viernes, 17 de junio de 2016

País al Mejor Postor


          Hay un clima de caos, qué duda cabe, pero yo les digo a quienes me quieran oír que esto ya se acabó y que se queden tranquilos. Este gobierno ya es pasado, pues en su último año todos van a estar preocupados de elegir a su sucesor y nada de lo que intente concluir va a prosperar. Su reforma laboral, que tenía tan preocupados a los que producen (y de cuyo quehacer todos vivimos, en particular los funcionarios que idearon esa reforma bajo el dictado comunista) definitivamente “se trancó” y el propio Gobierno ya reconoce que no podrá quedar aprobada hasta el próximo año. La reforma constitucional o “proceso constituyente”, que nadie sabe en qué puede terminar y provoca una tremenda incertidumbre, nunca estuvo concebida para aprobarse bajo este gobierno y si hay algo claro hacia el futuro es que el próximo no va a ser revolucionario de izquierda como éste y, por lo tanto, bajo él ni siquiera se va a hablar de reforma constitucional.

          Luego, todo esto de los “encuentros locales” y los “cabildos” no tiene la menor importancia práctica, pues es una cosa artificial promovida por el Gobierno y que no le interesa a casi nadie. He probado en anteriores blogs que nunca la gente mencionó en las encuestas, entre los quince temas prioritarios que la preocupaban, el de la reforma constitucional. Sólo la mencionaron, y en los últimos lugares, cuando artificialmente el régimen la puso en escena, y de la peor manera posible, es decir, a cargo de “encuentros” y “cabildos” legos que no saben nada de constituciones y, desde luego, ni siquiera han leído la vigente. Pues recuerden ustedes ese apotegma según el cual “un camello es un caballo dibujado por una comisión” y entonces imagínense el esperpento que puede salir de miles de comisiones de personas silvestres que no tienen la menor idea de Derecho Constitucional.

          Lo lógico, en caso de una reforma en serio que realmente fuera necesaria --lo que no es el caso en el Chile de hoy— sería designar a los más destacados juristas para consumar esa tarea, como lo hizo el Gobierno Militar, que incorporó a abogados de todas las tendencias democráticas y formó la Comisión Ortúzar. Ésta trabajó seis años y en ella hubo plena armonía entre los juristas para alcanzar soluciones tan buenas como las que han permitido este cuarto de siglo de ejemplar estabilidad política, sin precedentes desde los decenios legados por Portales en el siglo XIX.

          A propósito de eso y repasando textos he encontrado una “perla” que deslumbrará a los DC de hoy: su correligionario y destacado constitucionalista, Alejandro Silva Bascuñán, presidente del Colegio de Abogados en 1973 y miembro de la Comisión Constituyente, publicó lo siguiente en la Revista de Derecho y Jurisprudencia de octubre de 1973: “Han concurrido, pues, a juicio del Colegio de Abogados, en el caso de Chile, todas las condiciones doctrinarias para estimar como legítima la rebelión armada que depuso al gobierno anterior”. Y añadía don Alejandro: “Y es obvio, como dice un autor, ‘si es legítimo deponer a una autoridad ilegítima, quien la reemplace a través del derecho legítimo de rebelión, necesariamente tendrá que tener un título de origen legítimo’”. (Esta cita es un aporte del abogado Fernando Saenger).

          En consecuencia, personas que se sienten incómodas al hablar de “Gobierno Militar”, como alguna vez dijo sentirse el senador Hernán Larraín, en lugar de calificarlo de “dictadura”, podrían llamarlo “gobierno legítimo”. Y eso corre para todos los DC, si es que algún respeto conservan por la memoria de su correligionario Alejandro Silva Bascuñán, constituyente de 1980.

          El hecho es que el actual gobierno revolucionario tiene al país en una condición bastante anárquica y se ha ganado el repudio popular, tanto que por primera vez en años las encuestas muestran que hay mayor preferencia por el conglomerado opositor, Chile Vamos, que por la Nueva Mayoría. Y entretanto ya parece que aquí no manda nadie: colegios y universidades tomados, delincuentes que se pasean robando y asaltando como Pedro por su casa y nadie les hace nada, parte de una región en manos de la guerrilla comandada por un subversivo de acento caribeño, sacrílegos que destruyen una imagen de Cristo en plena Alameda, tras asaltar una iglesia, y no les pasa nada. El cambio viene y es inevitable. Y todo el mundo ya lo sabe.

