miércoles, 11 de abril de 2012

Somos Como Somos

Suceden muchas cosas impresionantes e importantes. Todos opinan sobre ellas. Y suceden otras que apenas se menciona. Nadie se siente llamado a emitir opinión sobre las mismas. Pasan inadvertidas. El otro día leí en "El Mostrador" una carta de una estudiante de apellido Merino. Era breve y sencilla. Relataba que había ido a la FIDAE y en el stand de la firma suiza Victorinox, la de las famosas cortaplumas, se encontró con que no se exhibía ningún artículo y había sólo folletos. Preguntó y le contestaron que se habían robado todo el material exhibido. Es que los suizos cuando vienen a Chile creen que siguen en Suiza. Despúes la misma niña refería que había ido a tomarse un jugo de maracuyá o algo así al stand brasileño, pero le habían dicho que no se lo podían servir, pues les habían robado las cajas en que tenían los jugos para los visitantes. La niña Merino concluía su carta quejándose de que fuéramos tan subdesarrollados.

¡Por favor, m'hijita, si el problema no es el subdesarrollo, es que hay demasiados ladrones! Hay unos tremendos debates intelectuales sobre la educación, y a la gente ni siquiera le han enseñado un curso de honestidad básica. Y lo más grave es que esto sucede en todos los niveles. No creo que a la FIDAE haya ido gente de La Pincoya. Hace muchos años, cuando empezó a venir a Chile la línea aérea Swissair, en los baños de los aviones ponían botellitas individuales de colonia y jabones pequeños para uso individual, suponiendo que cada persona al ir al baño usaría uno, pero empezó a suceder que apenas despegaba el avión de Santiago entraban unas señoras elegantes y buenasmozas a los baños del avión y se llevaban en sus carteras todos los jabones y todos los perfumes, que habían desaparecido a los diez minutos de vuelo. Los suizos aprendieron rápido y al poco tiempo no había ningún frasquito de colonia y apenas un jabón individual para todos... y también se los robaban apenas despegaba el avión y había que salir a conseguir jabón con las azafatas.

¿Dónde está eso en los programas educacionales? En ninguna parte. El año pasado se tomaron los colegios y las calles reclamando "educación gratuita y de calidad", y los que reclamaban esta última se robaban todo lo que podían en las tomas y los saqueos con motivo de los desórdenes callejeros que ellos mismos provocaban. ¿De qué "educación de calidad" estaban hablando? ¿Querían nuevos cursos de robo con violencia?

¿No nos da vergüenza a los chilenos ser como somos? Parece que no. Los políticos no se cansan de lanzar loas al pueblo y, sin embargo, no se oye a ninguno pidiéndole que deje de robar. Acá se roban todo: las rejas para proteger los árboles, los cables eléctricos y telefónicos, los cercos alámbricos de las autopistas, las mercaderías de los supermercados y de la tiendas. Me acuerdo de una gran cadena de tiendas norteamericana que abrió una sucursal cuando se inauguró el mall Alto Las Condes. Al cabo de un tiempo cerró y explicó su decisión diciendo que no tenía el "expertise" necesario para lidiar con los robos de los chilenos, el cual sí tenían las cadenas de tiendas locales, así es que le vendieron a una de éstas sus instalaciones.

¿Cuándo va a haber un Presidente, un parlamentario, un candidato en campaña, que les diga a los chilenos una sola frase: "por favor, paren de robar"? Nunca, porque no sacaría ni un voto y a lo mejor se querellarían contra él por injuriar al pueblo. Porque aquí meten presos a los que combaten los delitos y les dan libertad y dinero a los delincuentes, empezando por los terroristas. Y los ladrones andan sueltos.

