sábado, 17 de diciembre de 2016

La Carta de José Yuraszeck


          Ha sido muy comentada la carta de José Yuraszeck en “El Mercurio” sosteniendo que, si van a seguir saliendo a luz negocios de Piñera, como el de la pesquera peruana y el préstamo de cuarenta millones de dólares de una sociedad de sus hijos a LATAM, más valdría que se retirara de la elección, porque la puede perder. Yuraszeck interpreta que si Piñera decide permanecer en campaña será porque está seguro de que nuevos negocios como esos no van a volver a aparecer.

          He visto en “El Mostrador” que los directivos de ese diario digital interpretan la carta como un “dardo envenenado” contra Piñera, pero yo creo que ella sólo quiere decir lo que dice y es una advertencia pública, nada más. 

          Un error de la carta es afirmar que Piñera hizo un buen gobierno, porque no fue así. Recibió un impulso inicial a raíz del enorme crecimiento del gasto público que promovió Andrés Velasco en 2009 (16,5%) y el aún más grande aumento de la inversión pública que impulsó (21,5%), lo cual generó medio millón de empleos en 2010, de los cuales Piñera prontamente se apropió. Pero después éste se dedicó al populismo, subió los impuestos, especialmente el royalty minero, favorito de los comunistas; creó nuevos ministerios y organismos innecesarios, persiguió con saña a los militares, triplicando los procesos contra ellos, suavizó la ley antiterrorista para la Araucanía y, pese a haber gozado de un cobre que sobrepasó los cuatro dólares la libra, aumentó el endeudamiento público en 50%, hizo caer al país en el índice de competitividad mundial del lugar 30 al 34 y terminó reduciendo la inversión en 2013 y con el país creciendo cada año menos.

          Obviamente, José Yuraszeck no debe querer a Piñera, pero, tal como muchos que votarían o han votado por él sin quererlo y lo han hecho a título de “mal menor”, pueden volver a hacerlo sobre todo ahora, en que el país necesita que el proceso revolucionario en curso, impulsado por Michelle Bachelet 2.0 (que no por estar encuadrado en la institucionalidad es menos dañino) sea detenido por el próximo Presidente. A estas alturas, en realidad, lo único bueno que puede decirse de Sebastián Piñera es que no seguirá adelante con el dañino proceso revolucionario iniciado por Bachelet.

          Dije que Yuraszeck no debe querer a Piñera porque, cuando aquél cerró la venta de Enersis a Endesa España, con gran beneficio para todos los accionistas de la primera y, en particular, una enorme ganancia para sus controladores y accionistas privilegiados, que encabezaba Yuraszeck, se presentó en la oficina de éste el senador Piñera y le pidió derechamente tres millones de dólares de sobreprecio por sus acciones comunes, a lo cual aquél se negó. Entonces el senador se fue a España y le hizo la misma petición a Endesa España, que tuvo menos entereza que Yuraszeck y cedió, pagando, supongo, lo que se le pedía, con tal de que el senador no se sumara al “juicio por los diarios” que se había iniciado acá. Éste no tenía otra base que la proverbial envidia chilena por lo bueno del negocio de los controladores. Porque el mercado había sabido siempre (o debería haberlo sabido) que las acciones de los controladores valían veinte veces más que las de los accionistas comunes.

          Yo defendí a Yuraszeck en mi columna de “El Mercurio” y presenté un libro técnico en que se demostraba la legalidad de la operación, pero sobre todo lo defendí porque estoy cierto de que si no se hubiera desatado el escándalo en Chile, que fue el que dio origen a multas de cientos de millones de dólares impuestas por la Superintendencia a los controladores y echó por tierra el resto del negocio, éstos habrían entrado al directorio de Endesa España. Estoy cierto de que allí Yuraszeck y su equipo habrían repetido su exitosa gestión de Chile y probablemente habrían terminado manejando ese gigante europeo. La envidia nacional frustró ese ambicioso proyecto del capitalismo chileno.

          También en “El Mercurio” ha aparecido una ingenua carta de un economista que asesoró a Piñera cuando fue senador (1990-98), asegurando (“era que no”) que su entonces jefe “separaba con una muralla china” sus negocios de su gestión como senador. Obviamente Piñera debe haber tenido una llave de alguna puerta en la muralla para sortearla frecuentemente, porque siendo senador negoció la compra para sí de acciones de LAN que pertenecían a CORFO, mientras conseguía los votos de RN para proyectos de Aylwin. También siendo senador vendió a los bancos su negocio de las tarjetas de crédito y, cuando éstos se mostraban reacios a pagar lo que él les pedía, presentó una moción de ley que los obligaba a pagar intereses por los saldos en las cuentas corrientes. Los bancos entendieron y subieron su oferta. Piñera retiró entonces la moción.

          Pero la carta de José Yuraszeck está equivocada en otra cosa: afirma que si aparecen nuevos negocios ocultos de Piñera su candidatura será dañada. Eso sucedería si éste fuera un país ético, pero no lo es. En 2009 eligió a Piñera cuando había sido recién condenado, tras habérsele sorprendido comprando acciones con información privilegiada, y exhibiendo un nutrido prontuario anterior. Ahora mismo las mayorías de diputados de RN y la UDI le piden hacer explícita su condición de candidato, justo cuando se revelan nuevas cuentas suyas en paraísos fiscales como Panamá e Islas Vírgenes Británicas.

          A esos diputados, evidentemente, no les importa la ética. Lo único que les importa es ganar, y como Piñera encabeza las encuestas, concluyen que a la ciudadanía tampoco le importa la ética. Pero pueden estar equivocados, porque hay un candidato que derrota ampliamente a Piñera y a todos los demás en las encuestas: se llama “Ninguno”.

          Por eso los que impulsamos la postulación de un candidato que no sólo es muy capaz, sino integralmente honesto, creemos que tras esa mayoría amplia de “Ninguno” puede haber un potencial voto ético que –cuando nuestro candidato llegue a ser más conocido por la gente-- le permita triunfar.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Discurso en Proclamación de José Antonio

Palabras, o parte de ellas, que diré en la proclamación de hoy de José Antonio Kast:

Amigas y amigos:

Lo que nos reúne hoy es el deseo de hacer posible e impulsar la candidatura a la Presidencia de la República del diputado José Antonio Kast.

Los chinos dicen que un viaje de mil leguas comienza con un solo paso. Éste es uno de los primeros pasos en el largo viaje de José Antonio hacia la elección y después a la Presidencia, y se da gracias a la actividad de personas con iniciativa, de ésas que escasean en Chile, donde todos decimos “¡Hay que hacer algo!”, pero la mayoría hacemos poco o nada.

Y este paso se da gracias a dos hacedores de cosas que son, por el orden alfabético de sus apellidos, el periodista Fernando Martínez Collins y el ingeniero Yerko Torrejón Koscina. Ellos me han conferido el honor de designarme para dirigirles a ustedes la palabra antes de que hable nuestro candidato.

Demás está que les diga que las opiniones que yo emita hoy son de responsabilidad personal mía y no comprometen a José Antonio Kast. Y lo que me propongo explicar es por qué es el único candidato que realmente me representa.

Primero, porque soy de derecha –no de centroderecha—y creo que él también lo es.

