domingo, 13 de mayo de 2018

HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN MILITAR CHILENA 1973-1990 (XIII)


CAPÍTULO IX
1981: Pinochet Presidente elegido

El mandatario en La Moneda
          A un cuarto para las ocho de la mañana y en el segundo día de su ejercicio como Presidente constitucional elegido en el plebiscito del 11 de septiembre de 1980, ingresó el general Augusto Pinochet al Palacio de La Moneda, mientras la guardia de Carabineros le rendía los honores de reglamento, que desde entonces se mantienen inalterados hasta hoy en 2018.
          Recorre la sede de gobierno cuidadosamente refaccionada y modernizada, acompañado del Jefe de la Casa Militar, coronel Jorge Ballerino, y de su edecán naval, comandante Jorge Arancibia, que en ese momento seguramente no podía siguiera imaginar que un día iba a ser elegido senador por votación popular.
          Visita al Presidente esa mañana el general César Raúl Benavides, designado Vicecomandante en Jefe del Ejército y que en tal condición ha pasado a ser miembro de la Junta de Gobierno y a presidir la IV Comisión Legislativa (Ejército) de la misma.
          En el ala norte del palacio trabajan el Presidente y su señora, esta última en sus funciones oficiales de Primera Dama; la Casa Militar, que comanda el coronel Jorge Ballerino; y el Estado Mayor Presidencial, que encabeza el general Santiago Sinclair. Éste absorbe al antiguo Comité Asesor y a la comisión Nacional para la Reforma Administrativa, que estuviera encargada del proceso regionalizador, al mando del general Julio Canessa.
Todos estos organismos pasarán, a partir de 1983, a constituir el Ministerio Secretaría General de la Presidencia, cuyo titular será el general Santiago Sinclair.
El general Sergio Covarrubias, quien estuviera a la cabeza del Estado Mayor Presidencial, había sido destinado a encabezar la IV División de Ejército en Punta Arenas.
Aprecia el historiador Gonzalo Vial que la lista de civiles que gozan verdaderamente de la confianza de Pinochet “es brevísima: Sergio Fernández, Alfonso Márquez de la Plata, Hernán Felipe Errázuriz, Mónica Madariaga –hasta la ruptura entre ambos, el año 1985--; Sergio Rillon (asesor respecto de variados temas, especialmente los de Iglesia); Julio Philippi (para el conflicto limítrofe); y desde 1984 Francisco Javier Cuadra… y nadie más” (1).
          El ministerio del Interior ocupará dependencias en la misma ala norte y la Cancillería quedará instalada en el ala sur de la Moneda.

Año de grandes desafíos
          Ese 1981 se inicia bajo indicadores auspiciosos en lo económico, lo político y lo social. El crecimiento de la economía viene siendo fuerte por quinto año consecutivo, las finanzas públicas están saneadas, la inflación viene en declinación, la inversión aumentó y representará en el ejercicio un 19,2 por ciento del PIB, augurando futuros crecimientos aún mayores.
          Los recursos externos ingresan al país caudalosamente y se contabilizará más de cuatro mil millones de dólares al final del ejercicio.
Pero desde el exterior se ciernen nubes de tormenta que empiezan a empeorar el clima de confianza en el mundo y también dentro de Chile.
Se añade un síntoma alarmante interno: el anuncio a la prensa el 4 de mayo de que una de las empresas tenidas por más sólidas y prósperas del país, la Compañía de Refinería de Azúcar de Viña del Mar, CRAV, solicitará a los ministerios de Economía y Trabajo autorización para poner término a sus actividades. Anuncia que la rebaja de aranceles, que forma parte de la política de apertura al exterior de la economía chilena, se ha traducido en pérdidas considerables para el principal negocio de la compañía, la refinación de azúcar de caña. No detalla que una arriesgada especulación con futuros del azúcar le ha generado cuantiosas pérdidas.
          Esta situación afecta a todo el grupo de empresas que encabeza el accionista principal de CRAV, Jorge Ross Ossa, dueño de un supermercado, una compañía de seguros, plantas de azúcar de remolacha, una administradora de fondos mutuos y otros negocios menores (2).
          Es una “situación aislada”, se dice, pero el prestigio de CRAV y de Jorge Ross era tan acrisolado que algunas personas comienzan a preguntarse si en otros grupos tan sólidos como ése no habrá debajo un iceberg de inestabilidad.