Somos como somos y, si seguimos así, no vamos cambiar nunca. De modo que, por el momento, ésa es la respueta a la pregunta inocente de la niña Merino, estudiante que fue a la FIDAE y no pudo ver cortaplumas porque se las habían robado ni tomar jugo porque también se los habían robado, y se preguntaba cuándo iríamos a ser desarrollados: desarrollados en el sentido de alto ingreso per cápita, a lo mejor alguna vez, pero HONRADOS, que no es lo mismo, pero es más importante, si seguimos así no lo vamos a ser nunca.

lunes, 9 de abril de 2012

La Democracia Protegida Nos Puede Salvar

No digo que NOS VA a salvar, sino sólo que NOS PUEDE salvar, porque ella misma está en peligro. Una de las protecciones fundamentales que nos brinda es el quórum calificado. Muchas cosas fundamentales para nuestra existencia como nación, y claves en el éxito que ha tenido Chile en los últimos 40 años (antes de eso fuimos un país atrasado y mediocre manejado por mayorías cambiantes, de cuya ubicación en el mapa el resto del mundo no tenía idea) reside en los dos tercios de los votos que exige la Constitución para cambiar cosas fundamentales. Si el quórum hubiera sido mayoría simple, este país sería un desastre, con lo cual quiero significar otra Cuba, otra Bolivia u otra Venezuela, naciones que representan, de mayor a menor, diferentes grados de desastre.

Anoche resolví ver "Tolerancia Cero", pues supe que estaría Jorge Reyes. E hice bien, pues él dio una lección de racionalidad y coherencia intelectual. Pero a la espera de eso tuve que ver a un representante de la etnia mapuche, en el curso de cuya intervención mostraron encuestas de opinión que le daban el 90 por ciento de apoyo a la autonomía de los de esa etnia. ¿Sabe el 90 por ciento de los chilenos lo que eso significa? No tienen idea, por supuesto. La gente contesta las encuestas como papagayos, según lo que han oído antes en la tele, porque muy pocos leen y menos aún entienden lo que leen. Entonces, "les suena" que los mapuches tienen razón, pero carecen de toda idea de lo que autonomía mapuche significa. Desde luego, los mapuches son chilenos tal como usted y yo y nuestra autonomía personal está garantizada en la Constitución. Luego, los mapuches son autónomos en cuanto personas, porque son chilenos.

¿O el 90 por ciento quiere que sean un Estado separado dentro del Estado chileno? No, por supuesto. Si a ese 90 por ciento le preguntaran si está dispuesto a que haya un territorio mapuche en el cual los chilenos seamos extranjeros, y que ellos tengan sus propias leyes y su propio ejército y su propio Presidente, ciertamente la gente diría que no, que no quiere debilitar al país a ese extremo. Entonces, es un solemne disparate con el 90 por ciento de apoyo en las encuestas.

Porque los chilenos somos todos iguales ante la ley, aunque seamos mapuches (digo "seamos" porque no tengo la menor duda de que por mis venas corre sangre mapuche, aunque no puedo probarlo, pero sí presumirlo fundadamente ante el número de mezclas que protagonizaron mis antepasados durante centenares de años). Entonces, ¿cómo es esto de que, por razones de raza, algunos chilenos van a ser autónomos? ¿No tendrían derecho a la autonomía territorial, lingüística y de soberanía los chilenos de todas las demás etnias que habitan nuestro territorio?

Si se trata de ayudar a los mapuches pobres, entonces facilitémosles las políticas de ayuda a los chilenos pobres, que actualmente representan un gran despilfarro de recursos, porque destacados economistas han acreditado que si el gasto social se les diera directamente a los pobres, no habría pobres. En otras palabras, tampoco tendría por qué haber mapuches pobres.

Pero el noventa por ciento dice querer que se consume el disparate de otro Estado dentro de nuestro Estado: "la autonomía para el pueblo mapuche". Y me pareció leer que el 70 por ciento de los parlamentarios opina lo mismo. Pero es distinto que "opinen" lo mismo a que "voten" lo mismo, porque una cosa es emitir opinión en público y otra votar en conciencia. Yo creo que no llegarían al 66 por ciento votando en el Congreso. O sea, el quórum de los dos tercios nos protegería, al menos, de ese solemne disparate.

¡Gracias, democracia protegida, y ojalá sigas siendo nuestra salvación por muchos años, al menos los necesarios hasta que la mayoría de los chilenos entienda lo que lee!

sábado, 7 de abril de 2012

La Verdad de la Milanesa

Nunca he creído en las estadísticas de empleo, porque los encuestadores son chilenos, y a los chilenos, mis bienamados compatriotas, mis hermanos de sangre y de raza, no les creo casi nada. Así como es muy probable que ellos, o la gran mayoría, no me crean casi nada a mí, y supongo que tendrán buenas razones.