Luego éste ha devenido un gobierno terminal, con el inefable Mario Fernández a cargo de administrar la quiebra, a quien estoy viendo en este mismo momento expresar su felicidad tras un encuentro con el principal causante de la quiebra, en su calidad de partido al mando de la Nueva Mayoría: el comunista.

Chile se ofrece al mejor postor. El único consuelo reside en que no se lo van a adjudicar los mismos elementos extremos que lo hicieron quebrar..   

martes, 14 de junio de 2016

Crónica Subdesarrollada


          Los blogueros, aunque a veces no lo parezca, tenemos vida personal y yo no soy la excepción. En el curso de esa vida personal tuve que ir ayer a almorzar en el Club de la Unión del centro y lo hice en mi auto alemán del año 2015, provisto de neumáticos alemanes para calles alemanas bien pavimentadas y no para calles chilenas llenas de hoyos, de tal manera que cuando transitaba por Santo Domingo a la altura de Morandé, cayendo en “eventos” cada vez más profundos, hubo uno definitivamente enorme que me liquidó el neumático delantero izquierdo, con el cual, reventado, llegué a duras penas al estacionamiento debajo de La Moneda.

          Miré el estropicio y me dije que debería comer liviano para estar en condiciones de cambiar la rueda después del almuerzo. No sé si la cazuela, plato único que pedí, era tan liviana, pero estaba muy buena. Volví al estacionamiento y puse manos a la obra. El calce de la gata con la carrocería parecía obvio, pero no lo era, porque al levantar el vehículo un soporte debajo de la puerta chirrió y una lata de la carrocería se abrió. Entonces decidí que yo era demasiado subdesarrollado como para usar una gata alemana, así es que llamé al representante de la marca y me enviaron a un experto, que llegó tras media hora en metro y logró levantar el auto y cambiar la rueda por la de repuesto.

Esta última es de aspecto algo ridículo y más pequeña. Con ella me fui entonces por un costado del Parque Forestal en dirección al taller de neumáticos para reemplazar el siniestrado, pero cuando iba a la altura de Miraflores otro hoyo gigante, que no vi a tiempo, me liquidó el repuesto. En las lamentables condiciones en que quedé, y ya sin recambio posible, entré a la Costanera Norte a la vuelta de la rueda, lo que no fue problema, porque estaba congestionada y todos iban a la vuelta de la rueda, claro que los demás sin un neumático roto ni la angustia que yo sentía.

Pero a la altura de La Concepción decidí que la cosa ya no daba para más y resolví salirme para llamar una grúa. Quedé estacionado en la Plaza de la India, frente a Indisa, y los representantes de la marca me dijeron que la grúa llegaría una hora después, si podía con el tráfico. Pero no pudo y sólo llegó a la hora y media. A esa altura ya me había perdido el partido México-Venezuela.

          La grúa se llevó el auto al taller y desde ahí me llamaron hoy para que activara el seguro del auto. La póliza decía que debía dejar primero constancia en Carabineros. Fui a la Comisaría de Los Dominicos y quise sacar número de atención, pero el rollo de los números no tenía papel, así es que esperé mi turno hasta que me atendió una carabinera joven y recibió mi constancia, no sin antes decirme que no representaba la edad que tenía, cosa que le agradecí. Traté entonces de activar mi seguro, pero BCI Seguros me dijo que mi póliza estaba cancelada por no pago. Yo revisé mis papeles y le contesté que había pagado $233.065 de prima el 18 de febrero y, si me habían cancelado la póliza, que por lo menos me devolvieran la plata.

          Si yo no viviera en un país subdesarrollado seguramente me habrían llegado las cartas de cobro del seguro del auto, pero mi cartero pasa sólo muy de vez en cuando y para cobrar la cuenta.

          Costos del subdesarrollo para mí: dos neumáticos caros destruidos por hoyos de las calles; $233.065 pagados a BCI Seguros por una póliza que había sido cancelada, pese a lo cual no me devolvió el pago; reparación de carrocería por mi subdesarrollada ignorancia acerca de cómo colocar una gata bajo el auto; y la perspectiva de que los nuevos neumáticos fabricados para calles alemanas, que voy a tener que comprar, vuelvan a ser destruidos por los “eventos” de nuestras céntricas calles chilenas. Que no son nada al lado del Cristo destrozado, de los liceos vandalizados, de las universidades tomadas, de la Araucanía en llamas (cuyo intendente dice que es la tercera región más segura del país); de la inversión que cae por tercer año consecutivo, del desempleo que aumenta y del nuevo ministro, que jura que va a aplicar al pie de la letra el Programa, sin duda la causa de la mayoría de los peores males nacionales actuales.

jueves, 9 de junio de 2016

¿Cuándo Nos Jodimos Todos?