Creación de las AFP
          Pero en el Día del Trabajo del 1° de mayo el ministro del ramo, José Piñera, hace un anuncio muy importante: la creación del Sistema de Administradoras de Fondos Previsionales.
          Uno de los “hoyos negros” de la economía chilena ha sido por décadas el sistema previsional de reparto, ostensiblemente “quebrado” desde años atrás y que se financia básicamente con emisión de dinero, hasta que llegó la disciplina fiscal y monetaria de los últimos años.
          Pero es un hecho que ese “sistema de reparto” vigente en la previsión social (las cotizaciones de los activos financian las pensiones de los pasivos) ha significado que quienes “reparten” (los gobernantes, legisladores y políticos) “se llevan la mejor parte”. Y la peor se la lleva la inmensa mayoría: los empleados y los obreros. Estos últimos, que cotizan en el Servicio de Seguro Social, tienen las peores pensiones de todas y si no completan un número mínimo de años no sólo no reciben una pensión al tener edad de jubilar, sino que pierden lo que se les haya descontado de sus sueldos como imposiciones para jubilación.
          Del otro lado están los que tienen mayor poder de presión y “santos en la corte”. Ejemplo: un trabajador corriente necesita 35 años de cotizaciones para jubilar, pero un parlamentario puede hacerlo con sólo 15.
          Los que tienen información o influencia pueden conseguir préstamos muy ventajosos de la “cajas de previsión” para comprar, por ejemplo, una vivienda o incluso un fundo: pagaderos en dividendos en pesos nominales cuando las inflaciones llegan en algunos años al 70 %. Resultado: se devuelve menos de lo que se recibe.
          Las “cajas de previsión” construyen edificios de departamentos de lujo que las personas más influyentes habitan, pagando arriendo bajos.
          Así se desfinancia el sistema. ¿Y quién suple el déficit? El fisco, que, como no tiene el dinero, lo imprime…
          El nuevo sistema previsional creado por la Revolución Militar se basa en  el ahorro individual del trabajador que, bien invertido, deberá ser suficiente para proveerlo de una pensión equivalente al 70 % de su sueldo en actividad, cuando llegue a la edad de jubilar.
          Entretanto, sus fondos previsionales, invertidos en la producción, se sumarán a la inversión creadora de riqueza del país, permitiendo que éste crezca a un ritmo más alto.
          Además, en adelante nadie perderá sus fondos de jubilación. Por reducidos que sean los que alguien haya acumulado, la administradora respectiva deberá pagarle una pensión acorde con su monto, cuando llegue a la edad de retiro. Es un gran avance, pero será motivo de crítica al sistema en el siglo XXI, porque muchos trabajadores con enormes “lagunas previsionales” de años en que no hayan trabajado ni cotizado tendrán pensiones menores y eso incidirá en bajar el promedio que paga el sistema y permitirá que sus críticos digan que concede “malas pensiones”.

Nerviosismo de las expectativas
          Pero este nuevo sistema previsional será una de las razones que explicarán por qué Chile, bajo el Gobierno Militar, pasó de estar a la zaga de las naciones subdesarrolladas a ser la de mayor ingreso por habitante de América Latina.
          Pero las señales de nerviosismo desatadas por la quiebra de CRAV en 1981 obligan a las autoridades a poner atención y tranquilizar a la gente.
          Informa el ministro de Hacienda, Sergio de Castro, en su Exposición sobre el Estado de la Hacienda Pública de julio, que el tipo de cambio fijo le ha dado a la economía chilena gran estabilidad, no obstante que “algunas situaciones específicas de ajuste que hemos debido afrontar durante los últimos meses, han despertado ciertas inquietudes, principalmente referidas a nuestras políticas monetaria y cambiaria”.
          Añade el ministro: “Debemos generar un déficit en cuenta corriente en nuestra balanza de pagos, pues este déficit constituye precisamente el reflejo y la medición del ahorro externo que hemos sido capaces de hacer ingresar al país”.
          Y agrega más adelante: “Quienes expresan temores de que la deuda externa de nuestro país sería actualmente demasiado elevada, deben tener presente que lo importante no es la cuantía de dicha deuda, sino la capacidad de pago que el uso de sus recursos genera”.

