miércoles, 13 de noviembre de 2013

Lo Único que Tenemos

Días atrás dije que este domingo iba a votar en conciencia y que, en ese momento, no sabía bien qué me dictaba mi conciencia. Anticipé que cuando lo supiera lo iba a expresar en este blog.

Pues bien, he leído todas las opiniones de quienes siempre hemos apoyado la causa de los presos y procesados políticos militares, causa que pone de manifiesto el mayor escándalo moral y jurídico de nuestro tiempo en Chile, y he visto que tales opiniones son variadas y en algunos casos contradictorias. En lo único en que concuerdan todas es en que esos perseguidos políticos han sido traicionados por Sebastián Piñera, pero difieren acerca de la manera en que debe actuarse este domingo.

¿Qué armas tenemos? Somos contrarios a la violencia y al terrorismo (por serlo, justamente, apoyamos a los presos políticos militares, que libraron al país de ambos). Tenemos escasa capacidad de influir en la opinión pública, pues nuestros pareceres encuentran muy escasa acogida en los principales medios, si bien me he sorprendido gratamente de que "El Mercurio" haya dado cabida hoy, por fin, a la carta del jurista Adolfo Paul Latorre en que critica la ausencia, en un editorial del señalado matutino sobre el Observatorio Judicial, de toda referencia a las inconstitucionalidades, ilegalidades y arbitrariedades sufridas por los referidos prisioneros y procesados a manos de la justicia de izquierda.

Entonces, si somos realistas, la única arma efectiva que tenemos es nuestro sufragio.

El Plan Ahora, que agrupa a muchos de quienes defendemos a los presos políticos militares, sostiene que no debemos ir a votar el domingo, como castigo a la señalada traición sufrida a manos del sector de opinión al cual, se supone, pertenecemos.

Otro grupo respetable, que dice contar con el apoyo de una mayoría de los propios prisioneros políticos, junto con manifestar su repudio al actual gobierno y a los candidatos que avalaron la traición perpetrada por éste, cree que, no obstante ello, se debe ir a votar por los candidatos de la Alianza, en nombre de que constituyen un mal menor frente a la posibilidad de que resulten electos la candidata presidencial y los postulantes a parlamentarios y a CORES de la coalición demo-socialista-comunista, representativos de un mal mayor.

La Fundación Simón Yévenes, bautizada con el nombre del primer mártir poblacional de la UDI, asesinado en los años '80 por el FPMR, (con cuyo vocero convivía precisamente entonces Michelle Bachelet, alias "Claudia"), Fundación que lleva como candidato a diputado independiente en Recoleta y Huechuraba a quien la preside, Pablo Jofré, recomienda votar por éste y, para presidente, por Franco Parisi. En abono de quienes así opinan hay que decir que han sido los únicos, a través de su abogado Raúl Meza, que han interpuesto querellas contra todos los responsables de extrema izquierda como autores intelectuales y a veces materiales de crímenes terroristas, hoy ampliamente amnistiados, prescritos o indultados. Ellos argumentan en su querella que, justamente, no caben perdones ni prescripciones tampoco en esos casos, por tratarse de "crímenes de lesa humanidad", según el propio argumento que los abogados y jueces de izquierda esgrimen para continuar persiguiendo a uniformados por hechos de hace cuarenta años.

Por su parte, el distinguido secretario de un reconocido bastión de derecha, que sesiona semanalmente y también apoya la causa de los prisioneros políticos, les ha escrito a todos sus adherentes sugiriéndoles que deben votar, si lo hacen en Providencia, por el hijo del coronel (r) Cristián Labbé, que va de candidato a diputado en esa circunscripción, y para presidente por Ricardo Israel, un moderado de centroizquierda que aboga por la reconciliación de los chilenos y nunca se ha sumado al discurso del odio bacheletista ni tampoco a la traición piñerista contra los uniformados (r), que, en cambio, ha sido avalada por la candidata Matthei.

Frente al desparpajo de la justicia de izquierda, cuyo exponente máximo en este momento es el ministro sumariante Álvaro Mesa, de Temuco, que está enviando presos a decenas de uniformados (r) en esa ciudad sin fundamento legal y contrariando normas expresas, desparpajo cuyas consecuencias han sido exhibidas y comprobadas internacionalmente, al capturarse en España a los mismos terroristas que la referida justicia de izquierda dejó libres acá, pese a las seis mil pruebas aportadas por la fiscalía local, frente a todo eso, repito, algo hay que hacer, y nuestra única arma es el sufragio. Pues obsérvese el perfecto correlato entre la antigua justicia de izquierda, que pasa por sobre todas las leyes para condenar a los uniformados (r) en desmedro del antiguo procedimiento penal, y la nueva justicia de izquierda, que también pasa por sobre todas las pruebas y normas con tal de dejar libres a los terroristas en desmedro del nuevo procedimiento penal.

¿Me van a decir ustedes que, en presencia de todo eso, nosotros debemos seguir sin hacer nada, sin siquiera utilizar esta mínima y única arma legal y moral que tenemos, ya sea absteniéndonos de ir a votar, ýa sea votando sólo por quienes no han sido autores ni cómplices de la traición, para así dar una lección al sector que ha violado las promesas formuladas para conseguir sus votos hace cuatro años, o asimilar esa experiencia y votar ahora de manera de inferir a los políticos traidores u olvidadizos un castigo ejemplar?

He reflexionado seriamente sobre todo lo anterior y llegado a la conclusión de que no podría votar por la candidata presidencial que es un fiel reflejo, en estas materias, de Sebastián Piñera, al apoyar, como lo hizo, la decisión más siniestra de éste, como lo fue la de sacrificar a los presos políticos militares en el ara del odio marxista, empeorando las condiciones de su injusta prisión. Evelyn Matthei expresamente ha hecho causa común con Sebastián Piñera, que además de lo anterior ha mantenido intacta la estructura de persecución oficial ilícita contra los prisioneros políticos uniformados, a través del Instituto de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, desde el cual el subsecretario Rodrigo Ubilla, a la cabeza de un contingente de abogados de izquierda, inicia más y más querellas ilegales contra aquellos, triplicando el número de las que había bajo la administración Bachelet. Y el actual gobierno mantiene intacta y bien financiada la institucionalidad estatal destinada a deformar la verdad histórica, como asimismo el respaldo al mayor monumento a la falsificación de los hechos del pasado, el Museo de la Memoria, todo ello coronado por la mantención como funcionario de la exclusiva confianza del Presidente de la República en el crucial cargo de Director del Instituto Médico Legal, del médico mirista confeso, Patricio Bustos, cuya institución hace poco dictaminara que el general Bachelet falleció hace cuarenta años a causa de torturas pero, días después, se declarara incapacitada de discernir la causa de muerte de un niño, acaecida pocos días antes en Laguna Verde.

En esas condiciones, me siento moralmente inhabilitado de favorecer con mi voto a Evelyn Matthei, por ser ella la personificación en estas materias de Sebastián Piñera. Y tampoco me interpretan los demás candidatos, ninguno de los cuales se ha pronunciado en contra del ya referido y supremo escándalo judicial de nuestro tiempo. Así es que anularé mi voto para Presidente de la República.

