Esta semana no había leído "Qué Pasa", hasta hoy. Al hacerlo, me encontré con un artículo tan ágil y ameno como sustancialmente equivocado, de Daniel Matamala ("Cuando fuimos invencibles"). Se refiere a la obtención de la Copa Libertadores por Colo Colo, en 1991.
Lo leí y busqué la sección cartas de los lectores, para responderlo, pero no la encontré. Bueno, por suerte tengo mi blog.
La introducción refleja la tesis central del artículo: "Todo era perfecto para que Colo Colo, el equipo chileno por antonomasia, se reivindicara por su papel en la dictadura. Desde ese día, hasta 1998, fue imparable el exitismo de nuestra transición política". ¡Nos entera de que la había iniciado Colo Colo!
¿Papel de Colo Colo en la dictadura? ¡Por favor! Había sido administrado, a fines de los '70, por directivos del BHC. Tras la crisis económica que liquidó a dicho grupo, entre otros, un dirigente de tendencia concertacionista, Dragicevic, presidió el club. Luego, bajo la presidencia de su sucesor, Menichetti, se terminó el estadio Monumental, en los '80, y se contrató al entrenador yugoslavo Mirko Jozic, artífice de la obtención de la Copa Libertadores en 1991.
Pues se había realizado con brillo y ejemplar organización en el país el Mundial Juvenil de 1987, a raíz de lo cual el entrenador Jozic, del equipo campeón, Yugoslavia, complacido de lo que vio (progreso, tranquilidad, transición a la democracia fijada en la Constitución de 1980), regresó a Chile como entrenador de Colo Colo. Y eso fructificó en la Copa.
Pero no. La tesis de Matamala es la de que, saliendo Chile de una noche oscura, todo comenzó en 1990, con la Concertación: "La política de los acuerdos funcionaba a pleno, los sueldos subían, el empleo se creaba. La meta del 7 por ciento de crecimiento se volvía una rutina. Nos faltaba sólo una cosa, y en ese 1991 mágico también la tendríamos".
Porque antes, nos había dicho, "éramos chilenos con vergüenza"...; después, "estábamos de nuevo libres de pecado. Éramos de nuevo respetables".
¿De un día para otro? La "tesis Matamala" es que sí. Sucedió repentinamente: "La locación era perfecta: el Estadio Monumental, al ladito de La Florida, nuevo y reluciente, como los malls que marcaban las entrada de la nueva clase media (sí, la misma de La Florida) al templo del consumo a cuotas. Hasta el auspiciador de la camiseta blanca era toda una señal de los tiempos: Lada, la marca que simbolizaba el acceso del chileno emergente al sueño del primer auto".
Casi nada de eso, por supuesto, se había hecho bajo la Concertación, entre el 11 de marzo de 1990 y el 5 de junio de 1991. Se había hecho antes, trabajosamente, luchando primero contra el terrorismo extremista, luego contra el cerco impuesto por Moscú desde el mismo 11 de septiembre de 1973, siempre luchando contra los políticos que indisponían al país para bloquear la inversión externa y contra los detractores de una política que abría la economía al mundo y que hizo posible, entre miles de cosas, la entrada de los autos rusos Lada, los más baratos. El ministro Büchi tenía uno. Él rebajó los impuestos, para tener más inversión y empleo y crecer hasta dos dígitos al año, como se logró a fines de los '80.
Pero las causas, para Daniel Matamala, fueron otras: "El exitismo de nuestra transición ejemplar sería imparable desde entonces (obtención de la Copa Libertadores) hasta 1998", nos enseña. ¡La Copa Libertadores gatilló la transición! Lástima que ya estaba terminada antes, el 11 de marzo de 1990, según estipulaba la Constitución de 1980, aprobada por el pueblo y cumplida al pie de la letra. Ese día dejaron de aplicarse sus artículos transitorios y no hubo más "transición", pues la democracia plena estaba contemplada en el mismo articulado, a partir del 11 de marzo de 1990, lo cual había sido así concebido por el Gobierno Militar.
Opina un historiador, ex ministro del Gobierno Militar y luego devenido detractor de éste, que, sin embargo, no pudo menos de escribir: "Los hombres que modifican la historia suelen ser figuras 'de tamaño más que natural', de cualidades tan enormes y (no raramente) caídas éticas tan profundas, como hondas y a menudo positivas son las huellas que dejan en la Historia. Como O'Higgins, José Miguel Carrera, Portales, Arturo Alessandri... Pinochet".
Pero para Daniel Matamala el país lo cambió Colo Colo el '91, y a pesar de Pinochet.
miércoles, 8 de junio de 2011
martes, 7 de junio de 2011
¿Y Quién Nos Defiende de los Defensores?
