Yo he reiterado que éste es, a la luz de su inspiración y su praxis, un V Gobierno de la Concertación. ¡Pero parece que me equivoqué!: está a la izquierda de la Concertación.
Aparte de la persecución que su órgano SERNAC está llevando a cabo para destruir valor en una empresa privada en problemas, La Polar, pues quiere impedirle arreglar su principal foco de insolvencia (una cartera con un millón de deudores morosos), ampliando a ellos la medida judicial que impide a la firma negociar con los mismos, medida que la justicia ha dictado respecto de mil casos (en todos los cuales se ha olvidado el hecho fundamental de QUE NO PAGARON SUS DEUDAS), hay que decir que si esa iniciativa de SERNAC prospera, La Polar quiebra. Es decir, más de siete mil personas pierden su trabajo y se va por el drenaje el principal activo de la empresa, consistente en que, bien administrada y con más deudores al día, es un buen negocio. Lástima también por el 66 por ciento de su capital es de pequeños accionistas, que perderían casi todo lo que invirtieron y que habrían podido recobrar si el gobierno a la izquierda de la Concertación no estuviera lanzado a crucificar a la empresa, destruyéndole su principal fuente de valor.
Es que el Estado socialista no perdona.
Y por lo mismo que el actual gobierno está a la izquierda de la Concertación, ahora propone un SOE (Sistema de Obligaciones Económicas) estatal. Hasta ahora la información comercial ha funcionado perfectamente a través de entes privados, DICOM y otros tres menores. Pero, como son privados, el actual gobierno los quiere suprimir y entregar el monopolio de la información comercial a la Superintendencia de Bancos.
La Concertación, a lo más que había llegado, era a idear un sistema centralizado, por cierto, puesto que todos sus integrantes son socialistas de alma, ya sea marxistas o comunitarios (entre paréntesis, nadie sabe qué es esto último, incluidos ellos mismos), pero en su proyecto se contemplaba licitar el monopolio de la información comercial a un ente privado. El actual régimen, a la izquierda de aquélla, propone entregarlo al Estado.
Como, además, una indicación a un proyecto del diputado Harboe ha significado borrar a todos los actuales deudores morosos de hasta $2.500.000, ello equivale a privar al país del derecho a la memoria comercial, como ha escrito hoy un lector de "El Mercurio". Bueno, eso ya lo ha hecho la Concertación, con silencio cómplice de la derecha, en todo lo que se refiere a la historia política reciente.
En vista de lo anterior, el dirigente del comercio, Peter Hiller, ha declarado, también en "El Mercurio" de hoy: "Me llama profundamente la atención que el gobierno de Sebastián Piñera vaya a estatizar el sistema, dejando en manos de los gobiernos de turno la recopilación, operación y administración de la información de los ciudadanos".
Supongo que a corto plazo se va a reflejar en el Indice de Libertad Económica de los países este hecho de que en Chile ya no exista libertad para mantener un sistema libre de información comercial.
En fin, ¿cómo deberemos llamar entonces a este gobierno estatista que se está ubicando a la izquierda de los de la Concertación? Le planteo a la opinión pública la tarea de encontrarle un nombre.
jueves, 26 de enero de 2012
martes, 24 de enero de 2012
Giorgio Jackson, Cerebro Lavado
No tendría nada de particular que Giorgio Jackson, uno de los dirigentes de los movimientos estudiantiles encabezados el año pasado por el Partido Comunista, discrepara del diario "El Mercurio". Entiendo que él es socialista, un partido tradicionalmente aliado del comunista y muy afín a éste, tanto que se ha negado a excluir el análisis marxista de su declarción de principios. De modo que debemos suponerlos, tanto a Jackson como a su partido, naturalmente discrepantes con las posturas de "El Mercurio".
Pero hay cosas que un discrepante de dicho diario, por mucho que lo sea, simplemente no puede decir, no por respeto al matutino, sino por el respeto intelectual que debe a su propia persona, en el sentido de que no puede mostrarse desinformado de aspectos elementales del pasado nacional.
Pues en su carta del domingo, Jackson fustiga a "El Mercurio" por su editorial del sábado donde expone la histórica vinculación comunista-socialista con la vía armada en Chile. El dirigente, en términos descalificatorios, acusa al diario justamente de complicidad con la vía armada, por haber apoyado a las fuerzas uniformadas y de orden que depusieron a Salvador Allende.
Ahí está el elemento clave y revelador del lavado cerebral experimentado por Jackson. Pues ningún comunista ni socialista medianamente informado habría usado ese argumento, sabedor de lo que significa "vía armada" y del contexto en que tuvo lugar el pronunciamiento del 11 de septiembre de 1973. Por simple sentido común.
Hoy un lector del diario, Manuel Gebert, escribe aclarándole las cosas a Jackson y haciéndole ver que las armas de los cuerpos uniformados están en sus manos a título legal y que, si las usaron en 1973, fue por demanda del "cuerpo social y de variadas organizaciones nacionales".
Pero es que yo voy más allá de eso, pues la carta de Jackson revela que él no tiene noción siquiera de un documento histórico esencial para juzgar el pasado reciente chileno, como lo fue el Acuerdo de la Cámara de 22 de agosto de 1973, llamando a las fuerzas armadas a poner término a la situación existente. ¿Puede un dirigente de un sector social importante ignorar ese documento y demostrar no haberlo siquiera leído?
En seguida, ¿puede un joven socialista ignorar la historia de su propia colectividad, al extremo de no tener ninguna información sobre las conclusiones de sus Congresos de los años 1965, 1967, 1969 y 1971, que contuvieron llamados explícitos y reiterados al uso de la vía armada para conquistar el poder? ¿Puede un joven socialista ignorar las muy publicitadas e indubitables expresiones de quien fuera secretario general de su partido en 1973, Carlos Altamirano, contabilizando las dotaciones de militantes armados del MIR, del Partido Socialista, del Partido Comunista, de la Izquierda Cristiana y del MAPU en 1973?
La inminencia de una guerra civil, derivada de la existencia de esos cuerpos armados clandestinos, y la comprobación de que eran pertrechados y encubiertos por el gobierno de Salvador Allende, fue una de las causas fundamentales que movieron a la mayoría democrática a solicitar la intervención de las fuerzas amradas y de orden.
Entonces, el solo hecho de llamar "vía armada para tomar el poder" a esa intervención militar revela una ignorancia supina de hechos fundamentales de la vida nacional y una carencia elemental para estar habilitado como partícipe del debate público. ¿Cómo ha podido desarrollarse, estudiar durante más de una decena de años y alcanzar altos cargos directivos estudiantiles una persona que no tiene siquiera noción de los hechos reseñados, como lo evidenció su carta a "El Mercurio"?
