“Setting the
record straight”, como dice “Time” (aunque no siempre lo cumple, como cuando
publicaba falsedades sobre el Gobierno Militar chileno): este blog, cuando se
equivoca, debe repararlo, y anteayer sugerí que si MB daba un paso al costado
después del 11 de marzo y el Congreso designaba a Lagos como su sucesor para “ordenar
las cosas aquí” (según él dice que le pide la gente) éste podría después presentarse
como alternativa presidencial al mal mayor para el país, Sebastián Piñera. Pues
bien, me equivoqué: la Constitución impide que el designado por el Congreso se
presente como candidato. Luego, debería ser otro, para que Lagos pueda
presentarse como “mal menor” y salir elegido con, entre otros votos, el mío, si
la alternativa fuere Piñera.
Hecha la
rectificación, puedo informar que ayer pasé unas horas en Punta Peuco, con los
militares que salvaron al país del golpe armado marxista y que Chile, en
agradecimiento, ha confinado ilegalmente en un penal, en la mayoría de los
casos de por vida, porque ya son octogenarios o casi y las penas impuestas por
los jueces de izquierda que querían llegar a la Suprema (la mayoría lo logró)
son absurdamente largas y exceden de su expectativa de vida.
El comandante
(r) Cáceres, de la Armada, condenado a cinco años y un día por un delito
inventado por la sala penal de Juica y Cía., el de “no haber estado ahí”, me
abrazó, apoyándose en su bastón y comentamos, una vez más su “delito”. Pues yo me
había burlado de las numerosas condenas a militares por el solo hecho de “haber
estado ahí”, sin probarles ningún ilícito. Pero Cáceres había sido ya trasladado
del cuartel Ancla 2 cuando estuvo detenido allí en 1973 un extremista entrenado
en Cuba que después murió. La sala penal, integrada por el abogado Luis Bates,
redactor del fallo, condenó a cinco oficiales en virtud de una “ficción
jurídica”, como la que, con tanta gracia, confesara el juez Solís en TV, y les
aumentó la pena remitida de 541 días con que venían de primera instancia y
Apelaciones, a cinco años y un día efectivos, acogiendo lo solicitado en el
recurso de casación interpuesto por el Departamento de DD. HH. del Ministerio
del Interior del mayor perseguidor de los salvadores de Chile, Sebastián Piñera.
También debo
dejar constancia de otra rectificación, que me formuló el suboficial (r) de
Carabineros, Gamaliel Soto, cuya condena a diez años y un día le fue impuesta,
comenté yo en columna de hace unos meses, por el “delito” de haber trasladado a un matrimonio de médicos
miristas hace más de cuarenta años, de una comisaría a un cuartel de la FACH,
entregándolos sanos y salvos. El ministro Carlos Cerda, haciendo méritos para ascender
a la Suprema (lo que logró) le impuso diez años de condena al suboficial,
referí yo. Pues bien, debo rectificar eso: el suboficial (r) me refirió que él
ni siquiera trasladó al matrimonio, al cual conocía por residir en la misma
ciudad, sino que se limitó a atenderlo, proporcionándole alimentación y abrigo,
en el cuartel policial. Quien trasladó a la pareja fue personal de la FACH. Así
es que la figura penal por la cual cumple diez años y un día es la de “proporcionar
alimentación y abrigo a un matrimonio extremista”. Hecha esta segunda rectificación.
Mientras yo
recibía estos antecedentes, en las proximidades yacía con sus muletas al lado
otro preso octogenario que, me dijeron, estaba afectado de cáncer terminal (¿Lorena Fries hará algo por sus derechos humanos?). Finalmente no alcancé a
acercarme a él porque se me aproximaron numerosos presos políticos para que les
firmara libros míos que les llevé de regalo y cuya lectura, espero, no les
agrave las penosas condiciones de cumplimiento de sus penas.
Terminada la
visita, me reafirmé en la mala opinión que tengo del país actual y de la
mayoría de sus habitantes. Y ella cae a sus niveles más bajos cuando visito a
los presos políticos de Punta Peuco, sobre todo al leer que hay un trío de
mujeres odiosas (Michelle Bachelet, Isabel Allende y Javiera Blanco, autora del
famoso e ilegal úkase “los violadores de derechos humanos no tienen derecho a
beneficios penitenciarios”), discurriendo alguna fórmula para trasladarlos a una
cárcel peor e incrementar sus injustas penalidades.