Se le fue a meter a Macri “para
la foto”, lo mismo que a Kuczynski en Lima. Macri estaba recién operado de la
rodilla y habría preferido que lo dejara reposar tranquilo en Olivos. Además,
no le acomoda aparecer con un político chileno que está imputado allá por
sobornar a dependientes de Kirchner (“La Nación” de Buenos Aires, 29.12.16) y
que tiene tres cuartas partes de su fortuna en paraísos fiscales, cuando precisamente
el propio Macri se está tratando de defender de que le hayan descubierto una cuenta
en Panamá. Pero tuvo que fotografiarse con él, porque el tipo es insistente y,
mal que mal, apenas pedía una foto para publicar en sus diarios cautivos de acá
(es decir, todos).
Semana
redonda para Piñera, como dice hoy el nuevo cronista político de “El Mercurio”,
John Müller, ameno, bien informado y cuadrado con Piñera. El diario dedicó hace
días dos páginas a entrevistar a un economista de izquierda que le manifestó su
apoyo a Piñera, mientras le concedió sólo un párrafo a dos columnas, y en la
parte de abajo de la página, a la inscripción de José Antonio Kast con más de
44 mil firmas, pese a que era noticia, pues es el único candidato de derecha a
secas, defensor del Gobierno Militar y que defiende a los presos políticos
uniformados, en lugar de perseguirlos.
Peor ocurre con “La Tercera”: apenas
informó, en un indecente suelto de crónica a una columna y al pie de la página,
de la inscripción de la candidatura de Kast, junto con mencionar la de ME-O.
No cabe duda: Piñera controla al
“establishment” y su prensa. Hasta los “think tanks”, con la honrosa excepción
–hasta ahora— del CEP. Porque el 20 de julio apareció en “El Mercurio” dicho
candidato reunido con Libertad y Desarrollo, la Fundación Jaime Guzmán (¡qué
diría Jaime!), el Instituto Libertad y Res Pública, para ponerlos al servicio
de su campaña.
Como yo contribuyo con una UF
al mes a Libertad y Desarrollo y mi candidato es José Antonio Kast, no quiero financiar
a su adversario Piñera, de modo que pedí a mi banco suprimir el descuento mensual,
pero me contestó que debía conseguir que LyD lo solicite, trámite para mí enojoso
y que no estoy dispuesto a hacer. Así es que he quedado a la espera de que
venza mi tarjeta en octubre para no renovarla y así dejar de financiar a
Piñera.
Claro, también puede suceder que
éste sea formalizado por las mismas razones que Pizarro y Rossi y pierda con
ello su calidad de candidato, por suspensión de su derecho a sufragio y, en consecuencia,
deje de hacer campaña y de ocupar mi aporte. Me estaré a lo que suceda primero.
Pero me dicen que la formalización no va a tener lugar, porque estamos en Chile
y acá rige la “Ley del Embudo”: no deja pasar lo de Pizarro y Rossi y sí deja
pasar lo de Piñera, ocho veces mayor. Además, ya van dos editoriales de “El
Mercurio” pidiendo a la Justicia que la corte con los procesos por las boletas
electorales. El primer editorial lo refutó indignado el Fiscal Nacional, pero el
segundo ya no.
Entonces, ¿qué hay de nuevo?
Nada. Ya sucedió en 2009, cuando Piñera,
recién condenado benévolamente por la Superintendencia a una multa por comprar
acciones de LAN con información privilegiada, pero sin querellarse (pues se
trataba de un delito). Pese a ello ganó cómodamente la elección, porque la gente
ni siquiera se enteró. Y a la que se enteró, no le importó. Igual que ahora. Y
así dicen que al electorado le importa mucho la probidad de los políticos.