Nunca las he tenido todas conmigo respecto de la reforma procesal penal de los años '90. Fue una iniciativa de un centro de estudio de derecha, acogida con mucho agrado por los gobiernos de la Concertación. Y cuando en Chile están "la izquierda y la derecha unidas", hay que ponerse a temblar. Recuérdense la primera reforma agraria y la nacionalización del cobre.
El antiguo proceso penal, que entregaba a un juez todas las facultades, las que, de hecho, éste no podía ejercer, conducía a que fueran los actuarios los verdaderos "padres" del proceso y eso se prestaba para cualquier cosa. Después, cuando los jueces de izquierda se enseñorearon del Poder Judicial, bajo la égida de la Concertación, pasó cualquier cosa. Por eso hoy tenemos 70 presos políticos uniformados condenados ilegalmente y encerrados en dos penales, que son mejores que las cárceles comunes por la sencilla razón de que todo el mundo sabe que no deberían estar presos.
Pero el nuevo proceso penal reemplazó un sistema malo por otro peor, y ha sido tan "garantista", en el sentido de darles garantías a los delincuentes, que obtuvo el entusiasta apoyo de la izquierda. Pues ésta siempre ha procurado que los delincuentes queden impunes, sobre todo si éstos son terroristas y ella no está en el gobierno. Obvio, porque el terrorismo forma parte de las bases más fieles de la izquierda en todo el mundo.
Y, en fin, como consecuencia de la reforma se crearon "defensores nacionales", pero para defender a los delincuentes; y "jueces de garantía", pero para garantizar los derechos de los delincuentes.
Y a las víctimas de éstos, "que se las comieran los perros". Y se las comieron. Por eso la gente honrada empezó a clamar por protección, aunque no fuera tan buena como la que se dispensaba a los delincuentes y terroristas. De ahí ha nacido, entonces, una iniciativa (paradójica) para crear una "defensoría de víctimas". Absurdo, pues ella debería provenir de los fiscales, del propio Poder Judicial, que debería ser el protector por antonomasia de las víctimas de los delitos. Pero "no se la pueden" con los defensores de los delincuentes.
Todo esto ha conducido en Chile a un verdadero paroxismo del absurdo en estos días, en que la "defensoría penal", en el caso del terrorismo en el sur, y un "juez de garantía", en el caso del terrorismo en la capital (cien bombas en los últimos tiempos), están disparando contra los tribunales superiores porque no anularon el proceso en el primer caso y no desecharon las pruebas principales de los fiscales, en el segundo.
Y siempre está presente la cortina de protección conocida para el terrorismo, que alcanza incluso para que se vuelva a hacer presente algún sacerdote, caracterizado defensor del extremismo desde los años '70. Y para que se haya renunciado a aplicar la legislación más severa, la Ley Antiterrorista. Esto último con el aplauso del gobierno y de la oposición, que ya están constituyendo un sólido frente contra la tranquilidad y la defensa de la gente honrada, cada vez más desprotegida.
Entre más se debilitan la legalidad y la acción judicial, más se fortalece el terrorismo. Ayer fueron atacados con armas de fuego varios carabineros en el sur, apenas perpetrado un centésimo y tantos atentado contra la familia Urban. Días atrás un terrorista que iba a colocar una bomba en Santiago fue mutilado por la explosión prematura de ella. Ni siquiera había sido citado a declarar como imputado.
Entonces el presidente de la Corte Suprema ha tenido que salir a explicarle al país, casi pidiendo perdón y echándoles la culpa a "los políticos", por qué ese tribunal no dejó completamente libres a los terroristas del sur, como parecía pretenderlo la defensora penal pública. ¡Hasta ese presidente, un juez de izquierda, por supuesto, ya se está sintiendo incómodo con la situación!
Estamos alcanzando, gracias a tantas "modernizaciones" penales, tanta "corrección política", tanta compasión por los huelguistas de hambre y por los que ponen bombas y tanta renuncia a aplicar las leyes más severas contra el terrorismo, a una situación en que el país está a punto de pedirles perdón a quienes lo ejercen, por no dejarlos hacerlo con la más completa libertad.
Semejante situación se describía antes con una expresiva frase: "el ladrón detrás del juez".
El antiguo proceso penal, que entregaba a un juez todas las facultades, las que, de hecho, éste no podía ejercer, conducía a que fueran los actuarios los verdaderos "padres" del proceso y eso se prestaba para cualquier cosa. Después, cuando los jueces de izquierda se enseñorearon del Poder Judicial, bajo la égida de la Concertación, pasó cualquier cosa. Por eso hoy tenemos 70 presos políticos uniformados condenados ilegalmente y encerrados en dos penales, que son mejores que las cárceles comunes por la sencilla razón de que todo el mundo sabe que no deberían estar presos.
