sábado, 11 de enero de 2020

Fin de la Libertad de Expresión

Durante el gobierno militar la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) año a año se pronunció dictaminando que en Chile no había libertad de expresión. Yo asistí a un par de esas solemnes reuniones y oficié de solitario abogado defensor del régimen, una vez en San Antonio, Texas, en 1984, y otra en Santiago de Chile en 1989. Demostré en ambas oportunidades que en el país había más numerosas publicaciones opositoras que partidarias del gobierno, que había amplia libertad de crítica, leyendo diatribas violentas contra el régimen emitidas por el Partido Comunista, que se publicaban en los diarios opositores "La Época" y "Fortín Mapocho". Pero la unanimidad del resto de la SIP sostenía que, persistiendo restricciones en Chile a la libertad de informar y siendo la libertad de prensa similar al estado de embarazo femenino, en el sentido de que la mujer estaba embarazada o no lo estaba, pero no podía estar "un poco"  o "bastante" embarazada, asimismo, no podía haber "algo" o "bastante" libertad de prensa en Chile: o la había o no la había. Y año a año la SIP dictaminaba que no la había.

Con ese criterio, un proyecto de ley recién aprobado por la Cámara de Diputados y que debe pasar al Senado establece el fin de la libertad de prensa y de expresión en Chile, pues castiga con pena de presidio de hasta tres años a quien niegue las violaciones a los derechos humanos durante el gobierno militar.

Recientemnte fui conminado a abandonar el panel del programa "Bienvenidos" de Canal 13 por afirmar que durante dicho gobierno las violaciones de los derechos humanos no tuvieron carácter sistemático, es decir, no formaron parte de su política. Esto es muy fácil de probar, porque la Declaración de Principios del régimen establecía el respeto a los derechos de las personas y sucesivas circulares de la Junta de Gobierno y de su presidente y el ministro del Interior instruían a todas sus dependencias en el mismo sentido. Aparte de ello, ése fue el régimen más vigilado del mundo en la materia y sucesivos "inspectores" enviados por la ONU al país controlaron el respeto a los derechos humanos. Además, el supuesto atropello de éstos acarreaba condenas anuales en la ONU, interrupción de  créditos al país y la famosa "Enmienda Kennedy", que prohibía a los Estados Unidos vendernos armas en un tiempo en que había una triple amenaza bélica vecinal contra Chile, que nos puso en 1978 al borde de una invasión, la cual estuvo a minutos de iniciarse.

Pues bien, defender la tesis anterior, si se aprueba el proyecto en el Senado y luego es promulgado, significaría que yo, como autor de las líneas anteriores, podría ser condenado a tres años de presidio menor en su grado medio, sobre todo si hay acá un Poder Judicial dominado por la izquierda. Ello implica que en el país, siguiendo el criterio de la SIP, ya no va a haber libertad de expresión ni de prensa y que dicho organismo, en sus reuniones anuales, deberá dejar constancia de ello, sin que sirva de atenuante --como no sirvió bajo el gobierno militar-- que en muchos otros aspectos exista esa libertad.

Nótese que en la votación de la Cámara la mitad de los diputados de derecha apoyó la supresión de la libertad de expresión, uniéndose a la oposición de centro e izquierda en eso.

Hago notar, adicionalmente, que cuando fui expulsado del programa "Bienvenidos" de Canal 13, el dueño de éste, Andrónico Luksic, cabeza de la mayor fortuna del país y tenido por hombre de derecha, escribió en twitter: "Fue un error invitar a Hermógenes Pérez de Arce al programa. Pido perdón a la teleaudiencia por ello." 

Es verdad que posteriormente el director ejecutivo del canal me presentó sus excusas, que yo acepté, por la censura de que fui objeto, pero eso no borra el predicamento liberticida del propietario.

El proyecto aprobado en la Cámara está en la misma línea de la moción de ley anunciada por el senador chavista Alejandro Navarro y que llamó "ley Hermógenes", para castigar con pena privativa de la libertad a quien opine como yo lo hice.

Si el proyecto se convierte en ley, supongo que la SIP dictaminará que en Chile ha dejado de haber libertad de prensa. De hecho, además, hay múltiples amenazas contra la misma, como funas y agresiones de palabra contra quienes manifiestan adhesión al régimen de Pinochet, que se ha traducido hasta en negativa de venta --un delito económico-- de parte del personal de la tienda H & M contra la diputada Camila Flores, por haber manifestado ésta ser pinochetista.

