lunes, 4 de febrero de 2019

Me Han Dejado Horrorizado


   Desde luego, quedé bastante horrorizado del fallo del juez Madrid, aunque a estas alturas espero cualquier cosa menos justicia y verdad de la judicatura chilena. Pero sindicar como principal homicida del ex presidente Frei Montalva al médico y amigo próximo que más se esforzó por salvarle la vida, y a otro colega suyo que no intervino para nada en las operaciones secundarias (ni tampoco en la primera, que fue la que generó la necesidad de reoperar y el shock séptico) ya me parecía suficientemente absurdo.

   Pero, al menos, el fallo dejó en claro una cosa: que no se había encontrado prueba alguna de una conspiración del gobierno de la época en el homicidio. Incluso el juez Madrid tuvo que confesar que “lamentaba” no haber hallado evidencia al respecto, revelando así de paso su falta de objetividad.

   Pero ahora leo en “La Tercera” los twits del ex director de ese diario y actual jefe de noticias de Canal 13, Cristián Bofill, y de la encuestadora de Mori y opinóloga Marta Lagos, y no puedo creer lo que dicen.

   El primero: “Mucho antes de iniciarse la investigación de 19 años del juez Madrid se sabía que Pinochet espiaba a Frei y era capaz de mandar a matarlo, como a Prats, Letelier, Leighton y un largo etc.” ¡Pero si el fallo precisamente dice que no hay prueba alguna de que Pinochet lo haya mandado matar! Más aún porque el fallo sindicó como autor principal a un médico DC y amigo de Frei, a quien Pinochet le tenía poca simpatía por eso, tanto que –dice el proceso— bloqueó su ascenso de coronel a general de sanidad en el Hospital Militar. 

   Y justamente en los casos Prats, Letelier y Leighton intervino un agente de la DINA, Michael Townley, cuya existencia Pinochet ignoraba y cuya vinculación con el general Contreras éste siempre le negó, lo que motivó que fuera entregado a los EE. UU. en la certeza de que era alguien ajeno al régimen. Después del caso Letelier y a raíz de comprobarse la intervención de la DINA en ese y otros, la DINA fue disuelta, justamente por el desacuerdo oficial con esas actuaciones suyas. Y en cuanto al “largo etc.”, simplemente no existe.

   Y el twit de Marta Lagos es todavía más ajeno a toda verdad, pues dice: “…el fallo confirma todas las sospechas de este asesinato perfecto a poco tiempo del fin de la dictadura”. Todo lo contrario: el fallo no confirma ninguna sospecha porque, para comenzar, dijo expresamente que no hubo asesinato, es decir, homicidio calificado, sino homicidio simple; y porque sindicó como principal autor a un médico que no gozaba de la simpatía de Pinochet, como antes se señaló, por ser DC y muy próximo a Frei. Añade Marta Lagos: “¿Si no se movía una hoja sin que lo supiera el dictador, podría haber muerto tan extrañamente el único ex presidente que podía competir su liderazgo?”

    ¡Qué caída de la encuestadora! Frei no murió “extrañamente”, pues tras la primera operación (de la cual nadie ha sospechado) estuvo en su casa las dos semanas posteriores. Nada “extraño” pudo fraguarse ahí. A raíz de su fiebre, vómitos y malestar, en los que nada tuvieron que ver los condenados por el juez Madrid, fue reinternado en la Clínica Santa María. “Llegó infectado”, declaró su director, el doctor Juan Pablo Allamand. ¿Qué podía tener que ver “el dictador” con todo eso?

   Además, el contexto político de entonces era muy favorable al gobierno: había triunfado en el plebiscito; Pinochet se había instalado, como Presidente constitucional y elegido en su gran triunfo electoral de septiembre de 1980, en La Moneda; el país vivía una etapa de gran prosperidad desde 1976 en adelante (crecía al doble que hoy), y el clima era de pacificación interna, pues sólo después de fallecido Frei se gestaron la “crisis de la deuda” y el ingreso de los guerrilleros entrenados en Cuba por el FPMR comunista, que posteriormente crearon un clima de gran violencia.

   Frei mismo, un par de años antes de morir, en carta a su yerno, Eugenio Ortega, había reconocido la popularidad de que gozaba Pinochet y se había hecho cargo de ella como una realidad del país.

