martes, 22 de septiembre de 2015

Setting the Record Straight


          Cuando “Time” se equivoca, en el número siguiente publica la sección “Setting the Record Straight” (“Poniendo las Cosas en su Lugar”) y confiesa su error.

          Este blog no quiere ser menos que “Time” y, aquí y ahora, como diría Lagos, rectifica un error cometido el martes 15 de septiembre: los ministros sumariantes en causas de derechos humanos no son incompetentes para conocer de hechos anteriores al 9 de marzo de 2000, como afirmé en ese blog. 

          Lo dispone así el art. 8° transitorio de la Constitución, que me ha hecho presente el abogado Marcelo Elissalde Martel.

          Pero… pero…esos ministros sumariantes sí son incompetentes para juzgar hechos posteriores al 9 de marzo de 2000. Y resulta que ellos sostienen que los militares siguen cometiendo “secuestros permanentes” hasta hoy. Eso no es verdad, naturalmente, pero los ministros sumariantes no tienen ningún problema en faltar a la verdad. Ellos no sienten la menor obligación de “to set the record straight”. Mienten sin que se les mueva un solo músculo de la cara.

Todavía peor, cuando sostienen que los militares mantienen secuestrados a terroristas hasta hoy, están juzgando hechos posteriores al 9 de marzo de 2000, cosa que les está legal y constitucionalmente prohibido hacer. Así es que mi error del 15 de septiembre fue sólo parcial.


          De todo lo cual dejo debida constancia para los efectos del buen nombre de este blog.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Y la Estantería Sí se Remeció


          Nunca he sabido por qué mi in(o sub)consciente –tampoco nunca he sabido cuál de los dos— me dicta premoniciones. El miércoles escribí que “se remece la estantería” y esa misma noche lo hizo a más no poder. En 2005 escribí una novela premonitoria, “Está Temblando”, que terminaba en la transmisión del mando de 2010, en el curso de la cual se producía un fuerte temblor. Y cinco años después exactamente eso sucedió, en medio del espanto del príncipe heredero de España y otros dignatarios extranjeros. En fin, todavía antes, en 1973, en mi programa radial diario de Agricultura yo reiteradamente anunciaba que al destructivo régimen de la UP lo sucedería otro que llamaba de “Reconstrucción  Nacional”. Y también entonces exactamente eso sucedió.

Pues bien, ahora en verdad os digo que este gobierno desarticulador del país va a terminar en medio del mayor de los desastres, si completa su período; o en un desastre menor ("acotado", como dicen ahora) si antes de consumar ese penoso desenlace, renuncia quien lo preside, después del 11 de marzo próximo. Lo único que tengo claro es que a este gobierno lamentable lo sucederá otro de signo opuesto, en relación al cual sólo pido encarecidamente que no sea presidido por Sebastián Piñera, que tiene mucho dinero, muy pocas ideas y ningún escrúpulo, y que ha sido el destructor de la derecha chilena y de las mejores iniciativas para el progreso del país. Su único mérito fue no encabezar una revolución de signo marxista-leninista como la que hoy está en curso, pero no cabe duda de que fue su precursor, tanto como Frei Montalva lo fue de la otra de 1970-73, de la cual apenas nos libramos en medio, por supuesto, del aplauso del mismo Frei Montalva.

Pues el discurso igualitarista de Piñera fue el principio del desastre. Me remito a mi blog del día miércoles 9 de septiembre, “La Penúltima Voltereta de Piñera” y al comentario televisivo de Teresa Marinovic en Bío Bío TV, que puede verse en http://tv.biobiochile.cl/notas/2015/09/11/el-prontuario-de-pinera.shtml. Ya ha logrado cerca de 30 mil visitas.

Pero con alarma advierto que Piñera ya está en plena campaña, sin importarle nada el cúmulo de facturas truchas de sus empresas que examina la fiscalía, pues parece inmune a las acusaciones que a otros destruyen. Y digo que está en campaña pues opiniones reconocidamente sobornables de la plaza ya le están haciendo claque y denigrando a sus previsibles contendores.

          Todo esto es de mucha actualidad, pues pienso que la renuncia de Bachelet en marzo es una perspectiva cierta, atendido a que ella carece de energía para hacer lo único que en este momento puede salvar a su gobierno y al país, que es poner marcha atrás en los cuatro Transantiagos que ha resuelto añadir al que ya figura en su hoja de logros: el tributario, el huelguístico, el antieducacional y el constitucional, encaminado, este último, esencialmente a restar respaldo al derecho de propiedad. Otros Transantiagos adicionales y parecidamente dañinos, pero sólo sectoriales, se originan en los planes para liquidar la atención privada de salud, la previsión privada y la agricultura, esta última a través de la estatización de los derechos de agua.