No les creo porque casi todos son, primero que nada, políticos. Tome usted un chileno de cualquier actividad: obispo, juez, carabinero, profesor, obrero, matemático, lo que sea, y se va a encontrar con que tiene un prejuicio político y éste va a condicionar sus aseveraciones y sus actuaciones incluso científicas o profesionales. Por eso los fallos de la sala penal de la Corte Suprema que tengan relación con algún tema en que esté envuelta la política son predecibles: cuatro a uno a favor de la izquierda, porque ésa es la configuración ideológica de esa sala (que empeoró hace poco, pues antes era tres a dos). Lo que diga la ley importa poco o nada, sobre todo porque una de las cosas principales que enseña la práctica abogadil y judicial es "cómo encontrarle la quinta pata al gato" para dictaminar lo que la ideología de uno postula.

Bueno, un encuestador del INE que sea opositor al gobierno tiene inclinación a que haya más desempleados. En la encuesta antigua de empleo había una pregunta sobre si la persona encuestada estaba buscando trabajo activamente. Si lo estaba y no tenía ocupación, se le anotaba como desempleado. Si no lo estaba, se le anotaba como ajeno a la fuerza de trabajo, de modo que eso mejoraba el índice de ocupación. Entonces la clave estaba en determinar si la persona efectivamente buscaba empleo, y como eso dependía en último término del encuestador, pues era una decisión subjetiva, éste podía adoptarla según su inclinación política. Si soy partidario del gobierno, considero que el entrevistado no buscaba con suficiente interés un trabajo y, por lo tanto, no forma parte de la fuerza de trabajo, y esto hace que la proporción de desempleados sea más baja, lo cual es bueno para el gobierno. Y viceversa si el encuestador es opositor.

Esto lo vengo sosteniendo desde el Gobierno Militar, pues mi tesis era que los encuestadores en su mayoría le tenian animadversión e inflaban el desempleo.

Bueno, pero ahora se ha presentado una situación nueva: se cambió la encuesta de empleo en 2010. Entre 1987 y 2009 contenía ocho preguntas, y ahí se admitía el amplio juego subjetivo para determinar si la persona estaba o no ocupada y si formaba o no parte de la fuerza de trabajo. A partir de 2010 la pregunta fue una sola: "¿Trabajó por lo menos una hora la semana pasada?". Si la persona dice "sí", tiene empleo; si contesta "no", está desempleado. Es decir, si alguien lavó tres autos en la semana, figura como teniendo empleo.

Esto no fue una "diablura" del Gobierno, porque se hizo antes y para seguir normas de otros países de la OCDE y uniformar criterios. Pero sí fue una "diablura" no informar del cambio. Entonces una economista de la Universidad Adolfo Ibáñez, Andrea Repetto, en la última reunión de ICARE, reveló este cambio que para la mayoría había pasado inadvertido. Pero además reveló que ello significaba que, en lugar de haberse creado 398 mil nuevos empleos entre 2009 y 2010, de lo cual se ufanaba el gobierno, sólo se habían creado 145 mil, pues los restantes 253 mil eran fruto de haberse cambiado la pregunta. Y citó un estudio del Banco Central probando que ésa era la fuente de la diferencia.

Andrea Repetto se inauguró, además, como columnista de "Economía y Negocios" de "El Mercurio" justamente haciendo ver lo anterior, con un título que posiblemente molestó al oficialismo: "La Borrachera del Empleo", pues asimiló la situación al caso del nuevo alcotest, que ahora hace pasar por ebrio al que tenga 0,3 gramos de alcohol en la sangre, en circunstancias que antes se le consideraba sobrio. La comprobación de Andrea Repetto ha generado respuestas un poco ácidas de una economista de Libertad y Desarrollo y de dos economistas del Ministerio de Hacienda, pero la verdad es que Andrea tiene razón y por eso, tras haber replicado a sus críticos en el diario, estos han guardado silencio.

El otro día, en el programa de Checho Hirane, en Agricultura, oí que su panelista Sergio Melnick comentaba como una contradicción inexplicable el hecho de que en la última encuesta Admimark el problema del empleo fuera mencionado como uno de los que más afectaban a la gente, en circunstancias, decía, que según el INE hay pleno empleo y en algunas actividades hay escasez de mano de obra. Pero lo que pasa es que la mayoría de los "nuevos" ocupados son sólo un "truco estadístico": personas que trabajaron una hora o poco más en la semana anterior a la encuesta. Y nadie que haya trabajado una hora a la semana está contento de su situación de empleo. Por eso sigue considerándose desempleado y lo menciona como un problema.