Eso es lo que se ha denominado "lavado cerebral masivo" de la población chilena, que es una circunstancia pública y evidente. Pero uno esperaría que las élites dirigentes no estuvieran en la misma condición.
Pero hay cosas que un discrepante de dicho diario, por mucho que lo sea, simplemente no puede decir, no por respeto al matutino, sino por el respeto intelectual que debe a su propia persona, en el sentido de que no puede mostrarse desinformado de aspectos elementales del pasado nacional.
Pues en su carta del domingo, Jackson fustiga a "El Mercurio" por su editorial del sábado donde expone la histórica vinculación comunista-socialista con la vía armada en Chile. El dirigente, en términos descalificatorios, acusa al diario justamente de complicidad con la vía armada, por haber apoyado a las fuerzas uniformadas y de orden que depusieron a Salvador Allende.
Ahí está el elemento clave y revelador del lavado cerebral experimentado por Jackson. Pues ningún comunista ni socialista medianamente informado habría usado ese argumento, sabedor de lo que significa "vía armada" y del contexto en que tuvo lugar el pronunciamiento del 11 de septiembre de 1973. Por simple sentido común.
Hoy un lector del diario, Manuel Gebert, escribe aclarándole las cosas a Jackson y haciéndole ver que las armas de los cuerpos uniformados están en sus manos a título legal y que, si las usaron en 1973, fue por demanda del "cuerpo social y de variadas organizaciones nacionales".
Pero es que yo voy más allá de eso, pues la carta de Jackson revela que él no tiene noción siquiera de un documento histórico esencial para juzgar el pasado reciente chileno, como lo fue el Acuerdo de la Cámara de 22 de agosto de 1973, llamando a las fuerzas armadas a poner término a la situación existente. ¿Puede un dirigente de un sector social importante ignorar ese documento y demostrar no haberlo siquiera leído?
En seguida, ¿puede un joven socialista ignorar la historia de su propia colectividad, al extremo de no tener ninguna información sobre las conclusiones de sus Congresos de los años 1965, 1967, 1969 y 1971, que contuvieron llamados explícitos y reiterados al uso de la vía armada para conquistar el poder? ¿Puede un joven socialista ignorar las muy publicitadas e indubitables expresiones de quien fuera secretario general de su partido en 1973, Carlos Altamirano, contabilizando las dotaciones de militantes armados del MIR, del Partido Socialista, del Partido Comunista, de la Izquierda Cristiana y del MAPU en 1973?
La inminencia de una guerra civil, derivada de la existencia de esos cuerpos armados clandestinos, y la comprobación de que eran pertrechados y encubiertos por el gobierno de Salvador Allende, fue una de las causas fundamentales que movieron a la mayoría democrática a solicitar la intervención de las fuerzas amradas y de orden.
Entonces, el solo hecho de llamar "vía armada para tomar el poder" a esa intervención militar revela una ignorancia supina de hechos fundamentales de la vida nacional y una carencia elemental para estar habilitado como partícipe del debate público. ¿Cómo ha podido desarrollarse, estudiar durante más de una decena de años y alcanzar altos cargos directivos estudiantiles una persona que no tiene siquiera noción de los hechos reseñados, como lo evidenció su carta a "El Mercurio"?
Eso es lo que se ha denominado "lavado cerebral masivo" de la población chilena, que es una circunstancia pública y evidente. Pero uno esperaría que las élites dirigentes no estuvieran en la misma condición.
lunes, 23 de enero de 2012
¿Y Qué Importa?
Si Chile fuera un país serio, las cosas que están pasando en el gobierno y los partidos tendrían importancia. Pero como no lo es, no la tienen.
¿Qué importa que el Presidente no haya siquiera sabido lo que se proponía el jefe del principal partido de gobierno, partido del mismo Presidente? No importa nada. O tan poco, que hoy parece que él mismo se ha subido al carro, diciendo que los "perfeccionamientos" a la democracia serán su tarea permanente y los va a enfrentar de la manera más seria que concibe, es decir, con tres sinónimos: "visión, unidad y reflexión".
¿Qué importa que esta idea de cambiar por completo la institucionalidad gubernativa no haya siquiera sido mencionada en el programa de gobierno? Nada. Pocos conocen los programas de gobierno de los candidatos y casi nadie cree en ellos. En estos días estamos viendo por qué: las iniciativas de mayor importancia y actualidad que estudia el gobierno no estaban en su programa. Pero la derogación del binominal sí estaba en el del candidato derrotado, Eduardo Frei, que ahora es oposición. O sea, el gobierno se propone cumplir el programa de la oposición. No importa. Si Chile fuera un país serio, tal vez a alguien le importaría.
¿Importa algo que más de la mitad de la coalición de gobierno esté en desacuerdo con esta verdadera, sorpresiva e irreflexiva (los tres sinónimos se me están pegando) revolución constitucional? Nada. El principal partido de gobierno, la UDI, está en contra; el otro partido de gobierno, RN, está dividido al respecto: el diputado René Manuel García ha dicho ("La Segunda") que la actitud de la directiva de RN "es vergonzosa", que no tiene el apoyo de más de tres diputados y que entre los demás hay "molestia generalizada". ¿No hay apoyo, entonces, en la coalición de gobierno? No importa, porque lo hay en la oposición. Si éste fuera un país serio, a alguien le preocuparía que el gobierno sólo tenga el apoyo de la oposición.
¿Y qué importa que el presidente de un partido de gobierno, que es el del Presidente de la República, haya negociado un acuerdo con un partido opositor para impulsar un radical cambio constitucional, sin informar al gobernante ni a sus socios de coalición? Nada. Como que el gobernante, ex post, una vez informado por lsos diarios, se ha subido al carro.
¿Importa que el partido del Presidente firme un acuerdo fundado públicamente en la debilidad de la autoridad del mismo Presidente? Porque el acuerdo DC-RN así lo expresa: el sistema semipresidencial servirá de soporte ante las falencias de un Ejecutivo débil. Tampoco importa. Más aún, todos sabemos que es débil. Basta mirar lo que aconteció en 2011.
Entonces ¿que importa todo esto? Nada.
Importaría si Chile fuera un país serio, pero no lo es. Y como no lo es, lo que está aconteciendo tampoco tendrá, a la postre, ninguna seriedad. Les aseguro que no habrá cambio del sistema presidencial. A lo más, se cambiará el sistema binominal por uno proporcional "corregido". Mal que mal, eso estaba en el programa de Eduardo Frei, al cual Sebastián Piñera se ha propuesto dar cumplimiento.
