) al regreso de la UP, nuevamente con el concurso de la DC, al poder, para "completar el legado de Allende", como lo han prometido desde Bachelet y Lagos para abajo.
Y todo ello con la enorme satisfacción de Sebastián Piñera de haber contribuido en la mayor medida posible a entregar el país a sus opositores, pero, y esto es lo único importante para él, subiendo en las encuestas gracias a los votos de izquierda que le granjearán sus más recientes decisiones y declaraciones.
Pues, a estas alturas, que el país haya vuelto a caer en competitividad por segunda vez consecutiva (y ello merced al alza tributaria impulsada por el mismo Piñera), es una cosa que tiene a casi todos los chilenos sin el menor cuidado, pues sólo apareció en los periódicos y secciones de Economía y Negocios, que no lee casi nadie y, entre los que leen, entiende sólo el 66 % y los demás nada.
Entonces, con tal de terminar bien en las encuestas, que venga el Diluvio. Lo que importa es tener el título para que en 2017 se pueda decir "y qué fue, y qué fue, Piñera otra vez". Y así volver a estar en el centro de todas las fotos.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Más Frei Montalva
La izquierda y la DC han quedado desencajadas tras la publicació de la carta de Eduardo Frei a Mariano Rumor, porque "ahí está todo", las armas para el autogolpe UP, el contingente guerrillero local, los refuerzos desde el extranjero, las ilegalidades e inconstitucionalidades y la plena legitimidad del Pronunciamiento.
Bueno, hoy les voy a añadir otro golpe: lo que le declaró Frei al ABC de Madrid en octubre de 1973, que es todavía más contundente que lo manifestado a Rumor. Hélo aquí, tal como salió en "El Mercurio" de 12 de octubre de 1973 (he excluido algunos párrafos):
“Los militares han salvado a Chile”
“Lo que el mundo no sabe es que los marxistas chilenos disponían de armas superiores en número y calidad a las que estaban en manos de las Fuerzas Armadas.
“Los militares han salvado a Chile y a todos nosotros… Las Fuerzas Armadas siguen encontrando depósitos de armas clandestinos. Los marxistas estaban preparando una guerra civil.
“Cuando un gobierno actúa como lo hizo Allende y se crean condiciones desfavorables como jamás se habían conocido… el derecho al levantamiento se convierte en un deber.
“Este es un momento en que los políticos tenemos que callar. No es nuestro momento. Es posible que yo un día publique un largo escrito acerca de nuestro partido, la Democracia Cristiana, pero hasta que lo tenga bien decidido, pensado y madurado, no quiero aparecer opinando en los periódicos…
“El marxismo, con conocimiento y aprobación de Salvador Allende, y acaso por instigación de Salvador Allende, había introducido en Chile innumerables arsenales, que se guardaban en viviendas, oficinas, fábricas, almacenes… Un armamento para más de 30.000 hombres, y el Ejército chileno no pasa normalmente de esa cifra. Los militares han salvado a Chile y a todos nosotros, cuyas vidas no son ciertamente tan importantes como la de Chile, pero son vidas humanas, y muchas, y todas amenazadas perentoriamente. Y no puedo decir que estemos aun a salvo porque —ya lo ve usted día tras día— las Fuerzas Armadas siguen descubriendo reductos y arsenales. La guerra civil estaba perfectamente preparada por los marxistas. Y esto es lo que el mundo desconoce o no quiere conocer… Cuando se producen en un país condiciones que no se han conocido nunca, como en Chile, tan claras y abundantes en la historia del mundo, el derecho a la rebelión se convierte en deber. Es un derecho jurídico proclamado por todos los juristas e historiadores, como el Padre Mariana en España.
“La gente en Europa no se imagina lo que era esto. Viven ofuscados por la gran mentira del experimento de la democracia hacia el comunismo. Pero eso no es posible. Es una contradicción en los términos, una antinomia. Si Allende, que no era ideólogo, pero sí maniobrero, sabía que no era posible y por eso utilizaba, para engañarnos, la muñeca… Es alarmante que en Europa no se enteren. Este país está destruido. Necesita que se fijen en él. Necesitamos que prevalezca la verdad con documentos irrebatibles, con la divulgación de hechos vergonzosos. Este país está destruido hoy. Yo espero que también España lo comprenda.”
