No parecía que pudiera ser, pero así es. Chile ya no será el mismo después del Documental. Y lo más paradójico es que se lo debemos a los más perjudicados con él, los marxistas.
Si ellos no hubieran hecho el menor caso de la exhibición de esta película, una vez más habríamos concurrido los quinientos o mil adherentes de costumbre a verla, como tantas veces lo hemos hecho en estas décadas, en medio de la indiferencia general; habríamos corroborado el silenciamiento del evento por "la gran prensa"; yo ni siquiera habría tenido que conseguir permiso en la casa para asistir y en la noche del domingo nadie habría siquiera comentado en la TV el asunto.
Pero, como "el odio es más fuerte", los de la doctrina que lo profesa no pudieron resistir la tentación de manifestarlo, de herir a otros, de perseguir a pacíficos espectadores a pedradas y de ocasionar grandes daños, porque la secuela del odio es siempre el daño a lo ajeno, al país (pues a ellos el país les es ajeno).
De modo que, gracias al odio, "los medios" no tuvieron más remedio que volver la mirada hacia el Documental, y en él encontraron dos gigantescas sorpresas: la primera, a un Patricio Aylwin diciendo que la Unidad Popular había formado un verdadero ejército paralelo, de miles de irregulares armados y más diez mil llegados del extranjero, con capacidad de desafiar a las fuerzas armadas regulares; y que mediante él la UP se proponía tomar la totalidad del poder para consumar una revolución comunista; y la segunda, a un Salvador Allende corroborando lo anterior y diciéndole a Regis Debray que él se proponía establecer un "régimen socialista marxista total" y refiriéndose a la inevitabilidad del enfrentamiento armado para el "derrocamiento de la democracia burguesa".
Esos dos testimonios cambiarán por completo el panorama de opinión en Chile. Tarde o temprano pasarán a ser de "común conocimiento". ¿Cómo alguien podría volver a decir, entonces, que el de Allende era un gobierno democrático y constitucional, si lo que se proponía era destruir la democracia y consagrar el partido único? ¿Cómo alguien podría denegar el derecho al uso de la fuerza por parte de las fuerzas armadas regulares, si estaban amenazadas por un ejército paralelo de veinte mil o más hombres bien armados?
¿Alguien puede sostener que el golpe fue injustificado?
La tarde del domingo pasado cambió el clima de opinión en Chile. Será un proceso paulatino, pero incontenible. La verdad ha comenzado a abrirse paso, gracias a los cultivadores de la mentira y del odio.
jueves, 14 de junio de 2012
lunes, 11 de junio de 2012
El Club de los que se Muerden la Lengua
Cuando el adversasio consigue que hables su idioma, estás perdido. Lo consiguió en el caso del ministro vocero. Después de 17 años de trabajar para el Gobierno Militar y de 22 años de gobiernos de la Concertación ¡recién se arrepintió de haber sido partidario del primero! Y no lo hizo en términos suaves, pues lo acusó de "brutales violaciones a los derechos humanos". Es decir, no sólo se cambió de bando, sino que adoptó el idioma del adversario. Por supuesto, sacó inmediatos aplausos de Osvaldo Andrade, Guillermo Teillier e Ignacio Walker.
Y también del "bacheletismo aliancista", pues el creador de sea lo que fuere eso, Joaquín Lavín, declaró: "En lo personal también hice esa reflexión hace ya varios años atrás y me siento interpretado por las palabras del ministro Chadwick".
Lavín, que supongo se habrá dado cuenta de su vertiginosa caída en las encuestas desde que se trasladó a la postura de los que nadie sabe dónde están (supongo que por tratar de subir en las encuestas) ha perdido otra oportunidad de quedarse callado ¡pues Chadwick se arrepintió de haberse arrepentido! Quien se excusa, se acusa: ahora "matizó" sus palabras, con algunas flores para el gobierno militar, pero repitió lo de las "brutales violaciones a los derechos humanos". Y éstas ¿cuándo se produjeron? Porque el 60 por ciento de las muertes '73-'90 tuvo lugar cuando Aylwin y Frei defendían al gobierno militar y la DC mandaba una representación a Europa para "explicarles" a los países civilizados que la verdad no era la voceada por el comunismo internacional. ¿Chadwick debería haber repudiado entonces a todos los DC? Por supuesto, no lo hizo. Y en esos meses (noviembre de 1973) Radomiro Tomic le fue a proponer al general Leigh un plan económico-social revolucionario. Tampoco le importaban "las brutales violaciones a los derechos humanos".
Golborne, que se está pareciendo cada vez más a los anteriores, también perdio la oportunidad de quedarse callado e hizo una declaración notable, que pasará al World Hall of Fame de las frases que no dicen nada: "Es relevante tener cierto grado de tolerancia, no con las acciones indebidas de violación a los derechos humanos, esa tolerancia no se puede tener jamás, sino con quienes pueden pensar distinto".
Ha surgido una luz en el horizonte.
Y también del "bacheletismo aliancista", pues el creador de sea lo que fuere eso, Joaquín Lavín, declaró: "En lo personal también hice esa reflexión hace ya varios años atrás y me siento interpretado por las palabras del ministro Chadwick".