          Desde que salió en “El Mercurio” la carta del militante DC Álvaro Covarrubias Risopatrón titulada “¿Cuándo se Jodió la DC?” y el doctor Pedro Becker le contestó al día siguiente una breve nota explicándole que fue cuando, después de haber apoyado el pronunciamiento militar, se cambió a la oposición a la Junta, no sólo está autorizado usar el vocablo coprolálico “joder” para referirse a la situación chilena, si no aclarado cuándo la DC se jodió.

          En realidad, el que lo incorporó a literatura docta fue Vargas Llosa en “Conversación en la Catedral”, coloquio durante el cual un joven preguntaba “cuándo se jodió el Perú”. A partir de ahí la pregunta se tornó habitual y universal.

          Yo estimo pertinente extenderla: “¿Cuándo nos jodimos todos?”. Porque en este momento no sólo todos lo estamos, sino porque la respuesta es perfectamente clara: cuando el “No” ganó al “Sí” en 1988 y después, para empeorar las cosas, Aylwin ganó a Büchi el ’89.

          Pues en 1990 el país iba como avión. Había sido el primero de América Latina en superar la crisis de la deuda (“década perdida de América Latina”), crecía a más del 10% anual, al término de la transición 1981-1990 se había establecido una sociedad libre y democrática; el desempleo se había reducido en cinco años de 11% a 5% y, por tanto, la pobreza retrocedía velozmente (pues su principal causa es la cesantía en las familias más pobres); había autoridad, pues se aplicaba mano dura al terrorismo, y ni siquiera había conflicto mapuche en la Araucanía, como que los caciques indígenas había condecorado al Presidente Pinochet, designándolo “Gran Conductor y Guía” (“Ullmen F’ta Lonko”). Era tanta la complacencia en la zona que fue una de las dos que no se equivocó en el plebiscito y le dio un amplio triunfo al “Sí”.

          Hoy día arde el país en medio del segundo intento de revolución marxista, pero especialmente arde la Araucanía, donde operan las FARC chilenas (supongo que todo el mundo notó el acento tropical del jefe de los encapuchados supuestamente mapuches que admitieron a la periodista Paulina de Allende-Salazar en su territorio, escindido por la fuerza e impunemente del solar patrio).

          Y no sólo está jodido el gobierno, como es público y notorio desde que un tipo honesto y decente como Jorge Burgos se declara enfermo y se va ante la imposibilidad de seguir siendo ambas cosas y al mismo tiempo ser cómplice de matar a los que están por nacer, perseguir a los carabineros por impedir que los encapuchados destruyan e incendien, liquidar la enseñanza libre y minar la producción a través de entregar el monopolio sindical al Partido Comunista.

          Pero si todo eso tiene jodida a la DC, también está jodida la oposición, pues también está en manos del “No”, representado por un multimillonario sin escrúpulos, cuya única meta es cumplir su ambición de volver a la Presidencia y que tiene cooptados (es la manera elegante de decir otra palabra) a todos los centros de poder político y comunicacional de la derecha, con la posible y única salvedad de este blog (aunque mis detractores, que son muchos, sostienen que eso se debe sólo a que no he recibido una oferta que no pueda rechazar).

          Perdónenme, pero no puedo sino pensar así cuando veo que Sebastián Piñera es uno de los presentadores de un libro editado por la Fundación Jaime Guzmán. ¿Qué diría Jaime Guzmán? No puedo sino recordar cuando me llamó por teléfono en 1989 para insistirme en que fuera candidato a senador por Santiago Oriente para derrotar a Piñera, porque veía en él al peor cuchillo cercenador del legado del Gobierno Militar, como efectivamente lo ha sido desde que yo no pude cumplir la misión que me encomendó Guzmán.

          Piñera tiene una táctica muy eficaz para enfrentar a sus adversarios y también a los que no lo son, pero no se le han plegado suficientemente: los “coopta”. Recuerdo precisamente un caso de 1989, cuando “Fortín Mapocho”, un diario de furibunda oposición al gobierno de Pinochet (ahora dicen que entonces, bajo “la dictadura”, que no era tal, pues había sido elegida en 1980, no había libertad de prensa ni periódicos opositores, pero esto tampoco es verdad) desplegó un titular a seis columnas en primera página denunciando el escándalo de las actuaciones de Piñera como gerente del Banco de Talca a comienzos de los ’80, que generó su procesamiento por la justicia. El ataque amenazaba seguir y todos esperábamos un contraataque o querella de Piñera, pero no hubo nada de eso, sino la amplia información en el propio “Fortín Mapocho” sobre un asado que el candidato ofreció en su hogar al director y periodistas del diario, en un clima de cordial amistad que implicó el término de las denuncias sobre el Banco de Talca.