El peso de la historia
          Pero el ambiente interno no era apacible, porque la gente todavía no olvidaba que veinte años antes, bajo el gobierno de Jorge Alessandri, una política cambiaria parecida, con tipo de cambio fijo, había llevado al agotamiento de las reservas de dólares en el Banco Central y a una gran devaluación que había echado por tierra la, hasta ese momento, exitosa gestión económica entre 1958 y 1961.
          Mucha gente teme que, tal como entonces el dólar fijo que valía un escudo no pudo sostenerse, ahora el dólar fijo a 39 pesos tampoco lo pueda hacer. Pero Pinochet lo respalda firmemente, aunque él mismo está bajo presiones en pro de devaluar.
          Algún ajuste, en todo caso, tiene que producirse de todas maneras: si no es el tipo de cambio el que se va a acomodar, tiene que ser el resto de la economía, y por eso de Castro propone la eliminación del salario mínimo y una rebaja general de sueldos, para adaptar la realidad salarial y de costos de las empresas al hecho de que los 39 pesos por dólar ya no representan una situación de equilibrio.
          Pero en el seno del gabinete no hay acuerdo. El ministro José Piñera, que se ha cambiado de la cartera de Trabajo a la de Minería, es partidario de devaluar y se lo dice así al Presidente. Tampoco es partidario de rebajar sueldos y salarios ni de suprimir el salario mínimo obligatorio. “El actual desempleo no tiene relación con el salario mínimo y la medida va a traer problemas políticos”, afirma.
          A la salida de la reunión, de Castro increpa ásperamente a José Piñera. En seguida va a su oficina y encuentra un artículo de este último en que critica la existencia misma del salario mínimo legal, lo toma y se lo lleva al Presidente, diciéndole: “Aquí está la opinión de José Piñera, el economista; la que ha oído usted hoy es la del político” (3).
Pero ocurren quiebras e intervenciones y las mismas resienten la confianza en la economía interna y debilitan el prestigio de la política de ajuste automático sostenida con tanto tesón por el ministro de Hacienda.
          Es verdad que siguen ingresando dólares al país, pero ya la desconfianza se manifiesta en el mercado financiero y hay temores de una cesación de pagos, que culminan con la intervención, por parte de la Superintendencia respectiva, de los bancos Español-Chile, de Talca, de Linares, Hipotecario de Valparaíso e instituciones: Compañía General Financiera, Financiera de Capitales S. A., Finansur S. A. y Financiera Cash S. A.
          El Banco Central y el del Estado deben acudir en apoyo de las entidades intervenidas para controlar la consecuencia habitual y conocida de un pánico de los depositantes: una “corrida”.

Una visita ilustre
          Ese año viene al país el Premio Nobel de Economía de 1974, Friedrich Hayek, invitado por la Escuela de Negocios de Valparaíso, en representación de la cual coordinaron la visita el ex senador Pedro Ibáñez, presidente de la fundación dueña del establecimiento, y su director, el profesor y economista Carlos Cáceres.
          Este último, “como su anfitrión, fue a buscarlo al aeropuerto y lo llevó en auto directamente a la V Región, donde daría una conferencia para los alumnos de su escuela. Observador, sencillo y degustador de los platos típicos chilenos (Hayek), Cáceres recuerda que pasaron a almorzar a un restaurant de Curacaví donde pidió una buena cazuela de ave que le encantó. Compartir con él fue un privilegio. Lo llevó a recorrer Viña y la costa por el camino hacia Concón y, curiosamente, más que mirar el paisaje marítimo, a Hayek le interesó conocer la estructura y composición de las rocas. Pidió varias veces bajar del auto para tocarlas. Más tarde fueron a visitar el molo de abrigo en Valparaíso. Era una persona que gozaba con las cosas simples y también del silencio. Estuvo más de una hora mirando el puerto y la ciudad con enorme admiración” (4).
              En ese mismo viaje a Chile, Hayek fue invitado a almorzar en el diario El Mercurio de Santiago, ocasión en que estuve presente. De él recuerdo una crítica a la teoría de las expectativas racionales que por ese tiempo estaba de moda en las escuelas de Economía, como también la manifestación de sus desacuerdos con Milton Friedman en varios aspectos. Después del almuerzo sorbió rapé desde una cajita de plata, costumbre de la cual yo sólo me había enterado en las novelas.