Es una pena que Chile esté dejando así de ser un país democrático, pues no puede ser considerado tal uno en que no existen las libertades de prensa y expresión.

jueves, 9 de enero de 2020

¡Hasta Cuándo Se Van a Entregar!

El entreguismo tiene liquidado a este país. Nicolás Maduro y Diosdado Cabello ya celebran públicamente y por anticipado la "Asamblea Constituyente para Chile", que nos va a convertir en otra Venezuela. El entreguismo DC a la izquierda ha sido una constante de la historia de Chile, pero el de la derecha es más reciente, aunque no por ello menos fatal, y ambos nos tienen al borde del abismo.

Les han puesto una pistola al pecho a los políticos de derecha y éstos lo han entregado todo, entendiendo por todo la Constitución y el futuro. La derecha, en particular, se ha entregado vergonzosamente, porque tenía por sí sola los votos en el Congreso para preservar la Constitución e incluso impedir reformarla. Pero sus partidos se rindieron, víctimas del pánico, ante la violencia de la izquierda, y accedieron a un Acuerdo para, como dijo el Primer Entreguista Nacional, Sebastián Piñera, junto con izar la bandera blanca, "tener una Asamblea Constituyente".

El propio Piñera ya fue fruto del entreguismo de la derecha. Pues provenía del No a la Constitución de 1980 y del No a Pinochet, pero la derecha, que fue el soporte tanto de la Constitución como de Pinochet, se entregó a él y lo hizo elegir Presidente. Con su pan se lo coma, tanto que le permitió traicionar a los militares y ser su peor cuchillo, triplicando las querellas ilegales contra ellos aliado con la dictadura judicial de extrema izquierda. Fruto de más de mil 300 querellas hay 200 Presos Políticos Militares, testimonios vivos del entreguismo. 

La expresión máxima de éste fue Hernán Larraín, que siendo senador de derecha aprobó liberar a terroristas presos tras diez años de presidio, advirtiendo que ello no iba a ser "moneda de cambio" para liberar a militares en igual condición. Con razón es hoy el ministro de "Justicia y DD. HH". del más entreguista de los gobiernos, el actual, cuyos "inspectores de DD. HH." tienen amarradas las manos de Carabineros ante la violencia rampante que aterroriza al país.

Y entonces la derecha vergonzante, que tenía los votos para mantener vigente e intocada la Constitución, dio sin embargo "orden de partido" para rendirla en el Congreso a la izquierda. Los solitarios votos de Ignacio Urrutia en la Cámara y Kenneth Pugh en el Senado fueron los únicos de parlamentarios capaces de no entregarse a la extrema izquierda y a la conminación de Maduro y Cabello. 

Pero ahora esa derecha comprueba que su electorado no era tan entreguista como sus dirigentes partidistas, y la UDI primero y la mayoría de RN después se dan cuenta de que deben defender, por lo menos, la última trinchera, el Rechazo en el plebiscito vergonzoso a que accedieron, y desafiar el 26 de abril la violencia extremista votando No a la Asamblea Constituyente. Es lo que exigen las bases mayoritarias, menos cobardes que sus partidos. Hasta la propia Evópoli, una especie de DC injertada en la derecha, entra en reflexión al respecto.

Las encuestas anuncian que esta vez el país no se salvará, pero otras veces un milagro lo ha salvado. En 1973 surgió prodigiosamente un Enrique Ortúzar Escobar con su fórmula para un Acuerdo de la Cámara que, inesperadamente, fue apoyado por los, hasta entonces, entreguistas DC. Y así, por 81 votos contra 47, fueron llamados los militares a salvar a Chile del "golpe de Praga" (Aylwin dixit), en una situación que "sólo se arregla con fusiles" (Frei dixit). Fue un milagro, materializado cuando Merino --otro hombre decisivo-- escribió cuatro letras a Pinochet y Leigh, conminándolos: "El día D es el martes 11 y la hora H las 06.30". Lo demás es historia, ampliamente falsificada a estas alturas, con permiso del entreguismo. Pero el hecho fue que así ya se salvó Chile una vez.