¿Absurdo? Claro, pero ¿qué importa, si todos sabemos que éste no es un país serio?
¿Qué importa que el Presidente no haya siquiera sabido lo que se proponía el jefe del principal partido de gobierno, partido del mismo Presidente? No importa nada. O tan poco, que hoy parece que él mismo se ha subido al carro, diciendo que los "perfeccionamientos" a la democracia serán su tarea permanente y los va a enfrentar de la manera más seria que concibe, es decir, con tres sinónimos: "visión, unidad y reflexión".
¿Qué importa que esta idea de cambiar por completo la institucionalidad gubernativa no haya siquiera sido mencionada en el programa de gobierno? Nada. Pocos conocen los programas de gobierno de los candidatos y casi nadie cree en ellos. En estos días estamos viendo por qué: las iniciativas de mayor importancia y actualidad que estudia el gobierno no estaban en su programa. Pero la derogación del binominal sí estaba en el del candidato derrotado, Eduardo Frei, que ahora es oposición. O sea, el gobierno se propone cumplir el programa de la oposición. No importa. Si Chile fuera un país serio, tal vez a alguien le importaría.
¿Importa algo que más de la mitad de la coalición de gobierno esté en desacuerdo con esta verdadera, sorpresiva e irreflexiva (los tres sinónimos se me están pegando) revolución constitucional? Nada. El principal partido de gobierno, la UDI, está en contra; el otro partido de gobierno, RN, está dividido al respecto: el diputado René Manuel García ha dicho ("La Segunda") que la actitud de la directiva de RN "es vergonzosa", que no tiene el apoyo de más de tres diputados y que entre los demás hay "molestia generalizada". ¿No hay apoyo, entonces, en la coalición de gobierno? No importa, porque lo hay en la oposición. Si éste fuera un país serio, a alguien le preocuparía que el gobierno sólo tenga el apoyo de la oposición.
¿Y qué importa que el presidente de un partido de gobierno, que es el del Presidente de la República, haya negociado un acuerdo con un partido opositor para impulsar un radical cambio constitucional, sin informar al gobernante ni a sus socios de coalición? Nada. Como que el gobernante, ex post, una vez informado por lsos diarios, se ha subido al carro.
¿Importa que el partido del Presidente firme un acuerdo fundado públicamente en la debilidad de la autoridad del mismo Presidente? Porque el acuerdo DC-RN así lo expresa: el sistema semipresidencial servirá de soporte ante las falencias de un Ejecutivo débil. Tampoco importa. Más aún, todos sabemos que es débil. Basta mirar lo que aconteció en 2011.
Entonces ¿que importa todo esto? Nada.
Importaría si Chile fuera un país serio, pero no lo es. Y como no lo es, lo que está aconteciendo tampoco tendrá, a la postre, ninguna seriedad. Les aseguro que no habrá cambio del sistema presidencial. A lo más, se cambiará el sistema binominal por uno proporcional "corregido". Mal que mal, eso estaba en el programa de Eduardo Frei, al cual Sebastián Piñera se ha propuesto dar cumplimiento.
¿Absurdo? Claro, pero ¿qué importa, si todos sabemos que éste no es un país serio?
domingo, 22 de enero de 2012
Falsas Ideas Claras
Es una frase francesa. Los franceses se caracterizan por tener claridad de mente. Ellos se dieron cuenta del poder de las "fausses idées claires" (creo que así se escribe). En el Chile de hoy están arrasando dos: "hay que subir los impuestos para que haya más igualdad" y "hay que reformar el sistema binominal para que haya más democracia".
Hay dos cosas de las cuales uno nunca se arrepiente: de darse un baño de mar y de leer los diarios. Hoy hice ambas y no me he arrepentido. Me llamaron la atención cinco cosas en los diarios: una entrevista en "La Tercera" al senador Jovino Novoaa; otra al nieto de Hönnecker, que vive en Chile y es medio chileno; un artículo de Juan Andrés Fontaine, otro de Joaquín García-Huidobro y un tercero de Carlos Peña, todos en "El Mercurio".
La entrevista a Jovino Novoa expresa toda la desilusión de la UDI auténtica (es decir, la que no tiene compromisos de dependencia con el Gobierno) con respecto a este último. Dos frases de Novoa resumen su punto de vista: "Un gobierno tan errático cosecha lo que está sembrando: puro desorden", y "si hubiesen dicho que este gobierno iba a poner adelante la idea de subir impuestos y cambiar el binominal, a lo mejor estaríamos con Frei".
Es que, en realidad, es inédito un regimen dedicado a poner en vigor el programa del adversario al cual derrotó en las elecciones. Es insólito.
Yo le advertí en todos lo tonos a la UDI lo que le iba a suceder si renunciaba a tener candidato propio y apoyaba a Sebastián Piñera. Pero la UDI no me hizo caso. Con su pan se lo coma.
La entrevista del nieto de Hönnecker, porque refiere que fue a ver a Nicanor Parra, en Las Cruces, y en la subida hacia su casa conversó con un joven mapuche, quien, delante de él, asaltó a otro transeúnte y le robó el reloj. Pero al nieto de Hönnecker no lo asaltó. Éste siguió su camino hacia la casa de Parra. ¿No es notable todo eso?
Lo anterior no tiene nada que ver con el tema principal de este artículo, pero es notable. En cambio las otras tres cosas sí. El artículo de Juan Andrés Fontaine demuestra por qué no se necesita subir los impuestos y por qué, en caso de hacerlo, el país va a crecer menos y la pobreza va a disminuir menos. Eso contradice lo que piensa el 90 por cinto de los chilenos, pero es así.
Añado yo, por mi parte>: cuando Hernán Büchi bajó los impuestos el país empezó a crecer al 7 por ciento anual y a disminuir su pobreza. Büchi también disminuyó el salario mínimo, porque impide que los más pobres encuentren empleo. ¿Saben ustedes cuánto era el desempleo en enero de 1990, al final del Gobierno Militar? Cinco por ciento. Hoy es un cincuenta por ciento más y bajo la Concertación, que se dedicó a subir en exceso el salario mínimo, llegó a veces al doble, si bien es cierto que influyeron las crisis internacionales. Përo el hecho es que las encuestas CASEN prueban que el desempleo entre los más pobres de los pobres (jóvenes de poblaciones, sin educación), ha llegado hasta 60 por ciento. Esa es la causa fundamental de la desigualdad social: pobres sin trabajo y ricos trabajando a full (porque a ellos no les afecta el salario mínimo).