          No creo que Bachelet esté dispuesta a rectificar nada de eso. Al contrario, pienso que ese panorama la interpreta ideológicamente, en el sentido de aproximar el modelo chileno al de la RDA que ella declaró tanto haber admirado (al parecer, no se ha enterado, ni siquiera por la prensa, de la caída del Muro de Berlín).

          Si a estas alturas del próximo año nada de lo que vaticino ha sucedido, autorizo a quien lo desee hacer ver públicamente la incompetencia de mi sub o in consciente para adivinar el futuro; y lo autorizo asimismo para afirmar urbi et orbi que las tres oportunidades del pasado en que lo he hecho no han sido sino una mera y afortunada coincidencia.

martes, 15 de septiembre de 2015

Se Remece la Estantería


          Durante la UP yo tenía un programa de radio en que le advertía a la izquierda, pero especialmente a los comunistas, que si abandonaban el camino de la ley, eso alguna vez se podía volver contra ellos y hacerlos víctimas de la ilegalidad. En ese tiempo el jefe comunista, Luis Corvalán, nos advertía a los opositores, con  toda la prepotencia propia de los que tienen el poder y las armas, y en el lenguaje propio de su cultura, que si salíamos a las calles a protestar, nos iban a “sacar la cresta”. Hoy día los comunistas siguen iguales, pero ya ni siquiera advierten, sino que agreden. Agredieron a los camioneros frente a La Moneda; agredieron a Gina Facinetti, Alfonso Márquez de la Plata, los hermanos Widow y al hijo de uno de éstos (ella quedó con una costilla hundida y los Widow con narices quebradas y una pierna dislocada) por ir a un teatro a ver un documental favorable a Pinochet.

          No mucho tiempo después de la UP los prepotentes y amenazadores del gobierno marxista clamaban por el amparo de la legalidad que ellos habían trasgredido primero.

          Hoy vuelven a las andadas. Hay semejanzas entre entonces y algunas situaciones del presente. Es público y notorio que los jueces de izquierda burlan la legalidad para cobrar venganza contra los militares que derrotaron al terrorismo armado. Hemos visto a uno de aquéllos, Alejandro Solís, confesar en cámara que se basó en “ficciones” para condenar, sin cumplir su deber de acreditar los delitos y sin respetar circunstancias eximentes de responsabilidad.

Esa ilegalidad implica que los militares a quienes tales jueces han condenado son presos políticos. Pero como los jueces están respaldados por el Ejecutivo y una mayoría legislativa, se creen impunes. Ya nadie cumple la ley. Los controladores de vuelo paralizan todos los aeropuertos ilegalmente y en plena semana festiva y no les sucede nada. Al contrario, serán premiados. Cuando a Reagan le hicieron lo mismo en 1981 despidió a todos los huelguistas y nunca más hubo otra paralización ilegal. Acá está recién comenzando una seguidilla. Violar la ley es rentable.

          Sin embargo, últimamente ha surgido una evidencia de ilegalidad demasiado aplastante: presentaciones del abogado Cristián Heerwaggen y del ingeniero Rodolfo Novakovic han acreditado que los ministros sumariantes en los juicios de derechos humanos han estado actuando sin tener competencia para hacerlo, pues esa instancia fue suprimida expresamente por la ley N°19.665 a contar del 9 de marzo de 2000.

          Y la Constitución garantiza que “nadie puede ser juzgado… sino por el tribunal que señalare la ley”. En este caso la ley 19.665 dice expresamente que se suprime a los ministros sumariantes en sede criminal, de modo que desde hace quince años no deberían haber podido juzgar a nadie.

          El diario digital “diariopurochile.com” afirma que la comprobación de esta realidad legal ha provocado gran inquietud en los tribunales superiores. Y aventura la reflexión de que, si un destacamento militar resolviera liberar a los Presos Políticos Militares condenados por un tribunal jurídicamente inexistente, nadie podría objetar su proceder, porque simplemente estarían poniendo término a una ilegalidad flagrante.

          A veces regímenes que gozan de un fuerte respaldo popular pueden darse el lujo de amparar ilegalidades judiciales como la descrita, y lo estamos viendo en Venezuela. Pero cuando hay una gobernante que, según la última encuesta Cadem Plaza Pública de ayer, ha caído al 20% de aprobación versus un 72% de rechazo a su gestión, y todas las reformas emprendidas por su gobierno merecen también amplios márgenes de rechazo, su capacidad de amparar ilegalidades se ve grandemente reducida.

          Todavía más si se publica en un diario español (“El Mundo”) que habría consenso político en Chile para que en marzo próximo se hiciera efectiva la renuncia de la Presidenta y, tras un acuerdo transversal, el Congreso Pleno designara por la mayoría de sus miembros en ejercicio a Ricardo Lagos Escobar para sostener la estantería hasta el fin del mandato, aplicando el “realismo con renuncia” de que habla hoy en “El Mercurio” Andrés Velasco. Todo ello hasta que asuma el (la) nuevo(a) presidente(a) el 11 de marzo de 2018, tras la elección de 2017.