La pregunta hoy es si, en medio de las encuestas adversas y un entreguismo tan desatado, el 26 de abril se podrá volver a salvar.

lunes, 6 de enero de 2020

No Tenemos Primera Línea

Chile siempre ha querido ser civilizado, pero muchas veces ha estado a punto de dejar de serlo. Cuando Pedro de Valdivia fundó Santiago, en 1542, no podía descuidarse un instante sin que los indios intentaran destruir la ciudad recién levantada. Durante una de sus ausencias las fuerzas del cacique Michimalonco sitiaron a los españoles en el cerro Huelén y, cuando estaban a punto de dar cuenta de ellos y quedar libres para arrasar con el incipiente poblado, Inés de Suárez discurrió decapitar a siete indígenas que mantenía presos y ordenó lanzar sus cabezas sobre los sitiadores. Esto los llenó de espanto e indujo a huir, salvándose así Santiago del Nuevo Extremo.

Muchas veces después la capital ha estado bajo amenaza. Precisamente lo está hoy, cuando aguerridas bandas de vándalos, incendiarios y saqueadores, encabezados por una primera línea de lumpen juvenil con escudos y cascos, sobrepasan a los carabineros, imposibilitados de usar sus armas de servicio y ni siquiera sus rifles con balas de goma para no ser acusados de violar los derechos humanos.

Cuando el Costanera Center, el edificio más alto de Sudamérica, presidía una moderna ciudad que se daba ínfulas de ser la más moderna del continente, se desató una impensada barbarie que la ha tornado irreconocible, con sus calles y tiendas vandalizadas y el propio Costanera Center rodeado por una cortina metálica de protección para no ser quemado (pues se sabe que está designado como "la guinda de la torta" por los pirómanos y saqueadores).

Lo peor es que hoy no nos gobierna un Pedro de Valdivia ni tenemos a una Inés de Suárez, sino apenas un Piñera que se ha rendido y entregado las llaves de la ciudad (léase la Constitución, con la promesa de Asamblea Constituyente) a los sitiadores. Pero éstos no se han dado por satisfechos y lo acusan a él de crímenes de lesa humanidad, cuando su único delito ha sido concederles casi todo lo que le piden. Ni siquiera le sirve haber metido presos a los militares que en 1973 impidieron con sus armas que un Michimalonco rojo, con apoyo de Moscú y La Habana, se enseñoreara del país. Ni tampoco le sirve que haya más de 200 presos políticos condenados por las ficciones jurídicas de su contubernio con la dictadura judicial roja.

Así se nos va entre las manos la esperanza de un Chile civilizado. No tenemos "primera línea" para enfrentar la violencia de la calle. Los carabineros no pueden contenerla. Y los militares no quieren ser presos políticos. 

Las encuestas anuncian que los beneficiarios de la violencia ganarán el plebiscito para tener una Constitución a su gusto, escrita a partir de una "hoja en blanco". Así, nuestro futuro "socialismo del siglo XXI" durará hasta que, como a todo socialismo, se le termine la plata de los demás.

sábado, 4 de enero de 2020

Yo También Fui Imbécil

La ejecución de Quassem Soleimani me llevó a una serie de reflexiones sobre la imbecilidad humana en general y la norteamericana y la chilena en particular. Los norteamericanos tenían en Irán, en los años 70, un gobernante que era su amigo fiel, el sha Mohammed Reza Pahlevi, que intentaba occidentalizar el país y consagrar un clima de libertad individual, en un contexto de democracia protegida, en la misma época en que Chile había sido salvado por la Junta --a pedido de la mayoría democrática-- de caer en un sistema totalitario, e intentaba acá lo mismo que el sha allá. 

Pero en los EE. UU. gobernaba la izquierda "liberal", que era el epítome de la imbecilidad y el entreguismo en favor de la URSS, presididos por un personaje inefable llamado Jimmy Carter y liderados por el Rey de los Imbéciles, Ted Kennedy, autor de la infamante "Enmienda Kennedy". Por supuesto, más tarde fue condecorado por habernos perjudicado tanto con ella, en momentos pre-bélicos críticos, por la verdadera Reina de los ídem, Michelle Bachelet Jeria.