El artículo de Joaquín García-Hudobro subraya algo que todos sabemos, pero aparentamos no saber: que los comunistas siempre están listos para tomarse el poder por las armas. Lo dijo Camila Vallejo: es cuestión de que "se den las condiciones". Todos los desórdenes que ella encabezó este año buscaban "crear las condiciones". Fui el único que lo dijo y advirtió.
Y el artículo de Carlos Peña, que es odioso, es verdad, sin embargo vivisecciona la propuesta de reforma política de la DC y RN y prueba su liviandad. Peña la califica de "respingo conservador", porque la enfoca desde el punto de vista de la odiosidad de clases. Pero esa propuesta peca por otra cosa: porque pretende reemplazar un sistema que ha funcionado bien. Los norteamericanos tienen un dicho: "si algo funciona bien, no lo arregle". Acá hemos tenido dos décadas de estabilidad política y bastante paz social (alterada el último año, pero por absoluta falta de autoridad del Gobierno), y no hay ninguna necesidad de modificar el sistema binominal. ¿Quieren hacerlo más democrático? Entonces ábranlo a la competencia. Con binominalismo y más competencia (término del oligopolio de los partidos, facilidad para que los independientes sean candidatos; que triunfe el que tenga más votos) bastaría demás para hacerlo mejor. Pero, claro, es ilusorio pedirles a los partidos que consagren más competencia contra sí mismos. Critican a los productores de pollos por conspirar contra la libre competencia, pero resulta que cualquiera puede producir o importar pollos, en cambio nadie que no sea de un partido puede, salvo casos muy excepcionales (Carlos Bianchi, senador independiente y millonario) desafiar el oligopolio electoral de los partidos.
Bueno, eso era lo que quería decir hoy, después de bañarme en el mar y leer los diarios Pero una cosa más: ¿por qué creen ustedes que el país creció más durante el tiempo en que Büchi fue ministro y en los años inmediatamente siguientes? Yo les voy a decir por qué lo creo yo: porque los impuestos eran bajos, la contratación de mano de obra era más barata y, por tanto, ésta era más productiva y los pobres encontraban trabajo, y todavía no habían entrado en vigor las reformas tributarias y laborales de la Concertación. Debido a ellas el país terminó creciendo a la mitad... y no disminuyó la desigualdad. Piénsenlo.
Hay dos cosas de las cuales uno nunca se arrepiente: de darse un baño de mar y de leer los diarios. Hoy hice ambas y no me he arrepentido. Me llamaron la atención cinco cosas en los diarios: una entrevista en "La Tercera" al senador Jovino Novoaa; otra al nieto de Hönnecker, que vive en Chile y es medio chileno; un artículo de Juan Andrés Fontaine, otro de Joaquín García-Huidobro y un tercero de Carlos Peña, todos en "El Mercurio".
La entrevista a Jovino Novoa expresa toda la desilusión de la UDI auténtica (es decir, la que no tiene compromisos de dependencia con el Gobierno) con respecto a este último. Dos frases de Novoa resumen su punto de vista: "Un gobierno tan errático cosecha lo que está sembrando: puro desorden", y "si hubiesen dicho que este gobierno iba a poner adelante la idea de subir impuestos y cambiar el binominal, a lo mejor estaríamos con Frei".
Es que, en realidad, es inédito un regimen dedicado a poner en vigor el programa del adversario al cual derrotó en las elecciones. Es insólito.
Yo le advertí en todos lo tonos a la UDI lo que le iba a suceder si renunciaba a tener candidato propio y apoyaba a Sebastián Piñera. Pero la UDI no me hizo caso. Con su pan se lo coma.
La entrevista del nieto de Hönnecker, porque refiere que fue a ver a Nicanor Parra, en Las Cruces, y en la subida hacia su casa conversó con un joven mapuche, quien, delante de él, asaltó a otro transeúnte y le robó el reloj. Pero al nieto de Hönnecker no lo asaltó. Éste siguió su camino hacia la casa de Parra. ¿No es notable todo eso?
Lo anterior no tiene nada que ver con el tema principal de este artículo, pero es notable. En cambio las otras tres cosas sí. El artículo de Juan Andrés Fontaine demuestra por qué no se necesita subir los impuestos y por qué, en caso de hacerlo, el país va a crecer menos y la pobreza va a disminuir menos. Eso contradice lo que piensa el 90 por cinto de los chilenos, pero es así.
Añado yo, por mi parte>: cuando Hernán Büchi bajó los impuestos el país empezó a crecer al 7 por ciento anual y a disminuir su pobreza. Büchi también disminuyó el salario mínimo, porque impide que los más pobres encuentren empleo. ¿Saben ustedes cuánto era el desempleo en enero de 1990, al final del Gobierno Militar? Cinco por ciento. Hoy es un cincuenta por ciento más y bajo la Concertación, que se dedicó a subir en exceso el salario mínimo, llegó a veces al doble, si bien es cierto que influyeron las crisis internacionales. Përo el hecho es que las encuestas CASEN prueban que el desempleo entre los más pobres de los pobres (jóvenes de poblaciones, sin educación), ha llegado hasta 60 por ciento. Esa es la causa fundamental de la desigualdad social: pobres sin trabajo y ricos trabajando a full (porque a ellos no les afecta el salario mínimo).
El artículo de Joaquín García-Hudobro subraya algo que todos sabemos, pero aparentamos no saber: que los comunistas siempre están listos para tomarse el poder por las armas. Lo dijo Camila Vallejo: es cuestión de que "se den las condiciones". Todos los desórdenes que ella encabezó este año buscaban "crear las condiciones". Fui el único que lo dijo y advirtió.
Y el artículo de Carlos Peña, que es odioso, es verdad, sin embargo vivisecciona la propuesta de reforma política de la DC y RN y prueba su liviandad. Peña la califica de "respingo conservador", porque la enfoca desde el punto de vista de la odiosidad de clases. Pero esa propuesta peca por otra cosa: porque pretende reemplazar un sistema que ha funcionado bien. Los norteamericanos tienen un dicho: "si algo funciona bien, no lo arregle". Acá hemos tenido dos décadas de estabilidad política y bastante paz social (alterada el último año, pero por absoluta falta de autoridad del Gobierno), y no hay ninguna necesidad de modificar el sistema binominal. ¿Quieren hacerlo más democrático? Entonces ábranlo a la competencia. Con binominalismo y más competencia (término del oligopolio de los partidos, facilidad para que los independientes sean candidatos; que triunfe el que tenga más votos) bastaría demás para hacerlo mejor. Pero, claro, es ilusorio pedirles a los partidos que consagren más competencia contra sí mismos. Critican a los productores de pollos por conspirar contra la libre competencia, pero resulta que cualquiera puede producir o importar pollos, en cambio nadie que no sea de un partido puede, salvo casos muy excepcionales (Carlos Bianchi, senador independiente y millonario) desafiar el oligopolio electoral de los partidos.
