Ahora lo que falta es que salga elegida la candidata a alcaldesa que quiere cambiarle el nombre a la Avenida 11 de Septiembre.
Uno de los que hoy mandan en Chile, el diputado comunista Hugo Gutiérrez, está exigiendo hasta el cambio de nombre del buque "Almirante Merino", además de borrar el de Pinochet de todas partes, cosa que me parecía que ya sus compañeros de ruta, los kerenskys y los arrepentidos y tránsfugas habían hecho. Al parecer, Gutiérrez sabe de algunos vestigios con los cuales quiere terminar de una vez por todas.
Mañana estoy convidado a dos almuerzos de los "restos náufragos" de los que apoyamos el 11 de septiembre, votamos "sí" en 1988 y no nos hemos dado vuelta la chaqueta ni arrepentido ni transfigurado ni mimetizado ni disfrazado ni convertido en seguidores de los del "no", que ahora lideran al grueso de las que fueron nuestras huestes y derraman lágrimas de emoción cuando se refieren a las Comisiones Rettig o Valech, formadas para lavar cerebros, o cuando visitan el Museo de la Memoria Marxista.
Obviamente, podré ir a uno solo de esos almuerzos, el de los que me convidaron primero. Pero al otro mandaré un mensaje diciendo, supongo, palabras de desaliento y de decepción sobre Chile y los chilenos, como éstas.
Hoy un amigo de avanzada edad, pero de mente preclara, me pidió que fuera a verlo y a conversar con él, para expresarme su pasmo por el hecho de que en el Chile de hoy los agredidos hubieran sido y estuvieran siendo juzgados y condenados por los agresores. Tiene razón, pues es, ni más ni menos, lo que ha sucedido. Comunistas y socialistas, los primeros más soterradamente, como acostumbran obrar; y los segundos de manera explícita, en sus sucesivos congresos partidarios de los '60 y '70, nos anunciaron que iban a destruir por las armas el "Estado burgués", que era como catalogaban al régimen democrático entonces imperante. Y se armaron para ello y se empeñaron en hacerlo efectivo. Tenían veinte mil hombres en armas para ese propósito. Y ahora resulta que, traiciones, olvidos y lavados de cerebros mediante, se han convertido en "víctimas", han medrado económicamente de esa condición, cosechando centenares de millones de dólares anuales en compensaciones a costa de los contribuyentes, y han metido presos --y siguen haciéndolo-- a los uniformados que cumplieron, a instancias de la mayoría democrática, la misión de combatirlos y salvar a la Patria de desaparecer. Porque esto habría sucedido si el modelo soviético se hubiera instalado en ella y la hubiera puesto al servicio de la URSS.
Como los que no nos hemos olvidado de todo no podemos manifestarnos públicamente, porque los rojos que ejercen de hecho el poder nos agreden con entera impunidad; y como somos, a estas alturas, muy pocos, nos reunimos a almorzar el 11 y comentamos privadamente nuestras verdades, las mismas que ya no tienen cabida en los medios masivos, todos "políticamente correctos".
Dos almuerzos privados, no muy concurridos, tampoco. Es lo que queda del 11. Pero la Historia con mayúscula, la que no se ha escrito todavía, dirá, por fortuna, que lo que quedó fue bastante más que eso.
lunes, 10 de septiembre de 2012
sábado, 8 de septiembre de 2012
CASEN y el Ejército Después de la Borrasca
Al fin y al cabo estamos en Chile, donde pasa cualquier cosa. Yo nunca he creído en la CEPAL porque es de izquierda. Y lo digo sobre todo porque una vez fui a buscar un libro a su biblioteca para una investigación y un upeliento que estaba a cargo de traerlos perdió mi solicitud adrede, después de hacerme esperar media hora. Así es que me fui sin reclamar y sin ver el libro, sabiendo que los de derecha en este país estamos fregados. Pero juré vengarme alguna vez por escrito, y lo hago ahora.
Bueno, la misma CEPAL de izquierda liquidó al Gobierno Militar con la primera CASEN de 1987 donde, usando un precio artificialmente alto y estacional de los limones, de gran ponderación en su canasta, fabricó para la publicidad política varios millones de pobres que a lo mejor hicieron perder el plebiscito de 1988. Fue la contribución cepaliana al triunfo del "no".
Sea como fuere, nunca los gobiernos discutieron los resultados de la CASEN que daba la CEPAL, hasta este V de la Concertación.
Uno no debe creer en los rumores, pero en "La Tercera" hace un tiempo salió que la pobreza en la CASEN venía igual y el gobierno estaba preocupado. Tal cual. Poco después, el gobierno recibió de la CEPAL el índice con 15% de pobreza y seguro que el presidente le dijo a su gente que eso no era aceptable y que hicieran algunas "piñericosas". Las hicieron y bajaron la pobreza a 14,4%, sin publicar el margen de error de la encuesta ni entregar la base de datos. Bueno, dimes y diretes de por medio, la borrasca ya pasó. Yo personalmente creo que la pobreza tiene que haber bajado entre 2009 y 2011, porque el primero fue año de recesión y el segundo de recuperación, pero que han pasado cosas raras con la CASEN no cabe duda, como que todavía, dos meses después de los anuncios, el gobierno no entrega la base de datos ni el margen de error definitivo.
Otra borrasca que pasó, y rápido, fue la del instructivo interno del Ejército para fijarse bien de no admitir en la institución a "quienes presenten problemas de salud física, mental, socioeconómica, delictuales, consumidores de drogas, homosexuales, objetores de conciencia y Testigos de Jehová". Es obvio que toda esa gente es un problema para una institución de ese carácter y que debe ser de excelencia. Y en cada caso se pueden enumerar las razones. Pero como ahora el Ejército y toda la Defensa Nacional tienen que estar dedicados a defender las posibilidades presidenciales del ministro, el Comandante en Jefe ha aparecido pidiendo perdón por el instructivo y Hinzpeter, que es vicepresidente mientras Piñera hace esfuerzos por fotografiarse con Putin en Vladivostck, ha despedazado el instructivo con una energía digna de emplearse contra los terroristas.
Seguramente van a echar al general que intentó tener gente de primera calidad en sus filas.