    Si los twits anteriores hubieran provenido de Guillermo Teillier o Hugo Gutiérrez no me habría extrañado. Pero, siendo de personas supuestamente más independientes e informadas, como Cristián Bofill y Marta Lagos, simplemente me han dejado horrorizado. ¡La gente se está quedando con lo que NO dice el fallo, que resulta ser aún peor de lo que sí dice!

sábado, 2 de febrero de 2019

Los Presidentes No Entienden lo que Leen



   Es sabido desde hace años que una mayoría de chilenos no entiende lo que lee. Yo diría que tampoco entiende lo que no lee, como lo demuestra el hecho de que haya una mayoría izquierdista en el país, según lo prueba la composición del Congreso. Y si la izquierda no ganó también la Presidencia de la República la última vez fue porque, en un breve intervalo lúcido, parte de ella se horrorizó de los resultados del socialismo bolivariano y prefirió inclinar la balanza a favor de un candidato que, siendo suficientemente aceptable por la izquierda, fuera el menos inclinado a establecerlo, frente a un Guillier que había dejado muy en  claro que sí iba para allá.
  
   En los diarios de ayer y hoy tres Presidentes, uno actual y dos anteriores, han dejado en claro que, al igual que la mayoría (y tal vez  por eso los tres resultaron electos) tampoco entienden lo que leen: tras enterarse del fallo en el caso Frei, tanto Piñera como Frei Ruiz-Tagle y Lagos han dicho públicamente que se trató de un “asesinato”, en circunstancias que el juez Madrid dijo explícitamente en su sentencia que condenaba a los supuestos autores de la muerte por simple homicidio. Como toda persona mínimamente letrada sabe, el “asesinato” es un homicidio calificado por cometerse con alevosía, por premio, con premeditación, ensañamiento o uso de veneno. El juez Madrid confiesa que no pudo probar ninguna de esas circunstancias y por lo tanto condenó por homicidio simple. Así se publicó en todos los medios que, suponemos, los Presidentes chilenos no entendieron al leerlos u oírlos.
   
   En particular, Piñera aseveró que el crimen había sido cometido con “crueldad y vileza”, las cuales el juez no encontró por ninguna parte y que habrían transformado el homicidio en asesinato. Ningún rigor para decir la verdad o, simplemente, no entendió.
  
   Y Frei-Ruiz Tagle y Lagos también equivocadamente aseguraron que tal "asesinato" fue cometido por instrucciones de las autoridades de la época, lo cual el juez Madrid estaba deseoso de acreditar, pero no pudo, como lo confesó. Incluso el editorial de “El Mercurio” sobre el fallo “lo pilló” diciendo en la sentencia que “lamentablemente” no logró acreditar una operación especial de inteligencia. Es que Madrid habría querido inculpar a Pinochet y entonces su inconsciente le jugó una mala pasada al llevarlo a escribir que “lamentablemente” no pudo encontrar una prueba. Lástima que quedó así confesa su parcialidad.

   No obstante, el grueso de los opinólogos y columnistas de nuestro medio no vacila en inculpar a Pinochet, porque para ellos la verdad de los hechos no tiene importancia. Así es como hacen un recuento de los atentados contra Prats, Leighton y Letelier, olvidando que, justamente, tras investigarse los mismos la Junta resolvió disolver la DINA y sustituirla por la CNI, por haber aquella actuado en esos casos por su cuenta y contrariando los principios que el gobierno sustentaba. Ni siquiera el atentado más inexplicable, el de Tucapel Jiménez, acaecido después de la muerte de Frei, puede ser vinculado al proceso, pues reconocidamente fue una desafortunada acción de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), entidad a la cual Madrid ni siquiera intenta relacionar con el fallecimiento del ex Presidente.

   El historiador Ernesto Medalla puso en mis manos las 811 páginas del fallo, gesto que le agradezco, pues allí “está todo” y cualquier lector objetivo se enterará de que el ex Presidente fue operado el 18 de noviembre de 1981 y volvió a su hogar dado de alta. Estando allí registró fiebre, vómitos y malestar grave, lo que indujo a llevarlo de vuelta a la clínica el 4 de diciembre. ¿Alguien podría pensar que fue envenenado en su casa, donde se empezó a sentir mal? En vista de ello su familia relevó al doctor Augusto Larraín, que lo había operado e insistía en que los malestares post operatorios eran normales, y puso a cargo de la emergencia al doctor Patricio Silva Garín. Éste inició una serie de desesperados esfuerzos por salvarle la vida al paciente, operándolo de una obstrucción intestinal que no podía esperar, pero, a la vez, se vio obligado a retardarla unos días por decisión familiar. ¡Estos esfuerzos suyos son los que el juez Madrid considera constitutivos de “homicidio simple”! 

   En seguida, el juez no puede menos que desechar la tesis del envenenamiento, pues el mismo debería haber tenido lugar en el propio hogar del paciente, que fue donde comenzó a sentirse tan mal. Y tampoco puede probar una conspiración oficial para matarlo, porque "lamentablemente" no halló ningún indicio.

