viernes, 12 de abril de 2013

Michelle y Sus Tres Transantiagos Más

Michelle Bachelet instituyó para los santiaguinos el Plan Transantiago, que significó reemplazar un sistema de transporte colectivo bastante libre, con 13 mil empresarios, que generaba excedentes de 63 millones de dólares anuales y trasladaba a los peatones desde donde estaban hasta donde querían ir, por otro sistema discurrido por algunos genios socialistas, que en siete años ha generado pérdidas de seis mil millones de dólares ("and counting"), pagadas gracias al cobre; que eliminó a 9 mil pequeños empresarios y no lleva a los pasajeros desde donde están hasta donde quieren ir o lo hace en más tiempo, con más transbordos y a más costo. Entonces los chilenos, habitantes de un país que muchas veces ha sido llamado "Tontilandia", han decidido premiar a Michelle Bachelet por su genialidad , ratificada la noche del 27/F, con un gran apoyo para que vuelva a gobernar. Y ella ha tomado todas las ideas para hacerlo de la única parte que se le ha ocurrido, es decir, de las consignas que gritan quienes desfilan por las calles. De lo cual resulta que debemos prepararnos para, al menos y para comenzar, tres Transantiagos más, si ella gana la elección presidencial, asume el poder y hace lo que ha prometido.

Se viven tiempos parecidos a los de nuestro peor período del siglo pasado, si se exceptúan los mil días de la UP, que fue cuando hubo nueve gobiernos, entre 1931 y 1932. Uno de esos gobiernos fue la "República Socialista", cuyo "deus ex machina" era Marmaduke Grove, un coronel de la Fuerza Aérea que hacía todo lo que pedía la gente que lo vivaba en las calles. Una de cuyas cosas fue que los bancos le dieran crédito a casi todo el mundo y la otra fue que la Caja de Crédito Prendario les devolviera, a todos los que le habían pedido plata prestada, las cosas que habían empeñado, sin pagar. El resultado fue fantástico, pues la gente desfilaba entonces por las calles nada más que para vivar a Marmaduke. Lástima que un coronel Lagos, obedeciendo a un miembro de la Junta gobernante, Carlos Dávila, también socialista, pusiera término a la República de Grove, que entonces duró en total doce días. El gobierno de Dávila la sucedió y fue mucho más estable, pues duró noventa días.

Son cosas que hacen habitualmente los socialistas y si ustedes leen las declaraciones de los presidentes del PS y del PPD en "El Mercurio" de hoy, pueden estar ciertos de que las van a volver a hacer.

Michelle ya ha anunciado tres Transantiagos más, que pueden denominarse así en cuanto al desastre que van a provocar. El primero es el de la educación gratis para todos y el fin del lucro. Eso significa el término de toda la educación particular en Chile, porque "fin al lucro" envuelve prohibir que alguien se gane la vida fundando un colegio, un instituto o una universidad. Ya con la limitada persecución contra el lucro en las universidades, a la cual se ha sumado el actual gobierno (que toma los disparates de la Concertación al vuelo y cree que con eso va a subir en las encuestas), se ha producido un "pequeño Transantiago", porque cualquier cálculo al ojo de la pérdida de valor que eso implica para las universidades privadas arrojaría centenares de millones de dólares. Sin duda, viene una debacle parecida a la que habría tenido lugar si se hubiera impuesto la ENU de Salvador Allende, pues el resultado de concentrar toda la enseñanza en manos del Estado (única manera de que no haya lucro, salvo el de los burócratas) es el mismo que el de la ENU.

Un segundo Transantiago tendrá lugar cuando se descarte aplicar la Ley de Seguridad del Estado en la Araucanía, según ha prometido Michelle, porque eso significará "carta blanca" para tomarse tierras. Y como tomándose tierras la genial CONADI, ideada por Aylwin, las compra a buen precio a sus dueños y se las da a los tomadores, va a venir una avalancha, peor a la que ya ha tenido lugar, de ventas de fundos por parte de quienes saben hacerlos producir y tienen capital para ello (más ninguna gana de ser quemados dentro de sus casas) y entrega de los mismos a quienes no saben ni tienen capital para hacerlos producir. Métale papel y lápiz y le van a salir varios miles de millones de dólares de pérdida de valor en la agricultura del sur.