Como trasladé mi inscripción a Providencia cuando, en 2011, quise apoyar la reelección del coronel (r) Labbé como Alcalde, sigo votando allá, de modo que esta vez sí sufragaré por su hijo, candidato a diputado, en la certeza de que él, como su padre, representa el sentir de quienes no aceptamos hacernos parte ni ser cómplices de la arbitrariedad jurídico-política. Y para CORE también voy a votar por el candidato UDI Ruiz-Tagle, en cuyo favor juega la presunción de inocencia en dichos delitos de lesa juridicidad, indiferencia moral culpable, cinismo político y pérdida de la memoria histórica en que han incurrido algunos dirigentes de su coalición, su partido y su candidata presidencial.

En fin, así como apoyé a Laurence Golborne como candidato presidencial en las primarias y critiqué el "pánicus dexterae" (pánico derechista) que llevó a la UDI a bajar en forma inconsulta, precipitada y timorata su postulación, por el hecho de haberse revelado que tenía una inversión en el extranjero, en circunstancias que la misma UDI nunca nada había dicho al efecto antes ni después de apoyar a Sebastián Piñera como candidato presidencial, pese a saberse que cerca de la mitad de sus inversiones millonarias están radicadas en el exterior, así también, por un mínimo de consecuencia, votaré por Golborne para senador, favoreciéndolo también con la presunción de inocencia al no haberse hecho cómplice del desconocimiento de la palabra presidencial dada a los presos políticos militares ni tampoco del empeoramiento de sus condiciones carcelarias.

Lo que comunico a través de este blog para contribuir a la claridad de las conciencias y demás efectos a que haya lugar.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Piñera a Flote y el Resto a Pique

La única encuesta que le da al Presidente un 40% de aprobación es Adimark; CEP septiembre-octubre le dio 34% y en julio-agosto 31%; la última CERC, de junio, 33%. Como la principal obligación de un columnista es leer a sus similares, me he sorprendido de apreciar que todos aceptan el 40%. Pues, yo creo, por razones que me reservo, que la realidad está mejor reflejada en las otras que le dan menos. Sea como fuere, Héctor Soto, en "La Tercera" del sábado, concluye que mientras Piñera queda, en virtud del 40% de Adimark, a flote, la derecha se va a pique.

Yo le advertí a la derecha ya en 2008 que esto le iba a suceder. Y conste que ni siquiera comparto lo de que Piñera "esté a flote", pues con un tercio de aprobación popular no se flota. Y es extraño que no lo logre, porque la situación relativa del país es favorable. Su gobierno tuvo suerte. Dentro del infortunio del terremoto, la reconstrucción tuvo la virtud de provocar un aumento del gasto que dinamizó la economía. Además, lo favoreció la suerte de que mejoraron mucho los términos de intercambio del país, gracias al excelente precio del cobre, que se acercó a 4 dólares por libra, siendo que Bachelet vivió prolongados períodos de menos de dos dólares. La inyección de recursos extraordinarios ayudó a mejorar el empleo, junto con la suerte de que la encuesta de ocupación cambiara y se tornara menos exigente. Esto condujo a incorporar a la categoría de "ocupados" a muchos que antes eran contabilizados como "desempleados". En todo caso, como observó el profesor Ernesto Fontaine, lo que le valió una poco delicada réplica presidencial en "Tolerancia Cero", este Gobierno nada aportó para esas buenas cifras. De hecho, se limitó a aumentar el gasto público y subir los impuestos, que es la receta de la izquierda. No pudo volver al superávit estructural y ni siquiera al equilibrio estructural del Presupuesto. El déficit en la cuenta corriente con el exterior superó el 4%. Pero Piñera flota.

Es que siempre flota. En "La Tercera" del sábado 9 de noviembre se señala (p. R 15) que tiene cerca de la mitad de su fortuna en el exterior. Cuando a Golborne lo acusaron de tener una cuenta en el exterior, la UDI lo mandó a pique. En cambio, sabiendo lo primero, siempre ha contribuido a dejar flotar a Piñera.

¿Y por qué la derecha se hunde? El columnista de "El Mercurio" Carlos Peña dio tres razones hace dos domingos y el almirante (r) Vergara Villalobos, en carta al diario, añadió una cuarta: el incumplimiento del Gobierno de su promesa de debido proceso y aplicación de la prescripción a los presos uniformados (r), lo que le ha enajenado a la derecha a la familia militar.

Este tema es cuidadosamente eludido por la gran prensa y sólo mantiene actualidad en internet, y nada más que entre quienes apoyamos a esos presos políticos. Son tales, porque están en la cárcel por razones políticas y en contravención a la normativa legal. A este respecto, ya se encuentra en librerías la monumental obra del abogado Adolfo Paul Latorre, "Procesos Sobre Violación de Derechos Humanos", llamado a ser texto de investigación y consulta en las buenas universidades del futuro, ya que no en las actuales que, como toda nuestra sociedad, eluden escrupulosamente este tema.

Justamente el autor del libro me ha dado a conocer el texto de una carta que envió a "El Mercurio", y que debería aparecer hoy lunes 11, haciendo la observación de que un editorial reciente, referido a la necesidad de que exista una mirada escrutadora sobre los fallos judiciales, no aludiera a la principal razón que la justificaría: los procesos sobre violaciones de los derechos humanos, plagados de inconstitucionalidades, arbitrariedades e ilegalidades.

¿Por qué este tema sistemáticamente se elude? ¿Es que contamina a quien lo aborde? ¿Es que el temor al dicterio extremista y a las funas ha terminado por silenciar la conciencia crítica honesta del país?

Leí la columna del sábado en "La Tercera" de Fernando Villegas, opinante valeroso que amenazaba abordarlo. Pues, bajo el título de "Autonomía a Pedido", incluía una prometedora bajada: "Los jueces, con la potestad única de juzgar y condenar, detestan que alguien los juzgue y quizás condene". Y busqué la que estimaba obvia referencia a las arbitrariedades cometidas contra los ex militares. Pero no apareció por ninguna parte, en toda la extensión del artículo. Lo más aproximado a una referencia a ése, el mayor escándalo judicial de nuestro tiempo, venía en la siguiente tibia frase: "Y si es un caso célebre que entra en sintonía con la sensibilidad del momento, entonces se enarcarán graves cejas y se aplastará al infractor con todo el peso de la ley y algo más". "Algo más", eso sería todo.

¿Por qué hay un grupo de ciudadanos excluidos de su derecho más elemental, el de que se les apliquen las leyes, privados de él no sólo impunemente, sino sin que nadie siquiera se atreva a exponer públicamente su situación?

Es que todos "quieren flotar", como el Presidente. Siendo candidato les prometió a los presos políticos uniformados (r) preocuparse de ellos y, ya electo, se dio cuenta de que se bundiría en las encuestas si cumplía. Y no sólo no lo ha hecho, sino que les ha agravado las condiciones carcelarias, lo que indujo al suicidio del que se encontraba entre los más inocentes de todos ellos; y a la muerte de otro, enfermo grave, octogenario, que dependía crucialmente de su cercanía a un establecimiento hospitalario, de la cual la decisión presidencial lo alejó.