   Lo que sí resultó lamentable fue que el ministro pasara por alto los cruciales testimonios de los doctores Juan Pablo Beca (yerno de Frei) y Eduardo Weisnstein, presentes en la reoperación de urgencia. Los recibió recién después de 16 años de investigación y, pese a ser decisivos, estando ambos médicos contestes en que la condición del intestino necrosado del paciente al reingresar a la clínica y no ser inmediatamente operado era irreversible y su muerte inminente, no los consideró.

   No tengo fe alguna en los tribunales superiores, que conocerán de apelaciones y casaciones de las partes, pues he visto cómo han burlado la ley y la Constitución en sus fallos en otras causas de connotación política, como las seguidas contra los Presos Políticos Militares. Esos tribunales van a conocer de los recursos durante la siguiente década. Desconfío de ellos, porque los he visto cambiar de jurisprudencia, contravenir el tenor literal de leyes expresas y vigentes y pasar por sobre normas básicas del debido proceso, como el principio de legalidad, la cosa juzgada, la irretroactividad de la ley penal, el principio pro-reo y la presunción de inocencia. Y, sobre todo, los he visto burlarse de la verdad de los hechos, estableciendo presunciones arbitrarias y hasta confesando basarse en “ficciones jurídicas”.

Lo único cierto es que transcurrirán una o más décadas en que otra generación de chilenos vivirá este juicio “por los diarios”, en un ambiente informativo nacional como el vivido ya por 29 años, en el cual han prevalecido dos lemas: “mentid, mentid, que algo queda” (Voltaire) y “una mentira mil veces repetida pasa a ser verdad” (Goebbels).


jueves, 31 de enero de 2019

La Política Todo lo Puede


             Un típico ejemplo de cómo en Chile algunos políticos pueden armar un juicio sin base y elevarlo a la categoría de verdad judicial es el caso Frei. El ex presidente se operó a fines de 1981 de una obstrucción en el esófago con el médico Augusto Larraín. Un error en la operación, derivado de un punto mal suturado (el médico dejó a su ayudante en práctica la tarea de hacer las suturas finales) generó una infección y una peritonitis, la que dio lugar a otra operación, que resultó tardía por el deseo de la familia de esperar a que Larraín volviera de Pucón, a donde había viajado.

             Nadie entonces dijo nada de “envenenamiento” ni de “intervención de terceros”” ni menos de “asesinato”, porque Frei vivió sus últimos días protegido y rodeado de sus más próximos, aparte de su familia: sus médicos más amigos, uno ex ministro y el otro ex subsecretario suyos, doctores Patricio Rojas y Patricio Silva; y del ex senador Osvaldo Olguín, a quien le oí personalmente el relato de los errores cometidos, pues ambos éramos directores de Banmédica cuando quince años después la hija de Frei, Carmen, empezó a vocear sospechas de que hubiera habido intervención de terceros en la muerte de su padre. 

            Al contrario, cuando el doctor que lo operó tuvo una hija y recibió un ramo de flores de la viuda, señora María Ruiz-Tagle, se preocupó de mandar una carta a “El Mercurio” haciendo público ese gesto que lo reivindicaba y destacando la nobleza de la señora Maruja al manifestarle así su ningún resentimiento por el fatal resultado de la operación de su marido. 

             Quienes siempre negaron la intervención de terceros en la muerte de Frei fueron la enfermera jefe que estuvo a cargo de su cuidado, Victoria Larraechea, hermana de Martita Larraechea, casada con Eduardo Frei, hijo; el doctor Patricio Silva Garín, por supuesto, quien encabezó la segunda operación, y ahora condenado; el doctor Patricio Rojas, ex ministro del Interior de Frei, que mantuvo esa opinión pese a ser amenazado de sanciones en su partido, el Demócrata Cristiano; el médico y yerno de Frei Montalva, Juan Pablo Beca; y el doctor Eduardo Weinstein. Estos dos últimos estuvieron presentes en la última operación, pero sólo tardíamente fueron citados a declarar por el ministro que sustanció la causa, Alejandro Madrid.

          Cuando quince años después de la operación Carmen Frei comenzó a vocear sospechas sobre la causa de muerte de su padre, nadie la tomaba en serio. Recuerdo que el entonces director de “El Mercurio”, doctor Juan Pablo Illanes, nos refirió en una reunión de redactores que, tras preguntarle al entonces presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle por la denuncia de su hermana, éste le había replicado: “Son cosas de la Carmen”. Nunca su gobierno se hizo parte de ellas ni investigó nada, porque no había nada. Pero en Chile, si usted consigue apoyo de la DC y la izquierda, puede fabricar un caso judicial a partir de nada, sobre todo si eso hace posible formular alguna acusación contra el Presidente Augusto Pinochet.