Lavín, que supongo se habrá dado cuenta de su vertiginosa caída en las encuestas desde que se trasladó a la postura de los que nadie sabe dónde están (supongo que por tratar de subir en las encuestas) ha perdido otra oportunidad de quedarse callado ¡pues Chadwick se arrepintió de haberse arrepentido! Quien se excusa, se acusa: ahora "matizó" sus palabras, con algunas flores para el gobierno militar, pero repitió lo de las "brutales violaciones a los derechos humanos". Y éstas ¿cuándo se produjeron? Porque el 60 por ciento de las muertes '73-'90 tuvo lugar cuando Aylwin y Frei defendían al gobierno militar y la DC mandaba una representación a Europa para "explicarles" a los países civilizados que la verdad no era la voceada por el comunismo internacional. ¿Chadwick debería haber repudiado entonces a todos los DC? Por supuesto, no lo hizo. Y en esos meses (noviembre de 1973) Radomiro Tomic le fue a proponer al general Leigh un plan económico-social revolucionario. Tampoco le importaban "las brutales violaciones a los derechos humanos".
Golborne, que se está pareciendo cada vez más a los anteriores, también perdio la oportunidad de quedarse callado e hizo una declaración notable, que pasará al World Hall of Fame de las frases que no dicen nada: "Es relevante tener cierto grado de tolerancia, no con las acciones indebidas de violación a los derechos humanos, esa tolerancia no se puede tener jamás, sino con quienes pueden pensar distinto".
Ha surgido una luz en el horizonte.
viernes, 8 de junio de 2012
TRANSPARENTACIÓN DE UN ANTIHEROE
Siempre he admirado a Arturo Prat, y cuanto más sé de él, más lo admiro. Como él, siempre he estado dispuesto a morir por la Patria, pero, a diferencia suya, no estoy casado con una Carmela Carvajal, cónyuge resignada y sumisa, sino con María Soledad Vial, querendona pero autoritaria y que pone la vida del cónyuge, el matrimonio y la familia muy por sobre el superior interés de la Patria. En nombre de eso, cuando en 1989 fui candidato a senador, y aún siendo más sumisa que ahora, le hizo una manda a la Virgen para que yo no resultara elegido. Con la eficaz ayuda de Sebastián Piñera, Nuestra Señora accedió a posibilitarlo, en reconocimiento de lo cual María Soledad le levantó una gruta que mantiene desde entonces llena de flores y cirios de gratitud.
Ahora sucedió que alguien produjo en los Estados Unidos un documental titulado "Pinochet", revelador de aspectos de nuestra verdad histórica que la historia oficial chilena ha ocultado y hecho olvidar, como la circunstancia de que socialistas y comunistas se proponían hace 40 años tomar el poder por las armas, que tenían en abundancia; que Salvador Allende sumió al país en el caos económico y la violencia política; y que su gobierno de mil días fue un completo desastre, del cual nos rescató la Junta Militar, para devolverle 17 años después a la civilidad un país reconstruido, pacificado, próspero y democrático.
El comunismo y su entorno, que última y evidentemente mandan en Chile (no tengo espacio para probar esto ahora) se han propuesto impedir por la violencia que ese documental se exhiba el domingo a las 11 en el Teatro Caupolicán, violando todas las normas sobre libertad de expresión. Allá irán sus encapuchados a agredir a la concurrencia y tratar de impedir por la fuerza que tal documental se exhiba. Yo estaba dispuesto a arrostrarlo y asistir, cualquiera fuera el riesgo, y convoqué a amigos a hacerlo y les compré entradas. Por defender públicamente la libertad de expresión en este caso he sido frecuentemente entrevistado en estos días e invitado a programas de debate. Pero no estoy casado con una Carmela Carvajal sino con María Soledad Vial y ésta ha desplegado toda la autoridad que ha venido adquiriendo con los años sobre mí y la familia y ha opuesto un veto extremo y terminante a mi concurrencia al Caupolicán el domingo.
Yo me atrevería a ir y enfrentar a los encapuchados, pero no a desafiar a María Soledad ni a imponerle el sufrimiento que, dice ella, le generaría mi asistencia. Aparte de ello, ha conseguido el respaldo unánime de hijos, nietos, otros familiares y amigos. Entonces, finalmente, he retrocedido y no iré al Caupolicán el domingo. Por tanto, no seré héroe, sino antihéroe. Pero valga decir que gracias a decisiones como ésta hemos cumplido nuestras bodas de oro, que si no hubiera sido por la letra chica habitual de las promesas de Sebastián Piñera nos habrían granjeado el respectivo bono.
He puesto mi inasistencia a la exhibición en conocimiento de los entrevistadores que me han llamado y de un canal de TV que me invitó a su foro de la noche del domingo, pues evidentemente careceré del valor de testigo presencial de los hechos que van a ser noticia este domingo. Es muy diferente entrevistar a un combatiente callejero de la libertad de expresión que a un plumario o plumífero (a elección) que sólo la defiende desde su escritorio. Pero que, desertor y todo, sigue casado en buena armonía, cosa que el combatiente, según María Soledad, no habría podido conseguir.