Todo esto puede tener consecuencias electorales. El "Plan Ahora" de defensa de los presos políticos uniformados (r) llamó a no votar en los próximos comicios, como protesta por la situación de que son víctimas y ante el hecho de que, finalmente, nadie vela por ponerle término. Pero el propio almirante (r) Vergara, que ha logrado exponer su caso en la gran prensa, ha manifestado considerar tal idea del Plan Ahora como "una soberana estupidez", y ha llamado a votar el domingo. Asimismo, la ex alcaldesa Myrna Dubost, gran defensora de los referidos presos políticos y severa crítica de la traición presidencial a los mismos, ha dado a conocer que obtuvo de ellos el apoyo a la idea de votar por los candidatos de derecha.

Voy a pronunciarme en este mismo blog acerca de lo que, en conciencia y también con un sentido práctico, creo yo mismo que se debe hacer en defensa de los referidos presos políticos. No lo expongo ahora, porque no estoy definitivamente resuelto. Pero siempre he argumentado que, en una sociedad como la nuestra, en que todo se obtiene mediante la presión y la fuerza, muchas veces ilegítima, si los presos políticos uniformados(r) no son capaces realmente de amenazar a nadie, ni siquiera con el ejercicio de una presión plenamente legal, jamás van a recibir ayuda de nadie ante la gravísima injusticia que están soportando.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Siete Respuestas Para Teresa

Leo cada vez que puedo los escritos de Teresa Marinovic, mujer valiente que les dice en su cara a los chilenos, desde distintos medios, verdades que nadie más se atreve a expresar. Admiro su fluida pluma y su coraje político. Además, le estoy agradecido, porque hace un tiempo, entrevistada en CNN, manifestó algo que, yo creía, ningún habitante de esta larga y angosta faja de tierra se atrevería a decir públicamente jamás: que estaba de acuerdo conmigo.

Pero he leído (miércoles 6) en "El Mostrador" su columna "El ocaso de la derecha y las preguntas pendientes sobre Pinochet". Y tras leerla pienso que, claramente, ya no estamos tan de acuerdo. Para mí es evidente que ella no salió indemne del vendaval publicitario marxista desatado con motivo de los 40 años del Once. Eso se refleja en sus siete preguntas sobre Pinochet y, por eso mismo, me he sentido inmediatamente desafiado a contestarlas, en mi triple calidad de derechista confeso, experto autodesignado en la historia chilena del último medio siglo e inmune autodeclarado al lavado cerebral marxista.

Primera pregunta de Teresa: "¿Se puede sostener --con base racional-- que Pinochet no estuviera al tanto de lo que ocurría en materia de derechos humanos?"

Ahí ya ella nos comunica que ha sido presa de la principal consigna adversaria: los "atropellos a los derechos humanos", discurridos por la izquierda marxista. Si un guerrillero suyo mata a un militar, no hay atropello a los derechos humanos. Si un militar mata a un terrorista, sí lo hay, aunque el que declaró la guerra, el agresor, haya sido el terrorismo marxista. La de los "derechos humanos" es una doctrina ad hoc. La izquierda se armó para tomar el poder matando gente. Pero, mediante una propaganda incesante, se ha transformado en víctima. Hábil travestismo, pues anunció que sería victimaria (ahí están los acuerdos unánimes de sucesivos Congresos del Partido Socialista declarando la guerra armada a la "democracia burguesa"), tenía el contingente de tropas, precisado por Altamirano en unos diez mil efectivos; la OEA contabilizó entre doce y quince mil ingresos clandestinos al país durante la UP, y no de gente que viniera a apoyar la labor de las Hermanitas de los Pobres. En 1972 chocaba en Curimón una camioneta cargada de metralletas e inscrita a nombre de la secretaria del Presidente Allende, la "Payita", señalando como su domicilio el Palacio de La Moneda. Un guerrillero extranjero, empleado en una empresa intervenida, asesinaba de un tiro a un teniente de Ejército (Héctor Lacrampette), en agosto de 1973. Entonces los principales líderes de la mayoría democrática llamaron a las Fuerzas Armadas a intervenir. "Esto se arregla sólo con fusiles", proclamaba Frei Montalva. Y los uniformados acudieron al llamado, con fusiles. Entonces ahora Teresa pregunta si Pinochet estaba "al tanto de lo que ocurría en materia de derechos humanos". Por supuesto, no sólo él, sino que todos estábamos al tanto, "antes de la batalla". Sabíamos que había miles de personas dispuestas a matar para tomarse el poder, pero no sabíamos si iban a triunfar. No sabíamos cuán efectivos eran los extremistas ni tampoco si las Fuerzas Armadas y Carabineros se iban a dividir e iba a haber una guerra civil. Pinochet tampoco lo sabía. Pero sí tenía claro que debía usar las armas. Entre el 11 de septiembre y el 31 de diciembre de 1973, según las dos comisiones formadas por la Concertación, hubo 1.823 muertos, 301 a manos de la guerrilla extremista y 1.522 a manos de los uniformados. Es decir, el 57 por ciento del total registrado entre 1973 y 1990. Y en esos tres meses las voces de los líderes políticos democráticos defendían en todos los tonos el actuar de las Fuerzas Armadas y Carabineros. Pero ni Pinochet ni todos estábamos "al tanto de lo que ocurría en materia de derechos humanos". De hecho, creíamos que el número de muertos era mucho mayor, pues la prensa extranjera hablaba de cien mil y yo pensaba que exageraban y que no pasaban de diez mil. ¿Sabía Pinochet lo que hacía cada uno de los cincuenta mil uniformados desplegados para terminar con la guerrilla armada? No podía saberlo. Cuando en octubre, en el norte, un solo oficial subalterno, por sí y ante sí, ordenó ejecutar a más de medio centenar de personas en La Serena, Antofagasta y Calama, Pinochet recibió versiones contradictorias sobre los responsables del hecho. No podía saber cuál de sus generales decía la verdad. Por consiguiente, no podía materialmente "estar al tanto de lo que ocurría en materia de derechos humanos". Han transcurrido quince años desde que se reabrió proceso por esos hechos del norte, y todavía no se cierra. Ya antes, en 1986, habían sido investigados por el juez de Antofagasta y terminado en la aplicación de la amnistía. Pero los distintos oficiales intervinientes en ellos polemizaban en cartas a "El Mercurio", atribuyéndose mutuamente las culpas. ¿Cómo iba a saber Pinochet la verdad entonces? Yo investigué el caso y escribí un libro al respecto y, creo, llegué a la verdad. Y tuve ocasión de explicársela al Presidente Pinochet poco antes de su muerte. Mi versión lo sorprendió mucho, sobre todo al saber que oficiales inferiores, a los cuales consideraba sus amigos, habían procurado descargar en él culpas propias. Entonces, Teresa, Pinochet "no estaba al tanto" de un sinnúmero de cosas. Ni nadie, de todas ellas. Ésa es la respuesta.