            A todo esto, en 1997 el mismo doctor Augusto Larraín operó a la actual senadora Isabel Allende de lo mismo que había afectado a Frei y cuando ella, al igual que éste, estaba a las puertas de la muerte con una infección generalizada, acudió al doctor Arturo Jirón, ex médico de La Moneda bajo Allende, quien procedió a reoperarla correctamente, limpiando y esterilizando. También gracias a su menor edad, la senadora pudo salvarse. Ella no tuvo inconveniente en reiterar que no creía en el “asesinato de Frei” porque sabía que los procedimientos del doctor Larraín la habían llevado al borde de la muerte. Eso lo declaró públicamente, pero ya en agosto del año pasado se publicó una opinión suya cambiando de posición y apoyando la tesis del “magnicidio”. Es que “la política todo lo puede”.

                Por supuesto “el político que se sube a todas las micros”, si cree que eso le reditúa apoyos, Sebastián Piñera, ya en su primera presidencia se trepó al “magnicidio de Frei” y le prometió ayuda a la familia para conseguir un pronunciamiento pericial norteamericano, pero con tan mala suerte que, conocido éste, desechó la existencia de rastros de veneno en las muestras que examinó.

                Pero como “la política todo lo puede” hemos vivido más de veinte años de acusaciones sobre “el asesinato de Frei” y algunos momentos culminantes, como cuando Michelle Bachelet, en su primera presidencia, reunió en La Moneda a la prensa y, rodeada de la familia Frei y algunos de sus ministros, denunció que había un informe de la Universidad de Gante, en Bélgica, confirmatorio del envenenamiento. La ministra Vivianne Blanlot declaró, haciendo titulares: “¡El horror no termina!”. Lo malo para la escenificación, que había tenido al país en vilo, fue que “La Segunda” llamó a la Universidad de Gante y comprobó que el publicitado “informe” ¡no existía!. Pero el abogado de la familia replicó categórico: “¡Hay un informe, hay un informe!”. Sin embargo, nunca lo mostró y finalmente renunció al patrocinio de la causa.

                Casi un cuarto de siglo después de la malhadada operación el doctor Augusto Larraín, que nunca había dicho nada aparte de su carta a la señora Maruja, apareció en Chilevisión diciendo, según “El Mercurio” de 19 de agosto de 2006, haber sido citado por el ministro Alejandro Madrid y declarando: “Guardé por 25 años el secreto de mis impresiones respecto de las razones que habían complicado la salud del ex presidente Eduardo Frei Montalva". ¿Qué médico al cual le han envenenado un paciente se queda callado y no lo denuncia durante 25 años? Reveló que el ministro Madrid le había dado “antecedentes que no conocía” y le había preguntado “sobre la forma en que se pudo producir contaminación externa”, ante lo cual Larraín admitió “que pudo no haber intencionalidad, ya que se podría haber causado por una mala esterilización”. Pero eso no era lo que esperaba Madrid, cuya misión siempre estuvo clara. Tanto que un columnista de derecha de “El Mercurio”, devenido del “No” y detractor de Pinochet, anticipó a mediados del año pasado: “En octubre el juez Madrid probablemente fallará que a Frei Montalva lo mataron”. 

            Se esperaba esta “guinda de la torta” del actual régimen del “No”, que ya dura más de 29 años. Pero el fallo no salió en octubre porque también declararon los doctores Eduardo Weinstein y Juan Pablo Beca, ambos presentes en la operación final de Frei y el segundo de ellos casado con una hija del ex presidente, y también ambos contestes en que la muerte se debió a una infección y al retardo en la operación para contenerla, desvirtuando toda tesis de envenenamiento. No era lo que el ministro necesitaba oír, así es que debió demorar su fallo. También en agosto el hijo del doctor Silva Garín había escrito a “El Mercurio” citando las pruebas que desvirtuaban todo envenenamiento. La sentencia debía esperar a que todo eso se olvidara.

                Pero en Chile la mayoría política todo lo puede y la dictadura del “No” exige imputar la muerte de Frei al “enemigo público número 1” del "No”. Contra eso no hay testimonio médico que valga. Al fin Madrid le dijo al régimen del “No” lo que éste necesitaba oír. Eso es lo único que importa: “mataron a Frei”. Ése es el titular hoy aquí y en el resto del mundo. La opinión general se maneja con titulares.

      Pero quedan por delante muchos años: habrá apelación al fallo y posteriores recursos ante la Corte Suprema. Otra generación de chilenos va a vivir con “el caso
Frei” haciendo titulares proclives a los intereses de la izquierda, pero ésta ya tiene una “¡verdad judicial!”: “¡A Frei lo mataron!” ¿Quién? ¡Pinochet, por supuesto! Es lo que se transmite ya a todo el mundo.