No me enorgullezco de nada de lo anterior, pero por lo menos cumplo con ser transparente para revelar una realidad poco gloriosa. Ello me sitúa ciertamente al mismo nivel de casi todos los demás chilenos de derecha contemporáneos, tan distintos de los arrojados y valientes compatriotas del siglo XIX, simbolizados por Prat, Serrano, Carrera Pinto, Cruz Martínez, O'Higgins, Carrera y tantos otros compatriotas de coraje que sería tan largo enumerar como breve es la nómina de sus émulos de la actualidad.
A los de hoy nos calzaría muy bien la frase del escritor franquista español Muñoz Seca, en los años 30, momentos antes de ser fusilado por los izquierdistas republicanos: "Me podéis privar de todos mis derechos, pero hay algo que no me váis a poder quitar jamás: el miedo que tengo".
Ahora sucedió que alguien produjo en los Estados Unidos un documental titulado "Pinochet", revelador de aspectos de nuestra verdad histórica que la historia oficial chilena ha ocultado y hecho olvidar, como la circunstancia de que socialistas y comunistas se proponían hace 40 años tomar el poder por las armas, que tenían en abundancia; que Salvador Allende sumió al país en el caos económico y la violencia política; y que su gobierno de mil días fue un completo desastre, del cual nos rescató la Junta Militar, para devolverle 17 años después a la civilidad un país reconstruido, pacificado, próspero y democrático.
El comunismo y su entorno, que última y evidentemente mandan en Chile (no tengo espacio para probar esto ahora) se han propuesto impedir por la violencia que ese documental se exhiba el domingo a las 11 en el Teatro Caupolicán, violando todas las normas sobre libertad de expresión. Allá irán sus encapuchados a agredir a la concurrencia y tratar de impedir por la fuerza que tal documental se exhiba. Yo estaba dispuesto a arrostrarlo y asistir, cualquiera fuera el riesgo, y convoqué a amigos a hacerlo y les compré entradas. Por defender públicamente la libertad de expresión en este caso he sido frecuentemente entrevistado en estos días e invitado a programas de debate. Pero no estoy casado con una Carmela Carvajal sino con María Soledad Vial y ésta ha desplegado toda la autoridad que ha venido adquiriendo con los años sobre mí y la familia y ha opuesto un veto extremo y terminante a mi concurrencia al Caupolicán el domingo.
Yo me atrevería a ir y enfrentar a los encapuchados, pero no a desafiar a María Soledad ni a imponerle el sufrimiento que, dice ella, le generaría mi asistencia. Aparte de ello, ha conseguido el respaldo unánime de hijos, nietos, otros familiares y amigos. Entonces, finalmente, he retrocedido y no iré al Caupolicán el domingo. Por tanto, no seré héroe, sino antihéroe. Pero valga decir que gracias a decisiones como ésta hemos cumplido nuestras bodas de oro, que si no hubiera sido por la letra chica habitual de las promesas de Sebastián Piñera nos habrían granjeado el respectivo bono.
He puesto mi inasistencia a la exhibición en conocimiento de los entrevistadores que me han llamado y de un canal de TV que me invitó a su foro de la noche del domingo, pues evidentemente careceré del valor de testigo presencial de los hechos que van a ser noticia este domingo. Es muy diferente entrevistar a un combatiente callejero de la libertad de expresión que a un plumario o plumífero (a elección) que sólo la defiende desde su escritorio. Pero que, desertor y todo, sigue casado en buena armonía, cosa que el combatiente, según María Soledad, no habría podido conseguir.
No me enorgullezco de nada de lo anterior, pero por lo menos cumplo con ser transparente para revelar una realidad poco gloriosa. Ello me sitúa ciertamente al mismo nivel de casi todos los demás chilenos de derecha contemporáneos, tan distintos de los arrojados y valientes compatriotas del siglo XIX, simbolizados por Prat, Serrano, Carrera Pinto, Cruz Martínez, O'Higgins, Carrera y tantos otros compatriotas de coraje que sería tan largo enumerar como breve es la nómina de sus émulos de la actualidad.
A los de hoy nos calzaría muy bien la frase del escritor franquista español Muñoz Seca, en los años 30, momentos antes de ser fusilado por los izquierdistas republicanos: "Me podéis privar de todos mis derechos, pero hay algo que no me váis a poder quitar jamás: el miedo que tengo".
jueves, 7 de junio de 2012
GIRO COPERNICANO
La gente culta o que pretende fungir de tal llama "giro copernicano" a lo que los chilenos denominamos "vuelta de carnero", término que, como casi todo lo chileno, no es adecuado, porque el carnero después de la vuelta queda en la misma posición, y en cambio el protagonista del giro copernicano queda en una completamente distinta. Y así le ha sucedido al vocero de gobierno, Andrés Chadwick, quien ha dicho, hablando en primera persona del plural (para incluir, se supone, a su gobierno y su partido), respecto de la exhibición del documental "Pinochet": "No favorecemos ni colaboramos ni participamos ni somos partidarios de este tipo de homenajes".