Sobre todo que, a propósito de discriminación, ¿quién dijo "esta boca es mía" cuando el ministro de Defensa exoneró a una serie de oficiales en retiro que eran asesores, por el sólo hecho de "haber estado" en la DINA o la CNI? ¿No fue eso una discriminación arbitraria? Porque esas personas no estaban procesadas ni condenadas.
Más aún, fue marginado un asesor, el general (r) Orlando Carter Cuadra, ¡por razones de parentesco político!: ser yerno de un ex Director de la DINA. ¿Es eso o no una discriminación odiosa? "Su suegro no me gusta, así es que váyase". Propio de un "patrón de fundo", como dicen ahora. Y nadie dijo nada.
Pero aunque nadie haya dicho nada, yo creo que se está notando que la familia militar no está votando por el presidenciable del ministerio en las encuestas, como que en la última CEP apareció con 2% y ya lo alcanzó Franco Parisi.
Bueno, la misma CEPAL de izquierda liquidó al Gobierno Militar con la primera CASEN de 1987 donde, usando un precio artificialmente alto y estacional de los limones, de gran ponderación en su canasta, fabricó para la publicidad política varios millones de pobres que a lo mejor hicieron perder el plebiscito de 1988. Fue la contribución cepaliana al triunfo del "no".
Sea como fuere, nunca los gobiernos discutieron los resultados de la CASEN que daba la CEPAL, hasta este V de la Concertación.
Uno no debe creer en los rumores, pero en "La Tercera" hace un tiempo salió que la pobreza en la CASEN venía igual y el gobierno estaba preocupado. Tal cual. Poco después, el gobierno recibió de la CEPAL el índice con 15% de pobreza y seguro que el presidente le dijo a su gente que eso no era aceptable y que hicieran algunas "piñericosas". Las hicieron y bajaron la pobreza a 14,4%, sin publicar el margen de error de la encuesta ni entregar la base de datos. Bueno, dimes y diretes de por medio, la borrasca ya pasó. Yo personalmente creo que la pobreza tiene que haber bajado entre 2009 y 2011, porque el primero fue año de recesión y el segundo de recuperación, pero que han pasado cosas raras con la CASEN no cabe duda, como que todavía, dos meses después de los anuncios, el gobierno no entrega la base de datos ni el margen de error definitivo.
Otra borrasca que pasó, y rápido, fue la del instructivo interno del Ejército para fijarse bien de no admitir en la institución a "quienes presenten problemas de salud física, mental, socioeconómica, delictuales, consumidores de drogas, homosexuales, objetores de conciencia y Testigos de Jehová". Es obvio que toda esa gente es un problema para una institución de ese carácter y que debe ser de excelencia. Y en cada caso se pueden enumerar las razones. Pero como ahora el Ejército y toda la Defensa Nacional tienen que estar dedicados a defender las posibilidades presidenciales del ministro, el Comandante en Jefe ha aparecido pidiendo perdón por el instructivo y Hinzpeter, que es vicepresidente mientras Piñera hace esfuerzos por fotografiarse con Putin en Vladivostck, ha despedazado el instructivo con una energía digna de emplearse contra los terroristas.
Seguramente van a echar al general que intentó tener gente de primera calidad en sus filas.
Sobre todo que, a propósito de discriminación, ¿quién dijo "esta boca es mía" cuando el ministro de Defensa exoneró a una serie de oficiales en retiro que eran asesores, por el sólo hecho de "haber estado" en la DINA o la CNI? ¿No fue eso una discriminación arbitraria? Porque esas personas no estaban procesadas ni condenadas.
Más aún, fue marginado un asesor, el general (r) Orlando Carter Cuadra, ¡por razones de parentesco político!: ser yerno de un ex Director de la DINA. ¿Es eso o no una discriminación odiosa? "Su suegro no me gusta, así es que váyase". Propio de un "patrón de fundo", como dicen ahora. Y nadie dijo nada.
Pero aunque nadie haya dicho nada, yo creo que se está notando que la familia militar no está votando por el presidenciable del ministerio en las encuestas, como que en la última CEP apareció con 2% y ya lo alcanzó Franco Parisi.
jueves, 6 de septiembre de 2012
Primarias: Un Caro Ejercicio de Ridículo
Las instituciones más desprestigiadas del país, según la reciente encuesta CEP, son los partidos políticos. Y estas instituciones quieren ahora darse un gusto muy caro, a costa de los contribuyentes, por supuesto: un ejercicio publicitario que permita a sus líderes ocupar las pantallas y las primeras planas durante largas semanas, ganando cada uno para sí “presencia publicitaria” y “nivel de conocimiento” (lo que siempre creen bueno para sus futuras aspiraciones.)
En efecto, quieren instituir –como si el país no tuviera ya suficientes elecciones— más elecciones pagadas por el erario, las “primarias”.
Éstas, en la práctica, no sirven para nada que no sea el exhibicionismo de los políticos. Porque si usted gana una primaria no accede a ningún cargo para desempeñar ninguna función necesaria, sino que sólo queda habilitado para ser candidato. Pero en una verdadera democracia, casi cualquiera debería poder ser candidato a cargos públicos, con sólo presentarse y competir. Claro, la chilena no es una democracia, sino una partitocracia duopólica, en que la legislación (no la Constitución) impide que cualquiera pueda ser candidato, porque los nombres de los postulantes los resuelven casi exclusivamente los partidos. La única reforma electoral que se requiere acá debería consistir en que cualquiera pudiera levantar una candidatura y ser electo, si obtuviere más votos que su más próximo contendor (y si quieren segunda vuelta, está bien).
Las primarias sólo se justifican en grandes países federales, como los Estados Unidos, en que cada uno de medio centenar de estados deben ponerse de acuerdo internamente acerca de qué candidato de los dos grandes partidos va a apoyar. Pero en las elecciones presidenciales norteamericanas hay libre competencia y suelen presentarse casi veinte otros candidatos. Las primarias sólo sirven a los dos grandes partidos.