             El examen objetivo de la verdad revela cuatro cosas: una, que en Chile la mayoría política todo lo puede; dos, que el Poder Judicial es una vergüenza nacional; tres, que el país puede vivir decenios antes de enterarse de la verdad que la mayoría política es capaz de ocultarle; y cuatro, que se confirma lo visto en los juicios contra Presos Políticos  Militares: lo último que importa es la justicia, la ley y la verdad.

            Pero, sin duda, entre la canalladas urdidas por el régimen del “No” que ya dura 29 años y que ha controlado a su amaño los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, ésta ha sido la mayor de todas.

domingo, 27 de enero de 2019

¿Por Ser Venezolanos o Por Ser Derechistas?


                Hace unos días se reunieron en la Plaza Italia veinte mil venezolanos a pedir la salida de Maduro. Lo hicieron con tal orden y respeto que un lector de “El Mercurio” escribió al diario contrastando la conducta de ellos, que no provocaron desórdenes ni vandalismo y hasta hicieron posible que el comercio del sector siguiera funcionando normalmente, con las algaradas de chilenos en Plaza Italia por los más diversos motivos, que terminan en destrozos generalizados, saqueos de tiendas y violencia contra la policía, lo que redunda en decenas de detenidos.

                Pero el contraste que destaca el lector está mal planteado: lo que sucede es que la reunión de venezolanos fue de centristas y derechistas que están contra el “socialismo del siglo XXI” de Maduro, es decir, contra un gobierno de izquierda. No es que los venezolanos sean más civilizados que los chilenos, sino que los derechistas son más civilizados que los izquierdistas.

           Cuando en 1987, en plena de la que ahora denominan (incluso algunos derechistas desprevenidos)  “dictadura”, se organizó un acto público en el Teatro Cariola en homenaje a Salvador Allende. El mismo pudo realizarse con toda tranquilidad, porque era un acto de izquierda y ésta, que es la violenta y lo ha sido siempre, quería que se desarrollara normalmente. Los derechistas no fueron a atentar contra nadie porque nunca lo han hecho ni han sido formados para eso en sus colegios, sino en el estudio y el respeto a los demás.

              Cuando más de veinte años después, bajo el primer gobierno de Piñera, se organizó un similar homenaje a Pinochet en el Teatro Caupolicán, se desató la violencia comunista-socialista contra los concurrentes, muchos de los cuales fueron agredidos y algunos resultaron con lesiones serias, como los hermanos Widow Antoncich y la dirigente femenina Gina Fascinetti, salvada de la pateadura marxista por algunos comerciantes callejeros. El propio ex ministro Alfonso Márquez de la Plata fue agredido y escapó apenas en un taxi. Entonces, las manifestaciones nacionales en Plaza Italia terminan en desmanes porque los izquierdistas, que son los revolucionarios violentos de toda la vida, los provocan.

                La derecha, sea chilena, inglesa o venezolana, es pacífica; la izquierda, y en particular la chilena, es violenta. Su violencia forma parte de la historia de Chile. Y hoy día una violenta revolución de izquierda es la que provoca el terrorismo en la Araucanía. Cuando hubo un gobierno de derecha y capaz de reprimir la violencia, simplemente no había “conflicto mapuche” (conflicto que, además, no es mapuche, sino comunista) y la Araucanía vivía tranquila bajo el gobierno del Presidente Pinochet, homenajeado por los caciques araucanos. Ese es el tema.

                Una de las columnas más leídas de este blog, el cual ya va a cumplir nueve años, fue la del 5 de julio de 2015, justo después de que Chile ganara la Copa América en un Estadio Nacional repleto, sin que hubiera ocurrido un solo hecho de violencia en tribunas ni galerías y respetando a los grandes contingentes de hinchas argentinos situados en medio de la marea roja, sin sufrir gritos destemplados ni groseros ni menos agresiones. Ese blog se titulaba “Éxito Nacional de un Triunfo Privado” y en algún momento me llamaron de una radio para decirme que era “trending topic”, dado que era el paradigma de lo “políticamente incorrecto”. Es decir, les cantaba a los lectores verdades impublicables en los medios chilenos de entonces y con mayor razón en los de ahora. En el fondo, decía que todo ese éxito de civilidad y buen comportamiento se había debido a que el público era de derecha. Los precios absolutamente prohibitivos de las entradas para la Copa Libertadores de ese año condujeron a que sólo gente educada en colegios donde no hay profesores comunistas que hagan la apología del “Che”, con un alumnado que era gente acomodada que podía tener acceso a las costosas graderías. De eso resultó que los espectadores observaban una buena conducta, no gritaban “garabatos” a nadie y respetaban a todo el mundo.