Esto yo creo que completa el "giro copernicano", porque viene a situar a sus protagonistas en las antípodas de lo que concibió para la UDI su principal fundador, el senador Jaime Guzmán Errázuriz, asesinado en 1991 por el brazo armado del partido comunista, cuyo "encargado militar" era Guillermo Teillier, hoy diputado gracias a la DC y que se pasea por el país con el senador Ignacio Walker promoviendo la alianza electoral entre ambos.
Como es bien sabido, estos que mandan por la fuerza en el Chile actual, el comunismo y sus seguidores, han prohibido la exhibición, el domingo a las 11 horas en el Teatro Caupolicán, del documental "Pinochet", en el que aparecen escenas fílmicas como la de Patricio Aylwin aseverando que el gobierno de Allende amparaba milicias "poderosamente armadas" para llevar a cabo un autogolpe y establecer una dictadura comunista; o como la del mismo Allende declarándole a Regis Debray que él firmó el "Estatuto de Garantías" a la DC como una "necesidad táctica", pero que su propósito real era instaurar un régimen "marxista-leninista científico total" y que para eso era preciso "derrocar la democracia burguesa".
Esas cosas no pueden exhibirse en Chile, porque -dicen- debemos "cuidar la democracia" y hay un enemigo público oficial, Pinochet, y un salvador oficial de la Patria, Allende. Encabezan esta dignísima tarea de "cuidar la democracia" líderes "republicanos" (¡cómo les gusta usar esta palabra a los que querían hacer la revolución!; a quienes ya, por cierto, no les quedan en las manos huellas de sangre ni de los hierros que empuñaron ilo témpore). Hoy los mismos son los guardianes del "orden establecido" y estiman que constituye un atentado contra las libertades públicas exhibir testimonios documentales o fílmicos de que el movimiento encabezado por Pinochet en realidad salvó a la democracia precisamente de la dictadura de ellos y restituyó a la civilidad un país pacificado, próspero y convertido en la "joya más valiosa de la corona latinoamericana" (Bill Clinton, Santiago, 1991).
A quienes pretendan exhibir semejantes testimonios, los que hoy mandan en Chile, es decir, los comunistas y todas sus organizaciones de fachada, compañeros de ruta, tontos útiles y Kerenskys, les están advirtiendo que no lo hagan o serán castigados físicamente. Y el vocero del gobierno nominal ("pato cojo") que tenemos, y que es uno de los "coroneles" de la UDI, ha dejado muy claro que ellos (vocero, gobierno y UDI) "no favorecemos ni colaboramos ni participamos ni somos partidarios de este tipo de manifestaciones". Traduzco: "Óbrese según ordenan los comunistas".
Yo, ante todo eso, sólo me pregunto qué diría hoy Jaime Guzmán al respecto.
Esto yo creo que completa el "giro copernicano", porque viene a situar a sus protagonistas en las antípodas de lo que concibió para la UDI su principal fundador, el senador Jaime Guzmán Errázuriz, asesinado en 1991 por el brazo armado del partido comunista, cuyo "encargado militar" era Guillermo Teillier, hoy diputado gracias a la DC y que se pasea por el país con el senador Ignacio Walker promoviendo la alianza electoral entre ambos.
Como es bien sabido, estos que mandan por la fuerza en el Chile actual, el comunismo y sus seguidores, han prohibido la exhibición, el domingo a las 11 horas en el Teatro Caupolicán, del documental "Pinochet", en el que aparecen escenas fílmicas como la de Patricio Aylwin aseverando que el gobierno de Allende amparaba milicias "poderosamente armadas" para llevar a cabo un autogolpe y establecer una dictadura comunista; o como la del mismo Allende declarándole a Regis Debray que él firmó el "Estatuto de Garantías" a la DC como una "necesidad táctica", pero que su propósito real era instaurar un régimen "marxista-leninista científico total" y que para eso era preciso "derrocar la democracia burguesa".
Esas cosas no pueden exhibirse en Chile, porque -dicen- debemos "cuidar la democracia" y hay un enemigo público oficial, Pinochet, y un salvador oficial de la Patria, Allende. Encabezan esta dignísima tarea de "cuidar la democracia" líderes "republicanos" (¡cómo les gusta usar esta palabra a los que querían hacer la revolución!; a quienes ya, por cierto, no les quedan en las manos huellas de sangre ni de los hierros que empuñaron ilo témpore). Hoy los mismos son los guardianes del "orden establecido" y estiman que constituye un atentado contra las libertades públicas exhibir testimonios documentales o fílmicos de que el movimiento encabezado por Pinochet en realidad salvó a la democracia precisamente de la dictadura de ellos y restituyó a la civilidad un país pacificado, próspero y convertido en la "joya más valiosa de la corona latinoamericana" (Bill Clinton, Santiago, 1991).
A quienes pretendan exhibir semejantes testimonios, los que hoy mandan en Chile, es decir, los comunistas y todas sus organizaciones de fachada, compañeros de ruta, tontos útiles y Kerenskys, les están advirtiendo que no lo hagan o serán castigados físicamente. Y el vocero del gobierno nominal ("pato cojo") que tenemos, y que es uno de los "coroneles" de la UDI, ha dejado muy claro que ellos (vocero, gobierno y UDI) "no favorecemos ni colaboramos ni participamos ni somos partidarios de este tipo de manifestaciones". Traduzco: "Óbrese según ordenan los comunistas".
