miércoles, 8 de abril de 2020

¡Qué Manera de Mentir, Dios Mío!

No me gusta escribir tan seguido, pero los chilenos mienten tanto que me obligan a hacerlo. Hoy leo en "El Mercurio" que uno de los casos considerados para un indulto humanitario es el del "general (r) Héctor Orozco, condenado a 10 años y un día de presidio en 2017 por dos homicidios calificados ocurridos en diciembre de 1973".

Pero eso no es verdad. Eso es una mentira derivada de otra mentira. La verdad es que en diciembre de 1973 el general Orozco era comandante del regimiento "Yungay" de San Felipe, a donde habían sido llevados a declarar ante un consejo de guerra dos presos de extrema izquierda, de apellidos Achú y Wegener. Cuando una camioneta del regimiento los llevaba de vuelta a la cárcel, intentaron escapar y un conscripto de apellido Bañados, encargado de su custodia, les aplico la "ley de la fuga" y les disparó, dándoles muerte. Orozco no participó en nada.

Todo ello fue juzgado en 1973 y 1974 y los hechos no merecieron condena. Y aunque así no hubiera sido, tras casi 40 años quedaron cubiertos por la Ley de Amnistía de 1978 y ampliamente prescritos. En ellos no le cupo ninguna participación al hoy general (r) Orozco, que lo único que hizo entonces fue salir de su regimiento a averiguar el origen de los disparos que oyó desde su oficina. 

De paso, muchas veces me he preguntado qué habría hecho yo si hubiera estado en el lugar del conscripto Bañados, con un fusil SIG y con la orden de vigilar a los presos, si éstos salían corriendo y escapaban. En todo caso, Bañados falleció antes de 2010, cuando se inició el proceso ilegal.

Entonces, 37 años después de los hechos, se confabularon en el país un clima político de antijuridicidad, una dictadura judicial de izquierda y un gobernante inescrupuloso, Sebastián Piñera, que traicionó a los militares, pues tras haberles pedido sus votos bajo promesa de hacer respetar la prescripción y de terminar con los procesos indebidos contra ellos, después de elegido hizo todo lo contrario y se convirtió en su peor cuchillo. Antes de su gobierno había 300 querellas y él interpuso mil. Y fue su subsecretario Rodrigo Ubilla quien interpuso en 2010 una por la muerte de Achú y Wegener. Ésta quedó en manos de un ministro sumariante de izquierda, Jaime Arancibia Pinto, de la Corte de Valparaíso, que sentenció a Orozco a 18 años de presidio por dos "homicidios calificados" en circunstancias que lo único que había hecho había sido salir a preguntar qué sucedió.

Y hoy todos los medios informativos, incluido "El Mercurio", que fue el que leí yo, dicen que el general (r) Orozco "cometió dos homicidios calificados" en 1973.

Claro, el origen está en los jueces y ministros de izquierda, que condenaron a quienes ninguna participación tuvieron. Sus consecuencias posteriores derivan de que los medios informativos y la opinión general se hacen parte de la misma falsedad y ella queda así consagrada como "verdad oficial".

Uno solo de los miembros de la Corte Suprema, que se sepa, alzó la voz públicamente contra ella. Se trató del ministro Patricio Valdés, hoy ya retirado, que en un voto disidente citado en la página 184 del libro de Adolfo Paúl, "Prevaricato", declaró: "Que, por otra parte, es un hecho público y notorio, y ello llama la atención  de este disidente, que la mayoría de los procesos a los cuales se ha nombrado un ministro en visita, han sido resueltos en virtud de principios y doctrinas foráneas, apartándose e infringiendo normas constitucionales y legales que rigen la materia, como son los artículos 19 número 3, incisos 7° y 8° de la Constitución Política de la República, recordando que en Chile los asuntos por los cuales se persigue a la mayoría de los implicados en esos procesos fueron tipificados por la ley N° 20.357, publicada en el Diario Oficial de 18 de julio de 2009, es decir, mucho después de su eventual comisión".

