Se dice que
el diario digital más leído es “El Mostrador”. Me alegro, porque tiene a bien
acoger algunas columnas de este blog. Pero el hecho es que parece haberse
contagiado del estado actual de enajenación de las “élites habladoras” (como
las llama Paul Johnson) y, en sus ediciones recientes, publica una encuesta
propia, algo festiva, que invita a votar por “el personaje público que se
merece una tarde completa en una pieza oscura con ‘mano de piedra’ Rincón”. Es
decir, debe elegirse al merecedor del peor castigo en nuestra sociedad. Y las
alternativas que presenta son: Sebastián Dávalos, Sergio Jadue, José Piñera y
Fernando Karadima.
En otras palabras, tres personas sometidas a investigaciones penales y condena general ampliamente
publicitadas, Dávalos, Jadue y Karadima, presentadas en la misma condición que
un distinguido hombre público respetable, nunca inculpado de nada ilícito y
autor principal de modernizaciones que explican en gran parte el progreso
alcanzado por el país, como lo fueron en los ‘80 la Reforma Previsional, la
Reforma Laboral y la Reforma Minera.
Si ya eso
parece insólito, lo es todavía más la respuesta de los lectores, que en una
mayoría de 39% ¡condenan precisamente a José Piñera! como el más merecedor del
castigo que se propone, quedando los restantes procesados con porcentajes
menores. ¿Enloquecieron las “élites habladoras”?
Por último,
si “El Mostrador” hubiera incluido a Sebastián en lugar de José, pase, algo por
lo menos se entendería, sabida su historia de ex gerente del Banco de Talca que
perdió dos veces su capital, tras otorgar préstamos a sociedades en que él mismo era socio; que después, como
senador, concretó acuerdos políticos por sobre la cuerda con los gobiernos concertacionistas,
mientras bajo cuerda negociaba la compra de acciones de LAN de la Corfo; el que,
siendo senador, les vendió a los bancos su negocio de las tarjetas mientras anunciaba
una moción para que debieran pagar intereses sobre los saldos de las cuentas
corrientes, moción que retiró cuando los bancos le subieron el precio a lo que
él pedía; el que preparó un cuadrillazo televisivo contra Evelyn Matthei cuando
competía con él por una candidatura presidencial; y el que hoy mismo está
comprometido en un caso de corrupción en Argentina y en la emisión de facturas
objetadas (tanto que su administrador electoral y gerente de su empresa
insignia está procesado en los casos SQM y Penta). Pero no, no se incluyó a
Sebastián en la encuesta, junto a Dávalos, Jadue y Karadima, sino a su hermano
limpio de polvo y paja. Y la mayoría del público que contestó la encuesta ha
condenado a éste. ¿No es una locura completa?
Y no sólo
eso. La misma opinión pública consagra al propio Sebastián, con tales
“atributos”, con las mayores preferencias en la última encuesta sobre
candidatos presidenciales. Bueno, es la opinión pública que antes eligió como
el “Más Grande Chileno de Todos los Tiempos” al peor gobernante de la historia
del país, que además de arruinarlo y dejarlo al
borde de la guerra civil, recibió fondos clandestinos de ambas potencias
de la Guerra Fría, según está históricamente documentado.
A este aparente estado
demencial de los chilenos obedece el que salgan las masas a las calles para
pedir el reemplazo de un sistema previsional que ha preservado exitosamente los
fondos acumulados, haciéndolos redituar 8,2% promedio anual, y pidan
reimplantar en vez de él un sistema de reparto, como el de antes de 1980, fracasado
y quebrado y del cual se habían esfumado los fondos en perjuicio de los obreros
más pobres, que obtenían pensiones mínimas o nada, en beneficio de unos pocos
caciques políticos que las conseguían millonarias, como la de Miryam Olate de
Andrade hoy (en la parte del sistema que sigue siendo de reparto); y que daba préstamos
privilegiados a los mismos caciques, en pesos, cuando había inflaciones de dos
dígitos que reducían a nada la devolución de los mismos; o que arrendaba departamentos
de lujo construidos por las Cajas de previsión por cánones míseros a los
favorecidos del gobierno de turno, todo lo
cual condujo a la quiebra del sistema.
Sí, es lo que parece: Chile se ha vuelto loco.