Ser de derecha es bastante heroico en el Chile actual. Leí un libro de Andrés Allamand, un hombre afín a Sebastián Piñera, titulado “La Salida”, que se refiere a que la Nueva Mayoría va a perder el gobierno, y en ese libro él sostiene que el espectro político chileno ya no está dividido en tres tercios, sino en cinco quintos: una extrema izquierda, donde están Jackson, Boric, ME-O y Alejandro Navarro; una izquierda donde están los comunistas, los socialistas y el PPD; una centroizquierda constituida por la DC; un centro con Andrés Velasco y Lily Pérez; y una centroderecha donde están la UDI, RN, Evópoli y el PRI. Y más allá, hacia la derecha, no habría nada.

Pero yo creo que la derecha existe, y si ya no existe tiene derecho a existir y es necesario que exista.

Porque la receta para la centroderecha que propone Allamand en su libro es, textualmente, “reivindicar el legado de Aylwin”. Y Aylwin fue DC, es decir, de centroizquierda.

Parece absurdo proponer a la centroderecha abrazar un programa de centroizquierda.

Bueno, esto es parecido a lo que hizo Sebastián Piñera en su gobierno, y que su Ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, declaró a la revista Qué Pasa cuando comenzaba ese gobierno: “Abrazamos las banderas de la Concertación”. El resultado no pudo ser peor para la centroderecha.

¿Qué nos caracteriza a los de derecha? Varias cosas, algunas muy “políticamente incorrectas”.

Primero, defendemos la libertad personal como valor supremo. Todos los demás movimientos políticos se caracterizan por ir, en aras de una igualdad impuesta a costa de la libertad, cercenando progresivamente la capacidad de decisión personal, hasta llegar al socialismo centralizado que propician los grupos más radicales, admiradores de la Cuba de Fidel Castro.

Segundo, la base de la libertad es el derecho de propiedad, es decir, la posibilidad de que las personas se hagan dueñas del fruto de su esfuerzo. Lo más opuesto a la libertad es la esclavitud, cuya característica esencial consiste en que quien trabaja no se queda con el producto de su esfuerzo. Por eso la propiedad es el fundamento esencial de la libertad.

Tercero, defendemos la familia formada por un padre, una madre y sus hijos, como núcleo de la sociedad. En el seno de ella se forjan el carácter, el patriotismo, el espíritu de trabajo y el respeto por los demás. En un país en que ya casi las tres cuartas partes de los nacidos vienen al mundo fuera del matrimonio, el hogar desaparece y la tarea de reconstruirlo y reconstituir a la familia es titánica, pero hay que emprenderla, porque no por nada la civilización, en el curso de los siglos, constituyó el hogar fundado en el matrimonio de un hombre con una mujer como la base del buen orden y del progreso social.

Cuarto, defendemos lo que sabiamente los legisladores describen como “el orden público, la moral y las buenas costumbres”. Estos conceptos han ido evolucionando con los tiempos, pero todos sabemos, en el sentido común de nuestro fuero interno, a qué nos estamos refiriendo hoy cuando los defendemos.

Quinto, en Chile en particular, la derecha defiende el legado del Gobierno Militar, de partida porque fue un régimen que acogió todos los principios fundamentales que nosotros defendemos.
Aquí sé que estoy poniendo el dedo en la llaga, porque esto es lo que más divide a los verdaderos derechistas de todos los demás y esto es lo que hace que el único candidato, entre todos, que realmente nos representa sea José Antonio Kast.

En nuestro país la verdad histórica ha sido reemplazada por consignas discurridas por la izquierda marxista y éstas se han tomado el escenario público. No sólo sucede acá, sino en todo el mundo en relación a la verdad de lo ocurrido en Chile. El Gobierno Militar ganó la guerra contra la revolución socialista armada, pero perdió la posguerra propagandística, que han ganado ampliamente sus adversarios, al extremo de que la mayoría de quienes fueron partidarios de ese Gobierno Militar hoy repiten las consignas y las "postverdades" izquierdistas sobre “violaciones de los derechos humanos”, lo que no pasa de ser un falso eslogan.

Sin ir más lejos, en el mismo libro antes citado de Andrés Allamand él habla del “atropello sistemático de los derechos humanos bajo el Gobierno Militar”, lo cual no tiene ninguna base real. Y califica de “patéticos” los homenajes a la memoria del Presidente Pinochet en la Cámara de Diputados, por parte del parlamentario Ignacio Urrutia. Pero esas imputaciones no son verdades, sino consignas, en abono de lo cual pueden citarse las dos circulares de comienzos de 1974 dirigidas por la Junta Militar de Gobierno a todas las autoridades militares del país, ordenándoles, bajo pena de severa sanción, respetar los derechos de las personas. Eso está probado y documentado y desmiente que haya habido una “sistemática violación de los derechos humanos”.

El historiador inglés Paul Johnson, en su libro “Héroes”, relativo a personajes históricos heroicos de la Humanidad, incluye entre ellos a Augusto Pinochet, pues, dice, “yo conozco los hechos” y añade a título de comentario que el último éxito del KGB soviético antes de ser lanzado al basurero de la historia fue la “demonización de Pinochet.” Añade que las “élites habladoras” del mundo lo denigran, porque ignoran la verdad. Y ésa es la realidad con que nos encontramos hoy en todas partes, y en Chile en particular. Pero ésa no es la verdad histórica.

Y puedo afirmarlo porque he estudiado justamente los casos emblemáticos en virtud de los cuales se acusa al Gobierno Militar de esos atropellos, y al estudiarlos uno se da cuenta de que ese gobierno, como tal, no tuvo responsabilidad en ninguno de ellos.
Quiero advertir una cosa: todo indica que los políticos de la mayoría democrática de 1973, que llamaron en Chile a los militares a intervenir, mediante el Acuerdo de la Cámara de Diputados de 22 de agosto de 1973, en ningún momento les exigieron tener miramientos con los más de veinte mil hombres en armas que tenía el ejército clandestino de la izquierda. Habitualmente me refutan esa cifra de veinte mil, pero ella está probada: al menos diez mil fueron confesados por Carlos Altamirano, el más extremo de los dirigentes de la Unidad Popular, cuando en el libro entrevista con la periodista Patricia Politzer detalló los contingentes armados de cada partido o grupo de la Unidad Popular. Y en cuanto a los extranjeros ingresados clandestinamente, que por sentido común debemos suponer comprometidos en la acción armada, las propias declaraciones de Patricio Aylwin en 1973 los cifraban en más de diez mil y un informe posterior de la OEA, publicado en La Segunda, los estimó en doce mil. Aparte de ello, a raíz de la muerte de Fidel Castro se precisó que los solos cubanos ingresados a Chile bajo el gobierno de Allende fueron alrededor de 5.600. Entonces, al decir que había un contingente de no menos de veinte mil hombres en armas sólo estamos diciendo la verdad.

Frente a eso el 11 de septiembre de 1973 se desplegaron alrededor de sesenta mil elementos de las Fuerzas Armadas, Carabineros e Investigaciones. Nadie pensaba, ni a nadie se le hubiera ocurrido esperar que en ese enfrentamiento no buscado, sino exigido por la urgencia de salvar al país, todos y cada uno de los uniformados iban a respetar rigurosamente las normativas nacionales e internacionales, porque estamos en Chile. Todos debíamos saber que iban a tener lugar situaciones propias de una lucha armada irregular y, de hecho, lo que se transmitió al mundo fue mucho peor de lo que, más de veinte años después, se comprobó que había realmente sucedido.