         En este momento la oposición toda está “cooptada”. Los medios lo están y me pregunto si también la justicia, porque veo el ensañamiento de unos y otros con, por ejemplo, Jaime Orpis, por haber recibido recursos de empresas para financiar sus gastos electorales mediante facturas y boletas “ideológicamente falsas”, y el más completo silencio sobre Piñera, que recibió más del doble que Orpis por los mismos medios. Se hace escándalo porque Orpis habría pagado gastos particulares con ese financiamiento y nada se dice de la evidencia de que Piñera hizo lo mismo al pagar con fondos de SQM y Aguas Andinas bonos de desempeño a ejecutivos de una empresa suya (Chilevisión). Con la diferencia de que Orpis debió renunciar a la UDI, mientras en la misma UDI algunos sostienen que Piñera debe ser su candidato “y lo demás es música”. Yo nunca había visto medir a la gente con tan distintas varas.

          En fin, veamos: ¿está realmente jodida la DC? Por supuesto. Yo no sé, ni ella misma sabe, qué va a hacer para cumplir la misión imposible de seguir gobernando con los comunistas. ¿Cómo lo va a hacer Mario Fernández, un “conservador valórico”? No lo sé y me temo que él tampoco. Es una buena persona y le tengo aprecio, pero creo que cedió a la tentación de estar en primer plano. Me hizo recordar la frase de Arturo Fontaine Aldunate, que cuando era director de “El Mercurio” una vez me dijo: “Nunca he conocido a nadie que no quisiera ser ministro, ni nunca he conocido a ningún ministro que se hubiera ido queriendo realmente irse”.

          Y así estamos, condenados al “No”, es decir, mal. Entre la Nueva Mayoría, que ya no es mayoría, y la oposición cooptada por Piñera, que no es oposición (a quien crea que lo es, que lea su discurso en el 80° aniversario de “La Segunda”, en 2011, condenando la “escandalosa desigualdad” que hay en Chile, en los mismos términos en que lo hace Bachelet. 2.0 y que lo llevó a hacer un gobierno similar al de Bachelet 1.0, el V de la Concertación y bajo las banderas de ésta).

          Respondo entonces, finalmente, la pregunta inicial: ¿Cuándo nos jodimos todos? Cuando en 1990 el país quedó para siempre en manos del “No”, y después, en 2009, cuando la oposición también quedó, y hasta hoy, también en manos del “No”.

domingo, 5 de junio de 2016

Entre el Bien Mayor y el Mal Menor


          ¡Por fin tendremos en candidato del “Sí”! Todo en Chile se ha definido desde hace 26 años en favor del “No”. Aylwin, Frei, Lagos, Bachelet I, Piñera, Bachelet II, todos del “No”. Hasta cuando creíamos tener un candidato triunfante (Lavín, que al final perdió), éste, durante la campaña, dijo que “si hubiera sabido”, habría votado “No”. “Cerebro lavado”. Se había “dado vuelta la  chaqueta”.

          Bueno, al fin ahora tenemos no sólo a un hombre del “Sí”, José Antonio Kast, que está resuelto a ser candidato, sino dos, pues el coronel Labbé ha declarado su disponibilidad, en una época en que la mayoría pide una mano firme como la que él demostró tener en Providencia. No olvidar 1952, cuando el general Ibáñez ganó lejos, prometiendo barrer con la descomposición ambiente, siendo que dos décadas antes había sido destituido casi por unanimidad como dictador. Ni olvidemos el clamor popular de 1973, cuando Frei escribía que se levantaban banderas de celebración en las poblaciones ante el pronunciamiento.

Estaré con cualquiera de ambos, Kast o Labbé, que se lance a reunir las 35 mil firmas que los separan de la candidatura presidencial. Yo garantizo mil. ¿Cómo no van a tener 35 partidarios como yo? El viernes almorzamos con ambos en una mesa del “Sí” y había 25. ¡Sí se puede!

          Con eso ya estaremos posicionados en la primera vuelta. El “Sí” es mucho más poderoso de lo que la gente cree. Yo lo veo en la calle, donde se me acercan personas de todas las condiciones a expresarme su apoyo a mi defensa del gobierno que salvó a Chile y lo puso a la cabeza de América Latina con una democracia próspera y estable (que ahora la izquierda está destruyendo, lamentablemente). Claro, también una que otra persona, en el lenguaje propio de la izquierda, me grita “facho asqueroso” o “viejo c…”, pero son el uno por ciento.
          