En Chile, país unitario y de características muy diferentes, las primarias obligatorias consagradas por ley sólo constituirían un ejercicio de ridículo tan grande como el que ya tuvo lugar en elecciones anteriores, cuando las hubo voluntarias. ¿No fue ridículo el esfuerzo de Ricardo Lagos por ganarle a Eduardo Frei, en 1993, cuando todas las encuestas le concedían a este último una enorme ventaja? Por cierto que lo fue. Igualmente resultó ridícula la primaria entre Ricardo Lagos y Andrés Zaldívar en 1999, cuando todas las encuestas señalaban que el primero multiplicaba al segundo. Tan ridícula estaba siendo la que libraron Michelle Bachelet y Soledad Alvear, que la segunda, en un gesto de dignidad (y de razonable cálculo económico, porque las primarias sin ley deben pagarlas quienes las convocan, que es como debe ser) se retiró a medio camino. Y la última incursión en el ridículo fue la que protagonizó José Antonio Gómez en 2009, que estiró al extremo los límites del absurdo cuando la primaria que provocó resultó sólo favorable para el candidato adversario, Piñera (“estás destruyendo la Concertación, #&*#j!”, le dijo con toda razón Escalona a Gómez entonces.)
Y ahora ¿no sería también inconducente y ridícula una primaria en la oposición, cuando Bachelet aparece con el 50% de las preferencias, mientras sus competidores no sobrepasan el 5%?
No tanto, pero sí suficientemente ridícula sería una primaria en el oficialismo, donde Golborne tiene un 62% de aprobación, contra 44% de Allamand y 27% de Longueira; donde el rechazo a Golborne es 12%, a Allamand 21% y a Longueira 38%.
Y cuando la CEP le consultó al electorado de derecha quién le gustaría que fuera Presidente, un 26% votó por Golborne, un 7% por Allamand y un 2% por Longueira ¡en empate con Bachelet! (la derecha siempre esconde sorpresas…)
¿Para qué dictar una “ley de primarias” entonces? ¿Para poder fundar el Ministerio de las Primarias y su Subsecretaría, con cuatro mil funcionarios de planta, oficina de partes, sección reclamos, casino, sala-cuna, estadio y FETRAPRIMCH (Federación de Trabajadores de Primarias de Chile), todo un legado perenne del gobierno de Sebastián Piñera a las futuras generaciones?
Si a alguien le cabe duda de que los partidos políticos merezcan estar en el último lugar del escalafón del aprecio ciudadano, no debería quedarle ninguna si ellos salen adelante con su ridículo proyecto de hacernos pagar a los contribuyentes un prolongado período de exhibicionismo político inútil y caro, conocido como “elecciones primarias obligatorias”.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
El Cuento de la Tía
Las atrocidades judiciales que se cometen --y cada día son más-- en nuestro medio contra los uniformados en retiro que debieron enfrentarse a los veinte mil terroristas de extrema izquierda que se aprestaban a dar el zarpazo final a nuestra democracia, según lo contemplado en el Plan Z, reproducido en el Libro Blanco Sobre la Intervención Militar en Chile, no alcanzan a la gran prensa ni a los medios masivos, pues se trata de un tema "políticamente incorrecto". Las demasías de todo orden en ese aspecto son denunciadas por los "zamiszdats" (diarios clandestinos rusos de la era comunista) chilenos, entre los que se cuenta este blog y otros más, en particular el diario digital "Chile Informa", que, como no obtiene ningún patrocinio de los empresarios que fueron salvados por el régimen militar, demanda una suscripción modesta de $2.500 mensuales.
En "Chile Informa" me he enterado de una exquisitez de la justicia chilena de extrema izquierda, personificada por el ministro de la Corte de Apelaciones Alejandro Solís, un personaje legendario por la "sans-facon" (perdón por la falta de tilde inferior en la "c") con que se ríe del derecho chileno cuando condena a militares, y que ahora le ha puesto una guinda a su torta de arbitrariedades que tienen a numerosas personas de intachables antecedentes tras las rejas sin fundamento legal. El caso de Solís debería merecer alguna atención de la prensa, porque desde los años '70 el Gobierno Militar hizo notar a la Corte Suprema la inconveniencia de que hubiera un magistrado con tantas implicancias con el MIR y la extrema izquierda, situación en la cual el entonces presidente del máximo tribunal, don Enrique Urrutia, explicó al Presidente de la Junta, Augusto Pinochet, que él velaría por la imparcialidad de la conducta de Solís, a quien se impuso en ese entonces una sanción, de la cual se perdió, con el tiempo, hasta la menor huella, en el juzgado donde habría sido aplicada y hecha pública.
Solís se ha caracterizado por faltar a una obligación básica de todo juez en lo criminal, como es la de indagar con igual celo no sólo los hechos que agravan la responsabilidad de los inculpados, sino también los que les eximan de ella, la extingan o la atenúen. Por ejemplo, al brigadier Krassnoff lo ha condenado a años de presidio por detenciones en que no participó, por encontrarse en el extranjero, sin tomarse la menor molestia de indagar si efectivamente lo estuvo o no.
Pero ahora ha bastado que un sujeto haya sido procesado por estafa, por haberse beneficiado económicamente de la supuesta condición de ejecutado político de su padre, cobrando incluso el bono extraordinario de diez millones de pesos para hijos de cada "víctima de la dictadura" (bono que Michelle Bachelet también cobró puntualmente, pese a que su padre falleció por practicar un deporte contraindicado para su condición cardiaca), para que Solís lo haya dejado libre con "el cuento de la tía".
En el caso se comprobó que el individuo "víctima" había muerto el 18 de agosto de 1973 en Talcahuano, y como todavía la judicatura chilena no ha comenzado a culpar a Pinochet de los muertos anteriores al 11 de septiembre de 1973, quedó de manifiesto la estafa del hijo del supuesto "ejecutado político". Pero éste tuvo la suerte de que su caso llegara a las manos del ministro Solís, quien escrupulosamente indagó hasta encontrar que había sido una tía del beneficiario la que había tenido la "conducta propiamente delictiva" de hacerlo pasar como "víctima de la dictadura", y como la tía está, a la fecha, convenientemente fallecida, así el sujeto ha podido quedar libre de polvo y paja.