Un tercer Transantiago vendrá cuando el Estado se haga cargo de la salud. Ya la doctora Vivienne Bachelet, que seguramente interpreta muy bien a su pariente y colega Michelle, ha escrito a "El Mercurio" que el 3,5% del PIB se dedica a dar salud a 13 millones de chilenos, mientras el 4% del PIB se destina a 2 millones de chilenos, los cotizantes de isapres. Sus cifras están malas, porque sólo el 1% del PIB es para los cotizantes de isapres y ese 1% lo pagan ellos con sus cotizaciones y copagos, y no el Estado. Pero en Chile las cifras correctas no garantizan nada, así es que la doctora Vivienne Bachelet concluye: "Es preciso juntar voluntades para llevar a cabo la reforma del sistema de financiamiento de la salud en Chile, reponiendo la solidaridad como principio ordenador de captación y distribución de los recursos en el sector, en vez de insistir majaderamente en proyectos de ley cuyo único propósito es salvar el negocio de las isapres". Traducción: el negocio de las isapres no se va a salvar. Métale papel y lápiz y le va a resultar una destrucción de valor mayor que la del Transantiago original.

Aprontémonos, entonces. Andrade (PS) dijo: "nos faltó coraje y voluntad para enfrentar los abusos, y a veces nos pusimos del lado de los abusadores". ¿Quiénes son "los abusadores"? Los privados, obvio, porque "lucran". Eso ya lo ha establecido el "lenguaje de la calle". Quintana (PPD) ha dicho: "la sociedad chilena se hastió de seguir justificando las cosas que no hemos sido capaces de hacer". ¿Cuáles han sido "las cosas que no hemos sido capaces de hacer"? Yo les voy a decir: completar el legado de Allende. Y, para empezar, cuatro Transantiagos, en lugar de uno solo.

martes, 9 de abril de 2013

El Poder de la Tontería

Nunca he menospreciado el poder de las tonterías, pues las hay capaces de cambiar el destino de los pueblos y hasta la historia de la Humanidad. Si usted lee el libro de Hitler, "Mi Lucha", se encontrará con una colección de tonterías impresionante, y no me va a decir usted que no tuvieron importancia. En Semana Santa hemos repasado el veredicto del pueblo que, puesto a elegir entre liberar a un asesino en serie, como Barrabás, o a un hombre bueno, como Jesús, hizo la gran tontería de favorecer al primero. No sólo fue un gran crimen; fue una terrible estupidez, como decía Fouché (otros lo atribuyen a Talleyrand) del asesinato del Duque de Enghien, bajo Napoleón.

En Chile "la calle", es decir, un tropel de imberbes que no saben dónde están parados, y por eso lo único que expresan son consignas, desfiló hace dos años gritando "no al lucro en la educación", y el país hizo suya esa gran tontería como si hubiera sido un mandamiento sagrado. El propio gobierno lo hizo suyo. Por eso Carlos Larraín ha criticado al ministro Harald Beyer: por haber "asumido el léxico de la izquierda" al tratar de demostrar que persiguió sancionar al lucro en la educación, cuando debió haberlo defendido.

Pues esa consigna implica que ninguna persona puede ganarse independientemente el sustento enseñando a otras. Implica prohibir una de las iniciativas no sólo más nobles sino más necesarias que pueden desplegar los individuos y, por lo mismo, conduce al monopolio estatal sobre la educación, es decir, a la ENU (Escuela Nacional Unificada) de la UP, designada para enseñar el socialismo (y nada más que el socialismo) a todos los niños de Chile, que iban a ser "hombres nuevos". Iba a ser la muerte de la libertad de enseñanza. Y ahora nos encontramos con que están intentando hacerla efectiva tanto el gobierno como la oposición y "la calle", es decir, prácticamente todos.