Segunda pregunta: "Si estuvo al tanto de lo que ocurría, con la brutalidad y arbitrariedad con que de hecho ocurrió, ¿pensaba que esos hechos se justificaban en términos de legítima defensa?"

El tenor de esta sola pregunta revela que Teresa "compró el paquete propagandístico de la izquierda". Pinochet no estaba al tanto de todo lo que ocurría, porque le habría sido imposible, pero suponía, como Frei Montalva, Aylwin, Jarpa o yo, que los militares disparaban contra los guerrilleros y que éstos disparaban contra aquéllos. Los primeros disparaban mejor (1.522 muertos) y los segundos peor (301 muertos). Y como Frei Montalva, Aylwin, Jarpa y yo habíamos llamado a los uniformados precisamente para eso, los defendíamos. Jarpa y yo, hasta hoy; Frei Montalva y Aylwin, hasta que se les pasó el miedo y les volvió la ambición. Ya a mediados de 1974 Aylwin, sintiendo que su vida no corría peligro y que extrañaba demasiado el poder, fue a visitar al ministro de la Corte Suprema, Rafael Retamal, para representarle el hecho de que no se estaban acogiendo muchos recursos de amparo de detenidos por sospechas de pertenecer a la guerrilla. El juez Retamal le replicó (según versión de Aylwin en sus memorias): "Mire, Patricio, los extremistas nos iban a matar a todos. Ante esta realidad, dejemos que los militares hagan la parte sucia, después llegará la hora del derecho". Ése era el pensamiento de un juez. ¿Usted cree que el pensamiento del general Pinochet podía ser más exigente que el de un juez, en materia de derechos humanos? Ese juez, que era de inclinación pro-DC, sabidamente, no creía que hubiera "brutalidad y arbitrariedad", como usted lo cree ahora, 40 años después; y sí creía que había una respuesta proporcionada al peligro que amenazaba a nuestra sociedad. Entre otras razones, porque el Intendente de Santiago, durante la UP, había proclamado públicamente, respecto de los ministros de la Corte Suprema, que "habría que matar a todos estos viejos momios", por el delito de hacer respetar el derecho de propiedad contra las "tomas" ilegales amparadas por el gobierno UP.

Tercera pregunta: "Si realmente estábamos en estado de guerra y había antecedentes como para suponer que existía capacidad real de resistencia de parte del enemigo ¿con qué estándar ético se forma en el Ejército de Chile para enfrentar al enemigo?"

Hace unas semanas, en el programa "Tolerancia Cero", el abogado Luis Valentín Ferrada acreditó que desde hace muchos años los oficiales de inteligencia antisubversiva chilenos recibieron instrucción en los Estados Unidos, incluso durante el gobierno de la Unidad Popular. Hoy día vemos en las noticias que los norteamericanos, en la lucha antiterrorista, están unánimemente en favor de la eliminación física de los sospechosos de terrorismo, mediante drones o cohetes lanzados desde helicópteros. El Presidente Obama, Premio Nobel de la Paz, mandó matar a Osama Bin Laden sin forma de juicio y luego lanzó sus restos al mar, con unánime respaldo mundial. El ex Presidente Bush, en sus memorias, explica que métodos de apremio, como sumergir la cabeza de los sospechosos bajo el agua hasta que revelaran sus proyectos secretos de atentados, allá son legales. Los israelíes pasaban año a año leyes regulando la tortura en la lucha antiterrorista. Acá, bajo Allende y bajo Frei Montalva, no habiendo una amenaza terrorista generalizada, sí se practicaba la tortura en los interrogatorios de la policía política, como está ampliamente documentado. Todos esos eran "estándares éticos" en su momento y habría sido extraño que, ante la amenaza de un terrorismo armado y activo de más de veinte mil efectivos, el Gobierno Militar se hubiera puesto más riguroso que sus antecesores civiles, los Estados Unidos o Israel para enfrentar al terrorismo extremista. Claro, hay una diferencia: cuando los soldados norteamericanos que han luchado así contra el terrorismo llegan a un aeropuerto, la gente se pone de pie y los aplaude; acá los meten presos.

Cuarta pregunta: "Más allá del Golpe ¿hay alguna razón que explique que Pinochet se mantuviera en el poder durante el tiempo que lo hizo, sólo en su calidad de General Libertador de la amenaza marxista?"

Bueno, la autoridad ejecutiva del Gobierno Militar, hasta 1981, residió en la Junta Militar de Gobierno, que fue presidida por Pinochet. No fue un régimen unipersonal. Después de 1980, Pinochet fue Presidente elegido en un plebiscito, con más del 60 por ciento de los votos. Y todos los encuestadores que sondearon la opinión de los chilenos en 1980 coincidieron en que lo respaldaba una mayoría. Luego, él fue parte del poder Ejecutivo, Legislativo y Constituyente hasta 1980, compartiéndolo con el resto de la Junta; y fue Presidente elegido hasta 1989, de acuerdo con la Constitución. Esas razones explican su permanencia.

Quinta pregunta: "¿Cuál fue la actitud que tuvo el General frente a los miembros de las Fuerzas Armadas que se opusieron al hecho de que él mantuviera el poder político, aún cuando habían sido partidarios del Golpe?"

Se aclaró antes que él compartía el poder en la Junta, hasta 1981. Después, fue titular electo del Ejecutivo y la Junta del Legislativo. Que se supiera, el único general que se alzó contra las políticas sustentadas por la Junta fue el general Leigh, quien fue destituido por acuerdo unánime del resto de la misma Junta, dentro de sus atribuciones, tal como lo hiciera años más tarde, en 1985, con el general Mendoza. No se supo de otras disidencias.

En una oportunidad en que participé, como director de un diario, en un almuerzo con el general Pinochet, en los años '70, él nos expresó algo así como: "Ustedes creen que es muy fácil prescindir de los servicios de un general (había presiones de los civiles partidarios del Gobierno Militar para que se destituyera a un alto ofical cuyas actuaciones eran muy criticadas). "Pero", continuó Pinochet, "si yo remuevo a un general, comienza a sonar en mi oficina el teléfono interno del Ejército y desde distintos puntos del país me piden respetuosamente explicar las razones de la remoción. Y eso es una situación delicada para cualquier Comandante en Jefe", nos expresó, dándonos a entender que su proceder requería un equilibrio muy cuidadoso.

Sexta pregunta: "¿Hay forma de demostrar la muerte de alguno de ellos como hecho no fortuito?".

Hasta ahora nadie ha probado eso, pese a que se ha intentado probar la intervención oficial en muertes sabidamente explicadas por otros motivos, como el suicidio de Salvador Allende, el cáncer terminal de Pablo Neruda y la desafortunada intervención quirúrgica que le costó la vida a Eduardo Frei Montalva (similar a la que casi le costó la vida, a manos del mismo cirujano, a la senadora Isabel Allende, que por eso ha declarado públicamente no compartir la tesis del "asesinato de Frei"). Pero nunca se ha aportado una prueba seria de la muerte de algún general disidente "como hecho no fortuito".