Yo era entonces diputado y pocos días después del 11 fue  entrevistarme a mi casa un periodista australiano. En el curso del diálogo me preguntó cuántos muertos creía yo que se habían producido, y no sé por qué, pues no tenía mayor información acerca de eso, le dije que trece mil. Se enfureció conmigo, me aseguró que debían ser más de cien mil y se marchó rápidamente.

Después las Comisiones Rettig y de Reparación y Reconciliación concluyeron que en los 17 años del régimen militar habían muerto en la contienda interna 3.197 personas, 423 de las cuales cayeron bajo las balas de la izquierda, si bien estas últimas las atribuyó eufemísticamente a "la violencia política", para dejar sin sombra de culpa al marxismo.

Y ambas comisiones concluyeron que el 60 por ciento de esos muertos cayeron entre el 11 de septiembre y el 31 de diciembre de 1973, 1.500 a manos de los militares y 300 a manos de la guerrilla de izquierda, cuando Frei Montalva, Aylwin y todos los políticos democráticos apoyaban a la Junta y decían que había salvado a Chile. Pero la propaganda izquierdista mundial ha creado después la imagen de que acá hubo un genocidio masivo.

Se habla de “miles de desaparecidos” y de que el Gobierno Militar hacía desaparecer a sus opositores, pero nunca hubo tales miles. Las comisiones citadas los fijaron en un total de 1.102 y se ha documentado el paradero de 1.108. No sé si será coincidencia, pero en los últimos años han aparecido seis, de cuyos casos se ha informado en la prensa.

Si se tiene en cuenta que en un año normal desaparecen en Chile más de dos mil personas, comparando el número de las denuncias por presunta desgracia, que son más de treinta mil al año, con el de las que son encontradas, uno aprecia el exagerado tamaño que se atribuido al problema.

Por cierto que hubo muertes innecesarias e injustificadas, pero en cada caso ellas constituyeron una clara desobediencia a las órdenes del Gobierno Militar. Yo he escrito un libro sobre el Juicio a Pinochet, que fue fundado en las situaciones registradas al paso de la comitiva del general Arellano y, con antecedentes del propio expediente, he probado que no correspondieron a órdenes de dicho general y que el general Pinochet ni siquiera sabía de ellas.

Y, entretanto, se han hecho desaparecer de la memoria colectiva los asesinatos de militares y civiles por parte del terrorismo de extrema izquierda. No hay uno solo de esos terroristas que no haya sido indultado, liberado e indemnizado, por contraste con los presos Políticos Militares ilegalmente procesados y que siguen en la cárcel pese a estar ancianos y enfermos.

El propio senador Ossandón, de RN, ha declarado que en el Gobierno Militar, del cual fue siempre partidario, “quemaban a las personas por pesar distinto”. Quiere decir que no conocía los antecedentes del llamado “caso Quemados”, los cuales prueban que Carmen Gloria Quintada y Rodrigo Rojas llevaban recipientes con un líquido altamente explosivo para quemar buses con pasajeros adentro y que, al ser detenidos por una patrulla, uno de esos recipientes se volcó accidentalmente y el líquido incendiario los quemó a ambos. Por algo el capitán a cargo de la patrulla fue condenado, no por haberlos quemado, sino por el cuasidelito de no haberlos llevado a un hospital.

La campaña anti Gobierno Militar era tan universal y poderosa que cuando la DC apoyaba todavía el Pronunciamiento, a comienzos de 1974, decidió enviar a Europa una delegación en que iban Enrique Krauss, Juan Hamilton, Pedro Jesús Rodríguez, Juan de Dios Carmona y Javier Lagarrigue, para dar a conocer la verdad de lo que sucedía acá, tan exagerado y distorsionado afuera. El resultado fue que la Comisión informó a la DC que la imagen de la Junta no tenía remedio afuera. Y ahí se inició el distanciamiento de la DC del Gobierno.

En Chile existía consenso en que la represión era justificada, porque había pruebas de lo que representaba la amenaza armada de la izquierda. Eso explica que cuando Patricio Aylwin fue a ver a mediados de 1974 al ministro de la Corte Suprema Rafael Retamal, de conocida inclinación a la DC, para representarle que no se acogían recursos de amparo por personas apresadas por los militares, Retamal le replicó, según relata Aylwin en sus memorias: “Mire, Patricio, los extremistas nos iban a matar a todos, dejemos que los militares hagan la parte sucia. Después vendrá la hora del derecho”.

La distorsión  propagandística era tan grande que una vez el gerente del hotel O’Higgins de Viña del Mar, que era austriaco, Paul Kulka, padre de quien fue gerente de “El Mercurio”, Jonny Kulka, viajó a Viena en los años ’70 y como había sido compañero de curso del primer ministro socialdemócrata de Austria, Bruno Kreisky, resolvió pedirle una audiencia. Kreisky se la concedió y cuando supo que Kulka vivía en Chile, sacó una foto de un cajón de su escritorio que mostraba cadáveres colgando de los árboles de la Plaza de Viña del Mar, frente al Club de Viña. Kulka le comentó que él trabajaba frente a la misma plaza, en el Hotel O’Higgins, y que nunca había visto un cadáver colgando de algún árbol en esa plaza. Kreisky guardó la foto, molesto.

Ese es el poder de la propaganda de izquierda. Contra eso no hay remedio posible.

El primer número de la revista inglesa The Economist después del Pronunciamiento fue muy favorable a éste. Ello desató en su contra la ira de la izquierda internacional. Por supuesto, desde el número siguiente The Economist se convirtió en otro verdugo de la Junta.
En los EE. UU. sucedió lo mismo. La prensa por unanimidad, ya fuere de izquierda o derecha, disparó contra el Gobierno Militar. En los años 80 yo contabilicé 16 errores en inculpaciones al régimen de Pinochet, en un número de la revista “Time” que venía con él en la portada, en la pose más desfavorable posible, con anteojos oscuros, por supuesto. Le escribí al Time una rectificación de sus 16 errores, pero no publicaron mi carta. En vista de eso la publiqué en El Mercurio de Santiago bajo el título: “Un Tiempo (“Time”) para Mentir”.

La campaña de la izquierda dentro de Chile no ha sido menos feroz. Cada 11 de septiembre se falta a la verdad en los canales de televisión como nunca se había visto. Recuerdo hace años un programa “Contacto” de Canal 13 describiendo la supuesta matanza de 13 personas en Copiapó a manos de la comitiva del general Arellano, quien era delegado del general Pinochet para acelerar los juicios contra los presos que había en octubre de 1973. Pero cuando se produjeron esas trece muertes la comitiva todavía no había salido de Santiago. No obstante, “Contacto” describía pormenorizadamente los crímenes que dicha comitiva materialmente no podía haber cometido. Yo representé el tendencioso error en mi columna de “El Mercurio”, pero nadie de Canal 13 ni siquiera me replicó.

La marea de las consignas falsas es incontenible. En cualquier foro de televisión algún personaje del estilo del senador Alejandro Navarro dice habitualmente cosas como que el Gobierno Militar “hizo desaparecer a miles de personas, degollaba gente y quemaba a los que pensaban distinto”.

Nada de eso es verdad, pero es lo que habitualmente se transmite al público chileno.

