Ha fallecido el general Santiago Sinclair, exvicecomandante en jefe del Ejército de distinguida e impecable trayectoria. Fue ilegalmente perseguido en sus últimos años por los jueces de izquierda en razón de una actuación perfectamente lícita suya, ajustada a derecho: haber formado parte del Consejo de Guerra que en octubre de 1973 condenó a muerte a José Gregorio Liendo y otros bandoleros que habían asolado la zona de Neltume, atropellando vidas y proopiedades.
Liendo era el que le había dicho, en la época, a la periodista Nena Ossa que "con menos de un millón de muertos" su revolución "no iba a resultar". Para muestra, un botón: asaltaron y saquearon la casa del fundo La Tregua, de la viuda Antonieta Maachel ,en 1970, la vejaron y provocaron su suicidio en el segundo piso, mientras ellos se bebían y comían todo en el primero. Por "proezas" como ésa el Ministerio de las Culturas, bajo el gobierno de Piñera, instituyó una muestra en homenaje a Pepe y sus secuaces.
El general Sinclair fue perseguido por haber formado parte del Consejo de Guerra que condenó a muerte al "Comandante Pepe" y otros forajidos que operaban libremente, bajo la UP.
En ese Consejo Pepe tuvo abogado defensor, el exdiputado Andrés Aylwin, el hermano más izquierdista de Patricio Aylwin. Todo esto ya había sido conocido y juzgado como perfectamente legal en el único juicio habido contra Pinochet, conducido por el juez Juan Guzmán. Pero los fines de lucro son más fuertes.
El Mercurio informa hoy de alguna injerencia de la Comitiva del General Arellano en la muerte del "Comandante Pepe", pero no tuvo nada qué ver. La Comitiva sólo se encontraba en Valdivia el día de la ejecución del bandolero y sus secuaces. La declaración del general Héctor Bravo Muñoz, jefe de zona en Valdivia, en el proceso que siguió el juez Juan Guzmán, expresó: "Le dije taxativamente a Arellano que, sin perjuicio de su nombramiento como Oficial Delegado, no interferiría en la sustanciación de las causas. Y así lo aceptó y se hizo". (Pág. 8 de mi libro "La Verdad del Juicio a Pinochet".)
El entonces joven oficial Sinclair tuvo como única participación --perfectamente lícita-- la de haber formado parte del tribunal que juzgó y condenó a Pepe y sus secuaces. Sólo por eso y por su renombre lo persiguió y condenó la justicia de izquierda más de 40 años después.
Pero a esas alturas, ya nonagenario, había perdido la conciencia. Eso lo hacía por completo imposible de ser juzgado. Los prevaricadores, poco resignados, lo vejaron, en una declaración destinada a denigrarlo como "loco o demente", Pero al menos le permitieron cumplir la pena en su domicilio. Se dieron por satisfechos insultándolo, pero no corrió la inhumana suerte de otros en su mismo estado, que siguen hoy presos en Punta Peuco, sede de la violación masiva de su derecho humano a un debido proceso que sufren los exuniformados.
Siendo vicecomandante en jefe debió enfrentar la despiadada violencia terrorista y sobrellevar el asesinato de todos los miembros de su escolta, dentro de un automóvil, Asesinato a sangre fría. como el del carabinero Hilario Novoa estando de guardia en la Llama de la Libertad, a quien siempre que puedo aprovecho de rendirle tributo.
Con el general Sinclair muere otro gran soldado chileno, salvador de su patria y perseguido por la antipatria, que ha tomado ilícitamente el control del Poder Judicial con fines de lucro y con cero respeto por la ley, la verdad y la moral..