Séptima pregunta: "¿Por qué razón la derecha, partidaria de las libertades individuales, justificó que éstas se sacrificaran durante tanto tiempo? ¿Hay algún tipo de bien que legitime la coerción de la libertad? ¿Por cuanto tiempo?"

La derecha se preocupó de inspirar al Gobierno Militar con su ideario de defensa de las libertades, y por eso bajo ese régimen fueron consagradas muchas libertades que el socialismo había cercenado o limitado. Los chilenos tuvieron cada vez más libertad para elegir, trabajar, emprender, viajar y disponer de lo suyo. Luego, no se sentían menos libres bajo el Gobierno Militar, sino todo lo contrario. La libertad política estaba limitada por el receso de los partidos, pero había amplia crítica pública a las políticas oficiales. En los años '80 me correspondió probar, ante la Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa, que las publicaciones semanales de carácter político, sañudamente críticas del Gobierno Militar, como "Análisis", "Cauce", "Apsi" y "Ercilla" (esta última fue reemplazada después por "Hoy"), eran más numerosas que las publicaciones semanales favorables al Gobierno Militar. Había diarios de oposición, como "Fortín Mapocho" y, en los '80, "La Época". Cuando este último diario apareció, muchos dijeron, "ahora vamos a saber la verdad de las cosas", pero resultó que no traía nada que no apareciera en el resto de la prensa existente y a la cual se tachaba de "sometida al régimen". Y justamente por eso "La Época" no prosperó. No se vendía. Finalmente, fue el propio Gobierno Militar el que impulsó una Carta Fundamental con plenas garantías de libertad política y sus leyes complementarias sobre Partidos y Elecciones, complementando así las restantes libertades individuales con la de carácer político-partidista y electoral. Y por eso pudo llegar una plena democracia que rige hasta hoy y que fue establecida por el Gobierno Militar y no, como algunos repiten sin base, "conquistada" por sus adversarios.

Termina Teresa Marinovic su artículo diciendo: "El hecho es que la derecha, la derecha en ruinas, no ha querido (no hemos querido) dar una respuesta seria a esas preguntas".

Bueno, yo soy de derecha y las he procurado responder, creo, seriamente. He escrito libros que lo hacen parcialmente, como "La Verdad del Juicio a Pinochet", "Terapia para Cerebros Lavados" y, últimamente, "Ni Verdad Ni Reconciliación", que puede leerse, bajo el título de "El Libro de las Verdades Olvidadas", en este mismo blog, con fecha 10 de septiembre (en realidad, apareció el 11, pero este blog tiene el horario atrasado, no sé por qué). Más de tres mil personas ya lo han bajado a sus computadores y, supuestamente, leído, lo que no es frecuente para un libro chileno. También puede encontrarse, bajo el título de "Ni Verdad Ni Reconciliación", "en las buenas librerías". No ha tenido "lanzamiento" porque a estas alturas al lanzamiento de un libro que reivindique la verdad histórica no acudiría casi nadie, por miedo a la "funa" comunista. Y hasta ahora la prensa casi no lo ha mencionado ("La Tercera" sí, una vez).

El tema de fondo consiste en explicar por qué la derecha está "en ruinas", como dice Teresa Marinovic. Y yo creo que la razón ha sido que ella se hizo parte de un gobierno que no la representa, ha traicionado la memoria de otro que sí la representó, ha contribuido a encarcelar ilegal e injustamente a los militares que la salvaron a ella y al país del totalitarismo y, en fin, porque retrocede constantemente ante la propaganda adversa, sin ser capaz de defender ni sus propias actuaciones ni sus propias ideas.

martes, 5 de noviembre de 2013

Observatorio del Cinismo General

Cuando el Mal es denominado Bien; cuando la Inmoralidad es llamada Ética; cuando la Mentira Flagrante es descrita como Verdad Judicial; cuando el Soborno determina la "Opinión Mayoritaria"; cuando el Engaño y la Traición a los más indefensos de la sociedad son premiados con alza en los Índices de Popularidad; cuando los Delincuentes Armados son dejados libres y quienes han cumplido la misión de enfrentarlos son mandados Presos; cuando los Medios son manipulados sistemáticamente para ocultar una parte de la Verdad; cuando la Ley no se aplica y se nos dice que eso es Estado de Derecho; y cuando ante todo ello se nos pretende convencer de que vivimos una situación de normalidad democrática, quiere decir que la sociedad está enferma.

Chile es hoy una sociedad enferma. No sé si terminal, pero al menos parcialmente terminal, de una época de la vida nacional. Esto no puede seguir y no va a seguir. Muchas veces he dicho que nos ha llegado el tiempo de darnos "un balazo en el pie". Ahora no sé si irá a ser sólo en el pie.

El espectáculo que se está brindando a raíz del episodio del propuesto "Observatorio Judicial" es un síntoma de esa enfermedad terminal.

¡Un Observatorio Judicial a raíz de que los jueces de izquierda dejan a los delincuentes libres! ¿Y qué Obervatorio han propuesto ante la sucesión de inconstitucionalidades, arbitrariedades e ilegalidades flagrantes cometidas por la justicia de izquierda contra los presos (decenas) y procesados (centenares) políticos que hay en el país, los ciudadanos más débiles e indefensos de todos, porque nadie significativo intercede por ellos y sólo alguien se dirige a ellos cuando necesita sus votos, pero sólo para engañarlos, prometiéndoles lo que sabe que no va a cumplir, para, después, añadir daño al insulto, agravándoles las condiciones de su encarcelamiento ilegal?

En mi ya no corta vida nunca había visto a hombres públicos ni al país caer tan bajo. Hablo de ética. Pero de la ética de verdad, la que consiste en ser honestos, en premiar a los que lo son y no, porque en un momento dado nos conviene, hasta al más pillo de los pillos.

¡Qué risible resulta, en este país moralmente canceroso, esta idea de un "Observatorio Judicial"! Sólo porque a los delincuentes los jueces de izquierda no les hacen nada, cuando durante décadas otros jueces de izquierda, un poco mayores, se han ensañado con total impunidad, mediante la prevaricación reiterada, la arbitrariedad, la parcialidad y la mentira, para poner entre rejas a los más débiles de nuestra sociedad, los uniformados "caídos tras las líneas enemigas". Los que tuvieron la ingenuidad de acudir al llamado de los líderes políticos democráticos y de sus cónyuges que les iban a lanzar granos de maíz a sus cuarteles, para derrotar por las armas, sufriendo centenares de víctimas, a quienes iban a usar sus propias armas soviéticas y cubanas para quitarles a esos líderes y a todos los civiles sus libertades, sus bienes y sus propiedades.