Yo a eso he añadido que los hechos tipificados y descriptivos de "delitos de lesa humanidad" eran cometidos por los grupos terroristas como el FPMR y el MIR, caracterizados por el Tratado de Roma, base de la ley 20.357, por ser "ataques generalizados contra la población civil". Justamente los uniformados combatían a los perpetradores, es decir, los actuales procesados y condenados impedían o procuraban impedir la comisión de delitos de lesa humanidad, en lugar de cometerlos.

Pero, además, el problema se origina y reside en la "mentira judicial", que hace las veces, oficialmente, de "verdad judicial": pues la justicia dijo que Orozco mató a Achú y Wegener. Y eso no es verdad.

Por supuesto, desde el punto de vista de la opinión pública es muy distinto pedir un indulto para un general que salió a preguntar qué sucedió que pedirlo para un autor de dos homicidios calificados.

El  proceso seguido por Arancibia es francamente escandaloso y sus aspectos principales están detallados en el citado libro "Prevaricato" de Adolfo Paúl Latorre, basado en la sentencia.

No recuerdo otra época en Chile en que se haya mentido tanto como en los últimos treinta años y en la actualidad. Y eso que nunca nos hemos caracterizado, como pueblo, por decir la verdad.

martes, 7 de abril de 2020

ChileVamosEntregándonos se Pone Firme

La opinión pública está sorprendida del insólitamente poco miedo a los marxistas que exhibe un grupo de parlamentarios de ChileVamosEntregándonos, pues se niegan a votar a favor un nuevo atentado de Piñera contra los derechos básicos de los Presos Políticos Militares, al marginarlos del beneficio de prisión domiciliaria a los más ancianos, que un proyecto suyo concede a los demás presos.

Entretanto tres ex ministros de Justicia del 5° Gobierno de la Concertación de Piñera, Patricia Pérez, Felipe Bulnes y Juan Ignacio Piña, aparecen firmando una carta a "El Mercurio", junto a Soledad Alvear y Luis Bates, ex ministros de Justicia del 2° y 3er. gobiernos de la Concertación de Frei y Lagos, llamando justamente a perpetrar la nueva discriminación contra los PPM. 

Los tres primeros tienen un destacado currículum entreguista. Patricia Pérez mandó a las bodegas del ministerio, cuando ejercía el cargo, la historia del mismo de Patricia Arancibia, historiadora de derecha que había recibido el encargo de un antecesor de Pérez. Objetó el texto porque llamaba "Joaquín Prieto" al, según ella, presidente "José" Joaquín Prieto. Pero el historiador Fernando Silva Vargas, en carta a "El Mercurio", precisó que la fe de bautismo de Prieto decía que se llamaba sólo "Joaquín", no obstante lo cual la edición sigue, supongo, condenada y en las bóvedas del ministerio. 

A su turno, Bulnes se distinguió por no cursar el decreto de indulto del general (r) Odlanier Mena, preso político condenado pero inocente y afectado de enfermedad terminal, que Michelle Bachelet había dejado listo en 2010 para que Piñera lo cursara, lo cual revelaba lo poco que conocía a Piñera.

Pues éste no sólo no lo cursó, sino que, en medio del aplauso comunista (la hoz y el martillo sobre la reja del penal), ordenó el traslado de Mena y otros desde Cordillera, recinto anexo a un regimiento y aceptable para altos oficiales presos políticos, a Punta Peuco, provocando el suicidio de aquél, ya imposibilitado de recibir allí tratamiento para su mal. 

Y Piña pasó de abogado detractor, con buenos argumentos jurídicos --conservo el texto de una brillante conferencia suya probando la prevaricación de los jueces de izquierda-- a entreguista destacado, primero como subsecretario y luego presidente del Consejo de Defensa del Estado, defendiendo la anulación de los "procesos de la FACH" de 1973 y 1974, sentida aspiración de los aviadores allendistas que preparaban el golpe rojo del '73.

Sorprende la firmeza actual para negarse a cooperar a la nueva traición de Piñera y su ministro Hernán Larraín, de esos parlamentarios de UDI y RN. Ella resulta inesperada, justo después del supremo acto de entreguismo que recientemente protagonizaron, cuando sólo un solitario diputado, Sergio Bobadilla, votó en contra de la nueva reforma constitucional postergando el plebiscito del 26 de abril. 