El “milagro chileno” entra en crisis
          Revistas internacionales como The Economist y Fortune se sobrepusieron al pánico de que el KGB desatara una campaña mundial de denigración en su contra (pánico que había llevado a la primera a cambiar rápidamente su apoyo al régimen militar tras el 11 de septiembre del ’73 por la crítica acerba) y reconocieron que se estaba registrando un milagro chileno, intentando, por supuesto, desvincularlo del Gobierno y de Pinochet.
          “Los pronósticos nacionales son deslumbrantes: Piñera: Chile, país desarrollado para 1990. De Castro: antes el ingreso per cápita se doblaba cada 46 años; este plazo disminuirá ahora a 11 años. Baraona: no es ‘optimista’ sino realista pensar en crecimientos de 10 % al año y tasas de inversión de 20 % al año…
“El ‘boom’ está aquí y embriaga a todos…
“El año 1981 concluyó con una inflación nunca vista… por lo baja: menos de 10 % al año. Con un aumento real del 9 % en los salarios. Con cinco años consecutivos de crecimiento aproximado al 8 %. Con superávit presupuestario del 3 %. Desde 1973 y hasta 1980-81 las exportaciones anuales habían aumentado su valor más de tres veces y las de productos nuevos, 18 veces. Entre iguales fechas las reservas del Banco Central habían subido de US$ 167 millones a US$ 4.074 millones” (5).
          El modelo privatizador (de más de 400 empresas de que el Estado se había apoderado o había intervenido en 1973, sólo quedaban 45 en poder de él a fines de 1980) ha tenido éxito.
          Pero hay más nubes en el horizonte: el dólar ha comenzado a valorizarse en 1981 con respecto a todas las monedas, haciendo más difícil para Chile sostener el tipo de cambio fijo, porque si operara libremente el mercado cambiario, el dólar debería subir, pero no puede hacerlo.
          Además, la principal fuente de divisas de la economía chilena, las exportaciones de cobre, se ve resentida porque el precio de ese metal ha caído 30 % en dólares entre 1979 y 1981 (porque el dólar se ha revalorizado): a Chile llegarán menos dólares, pero el cambio fijo impide que eso lo refleje la paridad vigente.
          De hecho, 1981 será el único año, desde 1975 en adelante, en que el volumen de las exportaciones no crece en Chile (6).
          Pero, a la vez, el modelo introduce importantes cambios a la legislación para que haga a la economía más estable y exitosa y, en un mismo día, el 18 de octubre de 1981, se publican la ley N° 18.045 sobre Mercado de Valores y la ley N° 18.046 sobre Sociedades Anónimas, para modernizar y regular dos áreas muy sensibles de la actividad interna.
          Pero el milagro chileno afronta un vendaval financiero. Las autoridades toman medidas draconianas para enfrentarlo: el 2 de noviembre la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras interviene, como más arriba se anticipó, el Banco Español-Chile, el Banco de Talca, el Banco de Linares, el Banco de Fomento de Valparaíso, la Compañía General Financiera, la Financiera de Capitales S. A., Finansur S. A. y Financiera Cash S. A., por existir actuaciones graves que han comprometido su estabilidad económica (7).