Los demócratas norteamericanos perseguían con saña a los gobiernos que se resistían a caer en la órbita soviética o en el extremismo shiita, sobre todo si aplicaban mano firme contra el terrorismo. Jimmy Carter hostilizó en lo que pudo, tanto al gobierno chileno como al sha del Irán. Este último resultó menos firme que Pinochet y la Junta. Acosado internamente por los ayatolas extremistas y externamente por los demócratas norteamericanos y otros regímenes imbéciles de occidente que nunca faltan, simplemente entregó el poder en medio de los hurras de un filósofo imbécíl insigne llamado Bertrand Russell. Y así los norteamericanos se ganaron al peor enemigo externo que tienen hoy: el Irán de los ayatolas. La firmeza de Pinochet les impidió ganarse otro, un segundo Castro en América Latina. Pero después hicieron lo posible, en los 80, cuando nos enviaron a "Dirty Harry" a financiar al "No".

La imbecilidad es una fuerza política poderosísima. En Chile ahora mismo la estamos viendo dominar en plenitud desde el que merece ser reconocido (y lo será, no me cabe duda, por los historiadores serios del futuro) como el "Día Nacional de la Imbecilidad", el 18 de octubre, cuando se inició la transformación de "la joya más preciada de la corona latinoamericana" (Clinton) en Chilezuela, transformación que está en curso.

Lo único que morigera mi juicio sobre la imbecilidad nacional es el recuerdo de que, un día, yo también fui imbécil. En 1974 el economista Emilio Sanfuentes, en una reunión del "Grupo Portada", me dijo que había recibido el encargo de pedirme que integrara una comisión asesora legislativa de la Armada, y yo le contesté que los crímenes cometidos por la "Caravana de la Muerte" (influido yo por un libro falso, "Los Zarpazos del Puma") en el norte me impedían formar parte de un régimen que perpetraba esas barbaridades. Es decir, la respuesta típica de un imbécil, pues recogía la versión mentirosa de la izquierda sobre la citada Caravana, sin tener idea de la verdad de los hechos, que años después me correspondió investigar a fondo, concluyendo en la completa inocencia de Pinochet y la Junta en ese caso, acreditada en mi libro de 2000 (y "best seller") "La Verdad del Juicio a Pinochet". Cuando los imbéciles de hoy hablan o escriben de "los crímenes de Pinochet" se refieren preferentemente a los del caso Caravana, en los cuales (está probado) él nada tuvo que ver.  

Compatriotas, desde el 18-O ustedes están ejerciendo ampliamente su derecho a ser imbéciles, pero yo prometo suavizar mis críticas en contra de ustedes, porque los comprendo: yo también fui imbécil. 

Y, en cuanto a los norteamericanos, al ejecutar al asesino de sus compatriotas Quassam Soleimini lo único que están demostrando es que están dejando de ser tan imbéciles como antes, cuando conspiraron contra su amigo el Sha o derrocaron en Vietnam a su amigo Ngo Din Diem, ganándose dos países enemigos más; y están señalando el mejor camino para defenderse del terrorismo, tal como lo hicieron cuando antes ajusticiaron a Abu Bakr al Bagdati y a Osama Bin Laden.

miércoles, 1 de enero de 2020

La Verdadera Historia de una Tragedia

Lo que pasa hoy tiene su raíz en el 11 de marzo de 1990. Este comienzo de año en medio de los saqueos, los incendios y el retroceso económico es una tragedia para Chile, otrora la "joya más preciada de la corona latinoamericana". La semilla del mal actual se plantó hace casi 30 años.

De ser el país de menor crecimiento en el hemisferio en 1973, había sido devuelto por el régimen militar a los civiles pacificado y a la cabeza de ese crecimiento en 1989. El triunfo de los adversarios de los militares en la elección presidencial de ese año (los pueblos no son agradecidos ni siquiera con un Churchill que ganó la II Guerra) no condujo, afortunadamente, a la sustitución del modelo económico-político-social forjado bajo la Constitución de 1980. Esos adversarios triunfantes lo conservaron y se limitaron a "rayarle la pintura", reformas menores, motivo por el cual el país creció cada vez menos, pero aún así se mantuvo a la cabeza de América Latina, hasta que Panamá lo sobrepasó en 2018. Fueron 30 años de estabilidad política, tranquilidad social y progreso económico. Los mejores tres decenios de la historia de Chile. La pena reside en que en ninguna parte del mundo el comunismo puede soportar que el capitalismo consiga eso.