Yo, ante todo eso, sólo me pregunto qué diría hoy Jaime Guzmán al respecto.
martes, 5 de junio de 2012
SE CUMPLE EL PROGRAMA DE GOBIERNO
Como todos sabemos (o deberíamos saber), el programa de gobierno se centra en un solo propósito: hacer remontar al presidente en las encuestas. Luego, se cumplió en el último mes, porque en la encuesta Adimark Gfk él remontó siete puntos en su nivel de aprobación, pasando de 26 a 33 por ciento. Como el nivel de rechazo se mantuvo igual (58 por ciento) el apoyo vino de las personas que antes no opinaban o decían no saber qué responder.
Por lo tanto, el gobierno puede estar tranquilo, al menos hasta la próxima encuesta CEP, que el año pasado vino a echarle a perder las cosas.
En todo caso, esta mejoría produjo un importante efecto: la encuesta Adimark Gfk apareció destacada en la portada del diario. Cuando la aprobación cayó a 26 por ciento costaba mucho encontrar la información en algún rincón de páginas interiores.
La firma encuestadora atribuye el alza al Ingreso Ético Familiar y los bonos anunciados para los más pobres, a que los combustibles bajaron de precio en mayo y a que el presidente pidió perdón dos veces en su discurso del día 21.
Otros han observado que la mejoría puede deberse a que se ha confirmado que éste no es el "gobierno de los empresarios", pero eso no necesitaba de ninguna confirmación, porque nunca lo ha sido: éste es el gobierno de Sebastián Piñera y de nadie más. Supongo que a estas alturas eso está completamente claro.
Otra cosa que confirma la encuesta es el ranking de popularidad de los ministros, encabezado por enésima vez por la titular del Sernam, Carolina Schmidt, con 74 por ciento de aprobación. ¿Nadie se da cuenta de lo que esto significa? Pero ¿es que ya nadie recuerda que una cosa similar comenzó a pasar hace una década, cuando una ministra llamada Michelle Bachelet aparecía con la más alta aprobación y los "barones" socialistas miraban insistentemente para otro lado... hasta que debieron dejar de hacerlo? Bueno, yo pienso que es hora de que los "barones" de la derecha dejen de mirar para otro lado, porque tarde o temprano van a tener que dejar de hacerlo.
A propósito de lo mismo, hay algo más de cual Adimark Gfk no da cuenta, tal vez porque no estaba entre sus propósitos: en una encuesta presidencial publicada la semana pasada por "La Tercera" (hecha por el diario), apareció el candidato independiente Franco Parisi empatado en el cuarto lugar con Andrés Allamand, con seis por ciento, detrás de Bachelet, Golborne y Enríquez-Ominami, en ese orden. Luego, en la competencia de las candidaturas presidenciales están pasando cosas que este sondeo no recoge. Ni tampoco lo hacen los medios de comunicación.
En fin, hay otro detalle de la encuesta que no he visto mencionado por sus analistas: mientras el 25 por ciento apoya a la Alianza y el 19 por ciento a la Concertación, por una parte, por la otra el 28 por ciento se declara partidario del gobierno, mientras el 38 por ciento se declara de oposición. Sin duda hay una fuerza gravitante fuera de esos dos grandes conglomerados, que explica la aparente contradicción.
Por lo tanto, el gobierno puede estar tranquilo, al menos hasta la próxima encuesta CEP, que el año pasado vino a echarle a perder las cosas.
En todo caso, esta mejoría produjo un importante efecto: la encuesta Adimark Gfk apareció destacada en la portada del diario. Cuando la aprobación cayó a 26 por ciento costaba mucho encontrar la información en algún rincón de páginas interiores.
La firma encuestadora atribuye el alza al Ingreso Ético Familiar y los bonos anunciados para los más pobres, a que los combustibles bajaron de precio en mayo y a que el presidente pidió perdón dos veces en su discurso del día 21.
Otros han observado que la mejoría puede deberse a que se ha confirmado que éste no es el "gobierno de los empresarios", pero eso no necesitaba de ninguna confirmación, porque nunca lo ha sido: éste es el gobierno de Sebastián Piñera y de nadie más. Supongo que a estas alturas eso está completamente claro.
Otra cosa que confirma la encuesta es el ranking de popularidad de los ministros, encabezado por enésima vez por la titular del Sernam, Carolina Schmidt, con 74 por ciento de aprobación. ¿Nadie se da cuenta de lo que esto significa? Pero ¿es que ya nadie recuerda que una cosa similar comenzó a pasar hace una década, cuando una ministra llamada Michelle Bachelet aparecía con la más alta aprobación y los "barones" socialistas miraban insistentemente para otro lado... hasta que debieron dejar de hacerlo? Bueno, yo pienso que es hora de que los "barones" de la derecha dejen de mirar para otro lado, porque tarde o temprano van a tener que dejar de hacerlo.