“Junta Coordinadora Revolucionaria”
          La prosperidad del país ha sumido en el letargo a los movimientos subversivos violentos. Hay paz interna y sólo tienen lugar periódicos estallidos del MIR. Los comunistas, que siempre trabajan a largo plazo, conspiran para tener organizado un nuevo movimiento subversivo armado eficaz, pero sólo lo alcanzarán a hacer después de 1981.
          En el orden internacional se ha logrado tranquilidad, pues la mediación papal con Argentina avanza y ya no hay sobresalto en las fronteras.
          En el orden político, la oposición ha quedado reducida al último estado de desánimo por dos razones: el plebiscito de 1980 ha corroborado, ello confirmado por una encuesta Gallup, que el Gobierno Militar tiene el respaldo de la mayoría; y, además, la situación económica para el común de las personas se presenta cada vez mejor.
          Por añadidura, la violencia subversiva se hace más impopular. Los asaltos bancarios del MIR han dejado, en diciembre de 1980, dos carabineros y un guardia muertos y la opinión pública se ha horrorizado. Como el Gobierno tiene el poder de influir sobre los medios, éstos acentúan el horror de los hechos.
          Ello explica el enorme contraste que siempre hubo, pero en 1981 particularmente, entre la opinión nacional, tutelada por el Gobierno, y la internacional sobre el régimen militar, manejada desde el Departamento de Desinformatsiya del KGB.
          Incluso los extranjeros tienen el mismo problema de bipolaridad. Los alemanes, españoles, ingleses, franceses o italianos residentes en Chile tienen mucha mejor opinión del régimen que sus compatriotas en sus países de origen.
          Pero los opositores violentos no se amilanan con su impopularidad local. En abril de 1981 asisten a una Junta Coordinadora Revolucionaria que tiene lugar en Puerto España, Trinidad-Tobago. Asisten guerrilleros uruguayos, argentinos, peruanos, centroamericanos y chilenos, en este caso del MIR.
          Muchos años después la judicatura de izquierda de los distintos países amenazados por la guerrilla se horrorizó del Plan Cóndor entre las agencias de seguridad de los gobiernos, olvidando que el primer plan para coordinarse, a fin de matar adversarios, fue el de la Junta Coordinadora Revolucionaria, que no podía sino suscitar la respuesta concordada de las agencias de seguridad en los países amenazados.
          Ya en 1974 se había reunido en París la citada Junta Revolucionaria integrada por los diferentes grupos armados: Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Bolivia; Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) de Argentina, Movimiento de Liberación Nacional Tupamaro (MLNT) de Uruguay y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile (8).
          En 1981 lograron crear distintos focos subversivos y, en el caso de Chile, en Neltume, cerca de Valdivia, donde ya había operado hasta 1973, año en que fue fusilado, tras un Consejo de Guerra, el jefe de todos los subversivos del sur, el Comandante Pepe, José Gregorio Liendo, poco después de haber confesado a la periodista Nena Ossa, que la revolución no tendría éxito si no generaba al menos un millón de muertos (9).
          Ese diálogo fue pintoresco y vale la pena reproducirlo:
          “Nena Ossa: ¿Cuál es el plan de fondo de ustedes, a corto mediano o largo plazo?
          “Comandante Pepe: Tomarnos los campos y los pueblos del sur, violentamente si es necesario, mientras en Santiago el MIR se toma la ciudad y bajan a unirse con nosotros a medio camino.
          “Nena Ossa: O sea la meta es ‘tomarse’ todo Chile violentamente. ¿No les importa si muere gente?
          “Comandante Pepe: Claro que violentamente. Tiene que morir un millón de chilenos para que el pueblo se compenetre de la revolución y ésta se convierta en realidad. Con menos muertos no va a resultar”.
          Esta nueva generación guerrillera de 1981 fue entrenada en el campo de Punto Cero, en Cuba; en Argel y en Libia (10).
          Alrededor de treinta guerrilleros habían sido desembarcados en Argentina y atravesaron a Chile, de nuevo a Neltume.
          La CNI estaba recibiendo información desde Cuba sobre todo esto, a través de la CIA. Se montó la Operación Machete, con el apoyo de los boinas negras del Ejército, en Neltume, y los miristas que no lograron huir fueron abatidos. Así se puso fin a la aventura guerrillera.
El MIR se vengaría cometiendo atentados en Santiago: el 18 de noviembre acribillaron el automóvil del Jefe del Estado Mayor Presidencial, general Santiago Sinclair, y murieron tres escoltas de éste. Como fue un triple asesinato cometido por la izquierda no forma parte, por supuesto, de la “historia del horror” con que se caracteriza hoy al Gobierno Militar.
          Uno de los subversivos que huyó de Neltume fue Arturo Villavela, que había sido capturado en 1974 tras un enfrentamiento en que recibió siete balazos, de los cuales se recuperó, cumplió tres años de cárcel y obtuvo conmutación de la pena y asilo en Noruega, con su mujer e hijo. “Exiliado”. Todo en pleno Gobierno Militar. Éste se compadecía más de los guerrilleros condenados que los gobiernos posteriores a 1990 de los militares que los combatieron, hoy presos políticos (pues según la ley vigente no podrían estarlo y sólo lo están por fallos arbitrarios, es decir, políticos).
¡Cómo desearía alguna piedad de esta clase cualquier interno de Punta Peuco!  Bueno, Villavela volvió a Chile a matar en 1981. Pero con poco éxito, porque el país vivía un boom admirado en el extranjero y la gente acá no necesitaba una revolución.