La Patrona de Chile lo había frustrado y dejado a firme la Carta de 1980, poniendo término a la chacota constitucional gestada a partir de la rendición de Piñera, un presidente sin pantalones, ante la violencia revolucionaria, el 15 de noviembre. Entonces éste y ChileVamosEntregándonos le dieron así sobrevida a la insurrección, al concurrir con sus votos a fijar nueva fecha al plebiscito, sin el cual se terminaba todo. Al parecer, un número suficiente de parlamentarios suyos consideraron que, después de eso, ya no podían desmayar de nuevo y seguir rindiéndose vergonzosamente ante la izquierda subversiva y su carnal Piñera. Y detuvieron la nueva discriminación de éste contra los PPM.

Recuerdo cuando hace veinte años "El Mercurio" publicaba destacadamente en su crónica la carta del brigadier Miguel Krassnoff, poco antes obligado a retirarse del Ejército por la persecución política y el entreguismo post Pinochet, comunicando que iba a entrar a presidio "por presunción" de mantener secuestrado desde decenas de años a un tal Miguel Ángel Sandoval, mirista al que nunca había visto ni conocido ni menos interrogado en su vida. Una de las primeras "ficciones jurídicas" de la dictadura de izquierda que impera hasta hoy y ha llenado los penales de ex uniformados. 

Lo notable es que a los PPM, cuando han cumplido el plazo, les niegan la libertad condicional "porque no se arrepienten" de mantener secuestradas por tantos años a personas que jamás vieron en su vida. Y ahora bautizaron esas versiones imaginarias, labradas por legiones de testigos rojos que mienten impunemente bajo juramento ("lo reconocí por el perfume": jamás ha usado perfume; "se comió mis tallarines al llegar a detenerlo": le cargan los tallarines) como "verdad judicial".  

Lo malo es que bajo la conducción del sujeto que se fue a retratar a la Plaza Italia cuando la Patrona de Chile se la despejó, pues él no había sido capaz de hacerlo, el único destino que nos espera después de superado el contagio es el retorno de la violencia y la consagración de logros buscados por los insurrectos.

Siempre pensé, dije y escribí que Piñera como presidente era nefasto. Ahora el país entero y hasta los parlamentarios de ChileVamosEntregándonos se dan cuenta de cuánto.
  

sábado, 4 de abril de 2020

El Castigo de Dios

Uno de los últimos programas de TV a que me convidaron sin expulsarme, hace unos años, se llamaba "El Informante", de TVN, donde también estaba invitado el juez Alejandro Solís. Este había condenado a varios centenares de años de presidio a un oficial, Miguel Krassnoff, sin nunca haberlo interrogado personalmente y sólo presumiendo que él mantenía secuestradas a muchas personas desde 1973  hasta la fecha del programa y, supuestamente, hasta hoy. Yo le pregunté entonces cómo Miguel podía mantener a esas personas en una celda de dos por dos durante quince años, a lo cual Solís replicó que se había basado en una "ficción jurídica", es decir, "haciendo como que" las mantenía presas, aunque no lo estaban en la realidad. Es decir, era mentira y, además, al condenarlo basado en ella, cometía un delito, el de prevaricación, por fundarse en un engaño para eludir leyes que le habrían permitido al procesado permanecer en libertad. 

En otro caso de similar inmoralidad judicial de hace cinco años yo hice un artículo, que envié a la revista del Colegio de Abogados, pero éste se negó a publicarlo. Entonces lo puse en este blog el 27 de marzo de 2015. Y cada vez que lo menciono compruebo que aumentan en unas decenas los ya miles que lo han leído. De paso, diré que este blog cumplirá en unos días más diez años y aprovecharé el aniversario para hacer un buen regalo a sus lectores.