Siempre he concedido que esta tontería se gestó durante el Gobierno Militar, infiltrada justamente en una de sus mejores iniciativas, la que permitió crear libremente universidades sin otro requisito que depositar un ejemplar de sus estatutos en el Ministerio de Educación. Pero les impuso ser "personas jurídicas sin fines de lucro". Con eso, entonces, y en teoría, quedaban fuera de la actividad universitaria todos los que tuvieran la capacidad de fundar excelentes universidades pero quisieran obtener de ello un beneficio económico. O sea, mucha de la gente más capaz del país y del exterior.

Déjenme advertirles que en una sociedad libre uno puede perfectamente no tener afán de ganancia alguno. Si yo me voy a trabajar gratis a alguna parte seguramente todos me van a aplaudir, especialmente el dueño del negocio. De hecho, acabo de aceptar un trabajo sin retribución. Puedo hacerlo. Eso está obviamente permitido en la sociedad libre. Pero no por eso va a ser obligatorio; no por eso puede prohibirse que alguien trabaje para obtener una ganancia en la tarea de proveer algo, sobre todo si es muy necesario. Más aún, no conviene socialmente prohibirlo, porque entonces mucha gente capacitada se abstendrá de la actividad y así se dejará de crear valor emprendiéndola, con lo cual la sociedad dejará de ganar, como un todo.

Chile pareció unánimemente pensar, cuando salió esa ley de educación superior, que "ya se curó mi capitán" (frase autóctona que preside el sentido común nacional). Deriva de muchos chistes de los años '40, en plena Segunda Guerra, que eran protagonizados "por un inglés, un alemán y un chileno". En uno, brindaban los tres, que eran militares, en un piso alto de un edificio y discutían sobre cuál de sus ejércitos era más disciplinado. El inglés llamaba a un soldado y le ordenaba: "Watkins, láncese por la ventana", y Watkins lo hacía. El alemán llamaba a uno suyo y le ordenaba: "Schweinsteigger, salte al vacío", y el soldado también lo hacía. Pero cuando el oficial chileno llamaba a su recluta y le decía: "Soto, salta por la ventana", éste se daba media vuelta y salía por la puerta murmurando: "Ya se curó de nuevo mi capitán".

Bueno, cuando salió la nueva ley de universidades de la Junta con el gran disparate del "sin fines de lucro", todos dijimos "ya se curó mi capitán" y vimos organizarse universidades de todos los pelajes, que es como sucede en las sociedades libres, con y sin fines de lucro; y nadie se escandalizó de los mecanismos usados para obtener una ganancia, porque se daba por entendido que, como "se había curado mi capitán (o general)", no había que hacerle mucho caso, pues prohibir las ganancias era una soberana tontería. Y, además, inconducente.

Inconducente, porque si yo fundo una corporación sin fines de lucro, aunque no pueda retirar las ganancias y deba reinvertirlas, por el solo hecho de haberlas, la corporación vale más. Y si alguien se interesa por comprarla, deberá pagar mucho más caro. Si el Consejo Directivo es de hombres santos, la van a entregar al comprador sin recibir nada del mayor precio y pese a todas las ganancias acumuladas; pero si no son santos, van a cobrar por ceder su lugar en el Consejo a los compradores, pues es su prerrogativa integrarlo. Pueden no aprobar la venta, si no quieren. ¿Qué incentivo tienen para dejar el Consejo? Entonces, si lo dejan, es porque, ya sea son santos o se marchan discretamente, pero con los bolsillos llenos. Por eso yo sospecho que hay muy pocas instituciones prósperas que realmente sean "sin fines de lucro"