En cambio nadie recuerda que bajo el Gobierno Militar recobramos la democracia, el progreso y el lugar de avanzada en América Latina. Nadie recuerda que no había conflicto mapuche, sino paz en la Araucanía, cuyos caciques designaron al Presidente Pinochet como “gran conductor y guía” y lo premiaron dándole el triunfo al “Sí” en la región en el plebiscito de 1988. Confesamos haber sido “cómplices pasivos” de todo ese progreso y paz interior.

Todas las faltas a la verdad de la propaganda de origen izquierdista han trascendido a la justicia, que se ha hecho parte de la mentira oficial y ha dejado de aplicar el derecho y respetar la verdad de los hechos con tal de condenar a los militares.

El difunto economista Álvaro Bardón, que falleció en 2008, me preguntó un día en qué artículo de qué código o ley estaban tipificados los delitos de lesa humanidad, porque había leído que a un militar lo habían condenado por eso. Yo le respondí que en ninguno. Entonces me dijo: “¿Por qué ustedes los abogados no van entonces al frente del Colegio de Abogados y rompen públicamente sus carnets de abogados porque ese colegio no hace ni dice nada sobre cómo los tribunales están atropellando las leyes?”

Es que el Colegio de Abogados no sólo no dice nada sobre esos flagrantes atropellos al estado de derecho, sino que los encubre. Una vez yo, como miembro del Colegio, le mandé un artículo para su revista, analizando un fallo, que había sido redactado por un abogado integrante de la Corte Suprema, en que se condenaba a cinco uniformados por la muerte, en 1973, de un extremista entrenado en Cuba, llamado Rudy Cárcamo. Como ese supuesto delito estaba prescrito y amnistiado, el fallo recurría a una ficción – es decir, a una mentira-- para poder condenar a los uniformados: sostenía que éstos mantenían preso todavía a Rudy Cárcamo y por eso no podían aplicarse en el caso ni la amnistía ni la prescripción. La revista del Colegio dilató varios meses la publicación de mi artículo y, finalmente, me expresó que el consejo de redacción había acordado no publicarlo. Dejo constancia de que en el Colegio de Abogados y en el consejo de redacción de su revista hay mayoría de la llamada “centroderecha”. O sea, este sector se presta a encubrir la escandalosa conducta de los jueces contra los militares que combatieron el terrorismo de izquierda. Yo publiqué ese artículo en  mi blog el 27.03.15.

En fin, por razones como las anteriores es que apoyamos a José Antonio Kast, que es el único candidato, entre los veintitantos que han expresado serlo o querer serlo, que respeta el legado del Gobierno Militar, se preocupa de los presos políticos uniformados y se niega a hacerse parte de la campaña denigratoria mundial contra el gobierno que salvó a Chile de convertirse en un país totalitario. Pero este único representante de la derecha política se encuentra con una resistencia adversa enorme.

Dicen que vivimos en democracia, pero a veces uno lo pone en duda. Como a José Antonio Kast se le exige reunir 35 mil firmas ante notario para poder ser candidato, y en vista de que no existe en Chile ningún partido de derecha ni ninguno que pueda inscribirlo como tal, yo tomé la iniciativa personal de publicar un aviso durante treinta días a mediodía en las radios Agricultura, Bio Bio y Cooperativa que dijera:

“Entre los numerosos pre candidatos presidenciales que hay en nuestro medio, hay uno solo que defiende el legado del Gobierno que salvó a Chile de convertirse en un país totalitario. Se trata del diputado José Antonio Kast, pero necesita 35 mil firmas ante notario para competir en la primera vuelta presidencial. Llamamos a apoyarlo y firmar por él en la notaría más próxima, que puede encontrar en www. kast.cl.”

Le encargué a un publicista contratar el aviso, pero las tres emisoras se negaron a acogerlo. 

Pero tenemos derecho a existir y participar en la política chilena y el acto de hoy testimonia que muchas personas desean ejercer ese derecho. Por eso creemos que mucha más gente como ustedes hará posible que José Antonio Kast sea candidato presidencial, desarrolle el próximo año una campaña en forma y, tras imponerse en la primera vuelta de la elección presidencial y, dado el caso, también en la segunda, llegue a tener en sus manos los destinos del país desde la primera magistratura de la República para restablecer la paz, el estado de derecho y la tranquilidad entre los chilenos de bien.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Las Vueltas de la Vida


          Comienzo por corregir un error de mi blog anterior, donde dije que en la encuesta Adimark Sebastián Piñera subía 4 puntos mientras en la Cadem caía cuatro. En realidad, en la última Cadem del 05.12.16 subió dos. Pido excusas.

          Habiendo puesto las cosas en su lugar paso a exclamar, como el difunto y recordado Julio Martínez, "¡Justicia Divina!", al ver que el más implacable e injusto perseguidor judicial del ex Presidente Augusto Pinochet, el diputado comunista Hugo Gutiérrez, ahora las emprende contra otro denostador de la memoria de ese gran estadista y de su gobierno, Sebastián Piñera.

          El juicio que condujo al desafuero del ex Presidente Pinochet fue administrado por Hugo Gutiérrez, mientras el sumariante Juan Guzmán oficiaba de marioneta. Tanto fue así que la resolución procesando a Pinochet y demandando su desafuero del Senado la anunció urbi et orbi el propio Hugo Gutiérrez, cuya imagen levantando las hojas que contenían la resolución, parado en la esquina de Morandé con Bandera y rodeado de la prensa nacional e internacional, dio la vuelta al mundo, hace quince años.

          Fue un acto inicuo y con todos los ingredientes de lo peor de la chilenidad (juicio por los diarios, quienes más le debían miraban para otro lado, sus pares no hacían nada) como probé en mi libro “La Verdad del Juicio a Pinochet”, que puede adquirirse en este mismo blog. El ex Presidente no había tenido la menor responsabilidad y ni siquiera conocimiento alguno de los fusilamientos ilegales ejecutados por un subgrupo de la comitiva del general Arellano, subgrupo que incluso actuó a espaldas de éste.

          En esos años Sebastián Piñera seguramente aplaudía a Gutiérrez, pues siempre estuvo reiteradamente preocupado de ultrajar la memoria y la obra del Gobierno Militar, a cuyos partidarios civiles después, en 2013 –ya debidamente cosechados sus votos-- tachó de “cómplices pasivos” de atropellos a los derechos humanos. Así les agradeció el haberlo elegido Presidente en 2009-10.

          Pero a Gutiérrez, además un connotado defensor judicial de terroristas, debe reconocérsele una virtud, escasa en nuestro medio: no se vende… hasta el momento. Y, por lo tanto, a Piñera lo tiene pasando apuros judiciales crecientes, no sólo por el contenido de la querella por negociación incompatible, sino porque puso en descubierto una situación que se había mantenido cuidadosamente oculta de la opinión pública: que, de los US$2.500 millones de su fortuna, al menos US$1.800 millones estaban invertidos fuera del país, a nombre de una sociedad radicada en Islas Vírgenes Británicas (¡tranquilos! porque esto a la UDI, que ha experimentado un “aggiornamento” ético, ya no le importa, como le importó para bajar a Golborne de su candidatura en 2013). Y todo eso estaba al margen del “fideicomiso ciego” del cual su titular insistía en que no sabía nada, dedicado, como decía, “en cuerpo y alma” a gobernar el país.