En el hecho, en estos dos años se ha creado unos pocos miles de más ampleos que en años anteriores, de acuerdo con la antigua encuesta. Si ella hubiera seguido rigiendo, no se habría cumplido la meta prometida por el gobierno de crear 200 mil empleos al año, pero con el cambio de la encuesta se ha cumplido sobradamente. Por eso la economista Andrea Repetto dice, precisamente, que ella no creía posible cumplir esa meta con la antigua forma de calcular el desempleo, pero sí lo cree posible con la nueva. Pero, entretanto, la gente no está contenta con la situación, porque ha cambiado muy poco en relación a la de antes, en que estaba todavía menos contenta.

Ésa es "la verdad de la milanesa", dicho que no sé de dónde proviene, pero cuyo origen seguramente alguno de los cultos comentaristas de este blog, que siempre están listos para descubrir mis errores, podrá en esta oportunidad revelarnos.

jueves, 5 de abril de 2012

Ni Tan Cerdos Ni Tan Tontos

Cuando el general (r) argentino Menéndez dice que los chilenos nos comportamos como unos "cerdos" durante la guerra de las Malvinas, hace un elogio inmerecido de los cerdos. Ese general fue siempre un tipo primitivo y odioso, además de que en Las Malvinas fue un desastre como general. Durante todo el período en que estuvimos al borde de la guerra con Argentina, entre 1978 y 1982, fue el sujeto más antichileno del país vecino, con una sola excepción, la de un gobernador sureño de la otra banda que se llamaba Néstor Kirchner, quien, pese a ser hijo de chilena (o tal vez por eso) se distinguía por la hostilidad extrema con que trataba a nuestros compatriotas residentes allá, que eran centenares de miles.

Cuando Argentina invadió las Malvinas, su Presidente, general Galtieri, habló desde los balcones de la Casa Rosada y entonces yo lo oí con absoluta claridad decir que se había dado "el primer paso en la recuperación del territorio insular argentino", lo cual no habría tenido mucho de particular si lo que él llamaba "territorio insular argentino" no hubiera sido chileno.

En recientes emisiones televisivas de filmaciones de la multitud que oía y vitoreaba a Galtieri en esa ocasión, he podido ver y oír a mi vez que parte de esa multitud coreaba un estribillo: "Teno... teno... teno... ahora los ingleses, luego los chilenos". Porque hasta el menos avisado de los cerdos chilenos y argentinos sabía que ese país se estaba aprontando para darnos un zarpazo. No costaba nada saberlo, porque a la altura de 1982 ya hacía años que habíamos estado al borde de la guerra entre ambos países, pues en Chile gobernaba un régimen que no estaba dispuesto a que privaran a Chile de "pedacitos más, pedacitos menos", como los de la Concertación, que dejaron que ilícitamente se nos privara de Laguna del Desierto, en un juicio amañado contra cuya sentencia el gobierno de Aylwin no fue siquiera capaz de interponer los recursos a que tenía derecho.

Todo había partido de que en 1977 el árbitro en el pleito sobre las islas del canal Beagle, que era Su Majestad Británica, había fallado a favor de nuestro país y declarado que las islas Picton, Nueva y Lennox eran chilenas; y que el curso del canal era el que decía Chile. Entonces, característicamente, Argentina declaró, por sí y ante sí, que dicho fallo era "insanablemente nulo". Es decir, desconoció el fallo, la legalidad internacional y la realidad de los hechos, porque las islas estaban en poder de Chile. Y mandaron a un almirante de opereta, Lami Dozo, vestido entero de blanco y en un avión pequeño blanco, a decirle a la Junta que se dejara de leseras y entregara las islas que nos había adjudicado el fallo o íbamos a ver.

Ahí se inició un período durante el cual Chile tenía la ley, la razón y una sentencia arbitral de su parte, y Argentina sólo esgrimía una amenaza de guerra de la suya, si es que no se le daba algo de lo cual el fallo arbitral la había privado. Con gran fanfarria enviaban miles de ataúdes al sur, pero un argentino amigo mío que estudiaba Economía acá me dijo que no me preocupara, que sólo era un negociado más de sus militares, que para eso eran muy hábiles.