¡Que virtuosa y extrema diligencia de este magistrado para averiguar con celo los "hechos y circunstancias que eximan, extingan o atenúen" la resposabilidad de este inculpado! ¡Cuántos de los actuales presos políticos uniformados, que no tienen otro medio de protestar contra las iniquidades que el Plan Ahora, quedarían libres si ellos pudieran beneficiarse de la diligencia de los jueces para encontrar, como en este caso, no un "cuento de la tía", sino hechos reales que los eximen de responsabilidad y que los jueces de izquierda no han considerado.
En "Chile Informa" me he enterado de una exquisitez de la justicia chilena de extrema izquierda, personificada por el ministro de la Corte de Apelaciones Alejandro Solís, un personaje legendario por la "sans-facon" (perdón por la falta de tilde inferior en la "c") con que se ríe del derecho chileno cuando condena a militares, y que ahora le ha puesto una guinda a su torta de arbitrariedades que tienen a numerosas personas de intachables antecedentes tras las rejas sin fundamento legal. El caso de Solís debería merecer alguna atención de la prensa, porque desde los años '70 el Gobierno Militar hizo notar a la Corte Suprema la inconveniencia de que hubiera un magistrado con tantas implicancias con el MIR y la extrema izquierda, situación en la cual el entonces presidente del máximo tribunal, don Enrique Urrutia, explicó al Presidente de la Junta, Augusto Pinochet, que él velaría por la imparcialidad de la conducta de Solís, a quien se impuso en ese entonces una sanción, de la cual se perdió, con el tiempo, hasta la menor huella, en el juzgado donde habría sido aplicada y hecha pública.
Solís se ha caracterizado por faltar a una obligación básica de todo juez en lo criminal, como es la de indagar con igual celo no sólo los hechos que agravan la responsabilidad de los inculpados, sino también los que les eximan de ella, la extingan o la atenúen. Por ejemplo, al brigadier Krassnoff lo ha condenado a años de presidio por detenciones en que no participó, por encontrarse en el extranjero, sin tomarse la menor molestia de indagar si efectivamente lo estuvo o no.
Pero ahora ha bastado que un sujeto haya sido procesado por estafa, por haberse beneficiado económicamente de la supuesta condición de ejecutado político de su padre, cobrando incluso el bono extraordinario de diez millones de pesos para hijos de cada "víctima de la dictadura" (bono que Michelle Bachelet también cobró puntualmente, pese a que su padre falleció por practicar un deporte contraindicado para su condición cardiaca), para que Solís lo haya dejado libre con "el cuento de la tía".
En el caso se comprobó que el individuo "víctima" había muerto el 18 de agosto de 1973 en Talcahuano, y como todavía la judicatura chilena no ha comenzado a culpar a Pinochet de los muertos anteriores al 11 de septiembre de 1973, quedó de manifiesto la estafa del hijo del supuesto "ejecutado político". Pero éste tuvo la suerte de que su caso llegara a las manos del ministro Solís, quien escrupulosamente indagó hasta encontrar que había sido una tía del beneficiario la que había tenido la "conducta propiamente delictiva" de hacerlo pasar como "víctima de la dictadura", y como la tía está, a la fecha, convenientemente fallecida, así el sujeto ha podido quedar libre de polvo y paja.
¡Que virtuosa y extrema diligencia de este magistrado para averiguar con celo los "hechos y circunstancias que eximan, extingan o atenúen" la resposabilidad de este inculpado! ¡Cuántos de los actuales presos políticos uniformados, que no tienen otro medio de protestar contra las iniquidades que el Plan Ahora, quedarían libres si ellos pudieran beneficiarse de la diligencia de los jueces para encontrar, como en este caso, no un "cuento de la tía", sino hechos reales que los eximen de responsabilidad y que los jueces de izquierda no han considerado.
martes, 4 de septiembre de 2012
UN TRIUNFO DE LA CONCERTACIÓN
La Concertación siempre tuvo en su programa la idea de subir los impuestos. La Alianza no, pero ahora el gobierno de la Alianza (que en realidad no es de la Alianza, sino el gobierno de, por y para Sebastián Piñera) ha subido otra vez los impuestos.
La Concertación llegó al gobierno en 1990 aumentando el tributo a las empresas, de 10 a 15%. El alza iba a ser transitoria, dijo Aylwin, pero no lo fue. Luego lo subieron a 17%. Al final, cuando la Alianza creyó haber llegado al gobierno, según el brazo derecho del nuevo Presidente, Rodrigo Hinzpeter, lo hizo gracias a que el candidato había resuelto “abrazar las banderas de la Concertación”.
Como una de éstas es la de siempre, en toda circunstancia y con cualquier pretexto subir impuestos, en 2010 el nuevo gobierno los alzó a 18,5%, por un año, y después a 20%, por otro año. Iba a ser un alza transitoria, para volver al 17% al final, dijo el Presidente, para paliar los efectos del terremoto. Pero no fue verdad ni tampoco explicó cómo los particulares, que sufrieron el grueso de los efectos del terremoto, podían paliarlos si además de financiar su propia reconstrucción, debían dar fondos para la del ente más rico de todos, el Estado, dueño de 17 mil propiedades pero no dispuesto a desprenderse de ni una sola cuando tiene emergencias (ni tampoco cuando no las tiene).
Como no era verdad que el Presidente había consagrado un alza transitoria, cuando ella debía bajar a 18,5%, mandó otro proyecto para subirla para siempre a 20%. ¿Quién lo pedía? “La calle”, grupos de gente que vociferaba, destruía y amenazaba, exigiendo que subieran los impuestos. Porque ni esta alza ni la anterior estaban en el programa de gobierno. La gente que formaba los “grupos Tantauco”, nombre del fundo del dueño del cuento (lo que ya dice mucho acerca de a quién pertenece este gobierno), tenía la convicción de que un peso en manos de los particulares contribuye más al crecimiento del país y, por tanto, al empleo y enriquecimiento de todo chileno, que un peso en manos del Estado.
Por supuesto, todos los empresarios decían (y dicen, pero ahora en voz baja) lo mismo, que por lo demás es una gran verdad. Pero hoy día cruzan los dedos detrás de la espalda y dicen que el 20% está bien. Son los empresarios que tenemos, siempre dejando que les corten la mano para salvar el brazo.