La desvergonzada mentira judicial que permite privar de libertad a centenares de presos políticos uniformados sigue vigente y, más aún, se han hecho parte de ella, como coautores, Sebastián Piñera, que oficia de Presidente de la República (cada día, afortunadamente, por menos tiempo más) y su ministro de Justicia y DD. HH., Hernán Larraín. Ambos sostienen públicamente y con reiteración que los Presos Políticos Militares no tienen derecho a libertad condicional ni a beneficios carcelarios ni a cumplir en su domicilio el resto de sus condenas, si tienen más de 75 años, por ser autores de "delitos de lesa humanidad". Así Piñera y  Larraín repiten no sólo una mentira, como Solís, sino dos: porque los delitos de lesa humanidad fueron creados por ley en 2009 y entonces mal pueden haberlos cometido los militares por hechos de los años 70 y 80. Y porque, si uno lee en qué consisten esos delitos, se encuentra con que son definidos como "un ataque generalizado a la población civil". Y justamente quienes lo perpetraban en los años 70 y 80 eran los grupos terroristas como el MIR y el FPMR, al matar con explosivos a transeúntes y pasajeros del metro, incendiar vehículos de locomoción o provocar apagones nacionales derribando torres de alta tensión. Los militares, entonces, combatían los delitos de lesa humanidad. Es decir, la mentira que propalan el presidente y su ministro es doble y constituye una inmoralidad dirigida a perpetrar un mal, en este caso violar los DD. HH. de los presos ex uniformados.

Lo peor de estas mentiras oficiales que causan daño es que tienen un respaldo bastante generalizado en nuestra sociedad. Se diría que una mayoría cohonesta el hecho de que, faltándose a la verdad y a lo que mandan las leyes, se prive de libertad a ex uniformados. Esto revela una inmoralidad de fondo de la chilenidad. Pues lo mismo que la condujo a condecorar a Krassnoff con la "Medalla al Valor " en 1975 la lleva ahora a imponerle más de 20 años de cárcel. Pues se le otorgó dicha medalla por haber dado de baja en combate al principal jefe del MIR, Miguel Enríquez (que le disparó primero) y ahora se le ha añadido una decena de años de presidio porque el juez Carroza estimó que el jefe terrorista había sido "asesinado" cuando fue descubierto su escondite de la calle Santa Fe, tras su último asalto bancario, en el cual ordenó propinar seis balazos al agente de la sucursal del Banco de Chile y héroe Robinson del Canto, por negarse a entregarle las llaves de la bóveda y propinarle un combo en la cara, cuyas huellas conservaba cuando días después cayó en combate.

Un sociedad basada en la mentira para inferir daño resulta digna de sanción. Según enseña la Biblia, a veces eso conduce a que paguen justos por pecadores, como en Sodoma y Gomorra, que fueron arrasadas siendo que, se supone, no todos sus habitantes se habían hecho acreedores de la sanción divina. Los inocentes tal vez fueron considerados cómplices pasivos del mal por su tibieza o por mirar hacia otro lado, como la mayoría que hoy cohonesta la mentira oficial usada para encarcelar a quienes, según la ley, deberían estar en libertad. Igual sufren el castigo de Dios.


jueves, 2 de abril de 2020

La Derecha Habría Ganado por K.O.

He recordado más que nunca a Jaime Guzmán en estos días en que se conmemora otro aniversario de su asesinato por el Partido Comunista. Si él hubiera vivido hoy, ni los principios ni la impronta histórica de la derecha habrían sido desterrados de Chile, como lo están en la actualidad. 

Recuerdo cuando en 1989 me llamó para insistirme en que fuera candidato a senador por Santiago, en la creencia de que yo podía vencer a Sebastián  Piñera, que había saltado ágilmente desde la DC a nuestro sector, invitado por Hernán Büchi, a sugerencia de Andrés Allamand. 

"Piñera va a ser el peor cuchillo del gobierno militar en el Congreso y será esencial que tú estés ahí en vez de él para defenderlo". Creo que ni él mismo podía imaginar hasta qué punto iba a ser realidad su profecía ni el inconmensurable daño que el cumplimiento de ella iba después a significarle al país. Hoy la imagen del gobierno militar se encuentra irreversible e injustamente dañada y denigrada al extremo. Y la derecha, como expresión política, virtualmente ha dejado de existir. Uno de los principales artífices de ambos desenlaces ha sido Sebastián Piñera, en cuya estela navegan hoy numerosos tránsfugas, "arrepentidos", desertores y derechamente traidores del legado del gobierno militar.