 De modo que, gracias a la ley, se crearon universidades que obtuvieron ganancias, porque un bien muy demandado en Chile es la enseñanza superior; y llegaron inversionistas extranjeros y también nacionales y compraron o formaron universidades, justamente porque daban mucha plata. Se creó entonces mucho valor. Todo iba bien hasta que salieron los imberbes a la calle a gritar su tontería de "no al lucro" y los chilenos, igual que el Sanedrín, la acogieron y dijeron "crucifícalos". Y así se destruyó valor de una manera que nadie ha calculado hasta ahora pero que puede ser de miles de millones de dólares. Otro Transantiago. Tanta ha sido la destrucción que la propia Michelle Bachelet ha empezado a asustarse y a recoger riendas, tras haber abrazado la tontería de "no al lucro" en su primer discurso de campaña. Porque todavía es posible destruir mucho más valor, si la cruzada de la estupidez se extiende a las enseñanzas de todos los niveles.

El hecho es que, por la ignorancia de los imberbes y la pusilanimidad de los mayores, la educación superior chilena vale hoy menos que hace tres años; hay menos personas y entidades dispuestas a invertir en ella y van a crearse en el futuro menos oportunidades de ir a la universidad que si se hubiera respetado la libertad de emprender, de crear universidades, y de enseñar en ellas obteniendo una ganancia que habría atraído a todavía muchos más a un quehacer de tanto beneficio para la sociedad.

lunes, 8 de abril de 2013

Thatcher, su Legado y la Inspiración Chilena

Margaret Thatcher personificaba lo que debe ser un gobernante de derecha, primero, porque su ideario estaba fundado en la libertad personal; segundo, porque tenía el coraje político para hacer prevalecer la ley y el orden; tercero, porque simbolizaba el respeto por los derechos personales; y cuarto, porque defendía la solidez familiar.

No puede hablarse de un gobierno de derecha si no hay autoridad. Cuando, estando ella en el poder, los politizados sindicatos del carbón se alzaron en huelga ilegal en su contra y resistieron su plan de tornar económica esa actividad, cerrar yacimientos con pérdidas y privatizar otros, simplemente se les enfrentó y nunca cejó. Como la izquierda hace en todas partes, esos sindicalistas optaron por las "tomas" y el empleo de la fuerza, pero Margaret Thatcher desplegó con energía la fuerza policial y si bien le tomó años y enormes pérdidas económicas, al final consiguió derrotar el movimiento ilegal. Un dicho suyo reflejó su actitud en esos cruciales años: "Soy extraordinariamente paciente, siempre que al final se haga lo que yo pienso".

Era adversaria del "consenso". Lo definía como "el proceso de abandonar todas las convicciones, valores y políticas en busca de algo en lo cual nadie cree, pero nadie objeta. Es el proceso de eludir los propios problemas que se debe resolver, meramente porque no es posible obtener un acuerdo en el camino a seguir. ¿Qué gran gesta podría haber sido emprendida bajo la enseña de 'yo combato por el consenso'?"

Cuando tenía la convicción de estar en la razón nada la arredraba. Por eso emprendió una tarea enorme, ardua y distante cuando Argentina invadió las Malvinas, y no cejó hasta la victoria final. Como, recién consumada esa invasión, el presidente argentino Galtieri anunció que ella era "el primer paso en la recuperación del territorio insular argentino", y era sabida su ambición de usurpar las islas australes chilenas, nuestro país se convirtió en aliado natural de Gran Bretaña y actuó como tal, en forma discreta y sin dejar de cuidar la relación con nuestros vecinos. Porque sabíamos que el siguiente zarpazo venía contra nosotros.

Ese episodio creó un vínculo especial entre el gobierno militar chileno y el régimen conservador británico, que el laborismo, como es habitual en todo socialismo, después traicionó, haciéndose cómplice de la ilegal detención en territorio inglés del ex presidente chileno Augusto Pinochet. Margaret Thatcher se jugó entera por su libertad, que al final se logró. Y se jugó por ella más que muchos chilenos, porque desgraciadamente el temple de ella dejó de darse en estas tierras junto con el término del siglo XIX.