Bueno, ahora se ha cumplido otra vez el mayor anhelo del Presidente Piñera, que es hablar por cadena nacional de radio y televisión a los chilenos y decirles lo felices que van a ser gracias a él y a que ahora ha conseguido sacarles a los particulares otros mil millones de dólares al año, o algo así, para que los use el Estado en crear nuevas oficinas, subsecretarías, superintendencias y ministerios. La educación, entonces, va a mejorar, asegura.
Es decir, la receta de la Concertación, pese a lo cual ésta no está feliz, porque quiere ser ella la que suba impuestos. Y ahora se apresta, en su próximo y eventual gobierno, a subirlos más. Por supuesto, habría preferido mil veces no tener que subirlos a más de 20%, porque gente como Andrés Velasco dice, dentro de ella, que eso no es bueno para el crecimiento ni el empleo. Pero Sebastián Piñera les ha subido la vara.
Cuando el impuesto a las empresas era 10% se invertía tanto que crecíamos a dos dígitos algunos años; cuando subió al 15% crecimos menos; y luego cuando subió al 17%, todavía menos. Ahora el 20% llegó para quedarse y nadie habla del 7% anual de crecimiento de la “década de oro”.
¿Y la educación? No va a mejorar, porque sólo lo hará de verdad cuando haya en ella más libertad y competencia y más particulares puedan invertir y trabajar enseñando; y cuando el dinero que hoy dilapida el monstruo estatal vaya a manos de familias con libertad para elegir colegios pagados, pues éstos son los mejores hoy, cuando sólo una minoría puede mandar sus hijos a ellos.
Y, en fin, el gobierno ha añadido otro pergamino a la voluminosa carpeta de antecedentes que justifican seguirlo llamando “V Gobierno de la Concertación”.
La Concertación llegó al gobierno en 1990 aumentando el tributo a las empresas, de 10 a 15%. El alza iba a ser transitoria, dijo Aylwin, pero no lo fue. Luego lo subieron a 17%. Al final, cuando la Alianza creyó haber llegado al gobierno, según el brazo derecho del nuevo Presidente, Rodrigo Hinzpeter, lo hizo gracias a que el candidato había resuelto “abrazar las banderas de la Concertación”.
Como una de éstas es la de siempre, en toda circunstancia y con cualquier pretexto subir impuestos, en 2010 el nuevo gobierno los alzó a 18,5%, por un año, y después a 20%, por otro año. Iba a ser un alza transitoria, para volver al 17% al final, dijo el Presidente, para paliar los efectos del terremoto. Pero no fue verdad ni tampoco explicó cómo los particulares, que sufrieron el grueso de los efectos del terremoto, podían paliarlos si además de financiar su propia reconstrucción, debían dar fondos para la del ente más rico de todos, el Estado, dueño de 17 mil propiedades pero no dispuesto a desprenderse de ni una sola cuando tiene emergencias (ni tampoco cuando no las tiene).
Como no era verdad que el Presidente había consagrado un alza transitoria, cuando ella debía bajar a 18,5%, mandó otro proyecto para subirla para siempre a 20%. ¿Quién lo pedía? “La calle”, grupos de gente que vociferaba, destruía y amenazaba, exigiendo que subieran los impuestos. Porque ni esta alza ni la anterior estaban en el programa de gobierno. La gente que formaba los “grupos Tantauco”, nombre del fundo del dueño del cuento (lo que ya dice mucho acerca de a quién pertenece este gobierno), tenía la convicción de que un peso en manos de los particulares contribuye más al crecimiento del país y, por tanto, al empleo y enriquecimiento de todo chileno, que un peso en manos del Estado.
Por supuesto, todos los empresarios decían (y dicen, pero ahora en voz baja) lo mismo, que por lo demás es una gran verdad. Pero hoy día cruzan los dedos detrás de la espalda y dicen que el 20% está bien. Son los empresarios que tenemos, siempre dejando que les corten la mano para salvar el brazo.
Bueno, ahora se ha cumplido otra vez el mayor anhelo del Presidente Piñera, que es hablar por cadena nacional de radio y televisión a los chilenos y decirles lo felices que van a ser gracias a él y a que ahora ha conseguido sacarles a los particulares otros mil millones de dólares al año, o algo así, para que los use el Estado en crear nuevas oficinas, subsecretarías, superintendencias y ministerios. La educación, entonces, va a mejorar, asegura.
Es decir, la receta de la Concertación, pese a lo cual ésta no está feliz, porque quiere ser ella la que suba impuestos. Y ahora se apresta, en su próximo y eventual gobierno, a subirlos más. Por supuesto, habría preferido mil veces no tener que subirlos a más de 20%, porque gente como Andrés Velasco dice, dentro de ella, que eso no es bueno para el crecimiento ni el empleo. Pero Sebastián Piñera les ha subido la vara.
Cuando el impuesto a las empresas era 10% se invertía tanto que crecíamos a dos dígitos algunos años; cuando subió al 15% crecimos menos; y luego cuando subió al 17%, todavía menos. Ahora el 20% llegó para quedarse y nadie habla del 7% anual de crecimiento de la “década de oro”.
¿Y la educación? No va a mejorar, porque sólo lo hará de verdad cuando haya en ella más libertad y competencia y más particulares puedan invertir y trabajar enseñando; y cuando el dinero que hoy dilapida el monstruo estatal vaya a manos de familias con libertad para elegir colegios pagados, pues éstos son los mejores hoy, cuando sólo una minoría puede mandar sus hijos a ellos.
Y, en fin, el gobierno ha añadido otro pergamino a la voluminosa carpeta de antecedentes que justifican seguirlo llamando “V Gobierno de la Concertación”.
lunes, 3 de septiembre de 2012
¡Derecha, oh Derecha!
La derecha puede no tener votos, pero ¡vaya que tiene argumentos! La sentencia de la Corte Suprema sobre la Central Castilla ha quedado literalmente pulverizada por ellos. El país entero está consciente ahora de dos cosas: que por culpa de la justicia de izquierda se va a quedar sin luz, y que la justicia de izquierda se ríe de las leyes y se sienta en ellas.
Es que la derecha defiende bien lo que tiene. ¡Vaya si sabe hacerlo! Pero no defiende lo que debe. Si no hubiera sido por los militares, hoy no tendría nada. Estaría viviendo en Miami, Madrid o Barcelona. Sería "la próspera colonia chilena". Tendría todo, menos patria.
