El fallo que absolvió y liberó de la persecución judicial al teniente coronel Claudio Crespo representó un retorno al sentido común, como lo escribí en mi columna anterior.
Pero eso vino acompañado de una señal de alarma: una encuesta, publicada por El Mercurio del viernes, revela que el 55% de la opinión pública aprueba el fallo y un 45% lo rechaza.
Es alarmante para la normalidad de la vida interna un 45% de ciudadanos opinando que el teniente coronel Crespo debió ser condenado.
Ese 45 % está al mismo nivel de descriterio que el presidente Gabriel Boric, que públicamente ha expresado su disgusto con el fallo, añadiendo que Crespo "le sacó los ojos" al violentista de la primera línea Claudio Gatica, hoy diputado comunista electo con alta votación.
Adoquín en mano y en medio del lanzamiento de otros proyectiles y bombas molotov a la policía, Gatica ponía en riesgo directo a los carabineros. Éstos impedían a los subversivos perpetrar más saqueos, incendios y destrucción de propiedad pública y privada.
Era un movimiento revolucionario al mismo estilo de los registrados periódicamente en 1934, 1949, 1957, 1969 y los diecisiete que fueron sofocados entre 1983 y 1987, estos últimos al amparo de la progresiva apertura a la plena democracia que contemplaba la Constitución. Pero esos conatos duraron un día, salvo el de 1957 que duró dos, y al cabo de los cuales no se terminó el gobierno constitucional, sino que todos cesaron y en 1988, particularmente, se hizo pública la impopularidad de los conatos. Pinochet y los demás gobiernos anteriores, salvo el de Salvador Allende, que promovía la violencia revolucionaria, siempre habían hecho uso de los recursos necesarios para vencer a la criminalidad. Piñera fue una excepción, pues sus abogados del ministerio del Interior estaban dedicados a perseguir ilegalmente a exmilitares y no a defenderse de la guerrilla comunista, y por eso estuvo a punto de caer. Derivada de esa obsecuencia y debilidad se presenta ahora esta absurda situación del "ladrón detrás del juez", con policías acosados por el Instituto de Derechos Humanos financiado por el gobierno para proteger terroristas y el Consejo de Defensa del Estado accionando contra los carabineros, financiados por los contribuyentes para hacer todo lo contrario. Para no mencionar fiscales dedicados a imputar a los guardianes del orden un delito que está sólo en su imaginación (habitual en juicios contra exmilitares): "apremios ilegítimos".
Entre la postura de las fuerzas de orden y las de la guerrilla había y hay un océano moral de diferencias: los defensores del orden están ahí obligados por la naturaleza de su función y cumpliendo una orden superior; los guerrilleros están ahí usando la violencia para subvertir el orden, al servicio de una causa que ha generado más de 100 millones de muertos, a partir del primer golpe bolchevique en la Rusia de 1917 ("Libro Negro del Comunismo").
Crespo era el agredido; Gatica el agresor. El primero defendía la legalidad, el segundo la atropellaba. Crespo veía su vida amenazada, Gatica sabía que si no lanzaba peñascos ni molotov tenía garantía de completa tranquilidad. El primero representaba la legalidad democrática, el segundo la arremetida totalitaria, El primero podía exhibir una vida de servicio público abnegado, sobre todo desde el mismo 18.10.19. Gatica era instrumento de grupos violentos históricamente conocidos. Crespo representaba el mantenimiento de la paz interna. Gatica el imperio de la fuerza ilícita, por naturaleza contrario al estado de derecho.
Es alarmante que un 45 % de los chilenos no esté de acuerdo en que Crespo prestaba un servicio y Gatica era una amenaza que se buscó su destino.
Ese 45 % es el resultado de muchos años de ocultamiento de la verdad histórica, de llamar bien al mal. En este país se pagan pensiones generosas a los protagonistas de la violencia, Lagos pensionó a prácticamente todos (28 nil) que habían sido interrogados por sus nexos con el terrorismo.
Los violentos se han apoderado del "relato". Éste ha matado al dato, que es la mejor convivencia entre chilenos de toda nuestra historia (1985-2015). Mientras un 45 % avale la acción ilícita y niegue garantías al ejercicio legítimo de la fuerza para preservar la libertad y la democracia, no podremos sentir que en Chile el régimen democrático tiene solidez.
Crespo procurará cubrir los gastos de su defensa, abandonado por su institución. Gatica se apresta a cobrar diez millones de pesos al mes como diputado comunista.
Absolver a inocentes y condenar a culpables es propio de sociedades democráticas y es por ello que los peores criminales en la historia moderna de Chile permanecen recluidos en Punta Peuco con condenas que llegan hasta varias décadas.
ResponderEliminarNuevamente es ocasión de agradecerle al honorable juez Baltasar Garzón por su colaboración en terminar con la impunidad en Chile y a sucesivos gobiernos democráticos de ambas veredas, que han tenido en bien mantener y continuar procesando a los exmilitares asesinos.
Mención especial al finado expresidente Sebastián Piñera, con quien poco me identifico políticamente, pero que tomó la valiente y acertada decisión de cerrar el centro vacacional de Cordillera y mandar a toda la basura ex -uniformada al penal de Punta Peuco.
El violentista es GUSTAVO Gatica y no CLAUDIO Gatica
ResponderEliminarNo es de extrañar el porcentaje si pensamos que hace muy poco el 42% de los votantes lo hicieron por una comunista. Toda esa gente en uno y otro caso actúa por motivos ajenos a la lógica y la verdad es que no hay argumentos que les valgan para cambiar de opinión.
ResponderEliminarLos votantes de Jara y partidarios de condenar a Crespo se mueven por el odio. ¿Quién puede pensar en el Siglo XXI que el comunismo ha sido algo distinto de una doctrina genocida y empobrecedora? Tenemos la evidencia ni siquiera saca de los libros sino la de los cientos de miles de venezolanos que han huido de un paraíso comunista. Lo mismo han hecho los cubanos a otros países en balsas con la posibilidad que se los coman los tiburones. Es decir los votantes del comunismo no pueden ignorar esos hechos. Pero ellos están dispuestos a sufrir lo mismo con tal que "el empresariado" o los "fachos" también lo pasen mal.