         ¿Y si perdemos en la primera vuelta? Bueno, en ese caso tendríamos que elegir, probablemente, entre Lagos y Piñera, que para mí son, respectivamente, el “mal menor” y el “mal mayor”, pues el segundo se dedicó a criminalizar a la derecha por su apoyo al Gobierno Militar, lo que la destruyó electoralmente, posibilitando el triunfo de la retroexcavadora marxista. Además, aumentó el tamaño del Estado creando ministerios; subió los impuestos y se dedicó a perseguir a los militares, triplicando el número de querellas ilegales en su contra y trasladando a los que estaban presos en un penal decente a otro peor y hacinado. Y, conociéndolo, estoy seguro de que si saliera de nuevo electo, los trasladaría a otro de reos comunes, como quiere el trío de mujeres odiosas (Michelle Bachelet, Javiera Blanco e Isabel Allende).

Lagos, en cambio, no persiguió a los militares e incluso indultó a uno; no subió impuestos, sino que estimuló la inversión con la Ley del Mercado de Capitales I; ni aumentó el número de ministerios (incluso opinó que debían ser menos). Es claramente el mal menor y yo votaría por él en segunda vuelta. Es un mal, porque ha estado siempre equivocado, pero ha rectificado. Y, además, supongo que no va a cambiar la Constitución, como quiere Piñera al igual que la izquierda, pues el mismo Lagos se apropió de ella (indebidamente) en 2005 y la declaró digna de la democracia chilena. Eso da mucha estabilidad al país.

          Entonces, entre un tipo equivocado que rectifica y uno que también está equivocado pero está siempre haciendo trampas y no aprende nada, como que se va hacia la izquierda a cada rato, el mal menor es claramente el primero.

Ahora, si la Nueva Mayoría llevara a Isabel Allende, ahí sí que en la segunda vuelta estaríamos frente a dos “males mayores” y en ese caso creo que pensaría seriamente en no votar y llamar a Hernán Büchi para pedirle que me ubique una casita para la familia en Zug. Pero no creo que los de la Nueva Mayoría incurran en semejante torpeza, desde luego por la alta probabilidad de que la candidata no llegara a la hora para su inscripción en el Registro Electoral.

Entonces, el “Sí” vive y tendrá candidato “sí o sí”. Y su más probable amenaza será un mal menor. Es decir, nunca habíamos tenido tan buenas perspectivas desde 1990.

jueves, 2 de junio de 2016

Contentos, Señores, Contentos


          Así estamos. Pues creíamos estar muertos, y no: ha pasado algo indicador de que todavía respiramos. Tras seis gobiernos consecutivos del “No” que deterioraron la economía, falsificaron la historia, se vengaron de los que salvaron a Chile y les han repartido ya largo más de dos mil millones de dólares a victimarios marxistas hoy convertidos en “víctimas”, totalitarios ahora autodenominados “demócratas” y agresores travestidos de “agredidos por violaciones a sus derechos humanos”, parecía que los del “Sí” habíamos dejado de existir. Sobre todo cuando el más rico mercader de la política chilena estaba, en una operación de “toma de control hostil” de la UDI y aprovechándose de su inopia, adquiriendo a precio de liquidación el partido fundado por Jaime Guzmán y que creíamos nuestro último bastión.

          Todavía más tras la puñalada trapera con que sus dirigentes se deshicieron del coronel Labbé, negándole su derecho a primarias en Providencia y añadiendo la injuria a la herida, al decirle que su sola presencia en la UDI “le hacía mal al partido”. Eso ya parecía certificar nuestra defunción.

Pero entonces renunció José Antonio Kast junto a 31 personalidades significativas de la colectividad, colmados ya de que ella haya devenido hogar político de “arrepentidos”, “bacheletistas-aliancistas”, piñeristas y penitentes con sus cerebros prolijamente lavados que repiten como un mantra y mea culpa que “si hubiera sabido lo que pasaba habría votado ‘No’”.  Ya el colmo fue el twitter de un aspirante a presidir el partido con la consigna comunista de “repudio a las violaciones de derechos humanos” en protesta porque el diputado Urrutia rindió homenaje a la memoria del Presidente Pinochet en la Cámara.

