La estrategia del presidente José Antonio Kast está clara: tomar medidas para solucionar los más acuciantes problemas nacionales, que son la inseguridad ante el delito y el desempleo derivado del escaso o nulo crecimieto económico. Pero evitar medidas radicales inaceptables para la izquierda.
A diferencia de su antecesor inmediato, Gabriel Boric, Kast no agrava los problemas. Es verdad. Pero, a diferencia de su antecesor más mediato, Augusto Pinochet, tampoco toma medidas reconocidamente capaces de generar una completa tranquilidad pública y un salto en el crecimiento económico. También es verdad.
A Pinochet la izquierda, con la consabida complicidad tácita de la DC, le hizo 17 "estallidos" entre 1983 y 1987. Ninguno duró más de un día y ni siquiera "quedó para la historia". Pero sí generaron en el gobierno una activa acción judicial punitiva de los desmanes. Casi un millar de apresamientos por sentencias de los tribunales. Tanto que entre 1987 y 1990 ya no hubo "estallidos". Ni siquiera otro "sit-in" del DC Gabriel Valdés --cómplice activo de la rebelión-- sentado en la calle obstaculizando el tránsito.
En lo económico, desde 1985, con el ministro de Hacienda Hernán Büchi, se tomaron medidas que Kast de ninguna manera contempla, como privatizar ampliamente. Desde 1985 pasaron a manos privadas empresas estatales de telefonía, electricidad, gas, acero y salitre. Y además se dio amplias garantías de invariabilidad a la inversión externa, mediante el DL 600 (después derogado por Bachelet II).
Y, para aumentar el empleo, se congeló el "popularísimo" salario mínimo obligatorio. Y se redujo a 10 % el impuesrto a las empresas.
¿Resultado? El "milagro chileno". La tasa de crecimiento saltó a 6,4 % anual entre 1985 y 1989 y llegó a 10,6 % ese último año. La de desempleo, de más del 10 %, se redujo a la mitad en enero de 1990, de acuerdo a cifras del Banco Central.
Fue el mejor de los mundos, pero los chilenos no se dieron cuenta. Tampoco "Occidente" (la "Decadencia de Occidente", Oswald Spengler). Chile y Occidente le "agradecieron" a Pinochet derrotándolo en el plebiscito de 1988, cohecho millonario en dólares mediante ("Endowment for Democracy"). Los EE. UU. y Europa Occidental querían ponerle término... y lo consiguieron. Porque, se decía, había "cinco millones de pobres". Claro, pero con los años se redujo esa pobreza a la mitad. Ningún otro país la redujo tanto.
Ni Kast ni la izquierda quieren hoy volver al "mejor de los mundos".
Habrá que esperar hasta 2030.