Si hubiera estado vivo hoy, Jaime jamás habría permitido lo que ha vuelto a suceder: teniendo la derecha los votos en la Cámara y el Senado para impedir la inmolación de la Constitución de 1980, tras la rendición incondicional en noviembre de un Piñera en pánico e incapaz de mantener el orden público y de usar el legítimo respaldo armado para derrotar a la subversión, se ha rendido una vez más. 

Así se le ha regalado a la izquierda y sus compañeros de ruta DC, los eternos kerenskys chilenos, la oportunidad de revivir la idea de la Asamblea Constituyente en que se basan todos los socialismos de los siglos XX y XXI. La subversión estaba muerta gracias a la pandemia. A raíz de la misma no podía haber plebiscito el 26 de abril y bastaba que la derecha usara los votos que tiene para negarse a una nueva reforma constitucional que reviviera la rendición del 15 de noviembre. Así se noqueaba políticamente a la izquierda. Pero hubo un solo voto en la Cámara y otro en el Senado en contra de una capitulación, que Guzmán jamás habría permitido. La derecha en Chile, de facto, ha dejado de existir.

Entonces y por ahora sólo se ha producido un interregno en el reinado de la violencia, porque el corona virus ha venido al rescate de Piñera y ha logrado lo que él no pudo hacer: sacar a la "primera línea" terrorista de las calles. En el hecho, el virus ha suplido la incapacidad del gobernante para mantener el orden público. Paradójicamente, se han restablecido así y por ahora la ley y el orden. Pero cuando pase la pandemia, la una y el otro volverán a ser arrasados por la extrema izquierda.

Los mayores daños económicos ya los generó la anarquía reinante desde el 18 de octubre, cuando las fuerzas del mal se dieron cuenta de que se podía delinquir y devastar al país impunemente. No había tal "descontento social" ni tal "desigualdad". Habría bastado, y lo he probado hasta la saciedad en blogs anteriores, que las enormes cantidades de dinero que "el modelo" ha destinado a la pobreza, para que el 20 % más necesitado dejara de estar en esa condición y se igualara al 20 % de mayores ingresos. Pero, así como el extraordinario poder comunicacional de la izquierda ha falseado la historia del gobierno militar, también ha falsificado la realidad económica posterior y ha ocultado que los recursos para la pobreza han ido a parar a manos de una oligarquía de extrema izquierda. Es la misma que objeta hoy el uso de Espacio Riesco como hospital de emergencia porque cuesta 18 millones de pesos al año y nada dice del Museo de la Memoria Marxista que cuesta 150 millones.

Un meme da cuenta de la cifra de contagiados, de fallecidos y de un resucitado, Sebastián Piñera, que ha podido dedicarse de nuevo a su quehacer fundamental, "robar cámara", para repuntar en las encuestas. La última vez se la robó a Mañalich, que realizó una exitosa gestión ante las isapres para postergar un alza de sus planes, pero tuvo que ceder el podio a Piñera para que hiciera el anuncio. Es que tiene un afán de figuración tan grande como su debilidad para ejercer la autoridad.

Pero cuando pase la pandemia, porque va a pasar (aunque con un enorme costo económico y social) de nuevo va a volver a haber un gran estallido delictual, desvirtuando una sucesión grotesca de eventos electorales gestados por, para y en exclusivo beneficio de los partidos políticos --los entes menos prestigiados ante la opinión pública nacional-- y la primera línea sólo va ahondar los enormes perjuicios que ya antes infirió a la economía y la vida internas, superiores a los que ha generado y generará el virus.

Así volveremos a una incertidumbre que sólo terminará cuando la ciudadanía elija a una mano más firme, a fines del próximo año (porque supongo que algo habrá aprendido) para que se haga cargo del gobierno. Pues ya toda autoridad ha desaparecido en las manos ineptas del sujeto a quien Guzmán me convocaba a derrotar en 1989, misión que, de haber yo cumplido, habría evitado algunos de los males nacionales que hoy debemos soportar. 