A propósito de lo mismo, hay algo más de cual Adimark Gfk no da cuenta, tal vez porque no estaba entre sus propósitos: en una encuesta presidencial publicada la semana pasada por "La Tercera" (hecha por el diario), apareció el candidato independiente Franco Parisi empatado en el cuarto lugar con Andrés Allamand, con seis por ciento, detrás de Bachelet, Golborne y Enríquez-Ominami, en ese orden. Luego, en la competencia de las candidaturas presidenciales están pasando cosas que este sondeo no recoge. Ni tampoco lo hacen los medios de comunicación.
En fin, hay otro detalle de la encuesta que no he visto mencionado por sus analistas: mientras el 25 por ciento apoya a la Alianza y el 19 por ciento a la Concertación, por una parte, por la otra el 28 por ciento se declara partidario del gobierno, mientras el 38 por ciento se declara de oposición. Sin duda hay una fuerza gravitante fuera de esos dos grandes conglomerados, que explica la aparente contradicción.
domingo, 3 de junio de 2012
EL PROBLEMA DE SIEMPRE
¿Qué tienen en común el problema de Hidroaysén con el de la planta de cerdos en Freirina? Una cosa: que pueden hacer bajar más en las encuestas al presidente Sebastián Piñera. Y como éste no es el gobierno de Chile, sino el gobierno de, por y para Sebastián Piñera, se hace o deja de hacer todo lo que el dueño del fundo Tantauco (que, sugerentemente, le dio su nombre a los grupos que elaboraron el programa de gobierno, como para que fuéramos sabiendo de qué se trataba todo) según cómo incide en la primera prioridad del gobierno, que es hacer remontar al presidente en las encuestas.
La planta de cerdos de Agrosúper tuvo un problema de filtración de olores, como suele ocurrir en las plantas de ese género. Lo lógico era arreglar el problema y se irían los olores. Hoy en "El Mercurio" su dueño dice que él mismo vive al lado de una planta de cerdos y no tiene olores, salvo cuando hay una falla en la purificación del aire. ¿Por qué no se remedió la falla en Freirina? Porque los vecinos de Freirina hicieron lo que todo Chile ha aprendido a hacer ante cualquier problema (si es que uno quiere que se solucione): recurrieron a la violencia. Es decir, se tomaron los caminos por la fuerza, incendiaron propiedades de Agrosúper y pusieron en fuga ("sálvese quién pueda") al personal de la firma que podía solucionar los malos olores. Y éstos entonces aumentaron, porque comenzaron a morir los cerdos. ¿Y por qué la fuerza pública no impidió todo eso? Porque, como lo dice hoy en "El Mercurio" el dueño, venía el Mensaje Presidencial. Ésta es una ocasión de especial lucimiento presidencial, que nada ni nadie debía empañar, así es que la planta siguió tomada. El problema, que parecía no poder ser peor, empeoró. Y ahora una empresa que invirtió centenares de millones de dólares y que era la casi única empleadora de Freirina, que cumplió con todas las tramitaciones administrativas y ambientales, y es una de las mayores exportadoras de carne de cerdo del mundo, está viendo cómo liquidar a medio millón de cerdos sin perder más todavía, para lo cual la autoridad, para que el presidente no baje más en las encuestas, le ha puesto un plazo imposible de cumplir si es que Agrosúper quiere, a lo menos, salvar los cerdos que han quedado vivos. Pues, claro, la imagen de que el gobierno es duro con los empresarios puede hacer subir al presidente en las encuestas (pero no sirve para atraer inversiones).
¿E Hidroaysén? Es lo mismo. En 2017 van a comenzar los cortes de luz si no se hacen los proyectos necesarios. Pero ya uno de ellos, que estaba aprobado y había cumplido todos los requisitos ambientales, pero era objetado por los ecologistas, fue detenido por un llamado telefónico del presidente al dueño de la empresa eléctrica, llamado en el que, supongo, le hizo un ofrecimiento que éste no pudo rechazar. Y el país se quedó sin Barrancones. Los jueces, ni cortos ni perezosos (y que, cuando no son de izquierda o ecologistas, cosa rara, tampoco quieren ser impopulares), le han seguido la corriente al presidente y han retardado o rechazado las centrales Castilla, Cuervo, R. C. Ventanas, El Tatío, Chiloé, Pichidegua y Achibueno, como revela hoy el ex ministro de Energía Alejandro Jadresic en "La Tercera". Y ahora se paraliza Hidroaysén, porque una de las empresas socias del enorme emprendimiento no quiere seguir poniendo dinero en un proyecto cuyo destino es incierto y, tal como lo decidiríamos usted o yo si estuviéramos en esa situación, han dicho "no va más".
El ex ministro de Economía Juan Andrés Fontaine hoy, en "El Mercurio" expresa: "...la aprobación a nivel regional de las centrales de Hidroaysén ocurrió un año atrás. El consejo de ministros encargado de pronunciarse sobre los reclamos y apelaciones correspondientes aún no se reúne".
El problema es que las encuestas no favorecen a Hidroaysén. Si el presidente la impulsa, caerá aún más su popularidad. ¿Qué es preferible, eso o que se corte la luz en 2017? Él no tiene dónde perderse.