Pero el nuevo proceso penal reemplazó un sistema malo por otro peor, y ha sido tan "garantista", en el sentido de darles garantías a los delincuentes, que obtuvo el entusiasta apoyo de la izquierda. Pues ésta siempre ha procurado que los delincuentes queden impunes, sobre todo si éstos son terroristas y ella no está en el gobierno. Obvio, porque el terrorismo forma parte de las bases más fieles de la izquierda en todo el mundo.
Y, en fin, como consecuencia de la reforma se crearon "defensores nacionales", pero para defender a los delincuentes; y "jueces de garantía", pero para garantizar los derechos de los delincuentes.
Y a las víctimas de éstos, "que se las comieran los perros". Y se las comieron. Por eso la gente honrada empezó a clamar por protección, aunque no fuera tan buena como la que se dispensaba a los delincuentes y terroristas. De ahí ha nacido, entonces, una iniciativa (paradójica) para crear una "defensoría de víctimas". Absurdo, pues ella debería provenir de los fiscales, del propio Poder Judicial, que debería ser el protector por antonomasia de las víctimas de los delitos. Pero "no se la pueden" con los defensores de los delincuentes.
Todo esto ha conducido en Chile a un verdadero paroxismo del absurdo en estos días, en que la "defensoría penal", en el caso del terrorismo en el sur, y un "juez de garantía", en el caso del terrorismo en la capital (cien bombas en los últimos tiempos), están disparando contra los tribunales superiores porque no anularon el proceso en el primer caso y no desecharon las pruebas principales de los fiscales, en el segundo.
Y siempre está presente la cortina de protección conocida para el terrorismo, que alcanza incluso para que se vuelva a hacer presente algún sacerdote, caracterizado defensor del extremismo desde los años '70. Y para que se haya renunciado a aplicar la legislación más severa, la Ley Antiterrorista. Esto último con el aplauso del gobierno y de la oposición, que ya están constituyendo un sólido frente contra la tranquilidad y la defensa de la gente honrada, cada vez más desprotegida.
Entre más se debilitan la legalidad y la acción judicial, más se fortalece el terrorismo. Ayer fueron atacados con armas de fuego varios carabineros en el sur, apenas perpetrado un centésimo y tantos atentado contra la familia Urban. Días atrás un terrorista que iba a colocar una bomba en Santiago fue mutilado por la explosión prematura de ella. Ni siquiera había sido citado a declarar como imputado.
Entonces el presidente de la Corte Suprema ha tenido que salir a explicarle al país, casi pidiendo perdón y echándoles la culpa a "los políticos", por qué ese tribunal no dejó completamente libres a los terroristas del sur, como parecía pretenderlo la defensora penal pública. ¡Hasta ese presidente, un juez de izquierda, por supuesto, ya se está sintiendo incómodo con la situación!
Estamos alcanzando, gracias a tantas "modernizaciones" penales, tanta "corrección política", tanta compasión por los huelguistas de hambre y por los que ponen bombas y tanta renuncia a aplicar las leyes más severas contra el terrorismo, a una situación en que el país está a punto de pedirles perdón a quienes lo ejercen, por no dejarlos hacerlo con la más completa libertad.
Semejante situación se describía antes con una expresiva frase: "el ladrón detrás del juez".
lunes, 6 de junio de 2011
Escribiendo Sin Saber Nada
¿Será Humala como Hugo Chávez o como Lula? Ha expresado su admiración por ambos. Naturalmente, respecto a Lula se pronunció cuando se dio cuenta de que debía conseguir votos que no eran de su sector ni de su ideología. ¿Será Humala como Salvador Allende o como González Videla? Ambos llegaron al gobierno en brazos de la izquierda, pero lo desempeñaron de muy distinta manera y tuvieron finales absolutamente opuestos. ¿Será Humala como Rafael Correa o como Evo Morales? Ya vamos acotando las diferencias, todas dentro de un modelo nacionalista-socialista-populista y antimercado.
El que haya leído las enseñanzas impartidas por Humala (padre) a sus hijos (yo las he leído: la primera era tomarse el poder por las armas y muchas de las siguientes eran referidas a la revancha contra Chile), no puede estar tranquilo. Él siempre ha dicho que sigue las enseñanzas de su padre. Desde luego, ya una vez intentó tomarse el poder por las armas. Si es un seguidor de las enseñanzas de su padre, yo, como chileno, comenzaría por olvidarme del proyecto de ley destinado a derogar la destinación del diez por ciento de las ventas del cobre estatal a la compra de armamentos. Se calcula que ese proyecto de ley implicaría disminuirla en 30 por ciento. Pues bien, creo que en los próximos años vamos a necesitar más que nunca antes ese treinta por ciento.