Por eso la renuncia de José Antonio certifica que, pese a todo ello, el “Sí” todavía vive y puede originar, “desde las cenizas”, un partido respetable de derecha en la política chilena, como el que la UDI ha dejado de ser. Certifica, además, que no toda la gente se deja sobornar ni lavar el cerebro. Y, en fin, que el coraje político no ha muerto en la derecha, como lo probó el mismo Kast al representarle personal y públicamente al Presidente de la Corte Suprema, desafiando una funa comunista, la escandalosa discriminación consistente en conceder la libertad condicional a más de dos mil delincuentes al tiempo que les es negada, junto con otros beneficios carcelarios básicos, a 117 presos políticos militares cuya edad promedio es de 76 años.

Kast y quienes lo han acompañado en su renuncia representan, como bien lo dice Juan Ignacio Brito en su excelente artículo de “La Tercera” de hoy, un intento de rescatar los principios fijados para la UDI por su fundador, Jaime Guzmán, al propiciar una sociedad “basada en sólidos valores morales” y constituirse en un partido “siempre confiable para quienes se mueven por principios y convicciones”.

Pero los dirigentes UDI de hoy parecen decirse, “primum vívere, deinde philosophari”, y no vacilan en cerrar filas tras un mecenas de nutrido prontuario, que por muchos años fue el peor cuchillo de la colectividad. Es que deben pagar las cuentas del agua y de la luz, para no hablar de los gastos de la campaña electoral. Y en eso no están alejados de su electorado, pues las más recientes encuestas señalan que el 79% de los votantes de derecha prefieren a Piñera, pese a que, siendo este sector el mejor informado del país, también conoce perfectamente el prontuario del candidato. ¿Y qué hacer cuando sus candidatos a alcalde, haciendo de tripas corazón, acuden a fotografiarse con él, como abejas a la miel?

¿Y entones se desterrará también de la Declaración de Principios, junto con el reconocimiento al Gobierno Militar (que se acordó derogar “a mano alzada” en reciente Consejo) el conjunto de los principios y valores legados por Jaime Guzmán? Parece que va a ser necesario, pues el mismo partido que ha aceptado la marginación de Jaime Orpis por haber empleado ayudas electorales de empresas para pagar las contribuciones de su casa, ahora adherirá como candidato presidencial a uno que también en anterior campaña empleó las ayudas electorales de empresas para pagar bonos de desempeño a ejecutivos de su canal de TV. ¿Y cómo conciliar la bajada de Golborne como precandidato de la tienda, en razón de que una sociedad suya tenía una cuenta off-shore, con el apoyo a Piñera, que aparece con dos sociedades con cuentas off-shore en los Panama Papers?

Son verdaderas “contradicciones vitales” que explican por qué un pro-hombre del sector prefiere radicarse en otro país y por qué cada vez más militantes de la UDI dejan de reconocer al partido como una sede condigna de representarlos y desde la cual conquistar a la opinión pública. 

Tal vez sea preferible militar en el 21% que defiende ideales aunque pierda votos, que en el 79% al cual lo único que le importa es ganar “a la Piñera”, es decir, sin importar cómo. Y desde allí construir algo decente.

sábado, 28 de mayo de 2016

El Festín de la Calle


          La gente ignorante cree que lo que estamos viendo en Chile nunca ha pasado antes, y lo llama “modernidad”. Y cuando es muy ignorante, lo llama “posmodernidad”. Pero lo que estamos viendo no tiene nada de nuevo. Esas multitudes pidiendo cosas gratis, como si tuviera derecho a ellas, son iguales a las de 1932, que llenaban las calles de Santiago en homenaje al líder más “popular” (en términos de gritería callejera) de la historia de Chile, el jefe de la República Socialista, Marmaduke Grove, que había discurrido una cosa aún más genial que la “educación gratis”, que era la “plata gratis”; y había ordenado a la Caja de Crédito Prendario devolver a la gente, sin pago, las cosas que había dejado en garantía de sus préstamos, los cuales, por supuesto, entonces nunca se pagaron. “¿Quién manda el buque?”, preguntaba la masa. “¡Marmaduke!”, se contestaba ella misma, desfilando por el centro en un paroxismo de felicidad colectiva que duró tres semanas.

          El fenómeno de la irresponsabilidad callejera lo estudió Ortega y Gasset también en ese mismo tiempo, y escribió, en “La Revolución de las Masas”: “…el hombre vulgar, al encontrarse con ese mundo técnica y socialmente tan perfecto, cree que lo ha producido la Naturaleza, y no piensa nunca en los esfuerzos geniales de individuos excelentes que supone su creación. Menos todavía admitirá la idea de que todas esas facilidades siguen apoyándose en ciertas difíciles virtudes de los hombres, el menor fallo de los cuales volatilizaría rapídísimamente la magnífica construcción”.  Y describe a continuación los dos rasgos del hombre-masa, aplicables a MEO, Jackson, Boric, la Nueva Mayoría, sus encapuchados y conductores de retroexcavadoras: uno, “la libre expansión de sus deseos vitales, por tanto, de su persona, y (dos) la radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia”.