Desde luego, se habría evitado la desaparición virtual de la derecha, que pudiendo ganar la pugna por K.O., no fue capaz de dar el golpe decisivo a su rival. Así, "read my lips", éste volverá pronto a reeditar el caos en lo que resta del actual y desgraciado mandato presidencial.

martes, 31 de marzo de 2020

La Naturalización del Mal

Tengo mejor opinión del coronavirus que el resto de la gente, porque no olvido que fue la fuerza capaz de erradicar la violencia generalizada, en un momento particularmente delicado para el país, puesto que la derecha, tradicional baluarte del orden y los valores, se encuentra virtualmente extinguida. 

Todavía no me conformo con el hecho de que haya habido un solo diputado y un solo senador que votaron en contra de la reforma constitucional para postergar el plebiscito, en circunstancias que la derecha tenía los votos para rechazarla, dejar a firme la Constitución de 1980 y frustrar los logros de la insurrección revolucionaria triunfante, que había conseguido la rendición del gobierno el 15 de noviembre.

Valga una vez más recordar que el conato subversivo no tuvo un origen económico-social, porque el modelo vigente aportó suficientes recursos para remediar la pobreza y la desigualdad económica. El estallido provino de la impunidad y la falta de autoridad. No por las carencias. Tanto es así que si el gasto social, que ha multiplicado por siete su monto en los últimos decenios, llegara realmente al veinte por ciento más pobre, éste pasaría a formar parte del sector más acomodado. Eso lo dice todo. 

Lo que sucede es que las clientelas políticas han capturado los recursos del estado, y muy particularmente lo ha hecho la izquierda, que nunca ha producido, sino que profita de lo que producen los demás. Es risible, pero revelador, que la rebaja propuesta por el ministro de Hacienda a los sueldos de los miembros del gabinete los haría caer a un nivel muy parecido a lo que ganan los inspectores del Instituto de DD. HH., burócratas de izquierda (a veces ex guerrilleros) pertenecientes al decil de mayores ingresos, que vigilan a los carabineros para que no puedan dominar a los vándalos, saqueadores y pirómanos que mantuvieron al país bajo el terror hasta que el corona virus los sacó de las calles.

He leído con envidia en "El Mercurio" del 30 de marzo que el presidente Vizcarra del Perú y el Congreso de ese país consagraron la ley de protección policial, "que exime de responsabilidad penal a militares y policías que usen sus armas en legítima defensa durante el estado de emergencia declarado para atajar los contagios del coronavirus". Acá, por el contrario, se han dictado Reglas para el Uso de la Fuerza que constituyen otra garantía más para los antisociales y terroristas. Estos han sido los grandes privilegiados de los últimos treinta años, todos indultados, indemnizados y pensionados, mientras la dictadura judicial de izquierda que impera en el país persigue a los uniformados y un Presidente de la República cómplice de ella hasta los discrimina a la hora de dictarse normas sobre libertad condicional y sobre la posibilidad de que los presos de mayor edad puedan cumplir condena domiciliaria.

El coronavirus representa un peligro y un mal, pero es menor como tal que la violencia y el terrorismo vividos en el país desde octubre del año pasado, cuando en Chile se naturalizó el mal.. Desde luego, la insurrección generó medio centenar de muertes, mientras la pandemia ha provocado hasta ahora una decena. Y la peste pasará, pero la violencia izquierdista no. Al contrario, retornará con renovado ímpetu ante la evidencia de la debilidad del gobierno y su falta de energía para imponer el principio de autoridad.

El izquierdismo nos ha presentado los espectáculos más degradantes, presididos por la degeneración espiritual. Los emblemas nacionales han sido vejados, como cuando se barrió el piso en público con la bandera nacional o se interpretó el himno patrio en una versión injuriosa y con publicidad, en plena Plaza de Armas.

Se ha naturalizado el mal, las depravaciones se exhiben impunemente, la mentira social reina en los medios y los debates y la violencia, que dominó en el último semestre y ocasionó una crisis económica peor que la del coronavirus, sólo está esperando que éste ceda y le dé una oportunidad para retornar y volver a conducir el aciago destino nacional.

viernes, 27 de marzo de 2020

¡Uno!