Si lo único que quería Humala era ser Presidente del Perú, bueno, entonces puede pasar cualquier cosa. Hasta puede ser un Lula. Si lo que quiere es cumplir los propósitos que le fueron inculcados desde niño y en los cuales cree, me atrevo a pronosticar que el Perú empezará a vivir momentos difíciles (como los que vivió Chile entre 1970 y 1973) y que pueden desembocar en lo que siempre ha sido un factor aglutinante en el Perú (y en Bolivia) cuando la división interna se agrava: la confrontación con Chile.
Escribo sin saber nada de lo que va a pasar en Perú ni a nosotros con el Perú, pero creo que deberíamos estar preparados para lo que la información previa disponible, si es que ella de algo vale, indica que va a suceder.
El que haya leído las enseñanzas impartidas por Humala (padre) a sus hijos (yo las he leído: la primera era tomarse el poder por las armas y muchas de las siguientes eran referidas a la revancha contra Chile), no puede estar tranquilo. Él siempre ha dicho que sigue las enseñanzas de su padre. Desde luego, ya una vez intentó tomarse el poder por las armas. Si es un seguidor de las enseñanzas de su padre, yo, como chileno, comenzaría por olvidarme del proyecto de ley destinado a derogar la destinación del diez por ciento de las ventas del cobre estatal a la compra de armamentos. Se calcula que ese proyecto de ley implicaría disminuirla en 30 por ciento. Pues bien, creo que en los próximos años vamos a necesitar más que nunca antes ese treinta por ciento.
Si lo único que quería Humala era ser Presidente del Perú, bueno, entonces puede pasar cualquier cosa. Hasta puede ser un Lula. Si lo que quiere es cumplir los propósitos que le fueron inculcados desde niño y en los cuales cree, me atrevo a pronosticar que el Perú empezará a vivir momentos difíciles (como los que vivió Chile entre 1970 y 1973) y que pueden desembocar en lo que siempre ha sido un factor aglutinante en el Perú (y en Bolivia) cuando la división interna se agrava: la confrontación con Chile.
Escribo sin saber nada de lo que va a pasar en Perú ni a nosotros con el Perú, pero creo que deberíamos estar preparados para lo que la información previa disponible, si es que ella de algo vale, indica que va a suceder.
sábado, 4 de junio de 2011
A Cada Santo Una Vela
Cuando se le debe a cada santo una vela, hay que asegurarse de tener suficientes velas, porque si son menos que los santos, éstos van a votar en contra del incumplidor en las encuestas.
Hoy la presentadora de televisión Francisca García Huidobro dice en un diario que está arrepentida de haber votado por Piñera, porque lo hizo en el entendido de que establecería el matrimonio gay, como lo sugería su franja televisiva, donde apareció abrazado con una pareja de hombres jóvenes de esa "preferencia de género". Ella ahora vota en contra de Piñera porque éste está indeciso sobre el tema.
Por supuesto que debe de estar indeciso, porque el grueso de su electorado, es decir, el voto duro de derecha, rechaza el matrimonio gay por las razones que di en un blog reciente y muchas más. Entonces, también la gente de derecha está dispuesta a opinar en contra de Piñera en las encuestas, porque vacila en rechazar el matrimonio gay. La derecha creyó que lo de la franja televisiva era sólo un truco para ganar votos y no iba en serio, porque pensaron que el candidato tenía sus mismos principios, pero los que votaron por él se sienten engañados. En resumen, cuando se les presenta la ocasión, unos y otros opinan contra él y por eso su apoyo está reducido al 36 por ciento.
Una señora que viene a trabajar a mi hogar una vez a la semana vive en una población y le ha dicho a mi mujer que votó por Piñera porque iba a arreglar el Transantiago y pondría término a la puerta giratoria por la cual entran y salen casi inmediatamente los delincuentes. Pero ya va más de un año de gobierno del candidato por el cual votó y dice que el Transantiago está igual, que sigue añorando "las micros amarillas", porque en ellas se demoraba una hora en llegar a nuestra casa y ahora se demora cuatro; y como, por eso, debe levantarse a las seis de la mañana, cuando está oscuro, siente mucho miedo de ser asaltada, pues la puerta giratoria no ha parado de girar en su población y a eso se ha añadido un riesgo nuevo: "las balas locas", pues los delincuentes se disparan entre sí sin restricción y con indeseada frecuencia, hiriendo a transeúntes que salen de sus casas a trabajar de madrugada. Entonces, la señora tambièn está arrepentida. Ella sinceramente creyó que iban a volver las micros amarillas y se iba a demorar una hora en llegar y no cuatro; y que los carabineros y la policía civil iban a encerrar a todos los delincuentes y ella iba a poder caminar tranquila por su población. Pero nada de eso pasó y, por lo tanto, si alguien la encuestara, votaría en contra del candidato que prometió y no cumplió.