Y agrego esta última frase de Frei, que no apareció en "El Mercurio", pero sí en el ABC, y que está en "La Agresión del Oso", de Gonzalo Rojas Sánchez, El Roble, Santiago, 2003, p. 143: "La Democracia Cristiana no deseaba esto, naturalmente. Usted no desea operarse de cáncer, pero llega un momento en que usted tiene que operarse el cáncer. Nuestros cirujanos son las Fuerzas Armadas y el pueblo solicitó su intervención insistentemente, estruendosa y heroicamente".
Entonces ¡que el pueblo chileno pida perdón!
Bueno, hoy les voy a añadir otro golpe: lo que le declaró Frei al ABC de Madrid en octubre de 1973, que es todavía más contundente que lo manifestado a Rumor. Hélo aquí, tal como salió en "El Mercurio" de 12 de octubre de 1973 (he excluido algunos párrafos):
“Los militares han salvado a Chile”
“Lo que el mundo no sabe es que los marxistas chilenos disponían de armas superiores en número y calidad a las que estaban en manos de las Fuerzas Armadas.
“Los militares han salvado a Chile y a todos nosotros… Las Fuerzas Armadas siguen encontrando depósitos de armas clandestinos. Los marxistas estaban preparando una guerra civil.
“Cuando un gobierno actúa como lo hizo Allende y se crean condiciones desfavorables como jamás se habían conocido… el derecho al levantamiento se convierte en un deber.
“Este es un momento en que los políticos tenemos que callar. No es nuestro momento. Es posible que yo un día publique un largo escrito acerca de nuestro partido, la Democracia Cristiana, pero hasta que lo tenga bien decidido, pensado y madurado, no quiero aparecer opinando en los periódicos…
“El marxismo, con conocimiento y aprobación de Salvador Allende, y acaso por instigación de Salvador Allende, había introducido en Chile innumerables arsenales, que se guardaban en viviendas, oficinas, fábricas, almacenes… Un armamento para más de 30.000 hombres, y el Ejército chileno no pasa normalmente de esa cifra. Los militares han salvado a Chile y a todos nosotros, cuyas vidas no son ciertamente tan importantes como la de Chile, pero son vidas humanas, y muchas, y todas amenazadas perentoriamente. Y no puedo decir que estemos aun a salvo porque —ya lo ve usted día tras día— las Fuerzas Armadas siguen descubriendo reductos y arsenales. La guerra civil estaba perfectamente preparada por los marxistas. Y esto es lo que el mundo desconoce o no quiere conocer… Cuando se producen en un país condiciones que no se han conocido nunca, como en Chile, tan claras y abundantes en la historia del mundo, el derecho a la rebelión se convierte en deber. Es un derecho jurídico proclamado por todos los juristas e historiadores, como el Padre Mariana en España.
“La gente en Europa no se imagina lo que era esto. Viven ofuscados por la gran mentira del experimento de la democracia hacia el comunismo. Pero eso no es posible. Es una contradicción en los términos, una antinomia. Si Allende, que no era ideólogo, pero sí maniobrero, sabía que no era posible y por eso utilizaba, para engañarnos, la muñeca… Es alarmante que en Europa no se enteren. Este país está destruido. Necesita que se fijen en él. Necesitamos que prevalezca la verdad con documentos irrebatibles, con la divulgación de hechos vergonzosos. Este país está destruido hoy. Yo espero que también España lo comprenda.”
Y agrego esta última frase de Frei, que no apareció en "El Mercurio", pero sí en el ABC, y que está en "La Agresión del Oso", de Gonzalo Rojas Sánchez, El Roble, Santiago, 2003, p. 143: "La Democracia Cristiana no deseaba esto, naturalmente. Usted no desea operarse de cáncer, pero llega un momento en que usted tiene que operarse el cáncer. Nuestros cirujanos son las Fuerzas Armadas y el pueblo solicitó su intervención insistentemente, estruendosa y heroicamente".
Entonces ¡que el pueblo chileno pida perdón!
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