En todo caso, fueron cuatro años de extrema tensión entre ambos países, pues los traidores que siempre ha habido en Chile habían conseguido, por razones políticas, la Enmienda Kennedy, del senador Ted Kennedy, la cual prohibía a los EE. UU. vender armamentos a nuestro país. Puede imaginarse el daño que ello representó para nuestras necesidades de defensa.

La guerra era inminente y el momento esperado del ataque argentino era cerca de la Navidad de 1978, en que ya la Armada de Chile había recibido la orden de abrir fuego si es que algún navío argentino se presentaba en aguas australes chilenas (véase la obra del almirante López Silva sobre esos momentos decisivos).

Yo era en esa época director del vespertino "La Segunda" y un día sábado crítico del estado de preguerra, en que el diario salía a mediodía (después "La Segunda" dejó de aparecer los sábados), recibí un llamado anónimo desde el Ministerio de Defensa, de una persona que me dijo más o menos lo siguiente (cito de memoria): "Soy un oficial de la Armada y no me puedo identificar, pero nuestro servicio de espionaje ha comprobado que el portaaviones y el resto de la flota argentina se han retirado de la zona austral y han puesto proa al norte, a pasar la Navidad en Puerto Belgrano. En este momento les estamos siguiendo el 'track'".

Yo no sabía lo que era el "track", pero titulé con la noticia y me anoté un poroto. El peligro de guerra había pasado. Para hacerlo posible intervino la Madre Naturaleza, que había sometido a la zona austral a temporales sin precedentes y los miles de marineros argentinos embarcados al sur de Puerto Madryn, después de vomitar varios días, habían resuelto "que no querían más guerra" y pusieron proa al norte.

Ahí se inició un período de equilibrio inestable que culminó cuando los argentinos, sin dejar de lado la opción de darnos después el zarpazo a nosotros, decidieron que era mucho más barato, en recursos y en vidas, apoderarse de las Malvinas, con lo cual revelaron creer que todos los ingleses eran como los laboristas y los dejarían hacer impunemente; y no tener idea de quién era Margaret Thatcher.

De modo que los propios argentinos, al dar ese paso, convirtieron a los ingleses en nuestros aliados naturales. Y los chilenos podremos ser cerdos (y lo somos bastante, pero menos que ellos) pero no tan tontos (si bien lo somos bastante y seguramente más que ellos), pero no llegamos al extremo de no darnos cuenta de quiénes son los que quieren quedarse con nuestro territorio y quiénes nos pueden ayudar a defenderlo. Y en este caso los argentinos eran de los primeros y los ingleses eran de los segundos, de modo que estuvimos discretamente pero ciento por ciento con estos últimos y los ayudamos en lo que pudimos, y recibimos bastante ayuda de ellos, sin que nos pillaran, hasta que, por diversas indiscreciones, tanto de ingleses como de chilenos que no saben callarse la boca, nos pillaron.

Lo importante, ya que nos pillaron, es que nuestros bienamados vecinos y hermanos argentinos, con los cuales tendremos amistad eterna y primero los Andes se convertirán en polvo antes de que peleemos y todo eso, tengan claro que si nos vuelven a querer hacer lo que nos quisieron hacer después de desconocer el fallo del Beagle, volveremos a hacer exactamente lo mismo que hicimos. Porque somos bastante cerdos, sí, pero menos que ellos; y si bien es una realidad, y por eso la reitero por segunda vez, que somos más tontos que ellos, no lo somos tanto como para que alguien que nos metió la mano en la faltriquera después pueda estar seguro de contar con todo nuestro apoyo y solidaridad.

miércoles, 4 de abril de 2012

Dos Lecciones Para Ganar la Presidencia

Hoy el Presidente les da a los catorce o más candidatos presidenciales que han manifestado su vocación de servir al país desde la Casa Donde Tanto Se Sufre, dos lecciones valiosas acerca de cómo llegar a ella. Las imparte a través de dos fotografías aparecidas en la prensa.