El origen primero de la tragedia actual estuvo en el que he definido, en libros y artículos, como un "momento estelar de la historia de Chile": cuando el presidente Patricio Aylwin, en su discurso en el Estadio Nacional el día que asumió, proclamó su deseo de que hubiera "reconciliación entre civiles y militares" y recibió una sonora rechifla de la "barra brava" comunista, minoritaria pero ruidosa. Ante ello, Aylwin reaccionó enérgicamente, reiterando, "¡sí señores, entre civiles y militares!", a voz en cuello. Pero sólo hasta ahí le duró la energía. Todos los que algo sabíamos de política nacional y no olvidábamos el gobierno de "Frei, el Kerensky Chileno", como se titulaba el libro de Fabio Vidigal, debimos prever que Aylwin, como buen DC, no iba a hacer lo que él quería, sino lo que querían los comunistas. Ése ha sido el sino de la DC chilena, en particular desde que, en los años 60, el recordado secretario general del PC, Luis Corvalán, recomendaba a sus correligionarios, refiriéndose a los DC: "Presiónenlos, presiónenlos, hasta que hagan lo que nosotros decimos".

Aylwin, ya presidente, hizo precisamente eso. Formó una comisión ilegal, la Comisión Rettig, para juzgar y sentar en el banquillo de los acusados, ante el país y el mundo, a los militares. Y, a la vez, para consagrar no sólo la impunidad, sino la prosperidad material de los comunistas que habían encabezado la guerrilla armada contra el régimen militar, tras haber intentado tomar el poder por la fuerza bajo la UP.

Una muestra de la parcialidad del Informe Rettig se halla en que las 423 muertes provocadas por la guerrilla marxista entre 1973 y 1990 las atribuye a "particulares obrando por motivaciones políticas". Los autores hasta podrían haber sido los consejeros de la Sociedad de Fomento Fabril. No menciona (y por tanto exculpa) al MIR ni al FPMR, grupos guerrilleros amparados por socialistas y comunistas, respectivamente.

La misma Comisión Rettig se encargó de disponer educación y salud gratuitas e indemnizaciones generosas a las familias de la guerrilla, al tiempo que condenaba como violadores de derechos humanos a los militares que la derrotaron.

Entonces, esa noche del 11 de marzo de 1990 Aylwin dio el primer paso de un recorrido que en 2019 ha terminado con la entrega en manos del comunismo y sus ad láteres de la suerte del bastión del modelo, la Constitución de 1980. La historia universal enseña que el comunismo, minoritario en todas partes, siempre termina en el poder a través de una "Asamblea Constituyente" como la que se está gestando acá. Desde la propia Revolución Rusa, como he visto mencionado en la serie de Netflix, basada en una obra de Tolstoi, "Peregrinando por los Caminos del Dolor".

Durante los treinta años corridos entre 1990 y 2020 la barra brava comunista se ha fortalecido, enriquecido y multiplicado. Las nuevas generaciones rojas, crecidas al amparo millonario del Estado que las subsidia, son tan agresivas como sus ancestros, hoy encanecidos pero no menos vociferantes. Son los miles de ciclistas que agreden a los conductores y tienen su centro en el devastado monumento histórico al general Baquedano, ejemplo de patriotismo, coraje y probidad hoy vejado y pintarrajeado impunemente por el lumpen de izquierda. Así se derrumban los símbolos patrios que otrora fueron orgullo de la nacionalidad. Un país degenerado no es capaz de reivindicarlos.

A todo esto, la agresión roja no sólo ha recibido las ingentes dádivas fiscales contempladas en el Informe Rettig y sus consecuentes leyes; y en el aún más desvergonzado Informe Valech, de 2004, que le brindó pensiones vitalicias a todos los que alguna vez fueron interrogados por sus vinculaciones con el terrorismo de izquierda, sino que ha conseguido pensiones vitalicias para una enorme legión de 160 mil supuestos "exonerados políticos" originados en la depuración burocrática que estuvo en el inicio del "milagro económico chileno".