¿Se arreglará todo eso con un cambio de gabinete o con un muy buen "relato" o "guión" del gobierno? Yo creo que no.
Hoy la presentadora de televisión Francisca García Huidobro dice en un diario que está arrepentida de haber votado por Piñera, porque lo hizo en el entendido de que establecería el matrimonio gay, como lo sugería su franja televisiva, donde apareció abrazado con una pareja de hombres jóvenes de esa "preferencia de género". Ella ahora vota en contra de Piñera porque éste está indeciso sobre el tema.
Por supuesto que debe de estar indeciso, porque el grueso de su electorado, es decir, el voto duro de derecha, rechaza el matrimonio gay por las razones que di en un blog reciente y muchas más. Entonces, también la gente de derecha está dispuesta a opinar en contra de Piñera en las encuestas, porque vacila en rechazar el matrimonio gay. La derecha creyó que lo de la franja televisiva era sólo un truco para ganar votos y no iba en serio, porque pensaron que el candidato tenía sus mismos principios, pero los que votaron por él se sienten engañados. En resumen, cuando se les presenta la ocasión, unos y otros opinan contra él y por eso su apoyo está reducido al 36 por ciento.
Una señora que viene a trabajar a mi hogar una vez a la semana vive en una población y le ha dicho a mi mujer que votó por Piñera porque iba a arreglar el Transantiago y pondría término a la puerta giratoria por la cual entran y salen casi inmediatamente los delincuentes. Pero ya va más de un año de gobierno del candidato por el cual votó y dice que el Transantiago está igual, que sigue añorando "las micros amarillas", porque en ellas se demoraba una hora en llegar a nuestra casa y ahora se demora cuatro; y como, por eso, debe levantarse a las seis de la mañana, cuando está oscuro, siente mucho miedo de ser asaltada, pues la puerta giratoria no ha parado de girar en su población y a eso se ha añadido un riesgo nuevo: "las balas locas", pues los delincuentes se disparan entre sí sin restricción y con indeseada frecuencia, hiriendo a transeúntes que salen de sus casas a trabajar de madrugada. Entonces, la señora tambièn está arrepentida. Ella sinceramente creyó que iban a volver las micros amarillas y se iba a demorar una hora en llegar y no cuatro; y que los carabineros y la policía civil iban a encerrar a todos los delincuentes y ella iba a poder caminar tranquila por su población. Pero nada de eso pasó y, por lo tanto, si alguien la encuestara, votaría en contra del candidato que prometió y no cumplió.
¿Se arreglará todo eso con un cambio de gabinete o con un muy buen "relato" o "guión" del gobierno? Yo creo que no.
viernes, 3 de junio de 2011
Me lo Explicó Mi Mujer
Ayer escribí concluyendo que era preciso hacer una encuesta para saber por qué el gobierno ha caído en las encuestas, porque no me quedaba claro ese "por qué". Quienes comentaron mi escrito en este blog aportaron numerosas razones para explicar dicha caída, pero hoy mi mujer me dio dos muy poderosas: me dijo que el dinero que le doy para las compras de supermercado ya no le alcanza, pese a que recién se lo reajusté en diez por ciento. Según ella, yo debería reajustarle diez por ciento semanal "porque todos los alimentos suben".
Me aseguró que la gente pobre que ella conoce está viviendo angustiada, porque esa alza es muy superior a cualquier mejoría de los sueldos y también superior a la que señala el IPC. Y me añadió que, por otra parte, el grueso de la gente no cree que haya disminuido la delincuencia, sino todo lo contrario, para lo cual basta con ver cualquier noticiero de la televisión.
Entonces, tenemos un país que crece a más del seis por ciento anual, donde se han creado 487 mil nuevos puestos de trabajo en un año y que es acreedor externo neto, junto con darse el lujo de mantener 16 mil millones de dólares en bonos del Tesoro norteamericano, pero en el cual la mayoría de las personas opina que la prosperidad se la están llevando otros, porque no le alcanza el dinero para comprar los mismos alimentos que antes. Y además ve que la delincuencia campea igual o más que en el pasado, aunque haya estadísticas para probar lo contrario.
En seguida mi mujer me leyó las opiniones del encuestador Roberto Méndez, de Adimark-GFK, en la revista "Cosas", donde él opina que la omnipresencia del Presidente en los medios de comunicación, haciendo noticia tres o cuatro veces al día con cualquier pretexto, parece haber cansado a la gente.