¿Cuántos de los que deben sus enormes fortunas de hoy a esa salvación van a visitar a los pobres presos políticos octogenarios que viven mendigando alimentos básicos y modestas frazadas para sobrevivir en el penal, ahora más hacinado, debido a que el multimillonario que hizo su fortuna bajo el Gobierno Militar y que la ha vuelto a multiplicar por dos y media veces, según Forbes, bajo el propio suyo, decidió incrementarles el castigo por salvar a Chile, trasladándolos a una cárcel peor? (Otro buen negocio, otra "pasada" típica suya, pues dicen que le permitió ganar tres puntos en las encuestas cancerosas de la sociedad cancerosa que así premia el engaño y la traición).

Risible "Observatorio Judicial", tan "observador" que ni siquiera se ha dado cuenta, a lo largo de los años, de que los "secuestrados permanentes", según los jueces de izquierda, supuestamente mantenidos privados de libertad por los secuestradores condenados por ellos que se han suicidado o muerto, pese a esto último no reaparecen liberados por ninguna parte. ¿Sería que esos jueces en sus sentencias no estaban diciendo la verdad? ¿Sería que la Verdad Judicial era, en realidad, Mentira Judicial, y los tales secuestrados no existían y, por tanto, tampoco había tal delito ni debería haber habido tal condena? ¿Cómo a nadie se le ocurrió nunca, ni se le ocurre ahora, "observar" esas cosas tan evidentes?

"Inobservada" hasta hoy continúa una fantástica jueza de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, digna de siquiera una mirada, que en una sentencia de hace pocos años dictaminó que el mirista Woodward, fallecido certificadamente en un hospital del Puerto y enterrado en el respectivo cementerio, también documentadamente, ¡permanecía secuestrado en recintos de la Armada! Lo dijo por escrito y tengo copia de su sentencia. ¿Cómo es que a nadie se le ocurrió, no digo "observar", sino dar apenas una mirada para ver semejantes prevaricaciones?

En estos días debe estar llegando a librerías una obra de gran peso, "Procesos sobre Violaciones a los Derechos Humanos: inconstitucionalidades, arbitrariedades, ilegalidades", del abogado Adolfo Paul Latorre. Medio millar de páginas acerca de los desvaríos de una mal llamada "justicia" que ha atropellado todos los derechos de los chilenos más indefensos de todos. Pues estoy cierto de que no hay ningún otro grupo en nuestra sociedad más desamparado, ninguno que no se alce, proteste ni encuentre defensa cuando se le priva del más elemental derecho ciudadano, que es el de que se le apliquen las leyes.

Aquí todos nos hemos "hecho los lesos" con las tropelías jurídicas cometidas contra los militares (r). Yo sólo he levantado la voz con porfía, pero tal vez debiendo haberme jugado mucho más. Otros han aportado un trabajo jurídico notable, como el jurista Adolfo Paul y su "Yo Acuso" de quinientas páginas. En la Francia finisecular de Emile Zola su "J'Accusse" fue capaz de cambiar el estado de cosas. Es que allá y entonces había una fibra moral sana en la sociedad, que hoy acá ya no existe. ¿Qué han dicho las Fuerzas Armadas frente al escándalo de la prevaricación contra sus camaradas? ¡Nada! Si algún militar activo ha levantado la voz ha sido para aportar un clavo adicional a esa crucifixión judicial. ¿Qué ha dicho el Colegio de Abogados al respecto? ¡Nada! Mi difunto amigo Álvaro Bardón me decía que los abogados debíamos ir a romper nuestros carnets ante los Tribunales. ¡Qué iluso era! ¡Como si a los jueces izquierdistas caraduras, capaces de limpiarse con todas las leyes, la Constitución y la Verdad, que ni siquiera cumplían con tomarles la declaración indagatoria a los reos injustamente condenados, les fuera a importar algo que rompiéramos nuestros carnets en el frontis de los Tribunales! Mucho más, para el caso, les importaba que el MIR o el FPMR les pusieran una bomba en sus departamentos, como lo hicieron cuando alguna vez cumplieron su rol judicial y aplicaron la Ley de Amnistía. Una funa comunista es mucho más efectiva que la rotura del carnet de un abogado legalista.

¡Observatorio Judicial! ¡No me embromen, por favor! Como solían decir las actas de sesiones del antiguo Senado, cuando algún padre conscripto ponía en evidencia algún absurdo extremo de la conducta parlamentaria o gubernamental: "RISAS EN TRIBUNAS Y GALERÍAS".

lunes, 4 de noviembre de 2013

Tolerancia Mil

¡Qué agradable fue para Sebastián Piñera volver a su ex canal y ser amablemente interrogado por las mismas personas que él contrató para "Tolerancia Cero", antes de vender la estación ventajosa, si bien tardíamente (en relación a su promesa de campaña), a un millonario norteamericano que ha sabido cuidar muy bien su línea de izquierda (los norteamericanos son muy izquierdistas en todo lo que no tenga que ver con su país o su propio patrimonio: ¿cuándo han hecho una reforma agraria como la que predicaron y hasta impusieron a otras naciones, entre ellas Chile?).

El momento más enternecedor del programa fue cuando se presentó como "pequeño accionista" de las Cascadas, y víctima de presuntos abusos. Es un "pequeño accionista" que le vendió a Norte Grande, una de las Cascadas, 1.900 millones de acciones de otra de las Cascadas, Oro Blanco, en US$ 26,7 millones, a precios superiores en 19,0, 24,9 y 35,3 por ciento a los de los días bursátiles previos. ¿Qué dirán los verdaderos minoritarios de este sedicente tal que le vendió acciones a su empresa con tanto sobreprecio? En "La Tercera" de 25 de octubre, p. 35, están publicadas otras operaciones aun mayores que ésa, atribuibles a este singular minoritario. Debe ser, entre los mismos, el que más ha ganado a costa de las viles "empresas abusadoras", vendiéndoles acciones a precios sobre el de mercado.

También despertó admiración su cultura cívica, al señalar que votando "no" en el plebiscito de 1988 había contribuido a impedir la prolongación del Gobierno Militar. Es que él parece saber que a los chilenos se les puede contar cualquier cuento. Ninguno de sus amables circunstantes le replicó nada, siendo que precisamente el triunfo del voto "no" lo que hizo fue prolongar por un año más el Gobierno Militar. Si hubiera triunfado el "sí", aquél habría terminado un año antes, en 1989 en lugar de 1990; y se habría anticipado en un año la vigencia del articulado permanente de la Constitución, que estableció la plena democracia, poniéndose término al período transitorio final del régimen militar. ¡Admirable Sebastián Piñera, que no supo por qué votaba en 1988, y sigue sin saberlo!