Reunión comunista en México
          En septiembre de 1981 “el PC reunía en México a la izquierda chilena y la amarraba al carro de la lucha armada. Luego de seis largas jornadas de discusión (13-18 de septiembre) aparecía una declaración conjunta de ocho partidos chilenos: Partido Comunista, dos partidos socialistas, MIR, Partido Radical, los dos MAPU  (Movimiento de Acción Popular Unitaria) y la Izquierda Cristiana.
En el eufórico documento aprobado se afirmaba: “El movimiento popular empleará las formas de lucha que estime más adecuadas para cada momento, desde las expresiones de desobediencia civil hasta las acciones directas y la propaganda armada, en el cuadro de una estrategia rupturista con perspectiva insurreccional”. Más adelante se indicaba que “en el camino de la movilización popular se insertan todas las modalidades de lucha y deberá desarrollarse en forma racional y progresiva la dimensión militar de la lucha política” (11).

Integración latinoamericana y pretensión boliviana
          En agosto se firma el tratado constitutivo de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), por Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.
          Su objetivo es reanudar el proceso de integración latinoamericana y establecer objetivos y mecanismos adecuados a la nueva realidad de la región, donde han surgido gobiernos abiertos a la libertad económica y cuyas políticas son incompatibles con la atmósfera estatista e intervencionista del pasado, que había obligado a Chile, por la incompatibilidad de su esquema de economía abierta, a abandonar el Pacto Andino.
          En esos foros parece haber un buen entendimiento entre Chile y Bolivia, que alivia las tensiones derivadas de la crónica pretensión sobre territorio nacional de ese país. Al respecto dice Pinochet: “Chile ya dio un primer paso, Chile ya conversó con los señores bolivianos; bueno, el problema es de ellos ahora, si nosotros ya hemos actuado fraternalmente” (12).
          Pero la verdad es que se han estrechado las relaciones militares entre Argentina y Bolivia, que ya en 1978, en plena crisis limítrofe del primer país con Chile, habían firmado un Tratado de Asistencia Mutua, según el cual Argentina le ofrecería a Bolivia facilidades para internar material bélico a través de su territorio y le proporcionaría entrenamiento a futuros oficiales de la “Armada Boliviana”. Se confirma que hay dieciséis militares argentinos en puestos de asesoría en Bolivia (13).
          El foco de tensión potencial es evidente y la integración puede ser un paliativo.

Apertura a Asia y Oceanía
          La política de libre comercio puesta en vigor por la Revolución Militar ha llevado a que se fortalezcan vínculos con Japón y la República de Corea, los cuales después se extienden a otros países del sudeste asiático.
          También se multiplican los vínculos con Australia y Nueva Zelandia, países con los que compartimos intereses en la Antártica.
          En octubre el consejero comercial de la embajada de la República Popular China destaca el incremento del comercio recíproco, aunque nadie todavía habría podido prever que treinta años después China iba a ser el principal socio comercial del país.
          En noviembre el Viceministro de Industria y Mecánica de China, que preside una delegación, se entrevista con Pinochet. Dos años después recibirá éste al Viceministro de Comercio Exterior y Relaciones Exteriores y finalmente, seis años después, la visita será del propio Canciller de la República Popular China.
          Las relaciones se han ido tornando cada vez más estrechas y es evidente que la campaña antichilena desatada por el KGB soviético surte mucho menos efecto en la otra gran potencia comunista que en las naciones del mundo capitalista, partiendo por los Estados Unidos, donde ni siquiera la simpatía de Reagan por la Revolución Militar Chilena, expresada elocuentemente al presidente Pinochet por escrito, logra sobreponerse a las presiones políticas reflejadas, por ejemplo, en la Enmienda Kennedy que prohibió la venta de armamento a nuestro país en los momentos en que enfrentaba los más graves desafíos fronterizos.