Pero hubo unos que adelantaron sus propios cuellos y los pusieron en juego cuando las campanas tocaban a rebato porque la patria se incendiaba. Y la salvaron. ¿Quiénes fueron? Cualquiera puede ir a ver a muchos de ellos a Punta Peuco o al Penal Cordillera, pero muy pocos van. Y si alguien se va a sentar al Hospital Militar, ahí también puede ver llegar a salvadores de Chile, ancianos y enfermos, con pies y manos atados.
Son los "caídos tras las líneas enemigas", los más débiles de la sociedad, porque todo miembro del cuerpo social, aunque carezca de bienes materiales, tiene un derecho inalienable: el que le dan las leyes. Pues bien, los que salvaron a la patria y a la derecha no tienen siquiera ese derecho.
Tengo a la vista un artículo del profesor de Derecho Penal y Decano de la Universidad Finis Terrae, Miguel Schweitzer, publicado hace unos diez años en "El Mercurio", que es muy notable, porque dice que los principios básicos del derecho han sido abandonados en casos que se tramitan en nuestros tribunales. En los años transcurridos desde que lo publicó, se han multiplicado esos casos. ¿Y qué ha dicho o hecho la derecha, cuyos cañones hoy retumban en defensa de la Central Castilla? Bueno, si es que es verdad que la derecha llegó al Gobierno en 2010, lo que ha hecho es clavar muchos más puñales en las espaldas de los que la salvaron y agravar al extremo las iniquidades que denunciaba el Decano Schweitzer.
Él decía que había cuatro bases del derecho: la certeza jurídica, representada por la "cosa juzgada" y la prescripción; el principio de legalidad, según el cual no puede castigarse un delito si éste no ha sido descrito y penado por una ley; el de la irretroactividad de la ley penal, que nunca puede aplicarse a situaciones ocurridas con anterioridad a su promulgación, salvo que la nueva ley resultare más beneficiosa para el inculpado, en cuyo caso la aplicación retroactiva está permitida; y el principio de la presunción de inocencia, junto al denominado "in dubio pro reo", la duda favorece al reo. "Pues bien --concluía-- todos estos principios básicos del derecho, han sido abandonados en algunos casos que actualmente se tramitan en nuestros tribunales".
Bien por el profesor Schweitzer, porque muy pocas voces como la suya tuvieron el valor de alzarse para decir todas esas verdades. Y las estridentes baterías de la derecha, que han reducido a escombros el fallo sobre la Central Castilla, permanecieron prácticamente mudas a la hora de disparar en defensa de sus salvadores. Al contrario, como dije más arriba, llegada ella al Gobierno, se convirtió en su peor cuchillo, lo que permitió llevar las iniquidades de la venganza izquierdista desde tres centenares a más de mil.
El Decano Schweitzer terminaba su fundada y noble exposición con estas palabras: "El proceso de reconciliación de la gran mayoría de los chilenos exige, de manera urgente y necesaria, que sean los tribunales de justicia, encabezados por la Corte Suprema, ejerciendo el mandato constitucional de supervigilancia directiva, correccional y económica sobre los juzgados y cortes de la República, a través de sus resoluciones y autos acordados, (los que) rescaten la correcta interpretación y aplicación de los principios básicos en que se fundamenta el Estado de Derecho".
Gran petición y gran gesto, tras el cual, ni la Corte Suprema, ni la derecha (para qué decir el centro y la izquierda) dijeron o hicieron nada, salvo permitir que se siguiera haciendo tabla rasa de la legalidad.
Y se consumó ¡y sigue consumando a diario! la canallada.
Es que la derecha defiende bien lo que tiene. ¡Vaya si sabe hacerlo! Pero no defiende lo que debe. Si no hubiera sido por los militares, hoy no tendría nada. Estaría viviendo en Miami, Madrid o Barcelona. Sería "la próspera colonia chilena". Tendría todo, menos patria.
Pero hubo unos que adelantaron sus propios cuellos y los pusieron en juego cuando las campanas tocaban a rebato porque la patria se incendiaba. Y la salvaron. ¿Quiénes fueron? Cualquiera puede ir a ver a muchos de ellos a Punta Peuco o al Penal Cordillera, pero muy pocos van. Y si alguien se va a sentar al Hospital Militar, ahí también puede ver llegar a salvadores de Chile, ancianos y enfermos, con pies y manos atados.
Son los "caídos tras las líneas enemigas", los más débiles de la sociedad, porque todo miembro del cuerpo social, aunque carezca de bienes materiales, tiene un derecho inalienable: el que le dan las leyes. Pues bien, los que salvaron a la patria y a la derecha no tienen siquiera ese derecho.
Tengo a la vista un artículo del profesor de Derecho Penal y Decano de la Universidad Finis Terrae, Miguel Schweitzer, publicado hace unos diez años en "El Mercurio", que es muy notable, porque dice que los principios básicos del derecho han sido abandonados en casos que se tramitan en nuestros tribunales. En los años transcurridos desde que lo publicó, se han multiplicado esos casos. ¿Y qué ha dicho o hecho la derecha, cuyos cañones hoy retumban en defensa de la Central Castilla? Bueno, si es que es verdad que la derecha llegó al Gobierno en 2010, lo que ha hecho es clavar muchos más puñales en las espaldas de los que la salvaron y agravar al extremo las iniquidades que denunciaba el Decano Schweitzer.
Él decía que había cuatro bases del derecho: la certeza jurídica, representada por la "cosa juzgada" y la prescripción; el principio de legalidad, según el cual no puede castigarse un delito si éste no ha sido descrito y penado por una ley; el de la irretroactividad de la ley penal, que nunca puede aplicarse a situaciones ocurridas con anterioridad a su promulgación, salvo que la nueva ley resultare más beneficiosa para el inculpado, en cuyo caso la aplicación retroactiva está permitida; y el principio de la presunción de inocencia, junto al denominado "in dubio pro reo", la duda favorece al reo. "Pues bien --concluía-- todos estos principios básicos del derecho, han sido abandonados en algunos casos que actualmente se tramitan en nuestros tribunales".