Bueno, eso era lo que quería decir hoy, después de bañarme en el mar y leer los diarios Pero una cosa más: ¿por qué creen ustedes que el país creció más durante el tiempo en que Büchi fue ministro y en los años inmediatamente siguientes? Yo les voy a decir por qué lo creo yo: porque los impuestos eran bajos, la contratación de mano de obra era más barata y, por tanto, ésta era más productiva y los pobres encontraban trabajo, y todavía no habían entrado en vigor las reformas tributarias y laborales de la Concertación. Debido a ellas el país terminó creciendo a la mitad... y no disminuyó la desigualdad. Piénsenlo.
sábado, 21 de enero de 2012
¿Será que Carlitos es Demasiado Astuto y Yo No?
Como los comentarios de este blog están siendo visiblemente hackeados, no sé si por los comunistas o por los incondicionales del Presidente, y no puedo tener acceso a ellos, me veo obligado a hacer comentarios en el propio blog.
Pues Máximo, un comentarista agudo, sugiere que Carlos Larraín ha urdido todo esto porque advierte que se viene el gobierno de Michelle Bachelet recargada, es decir, mucho más teñida de izquierdismo y, por tanto, lista para hacer que Chile se dé el periódico tiro en el pie. Y como a los DC tampoco les gusta la idea de tener que pasar otros cuatro años sin mando propio, bueno, entonces antes de que la Michelle nos pegue el balazo, se lo pegamos a ella con el sistema semipresidencial. Pues así piensan que le van a poder instalar un primer ministro aprobado por el Parlamento, todo lo cual ya vendría siendo una cosa perfectamente conversable y manejable, por recargada que la señora (o señorita, nunca he sabido cuál de esas cosas es) venga.
Sí, es posible. Sería una maniobra llena de astucia. Pero es que déjenme decirles una cosa: los países no se manejan así. No podemos estar creando institucionalidades nuevas para cada próxima elección. Con lo que hay (que es lo que nos legó el régimen que no sabemos cómo nombrar), hemos construido un país al cual todos miran como ejemplo. Porque resulta que hasta la educación, que todos dicen que es nuestro talón de Aquiles, es la mejor de América Latina.
Entonces, no empecemos a arreglar el sistema de gobierno cada vez que lo creemos conveniente por razones electorales o tácticas. La diferencia entre un pol{itico y un estadista es que el primero sólo piensa en la próxima elección (o encuesta, y no me piedan decir en quién estoy pensando) y el segundo piensa en la próxima generación.
Tenemos un sistema político y socio-económico que ha cambiado de pelo a Chile en el curso de una generación. Por favor, no lo echemos por la borda por mera astucia de corto plazo.
La única reforma (y no reemplazo) que merece el sistema es la que pueda hacerlo más competitivo. Aquí, por la injerencia de los políticos en la génesis de las leyes orgánicas constitucionales, se suprimió la competencia y se fortaleció el oligopolio partidista. El senador Bianchi, independiente, ha hecho una propuesta de mayor competencia: que los independientes pueda desafiar al oligopolio. Que cualquiera pueda ser candidato y que cualquiera pueda obtener los fondos del Estado para las campañas, que ahora monopolizan los partidos. Y que salga elegido, para emplear palabras de ese gran filósofo chileno que es Leonel Sánchez, "el más mejor". Es decir el que saque más votos, y no como ahora, que muchos ganan con menos votos que otros. Y si se quiere segundas vueltas para asegurar respaldo mayoritario, bien, segunda vuelta para todos, pero no nos cambiemos de caballo.
Hoy día el sistema oligopólico hace que los partidos tengan ventajas que imposibilitan la competencia de los independientes. Pueden hacer pactos y sumar sus votos de lista, de manera que un voto para un candidato de partido vale mucho más que un voto para un independiente. Eso es antidemocrático.
El principio debe ser que quien obtenga más votos salga elegido, y punto.
A propósito de eso, la gran crítica que se hace al binominal es que la minoría está subsidiada. Pero como las elecciones tienen lugar en muchos distritos y circunscripciones, eso no es verdad. En este momento los parlamentarios que han sido elegidos teniendo menos votos que otros que no resultaron elegidos SON DE IGUAL NÚMERO EN LA CONCERTACIÓN QUE EN LA ALIANZA. Así es que es falso que la minoría esté subsidiada.
En todo caso, una norma justa y democrática sería que fueran elegidos los dos candiatos con mayor votación personal. Eso y la facilidad para inscribirse, eliminando las barreras que protegen a los partidos, haría que nuestro sistema fuera mucho más competitivo y democrático. Ello podría introducir cambios fundamentales en la política chilena, y para bien, sin caer en el fraccionalismo propio de los sistemas proporcionales.
Sí, soy menos astuto, pero prefiero pensar en la próxima generación (a la cual deseo que le vaya tan bien como a la actual) que en la próxima elección, aunque sea tan probable que en ella triunfe una Bachelet recargada hacia la izquierda. Porque si el país la quiere y está deseando de nuevo darse el balazo en el pie, bueno, que se lo dé, y a ver si esta vez aprende, pero no podemos estar cambiando la institucionalidad según cómo veamos que se nos presenta la próxima votación.
Pues Máximo, un comentarista agudo, sugiere que Carlos Larraín ha urdido todo esto porque advierte que se viene el gobierno de Michelle Bachelet recargada, es decir, mucho más teñida de izquierdismo y, por tanto, lista para hacer que Chile se dé el periódico tiro en el pie. Y como a los DC tampoco les gusta la idea de tener que pasar otros cuatro años sin mando propio, bueno, entonces antes de que la Michelle nos pegue el balazo, se lo pegamos a ella con el sistema semipresidencial. Pues así piensan que le van a poder instalar un primer ministro aprobado por el Parlamento, todo lo cual ya vendría siendo una cosa perfectamente conversable y manejable, por recargada que la señora (o señorita, nunca he sabido cuál de esas cosas es) venga.
Sí, es posible. Sería una maniobra llena de astucia. Pero es que déjenme decirles una cosa: los países no se manejan así. No podemos estar creando institucionalidades nuevas para cada próxima elección. Con lo que hay (que es lo que nos legó el régimen que no sabemos cómo nombrar), hemos construido un país al cual todos miran como ejemplo. Porque resulta que hasta la educación, que todos dicen que es nuestro talón de Aquiles, es la mejor de América Latina.