          Gobierno débil, ilegalidad judicial flagrante. ¿Tropezarán los herederos de Luis Corvalán otra vez con la misma piedra?

sábado, 12 de septiembre de 2015

Odio y Prevaricación


          Chile sería muy distinto si no hubiera tanto odio. Lo vimos expresarse, una vez más, en “la efeméride nacional del odio”, el 11 de septiembre, que, sin embargo, debería ser de celebración del día en que la nación se libró de convertirse en una colonia totalitaria, como lo dijo con tanto acierto Patricio Aylwin en 1973 y se reproduce hoy en una inserción pagada de “El Mercurio”, suscrita y financiada por un grupo de leales a la historia y la verdad.

          Este 11 se reunió en La Moneda un cuarteto de mujeres odiosas: Michelle Bachelet, Isabel Allende, Viviana Díaz y Lorena Pizarro. Propiciaron, cada una a su turno, que los ancianos Presos Políticos Militares sean trasladados del penal de Punta Peuco a una cárcel  común. La edad promedio de los PPM es de 76 años y hay entre ellos varios octogenarios y enfermos que han perdido la lucidez y no saben dónde se encuentran. Uno de estos últimos, Marcelo Moren Brito, acaba de fallecer. Si se respetaran los derechos humanos, debería haber sido liberado hace años por razones humanitarias. Pero éste es un tema visceral y político y para otra agente del odio de tiempo completo, como Lorena Fries, del Instituto de Derechos Humanos, sólo son tales los de los terroristas de izquierda.

Ya Piñera, en su caso no por odio, sino obrando por el móvil de todos sus actos, su propia conveniencia y popularidad, trasladó a un puñado de oficiales que estaban en un penal digno, Cordillera, a otro alejado y a punto del hacinamiento, Punta Peuco. Uno de sus perseguidos, el general Odlanier Mena, no soportó la idea y, siendo por añadidura inocente, puso fin a su vida. Hace poco otro camarada suyo, Hernán Ramírez Rurange, optó por el mismo camino. Resultado de la persecución odiosa y la injusticia.

          Seguramente las promotoras del odio no pueden soportar que los ancianos y enfermos estén encarcelados en condiciones dignas. Pero eso va a ser así en cualquier otro penal al cual los trasladen, porque se trata de personas decentes que con sus propias manos mantienen aseados sus calabozos, comedores y letrinas y, por tanto, nunca van a poder ser rebajados a las condiciones habituales en las cárceles nacionales, donde se camina sobre excrementos, los reos portan estoques para atacar, defenderse y abusar y donde “el bueno se hace malo y el malo se hace peor”. Las odiosas mujeres querrían que esos ancianos PPM, a quienes la saña y el atropello de las leyes mantienen privados de libertad, vivieran en medio de la hez de la sociedad. Pero fueron los que salvaron a Chile enfrentando las balas terroristas, lo que justifica el homenaje que les rindió en la Cámara el único parlamentario que se atreve, Ignacio Urrutia (UDI)).

          A propósito de eso la justicia de izquierda ha dado un testimonio más de su sesgo al suspender mediante una “orden de no innovar” la condena a veinte años de uno de los asesinos de Jaime Guzmán, Enrique Villanueva Molina, que estaba ya condenado por sentencia ejecutoriada. Contra la misma se interpuso un insólito e improcedente “recurso de queja”. Contra una sentencia ejecutoriada no procede recurso alguno. Pero estamos en el Chile de la justicia de izquierda.

          Por contraste, se condena a veinte años al caballeroso mayor (r) Arturo Silva Valdés, como “único autor material del homicidio de Berríos”, un químico de los servicios de inteligencia. Pero en carta al diario su abogado defensor, Carlos Neira, ha precisado que la condena fue sin pruebas. La mayoría de izquierda de ministros se atuvo a la “doctrina Solís” y lo condenó por “una ficción”: como Silva Valdés estuvo a cargo de la salida de Berríos en 1991, “mantuvo un deber de cuidado sobre la víctima, lo que la doctrina denomina posición de garante y por tal razón no le era posible desentenderse de ella”, según se lee en el fallo de la Sala Penal. Un año y medio después de haber llegado sano y salvo a Uruguay, en 1993, Berríos fue asesinado; y ahora, sin ninguna prueba, la Corte Suprema imputa el crimen a Silva Valdés, mediante la “ficción” de que si lo cuidó en 1991 tiene que haberlo asesinado en 1993. Presunción de culpabilidad, en lugar de inocencia.