Lo cual, por supuesto, no le impedía enviar sucesivos emisarios a presionar a Julio Ponce para que fusionara las sociedades Cascadas, en las cuales el mandatario tenía acciones y mediante cuya fusión esperaba hacer una “pasada” rentable. Actitud que me recordó las presiones de Salvador Allende a Darío Sainte-Marie, unas décadas antes, para conseguir que le vendiera el diario “Clarín”, objetivo que finalmente logró.

Como Piñera situó en los directorios de sus sociedades a su cónyuge e hijos, ahora Gutiérrez ha solicitado que ellos declaren como testigos, pues en sus manos estaba, teóricamente, el poder de decisión para comprar acciones peruanas de “Exalmar” en pleno litigio marítimo chileno-peruano.

Y, todavía más, Hugo Gutiérrez ha pedido certificar si una hija de Piñera, Magdalena, siendo jefa de gabinete de su padre Presidente, era o no a la vez directora de Bancorp y “podía tomar decisiones de designar administradores en Bancorp” (“El Mercurio”, 11.12.16).

Obviamente, la familia del ex Presidente no está contenta con esta situación y de ahí que el ahora posible precandidato revele que hay fisuras en el frente familiar capaces de hacerlo desistir de su nueva postulación.

Naturalmente, los partidarios de José Antonio Kast, el único precandidato del “Sí” que hay frente a la veintena de aspirantes del “No”, incluido Piñera, tomamos palco para presenciar cómo Hugo Gutiérrez le suministra a éste algo de la misma medicina que usara para denigrar injustamente a la mayor figura del Gobierno Militar, a quien la Historia con mayúscula instaurará, más temprano que tarde, como el principal estadista chileno del siglo XX.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Revelaciones a los Cómplices Pasivos


          El fuerte de Sebastián Piñera no es la historia, y de la poca que sabe, la sabe al revés. Por eso ha dicho dos cosas: el lunes, y ésta ha sido toda una revelación, que Abel mató a Adán. Y deja absuelto a Caín. Y la segunda, que viene repitiendo hace años, que los militares chilenos fueron culpables de crímenes al impedir por las armas al ejército clandestino marxista tomarse el poder. Y deja absueltos a los terroristas de izquierda.

          Cuando le informaron de la verdad histórica sobre el primer punto decidió tomarse el asunto con humor y escribió en su twitter (“La Tercera”, 06.12.16): “Perdón a Adán por matarlo antes de tiempo. A Abel por transformarlo de víctima en victimario. Intentaré rectificar pero no garantizó (sic) resultados”. Tampoco la ortografía es su fuerte (“gabiota”).

          El hecho fue que cuando todo el país estaba riéndose, hizo bien en sumarse y reírse de sí mismo.

Otra revelación confirma que Sebastián siempre va donde el sol más calienta. Ahora que la Católica está a punto de ser campeón, adivinen: en “La Cuarta”, 07.12.06, dice que siempre ha sido hincha de la Católica, en circunstancias que no sólo le había jurado amor a Colo Colo sino que, cuando se negaba a vender las acciones que le daban el control del club, aducía razones “del corazón” para no desprenderse de ellas, como había prometido hacerlo antes de asumir la Presidencia. Pero ahora, adiós Colo Colo, púdrete como si fueras un militar que ya me salvó del marxismo y no me sirve más.

Algunos han criticado sus opiniones sobre los inmigrantes. Y tal vez él mismo, en su fuero interno, no las comparte, pero las encuestas dicen que las tres cuartas partes de los chilenos opinan igual y eso es lo que determina su posición. “Gano votos, aunque perezca el mundo”.

          Otra revelación nos ha sido dada por las encuestas: en la última de Adimark, Sebastián aparece subiendo cuatro puntos en la adhesión a su candidatura presidencial, pese a todos los avatares que le ha deparado el descubrimiento de su cuenta en un paraíso fiscal e inversiones de las tres cuartas partes de su fortuna en el extranjero, cuando él decía que la administraba un fideicomiso ciego sobre cuyas actuaciones no sabía nada. Pero, según Adimark, las acusaciones en su contra lo hacen cuatro puntos más popular.

Pero en seguida apareció la encuesta Cadem, en que Piñera resulta cayendo en cuatro puntos. ¿Cómo se explica que en dos encuestas casi simultáneas aparezca subiendo cuatro en una y cayendo cuatro en la otra? Misterios de la ciencia estadística.

A Laurence Golborne la UDI lo defenestró de su candidatura presidencial al saberse que tenía una cuenta en Islas Vírgenes. Un partido con “estándares éticos” no podía permitirse eso. Ahora a Sebastián no sólo le aparecen ahí, sino también en Europa, según la revista Cambio 21, la cual añade que, en vista de todo lo que revelan esas cuentas en otros paraísos fiscales, la candidatura estaría por ser retirada. Al mismo tiempo, el propio Sebastián dice que no cuenta con apoyo familiar suficiente para mantenerla. Pero ¿quién pugna por llevarla delante de todas maneras? La UDI. Cambiaron sus “estándares éticos”. Joaquín Lavín hoy día aparece instándolo a asumir explícitamente la postulación, sin el menor miramiento por las cuentas paradisíacas ni las denuncias de Cambio 21.

A todo esto, uno podría dudar de que éstas fueran verídicas, pero entonces el propio Sebastián confirma que sí lo son, al denunciar la filtración de antecedentes desde la fiscalía. Entonces, si él mismo dice que esos antecedentes se han filtrado del expediente, quiere decir que efectivamente provienen de él y son verdaderos.

          Entretanto, los que queremos una política mejor y llevar un candidato de derecha y también mejor, tenemos problemas. Las tres radios en que quisimos vocear un mensaje llamando a firmar por José Antonio Kast, pagándolo a subido precio ($2,5 millones cobraba cada una), lo han rechazado. Una revelación de la naturaleza de la democracia chilena, que le demanda a un candidato reunir 35 mil firmas para postular, pero le censura su llamado a suscribirlas.

          ¿Será que los nuevos “estándares éticos” de la derecha exigen tener en el prontuario boletas y facturas falsas, haberlas empleado para lucrar, llevarse la plata a un paraíso fiscal y estar siempre donde el sol más calienta, para poder representar al “sector”?

domingo, 4 de diciembre de 2016

Negativa de Venta


          Como soy de derecha, defiendo el legado del Gobierno Militar y los fundamentos de una sociedad libre y estoy luchando para que mis ideas en la próxima elección presidencial estén representadas, decidí contribuir a que el único que personifica esos valores, el diputado José Antonio Kast, pueda reunir las 35 mil firmas necesarias para participar en la primera vuelta de mediados de noviembre.

          Como el idealismo político no tiene por qué ser incompatible con la buena cocina, convidé a mi restaurant francés favorito a un distinguido publicista y apenas llegó puse en sus manos las siguientes líneas, para que contratara su lectura durante un mes en el horario de mediodía en tres radios, Agricultura, Bío Bío y Cooperativa:

“Entre los numerosos precandidatos presidenciales hay uno solo que defiende el legado del gobierno que salvó a Chile de un régimen totalitario y es José Antonio Kast. Para que él pueda participar en la elección necesita 35 mil firmas ante notario. Lo convocamos a usted a firmar por él. No hay que hacer ningún pago en la notaría y sólo se precisa la cédula de identidad y no estar inscrito en ningún partido. Busque su notaría más próxima en www.kast.cl”.