                El tema era el mismo que el de Plaza Italia: si van derechistas salidos de la educación particular, hay respeto y buena conducta. Si van izquierdistas formados por profesores revolucionarios de izquierda, hay la violencia predicada por el ídolo de los maestros de izquierda, el “Che”: vandalismo, saqueos y choques con la policía.

     Y eso fue todo lo que diferenció la manifestación venezolana de las chilenas de Plaza Italia: que a la primera la izquierda violenta no fue invitada. Al contrario, si hubiera ido, habría sido a agredir a los concurrentes, pues es partidaria de Maduro y del socialismo del siglo XXI. Pero seguramente no se enteró a tiempo, porque los venezolanos no se lo informaron.

             Ése es, reitero, el tema. A propósito del cual hoy viene una columna del izquierdista Daniel Matamala en “La Tercera”, en que vuelve sobre la desigualdad educacional y una vez más se confunde. Dice que hay grandes diferencias de ingreso entre los formados en la educación particular pagada y los formados en la pública. Y la atribuye a “endogamia” o deseo de excluir de la primera a la clase baja, porque los mejores puntajes de la educación pública terminan ganando menos dinero, cuando salen al mercado del trabajo, que los inferiores puntajes de la educación particular pagada de diez colegios de élite.

             ¿Discriminación? No, esto es lo mismo que el tema del Estadio Nacional. En la educación pública reina el marxismo, se enseña la historia reciente más falsificada que en los colegios particulares (pues en éstos también se enseña bastante falsificada) y predominan los profesores comunistas y socialistas que inculcan la revolución y la violencia a sus alumnos. Esto todo el mundo lo sabe y si se presenta un aspirante a un trabajo a una empresa y dice que se educó en un colegio dominado por académicos izquierdistas, la empresa teme que si lo contrata resulte un revolucionario. En cambio, si viene de colegio particular pagado la empresa sabe que ahí los profesores que predican la revolución no duran nada (a petición de los padres). Por eso, obviamente, para toda empresa es mejor tener un empleado educado en el respeto al sistema que un potencial conspirador contra su quehacer productivo. Y por eso los nuevos contratados que salen de la enseñanza pública revolucionaria deben resignarse a ganar menos que los de la enseñanza particular pagada. Y por eso yo siempre he dicho que todas las familias pobres deberían repartirse la plata que derrocha el Ministerio de Educación y recibir vouchers para matricular a sus hijos en la enseñanza particular pagada que ellas elijan, porque esa plata alcanza de sobra y así la mayoría de “machucas” se educaría mejor, no andaría con camisetas del “Che” y la enseñanza en Chile daría un tremendo salto adelante.

            Pero no, los Matamala y Cía. quieren que todos sean educados por profesores revolucionarios de izquierda y en eso se basa el eslogan “educación gratuita y de calidad para todos”, que traducido al castellano significa “escuela única socialista-fidelista-allendista-madurista” para hacer la revolución y convertir a Chile en una segunda Cuba o en Chilezuela. Por suerte contra eso votó el 54 por ciento de los chilenos en 2017, algo bastante notable en un país de mayoría izquierdista. Es que “ser izquierdistas, pero no tontos”.

         He ahí la madre del cordero. Y mientras nuestra política educacional siga apuntando para otros lados, como denuncia en una excelente carta Isabel Undurraga Matta en “El Mercurio” de hoy; y mientras ella siga ciñéndose al libreto izquierdista de Matamala et al, la masa de los chilenos vulnerables nunca va a poder despegar.

jueves, 24 de enero de 2019

Todos Son Francia


            ¿A qué tanto rasgar de vestiduras porque a un asesino comunista confeso Francia le da asilo político, si todos ustedes, SÍ, TODOS USTEDES, le han dado las razones para hacerlo? Pues ¿qué ha hecho Chile durante ya casi 29 años del "No" sino brindar impunidad y llenar de dinero al terrorismo?

                ¿Que no fue Aylwin el que puso en libertad a todos los terroristas y asesinos iguales a Palma Salamanca y formó una comisión para sentar en el banquillo de los acusados a quienes los combatieron? ¿Que no fue ése el antecedente para que los jueces de izquierda se tomaran después los tribunales, cambiaran las leyes y la jurisprudencia para condenar a los militares y llenar de plata a los Palma Salamanca y a sus sucesores? ¿Que los jueces de acá no rechazaron también la querella contra el jefe comunista, Guillermo Teillier, confeso de ser coautor del asesinato de cinco militares y lo dejaron impune? Impunidad total.  ¿Qué ha hecho Francia distinto a eso?