          Terrorista libre, militar preso. Y éste, ojalá en medio de los delincuentes comunes. Entre el odio y la prevaricación, Chile prosigue su lamentable e inevitable retroceso moral. 

miércoles, 9 de septiembre de 2015

La Penúltima Voltereta de Piñera


          En otro giro espectacular, Sebastián Piñera, medrando una vez más del talento ajeno (en este caso del de Churchill con su famosa frase acerca de los pilotos británicos, “nunca tantos debieron tanto a tan pocos”, que ni siquiera era original de él sino extraída de la épica griega), refiriéndose al actual gobierno ha dicho que “nunca tan pocos han causado tanto daño a tanta gente y en tan poco tiempo”.

          Un plagio tan lapidario como injusto, siendo su artífice un destacado responsable intelectual del triunfo y programa de la Nueva Mayoría. Pues en favor de ella él mismo sentó y validó las bases doctrinarias que inspiran el presente proceso revolucionario igualitarista, al decir en su discurso en el aniversario del diario “La Segunda”, el 27 de julio de 2011, que el país no estaba “teniendo un crecimiento que nos haga felices”, que “las desigualdades que vivimos en Chile son excesivas, y yo siento que son inmorales, porque están atentando contra lo que es la esencia de una sociedad, que es su cohesión y su armonía interna”; que “los chilenos están pidiendo una sociedad más… igualitaria”; que “aquellos que tienen una posición de poder… hoy día tienen que entender la lección: eso se acabó”.

          ¿Qué otra cosa podía emanar de su propia prédica, entonces, sino un régimen igualitarista y revolucionario como el actual, que ha trastocado las bases del crecimiento al destruir la economía libre mediante una redistribución tributaria forzada, una educación estatalmente dirigida y contraria a la libertad de enseñanza y una legislación laboral consagratoria de un monopolio sindical en manos del comunismo, y sin siquiera mencionar la reforma constitucional que será la culminación del úkase piñeriano: “eso se acabó”?

          Todo esto tenía una lógica desde un principio, pues el que sería ministro del Interior de Piñera, Rodrigo Hinzpeter, confesó paladinamente a “Qué Pasa” en enero de 2010 que la base del triunfo de Sebastián había estado en “abrazar las banderas de la Concertación”, cosa que efectivamente hizo en su gobierno, aumentando los impuestos y en particular el de mayor preferencia de los comunistas, el royalty a la minería; creando ministerios, superintendencias y controles, y luego persiguiendo “el lucro” en la educación superior, lo que destruyó la inversión privada en ella. Todo eso hizo de su régimen lo que realmente fue: un V Gobierno de la Concertación. No debió ser una sorpresa, porque frente al movimiento revolucionario de la extrema izquierda estudiantil (que buscaba derrocarlo a él) el mismo Piñera había dicho que era “grande, noble, hermoso”.

          Por si todo eso no hubiera sido suficiente para garantizar el triunfo en 2013 de los enemigos de la sociedad libre, Sebastián criminalizó a los adversarios de éstos, RN y la UDI, ¡que lo habían llevado al poder! al tacharlos de “cómplices pasivos” del Gobierno Militar, al cual, en un arranque aylwiniano, sacrificó en la plaza pública, urbi et orbi, en el 40° aniversario del 11, no sin antes haber escenificado, con la complicidad visible del Partido Comunista, el traslado de los principales Presos Políticos Uniformados desde un penal digno, Cordillera, a otro a punto de estar hacinado, Punta Peuco. Esta voltereta piñeriana causó el suicidio de un respetado general inocente, pero condenado. Y se la dio más que traicionando, por supuesto, la promesa electoral hecha a los militares de acelerar sus juicios y velar por que se aplicara la prescripción. Conseguidos los respectivos votos en 2009, hizo todo lo contrario a partir de 2010 y desde su Ministerio del Interior y su respectiva Oficina de DD. HH. triplicó el número de querellas ilegales e inconstitucionales contrarias a la amnistía, la prescripción, la cosa juzgada, la irretroactividad de la ley penal, la presunción de inocencia y el debido proceso.

Piñera ha sido, de hecho, el mayor “cómplice activo” en la violación  sistemática del estado de derecho que importa el prevaricato generalizado contra los militares.

          Ahora, en esta enésima voltereta digna de su trayectoria, Piñera se traslada al bando que denuncia y condena los efectos del igualitarismo liberticida. Deja atrás la doctrina que él sentó en su discurso-programa de homenaje a “La Segunda” y cierra filas con Axel Kaiser y su libro-denuncia “La Tiranía de la Igualdad”, que, como algún partidario de Piñera ha escrito, debería ser de lectura obligatoria en las escuelas. Ahora se infiltra en las filas de los defensores de la libertad como si nunca hubiera pronunciado las palabras “los chilenos estamos pidiendo una sociedad más igualitaria” y “las desigualdades que vivimos en Chile son excesivas y yo siento que son inmorales”.