Bien por el profesor Schweitzer, porque muy pocas voces como la suya tuvieron el valor de alzarse para decir todas esas verdades. Y las estridentes baterías de la derecha, que han reducido a escombros el fallo sobre la Central Castilla, permanecieron prácticamente mudas a la hora de disparar en defensa de sus salvadores. Al contrario, como dije más arriba, llegada ella al Gobierno, se convirtió en su peor cuchillo, lo que permitió llevar las iniquidades de la venganza izquierdista desde tres centenares a más de mil.
El Decano Schweitzer terminaba su fundada y noble exposición con estas palabras: "El proceso de reconciliación de la gran mayoría de los chilenos exige, de manera urgente y necesaria, que sean los tribunales de justicia, encabezados por la Corte Suprema, ejerciendo el mandato constitucional de supervigilancia directiva, correccional y económica sobre los juzgados y cortes de la República, a través de sus resoluciones y autos acordados, (los que) rescaten la correcta interpretación y aplicación de los principios básicos en que se fundamenta el Estado de Derecho".
Gran petición y gran gesto, tras el cual, ni la Corte Suprema, ni la derecha (para qué decir el centro y la izquierda) dijeron o hicieron nada, salvo permitir que se siguiera haciendo tabla rasa de la legalidad.
Y se consumó ¡y sigue consumando a diario! la canallada.
sábado, 1 de septiembre de 2012
PERDIDOS EN LA POLVAREDA
La mayoría de los chilenos está mucho menos perdida que el “establishment” nacional, entendiendo por tal a la gente que, sin ser de la farándula ni el deporte, hace noticia, opina en la televisión y en los diarios y pretende representar el “sentir nacional”. Esa “élite” está formada primordialmente por los políticos. Bueno, la última encuesta CEP revela que las tres personas que provocan más rechazo en la opinión pública abarcan a todo el espectro y están, a la vez, entre los más frecuentes protagonistas en los medios: personificando a la izquierda, Camilo Escalona, presidente del Senado; a la derecha, Carlos Larraín, presidente de RN; y al centro o centroizquierda, a elección, Sebastián Piñera, presidente de la República.
Lo que ellos dicen ocupa las primeras planas. Hablan a nombre del sentir nacional. Pero ¿interpretan ellos a la gente? Para nada. Están “perdidos en la polvareda”. La misma encuesta CEP nos indica que las instituciones más admirables y dignas de confianza del país no tienen nada que ver con esos personajes: el Cuerpo de Carabineros, las Fuerzas Armadas y las radios. Estas últimas porque, como hay muchas y deben competir, la gente sabe que no son manejables ni censurables, a la inversa de otras entidades fáciles de monitorear.
¿Y cuáles son, de otro lado, las instituciones más desprestigiadas, a los ojos de la opinión pública? Ni más ni menos que los “pilares de la República”: los partidos políticos, los más desprestigiados entre todos, pese a que ellos controlan el Gobierno, el Congreso y (pienso yo) también los tribunales de justicia. Sólo un poco menos desprestigiado que los partidos está el Congreso que ellos controlan. Y sólo un poco menos que éste, los tribunales de justicia. Es decir, según la opinión mayoritaria, lo peor del país son sus instituciones fundamentales, cuyos representantes son los que “hacen noticia” en primera plana todos los días y se supone que fijan la pauta de lo que pensamos, hablamos y opinamos todos los demás, pero están completamente perdidos.
¿Y por qué la gente tiene tan mala opinión de esas élites? Porque la gente tiene sentido común.
Porque se da cuenta de que el país se va a quedar sin luz y, mientras tanto, las élites han ideado la manera de que no se pueda generar suficiente electricidad, mediante una legislación estrambótica, que entrega a los burócratas el poder de detener la producción. Y cuando no la detienen del todo, como ha sucedido recién con una central eléctrica, demoran una infinidad en otorgar los permisos.
Porque también la gente se da cuenta de que el país se está quedando sin educación, debido a una revolución en marcha, una revolución comunista que no tiene nada que ver con los estudios. Pues ¿qué dice un jefe de los estudiantes “tomadores” de establecimientos, Gabriel Boric, de la CONFECH?: “Yo quiero que superemos el capitalismo. Creo que tenemos que avanzar hacia un cambio en la propiedad de los medios de producción, una redistribución social del trabajo” (“Qué Pasa”, 24.08.12). ¿Tiene algo que ver eso con la enseñanza? Nada. Pero Boric es sólo un “compañero de ruta” en el proceso encabezado por el Partido Comunista.
¿Y qué piensa de ese partido la mayoría de los chilenos? Entre los personajes con más rechazo en la CEP, a continuación de Escalona, Larraín y Piñera, justamente vienen los jefes comunistas, Guillermo Teillier y Camila Vallejo. Y si consultamos en la misma encuesta lo que opinan los independientes, estos dos últimos son los más repudiados de todos los personajes públicos. Y, sin embargo, ¡el país está empeñado en el camino que ellos señalan! Además, la misma revolución comunista ha dado otro gran paso, al apoderarse ahora de la CUT, un gran tinglado artificial, porque no representa a la mayoría de los trabajadores, pero tiene la capacidad de convocar a paralizaciones en que el “brazo armado” comunista, los “encapuchados”, amedrentan a la gente y la obligan a ocultarse en sus casas y no ir a trabajar.
La gente repudia al “establishment” porque éste habla de cosas que a ella no le interesan. Del binominal, que no es un tema al que el pueblo dé importancia. Pues el problema electoral real no es el uni, bi o trinominalismo, sino el duopolio partidista que controla el poder electoral en Chile. Denles a los independientes las mismas atribuciones que a los partidos para presentarse como candidatos y participar en las elecciones (que es, por lo demás, lo que la Constitución garantiza, pero no se cumple) y tendremos una mucho mejor democracia.
El “establishment” es también repudiado porque se preocupa de que un carabinero le dio un puntapié al pasar a un revoltoso, y por eso logra separarlo del Cuerpo, pero no se preocupa y nada les sucede a los “encapuchados” que lanzan bombas incendiarias y piedras a los carabineros o los golpean con intención homicida con un skateboard cuando caen al suelo durante las algaradas.