          A los pocos días el publicista me informó que el costo era de aproximadamente $2,5 millones en cada radio y le di mi conformidad, seguro de que mi entorno y yo podemos recolectar esa suma. Pero otros pocos días después me llamó para informarme que Radio Cooperativa le había expresado que una autoridad superior de la emisora había censurado el aviso y no lo transmitiría.

          Esto me extrañó sobremanera, porque todo el mundo sabe, a juzgar por lo que dicha radio propala, que ella defiende los ideales democráticos y cristianos y José Antonio Kast es un político tan demócrata como cristiano.

          Además, de acuerdo con la Ley del Consumidor, la empresa Radio Cooperativa, cuyo giro consiste en vender publicidad radial para financiar sus funciones informativas y de esparcimiento, no puede negarle a un consumidor, como lo soy yo en este caso, la venta de un espacio para la divulgación de un mensaje publicitario perfectamente lícito. Por consiguiente, me apresto a accionar contra dicho medio ante el Sernac, para hacer valer mi derecho y a fin de que sea sancionada la negativa de venta, que es constitutiva de una infracción punible.

          Tampoco las otras dos radios le han dado todavía a mi publicista, tras dos semanas, una respuesta positiva, la cual sigo esperando. Si se la dieran negativa, como la de Radio Cooperativa, tendría que recurrir al mismo procedimiento sancionatorio.

          Como puede apreciarse, el ejercicio de la democracia, en cuyo fundamento está el de que las ideas puedan expresarse libremente y los ciudadanos puedan competir por alcanzar el poder, no es facilitado por todos los que afirman haber tenido un gran papel en lograr que ella haya vuelto a imperar en Chile después de 17 años de excepcionalidad. Gran papel que en el caso de muchos yo siempre he puesto en duda, porque el restablecimiento de la plena democracia estaba contemplado en el articulado transitorio de la Constitución de 1980, que se cumplió al pie de la letra gracias a haber sido aprobado, junto con la elección del Presidente Pinochet por ocho años (por eso no fue un dictador) en el plebiscito de 1980, en el cual, si mal no recuerdo, Radio Cooperativa fue una activa promotora del voto “No”, que habría impedido, de haber triunfado entonces, la vigencia del articulado que abría la puerta a la plena democracia. En realidad, la democracia se la debemos al Gobierno Militar.

          Y espero en nombre de ella ver confirmado ahora por la vía jurídica el derecho a que el llamado a firmar por José Antonio Kast deje de ser objeto de una censura previa contraria a la libertad de expresión.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Un Palo a Castro y Cien a Pinochet


          En el Chile mediático, dominado por la izquierda, la principal víctima de la muerte de Castro ha terminado siendo Pinochet. Con el concurso de la “centroderecha”, por supuesto.

          Supe que en la televisión Pilar Molina declaró enfáticamente, en un programa sobre Fidel, no haber sido nunca partidaria de la Junta. Y yo que la consideraba una de nuestras “mujeres líderes”.

Y luego, al leer el excelente artículo de Axel Kaiser, lleno de citas irrefutables contra la dictadura de Castro, me encontré la siguiente frase: “Así como no es sano para la convivencia nacional justificar crímenes cometidos bajo el régimen militar chileno”. ¿Cómo no va a ser sano reivindicar la verdad? ¿Tendremos que tragarnos la mentira de que los crímenes de un oficial subordinado en el Norte, cometidos por sí y ante sí, fueron ordenados por Pinochet, cuando ni siquiera éste ni la Junta los conocieron? ¿Es que tenemos que dejar que las grotescas falsedades de “Los Zarpazos del Puma” se erijan en la verdad oficial? ¿Es que no podemos aclarar que el degollamiento de tres altos dirigentes del FPMR no sólo no fue ordenado por el Gobierno Militar, sino que fue aclarado e investigado por éste, lo que le costó su cargo en la Junta, por “responsabilidad del mando”, al General Mendoza? ¿Es que no se nos permitirá aclarar también, como ha quedado establecido en los tribunales, que las quemaduras de Rodrigo Rojas y Carmen Gloria Quintana las produjeron elementos altamente combustibles que ellos mismos portaban para quemar buses y pasajeros y que un accidente provocó que resultaran quemados? ¿Es que nos estará prohibido publicar que la Junta envió, en enero y febrero de 1974, circulares a todas las guarniciones ordenando respetar los derechos de las personas, lo que prueba que, si hubo algunos “atropellos a los derechos humanos”, éstos no fueron autorizados ni “sistemáticos” ni una política de ella? ¿Es que no vamos a poder demostrar que las torturas eran una práctica habitual de la policía política durante la UP e incluso bajo Frei Montalva –cuando no había una subversión de la magnitud de la que enfrentó el Gobierno Militar-- y que la primera vez que se investigaron las respectivas denuncias, con resultados judiciales, fue precisamente bajo el Gobierno Militar? ¿Va a ser vedado insistir en que el crimen de Letelier fue cometido por un agente norteamericano al cual ni Pinochet ni la Junta siquiera conocían de nombre ni que jamás habían autorizado cometer ese atentado? ¿Es malsano dar a conocer que de los 1.102 desaparecidos según los Informes Rettig y de Reparación y Reconciliación, se ha documentado el destino de 1.108 personas, lo que coincide con la “reaparición” de seis en los años recientes? (Ver mi libro “Terapia para Cerebros Lavados”, p. 262.) ¿Es que “no es sano para la convivencia nacional” divulgar ésas y otras verdades y desvirtuar tantas falsas consignas comunistas sobre el Gobierno Militar?

          Pues la propaganda oficial y en particular TVN (y también gente de derecha)  se han encargado de injuriar la memoria de Pinochet en los días siguientes a la muerte de Castro, para desviar la atención de lo que fue la dictadura de éste. Claro, no han podido impedir que se reprodujera la intervención de Ernesto “Che” Guevara en 1959 ante las Naciones Unidas, que prueba que en su gobierno sí fue política oficial y sistemática la de violar los derechos humanos, cuando dijo ante la Asamblea: “Estamos fusilando, hemos fusilado y lo vamos a seguir haciendo”. Y el concierto de las naciones aceptó y toleró eso y lo hizo por más de cincuenta años con entera impunidad. ¿Se imaginan ustedes lo que habría sucedido si un personero del Gobierno Militar hubiera dicho eso en Naciones Unidas?

Es que la estrategia ha sido “un palo a Castro, cien a Pinochet”. Un comentarista de “centroderecha” ha sacado a colación “la última cuenta de Pinochet”, para parecer “equilibrado”.  ¿”Última cuenta”? ¿Cuál? No puede decirlo, porque no existe. Repite y valida otra consigna falsa de la izquierda. Un tribunal que investiga “la fortuna de Pinochet” ha encontrado algo más de dos millones de dólares de éste, y no más, y los mantiene embargados, junto con las propiedades que tenía el ex Presidente, todo ello, en conjunto, de valor insignificante en comparación con la sola isla “Cayo Piedra” de Fidel Castro, con una mansión, yates (entre ellos el de su hijo Tony, que es gemelo del de Bill Gates) y el mayor acuario natural del mundo.