          Y se comporta, además, como un malagradecido de sus adversarios de hoy, a quienes debe al menos la mitad del éxito que se atribuye en la creación de empleo bajo su gobierno, pues fue al impulso del inédito 16,5% de aumento en el gasto público que le legó Andrés Velasco en 2010 que se pudo crear casi medio millón de empleos, la mitad del total de su mandato, y una cifra de alto crecimiento en ese año y 2011, que disminuyó persistentemente en el resto de su administración, no obstante haber sido bendecida por la fortuna con un precio del cobre que sobrepasó en algún momento los 4 dólares por libra.

          Las volteretas, en un país de lealtades débiles y ética acomodaticia, como lo es Chile, son rentables. Así lo ha reconocido un leído columnista de “El Mercurio” al observar que el juego de piernas de Piñera y sus picardías no dañan su imagen, tanto que mientras los millones que Fulvio Rossi aparece pidiendo y recibiendo en SQM amenazan con sepultar su carrera, los que aparece pidiendo y recibiendo Piñera no hacen sino impulsar más su precandidatura, que no aparece ni siquiera rozada por la impresentable redestinación de los dineros recibidos para su campaña al pago de bonos a ejecutivos (y por tanto a sus fines de lucro personal) de la entonces empresa suya, Chilevisión, en la cual se gestaron, dicho sea de paso, las más efectivas diatribas televisivas condenatorias (mediante falsedades flagrantes) del Gobierno Militar, como “La Memoria Prohibida” y “Ecos del Desierto”.

          Ya Piñera en los inicios de su exitosa carrera política había transitado del triunfante “No” de 1988, a colaborar con el candidato presidencial del “Sí” en 1989, no sin antes haber impulsado la pre-candidatura de Frei Ruiz-Tagle dentro de la DC, derrotada por la astucia del inicialmente declarado “no-candidato” Patricio Aylwin, que no obstante tal condición de abstinencia se quedó en último término con el premio mayor.

          Así, de inspirador del sueño revolucionario igualitarista, Piñera se convierte hoy en su principal crítico y dice que el mismo ha causado “tanto daño a tanta gente y en tan poco tiempo”. Con esta penúltima voltereta (porque siempre habrá otra más) quiere hacer olvidar a este pueblo desmemoriado, malagradecido y siempre dispuesto a “darse vuelta la chaqueta”, que uno de los principales responsables, sino el principal, de todo lo que sucede al país hoy es precisamente él. Y parece que lo va a lograr.

domingo, 6 de septiembre de 2015

¡Cómo se Extraña el Gobierno Militar!


Cada vez más gente lo dice espontáneamente. El principal problema de todos es la delincuencia, que hoy los atemoriza en todo lugar y a toda hora. El Gobierno Militar le aplicaba mano dura y por eso había paz en los campos y ciudades, y la gente vivía tranquila, salvo por atentados del brazo armado comunista. Claro, el mayor número de víctimas era el de uniformados. Eran el escudo de los civiles. No sabían lo malagradecidos que éstos podían llegar a ser. Por eso los adversarios de ese gobierno triunfaron en las elecciones y consagraron leyes en favor de los delincuentes y terroristas, junto con dedicarse a desconocer las garantías legales básicas de quienes los combatieron, encarcelando a éstos ilegalmente. Hoy la delincuencia goza de defensa gratuita, mientras sus víctimas deben financiársela por sí mismas. Los que combatieron el terrorismo llenan la cárcel donde se les ha confinado y contribuyó a hacinarlos todavía más Piñera. Son presos políticos, porque se les condena –esto lo confesó un juez en la TV— en virtud de una “ficción” y no de un delito probado; y también de una ley posterior a los hechos que se les imputa, violando la norma constitucional que dice: “Ningún delito se sancionará con otra pena que la que señale una ley promulgada con anterioridad a su perpetración”. Pues los supuestos “delitos de lesa humanidad” sólo se tipificaron en Chile por ley de 2009. En fin, los procesan ministros sumariantes que, amén de ser izquierdistas redomados, fueron suprimidos como tales por la ley 19.665 del año 2000, lo que también contribuye a la ilegalidad de los juicios. Por eso son presos políticos. Bajo el Gobierno Militar los jueces fallaban en derecho y no había presos políticos.

Eso sin contar con los 300 millones de dólares anuales que el erario paga en pensiones, salud, educación e indemnizaciones al extremismo de izquierda, en virtud de sucesivas leyes que lo compensan por habérsele privado del ”derecho” a tomarse el gobierno por las armas y establecer el marxismo-leninismo.

¡Qué buenos eran los tiempos donde los carabineros podían detener a los sospechosos y, tras una aleccionadora charla en la comisaría, dejarlos convencidos de no volver a merodear por su sector! ¡Los vecinos caminaban por las calles y vivían tan tranquilos! Ahora los únicos tranquilos son los maleantes, sabedores de que ningún juez los dejará presos.