Mientras tanto, la superestructura política, que muy rara vez se da cuenta de lo que le pasa al pueblo, atribuye la caída en las encuestas a causas muy distintas de las anteriores y debate sobre "un cambio de gabinete", cosa que no tiene nada que ver con las necesidades y angustias reales del grueso de la gente. Desde luego, ésta no está cansada de ver demasiado a los ministros en televisión, sino al presidente. Ni está irritada por los diferendos entre aquéllos, que poco le importan, pues probablemente la opinión pública está tan dividida como el ministerio entre los partidarios y los contrarios de temas como la restricción a los catalíticos. En lo que una mayoría no está dividida es en que se le pinta un país en excelente situación económica mientras ella debe reducir su consumo de alimentos esenciales, porque la plata no le alcanza para comprar lo mismo que antes.
Creo que entre mi mujer, Roberto Méndez y los comentaristas de este blog me están permitiendo entender mejor por qué el gobierno cae en las encuestas. Y estoy cierto de que un cambio de gabinete no va a revertir esa situación. El problema no está en el gabinete, no sé si me entienden, como dice frecuente y expresivamente un amigo mío.
Me aseguró que la gente pobre que ella conoce está viviendo angustiada, porque esa alza es muy superior a cualquier mejoría de los sueldos y también superior a la que señala el IPC. Y me añadió que, por otra parte, el grueso de la gente no cree que haya disminuido la delincuencia, sino todo lo contrario, para lo cual basta con ver cualquier noticiero de la televisión.
Entonces, tenemos un país que crece a más del seis por ciento anual, donde se han creado 487 mil nuevos puestos de trabajo en un año y que es acreedor externo neto, junto con darse el lujo de mantener 16 mil millones de dólares en bonos del Tesoro norteamericano, pero en el cual la mayoría de las personas opina que la prosperidad se la están llevando otros, porque no le alcanza el dinero para comprar los mismos alimentos que antes. Y además ve que la delincuencia campea igual o más que en el pasado, aunque haya estadísticas para probar lo contrario.
En seguida mi mujer me leyó las opiniones del encuestador Roberto Méndez, de Adimark-GFK, en la revista "Cosas", donde él opina que la omnipresencia del Presidente en los medios de comunicación, haciendo noticia tres o cuatro veces al día con cualquier pretexto, parece haber cansado a la gente.
Mientras tanto, la superestructura política, que muy rara vez se da cuenta de lo que le pasa al pueblo, atribuye la caída en las encuestas a causas muy distintas de las anteriores y debate sobre "un cambio de gabinete", cosa que no tiene nada que ver con las necesidades y angustias reales del grueso de la gente. Desde luego, ésta no está cansada de ver demasiado a los ministros en televisión, sino al presidente. Ni está irritada por los diferendos entre aquéllos, que poco le importan, pues probablemente la opinión pública está tan dividida como el ministerio entre los partidarios y los contrarios de temas como la restricción a los catalíticos. En lo que una mayoría no está dividida es en que se le pinta un país en excelente situación económica mientras ella debe reducir su consumo de alimentos esenciales, porque la plata no le alcanza para comprar lo mismo que antes.
Creo que entre mi mujer, Roberto Méndez y los comentaristas de este blog me están permitiendo entender mejor por qué el gobierno cae en las encuestas. Y estoy cierto de que un cambio de gabinete no va a revertir esa situación. El problema no está en el gabinete, no sé si me entienden, como dice frecuente y expresivamente un amigo mío.
jueves, 2 de junio de 2011
Derrota en las Encuestas
He criticado al gobernante, calificándolo de "encuestocratico", debido a los esfuerzos que hace por concentrarse en aspectos que le den mayor popularidad, con poca o nula preocupación por mantener una línea de principios y valores, aunque éstos no reditúen en los sondeos.
Pese a ello, está resultando que al mismo gobernante le va cada vez peor en las encuestas. No es por falta de esfuerzo. El Mensaje del 1° de mayo se suponía dirigido a fortalecer la popularidad del Presidente. Expuso una situación económica nacional envidiable, con aumentos del crecimiento y del empleo. Hubo énfasis en proyectos sociales que son indudablemente populares, aunque ténica y socialmente discutibles, como el posnatal de seis meses y la supresión del descuento de salud a los jubilados. Pero entonces se hace la encuesta y nada de aquello impide una fuerte caída.
¿Será sólo el efecto HidroAysén, que siendo un proyecto ecológicamente impecable, económicamente ventajoso para los consumidores y energéticamente indispensable, concita el rechazo del 74 por ciento de las personas? El gobernante se ha jugado por la iniciativa y eso puede haberle representado un costo de popularidad.
Pero el deterioro viene de más atrás; ahora sólo se ha acentuado. El rechazo, que en octubre de 2010 era de 26 por ciento, a partir de febrero de este año se había instalado en 49 por ciento, versus una aprobación de 41 por ciento. Ahora esta última ha caído a 36 por ciento, mientras aquél subió al 56 por ciento.