La conocí personalmente y también conocí la inspiración de sus políticas a través de su economista de mayor confianza, Alan Walters, y sé de primera mano cuánto incidieron las políticas liberalizadoras, desregulatorias y privatizadoras del Gobierno Militar en las que se practicaron en Gran Bretaña. Por eso siempre he sostenido que el eco mundial alcanzado por la revolución económico-social chilena de 1973-1990 fue enorme y resonó más allá de nuestras fronteras.

Margaret Thatcher tuvo gran influencia en la caída de la Cortina de Hierro y del Muro de Berlín. Apenas conoció a Michail Gorbachov dijo: "Este es un hombre con el cual podemos hacer negocios", porque advirtió desde un principio que estaba comprometido con la libertad y los derechos humanos de sus semejantes. Como, por definición doctrinaria, no pueden coexistir el socialismo con la libertad y el respeto a los derechos humanos, el derrumbe de las tiranías comunistas era sólo cuestión de tiempo.

Cuando Brezhnev dijo: "Nunca más permitiremos otro Chile" y fundó su ataque a nuestro país en sus críticas a supuestos atropellos a los derechos humanos acá, no se dio cuenta de que ponía una bomba de tiempo bajo su sillón de dictador omnímodo, pues el resto del mundo le exigió a él respetar los derechos humanos y por eso su régimen se vino abajo aún antes del término democrático del gobierno militar chileno, al cual intentó en vano derrocar por la fuerza de las armas, el terrorismo y la contrapropaganda, que así y todo nos hizo un tremento daño. Por eso el historiador Paul Johnson ha escrito que el último éxito propagandístico que obtuvo el KGB "antes de ser lanzado al basurero de la historia" fue la campaña de desprestigio contra Pinochet.

Cuando Margaret Thatcher y yo conversamos con motivo de una entrevista que le hice para "El Mercurio", le pregunté sobre sus autores preferidos. Me dijo que, en lo filosófico y moral, era C. S. Lewis, y en lo económico-social, Friedrich von Hayek, y en particular su libro "Camino de Servidumbre". "Está todo ahí", me expresó, refiriéndose a esta obra.

Ha muerto una figura política de derecha posiblemente irreproducible y única. Está por verse que exista en el mundo contemporáneo alguien capaz de llenar el vacío de coraje, energía y pensamiento que deja su partida.

sábado, 6 de abril de 2013

Típico del V Gobierno de la Concertación

Dentro del tránsito fluido que parece va a darse desde este V Gobierno de la Concertación al VI de la ídem se debe insertar la noticia de hoy, publicada en "El Mercurio", de que Chile se ha sumado al desaire que las naciones bolivarianas, populistas e izquierdistas del hemisferio se propusieron propinarle al presidente de derecha Federico Franco, del Paraguay, nación tradicionalmente amiga de Chile, en la OEA. Al menos el secretario general, el chileno José Miguel Insulza, se hizo presente, negándose a sumarse a la ofensa.

Es que Franco sucedió al izquierdista Fernando Lugo, constitucionalmente destituido por su incapacidad de gobernar el país y sus contemplaciones ante la anarquía que se apoderaba del mismo, consistente en que la violencia y la ilegalidad campeaban en extensas zonas del territorio, ante lo cual la autoridad nada hacía. Cualquier semejanza que alguien encuentre entre tal situación y otra de ingobernabilidad en ciernes que conocemos es mera coincidencia.

Lamentablemente, el mismo dignatario chileno que ofició de guardia de honor junto al féretro de Chávez, haciendo pareja con Raúl  Castro, ordenó ahora a la delegación nuestra ausentarse de la OEA cuando el presidente Federico Franco, decentro-derecha, iba a hacer uso de la palabra como jefe de Estado en ejercicio del Paraguay, para desairarlo.

Pero trece naciones se hicieron presentes para escucharlo y fustrar el desaire castro-izquierdista. Aun siendo ellas minoría en la OEA, el hecho de contarse entre las mismas a los Estados Unidos, Canadá, Costa Rica, México, Honduras (por supuesto), Panamá y Guatemala, amén de otras democracias centroamericanas, de hecho frustró a la mayoría de otras 21 republiquetas que bailaron al son del castro-chavismo. A éstas, lamentable y vergonzantemente, el actual gobierno ha sumado a Chile, ofendiendo a una nación tradicionalmente hermana y amiga y a su presidente de centro-derecha.