          Y en 1989, último ejercicio del Gobierno Militar, el país creció 10,6%. El año pasado creció 1,9%. A aquél ritmo el ingreso per cápita de los chilenos podía doblarse en cinco años; al actual, en 37 años. “La mejor reforma tributaria es el crecimiento”, declaró un dirigente empresarial en un foro del jueves. Lo que el gobierno quiere recaudar para sus (malas) reformas lo podría haber conseguido mucho más rápidamente si el crecimiento hubiera sido el de 1989 en lugar del de 2014.

          A comienzos de 1990 el desempleo había bajado a poco más del 5%, según cifras del Banco Central de ese año. ¿Cómo lo había conseguido el entonces ministro de Hacienda, Hernán Büchi? Congelando el salario mínimo obligatorio, fijación de precio culpable del desempleo de los más jóvenes y los más viejos; bajando el impuesto a las empresas a una tasa del 10% y liberando de todo tributo a las utilidades no retiradas. Eso solo era capaz de generar un salto en la producción y el empleo. Y los generó.

          Además, se establecieron incentivos adicionales para crecer más, que los gobiernos posteriores fueron derogando, y por eso crecieron cada vez menos: Frei menos que Aylwin; Lagos menos que Frei; Bachelet menos que Lagos; y si el V gobierno de la Concertación, el de Piñera, no creció menos que el IV, fue porque Velasco hizo una inyección de gasto público sin precedentes (16,5% de aumento en 2010), lo que generó 500 mil empleos más en dicho año (la mitad del total que se autoatribuye Piñera)  y un crecimiento del 5,8% en 2011, que las malas políticas del mismo Piñera (aumento de impuestos y creación de burocracia mediante nuevos ministerios) hicieron disminuir en 2012 y 2013, iniciando el declive que ha continuado la actual administración.

          La pobre gente que espera cinco años en la salud pública por una intervención quirúrgica no sabe que se ha aumentado el respectivo gasto de manera desorbitada. El Gobierno Militar había creado las Instituciones de Salud Privadas (isapres), que habrían sido extensivas a todos si después no las hubieran atacado y desalentado desde que la centroizquierda llegó al poder y que ésta ahora, aliada con los comunistas, quiere destruir. Con isapres para todos y repartiendo el dinero en “vouchers” para que los más pobres pudieran atenderse en el sector privado, en lugar de darle el dinero a una burocracia insaciable, como se ha hecho, la atención de salud sería hoy mucho mejor para la gran mayoría de los chilenos.

          Y la izquierda está terminando con el progreso educacional iniciado bajo el Gobierno Militar, que le dio un gran impulso a la libertad de enseñanza. Si ese gobierno hubiera continuado, a la municipalización de colegios estatales habría seguido la privatización de los mismos, mediante licitaciones que seguramente los habrían puesto en manos de profesores que serían los sostenedores y emprendedores, en un clima de libertad. Y la plata dilapidada en estos años en enormes aumentos del gasto burocrático del monstruo llamado ministerio de Educación habría ido a financiar los gastos educacionales de los pobres, mediante “vouchers” que les habrían dado acceso a los mejores colegios y universidades que ellos eligieran.

           Porque la libertad establecida para la enseñanza superior a comienzos de los ’80 condujo a que un millón de jóvenes más llegaran a las universidades gracias al Gobierno Militar. Si la plata hubiera ido a las familias en lugar de los burócratas, el prometedor fenómeno de la llegada de inversionistas internacionales a la enseñanza superior chilena habría proseguido, pero todo eso ha sido destruido por las consignas marxistas de “no al lucro” y “no a la selección”, que han asfixiado las posibilidades de crecimiento universitario en el país y que, bajo un promesa de gratuidad que ya va en su quinta versión oficial, muchos no saben en qué va a parar, pero yo sí: en un gigantesco gasto público adicional no financiado y en el éxodo de los inversionistas que hicieron posible el desarrollo de ese sector, con una caída general en los niveles de calidad de la enseñanza.

          En la educación básica y media lo peor está por venir, porque sólo se sabrá en 2017 el grado de destrucción que la persecución socialista contra la libertad de enseñanza va a generar en la particular subvencionada, todo en medio de una cosecha económica del magisterio dominado por los comunistas que, huelga tras huelga, consiguen mayores prebendas gracias a sucesivas e interminables huelgas ilegales que siempre, por supuesto, quedan impunes. Al contrario, son rentables, pues hay “bono por término de conflicto”.

          La progresiva libertad laboral consagrada a partir de la reforma laboral de 1981, y que incidió en el cuasipleno empleo, se está ahora terminando de revertir mediante el establecimiento de una dictadura sindical, cuyo administrador previsible será el Partido Comunista. Los empresarios la estiman más dañina todavía que la reforma tributaria, sea lo que fuere que termine siendo ésta, pues eso nadie lo sabe aún.