En una aparece saludando cordialmente al ex Ministro Rodrigo Álvarez. ¿Cuál es la lección? La siguiente: "Nunca quedes peleado con nadie". El Presidente envió a Álvarez Aysén a defender la "doctrina Piñera" (según la cual no se haría concesiones a quienes ejercieran la fuerza para pedir algo). Pero después abandonó la doctrina que llevaba su nombre y, a través de otros ministros, hizo concesiones pese a subsistir las medidas de fuerza, y todo ello sin advertir a Álvarez. Éste, un hombre digno, con el cual no se puede "trapear el piso", renunció. Pero, como "el poder es más fuerte", la prensa y los opinólogos adictos al régimen se arreglaron para dejar finalmente a Álvarez como culpable. Pese a ello "el Presidente sabe más", y no sólo ha rendido homenajes al mismo Álvarez, sino que hoy una de las dos fotos del juramento del nuevo ministro reveló que fue invitado especial a la ceremonia y que en ella hubo un cordial apretón de manos con el Presidente. Éste sabe, primero, que le jugó una mala pasada a Álvarez; y, segundo, que no le conviene mantener ninguna situación conflictiva, si es que quiere remontar en las encuestas. Y el propio Álvarez puso de manifiesto haber asimilado, a su turno, esta primera lección, aunque todavía no es candidato (pero podría serlo, aunque estoy cierto de que no se va a autoproclamar).

Otra fotografía de hoy contiene una segunda lección para ganar la Presidencia, que reza así: "Debes estar siempre 'donde prenden el cuete'". ¿Hay que ir a la TV a las 4 a. m. a "mover la colita"? Anda. ¿Te convidan a un programa de bajo rating de un canal secundario? Anda, y con mayor razón si te convidan a uno de alto rating en un canal principal. ¿Te convidan a la farándula para dejarte en ridículo? Anda, porque siempre es preferible estar, aun ridiculizado, que no estar. Estar, estar, estar siempre "donde prenden el cuete".

Pues la referida otra fotografía aleccionadora de hoy es la del Presidente con el tenista Fernando González, designado representante de nuestro país para obtener una sede deportiva internacional. Ambos están sonrientes y González aparece sosteniendo en sus manos una fotografía donde aparece junto a Piñera en Atenas, en 2004, cuando obtuvo una medalla de oro olímpica en tenis.

Piñera llegó a la final allá, por supuesto. Los protagonistas de esa hazaña, para efectos de los noticieros de TV, fueron tres: González, Massú y Piñera, este último constantemente enfocado por las cámaras saltando con una bandera chilena en las tribunas. Días después de la hazaña olímpica "La Tercera" publicó una crónica revelando que Piñera había llegado a la sede de la final del tenis sin entradas, y que había ofrecido unos pasajes de LAN a ciertos dirigentes para que le consiguieran una. Como simplemente no las había, optaron por utilizar la del kinesiólogo cubano de los tenistas y se la cedieron a Piñera. El kinesiólogo insistía, sin comprender la situación, que él era más necesario para la performance del equipo que el candidato, pero no fue atendido su argumento.

Esta decidora situación la comenté en la columna que mantenía por esos años en "El Mercurio". Por cierto, nadie refutó esa columna ni la crónica de "La Tercera", ni menos Piñera, en observancia de la primera lección para ganar la Presidencia.

De modo que mi consejo a la legión de presidenciables actuales es que observen atentamente las dos fotografías y extraigan de ellas las lecciones necesarias, de nunca terminar peleados con nadie y estar siempre "donde prenden el cuete", y las pongan en práctica para el mejor éxito de sus postulaciones.

lunes, 2 de abril de 2012

La Política Sin Rostro Humano

Toda Presidencia se define según la manera en que trata a sus mejores hombres. Y el trato que ha dispensado a Rodrigo Álvarez define a la actual.

No tengo amistad con él, pero he seguido con interés su carrera política, porque lo conocí en un par de debates y ya desde el primero me llamaron la atención su penetración y su lucidez intelectual, bastante excepcionales en el medio político. Seguí su carrera parlamentaria y me llamó la atención otra característica suya que no abunda: no es un tránsfuga de su pasado.

Sus méritos, apreciados también por sus pares, que año a año lo distinguieron entre los mejores legisladores, lo llevaron a la presidencia de la Cámara. Luego tuve ocasión de horrorizarme ante uno de esos resultados que llevan a preguntarse cómo la democracia puede prestarse para eso: fue derrotado en una elección parlamentaria en cuyos resultados, evidentemente, no primaron los atributos que hacen a un buen legislador.