Así, hemos quedado de comparsas de regímenes populistas, bolivarianos, amparadores de las FARC, presididos por ex guerrilleros y guerrilleras y por alguna "vieja terca" que simpatiza con la subversión.

Ni más ni menos, este V Gobierno de la Concertaión presidido por Sebastián Piñera ha obrado tal como lo habría hecho también, de darse el caso (y puede volver a darse), de un Chile presidido por una admirada señorita (porque, en rigor, es "señorita") ex ayudista del MIR y ex conviviente del vocero del FPMR en los años de más vigor asesino de este movimiento prohijado por el actual distinguido e impune diputado Guillermo Teillier.

viernes, 5 de abril de 2013

Al Nivel de la Calle

Todo el mundo sabe que la acusación constitucional contra Harald Beyer ha sido un acto de injusticia. En el fondo lo saben también los que la votaron a favor. Pero era lo que pedía la calle, porque aquí se ha gestado una revolución desde la calle y otra de sus víctimas ha sido este Ministro.  Michelle Bachelet ha vuelto y también se ha situado al nivel de la calle, pues entre las pocas cosas que ha dicho, ha asumido los lemas gritados en ella: "educación gratuita y fin al lucro".

El pecado del Gobierno y de Harald Beyer fue hacerse parte de la dialéctica de los revolucionarios, diciéndoles, en el fondo: "sí, queremos hacer lo que ustedes están pidiendo". Cuando Sebastián Piñera describió el movimiento estudiantil subversivo como "noble, grande, hermoso", fue el principio del fin. Y entonces puso toda la capacidad de Harald Beyer, que es mucha, a tratar de mezclar el agua con el aceite.

Pues una sociedad libre, que es la que en teoría propicia la derecha política y, ciertamente, no este gobierno, comienza por garantizar la libertad de enseñanza, es decir, la que corresponde a toda persona que quiera ganarse la vida educando, ya sea en colegios, universidades, institutos o centros. Y en la sociedad libre debe haber libertad de elegir establecimientos de enseñanza y a quienes no puedan pagarlos debe entregarse un "voucher" para financiar el de su elección. La plata para eso está.

Pero la administración Piñera eligió el camino de subir los impuestos para fortalecer la enseñanza estatal. Porque en Chile ya hay educación gratuita, que es la municipalizada, pero es cara (para el erario) y mala. La buena es la particular y, en ésta, la mejor es la pagada y la segunda mejor la subvencionada, que funciona con una especie de "voucher" desvirtuado. Pero ninguna es realmente libre.

En la educación universitaria, que no es gratuita para todos, el Estado gasta mil 300 millones de dólares anuales entre becas y aportes basales. El experto Andrés Bernasconi, de la Universidad Católica, calcula en "La Tercera" de hoy que se requerirían otros 700 millones de dólares anuales más para hacerla totalmente gratuita. Entretanto, con la persecución contra el "lucro", se ha generado una gigantesca destrucción de valor en las universidades privadas, pues justamente la posibilidad de obtener ganancias en este campo deficitario de la socied una vezad chilena fue la que atrajo a inversionistas internacionales y nacionales a fundar o comprar universidades que han permitido multiplicar por ocho la matrícula en ese nivel. Todo eso se esfumó. Ahora luchan por sobrevivir.

Es cierto que la prohibición del lucro en las universidades se gestó bajo el Gobierno Militar, por una mezcla de pudor político (había en ese gobierno un núcleo estatista y adverso a la iniciativa privada, que inicialmente incluso vedó a ésta la inversión en la gran minería) y de defensa de las universidades tradicionales contra la competencia de los privados. En todos los grandes disparates nacionales han actuado la izquierda, el centro y la derecha unidos. Ahora todos ellos están unidos en la tontería de perseguir al lucro.