¿Será que el prurito presidencial de agradar a la izquierda no le reditúa en apoyo de ésta y sí, en cambio, le resta adhesiones en la derecha? Por ejemplo, el hecho de que en materia de derechos humanos este gobierno sea incluso más desfavorable a los presos políticos uniformados que los anteriores, no parece conquistarle adhesiones entre la gente de izquierda y, en cambio, sí se las resta entre la gente de derecha. Es decir, no ha logrado conquistar a adversarios naturales, aún haciendo algo del agrado de ellos, y sí ha logrado perder a partidarios naturales, incurriendo en el desagrado de ellos.
Por otra parte, las encuestas son veleidosas. Ricardo Lagos dejó el poder con una adhesión superior al 70 por ciento, la cual perdió apenas la población sufrió las consecuencias del Transantiago y del incumplimiento sobre el prometido tren al sur. Tal vez los anuncios de ambas cosas le granjearon aquella gran popularidad, mientras que el fracaso en la concreción de las mismas se la quitó. Lagos perdió su capital político, como lo han revelado recientes encuestas.
Además, los sondeos no son consistentes entre sí. Hace pocos días uno de "La Segunda" y la Universidad del Desarrollo daba al Gobierno un 46 por ciento de apoyo versus un 42 por ciento de rechazo. ¿Cómo se compatibiliza eso con un resultado tan distinto, como el de Adimark-GFK, pocos días después?
Tal vez una encuesta que le preguntara a la gente en qué funda su veredicto ayudaría a explicar la razón por la cual un político que se juega entero por ofrecer cosas del agrado de la mayoría va perdiendo sistemática y progresivamente el apoyo de ésta.
Pese a ello, está resultando que al mismo gobernante le va cada vez peor en las encuestas. No es por falta de esfuerzo. El Mensaje del 1° de mayo se suponía dirigido a fortalecer la popularidad del Presidente. Expuso una situación económica nacional envidiable, con aumentos del crecimiento y del empleo. Hubo énfasis en proyectos sociales que son indudablemente populares, aunque ténica y socialmente discutibles, como el posnatal de seis meses y la supresión del descuento de salud a los jubilados. Pero entonces se hace la encuesta y nada de aquello impide una fuerte caída.
¿Será sólo el efecto HidroAysén, que siendo un proyecto ecológicamente impecable, económicamente ventajoso para los consumidores y energéticamente indispensable, concita el rechazo del 74 por ciento de las personas? El gobernante se ha jugado por la iniciativa y eso puede haberle representado un costo de popularidad.
Pero el deterioro viene de más atrás; ahora sólo se ha acentuado. El rechazo, que en octubre de 2010 era de 26 por ciento, a partir de febrero de este año se había instalado en 49 por ciento, versus una aprobación de 41 por ciento. Ahora esta última ha caído a 36 por ciento, mientras aquél subió al 56 por ciento.
¿Será que el prurito presidencial de agradar a la izquierda no le reditúa en apoyo de ésta y sí, en cambio, le resta adhesiones en la derecha? Por ejemplo, el hecho de que en materia de derechos humanos este gobierno sea incluso más desfavorable a los presos políticos uniformados que los anteriores, no parece conquistarle adhesiones entre la gente de izquierda y, en cambio, sí se las resta entre la gente de derecha. Es decir, no ha logrado conquistar a adversarios naturales, aún haciendo algo del agrado de ellos, y sí ha logrado perder a partidarios naturales, incurriendo en el desagrado de ellos.
Por otra parte, las encuestas son veleidosas. Ricardo Lagos dejó el poder con una adhesión superior al 70 por ciento, la cual perdió apenas la población sufrió las consecuencias del Transantiago y del incumplimiento sobre el prometido tren al sur. Tal vez los anuncios de ambas cosas le granjearon aquella gran popularidad, mientras que el fracaso en la concreción de las mismas se la quitó. Lagos perdió su capital político, como lo han revelado recientes encuestas.
Además, los sondeos no son consistentes entre sí. Hace pocos días uno de "La Segunda" y la Universidad del Desarrollo daba al Gobierno un 46 por ciento de apoyo versus un 42 por ciento de rechazo. ¿Cómo se compatibiliza eso con un resultado tan distinto, como el de Adimark-GFK, pocos días después?
Tal vez una encuesta que le preguntara a la gente en qué funda su veredicto ayudaría a explicar la razón por la cual un político que se juega entero por ofrecer cosas del agrado de la mayoría va perdiendo sistemática y progresivamente el apoyo de ésta.
miércoles, 1 de junio de 2011
Tolerancia Mil
Anoche un terrorista iba a poner una bomba en un banco de Vicuña Mackenna, pero el artefacto le estalló entre las manos y en este momento se debate entre la vida y la muerte.