          ¡Cómo se añora los tiempos en que el Estado, en lugar de agrandarse e intervenir cada vez más, como ahora, que está entrabando todas las iniciativas (léase las declaraciones del embajador de España, que pide a la burocracia dejar de entorpecer los emprendimientos de empresarios de su país), enajenaba empresas estatales o estatizadas que generaban enormes pérdidas (recuérdese que el “Área Social” de Allende arrojaba un déficit mayor que todo el déficit fiscal, que a su turno era el mayor de la historia de Chile). La privatización fue otro gran pivote del crecimiento de 10.6% de 1989, además del ya mencionado incentivo tributario y del FUT.

          ¡Cómo se añoran otras iniciativas privatizadoras! La previsión en manos de empresas privadas, las AFP, que reemplazaron un sistema de reparto corrupto: ruinoso para los trabajadores pero muy rentable para los políticos (que se autoasignaron, bajo él, las mejores pensiones y arrendaban los mejores departamentos de lujo del centro, construidos con fondos previsionales, y con cánones bajísimos para los prohombres del régimen; visité más de uno en los años ’50). Esta transformación de un lastre nacional escandaloso, como la previsión de reparto quebrada, en una fuente de capitalización efectiva, fue otro pivote explicatorio del 10,9% de crecimiento de entonces.

          Y, para qué decir, cuando lo acabo de decir en mi blog precedente: la Araucanía, próspera y feliz, tanto que los mapuches condecoraron al Presidente Pinochet y le dieron el triunfo al “sí” en su región en el plebiscito de 1988. Compárese eso con la zona asolada por el terrorismo, la pobreza y los incentivos perversos que caracterizan a la Araucanía de hoy, donde el mejor negocio es amenazar con incendiar siembras y recibir después gratis las respectivas tierras. Ahí se gestan los mayores escándalos, el favorito de los cuales para mí es el del fundo “El Notro”, amenazado de incendio y tala de bosques, que su dueño consiguió vender con sobreprecio a la Conadi (comisión mediante por debajo de la mesa, se supone). Después de depositar rentablemente la suma en un banco o financiera, el ex dueño lo tomó en arriendo a los propios mapuches que se lo habían adjudicado gratis, y todos felices, salvo Chile, que perdió pagando sobreprecio, pierde por no percibir el arriendo de lo que regaló y paga en exceso al feliz ex propietario que dejó de correr el riesgo de ser dueño y ahora gana como rentista y como productor. Es que así funciona el socialismo. Lo malo es que deja de hacerlo "cuando se le termina la plata de los demás", que es el destino al cual nos dirigimos.

          Entonces, con razón tanta gente extraña al Gobierno Militar. Tanta gente se dice, tardíamente, “por qué no habremos votado ‘sí’ en 1988: nuestro ingreso per cápita sería más del doble, los que tendrían miedo serían los delincuentes y terroristas y no nosotros y todos tendríamos mejor salud y educación y, en general, más libertad.

          Pero votaron "no" y volvieron una y otra vez a votar mal hasta terminar como estamos hoy. Entonces, con su pan se lo coman. Y no sigan añorando al Gobierno Militar, porque fueron ustedes los que se lo perdieron. 

martes, 1 de septiembre de 2015

¿Quieren Pasado? Aquí Tienen Pasado


          El documento más importante publicado en lo que va de esta semana es la carta de la ex ministra de Corte de Apelaciones Raquel Camposano a “La Tercera” del lunes. Como  me dijo una vez Margaret Thatcher, refiriéndose a “Camino de Servidumbre”, de Hayek, “ahí está todo”. Pues en la carta de doña Raquel “está todo”. Naturalmente, eso está olvidado por los cerebros manipulados, saturados de propaganda y completamente lavados del 99% de los chilenos, incluidos los de derecha, de lo cual han dado testimonio en días recientes los senadores Larraín (UDI) y Ossandón (RN).

En efecto, doña Raquel en su  carta recordó que en 1988 los lonkos representativos de la etnia mapuche, en Cholchol, en plena Araucanía, homenajearon y proclamaron al Presidente Pinochet “Jefe, Conductor y Guía”, “Ullmen Fta Lonco” de su pueblo, “por haberse preocupado”, decía el pergamino que le extendieron los caciques, “de que el pueblo mapuche recuperara su dignidad y recibiera los beneficios sociales y la propiedad de la tierra que históricamente le fue negada”.

En esos años la Araucanía vivía en paz. Los chilenos de ascendencia mapuche se sentían como lo que son, chilenos iguales a los demás de ascendencia hispana, palestina, italiana, croata, judía, alemana, inglesa, francesa, picunche, huilliche, kaweshkar o aymara, y vivían en paz, pues conseguían títulos para sus tierras, que legislaciones equivocadas del pasado les habían denegado, bajo el pretexto de “protegerlos”. Pero esa “protección” les impedía vender libremente o dar en garantía sus tierras para conseguir capital de trabajo. A ellos Pinochet les aplicó su exitosa receta para solucionar los grandes problemas nacionales: darles mayor libertad. Los únicos que no eran libres eran, naturalmente, los privilegiados de hoy: violentistas, delincuentes y terroristas. Precisamente por esto la Araucanía vivía en paz.