Como temía en mi blog anterior, la empavorecida derecha  volvió a regalarle el país a la izquierda. La prensa casi no informó de la reforma constitucional que aplazó el plebiscito del 26 de abril al 25 de octubre. Piñera no hizo ceremonia alguna ante las cámaras para promulgar la reforma. Para que Piñera renuncie a las cámaras tiene que haber tenido mucha vergüenza. Les tomó apenas dos días a los políticos aprobar y promulgar el salvataje del principal trofeo de la insurrección. Casi no salió en el diario. La única información apareció en "La Segunda" diciendo que se aprobó la prórroga por más de cien votos contra uno. ¡Sorpresa! ¡Hay un derechista en la Cámara! Sospecho que fue Ignacio Urrutia, otra vez, pero su nombre no apareció.

Pues la derecha tenía los votos en la Cámara y el Senado para rechazar el proyecto. Si lo hubiera hecho, no habría habido plebiscito el 25 de abril ni nunca, por disposición de la Patrona de Chile, cuya intervención ha librado al país de la devastación generada por incendios, saqueos, destrucción del entorno y vejámenes a nuestros héroes. 

Entonces la Constitución de 1980 habría seguido incólume, como estaba contemplado en el programa de este gobierno elegido por mayoría hasta que un "acuerdo" espurio, y conseguido tras incurrirse en los tres vicios del consentimiento (basta uno para invalidarlo) en el "Acuerdo" del 15 de noviembre: el error (se pactaba terminar con la violencia cuando no concurría el principal agente de ella, el PC); la fuerza (se pactaba bajo amenaza y habiéndose perdido el orden público, porque el gobernante no tenía pantalones para mantenerlo) y el dolo (porque la izquierda sabía que la violencia continuaría igual o peor después del 15 de noviembre, como ocurrió de hecho hasta ser erradicada por la pandemia en marzo). 

Entonces, llamar "acuerdo" a lo del 15 de noviembre fue lo mismo que llamar así a la entrega de su billetera por parte del asaltado a quien el pistolero le está apuntado con su arma.

Pero la actual derecha carece de coraje político para haber salvado la Constitución. Sabiéndolo, Boric amenazó a la UDI, algunos de cuyos parlamentarios mostraron arrestos verbales (y sólo verbales) de rechazar la prórroga, con "sacarle la mugre" en la elección de gobernadores. Después de eso quedó un  solo derechista en pié para votar en contra. ¡Uno! 

Es la misma "derecha piñerista" que hace 30 años ayudaba a Aylwin a subir impuestos. Léase en "Hace 30 Años" de "El Mercurio", recordando el 27 de marzo de 1990: "Acuerdo en reforma tributaria. El consenso implicaría que la iniciativa contaría con los votos necesarios para su aprobación en el Congreso Nacional, gravándose las utilidades devengadas de las empresas en 10 % durante este año, 15% entre 1991 y 1994, año en que nuevamente se rebajará al 10 %". ¡Ja! ¡ja! ¡ja!

Lo peor es que las nuevas generaciones de derecha vienen igualmente febles: dos jóvenes dirigentes empresariales, Juan Sutil y Patricio Donoso, hoy en "El Mercurio" encuentran ejemplar la rendición incondicional en el Congreso y dicen: "Nuevamente, con responsabilidad y decisión, el mundo político acordó postergar el plebiscito hasta el mes de octubre". ¡Qué risa!: "con responsabilidad y decisión" el asaltado entregó su billetera al bandolero.

Vaticinio: así como el coronavirus trajo trastornos a nuestra vida interna, pero erradicó la violencia, los saqueos y el vandalismo, cuando el virus pase (porque va a pasar) la violencia retornará, como también la incertidumbre y el caos que reinaron desde el 18 de octubre al haberse sacrificado la Constitución, hasta que en marzo los impidió la pandemia. La destrucción será mayor que hoy y el miedo a lo menos igual, hasta que los amos de la violencia tengan su Asamblea Constituyente y el país emprenda la conocida senda hacia la pérdida de su libertad. 

Si hubiera habido una derecha de verdad, eso se habría podido evitar. Pero parece que era mucho pedir.

martes, 24 de marzo de 2020

¿Volverá la Derecha a Regalar el País?