El “establishment” habla de “asamblea constituyente”, órgano inexistente y que es una entelequia que la opinión pública ni siquiera menciona; y habla del “lucro”, siendo que la gente, en la encuesta, se muestra partidaria del lucro, pues aprueba que los colegios de la educación particular subvencionada puedan recibir aportes de los padres, y se muestra mayoritariamente partidaria de que en la sociedad haya diferencias de ingreso, si eso hace más posible el crecimiento y la disminución de la pobreza. Y, peor todavía, la gente se da cuenta de que la consigna contra el lucro ha destruido una enormidad de valor en la educación superior chilena, que atrajo importantes inversiones nacionales y extranjeras a buenas universidades privadas, cosa que ni siquiera podría soñarse ahora que se ha desatado una caza de brujas de los políticos contra los privados que ejercitan la garantía constitucional de la libertad de enseñanza.
Una encuesta no manipulable ha mostrado, pues, que la mayoría de los chilenos piensa muy distinto, y frecuentemente todo lo contrario, de lo que dicen quienes monopolizan las pantallas y las portadas pretendiendo representarla.
Lo que ellos dicen ocupa las primeras planas. Hablan a nombre del sentir nacional. Pero ¿interpretan ellos a la gente? Para nada. Están “perdidos en la polvareda”. La misma encuesta CEP nos indica que las instituciones más admirables y dignas de confianza del país no tienen nada que ver con esos personajes: el Cuerpo de Carabineros, las Fuerzas Armadas y las radios. Estas últimas porque, como hay muchas y deben competir, la gente sabe que no son manejables ni censurables, a la inversa de otras entidades fáciles de monitorear.
¿Y cuáles son, de otro lado, las instituciones más desprestigiadas, a los ojos de la opinión pública? Ni más ni menos que los “pilares de la República”: los partidos políticos, los más desprestigiados entre todos, pese a que ellos controlan el Gobierno, el Congreso y (pienso yo) también los tribunales de justicia. Sólo un poco menos desprestigiado que los partidos está el Congreso que ellos controlan. Y sólo un poco menos que éste, los tribunales de justicia. Es decir, según la opinión mayoritaria, lo peor del país son sus instituciones fundamentales, cuyos representantes son los que “hacen noticia” en primera plana todos los días y se supone que fijan la pauta de lo que pensamos, hablamos y opinamos todos los demás, pero están completamente perdidos.
¿Y por qué la gente tiene tan mala opinión de esas élites? Porque la gente tiene sentido común.
Porque se da cuenta de que el país se va a quedar sin luz y, mientras tanto, las élites han ideado la manera de que no se pueda generar suficiente electricidad, mediante una legislación estrambótica, que entrega a los burócratas el poder de detener la producción. Y cuando no la detienen del todo, como ha sucedido recién con una central eléctrica, demoran una infinidad en otorgar los permisos.
Porque también la gente se da cuenta de que el país se está quedando sin educación, debido a una revolución en marcha, una revolución comunista que no tiene nada que ver con los estudios. Pues ¿qué dice un jefe de los estudiantes “tomadores” de establecimientos, Gabriel Boric, de la CONFECH?: “Yo quiero que superemos el capitalismo. Creo que tenemos que avanzar hacia un cambio en la propiedad de los medios de producción, una redistribución social del trabajo” (“Qué Pasa”, 24.08.12). ¿Tiene algo que ver eso con la enseñanza? Nada. Pero Boric es sólo un “compañero de ruta” en el proceso encabezado por el Partido Comunista.
¿Y qué piensa de ese partido la mayoría de los chilenos? Entre los personajes con más rechazo en la CEP, a continuación de Escalona, Larraín y Piñera, justamente vienen los jefes comunistas, Guillermo Teillier y Camila Vallejo. Y si consultamos en la misma encuesta lo que opinan los independientes, estos dos últimos son los más repudiados de todos los personajes públicos. Y, sin embargo, ¡el país está empeñado en el camino que ellos señalan! Además, la misma revolución comunista ha dado otro gran paso, al apoderarse ahora de la CUT, un gran tinglado artificial, porque no representa a la mayoría de los trabajadores, pero tiene la capacidad de convocar a paralizaciones en que el “brazo armado” comunista, los “encapuchados”, amedrentan a la gente y la obligan a ocultarse en sus casas y no ir a trabajar.
La gente repudia al “establishment” porque éste habla de cosas que a ella no le interesan. Del binominal, que no es un tema al que el pueblo dé importancia. Pues el problema electoral real no es el uni, bi o trinominalismo, sino el duopolio partidista que controla el poder electoral en Chile. Denles a los independientes las mismas atribuciones que a los partidos para presentarse como candidatos y participar en las elecciones (que es, por lo demás, lo que la Constitución garantiza, pero no se cumple) y tendremos una mucho mejor democracia.
El “establishment” es también repudiado porque se preocupa de que un carabinero le dio un puntapié al pasar a un revoltoso, y por eso logra separarlo del Cuerpo, pero no se preocupa y nada les sucede a los “encapuchados” que lanzan bombas incendiarias y piedras a los carabineros o los golpean con intención homicida con un skateboard cuando caen al suelo durante las algaradas.
El “establishment” habla de “asamblea constituyente”, órgano inexistente y que es una entelequia que la opinión pública ni siquiera menciona; y habla del “lucro”, siendo que la gente, en la encuesta, se muestra partidaria del lucro, pues aprueba que los colegios de la educación particular subvencionada puedan recibir aportes de los padres, y se muestra mayoritariamente partidaria de que en la sociedad haya diferencias de ingreso, si eso hace más posible el crecimiento y la disminución de la pobreza. Y, peor todavía, la gente se da cuenta de que la consigna contra el lucro ha destruido una enormidad de valor en la educación superior chilena, que atrajo importantes inversiones nacionales y extranjeras a buenas universidades privadas, cosa que ni siquiera podría soñarse ahora que se ha desatado una caza de brujas de los políticos contra los privados que ejercitan la garantía constitucional de la libertad de enseñanza.
Una encuesta no manipulable ha mostrado, pues, que la mayoría de los chilenos piensa muy distinto, y frecuentemente todo lo contrario, de lo que dicen quienes monopolizan las pantallas y las portadas pretendiendo representarla.
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