          Acá, a los gritos primitivos de “¡no al lucro!”, una receta suicida, porque si la gente no puede ganar nada no produce ni hace nada; y “¡educación pública gratuita y de calidad”, una contradicción en los términos, porque está demostrado (aunque se procure ocultar los resultados de la prueba SIMCE) que la educación particular pagada alcanza nivel europeo y la pública es un desastre que le cuesta al país 8 BILLONES de pesos anuales que demanda el monstruo burocrático llamado “Ministerio de Educación”. Con esa suma todas las familias pobres chilenas podrían mandar a sus hijos al colegio particular pagado de excelencia de su elección, cerrando la brecha que hoy existe entre la élite y la masa y que se agranda día a día. Pero hoy esa gigantesca suma va a manos de una burocracia ávida, encabezada por el Partido Comunista, inspirador de las principales políticas de la Nueva Mayoría.

          Este “festín de la calle” que estamos presenciando, que horroriza a muchos y los desconcierta a todos (“¿qué pasa en Chile?”, pregunta la BBC mientras exhibe un edificio en llamas); y que protagonizan los revolucionarios y encapuchados, cuenta con la complicidad que siempre le han brindado los “Kerenskys”; su afín, el “cómplice pasivo” que declaró al movimiento subversivo de 2011 como “noble, grande y hermoso”, cuando lo que aquel quería era partir por derrocarlo a él; e incluso los derechistas incautos que declaran, demostrando ser no menos ignorantes que el hombre-masa: “las demandas son justificadas, pero los medios no son los adecuados”.

          La buena receta es, por cierto, la diametralmente opuesta a la de la calle: libertad de enseñanza en todos los niveles; admisión del lucro como lo que es, el más potente motor de la creación humana; y cese inmediato de la persecución contra la enseñanza particular de todos los niveles, si es que aún es tiempo de remediar la crisis que ha provocado en los colegios y las universidades privadas. Éstas en algún momento atrajeron inversiones y capitales que posibilitaron triplicar en pocos años el número de jóvenes chilenos que tenían acceso a la universidad. Hoy esos inversionistas han sufrido enormes pérdidas.

          La mala noticia es que la locura gubernativa actual no podrá ser extirpada con la prontitud (tres semanas) con que pudimos lanzar al basurero de la historia a la República Socialista de 1932. Pero, como he tenido oportunidad de señalarlo en varios comentarios anteriores, su sucedáneo de hoy, el gobierno de la Nueva Mayoría, ya tiene próximo plazo de término y carece de sucesión posible, por voluntad popular aplastante. Es decir, ya Nicolás Eyzaguirre no tiene tiempo de “bajar de sus patines” a los alumnos del mejor nivel educacional chileno. Y sí, en cambio, se abre la posibilidad de que un gobierno democrático y moderno, representativo de la mayoría desilusionada de lo que el “hombre-masa” hace en las calles y la política, abra paso a la libertad y el emprendimiento.

Éstos, con los adecuados estímulos, liberalizaciones y privatizaciones, más temprano que tarde “subirán a los patines” a la gran masa de jóvenes chilenos que aspiran a compartir los frutos a que daría lugar la extensión al ámbito educacional de los principios que rigen a las sociedades libres.

domingo, 22 de mayo de 2016

Lloro Por Ti, Chile


          Mientras la Presidenta leía su mensaje de una hora y media, las fuerzas más representativas de su pensamiento genuino asolaban las calles del puerto, agitando los inconfundibles pabellones del Partido Comunista con la hoz y el martillo, las banderas rojinegras del MIR y el lema representado por la gigantesca pancarta que portaban los marchantes de la primera fila violentista, proclamando con grandes letras “la Revolución Socialista”, que es, como todos sabemos, el menester fundamental a que está abocado, “sin renuncia”, este gobierno.