              ¿Que no han sido todos ustedes, desde la UDI y RN, que cambiaron hasta sus Declaraciones de Principios para acoger las tesis comunistas (“tratados internacionales”) de condena a los militares, pasando por la DC, siempre lista para oficiar de Kerensky y terminando con la izquierda que ha acompañado al comunismo en tratar de llevar adelante la revolución totalitaria, todos los anteriores diciéndole al país y al mundo, urbi et orbi, y repitiendo hasta hoy, que acá hubo una dictadura militar dedicada a atropellar sistemáticamente los derechos humanos, dejando entonces implícitamente a todos los asesinos, el primero de los cuales era Palma Salamanca, convertidos en defensores de la libertad? Por eso Francia se la ha garantizado, por lo que ustedes le han inculcado.

              ¿Que no fue la misma Francia la que pedía a fines de los ’90 que Inglaterra le entregara a Pinochet, secuestrado allá, para juzgarlo por supuestos pero falsos “crímenes”, que habían llevado a la traidora Albión a retenerlo por 500 días, sin otra protesta que la de una ya retirada pero siempre valiente Margaret Thatcher, única personalidad que alzó su voz contra la traición, pues los "altos lores" mayoritariamente se inclinaron por apoyar la mentira y la vileza marxistas? ¿Qué tan distinto a Francia se comportó Inglaterra?

             ¿Y que no fueron los propios Estados Unidos los que aplicaron la Enmienda Kennedy, privando de armamento a un Chile amenazado en todas sus fronteras, para impedirle dotarse de elementos esenciales para su defensa, en nombre de que se atropellaba acá los derechos de tipos como Palma Salamanca? Eso mismo dice Francia hoy. ¿Que no fue la propia Secretaria de Estado en visita a Chile, Madeleine Albright, la que se pronunció en apoyo al procesamiento ilegal del ex Presidente Pinochet, en un juicio local espurio y vergonzoso, por hechos de los cuales él no había tenido conocimiento previo ni la menor participación? Eso fue tan escandaloso como lo es hoy liberar a Palma Salamanca.

           ¿Y que no fueron los propios Estados Unidos los que intervinieron descaradamente en el plebiscito de 1988, financiando la campaña mentirosa del “No” (que sostenía que el “Sí” equivalía “a prolongar la dictadura”) financiándola con el millonario (en dólares) “Endowment for Democracy”, para denostación del régimen militar, cuando éste, sin una bala de USA ni un soldado norteamericano muerto, había permitido rescatar a Chile del destino que tuvo Vietnam del Sur, convertido en comunista tras años de una guerra que los norteamericanos perdieron, dejando atrás 55 mil soldados muertos y una hemorragia de billones de dólares perdidos? ¿No fueron, entonces, peores que Francia hoy los Estados Unidos ayer?

             Toda esta miseria moral es la que  hace lícito decir hoy que “todos son Francia”. Por lo mismo, acá prácticamente todos carecen de autoridad para criticar el atropello francés, pues es perfectamente equivalente al que comete cotidiana e impunemente contra los militares la judicatura nacional actual, mientras la sociedad entera guarda silencio y prefiere mirar para otro lado.

domingo, 20 de enero de 2019

Sin Problemas con Dawkins ni con Machuca


        Los ateos han estado muy nerviosos ahora último y nos han comunicado reiteradamente a los creyentes su convicción de que Dios no existe. El último en proclamarlo ha sido el profesor Dawkins, ilustre participante en el Congreso del Futuro. No tengo problema en que él y sus seguidores crean eso… pero por algo están tan nerviosos: pues si creen que Dios no existe ¿a qué tanto preocuparse de él?

           Yo ese tema lo tengo muy claro desde los once años, cuando el father Send, en clase de Apologética en el Saint George’s College, dijo que si alguien creía que su reloj, que nos mostró, se había hecho solo y sin la intervención de un relojero, también podía creer que el resto de la Creación se había hecho sola y sin intervención de Dios.

     Como todos los relojes de los cuales sé han sido hechos por un relojero y en mi ya no corta vida nunca he oído decir ni leído en ninguna parte que se haya encontrado un reloj producto de la evolución de las especies, siendo un objeto tanto menos complicado de fabricar y tanto menos perfecto que cualquier ser vivo, entonces creo que a este último, comoquiera o quienquiera sea, lo hizo alguien, al que llamo Dios. Y lo creo por la misma razón que a todos los relojes de los que se ha sabido en la historia de la Humanidad los ha hecho algún relojero.

   Mientras no aparezca uno nacido de la evolución espontánea de las especies voy a insistir en que tiene un creador y, como una mosca o un ojo humano son infinitamente más complejos que un reloj, también seguiré pensando que tuvieron un creador, al cual yo llamo Dios. Y si el señor Dawkins cree otra cosa, que me muestre al menos un reloj no fabricado por algún relojero para comenzar a discutir.