Pues las grandes medidas que permitieron a Chile saltar del último al primer lugar del crecimiento latinoamericano, partieron en el tratamiento de shock de 1975, cuando se equilibró el presupuesto gracias al despido de un tercio de los funcionarios públicos, generando en lo inmediato una inevitable caída del producto y una recesión, pero sentando las bases del posterior crecimiento acelerado.

Milton Friedman estuvo acá a comienzos de 1975, en una reunión de la Sociedad Mont Pelerin y, entrevistado por una revista, dijo premonitoriamente: "Si ustedes realmente logran equilibrar el presupuesto este año, a partir del próximo estarán creciendo al 7 por ciento". Y fueron proféticas sus palabras. El ministro Cauas aplicó la receta con mano de hierro y así Chile se puso a la cabeza del crecimiento latinoamericano.

La derecha política aportó sus mejores hombres a la reconstrucción, tras la ruina de la UP y la crisis mundial de 1973-75. Después, en la crisis de la deuda de 1981-82, Chile fue el primero en salir adelante, a partir de 1985. Abrió, privatizó y modernizó su economía. Sustituyó la previsión de reparto, que era la ruina fiscal tanto acá como en otros países, por las cuentas individuales de ahorro previsional, que pasaron a ser el pilar del mercado de capitales y el alto crecimiento. "Los chilenos fueron los primeros" --escribió el británico Niall Ferguson-- "Reagan y Thatcher vinieron después".

La economía chilena podía soportarlo todo, incluso el dispendio fiscal. La burocracia izquierdista pasó a ganar más que lo obtenible en funciones equivalentes del sector privado. El "gasto social" del Gobierno en Educación, Salud, Vivienda y Previsión ("pilar solidario"), fue capturado en su mayor parte, no por los pobres, sino por la burocracia roja. El economista Rolf Lüders ha comprobado que si ese "gasto social" se le diera al 20 % de las familias más pobres del país, cada una pasaría a tener un ingreso de dos y medio millones de pesos mensuales que, sumados al ingreso que ya tenían, las dejaría en el nivel de los más adinerados del país. Y la igualdad de rentas y el coeficiente Gini darían un salto positivo.

Ahí hay una falla, pero la burocracia izquierdista la oculta, porque no quiere renunciar a sus privilegios. Si el gasto social llegara realmente a los más pobres, no habría pobres y se pondría fin a la desigualdad que muchos critican como falla del modelo de la libertad.

La Mesa de Unidad Social de los gremios burocráticos creyó contribuir al desgobierno decretando un "paro nacional" en momentos críticos de la reciente violencia subversiva. Pero es tan poca su significancia productiva que nada pareció cambiar cuando los respectivos gremios dejaron ilegalmente de trabajar. Ni tampoco ninguna autoridad de este débil gobierno aplicó sanciones por la huelga ilegal, porque si algo más ha dejado de existir es el mando de la autoridad.

Por otra parte, y a propósito de lo mismo, si hay algo que no puede faltar en una sociedad es el orden público. Los comunistas, deseosos de impedir que una reforma del Estado los privara de sus privilegios económicos, decidieron culpar al mercado de las carencias sociales y, a pretexto de eso, asolaron al país con atentados que han destruido la infraestructura pública y privada, llegando a semiparalizar las actividades, todo en nombre de un supuesto "malestar social". Atribuyen a éste los trastornos, pero ellos son los primeros culpables, pues se quedan con la plata fiscal destinada a los que sufren ese malestar..

Peor todavía, se ha generalizado la conducta de hacer daño con el simple propósito de hacer daño, y eso ha quedado impune. Aparte del metro, las tiendas y los supermercados, han sido destruidos innumerables semáforos, sin ganancia para nadie y en perjuicio de todos. Eso habla mal del alma nacional. ¿Tantos son los desalmados? Se ha incendiado y destruido tal vez pensando en generar más "malestar". Pero esa violencia está haciendo caer al país en una recesión. Se han perdido 140 mil empleos en dos meses. Los valores bursátiles se han desplomado y el dólar ha subido, pese a que el Banco Central ha intervenido millonariamente para sujetarlo. El resultado es que todo Chile y cada uno de los chilenos somos más pobres y, que se sepa, ése nunca ha sido un remedio para el malestar social.

