domingo, 21 de enero de 2024
La "Derecha Inexistente"
sábado, 20 de enero de 2024
Ganando el Mundo y Perdiendo Chile
martes, 16 de enero de 2024
Cátedra de Entreguismo
viernes, 12 de enero de 2024
¿Vale la Pena Escribir?
Han pasado cinco días y no he escrito ningún blog. Creo que es la primera vez desde que los inauguré, a comienzos de 2010. Este silencio es debido a la sensación de que ya no vale la pena escribir. Pues en mi blog anterior denuncié la condena a veinte años de presidio, como supuestos autores de doble homicidio calificado (uno consumado y el otro frustrado), resuelta por la Corte Suprema, contra cuatro oficiales inocentes, por las quemaduras accidentales de Rodrigo Rojas y Carmen Gloria Quintana con sus propios combustibles. Esos molotovs de ambos estaban destinados a incinerar a civiles que quisieran ir a trabajar en un "día de protesta".
Condena judicial escandalosa e intolerable. La sala penal de la Corte Suprema ha sobrepasado ya el nivel de su propia iniquidad previa. Peor aún, porque uno de sus condenados de hoy prestó en 1986 un señalado servicio de protección a la vida de los civiles contra actos terroristas incendiarios. Ya por ello sufrió una condena menor en 1986. Esta es la segunda vez que se le sanciona por defender a la civilidad de un atentado incendiario. Es decir, ahora había, además, cosa juzgada. Non bis in ídem, decían los romanos. Acá se ignora tanto la ley vigente como el derecho ancestral.
¿Qué se saca con escribir en un país donde los agresores son "víctimas", los totalitarios son "demócratas" y los que protegen a la ciudadanía de saqueadores, incendiarios y terroristas son "violadores de derechos humanos"?
Hechos: la pareja terrorista resultó, por un azar del destino, quemada accidentalmente. Los deudos del subversivo que murió han sido indemnizados generosamente, La sobreviviente Quintana también, y ocupa un alto cargo diplomático en reconocimiento "a los servicios prestados".
Probablemente el grueso de la opinión pública nacional a internacional, repetidora de consignas, opina que "los militares los quemaron por pensar distinto". ¡Ése es el penoso destino que espera a la versión verdadera de los hechos, cuando acaecen en Chile!
Cuando a fines del siglo XIX, en Francia, el escritor Émile Zola escribió su famoso artículo "J'accuse!", ante la condena injusta del oficial Dreyfuss por un supuesto crimen que no había cometido, la sociedad entera se alzó en una protesta airada. La justicia fue restablecida. Es que había una reserva moral.
En el Chile actual, ante la misma circunstancia., "nadie dice nada, nadie dice nada", Para que haya "reserva moral" tiene que haber alguna moral.
Tal vez hasta deberíamos "darnos a santo", porque no sería extraño que se aprobara una legislación para perseguir judicialmente a quien denuncie una prevaricación judicial. Hay leyes en trámite para ese efecto.
En buenas cuentas ¿vale la pena escribir en un país donde la gente prefiere "mirar para otro lado"?
domingo, 7 de enero de 2024
Escarnio de la Verdad y la Justicia
Gonzalo Vial escribía en La Segunda de 5 de julio de 2005 que el matrimonio Luchsinger Mackay había sido atacado más de veinte veces en su fundo Santa Margarita. Pero no había recibido protección policial alguna.
En un país civilizado los delincuentes habrían sido encarcelados. En Chile no les pasó nada.
Al contrario: más de siete años después terminaron quemando al matrimonio Luchsinger Mackay dentro de su casa.
Epílogo: en estos días el único convicto por ese crimen, habiendo numerosos autores más que escaparon de toda persecución, goza de libertad condicional. El sistema ha sido benévolo con él.
Por contraste, en el colmo de la iniquidad judicial, la Corte Suprema ha condenado a veinte años de presidio a varios militares inocentes. Dice que fueron autores de dos homicidios calificados, en un caso consumado y en el otro frustrado, de subversivos accidentalmente quemados por los artefactos que ellos mismos llevaban para quemar a otros durante una "protesta" de 1986.
Está probado que las quemaduras de los subversivos fueron accidentales. Las provocó el tropezón de un conscripto, Leonardo Riquelme Alarcón, con un recipiente de los que llevaban los subversivos. Está confeso de ello.
Pero la Corte condena a veinte años, como autores de homicidio calificado, a oficiales que no tuvieron nada qué ver con el tropezón accidental. Es que estamos en Chile, donde la institución a que pertenecen los uniformados injustamente condenados no los defiende, sino que mira para otro lado.
Y el fisco paga centenares de millones de indemnización por haber impedido sus agentes que los subversivos quemaran a pasajeros de vehículos en 1986.
¿Está loco el país? No. Sólo está lleno de jueces venales y militares que abandonan a sus "caídos tras las líneas enemigas", que son las de la subversión de izquierda, sus jueces y sus funcionarios.
¿Cómo puede castigarse en una forma tan ilícita a quienes en 1986 prestaron un servicio de protección a la ciudadanía civil?
Porque éste es un país en que han dejado de imperar los valores tradicionales, la moral, la ley, el sentido común y la justicia.
Los peores se aprovechan de eso y además lucran. Los que no son peores, que tampoco son los mejores, sino sólo cobardes e indiferentes, prefieren mirar para otro lado. Porque "mejores", realmente "mejores", parece que ya no hay.
viernes, 5 de enero de 2024
Debate Desinformado
Sigue en El Mercurio y bajo el título "El Fantasma de Cheyre", el polémico intercambio de artículos y cartas al director sobre 15 fusilamientos registrados en La Serena el 16 de octubre de 1973. Por su supuesta responsabilidad en ellos la Corte Suprema ha condenado --con pena remitida-- al excomandante en jefe antes nombrado.