Entonces, no empecemos a arreglar el sistema de gobierno cada vez que lo creemos conveniente por razones electorales o tácticas. La diferencia entre un pol{itico y un estadista es que el primero sólo piensa en la próxima elección (o encuesta, y no me piedan decir en quién estoy pensando) y el segundo piensa en la próxima generación.
Tenemos un sistema político y socio-económico que ha cambiado de pelo a Chile en el curso de una generación. Por favor, no lo echemos por la borda por mera astucia de corto plazo.
La única reforma (y no reemplazo) que merece el sistema es la que pueda hacerlo más competitivo. Aquí, por la injerencia de los políticos en la génesis de las leyes orgánicas constitucionales, se suprimió la competencia y se fortaleció el oligopolio partidista. El senador Bianchi, independiente, ha hecho una propuesta de mayor competencia: que los independientes pueda desafiar al oligopolio. Que cualquiera pueda ser candidato y que cualquiera pueda obtener los fondos del Estado para las campañas, que ahora monopolizan los partidos. Y que salga elegido, para emplear palabras de ese gran filósofo chileno que es Leonel Sánchez, "el más mejor". Es decir el que saque más votos, y no como ahora, que muchos ganan con menos votos que otros. Y si se quiere segundas vueltas para asegurar respaldo mayoritario, bien, segunda vuelta para todos, pero no nos cambiemos de caballo.
Hoy día el sistema oligopólico hace que los partidos tengan ventajas que imposibilitan la competencia de los independientes. Pueden hacer pactos y sumar sus votos de lista, de manera que un voto para un candidato de partido vale mucho más que un voto para un independiente. Eso es antidemocrático.
El principio debe ser que quien obtenga más votos salga elegido, y punto.
A propósito de eso, la gran crítica que se hace al binominal es que la minoría está subsidiada. Pero como las elecciones tienen lugar en muchos distritos y circunscripciones, eso no es verdad. En este momento los parlamentarios que han sido elegidos teniendo menos votos que otros que no resultaron elegidos SON DE IGUAL NÚMERO EN LA CONCERTACIÓN QUE EN LA ALIANZA. Así es que es falso que la minoría esté subsidiada.
En todo caso, una norma justa y democrática sería que fueran elegidos los dos candiatos con mayor votación personal. Eso y la facilidad para inscribirse, eliminando las barreras que protegen a los partidos, haría que nuestro sistema fuera mucho más competitivo y democrático. Ello podría introducir cambios fundamentales en la política chilena, y para bien, sin caer en el fraccionalismo propio de los sistemas proporcionales.
Sí, soy menos astuto, pero prefiero pensar en la próxima generación (a la cual deseo que le vaya tan bien como a la actual) que en la próxima elección, aunque sea tan probable que en ella triunfe una Bachelet recargada hacia la izquierda. Porque si el país la quiere y está deseando de nuevo darse el balazo en el pie, bueno, que se lo dé, y a ver si esta vez aprende, pero no podemos estar cambiando la institucionalidad según cómo veamos que se nos presenta la próxima votación.
viernes, 20 de enero de 2012
Se Cumple la Ley Fundamental
Como he informado al país en ocasiones anteriores, la Primera Ley Fudamental de la Política Chilena establece que siempre termina haciéndose lo que dice el Partido Comunista. Por eso el país cada cierto tiempo se dispara en el pie.
Acá hemos vivido dos décadas de estabilidad política reconocida en todo el mundo y que, como suele suceder, ha estado aparejada a una gran prosperidad económica. Todo ello se debió a las bases para la plena democracia sentadas por el Gobierno Militar, que instituyó un régimen político capaz de garantizar estabilidad y un régimen económico de libertades que ha podido subsistir, precisamente, gracias a dicha estabilidad.
Pero nada de eso le gusta al Partido Comunista, cuya doctrina establece que debe haber un Estado todopoderoso, manejado por él y que ejerza un despotismo general sobre los ciudadanos, pues, según los comunistas, ellos mismos son los únicos que saben qué le conviene a la gente.
Todo el mundo elogiaba la evolución chilena, debida a esa gran estabilidad política y económica, pero los comunistas no estaban contentos, porque no tenían ningún poder, por carecer de votos. Es decir, no podían elegir representantes en los poderes públicos y carecían de toda posibilidad de manejar el país según sus designios.
Entonces, aprovechando que hay un gobernante débil, el año pasado iniciaron una revolución violenta que estremeció nuestras ciudades y una de las cosas fundamentales que pidieron fue que se cambiara el sistema electoral, para ellos poder tener cargos aunque no tuvieran suficientes votos. Con generosa cobertura mediática y amplia difusión, la ciudadanía empezó a manifestar en las encuestas su apoyo a las peticiones comunistas. La Concertación, por supuesto, las hizo suyas, porque en el fondo siempre le han gustado (la Concertación se compone de los mejores aliados de los comunistas y de los kerenskis chilenos, que siempre le han pavimentado el camino al comunismo).
Entonces empezó a cumplirse la parte que faltaba de la aplicación de la Primera Ley Fundamental de la Politica Chilena y, como tenemos un gobierno encuestocrático, con un Presidente que nadie sabe lo que realmente piensa para sus adentros, salvo que debe ganar en las encuestas, y éstas, gracias a la cobertura mediática, respaldaban las peticiones comunistas, el Gobierno anunció que haría lo que éstos dicen y empezó a estudiar una reforma del sistema electoral binominal que excluyó a los totalitarios.
Pero en uno de los partidos de gobierno, RN, se había gestado un movimiento disidente que había tendido puentes hacia la oposición para llevar adelante una agenda de reformas del gusto de los comunistas. Esta disidencia amenazaba la estabilidad de la mesa del partido, presidida por Carlos Larraín. Pero era evidente que los díscolos de RN "no sabían la chichita con que se estaban curando", pues Carlos Larraín es, por mucha distancia, más hábil que ellos. Y entonces nos hemos encontrado repentinamente con un tremendo "domingo 7": el propio Carlos les ganó el quién vive y llegó a un acuerdo con la DC para modificar no sólo el sistema binominal, sino todo el régimen político chileno, situación que permitió volver al primer plano a uno de los operadores políticos más hábiles de nuestro medio, el DC Gutenberg Martínez. Y así se articuló un acuerddo de centro, DC-RN, para hacer un cambio institucional mayor, como lo es el de pasar de un régimen presidencial a uno semipresidencial, en una maniobra que no se registraba en el país desde el siglo XIX, cuando se transformó por arte de birlibirloque el sólido presidencialismo de los decenios en el parlamentarismo de los quinquenios, que culminó sólo cuando el país se dio cuenta, en los años 20 del siglo pasado, que lo que realmente había querido siempre era presidencialismo. Y por eso se dictaron las Constituciones de 1925 y 1980. La primera lo restableció y la segunda lo fortaleció. Y esto último ha permitido a Chile vivir la etapa política y económica más dorada de su historia.