Pinochet declaró públicamente un patrimonio de 118 mil dólares al asumir en la Junta en 1973. Actualizando valores y con un rédito normal, esa suma equivale a más de dos y medio millones de dólares de hoy. Y se olvidan de que el Director de Impuestos Internos socialista, tras examinar los 17 años de gobierno de la Junta, determinó que sólo había 544 mil dólares no explicados en los ingresos del Presidente Pinochet, que podían atribuirse a retiros de gastos reservados (ver “La Tercera”, 8 de octubre de 2005, p.4). Cuando se sorprendió a los gobiernos de la Concertación llevándose para la casa sobres con billetes de gastos reservados, bajo el gobierno de Lagos, se descubrió que sustraían 544 mil dólares cada dos meses, lo mismo que Pinochet en 17 años. Y a Pinochet ni siquiera le dieron oportunidad de explicar su retiro comparativamente minúsculo. Pero sirvió para declarar a su gobierno “corrupto”. ¿”Le hace mal al país” que se diga todo esto?

          Y resulta que el Libro Negro del Comunismo documentó 17 mil muertes en la Cuba de Castro; el New York Times, siempre más benévolo con él, habla de 5.500 fusilamientos. Pero acá los 3.197 muertos durante el Gobierno Militar, el 60% de los cuales, es decir, 1.800, cayeron entre el 11 y el 31 de diciembre de  1973, son “crímenes cometidos bajo el Gobierno Militar”, siendo que éste debió enfrentarse a no menos de veinte mil guerrilleros (diez mil reconocidos por Altamirano y doce mil venidos del extranjero, según la OEA, incluidos 5.600 cubanos reconocidos por la embajada de ese país); e incluyendo en la cifra 423 muertos a manos de la guerrilla de izquierda.

          Algo anda mal, muy mal. ¿Cómo puede compararse un Gobierno Militar que entregó el poder y que se estableció a petición de la mayoría democrática, al cual el principal jurista democratacristiano, Alejandro Silva Bascuñán –para no hablar de los juristas de derecha-- declaró “legítimo” en un acuerdo del Colegio de Abogados que él presidía y publicado en la Revista de Derecho y Jurisprudencia de octubre de 1973, con una dictadura comunista que llegó al poder por las armas y eliminando a sus adversarios en “el paredón”; que estableció un régimen totalitario sin elecciones, sin prensa y sin salida democrática todavía, 57 años después?

El otro día me convidaron a un foro en un canal de TV (todavía no me explico por qué no me “desconvidaron” a última hora, como es lo habitual) y me encontré con la sorpresa de que la teleaudiencia, mayoritariamente, se pronunció por la alternativa de que el modelo cubano de Fidel Castro “seguirá siendo un modelo a seguir”. ¿Qué esperanza tenemos, entonces? Ellos pueden continuar falseando la historia, atropellando los derechos humanos, arruinar al país y permanecer siendo “el modelo a seguir”, mientras nosotros no podemos ni siquiera reivindicar la verdad, porque “le hace mal al país”.

          En “La Salida”, el más reciente libro de Allamand –quien en estos días es mencionado como posible sustituto de Piñera si éste se retira, a raíz de haberse descubierto una enésima irregularidad de su parte— se deja constancia de que, para ellos, “la derecha” en Chile no existe. El espectro llega hasta “la centroderecha”, donde está él, Allamand, y cuya receta resumida es “adoptar el legado de Aylwin”, junto con Piñera el principal denigrador del Gobierno Militar y perseguidor ilegal de los uniformados que combatieron el terrorismo, completamente olvidados todos ya de la frase que le dijo el presidente de la Corte Suprema, Rafael Retamal, en 1974, al mismo Patricio Aylwin: “Mire, Patricio, los extremistas nos iban a matar a todos. Ante esta realidad, dejemos que los militares hagan la parte sucia. Después llegará la hora del derecho”. Entonces Aylwin, menos de 20 años después, se alió con los comunistas, condenó urbi et orbi a los militares en el Informe Rettig y pidió a la Corte Suprema no aplicarles la amnistía (que ya había beneficiado a los terroristas de izquierda), lo que culminó cuando dicha Corte Suprema renunció a aplicar las leyes (como lo confesó en su oficio de 27 de marzo de 2015, al decir que “la legislación chilena no tiene delitos adecuados a esa realidad”, la necesidad de condenar a militares por delitos inexistentes y hechos amnistiados y prescritos), e inventó los “delitos de lesa humanidad” y la ficción jurídica del “secuestro permanente”.

          ¿Qué hizo el Colegio de Abogados, regido por una mayoría de “centroderecha”, ante este flagrante atropello a las leyes? Nada. Peor: lo encubrió, según veremos. ¿Cómo comparar el Colegio de Abogados presidido en 1973 por Alejandro Silva Bascuñán, que declaraba legítimo el Pronunciamiento, con el Colegio de Abogados de hoy, que rechazó publicar en su revista un artículo mío (siendo yo abogado y afiliado al Colegio) que criticaba un fallo de la Corte Suprema que sostenía la mentira flagrante de que cinco oficiales de la Armada mantenían secuestrado hasta hoy a un extremista de izquierda con entrenamiento militar en Cuba, muerto en 1973? A propósito, yo publiqué en este blog el 27 de marzo de 2015 ese artículo y ha merecido hasta hoy casi dos mil visitas.


          ¿Pero qué sacamos con ganar en todas las cifras, mostrar un resultado tanto mejor en todo, incluido el tema de derechos humanos, si tenemos en contra a la propaganda, a la propia “centroderecha”, a un Colegio de Abogados “nuestro” y hasta a nuestros mejores espadachines de la palabra escrita diciendo que le hace mal al país rescatar la verdad sobre el gobierno militar?

domingo, 27 de noviembre de 2016

Borrador Para Discurso en Enade


          Distinguidas miembras y miembros de Enade:

Les agradezco que me hayan invitado a presidir esta reunión.

El que acaba de decir “se autoconvidó” es un miserable.

Quiero hacer un breve recuento de lo que he hecho por nuestra patria, que es lo que más amo en la vida, después de mi persona. Por patriotismo inauguré la gran bandera chilena frente a La Moneda, diciendo que era la misma con que “hemos cubrido tantas veces los féretros de nuestros mártires”.

Fue el año del bicentenario y, como también dije entonces, “son muy pocos los países en el mundo, se cuentan con los dedos de unas pocas manos, los que han tenido el privilegio de celebrar 500 años de vida independiente, como hemos tenido los chilenos.”

Fue el año del tusunami, del marepoto que sacudió nuestras costas. Las gabiotas volaban aterrorizadas. En esa época fui a la isla donde vivió cuatro años Robinson Crusoe, según relata el libro de Wilhem Dafoe. Después viajé al sur, donde vi a las machis alimentar el laurel, su árbol sagrado.

El que dijo “es el canelo” es un miserable.

Ese mismo año hablé de los poetas que nos dejaron, como Vicente Huidobro o Pablo de Rokha o el gran antipoeta Nicanor Parra.

El que dijo “Parra está vivo” es un miserable.

Después rescaté a los mineros y al salir el primero anuncié: “Florencio Ceballos, el primer minero, está con nosotros”.

El que dijo “Florencio Ávalos” es un  miserable.

Y cuando inauguré la Cápsula Bicentenario preví que “pronto estaremos viajando no solamente entre continentes, sino a todos los planetas de nuestra galáctea.”

El que dijo “galaxia” es un miserable.