En un intervalo lúcido, Sebastián Piñera afirmó: "la educación es un bien de consumo", pero después ha hablado y procedido como si no lo fuera. Se ha impuesto la consigna falsa de que es "un bien público", siendo que no calza con la definición de tal que hace la ley (Código Civil) ni la ciencia económica. En realidad es un servicio que en una sociedad libre cualquiera puede ofrecer o demandar, cobrando o pagando por el mismo lo que le permita el mercado, que no es otra cosa que la expresión de la voluntad y los deseos de la gente.

Además, la prohibición del lucro es inconstitucional, pues la Carta autoriza ejercer todo trabajo lícito y cobrar por el mismo una justa retribución, que por definición es la que determina un mercado libre.

Acá no hay ningún candidato que ofrezca al país la alternativa de la libertad educacional, es decir, que cualquiera pueda fundar colegios, universidades, centros o instituciones de enseñanza y cobrar por el respectivo servicio. Entretanto, los contribuyentes vivimos financiando un monstruo burocrático carísimo, que despilfarra recursos y coarta la libertad de enseñanza, fijando programas y exigiendo rendir una PSU formulada según ellos, sin la cual no hay acceso a financiamiento para la universidad. Ése es el candado que ata a todos los establecimientos al plan socialista estatal.

No hay ningún candidato que se atreva a prometer desmantelar el aparato socialista de la educación y sí todos condenan a coro al "lucro", que es la consigna preferida para liquidar la enseñanza particular en Chile, y que es la primera que ha esgrimido la candidata favorita en las encuestas, resuelta a seguir contando con el apoyo de la calle hablando exclusivamente el lenguaje de la calle.

jueves, 4 de abril de 2013

El Fuero de los Revolucionarios


La revolución violenta de la izquierda siempre ha gozado de fuero en Chile. Y para eso ha contado con la colaboración de la DC y la aquiescencia de la “derecha avergonzada”. Todo tal como hoy. Teillier puede confesar sus crímenes, de todos concocidos, y nadie le hará nada.  Aquí sólo se castiga a los que enfrentan a los revolucionarios e impiden sus delitos.

Tanto es así que la Ministra de Justicia no ha querido publicar un libro de historia de su ministerio, que el anterior titular encargó a la historiadora Patricia Arancibia, porque según ella contenía “errores”, como el de tildar de "marxista" a Allende y llamar “Joaquín Prieto” y no “José Joaquín”, al presidente del siglo pasado.

Sobre esto último, el historiador Fernando Silva Vargas ha escrito a “El Mercurio” y reproducido el acta de bautismo del presidente Prieto, de la cual consta que se llamaba “Joaquín”, a secas, así es que no había tal error, sino sólo ignorancia del ministerio.

En cuanto a la condición marxista de Allende, hay una confesión palmaria de la misma hecha por el señalado político en la sesión 39ª. del Senado de 20 de marzo de 1969, en la que acusó de ignorancia al ministro del Interior de la época, Edmundo Pérez Zujovic, asesinado dos años  después por terroristas de izquierda que el mismo Allende puso en libertad en 1971, como una de las primeras medidas de su gobierno.

En dicha sesión Allende, un pije viñamarino e izquierdista de salón que en su vida había leído muy pocos libros, pero que asimilaba fácilmente lo que quienes sí los habían leído le resumían, trató de “ignorante” a Pérez Zujovic, con las siguientes insultantes palabras: “Si el Ministro hubiera leído en su vida lo que es el abecé del socialismo y del marxismo… sabría lo que son la lucha de clases, el materialismo histórico y la dialéctica. ¡Ese pobre hombre que está de Ministro tiene una incultura increíble! No tengo tiempo ni deseos… para hacerle entender la distancia que hay entre una realidad objetiva y la posición subjetiva de la gente, entre la táctica y la estrategia”.   

Palabrería vacua de un diletante superficial, porque la “realidad objetiva” y la “posición subjetiva” no tienen nada que ver con la “táctica” ni la “estrategia”.