Y el gobierno de Sebastián Piñera, incapaz de respaldar a su fuerza pública enfrentada al vandalismo, los incendios y los saqueos, a su vez financia a un Instituto de DD. HH. que se preocupa de velar por que Carabineros no actúe enérgicamente contra los asaltantes, saqueadores y pirómanos. El espectáculo de carabineros agredidos, insultados y apedreados se ha tornado habitual.

Entonces, ya en estado de pánico, Piñera ha rendido el bastión fundamental de la sociedad: la Constitución. Es tal el estado de confusión mental que las consignas han sembrado entre los chilenos que un número apreciable de ellos, convencidos por la propaganda, cree que la causa de sus problemas es la Constitución y no el dispendio estatal descontrolado ni la falta de autoridad para mantener el orden público. Atribuyen a una nueva Carta poderes taumatúrgicos para hacer feliz a la comunidad.

En crisis económica, devastado por la violencia y la destrucción y, prácticamente, sin gobierno que sea capaz de sostener el principio de autoridad, Chile entra al año 2020 empobrecido, desorientado y amedrentado por unas hordas extremistas que la fuerza pública no puede controlar, porque se halla atada de manos.

Así sucumben los países cuando no hay autoridad, la verdad es suplantada por las consignas y los que emplean la fuerza someten por el miedo a todos los demás.

domingo, 29 de diciembre de 2019

Chile en Manos del Miedo

En 1973 el porcentaje de crecimiento del PIB de Chile era el último en América Latina. En 1989 ese crecimiento era el primero en América Latina. Cualquiera puede comprobarlo en Google. 

Se había producido entre ambos años un gran cambio en el país: de un modelo que concentraba las decisiones de producción en el Estado se había transitado a otro en que esas decisiones habían sido entregadas a la libertad de las personas. En eso consistió lo que en todo el mundo se llamó "el milagro chileno". 

Eso motivó al presidente norteamericano Bill Clinton, antes de venir a Chile, a escribir al presidente chileno Eduardo Frei Ruiz-Tagle una carta en que le decía que Chile era "la joya más preciada de la corona latinoamericana". Yo eso lo leí en el diario y estoy seguro de ello, pero hoy es imposible encontrar la referencia. Testimonios como ése han sido hechos desaparecer por alguna razón misteriosa.

Pero también en 1989 había una atmósfera de orden público y seguridad ciudadana muy superior a la que existía en 1973 y a la que existe hoy, treinta años después. La sensación predominante era en 1973 y hoy es en Chile actual el miedo. 

Por miedo ha sido suspendido hasta el campeonato nacional de fútbol, el deporte más popular. El mismo motivo ha conducido al cierre de establecimientos educacionales. La Prueba de Selección Universitaria se rendirá en medio de una atmósfera de temor a la violencia.

Y hoy la mayoría parece querer en la economía un Estado poderoso como el que nos puso en el último lugar en 1973 en lugar de un régimen libre como el que nos condujo al primero en 1989. 

El miedo impide hasta reabrir los supermercados de barrios populosos, que han sido saqueados e incendiados. Por miedo los partidos políticos gobernantes han accedido a poner en juego la Carta Fundamental, lo que ni siquiera estaba en su programa de gobierno. Pues políticos opositores (Camilo Escalona, Heraldo Muñoz) advierten que si una mayoría no deroga la Constitución en abril, la violencia se volverá a apoderar del país. La fuerza del miedo va a viciar, evidentemente, el veredicto ciudadano.

Los que tienen edad suficiente saben que en 1989 miraban con mucha mayor tranquilidad el presente y el porvenir que como los miran hoy, pero si dicen eso en público son acusados de "negacionismo" y de "ofender a la audiencia". Sus acusadores hasta preparan mociones de ley para penar con cárcel a quienes manifiesten semejantes opiniones.

Mandan en el país los que infunden temor. Obedecen, o se marchan, si pueden hacerlo, los que tienen miedo. Lo más notable es que la opinión predominante llama a eso "el Chile que todos queremos".

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Chile Vuelve a la UP

Estamos volviendo a la UP, y con los votos de la derecha. Es increíble.