He viajado representando a Chile y me senté en el escritorio de Obama, en la Sala Oval, y tomé el teléfono rojo de los cohetes atómicos, pero no me sabía la clave para lanzar uno. Después estuve con la Reina Isabel y, tomándola del brazo, que no sé por qué dicen que no se debe hacer, pues ella no me dijo nada, le mostré el papelito de los mineros y le regalé unas rocas de la mina. Y después en Francia estuve con Fillon y en su oficina me puse a mirar Los Inválidos y a cantar “Je ne regrette rien”, cosa que él dijo que ningún otro gobernante visitante había hecho antes y yo entonces también le pasé el papelito de los mineros. En Alemania les recordé lo de “Deutschland über alles” que me enseñaron cuando chico en el Verbo Divino y no sé por qué se molestaron. Es que mi fuerte no es la historia.

Cuando fui senador y presidente de Renovación Nacional practiqué la política de los acuerdos con Aylwin, el principal de los cuales, para mí, fue el que me permitió comprar las acciones de LAN que tenía la CORFO. Las tuve que vender cuando era Presidente, y creí que había perdido plata, pues antes habían estado más caras. Pero después se fusionaron con TAM, lo que fue un desastre, y bajaron mucho más, así es que, en definitiva, hice muy buen negocio y hoy la plata que saqué al venderlas es el 60 por ciento de mi fortuna y la tengo en Islas Vírgenes. Por eso añoro la “política de los acuerdos”.

Ahora me han criticado que comprara acciones de una pesquera peruana cuando era Presidente y teníamos un litigio con Perú. Pero lo hice exclusivamente por un sentimiento de aprecio al Perú, que es de donde viene mi familia paterna. Ese ancestro explica varios rasgos de mi carácter.

El que dijo “sobre todo lo enredoso” es un miserable.

Quiero decir unas palabras por la muerte de Fidel Castro, que me acompañó en el club de las grandes fortunas que confecciona Forbes. En realidad, la de él es menor que la mía, pero su isla de Cayo Piedra, con una mansión impresionante, muelles y yates, sin duda vale más que mi Parque Tantauco. Y todavía no tengo un yate como su Aquarama II, que describe su ex guardaespaldas Juan Reinaldo Sánchez. Le fui a dar la mano a Fidel en 1995 y le dije: “Dos potencias se saludan”, pero parece que no sabía bien con quién estaba tratando.

Creo que no podré asistir a sus funerales, como lo hice al de Hugo Chávez, en el cual estuve de pie al lado del féretro, como guardia de honor, pero sólo mientras filmaban las cámaras.

Siempre he tenido buenas relaciones con los comunistas y eso me permitió, en mis malos días, remontar en las encuestas. A la muerte de Volodia Teitelboim lo proclamé “un gigante de la historia de Chile”. A Gladys Marín la ayudé a financiar su tratamiento. A Guillermo Teillier lo llevé en mis viajes presidenciales al exterior. Y les di un gran gusto al aumentar el número de querellas contra los militares de 300 a mil 300, y trasladarlos del penal Cordillera a Punta Peuco. Mantuve como funcionario de mi confianza al doctor mirista Patricio Bustos, director del Instituto Médico Legal. Mantuve el financiamiento del Instituto de Derechos Humanos, del Museo de la Memoria de izquierda y la oficina perseguidora de militares del Ministerio del Interior. Por eso Javiera Parada me elogió públicamente y subí en las encuestas. Y por eso no puedo entender la querella del diputado Hugo Gutiérrez en mi contra.

Agradezco a ustedes su acogida aquí hoy, porque a otros empresarios acusados de colusión no les darían tribuna; en cambio en mi caso, en que mi empresa LAN fue condenada en Estados Unidos por colusión, ustedes no han tenido inconveniente en dármela. Lo mismo en el caso de empresarios que compran acciones con información privilegiada, ustedes han dicho que no se sentarían en una mesa con ellos, pero han tenido la generosidad de sentarse conmigo después de haber sido condenado en 2008 por la famosa compra de acciones de la misma LAN apenas se dieron a conocer los estados financieros que las hicieran subir de precio y antes de que lo supiera el mercado.

Les agradezco no haber hecho caso a las acusaciones de haber pagado coimas en Argentina, tras hablar con Kirchner, que a su vez me mandó a hablar con su ministro Ricardo Jaime, hoy preso, con quien me entendí muy bien. Los norteamericanos fueron menos comprensivos que los argentinos y nos impusieron 22 millones de dólares de multa.

Lo mismo les agradezco su comprensión ante los cambios de opinión de los diputados de la Concertación que votaron en mi favor para absolverme en el caso de la compra con información privilegiada y en el caso de la acusación por no abstenerme, siendo Presidente de la República, en el caso Cascadas. Debo reconocer que algo tengo que lleva a mis adversarios a votar a mi favor en momentos críticos.

El que dijo “plata” es un miserable.

Creo que la explicación reside en que hay personas en favor de las cuales los astros parecen alinearse. Alejandro Magno, Julio César y Napoleón se me vienen a la mente. Cuando en los ’80 quebró el Banco de Talca, del cual yo era gerente, se me acusó de haber formado sociedades para pedir prestada plata al mismo banco y comprar sus acciones, pero la Corte Suprema me liberó a mí, mientras los otros socios de esas sociedades fueron presos. Al alegato en la Corte Suprema asistieron mi tío obispo, Bernardino, que hoy tiene más de cien años y cuyos genes llevo, así es que apróntense; mi tío Herman Chadwick, Conservador de Bienes Raíces; mi padre, José Piñera, ex alto funcionario y diplomático; y mi madre, Pichita Echenique, que era de las mejores familias y siempre me dijo “mi chatito de oro”. En lo segundo acertó, pero en lo primero no, porque últimamente he crecido de 1.68 a 1.73.

Y además me ayudó ante la Corte la entonces ministra Mónica Madariaga, que después dijo haber pronunciado un elocuente “alegato nocturno” en mi favor.

En la campaña del 2009 dijeron que yo en el tiempo del proceso del Banco de Talca había estado prófugo 23 días, pero en “El Mercurio”, que siempre dice la verdad, mi abogado probó a página entera que, pese a haber habido orden de detención en mi contra y un detective buscándome, nunca fui un prófugo. No recuerdo sus argumentos porque no eran sencillos.

También los astros se han alineado en mi favor en el caso de los paraísos fiscales, porque la UDI decidió bajar a su candidato presidencial Laurence Golborne en 2013 cuando se supo que tenía una sociedad con dos millones de dólares en Islas Vírgenes, pese a haberme llevado a mí como candidato presidencial antes, en 2009, teniendo entonces y desde 1997 una sociedad en Islas Vírgenes que maneja la mayor parte de mi fortuna de dos mil 500 millones de dólares, que está en el exterior. Los astros se alinean en favor de los grandes líderes. Y la UDI me volverá a proclamar el próximo año, con paraíso fiscal y todo, porque Golborne es una cosa y yo otra. Y, como ha dicho Lavín, “lo demás es música”. Y las facturas falsas podrán afectar a MEO, pero no a mí.

Ustedes han dado muestras de haber comprendido que el destino juega en mi favor y me han invitado a presidir esta tribuna. No se arrepentirán, porque prueban haber entendido que siempre se debe estar del lado de los triunfadores y el pueblo así lo señala en las encuestas.

He dicho.