Tenemos un presidente infantil. Un niño-problema. Y nos seguirá metiendo en dificultades hasta el último día de su mandato. Ahora es el cable submarino Valparaíso-Hong Kong tutelado por Beijing y negándose a oír a los EE. UU.
¿Por qué? Porque los EE. UU. son nuestro segundo socio comercial y les comunicó a las autoridades chilenas su inquietud por el cable. No sabemos si es justificada o no, pero en un país en que el Estado demora diez años en conceder permiso para una planta desaladora, bien podría haberse tomado unas semanas para saber por qué los norteamericanos desconfían. Sobre todo si afirman que comprometería la seguridad regional del subcontinente.
El ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz, es uno de los menos sectarios. Pero resulta que, aparte de él, impulsan con sospechosa eficiencia el proyecto el subsecretario Claudio Araya y el jefe de gabinete Guillermo Petersen, ambos del Partido Comunista. Entonces séame permitido decir, "por favor, un momentito". Porque nunca he conocido un comunista que anteponga el interés de Chile al de su partido. Y como en China gobierna el Partido Comunista, aunque permita una economía de libre empresa, yo digo "un momentito, por qué tanto apuro, si además ya tenemos el cable Humboldt operando".
Ahora, sucede que yo confío más en Trump que en los EE. UU., que nos han traicionado tantas veces, desde que aprobaron la Enmienda Kennedy para privarnos de armas en momentos en que todas nuestras fronteras estaban amenazadas. Tampoco he olvidado el millonario cohecho del "Endowment for Democracy" que practicó el recordado Harry Barnes, en 1988, para dar vuelta el resultado del plebiscito a favor del No, en circunstancias que el desenlace a favor del Sí era impecablemente democrático.
Para no sacar cuentas más antiguas, como habernos obligado a hacer una Reforma Agraria ruinosa, socialista y expropiatoria que ellos jamás habrían permitido en su propio suelo.
Perdieron Vietnam con un costo de 55 mil víctimas y 500 mil millones de dólares en un fracasado intento por "salvarlo del comunismo", pero hicieron causa común con la URRS para perjudicar a la Junta chilena. Y nos salvamos solos del comunismo, sin una baja norteamericana.
Pero sostenemos es necesario oírlos en el tema del cable submarino.
Lo que menos le conviene a Chile es la infantil conducta de Boric de pisar una y otra vez los callos de Trump, pero tampoco le convendría privarse de una herramienta de desarrollo si no hay una razón atendible para oponerse a ella.
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