La vez anterior, en 1973, nos salvaron la DC, arrepentida de haber elegido a Allende en el Congreso Pleno, en 1970, por miedo a que si no lo hacía correría sangre por las calles. Pero más miedo le dieron los atropellos de la UP y entonces se alió con la derecha sin deserciones ni vacilaciones para llamar a las fuerzas armadas. Chile en 1973 era un desastre. Económicamente sólo superaba a Haití en América Latina. El modelo de sociedad libre que se forjó a partir de ese año nos elevó a la cabeza de América Latina en los años 90.

Hoy ese modelo está en demolición, en medio de la proclamación del mayor número de imbecilidades que se ha oído en la historia del país. Pues culpan al modelo cuando bastaría redistribuir el dinero fiscal que se lleva la burocracia marxista para que no hubiera pobres y disminuyera la desigualdad. El problema no es el modelo, sino el Estado y los políticos que lo manejan y se pagan sueldos millonarios con sus recursos. 

Y así Chile vuelve al marxismo en medio de la violencia, de la ignorancia y del miedo. Escalona y Heraldo Muñoz amenazan con que si no se aprueba una nueva Constitución rebrotará la violencia. Toda una "confesión de parte". Entonces, con los votos a favor y la complicidad de la "derecha cobarde" y del "gobierno timorato" que denunció el diputado Ignacio Urrutia el jueves pasado en la Cámara, al fundar el único voto de derecha en contra de la derogación de la Constitución, hemos emprendido el retorno a la UP. Increíble. 

El discurso de Urrutia dura 4 minutos y deberían verlo y oírlo todos los chilenos en Youtube y debería reproducirse en las escuelas. 

Al día siguiente, viernes, en el Senado, todavía se podía salvar la Constitución, pero un solo senador de derecha, Kenneth Pugh, votó en contra de su derogación. Todos los demás, que podrían haberla salvado, desertaron. La derecha está deshecha y dividida, que es lo que le sucede cuando parte de ella arranca hacia la izquierda (recuérdese 1965). Esta vez siempre supe, desde un principio, que Piñera la iba a liquidar de nuevo, pero nadie me hizo caso.

Pues ese personaje siempre ha sido servil al marxismo y ahora encabeza la marcha hacia la Asamblea Constituyente a lo Maduro, siendo que en 2017 fue elegido por una mayoría que se formó, precisamente, para evitar una AC como la de Maduro. Encabeza el suicidio de nuestra democracia. 

Piñera está en pánico, se ha rendido y no se atreve a enfrentar a la subversión ni al vandalismo. Su gobierno incluso les paga a los que lo acusan de violar los DD. HH., los ex miristas del Instituto de DD. HH. que ganan casi 5 millones de pesos mensuales y se dedican a vigilar a los carabineros para que no abusen de los vándalos, cuando el principal problema nacional es la destrucción provocada por éstos. La fuerza pública hoy tiene las manos amarradas.

Siempre me opuse a Piñera, pero muchos derechistas me decían que él era un "mal menor". Yo les replicaba que era un "mal mayor" y hoy se está comprobando eso, cuando el país ha sido demolido y marcha al marxismo encabezado por él.

La derecha misma es una vergüenza. He aquí las opiniones del diputado de la UDI, Guillermo Ramírez, en "La Segunda" del lunes 23: "...reconozco que se violaron sistemáticamente los derechos humanos en el régimen de Pinochet y eso siempre voy a condenarlo". Compró entera la mentira propalada por el marxismo. Y, preguntado por la forma en que echaron a Hermógenes Pérez de Arce del matinal de canal 13, respondió: "Si hay alguien que justifica los campos de concentración soviéticos yo no lo echaría, dejaría que hablara, pero después lo hago pedazos". Y añadió: "no lo debieran haber invitado, porque él siempre dice lo mismo". Típico exponente de la derecha de hoy.

La DC se alió hace tiempo con el marxismo, Piñera siempre fue su compañero de ruta y ahora se ha puesto a su servicio, derogando la Constitución. Para impedir esto la derecha tenía los votos, pero sólo dos, Urrutia y Pugh, trataron en vano de evitar la debacle institucional que nos hará entrar en dos años de incertidumbre, decadencia, retraso y violencia.

El norteamericano George Santayana escribió que los pueblos que no aprenden de su historia están condenados a repetirla. Chile y su retorno a la UP son el mejor ejemplo de ello.