Pertenece a un grupo de extrema izquierda dedicado a una de las especialidades del sector, el terrorismo. En el llamado "Caso Bombas" la fiscalía puso a disposición del tribunal a quince sujetos del mismo grupo, pero el juez dejó libres a once. Más de un centenar de artefactos explosivos han sido colocados por ellos en los últimos años.
Un ex miembro del brazo armado del Partido Comunista, el FPMR, Axel Osorio, y la pareja de uno de los imputados en el mismo "Caso Bombas" se encontraban hoy en el recinto en que estaba internado el terrorista herido. ¿Qué prueba eso?
Él ya había escrito en un blog, hace seis años, "soy un anarquista". Nadie se preocupó, porque sólo tenía 17 años. Siguió siendo anarquista, sin que nadie se preocupara de él, hasta que le estalló la bomba entre las manos.
Carabineros, si no hubiera "tolerancia mil" para los extremistas de izquierda, debería haber previsto lo que iba a suceder... o algo peor: lo había controlado en la misma "casa okupa Sacco y Vanzetti" que es punto de reunión y refugio de terroristas. Tenía fotos de él participando en actos de apoyo a los imputados en el "Caso Bombas". Sabía que el sujeto estaba vinculado a cuatro situaciones ilegales: ocultamiento de identidad en un control de Carabineros (dio un nombre falso); en esa oportunidad halló en su mochila material con amenazas a la autoridad; se le comprobó el hurto de dos sprays en un supermercado; se acreditó su participación en desórdenes públicos y se le sorprendió hurtando una corchetera de tamaño mayor.
Es decir, era público y notorio que se trataba de un individuo dedicado al delito, tanto contra el orden público en general como al de carácter terrorista en particular. Pero estaba completamente libre.
Es que los grupos violentistas de extrema izquierda gozan de amplias garantías entre nosotros. Cualquiera puede filmar a los "encapuchados" lanzando "bombas molotov" (un delito terrorista), pero nadie los detiene. Todo el mundo los ve, menos la policía. Todo el mundo los ve llegar a los desórdenes, los ve incendiar y los ve irse. Todos saben quiénes son y a qué sector pertenecen (pista: uno al cual el Gobierno le ha dado una sede gratuita y le acaba de asignar otra).
¿Tolerancia cero con el delito y la violencia? No es verdad. Hay "tolerancia mil". Lo único que la gente de bien puede esperar es no estar cerca de donde estalle la próxima bomba.
Pertenece a un grupo de extrema izquierda dedicado a una de las especialidades del sector, el terrorismo. En el llamado "Caso Bombas" la fiscalía puso a disposición del tribunal a quince sujetos del mismo grupo, pero el juez dejó libres a once. Más de un centenar de artefactos explosivos han sido colocados por ellos en los últimos años.
Un ex miembro del brazo armado del Partido Comunista, el FPMR, Axel Osorio, y la pareja de uno de los imputados en el mismo "Caso Bombas" se encontraban hoy en el recinto en que estaba internado el terrorista herido. ¿Qué prueba eso?
Él ya había escrito en un blog, hace seis años, "soy un anarquista". Nadie se preocupó, porque sólo tenía 17 años. Siguió siendo anarquista, sin que nadie se preocupara de él, hasta que le estalló la bomba entre las manos.
Carabineros, si no hubiera "tolerancia mil" para los extremistas de izquierda, debería haber previsto lo que iba a suceder... o algo peor: lo había controlado en la misma "casa okupa Sacco y Vanzetti" que es punto de reunión y refugio de terroristas. Tenía fotos de él participando en actos de apoyo a los imputados en el "Caso Bombas". Sabía que el sujeto estaba vinculado a cuatro situaciones ilegales: ocultamiento de identidad en un control de Carabineros (dio un nombre falso); en esa oportunidad halló en su mochila material con amenazas a la autoridad; se le comprobó el hurto de dos sprays en un supermercado; se acreditó su participación en desórdenes públicos y se le sorprendió hurtando una corchetera de tamaño mayor.
Es decir, era público y notorio que se trataba de un individuo dedicado al delito, tanto contra el orden público en general como al de carácter terrorista en particular. Pero estaba completamente libre.
Es que los grupos violentistas de extrema izquierda gozan de amplias garantías entre nosotros. Cualquiera puede filmar a los "encapuchados" lanzando "bombas molotov" (un delito terrorista), pero nadie los detiene. Todo el mundo los ve, menos la policía. Todo el mundo los ve llegar a los desórdenes, los ve incendiar y los ve irse. Todos saben quiénes son y a qué sector pertenecen (pista: uno al cual el Gobierno le ha dado una sede gratuita y le acaba de asignar otra).
¿Tolerancia cero con el delito y la violencia? No es verdad. Hay "tolerancia mil". Lo único que la gente de bien puede esperar es no estar cerca de donde estalle la próxima bomba.
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