Designado luego como subsecretario de Hacienda, era obviamente "número puesto", por méritos, para el evento de una vacancia ministerial. Y así llegó a la cartera de Energía, donde le cupo representar al gobierno en el conflicto de Aysén. Éste partía de un desafío flagrante a la legalidad, más que de la discusión de un pliego de peticiones regionales. En principio, las mismas eran de fácil resolución. Pero no lo era aceptar que se arrancaran al gobierno beneficios mediante una rebelión violenta y el uso de la fuerza ilegal. Si el actual hubiera sido un gobierno en forma, es decir, dotado de autoridad y dispuesto a ejercerla, primero debió aplicar las leyes y castigar a quienes incurrían en numerosos delitos flagrantes contra el orden interno. Pero no lo es.

Álvarez en todo momento dio a entender que ese aspecto no era del resorte de su ministerio, sino de Interior. E Interior, como es costumbre, no dio señal, sino muy hacia el final y pronto se retractó, de estar dispuesto a cumplir cabalmente con su misión de hacer respetar el orden público y la legalidad.

Así las cosas, el ministro Álvarez, como representante del gobierno en Aysén, recibió la instrucción de retroceder a una posición intermedia: no se iba a reconocer beneficios a la región en tanto no se depusieran las acciones ilegales, como barricadas, tomas de calles y puente, ataques a la fuerza pública y destrozos o saqueos. Fue lo que se llamó "doctrina Piñera": "bueno, ya, no aplicamos las leyes, pero tampoco decimos que sí mientras no terminen las medidas de fuerza". A ella se atuvo el ministro, seguramente discrepando en su fuero interno, pues es un hombre de derecho.

Pero alguien convenció al gobierno de algo tan fácil como obvio: que accediendo a las peticiones de los ayseninos, aunque éstos no depusieran ninguna de sus acciones ilegales, se solucionaba el conflicto. Esto es tan evidente como que si alguien en el futuro pide algo y se le da, aunque lo esté pidiendo respaldado en la fuerza para arrancar el sí a la autoridad, no habrá conflicto en lo inmediato. Pero de la sucesión de tales concesiones a diversos grupos, regiones, gremios o ciudades, tarde o temprano lo único que va a derivar es caos y ruina nacional. Claro que, entretanto, "se irán solucionando todos los conflictos". Así estamos hoy.

Entonces el presidente y algunos de sus ministros, sin decirle nada a Rodrigo Álvarez, es decir, sin la menor consideración a su persona ni a su carácter de representante del gobierno en el conflicto, acordaron acceder a las peticiones de los dirigentes ayseninos, los convocaron a reunirse en Santiago --también sin citar a la reunión al ministro que tenía la misión de negociar con ellos-- y les dijeron a todo que sí. Asunto solucionado. Abrazos ante la prensa y la televisión y beneplácito general. De todo lo cual el representante oficial del gobierno se enteró por la prensa.

Sintiéndose desautorizado, como de hecho lo estaba, y obrando como lo habría hecho cualquier persona dotada de alguna autoestima, presentó su renuncia inmediata al presidente mediante un correo electrónico, dado que éste se encontraba de viaje en el extranjero, donde, por cierto, estaba enterado de todo e igualmente indiferente a la dignidad de Rodrigo Álvarez que sus otros ministros.

Lo pertinente en un caso así habría sido que el mandatario le hubiera dado una explicación o excusa, por la evidente falta de deferencia que su gobierno había tenido con él, ya hubiere sido aceptándole o rechazando la renuncia. Pues el gobierno le debía, qué duda cabe, a lo menos una explicación a Rodrigo Álvarez. Pero ¿cómo procedió? Primero pretendió que la renuncia se mantuviera en secreto, es decir, que el vejado Álvarez apareciera poniendo la otra mejilla y aferrándose al cargo. Pero, dado que ese secreto no pudo mantenerse, pues era evidente que tal renuncia caía por sí sola ante la desautorización sufrida por una persona decente, el presidente decidió, además, denostar aún más a Rodrigo Álvarez, comunicando públicamente "su separación inmediata de la cartera", según los términos de la prensa afín. ¡Lo omitió como personero del gobierno en el conflicto, obrando a sus espaldas para excluirlo de la solución y, finalmente, pese a haber explicablemente renunciado, lo expulsó con publicidad!