En el mismo discurso, Allende se declaró admirador del libro “El Estado y la Revolución”, de Lenin, que probablemente tampoco había leído, pero también se lo habían “contado” y del cual dice: “Allí aparece la interpretación que sustentamos nosotros los marxistas de lo que es la sociedad burguesa, qué son el Gobierno y el Estado de la sociedad burguesa. … Queremos sí –óiganlo bien, sépanlo bien Sus Señorías—la revolución, la transformación del Estado burgués en una república socialista”.

Allende se lo dijo a todo el país, entonces, antes de ser Presidente: era marxista-leninista (de ahí su cita de Lenin). Pero ahora la ministra del “gobierno de la centroderecha” considera que es un “grave error” afirmarlo en un libro del ministerio.

Con razón la historia chilena se escribe como se escribe: por la izquierda y con la colaboración hasta de la centroderecha para impedir que la verdad sea divulgada.

                                        

lunes, 1 de abril de 2013

Contra la Desigualdad

Michelle Bachelet (chilenas y chilenos: se pronuncia "Mishel Bashelet"; el nombre es francés) ha venido a terminar con la desigualdad. La voy a ayudar, señalándole una: el diputado comunista Guillermo Teillier ha revelado públicamente ser autor intelectual de la muerte de cinco uniformados en 1986 y nunca nadie lo ha perseguido por eso; en cambio, hay innumerables uniformados (r) presos por su presunta y no probada autoría intelectual de muertes acaecidas hace casi cuarenta años.

Todos los reos terroristas (905) que cumplían condena por hechos violentos y de sangre anteriores a 1990 fueron indultados por Aylwin y sus sucesores. Un solo uniformado, de nombre Manuel Contreras Donaire, ha sido indultado (por Ricardo Lagos). Hay más de 300 de ellos procesados actualmente y 78 cumpliendo condena, según cifras recolectadas por el observador de DD. HH. Marcelo Elissalde. ¿Puede haber mayor desigualdad de trato?

Hay ministros de Corte dedicados a querellarse contra uniformados (r), a la par con abogados comunistas y el Subsecretario del Interior, Rodrigo Ubilla. A su turno, los querellados necesitan defenderse hasta en variados frentes: contra esos ministros, contra el Ministerio del Interior (Ubilla),  los querellantes particulares (generalmente comunistas), el Consejo de Defensa del Estado, que suele hacerse parte contra ellos, y otra funcionaria de gobierno, Lorena Fries, del Instituto de Derechos Humanos del Ministerio del Interior. ¿Puede haber mayor desigualdad entre la capacidad de condena y la de defensa?

Los extremistas gozan de toda suerte de garantías de impunidad. Los militares de ninguna. Los autores y cómplices del asesinato del senador Jaime Guzmán, acaecido hace 22 años, por ejemplo, están todos libres. Uno, hace poco, fue transitoriamente capturado en Chile, el Comandante Villanueva; pero fue dejado libre por decisión de la justicia, y vive en Con Con, desde hace años. Como yo suelo transitar por la zona, cuando me ve me insulta a voz en cuello, pero yo le estoy reconocido, porque nunca me ha disparado. (No obstante, un camarada suyo lo hizo una vez, con un M-16, cerca de Algarrobo, sin dar en el blanco).

Marcelo Elissalde, que ha estudiado estas desigualdades y muchas más, ha comprobado que ningún terrorista de izquierda cumplió más de 16 años de privación de libertad; no obstante, hay ocho uniformados (r) que han enterado más de veinte años presos. Y la justicia es cada vez más implacable con ellos. Tanto que en Osorno una ministra de Corte decretó la prisión de la cónyuge de un oficial (r) de Carabineros para obtener que revelara el paradero de su marido. Por suerte la Corte revocó ese conato de extorsión.

La desigualdades más numerosas, arbitrarias y repugnantes que existen hoy en Chile las genera la judicatura. Y hay una sola cosa segura en relación a ellas: que Michelle Bachelet no hará nada por remediarlas.