Entonces, Carlos Larraín ha puesto una bomba. Desde luego, se la ha puesto al gobierno, si es que éste todavía puede llamarse tal, porque a estas alturas el Presidente Sebastián Piñera sólo tiene una cosa clara (hay que reconocer que la ha tenido siempre): que él debe seguir estando en el centro de las fotos y que éstas deben ser muchas y salir en el mayor número de publicaciones posible. Pero salvo él, centrado en su tema, el resto del país ha caído en estado cataléptico.
La única cosa cuerda que ha sucedido en estos días la ha aportado un apolítico, el senador independiente por Magallanes, Carlos Bianchi, quien ha presentado una moción de reforma de la ley electoral para permitir que los independientes puedan competir en los comicios en los mismos términos que los militantes de partidos, idea que está en la Constitución pero que las leyes orgánicas trasgredieron en favor de los partidos y en perjuicio de los independientes. Yo estoy propiciando la misma idea hace años y a ella, como es costumbre con mis ideas, nadie le había hecho caso. Pero ahora el senador Bianchi la ha hecho suya, así es que seremos dos las personas a las cuales nadie les hace caso.
¿Qué va a suceder? No tengo la menor idea, pero me temo que va a ser como el encallamiento del Costa Concordia: "sálvese quien pueda". No sé si RN, la UDI, la Concertación o todas ellas juntas van a volar en pedazos, pero sí sé que los únicos ganadores de todo esto, los comunistas, están ahora un paso más cerca de entrar a hacerse cargo de los restos náufragos de la universalmente celebrada y aplaudida "joya más preciada de la corona latinoamericana" (Bill Clinton, 1991).
Pero, de que siempre se cumple la Primera Ley Fundamental de la Política Chilena, se cumple.
Acá hemos vivido dos décadas de estabilidad política reconocida en todo el mundo y que, como suele suceder, ha estado aparejada a una gran prosperidad económica. Todo ello se debió a las bases para la plena democracia sentadas por el Gobierno Militar, que instituyó un régimen político capaz de garantizar estabilidad y un régimen económico de libertades que ha podido subsistir, precisamente, gracias a dicha estabilidad.
Pero nada de eso le gusta al Partido Comunista, cuya doctrina establece que debe haber un Estado todopoderoso, manejado por él y que ejerza un despotismo general sobre los ciudadanos, pues, según los comunistas, ellos mismos son los únicos que saben qué le conviene a la gente.
Todo el mundo elogiaba la evolución chilena, debida a esa gran estabilidad política y económica, pero los comunistas no estaban contentos, porque no tenían ningún poder, por carecer de votos. Es decir, no podían elegir representantes en los poderes públicos y carecían de toda posibilidad de manejar el país según sus designios.
Entonces, aprovechando que hay un gobernante débil, el año pasado iniciaron una revolución violenta que estremeció nuestras ciudades y una de las cosas fundamentales que pidieron fue que se cambiara el sistema electoral, para ellos poder tener cargos aunque no tuvieran suficientes votos. Con generosa cobertura mediática y amplia difusión, la ciudadanía empezó a manifestar en las encuestas su apoyo a las peticiones comunistas. La Concertación, por supuesto, las hizo suyas, porque en el fondo siempre le han gustado (la Concertación se compone de los mejores aliados de los comunistas y de los kerenskis chilenos, que siempre le han pavimentado el camino al comunismo).
Entonces empezó a cumplirse la parte que faltaba de la aplicación de la Primera Ley Fundamental de la Politica Chilena y, como tenemos un gobierno encuestocrático, con un Presidente que nadie sabe lo que realmente piensa para sus adentros, salvo que debe ganar en las encuestas, y éstas, gracias a la cobertura mediática, respaldaban las peticiones comunistas, el Gobierno anunció que haría lo que éstos dicen y empezó a estudiar una reforma del sistema electoral binominal que excluyó a los totalitarios.
Pero en uno de los partidos de gobierno, RN, se había gestado un movimiento disidente que había tendido puentes hacia la oposición para llevar adelante una agenda de reformas del gusto de los comunistas. Esta disidencia amenazaba la estabilidad de la mesa del partido, presidida por Carlos Larraín. Pero era evidente que los díscolos de RN "no sabían la chichita con que se estaban curando", pues Carlos Larraín es, por mucha distancia, más hábil que ellos. Y entonces nos hemos encontrado repentinamente con un tremendo "domingo 7": el propio Carlos les ganó el quién vive y llegó a un acuerdo con la DC para modificar no sólo el sistema binominal, sino todo el régimen político chileno, situación que permitió volver al primer plano a uno de los operadores políticos más hábiles de nuestro medio, el DC Gutenberg Martínez. Y así se articuló un acuerddo de centro, DC-RN, para hacer un cambio institucional mayor, como lo es el de pasar de un régimen presidencial a uno semipresidencial, en una maniobra que no se registraba en el país desde el siglo XIX, cuando se transformó por arte de birlibirloque el sólido presidencialismo de los decenios en el parlamentarismo de los quinquenios, que culminó sólo cuando el país se dio cuenta, en los años 20 del siglo pasado, que lo que realmente había querido siempre era presidencialismo. Y por eso se dictaron las Constituciones de 1925 y 1980. La primera lo restableció y la segunda lo fortaleció. Y esto último ha permitido a Chile vivir la etapa política y económica más dorada de su historia.
Entonces, Carlos Larraín ha puesto una bomba. Desde luego, se la ha puesto al gobierno, si es que éste todavía puede llamarse tal, porque a estas alturas el Presidente Sebastián Piñera sólo tiene una cosa clara (hay que reconocer que la ha tenido siempre): que él debe seguir estando en el centro de las fotos y que éstas deben ser muchas y salir en el mayor número de publicaciones posible. Pero salvo él, centrado en su tema, el resto del país ha caído en estado cataléptico.