En la mima línea, ayer en "La Tercera" viene una columna de Andrés Benítez, titulada "La Pataleta de Álvarez". Pocas veces he leído un texto más despectivo, ofensivo y desconsiderado. Sobre todo porque ataca a una persona intelectual y moralmente respetable, que ha sido víctima de un tratamiento inmerecido. Sumada a las demás actuaciones del gobierno en desmedro del respeto que le debía a su ministro Álvarez, vienen a constituir en conjunto una antología sobre lo que podría llamarse "la política sin rostro humano".

Supongo que cosas como ésas son las que llevan a personas de selección a no querer participar en política. Entonces este menester queda monopolizado por los caradura, los que soportan cualquier vejamen con tal de seguir figurando y los tránsfugas que siempre buscan "el sol que más calienta".

Esa "política sin rostro humano" es la que hoy está enfocada, desde el gobierno, en el que debería ya, a estas alturas, consagrarse como su lema: "Ad maiorem Piñera gloriam", en aras del cual todo está permitido y cuanto se le oponga debe sacrificarse.

domingo, 1 de abril de 2012

¿Qué Diría Jaime Guzmán?

La memoria de un mártir de la UDI, el dirigente poblacional Simón Yévenes, caído a manos de un guerrillero del FPMR comunista, será recordada hoy en un acto en el Cementerio Metropolitano. No hay nadie detenido ni procesado en ese caso. Sí han sido expulsados de la UDI los militantes de ella que más promueven la memoria de Simón Yévenes.

Tampoco hay ningún detenido por el asesinato del senador Jaime Guzmán, cuyos autores se evadieron de la prisión, años ha, con notable ayuda desde el interior de ella. Todos los responsables están hoy en libertad, algunos amparados por otros países, como Argentina y Cuba. Y todos están impunes.

El abogado especializado en Derechos Humanos, Marcelo Elissalde Martel, contrasta, por otra parte, la blandura de este gobierno, del cual forma parte la UDI, con los terroristas actuales. En el caso de los de la Araucanía, que siguen activos quemando camiones, maquinaria, bosques y casas, el ministro del Interior se desistió de las querellas por Ley de Seguridad del Estado que había interpuesto.

De igual modo, él se ha desistido de las interpuestas en Aysén a raíz del verdadero "estado de sitio" instalado en ella por activistas violentos que levantaron barricadas, incendiaron y saquearon, paralizando la región.

Toda esta blandura contrasta con la severidad con que, según escribe e informa Elissalde, "recorre el país el subsecretario del Interior, Rodrigo Ubilla, presentando querellas contra ya ancianos miembros de las fuerzas armadas por hechos acaecidos hace casi 40 años. En efecto --dice-- hay 40 querellas por ciudad en Chillán, Concepción, Temuco, Valdivia..."

Una cincuentena de abogados del ministerio del Interior están dedicados a perseguir a los uniformados. Acaban de hacerse parte en el caso de la muerte del general Bachelet, en 1974, pese a que murió de un infarto. Quiere aprovechar el uso publicitario que se hace de tales procesos para denigrar al Gobierno Militar.

¿Qué diría Jaime Guzmán de todo esto, si estuviera vivo?

¿Y que habría dicho ayer, al ver que un ministro UDI, renunciado por haber sido pasado a llevar por el gobierno, recibió sólo "tibios aplausos" en el consejo general del partido (según se lee en "El Mercurio"), mientras el presidente que lo "bypasseó" (lo cual generó su renuncia), era acogido "con vítores" (siempre según "El Mercurio") en el mismo consejo partidario?

Sobre todo que Rodrigo Álvarez se había jugado por la "doctrina Piñera", de no hacer concesiones mientras no cesaran las tomas. Pero otros ministros, sin siquiera avisarle, y con la venia presidencial, pasaban sobre esa "doctrina" y concedían a los dirigentes de Aysén lo que pedían, sin éstos haber depuesto las tomas que alteraron la normalidad e hicieron tabla rasa del orden público en la zona.

Supongo que Jaime Guzmán diría que ese partido ya no era la UDI que él fundó.

Y yo creo que tendría razón.