El resultado de esas políticas fue un clima de progreso, estabilidad y paz en la Araucanía, cuya población premió al Presidente Pinochet con una mayoría de votos “Sí” en el plebiscito de 1988. Fue una de las dos regiones donde esa opción triunfó en esos comicios.

Por contraste con ese pasado de prosperidad y normalidad, una semana atrás tuvimos un testimonio en Santiago del infierno que se vive hoy en la Araucanía, donde campean el odio y la violencia y la gente de trabajo y honrada ya no halla qué hacer ante el terrorismo. La receta del bienestar y la paz hasta 1990 fue dar propiedad y libertad a la gente honrada y aplicar mano dura al terrorismo y la delincuencia. La receta del caos posterior a 1990 y que culmina hoy ha sido la inversa: amenazar la propiedad, restringir la libertad y dar amplias garantías a los terroristas, incendiarios, asaltantes y chantajistas que les dicen a los agricultores: “O me das un tercio de tu cosecha o te la quemo entera con esta caja de fósforos”. Y nada de eso sale en los diarios.

          Los habitantes de la Araucanía entonces quisieron traernos el testimonio material del drama y mostrarnos camiones y maquinarias quemados para que los santiaguinos viéramos. ¿Y qué recibieron acá? Violencia de los que siempre han practicado la violencia y hoy mandan en Chile. Y en particular de parte de los extremistas del brazo armado comunista, que reciben pensiones vitalicias, bonos extraordinarios, salud y educación gratis y tienen Ficha de Protección Social, cuya connivencia con las FARC de Colombia está documentada y que son los que están haciendo la revolución en la Araucanía.

          En la plaza de la Constitución atacaron e hirieron al hijo del matrimonio Luchsinger, quemado dentro de su casa por terroristas que hoy, salvo uno, están libres e impunes. Son de los mismos que quemaron al agricultor Vásquez Bécker dentro de su casa en 1972, para después quedarse con sus tierras, como parte del sueño inconcluso de Allende que Michelle 2.0 ha prometido terminar de hacer realidad. Y ahora golpearon hasta cansarse al agricultor Héctor Urban, que de centenares de veces asaltado en el sur pasó a golpeado en el suelo con la nariz quebrada frente a La Moneda, con la complicidad oficial. También golpearon a los dirigentes de los camioneros. ¿Quiénes lo hicieron? Los mismos de los años ’60, y ’70, que llevaron a los líderes democráticos aterrorizados, entre ellos Aylwin y Frei Montalva, a pedir a los militares que “pusieran término a las situaciones de hecho referidas”. Los militares acudieron, rescataron al país, derrotaron al ejército terrorista (“milicias fuertemente armadas”, decía Aylwin, “con armamento superior al del Ejército”, decía Frei, que clamaba: “¡los militares han salvado a Chile!” e imprecaba a los europeos por no darse cuenta) para pronto después, como tantos entonces y finalmente casi todos ahora, “darse vuelta la chaqueta”, traicionar a los militares, procesarlos por cientos bajo la Concertación y por miles bajo Piñera, y encarcelarlos por cientos (por ahora, porque ayer acaban de meter presos a 77 más y el ritmo de la ilegalidad judicial va creciendo).

          Los violentos en Chile siempre han sido los mismos. Lo grave es que ahora gobiernan y tienen a la mayoría de los jueces de su parte para castigar a los únicos que podrían oponérseles, los que, por ley, tienen las armas para combatirlos, hoy anulados, amedrentados, acobardados y rendidos ante el terrorismo.

          Han usado y abusado de una  versión falsificada del pasado, transformando a los victimarios de antaño en víctimas de hoy; a los totalitarios en “demócratas” como Teillier; y a los agresores por convicción en “agredidos”, millonariamente indemnizados y cada vez más codiciosos (acaban de aprobarse otro bono adicional a sus pensiones y prebendas, que costará más de 30 mil millones de pesos).

         ¿Querían recurrir al pasado (reinventado por ellos) para distraer al país del desastre que han provocado? Lo lograron. Larraín (UDI) se “horrorizó” porque Carmen Gloria Quintana, traída especialmente desde Canadá, en 1986 se incineró con sus propios artefactos incendiarios, pero Ossandón (RN) dijo que los militares la habían quemado “por pensar distinto”.

Pero el pasado no perdona, y la verdad se presentó ante La Moneda, con los camiones quemados, dirigentes pacíficos heridos y agredidos y un país entero contemplando cómo una región completa asolada por las FARC comunistas vive bajo el terror, no puede producir y cuyos habitantes no saben si amanecerán vivos al día siguiente o los habrán quemado durante la noche.