  Zanjado ese problema, otro que ha surgido en estos días también puede zanjarse fácilmente, para mí, por lo menos. Se trata de la Ley Machuca, para que en los colegios particulares el 30% de los alumnos deba pertenecer al 40% más vulnerable de la población. 

    Como yo soy partidario de que el 100% de los alumnos más vulnerables puedan ir a los colegios particulares más cotizados y caros de su preferencia, para lo cual sólo se necesita ponerle una bomba a ese monstruo burocrático llamado Ministerio de Educación y entregar los 14 BILLONES de pesos que nos cuesta a los contribuyentes cada año, para dárselos a las familias del 70% más pobre, como voucher que puedan llevar al colegio o universidad que prefieran, estoy implicando con eso que TODOS los machucas del país podrían estar en los mejores colegios. Luego, por cierto que soy partidario de que, desde ya, el 30% de los alumnos de los colegios particulares sean pobres y puedan ir, pagando, a los colegios de élite que elijan, PERO RESTÁNDOLE AL PRESUPUESTO DEL MINISTERIO LA SUMA NECESARIA PARA FINANCIAR SUS MATRÍCULAS CON  VOUCHERS ENTREGADOS A SUS FAMILIAS.

  En otras palabras, apoyo la Ley Machuca siempre y cuando se financie con  parte de lo que nos sustrae y malgasta el monstruo burocrático.

  Agradezco a la izquierda haber adoptado parcialmente mi propuesta, reiterada últimamente en mi escrito del 18 de enero último, y espero que se haya inspirado en él.
    
      Todo lo cual avala la influencia nacional de este blog y la inanidad de los esfuerzos presidenciales (deberá preguntarle al segundo piso el significado de la palabra inanidad) por impedir que el mismo sea reproducido en cualquier otro medio.                 


sábado, 19 de enero de 2019

¡Qué Agradable es Ser Comunista!


            Cuando escribí estas líneas tenía lugar un homenaje público al 60° aniversario de la Revolución Cubana, convocado por el alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp. ¡Qué envidia! Tenía la tranquilidad de saber que no iría un piquete de matones a agredir a los concurrentes, porque los que hacen esto último son precisamente los comunistas, cuando se reúnen sus adversarios. Bueno, sólo un aviso de bomba inofensivo los obligó a evacuar el local antes de finalizar el acto.

           El insigne comunista Ché Guevara es famoso en todo el mundo y son bien vistas las poleras con su efigie, pese a que fue un asesino en serie. Con total cinismo  se permitió declarar ante las Naciones Unidas, el 11 de diciembre de 1964: “¿Fusilamientos? Sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario”. Es que era comunista. El "Libro Negro del Comunismo" documentó 17 mil muertos por el régimen cubano, hasta los años ’90, pero nadie lo ha acusado de “exterminio”, “genocidio” o “crímenes de lesa humanidad”.

      Pues ¡de qué agradable impunidad gozan los comunistas! El jefe chileno de ellos, Guillermo Teillier, confesó públicamente su autoría intelectual de un atentado que costó la vida a cinco militares, pero cuando alguien accionó en su contra, los tribunales lo sobreseyeron por prescripción, la misma que niegan a los militares por muertes de terroristas ocurridas hace más de 40 años. 

          ¡Qué agradable es tener a los tribunales de su lado, como los tienen los comunistas!
   
       ¡Y las cantidades de dinero que les reconocen como indemnizaciones por cualquier cosa que les hayan hecho!  Yo estimo que ya sobrepasan los 400 millones de dólares anuales, por habérseles privado de su “derecho” a tomarse el poder por las armas. ¡Y lo que reciben últimamente por declararse “torturados”! Son decenas de miles de pensionados por eso. Ya se quisiera el abogado Juan Luis Ossa, torturado en 1972, bajo la UP, en el cuartel de Investigaciones de Rancagua e interrogado por el subdirector comunista Carlos Toro, tras las aplicaciones de electricidad, alguna indemnización por eso. O el ex diputado Maximiano Errázuriz, también torturado bajo la UP por detectives rojos que en 1972 finalmente, tras infligirle castigos por criticar al régimen en el diario "El Cóndor" de Santa Cruz, lo dejaron amarrado a una línea de tren ¡por donde pasaba un tren! Afortunadamente fue desamarrado antes de que pasara.

         Si quiere impunidad y un buen pasar en el Chile de hoy, hágase comunista.   

                Escribí estas líneas para otro medio, que finalmente no las publicó. Para que no quedaran inéditas las he traído a este blog.