Los cuatro años de
este gobierno, el primero de derecha desde el de Augusto Pinochet, van a ser –ojalá--
parecidos al período 1986-90 de ese gobierno. Aunque no creo que las medidas liberalizadoras,
privatizadoras y tributarias vayan a ser de la misma profundidad. Por ejemplo,
el ministro de Hacienda Quiroz anuncia una rebaja del impuesto corporativo del
27 al 23 %. En 1986 el entonces ministro Büchi rebajó a 10 por ciento ese
impuesto.
Los resultados
son diferentes en uno u otro caso. En carta a El Mercurio de ayer el
ingeniero y economista Jorge Claro Mimica expresa: “simulaciones razonables
muestran que los proyectos rentables podrían aumentar en torno al 20% con una tasa
de 23 % y hasta cerca de un 70 % con una tasa de 10 %”.
Eso hizo posible
que Chile creciera 5,6 % en 1986, 6,5 % en 1987, 7,3 % en 1988 y 10,6 % en
1989, poniéndose a la cabeza del hemisferio.
En 1986 el
desempleo era de 10,4 %, en 1987 de 9,6 %, en 1988 de 8 % y en 1989 de 7,1 %
promedio, culminando en 5 % en enero de 1990. Cifras del Banco Central usadas
en mi libro “Historia de la Revolución Militar Chilena 1973-1990”.
Hubo entonces
medidas muy valientes que no creo este gobierno se atreva a tomar, como privatizaciones
aceleradas con posibilidad de pagarlas con papeles de la deuda externa a su
valor nominal, cuando podían comprarse a una fracción de eso en los mercados
bursátiles. O la congelación del salario mínimo obligatorio en 1985.
A quienes dicen
que la disminución de impuestos va a traducirse en menores ingresos fiscales se
les puede responder que el déficit presupuestario era de 6,3 % del PIB en 1985
y se redujo a 2,5 % del PIB en 1989.
¿Estaba contenta
la mayoría en ese tiempo de enorme progreso material en todos los órdenes? No,
porque la propaganda adversa era muy poderosa y sostenía que había cinco
millones de pobres y eso no se podía tolerar. Y decían que el progreso era sólo
para los más ricos y las reducciones tributarias los beneficiaban a ellos y no
al grueso de la población. Pero entraron un millón de alumnos a las
universidades, cuando ese mercado era todavía libre, cuyos padres no habían tenido posibilidad de
acceder a la educación superior.
A posteriori todo el mundo concuerda en que el mejor período en la historia de Chile en lo económico, lo social y hasta lo político fue 1985-2015, “los mejores treinta años”. Se forjaron sobre la base de las medidas del último presidente de derecha y su ministro Büchi. Pero el primero perdió su reelección en 1988 (claro que mediando un "cohecho” norteamericano y europeo occidental de $2,5 millones de dólares en favor del No). Y en 1989 Büchi perdió ampliamente frente a Aylwin, que ya era Aylwin II y había olvidado todo lo que Aylwin I dijo e hizo para que un gobierno militar nos salvara de una "tiranía comunista" (sic).
Los pueblos, o
sus mayorías, no son agradecidos. Más bien son “interesados”. También hoy.
Preste oídos a las críticas del marxismo y la izquierda en general. Son las
mismas que en 1985-90. Y hace poco más
de cuatro años el pueblo eligió a la némesis de Pinochet, que iba a repartir
todo lo de los demás, y arrasó.
Y la prédica negativa
ya ha hecho bajar seis puntos el apoyo a Kast. Déjâ vu.
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