En ese debate participan el rector universitario y columnista del diario Carlos Peña, los abogados del general (r) Cheyre, Jorge Bofill y Samuel Contreras y la hermana, María Alicia Ruiz-Tagle, de un fusilado en Antofagasta la noche del mismo día 16 por el mismo ejecutor de La Serena.
Lo que demuestran tener en común estas personas es su ignorancia de la verdad de los hechos. El relato pormenorizado de ellos está entre las páginas 20 y 38 de mi libro "La Verdad del Juicio a Pinochet", best-seller en el año 2000. Resumidas en pocas líneas, esas 18 páginas prueban:
1) Que se había incorporado a la comitiva ese día en Santiago, el comandante Sergio Arredondo,
2) Que éste, acompañado del oficial local de La Serena Tommy Harris, sin orden de nadie, sustrajo a 15 presos de la cárcel, los llevó al polígono de tiro del regimiento y los ejecutó e hizo ejecutar por oficiales menores. a quienes les ordenó dispararles. No tenía orden superior de hacerlo y procedió por sí y ante sí.
3) La nómina de 15 presos había sido preparada por el comandante del regimiento, Ariosto Lapostol, y el jefe de la comitiva, Sergio Arellano, y era la de los presos sometidos a consejo de guerra para determinar sus responsabilidades. La misión de Arellano consistía en acelerar los juicios.
4) El Informe Rettig reconoce y sostiene que ésa era la única tarea encargada a Arellano y no la de dar muerte a nadie.
5) En 1990, con motivo de formarse la Comisión Rettig, se constituyó un tribunal de honor para Lapostol y Arellano, integrado por los generales Jorge Barba, Jorge Court y Ernesto Videla, en el curso del cual Lapostol dijo a Arellano, sobre lo ocurrido en La Serena: "Mi general: usted es mi testigo y yo soy su testigo. Nosotros no tuvimos que ver con eso" (los crímenes).
6) Si Cheyre entregó la nómina de los 15 presos a Arredondo, no fue para su fusilamiento, sino de personas sometidas a un consejo de guerra.
7) El mismo Arredondo en la noche del mismo 16 de octubre sacó a 15 personas de la cárcel de Antofagasta y las hizo fusilar. Al día siguiente sacó a 26 personas de la cárcel de Calama e igualmente las hizo ejecutar, todo sin conocimiento de los comandantes locales respectivos ni de Arellano, que recién entonces se enteró de los 56 fusilamientos ilegales y voló de noche a Antofagasta para entregar al responsable al jefe de zona.
8) Cheyre ha sido mal juzgado y mal condenado por este episodio. Si entregó una nómina, no fue de personas a fusilar sino de personas sometidas a consejo de guerra, y eso no es delito ni complicidad ni encubrimiento. Luego, el rector-columnista Peña no tiene razón para condenarlo moralmente por esa situación. Y perderá ampliamente el extenso debate en la sección Cartas de El Mercurio.
martes, 2 de enero de 2024
¿Cuál Fue la Verdad?
Hoy en El Mercurio viene una extensa carta de la hermana de un fusilado en Antofagasta en 1973, a propósito del caso Cheyre; y un artículo de los abogados de este general (r), que demuestran una cosa: ninguno de ellos ha leído las páginas 20 a 38 de mi libro "La Verdad del Juicio a Pinochet", referidas a lo sucedido en La Serena. Y como la ley no se aplica, no hay amnistía ni prescripción, es indispensable rescatar por lo menos la verdad.
En las referidas publicaciones está patente la complejidad de lo que aconteció. En los hechos, el comandante Sergio Arredondo, segundo de la Comitiva y recién incorporado a ella, por sí y ante sí y sin orden superior, sustrajo de la cárcel de La Serena, donde había alrededor de 900 detenidos, a 15 de ellos y los ejecutó.
Pero esas 15 personas, y aquí viene lo complejo, eran las mismas que el comandante del regimiento, Ariosto Lapostol, y el jefe de la Comitiva, Sergio Arellano, habían acordado minutos antes que debían ser sometidas a un consejo de guerra. No a un fusilamiento inmediato.
Alguien comunicó eso a Arredondo y éste, a lo mejor, lo malentendió. Pero después esa noche, en Antofagasta, fusiló a 15 presos y al día siguiente a 26 en Calama, todos sustraídos de las respectivas cárceles, sin malentendidos posibles. Era su "modus operandi".
Arellano despegó el 16 de octubre de La Serena sin saber de la ejecución múltiple. Y el comandante local, Lapostol, se encontró con ella, "con el pastel", como un hecho consumado. Y entonces publicó un aviso en el diario El Día de La Serena diciendo algo que no era verdad: que los 15 habían sido "ejecutados conforme a lo dispuesto por los Tribunales en Tiempo de Guerra". Pero éstos no habían dispuesto nada y ni siquiera habían comenzado a funcionar. "Había que sacarse el pillo" "Es lo que mejor enseñan en la Escuela Militar", me dijo una vez ex alumno de ella.
En los 90 hubo "tribunal de honor" sobre el caso de La Serena y un acuerdo Lapostol - Arellano acerca de la inocencia de ambos. También está en mi libro.
¿Pudo alguien haber informado a Arredondo de la lista de 15 nombres y desatado involuntariamente la tragedia? Pudo ser.
En los países civilizados, a los 50 años ya todo está prescrito y no tiene consecuencias judiciales. Sólo puede interesar a los historiadores. Pero en un país bárbaro, con jueces que no respetan la ley ni la verdad de los hechos, rige la Ley de la Selva, cualquier cosa puede pasar y más vale estar informados, al menos, de la verdad.