Pero aún más admirable fue su intervención cuando llegó el momento en que Fernando Villegas, única voz que esporádicamente en ese programa suele velar por los fueros de la verdad histórica, se atrevió a preguntarle sobre el incumplimiento de su promesa hecha en 2009, como candidato y para conseguir el "voto militar", de velar por la legalidad de los procesos contra uniformados (r) actualmente sometidos a una generalizada prevaricación judicial. La promesa del entonces candidato Piñera se refirió explícitamente a reinvidicar la vigencia de la prescripción de los delitos, pero en "Tolerancia Mil" se le dejó pasar el argumento de que, según los tratados internacionales vigentes (ergo, no por culpa de él) los "delitos de lesa humanidad" supuestamente cometidos por los militares son imprescriptibles. Todo eso lo dijo con una cara dura impresionante, que no se debía sólo a la gruesa capa de maquillaje; y frente a la aquiescencia de sus contertulios, a los cuales visiblemente el tema no les interesa mayormente y, si les interesa en algo, es para influir en el sentido de que los militares sigan siendo perseguidos y condenados con argumentos ilegales y por razones exclusivamente políticas. Pues todo lo que le respondió Piñera al panel es falso. Es falso que se trate de "delitos de lesa humanidad", pues no corresponden a la tipificación de ellos que hace el Tratado de Roma; es falso que éste sea aplicable a sus casos, pues fue incorporado a la legislación chilena muchos años después de ocurridos los supuestos delitos; y, finalmente, es falso que autorice su juzgamiento, porque, al contrario, el Tratado de Roma y la ley que lo estableció en Chile en 2009 dijeron expresamente que no se deberán aplicar a hechos anteriores a su vigencia. Pero "la mula" presidencial "pasó" y el auditorio televisivo cautivo y aún más desinformado que el panel del programa la dejó pasar.

¡Brillante, Sebastián, "pequeño empresario abusado", que tiene muy cerca en su escritorio "una carpeta con sus promesas de campaña para no dejar de cumplir ninguna", pero que ha iniciado querellas contra militares(r) como ningún antecesor suyo y les ha empeorado las condiciones carcelarias como no lo hizo ningún anterior gobernante, por marxista que fuera!

En "Tolerancia Mil" volvió a "hacernos pasar por el aro" a todos. Una vez más. Así es que el país está preparado para comulgar de nuevo con su rueda de carreta en 2017.

sábado, 2 de noviembre de 2013

A la Espera del Izquierdazo

La lectura de las fúnebres expectativas de los comentaristas, editorialistas, blogueros y opinólogos, incluidos los de centro-derecha, nueva derecha y seudo-derecha, no hace sino confirmar las lamentables consecuencias que el entreguismo tiene en política.

Pues la derecha chilena ha renunciado a lo mejor que tiene, por haber sido convencida de que obró mal cuando obró bien. Lo mejor que hizo en los últimos cincuenta años fue llamar a los militares para que salvaran al país de convertirse en otro satélite soviético, y ahora muchos derechistas piden perdón por eso y el resto guarda silencio culpable.

Lo segundo mejor que hizo fue convencer a los militares de que un buen gobierno en lo económico-social, si adoptaba las ideas de la derecha, podía transformar a Chile en la economía más próspera de América Latina, tras haber vegetado por décadas entre las más mediocres, por haber hecho demasiadas concesiones al socialismo.

Y lo tercero mejor que hizo fue convencer a los mismos militares de que debían legar un régimen democrático protegido y estable, cosa que éstos hicieron respaldados por un macizo apoyo popular, manifestado en el plebiscito de 1980, que nadie nunca dudó de que representaba la opinión mayoritaria de los chilenos, como vinieron a comprobar en terreno, antes del plebiscito, los propios encuestadores norteamericanos de Gallup.

Pero para sostener todos esos logros con posterioridad al Gobierno Militar se necesitaba una derecha que tuviera personalidad, claridad de ideas y, sobre todo, fibra moral. Por suerte, como la canción era tanto mejor que el cantante, durante veinte años de triunfos electorales de sus adversarios de centro e izquierda, el modelo económico-social y político legado por el Gobierno Militar sobrevivió sólo con algunos raspados en la pintura. Y tal vez si esos adversarios hubieran seguido ganando el gobierno cada cuatro años el modelo habría sobrevivido, pero cupo la mala fortuna de que la derecha ganó la elección en 2010 en la más indeseable de las condiciones: encabezada por un cómplice activo de sus adversarios, de nombre Sebastián Piñera.

Éste, cual Caballo de Troya, se ha aprovechado de la falta de fibra moral del sector para destruirlo por dentro y tenerlo en este momento no sólo a merced de sus adversarios y listo para recibir una aleccionadora derrota electoral, sino que ha contribuido a desprestigiar al Gobierno Militar, criminalizándolo a él y a sus otrora partidarios (¡que son los suyos!) y a desvirtuar el modelo, aumentando el tamaño del Leviatán, subiendo impuestos, creando ministerios innecesarios, subsecretarías adicionales, superintendencias burocráticas y persiguiendo ilegalmente (contra su promesa de campaña) a uniformados en retiro que lucharon contra el terrorismo marxista, librando al país de él.

Colmó toda medida cuando, para agravarles odiosamente las penas (y ganar apoyo izquierdista en las encuestas), trasladó a esos reos, a estas alturas de avanzada edad y salud precaria, y en medio del ludibrio y las pedradas comunistas, a un penal más inhóspito y alejado de los centros médicos donde ellos deben atender los males propios de la vejez y las privaciones que los afligen.

Es decir, no sólo se ha convertido en cómplice activo de la degeneración del modelo, sino del odio extremista. Todo para ganar tres puntos de popularidad, que ciertamente provienen del extremismo y no de los sectores moderados, que silenciosamente repudian su traición.

Pues bien ¿qué ha dicho o hecho la derecha ante ello? Nada. Eso sólo expone más ostensiblemente su falta de fibra moral. ¿Qué dice ante la insólita carrera emprendida por el régimen para crear una "Subsecretaria de Derechos Humanos", en competencia con la candidata de izquierda y para anticiparse a ella, que la tiene en su programa? Nada. Es sabido que el entorno de los llamados "derechos humanos" es un artificio comunista para procurar la impunidad de la subversión de extrema izquierda en el mundo. Desde que el profesor, historiador y escritor Claudio Véliz comprobara documentadamente que "Amnesty International" había sido una creación de los agentes de Moscú, durante la guerra fría, para procurar un manto de protección a la guerrilla armada, toda esa temática no ha sido otra cosa que un tinglado desde el cual procurar la impunidad del terrorismo subversivo. Y el actual gobierno chileno ha sido mucho más proactivo que sus antecesores socialistas en perseguir a los militares que nos libraron de ese flagelo, triplicando el número de las querellas ilegales en su contra. Si usted le pregunta hoy a un militar en retiro, que es leal con sus compañeros presos políticos de la justicia de izquierda y del gobierno que los degrada y ofende, a quién prefiere en La Moneda, si a un sucesor de éste o a alguien como Michelle Bachelet, le expresan que a esta última, pues no interpuso mil nuevas querellas ni suprimió el humano Penal Cordillera, medidas con las cuales solidariza la actual candidata sucesora del actual gobierno. ¿Por qué ella no capta siquiera el "voto duro" de derecha? Dése usted mismo la respuesta.

Por esas razones ahora todos hacen presagios negros sobre el "izquierdazo" que está a punto de tener lugar en el país y que traerá las más negras consecuencias. Entonces, no preguntes por quién doblan las campanas: están doblando por ti. Ahora sí que fuiste un cómplice pasivo, defendiendo tanto al cómplice activo de la izquierda.