La planta de cerdos de Agrosúper tuvo un problema de filtración de olores, como suele ocurrir en las plantas de ese género. Lo lógico era arreglar el problema y se irían los olores. Hoy en "El Mercurio" su dueño dice que él mismo vive al lado de una planta de cerdos y no tiene olores, salvo cuando hay una falla en la purificación del aire. ¿Por qué no se remedió la falla en Freirina? Porque los vecinos de Freirina hicieron lo que todo Chile ha aprendido a hacer ante cualquier problema (si es que uno quiere que se solucione): recurrieron a la violencia. Es decir, se tomaron los caminos por la fuerza, incendiaron propiedades de Agrosúper y pusieron en fuga ("sálvese quién pueda") al personal de la firma que podía solucionar los malos olores. Y éstos entonces aumentaron, porque comenzaron a morir los cerdos. ¿Y por qué la fuerza pública no impidió todo eso? Porque, como lo dice hoy en "El Mercurio" el dueño, venía el Mensaje Presidencial. Ésta es una ocasión de especial lucimiento presidencial, que nada ni nadie debía empañar, así es que la planta siguió tomada. El problema, que parecía no poder ser peor, empeoró. Y ahora una empresa que invirtió centenares de millones de dólares y que era la casi única empleadora de Freirina, que cumplió con todas las tramitaciones administrativas y ambientales, y es una de las mayores exportadoras de carne de cerdo del mundo, está viendo cómo liquidar a medio millón de cerdos sin perder más todavía, para lo cual la autoridad, para que el presidente no baje más en las encuestas, le ha puesto un plazo imposible de cumplir si es que Agrosúper quiere, a lo menos, salvar los cerdos que han quedado vivos. Pues, claro, la imagen de que el gobierno es duro con los empresarios puede hacer subir al presidente en las encuestas (pero no sirve para atraer inversiones).
¿E Hidroaysén? Es lo mismo. En 2017 van a comenzar los cortes de luz si no se hacen los proyectos necesarios. Pero ya uno de ellos, que estaba aprobado y había cumplido todos los requisitos ambientales, pero era objetado por los ecologistas, fue detenido por un llamado telefónico del presidente al dueño de la empresa eléctrica, llamado en el que, supongo, le hizo un ofrecimiento que éste no pudo rechazar. Y el país se quedó sin Barrancones. Los jueces, ni cortos ni perezosos (y que, cuando no son de izquierda o ecologistas, cosa rara, tampoco quieren ser impopulares), le han seguido la corriente al presidente y han retardado o rechazado las centrales Castilla, Cuervo, R. C. Ventanas, El Tatío, Chiloé, Pichidegua y Achibueno, como revela hoy el ex ministro de Energía Alejandro Jadresic en "La Tercera". Y ahora se paraliza Hidroaysén, porque una de las empresas socias del enorme emprendimiento no quiere seguir poniendo dinero en un proyecto cuyo destino es incierto y, tal como lo decidiríamos usted o yo si estuviéramos en esa situación, han dicho "no va más".
El ex ministro de Economía Juan Andrés Fontaine hoy, en "El Mercurio" expresa: "...la aprobación a nivel regional de las centrales de Hidroaysén ocurrió un año atrás. El consejo de ministros encargado de pronunciarse sobre los reclamos y apelaciones correspondientes aún no se reúne".
El problema es que las encuestas no favorecen a Hidroaysén. Si el presidente la impulsa, caerá aún más su popularidad. ¿Qué es preferible, eso o que se corte la luz en 2017? Él no tiene dónde perderse.
viernes, 1 de junio de 2012
LA DERECHA EN SU ESTADO NATURAL
El estado natural de la derecha es el de tener miedo. El de la izquierda es el de infundirlo. Nunca quedó tan bien reflejado lo anterior como en esa frase del discurso inaugural de Michelle Bachelet, tras ganar la elección presidencial de 2005/2006: "Cuando la izquierda sale a la calle, la derecha se pone a temblar". Lo dijo textualmente esa noche en que reveló su verdadero "yo". Después no lo volvió a repetir, pero no era necesario, porque la derecha temblaría de todas maneras y lo sigue haciendo.
Ahora algunas personas de derecha, que apoyaron al Gobierno Militar, están intentando algo tan inocente como exhibir públicamente un documental que confeccionaron en los EE. UU., pero con material chileno. Es pro-Gobierno Militar y se titula "Pinochet", el polo opuesto de los que acá habitualmente hace y exhibe la izquierda,con ayuda de recursos públicos, desde hace más de veinte años y también bajo el actual V Gobierno de la Concertación. Sus títulos más recientes: "Los Archivos del Cardenal" I y II, "Vivir y Morir en Chile" (un panegírico del terrorismo de izquierda), y ahora la película "No", un elogio admirativo de la campaña publicitaria de la Concertación para el plebiscito de 1988. Todos aplauden, una tras otra, a esas producciones. El bombo con que las promueve la prensa de derecha es llamativo. En cambio "Pinochet" no es siquiera mencionado ni encontró, por supuesto, ningún canal de TV que se atreviera a exhibirlo ni tampoco alguna sala de cine donde estrenarse. Al fin sus creadores consiguieron el teatro-circo Caupolicán, para el domingo 10 de junio a las 11 horas.
