martes, 2 de junio de 2026

AHORA ME TOCÓ A MÍ

Cuando escribo estas líneas acabo de recibir el llamado de un hijo, desde nuestra propiedad agrícola a la entrada de Maipú, en Av. Pajaritos con Américo Vespucio.

Sujetos dispuestos a todo han violentado la entrada y puesto un candado propio. Mientras descargan cosas. Mi hijo mío les ha dicho que su proceder es ilegal, pero le responden que no les importan las leyes. 

Él ha llamado a Carabineros y a Seguridad Ciudadana del municipio, pero nadie hasta este minuto va. 

Esta propiedad producía verduras y hortalizas, pero los atentados dejaron sin electricidad al pozo de riego. Atentados para robar cables de cobre. Dos veces. 

Y es tercera vez en los últimos meses que la ocupan, pero ahora es una cosa más masiva, más violenta y por parte de gente más desafiante.

Las otras veces habíamos acudido a Carabineros, pero se negaron a ir sin previa orden judicial, aunque era delito flagrante. ¡Un juicio! ¿Cuánto demora eso? Es el mundo real. 

Pero la Seguridad del municipio había por fin trasladado a los ocupantes ilegales. Si bien éstos estaban siempre rondando y amenazando. 

Se sembró alfalfa para ser regada por la lluvia. Pero pocos quieren trabajar ahí por el riesgo y las amenazas de potenciales tomadores que rondan el lugar.

Ayer leí en El Mercurio del caso del emprendedor de Puerto Montt al que le roban una y otra vez, denuncia a la PDI, a Carabineros y a Seguridad Ciudadana y nadie le presta auxilio, pese a que les indica dónde viven los ladrones y dónde guardan lo robado. 

Ése es el Chile real.

¿Cómo producir si te roban lo que produzcas, te usurpan la tierra y te cubren de amenazas e insultos? ¿Cómo trabajar la tierra si cualquier delincuente puede invadirla en cualquier momento?

Le ha pedido a mi hijo que no se arriesgue ni oponga resistencia, porque el peso de la ley, desde 1990, cae sobre los propietarios y productores. Ni pensar en usar un arma contra los usurpadores.

Vivimos en el Chile de los hechos, no en el de los discursos.


3 comentarios:

  1. Este es el Chile real. Dice Don Hermógenes:

    "¿Cómo producir si te roban lo que produzcas, te usurpan la tierra y te cubren de amenazas e insultos? ¿Cómo trabajar la tierra si cualquier delincuente puede invadirla en cualquier momento?

    Le ha pedido a mi hijo que no se arriesgue ni oponga resistencia, porque el peso de la ley, desde 1990, cae sobre los propietarios y productores. Ni pensar en usar un arma contra los usurpadores."

    Vivimos en el Chile de los hechos, no en el de los discursos de la Cuenta Anual”.

    El relato expone con crudeza otra de las fracturas más profundas y urgentes del Chile de hoy:

    la profunda crisis de seguridad rural, la vulneración del derecho de propiedad y la extendida sensación de desprotección que sufren los productores y trabajadores de la tierra en diversas zonas del país.

    Cuando un productor rural afirma que "el peso de la ley cae sobre los propietarios y no sobre los usurpadores", describe un fenómeno de impotencia institucional que desarma la base misma del contrato social:

    la garantía estatal de que quien trabaja legítimamente estará protegido por la fuerza pública.

    Este escenario refleja tensiones jurídicas, operacionales y sociales muy complejas:

    1. El quiebre del Estado de Derecho en el sector rural

    Para que una economía agrícola subsista, se requiere certeza jurídica y estabilidad temporal. El ciclo de la tierra —sembrar, cuidar, cosechar— toma meses de inversión y esfuerzo.

    La vulnerabilidad geográfica: A diferencia de una empresa urbana, un predio agrícola no se puede encerrar entre cuatro paredes de hormigón ni proteger fácilmente con seguridad privada. Queda expuesto a la inmensidad del territorio.

    El impacto de las usurpaciones: Cuando las tomas de terrenos o los robos de cosechas se normalizan debido a la lentitud de la respuesta policial o judicial, se altera el incentivo básico de la producción. Si el agricultor asume que el fruto de su trabajo le será arrebatado con violencia, la tierra deja de producir, lo que a mediano plazo termina afectando la cadena de suministro de alimentos y la economía de comunidades enteras.

    2. El dilema de la legítima defensa y el monopolio de la fuerza

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  2. La advertencia que don Hermógenes le hace a su hijo —no oponer resistencia y ni pensar en usar un arma— es un acto de pragmatismo y supervivencia ante la realidad de los tribunales:

    La paradoja legal: En el diseño de un Estado democrático moderno, el ciudadano entrega el monopolio de la fuerza al Estado (Policías y Fuerzas Armadas) a cambio de protección.

    Si el Estado falla en proteger el predio, pero luego aplica con estricto rigor penal el castigo al propietario que intenta defenderse por sus propios medios (acusándolo de porte ilegal de armas, homicidio o lesiones), se produce una enorme distorsión.

    El ciudadano percibe que la ley es implacable con el contribuyente formal y laxa o ineficiente con las estructuras criminales que operan al margen de ella.

    El peligro de la escalada: Jurídicamente se busca evitar el "lejano oeste" o la justicia por mano propia, lo cual es correcto en teoría.

    "Pero en la práctica, si el dueño de la tierra queda de manos atadas y la policía no llega a tiempo, el delincuente opera con total ventaja táctica y mental."

    3. Las leyes recientes y el "Chile de los hechos"

    En los últimos años, el debate político en Chile ha intentado reaccionar a este clamor rural mediante reformas como la Ley de Usurpaciones, orientada a endurecer las penas contra las tomas de terrenos y a facilitar los desalojos flagrantes.

    Sin embargo, como bien señala el agricultor, una cosa es el "país de los discursos" (la promulgación de una ley en el Congreso en Valparaíso) y otra muy distinta es el "país de los hechos" (la capacidad real de una patrulla de Carabineros para llegar a un predio aislado en la madrugada o en la tarde y restituir el orden).

    La crisis se ahonda porque muchas de estas dinámicas delictuales en el campo ya no responden a demandas sociales aisladas, sino que han sido establecidas por el crimen organizado como su propia ley, el robo de madera, el narcotráfico y el contrabando, dotando a los usurpadores de un poder de fuego e intimidación superior al de cualquier ciudadano común.

    La desesperanza de este testimonio demuestra que cuando la seguridad pública falla, no solo se pierde dinero o bienes materiales; se destruye la dignidad de la vida en el campo y la confianza en que las reglas del juego son iguales para todos.

    El desafío de restablecer la autoridad y la paz en los sectores agrícolas es, hoy por hoy, uno de los requisitos más críticos para evitar que el tejido productivo del país termine por desmantelarse.

    No debemos olvidar que las tomas son impulsadas y aceptadas por los izquierdistas y progresistas de derecha, que ven en las tomas una forma natural de reivindicar el "derecho de los pobres sin casa" a tener un lugar donde vivir.

    https://patriotagenuino.blogspot.com/2026/06/este-es-el-chile-real.html

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  3. Absolutamente nadie lee ni pesca al exprofeta de capirote, por fome, latero y huevón.

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