La única cosa cuerda que ha sucedido en estos días la ha aportado un apolítico, el senador independiente por Magallanes, Carlos Bianchi, quien ha presentado una moción de reforma de la ley electoral para permitir que los independientes puedan competir en los comicios en los mismos términos que los militantes de partidos, idea que está en la Constitución pero que las leyes orgánicas trasgredieron en favor de los partidos y en perjuicio de los independientes. Yo estoy propiciando la misma idea hace años y a ella, como es costumbre con mis ideas, nadie le había hecho caso. Pero ahora el senador Bianchi la ha hecho suya, así es que seremos dos las personas a las cuales nadie les hace caso.
¿Qué va a suceder? No tengo la menor idea, pero me temo que va a ser como el encallamiento del Costa Concordia: "sálvese quien pueda". No sé si RN, la UDI, la Concertación o todas ellas juntas van a volar en pedazos, pero sí sé que los únicos ganadores de todo esto, los comunistas, están ahora un paso más cerca de entrar a hacerse cargo de los restos náufragos de la universalmente celebrada y aplaudida "joya más preciada de la corona latinoamericana" (Bill Clinton, 1991).
Pero, de que siempre se cumple la Primera Ley Fundamental de la Política Chilena, se cumple.
jueves, 19 de enero de 2012
¡Y Qué Fue, Y Qué Fue, Los Tres Tercios Otra Vez!
Ayer yo andaba de viaje y no sabía nada de lo que estaba pasando, cuando me llamó un amigo al auto y me informó de la revolución en curso: "¡Ahora Carlitos Larraín hizo un pacto con Walker para cambiar el binominal!", me dijo. Yo quedé tan confundido por la sorpresa que no recuerdo qué le contesté. Después llegué a destino y leí lo que salió en "La Segunda". Ahora sigo sin saber más que eso, porque en este destino los diarios llegan muy tarde y no he recibido ninguno. Pero, por supuesto, ya tengo algunas conclusiones:
Primera: ¡Volvieron los tres tercios! RN y la DC son el centro, a la derecha queda la UDI y a la izquierda socialistas y comunistas. ¡Y qué fue! Podemos volver a tener otro gobierno de Allende, es verdad, pero también podríamos volver a tener otro de Pinochet. "¡Oh félix culpa!", como creo que dicen los Evangelios en alguna parte, queriendo significar que sin la Pasión no habríamos tenido un Salvador (un Salvador bueno, se entiende).
Segunda: Que habrá muchas, pero muchas elecciones más. Elegiremos, además de gobierno central, congreso y municipios, gobiernos regionales y nuevos gobiernos metropolitanos. En vez de una elección año por medio, vamos a tenerlas todos los años. Y como además habrá primarias, votaremos varias veces al año. ¿Puede haber algo que haga más felices a los chilenos que las elecciones, con la posible salvedad de las eliminatorias mundialistas? (Ya dejaron de ser "clasificatorias" para nosotros, ustedes saben por qué).
Tercera: Este es un obús directo a la línea de flotación de Michelle Bachelet. Hasta lo dice "La Segunda" expresamente: los pactantes la dan por elegida y con todo el poder que hoy tiene el Presidente, y ante la evidencia de que viene con su izquierdismo recargado ¿qué mejor que limitarle los poderes y obligarla a compartirlos con un primer ministro elegido por el Congreso? Claro que ella podrá disolver el parlamento una vez durante su mandato, pero sabemos que los presidentes ven reducida su popularidad durante su ejercicio, así es que...
Cuarta: Se mantiene incólume el principio fundamental de la política chilena, cual es el de que los comunistas manejan la agenda. Porque los principales interesados en derrumbar el sistema binominal eran los comunistas, dado que tienen pocos votos y no les alcanzan para ser elegidos. Ahora, con sistema proporcional y muchas más elecciones, seguramente les va a alcanzar para tener bastantes cargos desde los cuales seguir haciendo la revolución, sobre todo si Camila ha confesado que la vía armada no está en modo alguno excluida. Ya los comunistas ni siquiera deberán entrar en tratativas con los "kerenskis chilenos".
¿En qué va a terminar todo esto? No tengo idea. Estamos en medio de una revolución (no la de la Camila todavía, por supuesto, pero sí una revolución política). Es decir, estamos en una etapa donde nadie sabe qué va a pasar. Pero una cosa ya es clara: quien aspiraba a ser el único y gran protagonista de la política chilena debería ir olvidándose de serlo.
Primera: ¡Volvieron los tres tercios! RN y la DC son el centro, a la derecha queda la UDI y a la izquierda socialistas y comunistas. ¡Y qué fue! Podemos volver a tener otro gobierno de Allende, es verdad, pero también podríamos volver a tener otro de Pinochet. "¡Oh félix culpa!", como creo que dicen los Evangelios en alguna parte, queriendo significar que sin la Pasión no habríamos tenido un Salvador (un Salvador bueno, se entiende).
Segunda: Que habrá muchas, pero muchas elecciones más. Elegiremos, además de gobierno central, congreso y municipios, gobiernos regionales y nuevos gobiernos metropolitanos. En vez de una elección año por medio, vamos a tenerlas todos los años. Y como además habrá primarias, votaremos varias veces al año. ¿Puede haber algo que haga más felices a los chilenos que las elecciones, con la posible salvedad de las eliminatorias mundialistas? (Ya dejaron de ser "clasificatorias" para nosotros, ustedes saben por qué).
Tercera: Este es un obús directo a la línea de flotación de Michelle Bachelet. Hasta lo dice "La Segunda" expresamente: los pactantes la dan por elegida y con todo el poder que hoy tiene el Presidente, y ante la evidencia de que viene con su izquierdismo recargado ¿qué mejor que limitarle los poderes y obligarla a compartirlos con un primer ministro elegido por el Congreso? Claro que ella podrá disolver el parlamento una vez durante su mandato, pero sabemos que los presidentes ven reducida su popularidad durante su ejercicio, así es que...
Cuarta: Se mantiene incólume el principio fundamental de la política chilena, cual es el de que los comunistas manejan la agenda. Porque los principales interesados en derrumbar el sistema binominal eran los comunistas, dado que tienen pocos votos y no les alcanzan para ser elegidos. Ahora, con sistema proporcional y muchas más elecciones, seguramente les va a alcanzar para tener bastantes cargos desde los cuales seguir haciendo la revolución, sobre todo si Camila ha confesado que la vía armada no está en modo alguno excluida. Ya los comunistas ni siquiera deberán entrar en tratativas con los "kerenskis chilenos".
¿En qué va a terminar todo esto? No tengo idea. Estamos en medio de una revolución (no la de la Camila todavía, por supuesto, pero sí una revolución política). Es decir, estamos en una etapa donde nadie sabe qué va a pasar. Pero una cosa ya es clara: quien aspiraba a ser el único y gran protagonista de la política chilena debería ir olvidándose de serlo.
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