Se perdió el honor y al final también se perdió la guerra. Un solitario Ignacio Urrutia alzó la voz el año pasado para representar su indignidad a la bancada de un gobierno impotente e incapaz de mantener el orden público. Éste, aterrado ante la violencia izquierdista, llevaba a la derecha a rendirse incondicionalmente y entregar a la izquierda su último y principal baluarte, la Constitución, teniendo en el Congreso los votos, como también los tiene hoy, para impedirlo. 

Fue increíble oír al solitario Urrutia representar a  voz en cuello a sus colegas de derecha la magnitud de su cobardía y presenciar el silencio culpable y avergonzado de éstos; y ver en el Senado a un solitario Kenneth Pugh, a quien, como ex marino, se le hacía insoportable arriar su bandera ante el enemigo, erguirse entre los claudicantes que miraban al suelo. Pugh, votando en contra de la rendición incondicional, dio un ejemplo que nadie más siguió. 

Pero parece que la lección no fue aprendida. Desde esta tribuna yo instigué entonces a los parlamentarios de derecha a salvar la Constitución, lo que podían hacer con sus votos, pero el egoísmo y la cobardía de Piñera, el entreguismo de sus líderes y las "órdenes de partido" para votar (que además son ilegales) se impusieron. 

Los países pueden sobrevivir con una mala izquierda --casi todos lo hacen-- pero no con una mala derecha. 

Ahora que la Patrona de Chile nos ha dado otra oportunidad y ha salvado al país de las garras de la violencia, ejerciendo la fuerza inmanente del coronavirus, ya que el impotente Piñera no era capaz de usar la legítima fuerza pública para reprimirla, la derecha parece disponerse otra vez a traicionar a su patria y negarse a votar en el Congreso en contra de derogar la Constitución, para lo cual tiene los votos. No le bastó con la actitud incomprensible del 15 de noviembre de entregarla en bandeja al marxismo para, acto seguido, con la máxima inconsecuencia, llamar a votar "Rechazo" --sin por eso impedir que sus tránsfugas, arrepentidos y "chaquetas viradas" de siempre emigraran al bando contrario del "Apruebo"-- sino que ahora se apresta a volver a traicionar al país y a la sociedad libre y a votar junto a los kerenskys y la izquierda para hacer posible la Asamblea Constituyente, que históricamente fue el preludio del régimen de los soviets en la URSS, Cuba, Venezuela y otras naciones, con sus cien millones de muertos documentados por "El Libro Negro del Comunismo".

Los países pueden darse el lujo de ser siempre defraudados por la izquierda, que es mala en todas partes, pero no puedan darse el de tener una derecha tan cobarde, entreguista y desmemoriada como la nuestra, que compra los argumentos de la izquierda y se alinea tras un caudillo que no merece serlo y cuya única preocupación es su propia figuración y conveniencia --por eso nos subía en 2010 los impuestos mientras ponía su plata de la venta de LAN en paraísos fiscales-- con tal de no ser denostado por los rojos. Y que es capaz no sólo de vender su alma, sino de regalarles por segunda vez a los insurrectos la patria toda.

Pero la derecha todavía tiene una oportunidad de reivindicarse y evitar pasar a la historia como la "generación degenerada" que, por miedo, entregó por segunda vez a su país al caos y la barbarie. Puede evitarlo votando en contra de la nueva reforma constitucional, sin la cual simplemente no habrá plebiscito. Eso le hará posible a Piñera terminar su mal gobierno, si bien en medio del fracaso y del retroceso, pero a sus partidos por lo menos sobrevivir bajo una atmósfera de mínimo coraje y dignidad.

Que no tengamos de nuevo que escuchar las solitarias voces de Urrutia y Pugh defendiendo los fueros del patriotismo y del coraje político y, por una sola vez, que sea en esta aciaga administración Piñera II, el peor gobierno de la historia de Chile (y ello puede probarse, porque ningún otro renunció en grado tan extremo a ejercer su autoridad) se levante con dignidad en el Congreso y rechace el avasallamiento marxista que nos ha llevado a una crisis peor incluso que la gestada bajo la Unidad Popular.