Pero resulta que la extrema izquierda ha decidido impedir hasta eso. Mucho más que cualquier promoción del documental, lo único que ha trascendido es que el comunismo y su comparsa, organizaciones de derechos humanos, partidos de izquierda y parlamentarios del mismo sector (incluidos los que más se dicen "defensores de la democracia"), han llamado a "funar" la exhibición, lo que en buen castellano significa impedir por la fuerza que ella se realice y agredir y aterrorizar a la gente que asista, que es la gente de derecha, de modo que su miedo proverbial se ha acentuado. Mi mujer, a quien yo había convidado amablemente a acompañarme al estreno de "Pinochet", no sólo me ha dicho que no asistirá, sino que pretende prohibirme a mí hacerlo, acusándome de imprudencia temeraria ante el resto de la familia, que con este motivo se ha puesto en mi contra.
¿En qué país vivimos? Hoy ha habido una ovación en los tribunales porque los catorce imputados de haber colocado numerosas bombas terroristas han resultado absueltos por la justicia. Es decir, impunidad total. ¿De qué justicia me hablan? ¿De la misma que atropella las leyes para condenar a cinco años y un día de presidio efectivo a militares ya ancianos por haber dado muerte a un terrorista del MIR hace 38 años, mientras que, al mismo tiempo, desecha ¡siete mil pruebas! aportadas por el ministerio público e incluso la confesión de uno de los imputados, para decirle al país y al mundo que no hay evidencia de que ellos hayan puesto las bombas?
La derecha tiembla y bajo un gobierno supuestamente cercano a ella contempla cómo la izquierda se adueña de todo, de centenares de millones de dólares en subsidios a terroristas de izquierda y familiares, de la escena pública y de la prensa para propagar sus documentales llenos de mensajes políticos y del único poder que podría poner freno al terror izquierdista, el Judicial, que hoy día mismo le ha extendido a éste su manto protector. Ese es el país en que vivimos. Díganme si no hay derecho a ponerse a temblar.
Ahora algunas personas de derecha, que apoyaron al Gobierno Militar, están intentando algo tan inocente como exhibir públicamente un documental que confeccionaron en los EE. UU., pero con material chileno. Es pro-Gobierno Militar y se titula "Pinochet", el polo opuesto de los que acá habitualmente hace y exhibe la izquierda,con ayuda de recursos públicos, desde hace más de veinte años y también bajo el actual V Gobierno de la Concertación. Sus títulos más recientes: "Los Archivos del Cardenal" I y II, "Vivir y Morir en Chile" (un panegírico del terrorismo de izquierda), y ahora la película "No", un elogio admirativo de la campaña publicitaria de la Concertación para el plebiscito de 1988. Todos aplauden, una tras otra, a esas producciones. El bombo con que las promueve la prensa de derecha es llamativo. En cambio "Pinochet" no es siquiera mencionado ni encontró, por supuesto, ningún canal de TV que se atreviera a exhibirlo ni tampoco alguna sala de cine donde estrenarse. Al fin sus creadores consiguieron el teatro-circo Caupolicán, para el domingo 10 de junio a las 11 horas.
Pero resulta que la extrema izquierda ha decidido impedir hasta eso. Mucho más que cualquier promoción del documental, lo único que ha trascendido es que el comunismo y su comparsa, organizaciones de derechos humanos, partidos de izquierda y parlamentarios del mismo sector (incluidos los que más se dicen "defensores de la democracia"), han llamado a "funar" la exhibición, lo que en buen castellano significa impedir por la fuerza que ella se realice y agredir y aterrorizar a la gente que asista, que es la gente de derecha, de modo que su miedo proverbial se ha acentuado. Mi mujer, a quien yo había convidado amablemente a acompañarme al estreno de "Pinochet", no sólo me ha dicho que no asistirá, sino que pretende prohibirme a mí hacerlo, acusándome de imprudencia temeraria ante el resto de la familia, que con este motivo se ha puesto en mi contra.
¿En qué país vivimos? Hoy ha habido una ovación en los tribunales porque los catorce imputados de haber colocado numerosas bombas terroristas han resultado absueltos por la justicia. Es decir, impunidad total. ¿De qué justicia me hablan? ¿De la misma que atropella las leyes para condenar a cinco años y un día de presidio efectivo a militares ya ancianos por haber dado muerte a un terrorista del MIR hace 38 años, mientras que, al mismo tiempo, desecha ¡siete mil pruebas! aportadas por el ministerio público e incluso la confesión de uno de los imputados, para decirle al país y al mundo que no hay evidencia de que ellos hayan puesto las bombas?
La derecha tiembla y bajo un gobierno supuestamente cercano a ella contempla cómo la izquierda se adueña de todo, de centenares de millones de dólares en subsidios a terroristas de izquierda y familiares, de la escena pública y de la prensa para propagar sus documentales llenos de mensajes políticos y del único poder que podría poner freno al terror izquierdista, el Judicial, que hoy día mismo le ha extendido a éste su manto protector. Ese es el país en que vivimos. Díganme si no hay derecho a ponerse a temblar.
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