Yo ya en 2009 te advertí de las consecuencias y no me hiciste caso. Ahora soporta el "izquierdazo", y con tu pan te lo comas.

miércoles, 30 de octubre de 2013

La Derecha Ausente

Cuando me preguntan a cuál sector político pertenezco, contesto que al de la "derecha ausente", la que hoy no tiene representación ni voceros ni, casi, militantes. En el primer foro de ANATEL comprobé cuán ausente está. Lo menos lejano a la misma era Evelyn Matthei, pero ella adscribe a la línea de Sebastián Piñera, que se disputa con Michelle Bachelet iniciativas de izquierda como crear una Subsecretaría de Derechos Humanos contemplada en el programa de la Nueva Mayoría y que él quiere establecer antes, para ganarle el "quién vive". ¿De qué derecha me hablan? Y otra pregunta: ¿de qué le han servido a Piñera esta izquierdización y su traición a los presos políticos militares? ¿Para subir de 31% a 34% su apoyo en la encuesta CEP?

La "derecha ausente" es esa que está consciente (como ninguna otra, según vemos a diario) del mayor escándalo de nuestro tiempo: los miles de juicios contra ex militares, en contravención impune a todas las leyes, que terminan en corruptas sentencias de jueces y abogados integrantes politizados o cobardes (o ambas cosas) que mantienen a más de medio centenar de ex uniformados presos, muchos octogenarios y enfermos, por hechos amnistiados, prescritos, no pocas veces falsos y ya antes juzgados, sin que se oiga la menor protesta más allá de nuestro minoritario círculo.

Por nuestros correos electrónicos --y sólo por ellos-- suelen circular advocaciones impresionantes y hasta emocionantes frente a esa pública atrocidad jurídica, humana e histórica cometida a vista y paciencia de todos, y en particular de los uniformados activos, que han dejado a sus camaradas caídos "tras las líneas enemigas" para ser victimizados, sin levantar siquiera la voz. Y así se sigue cometiendo impunemente la mayor tropelía contra cada vez más de quienes, "cuando las papas quemaban", pusieron el pecho a las balas terroristas, mientras los hoy silentes civiles tenían miedo, pues, como decía el juez supremo Rafael Retamal, insistiéndole a Aylwin que debía dejar proceder a los militares sin interferenicas judiciales, "los marxistas nos iban a matar a todos"; mientras Frei Montalva clamaba "¡esto se arregla sólo con fusiles" o imprecaba a los generales timoratos (algunos hoy presos por haber dejado de serlo) diciéndoles "¡ustedes tienen las bayonetas y no las usan!"; o mientras Aylwin I se negaba a criticar a los que por fin habían usado sus armas "desde detrás de mi escritorio, pues están recibiendo el fuego adversario".

Hoy a esos "muertos-vivos" ni siquiera se les menciona en los foros y nadie debe responder por su suerte aciaga ni por la arbitrariedad de que son víctimas. Y cuando yo, como el Pepe Grillo de la conciencia nacional, los recuerdo, me apartan del camino diciendo que estoy "pegado en el pasado". Pero los "muertos-vivos" no están en el pasado, están hoy ahí, con su condición penal injusta agravada por la puñalada trapera (traslado a un penal peor) con que Piñera rubricó su incumplimiento de la promesa de velar para que tuvieran un debido proceso, derecho a la prescripción y "debida aplicación de los tratados internacionales", giro que ha resultado particularmente patético desde que se les inculpa de "delitos de lesa humanidad" establecidos por el Tratado de Roma, que sólo entró a regir en Chile en 2009 y en cuyo texto se dice explícitamente que sus normas no deberán ser aplicadas a hechos anteriores a su vigencia, todo eso sin considerar que la tipificación de tales delitos se ajusta mucho mejor al actuar indiscriminado contra la población civil y uniformada de los terroristas del MIR y del FPMR (hoy todos libres y algunos(as) hasta candidateándose) que al de los agentes del Estado encargados de la esencial misión social de combatir la violencia subversiva.

A propósito de lo cual, por supuesto, "la derecha ausente" del primer foro de ANATEL no habría omitido, de estar allí representada, preguntarle a la señorita Bachelet (pues es señorita y no señora) por sus actuaciones en los años '70 como ayudista del MIR, según lo acredita la biografía suya de los periodistas de izquierda Andrea Insunza y Javier Ortega, o como conviviente del vocero del FPMR Alex Vojcovich en los años en los 80, cuando esta asociación ilícita terrorista causaba más víctimas con sus atentados, permitiendo llenar páginas enteras de "El Mercurio" con las fotos de uniformados caídos bajo sus bombas y balas, sin olvidar que los guerrilleros de dicho frente insisten hasta hoy en que ella era, además, parte activa de su contingente armado.

Vocación contraria a la legalidad institucional que sólo relumbró unos instantes en dicho primer foro, cuando preguntada y repreguntada acerca de si rechazaba o no la inconstitucional y sediciosa propuesta de una Asamblea Constituyente, se negó por dos veces a definirse. Es que, donde hubo fuego subversivo, cenizas quedan.

Por supuesto, la misma "derecha ausente", de haber estado representada, no habría dejado pasar la oportunidad de revalidar sus recetas para los principales problemas nacionales, como lo son la delincuencia, la salud y la educación, describiendo los benéficos efectos para la sociedad que tendría la aplicación más rigurosa de las leyes penales a los delincuentes que hoy transitan presurosos por la puerta giratoria hacia la impunidad, cuando llegan a ser detenidos, mediante el uso severo de la atribución constitucional del Presidente de la República de velar por la conducta ministerial de los jueces que liberan malhechores con la misma presteza con que persiguen ilícitamente a ex militares exentos de responsabilidad penal. La "derecha ausente" también habría propiciado la liquidación paulatina pero sostenida de los monstruos estatales burocráticos que constituyen los Ministerios de Salud y Educación, para entregar directamente a las familias pobres los enormes y crecientes recursos que aquellos extraen de los contribuyentes, sin entregar las debidas prestaciones a los usuarios. Esas ingentes cantidades, sumadas a las provenientes de la licitación masiva a privados de establecimientos educacionales y sanitarios estatales, permitirían dotar a todas las familias vulnerables y menos vulnerables de Chile de financiamiento para ejercer su libertad de elegir colegios y universidades para sus hijos y seguro de salud privado para todos sus miembros, trasladándolos de las precarias atenciones de los sistemas públicos a los sistemas privados que actualmente, por cierto, prefieren y eligen para sí y los suyos todos los dirigentes y parlamentarios de izquierda que ni siquiera saben el color de la tarjeta de atención del Fonasa, como dejó en evidencia la dirigenta revolucionaria Roxana Miranda en el ya citado foro.

La "derecha ausente" podrá ser minoritaria y silenciosa, pero no está muerta; al menos no tanto como la "nueva derecha" y los restos náufragos de la que se debate en la indefinición y prefiere llamarse "centroderecha", en mala hora plegada al errático seguimiento de Sebastián Piñera, que en estos días ve acercarse el aciago destino electoral al cual no podía menos de conducirla la elección de tan penoso como incierto derrotero.