          Como lo ha sido en el caso de tantos países, ésa es, actualmente, la perdición de Chile. Algunos dicen que nuestro problema es la incertidumbre, que suelen llamar “incerteza” (usando un vocablo académicamente permitido, aunque extraño) pero el real problema es el contrario: la certeza de que el proceso puesto en marcha por Michelle Bachelet es una revolución socialista. Y es natural que así sea, si nos atenemos a la biografía política más fiel de ella (Insunza y Ortega), que la muestra en su juventud colaborando con el MIR en los ’70; después conviviendo con el vocero del brazo armado comunista, el FPMR, en los ’80; y formando parte del conglomerado formado por el comunismo para competir electoralmente, en el ’89, contra la Concertación y el pacto de derecha, “Democracia y Progreso”. Entonces, los que incendiaron Valparaíso fueron, propiamente, “los suyos”.

          Por supuesto, esta revolución socialista de Bachelet está fracasando, tal como ha fracasado la de otra ex guerrillera en Brasil; tal como similares políticas han llevado al despeñadero a Venezuela y están siendo justo a tiempo desterradas en Argentina. En fin, si es por eso, también tal como las que dieron al traste con todo el “Segundo Mundo” encabezado por la URSS durante setenta aciagos años y que hallaron su epílogo con la caída del Muro de Berlín, levantado por los gobernantes más admirados por Michelle Bachelet, Eric y Margot Hönecker, sintomáticamente fallecidos en nuestra tierra, tan ávida de proveer perdones a todos los crímenes de la izquierda como de imponer castigos a los que frustran sus propósitos totalitarios.

          Lloro por este Chile sofrenado por la violencia comunista-socialista impune, que es parte de la actual revolución. Lloro por los caídos a manos de ella, desde el matrimonio Luchsinger McKay hasta Eduardo Lara, sabiendo que los autores de crímenes de la subversión, como los de todos los cometidos entre 1973-90 y posteriores, serán indultados, mientras los llamados a combatirlos serán finalmente perseguidos y traicionados por los Kerenskys, Aylwines y Piñeras que los convocaban y aplaudían cuando el miedo acosaba.

          Lloro porque Chile no tiene alternativa fuera de la que representan la revolución en curso y el previsible triunfo del sujeto que le pavimentó el camino, criminalizando a la derecha que era alternativa electoral en 2013, condenándola así a una derrota irremisible, de la cual no ha podido recuperarse. Pues esa derecha ha muerto políticamente y ya carece hasta del más mínimo financiamiento para revivir. Como ha dicho un actual escudero de su enterrador, este último es su único posible candidato “y lo demás es música”. “El que tiene la plata pone la música”. Y tal personaje tiene hoy ventajas irremontables, como su dinero, que está disponible para su pre-campaña y sus aspiraciones. Sólo para éstas y las de nadie más. Si él decidiera marginarse, nadie tendría medios para tomar su lugar. Es sabido que cuando no es él el protagonista, desaparece junto con su billetera, como lo hiciera en 1999. Entonces no fue tan grave, porque había otras billeteras; pero ahora no queda ninguna. Y también él tiene otra ventaja: una “generalísima virtual”, Michelle Bachelet, que con sus políticas revolucionarias fracasadas lleva a la mayoría a decirse, “que venga cualquiera, pero que termine esto”. Y “esto” es lo que estamos viviendo hoy: semiparalización económica, pérdida de empleos, incertidumbre empresarial, violencia impune y una atmósfera circense de “encuentros locales” que a la gente tan poco interesan que ha debido reducirse el quórum para realizarlos, porque no llegaban los quince exigidos por el libreto oficial. Frente a eso, la verdad es que la masa la única alternativa que conoce es la del enterrador de la derecha. Ningún postulante a competirle tiene los medios de darse a conocer nacionalmente. Y casi ninguno supera siquiera el 67% de conocimiento entre la población.

Frente al circo constitucional el único consuelo es que, si desemboca en algo, redundará en un proyecto de reforma que no será tramitado por este gobierno, sino por el próximo, que (de esto no hay “incerteza”) no será socialista ni revolucionario. En otras palabras, después de todo este circo, no habrá reforma constitucional.

Y los otros grandes torpedos contra las libertades personales, la reforma laboral y la educacional, también quedarán para más adelante. Aunque la primera la redacten este año, ya han confesado que sólo la implementarán el próximo, lo que dudo hagan, pues en 2017 estaremos inmersos en plenas elecciones presidenciales y parlamentarias. Y los proyectos educacionales ni siquiera están redactados. Es decir, para cuando el gobierno socialista revolucionario haya terminado, todavía será posible remediar los peores males que ha pergeñado.

Pero de todos modos lloro por ti, Chile, por este año y medio revolucionario de la gran serpiente que todavía te queda por delante y por la alta probabilidad de que, tras él, vuelvas a caer del fuego a las brasas otra vez.