Rebrote terrorista
          Muchos criticaron los “excesos represivos” en años anteriores, pero el hecho fue que el país se tranquilizó y terminó la década de 1970 con muy pocas muertes anuales en la confrontación de las fuerzas de seguridad con los grupos subversivos, ya prácticamente erradicados.
          Pero en 1981 hubo un rebrote terrorista, pues la URSS y Cuba no abandonaron sus intentos de derrocar al gobierno chileno mediante las armas: “Luego del asalto e incendio del tren de pasajeros del servicio Peñablanca-Valparaíso en la estación Valencia, cerca de Quilpué, el Presidente enfatiza que ésta es una prueba más de que ‘el terrorismo está controlado pero no extinguido’. Desgraciadamente tiene la tazón, porque el 6 de noviembre, el Presidente de la Corte Suprema, Israel Bórquez, sufre un atentado en su contra, quedando herido en un hombro. Cuatro días después la casa del Canciller René Rojas Galdames se ve afectada por un hecho similar (…) A los pocos días, y pese a los informes y las recomendaciones, el terrorismo da un nuevo golpe que ya describimos más arriba: los guardias de la residencia del barrio Las Lilas del Secretario General de la Presidencia, general Santiago Sinclair, son asesinados por individuos que se movilizaban en una camioneta C 10 que luego abandonan (…) A fin de año, Neltume nuevamente hace noticia. Un boletín extraordinario de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), informa que el 28 de noviembre ha habido un enfrentamiento en ‘la zona guerrillera de Neltume’. En el enfrentamiento ha muerto un extremista y tres han logrado escapar” (14).
          El domicilio del director de “El Mercurio”, Arturo Fontaine, ha sido blanco también de un atentado con explosivos que causa destrucción, pero no víctimas.
          Es muy difícil encontrar informaciones sobre este hecho, salvo en los periódicos de la fecha. Pues después ha sido suprimido de la “historia oficial”.

Mano más dura
          La disposición más debatida de la nueva Constitución es la de su art. 24° transitorio, que faculta al Presidente de la República para tomar medidas extraordinarias con sólo la dictación de un decreto supremo firmado por el ministro del Interior “por orden del Presidente de la República” y le atribuye a éste facultades extraordinarias para limitar la libertad de expresión y el derecho de reunión, junto con permitirle prohibir el ingreso de personas o expulsarlas del país.
          Es la norma más controvertida de la nueva Carta. Y el 11 de agosto de 1981, en uso de esas facultades, Pinochet expulsa del país a Jaime Castillo Velasco (DC), nuevamente; a Alberto Jerez (IC), también nuevamente; a Carlos Briones (PS) y Orlando Cantuarias (PR), estos dos últimos ex ministros del gobierno de Salvador Allende.
          Los sindicalistas de oposición al régimen se agrupan en la Coordinadora Nacional Sindical, que cuestionó públicamente la política económica en general y el Plan Laboral en particular. El Gobierno, aprovechando las facultades que le confería el mismo art. 24° transitorio de la Constitución, decretó la expulsión del país del presidente de la entidad, el DC Manuel Bustos, y del secretario general comunista, Alamiro Guzmán.
          También el Gobierno declara que Castillo Velasco, ya antes expulsado en 1976 y después readmitido, lo había sido bajo el compromiso de respetar el receso político, lo que no cumplió. Lo mismo señaló respecto de Jerez, apresado en 1973 y liberado bajo la misma condición, que tampoco cumplió.
          El comunicado oficial dice que “el Gobierno ha tenido que decidir según la ley, porque el mantenimiento del receso y la proscripción del marxismo son herramientas fundamentales del proceso de desarrollo económico, social y político en que todo el país está empeñado” (15).
          Pinochet afirma una semana después que “se equivocan los que creen que ablandando la mano habrá más tranquilidad” y añade que “la Unión Soviética nos sigue considerando un objetivo estratégico; hay algunos que han señalado  que las expulsiones fueron inhumanas; yo respondo que mucho más inhumano sería que los comunistas volvieran a Chile” (16).
          Y al terminar el año no vacila en expulsar a tres sacerdotes españoles, Domingo del Álamo, Ignacio Sancho y José Frías, de la parroquia El Señor de Renca.
          ¿Cómo se mantiene un gobierno acosado por el terrorismo financiado y alentado por una Gran Potencia y a la vez hostilizado por la complicidad con aquél de la otra? Así.

Reforma minera y contrarreforma agraria
          El ministro José Piñera ha trabajado todo el año para sacar adelante su tercera y fundamental reforma, además de la Previsional y la Laboral: la que respalde la inversión privada en la minería.
          Pacientemente convence a las comisiones legislativas de las tres ramas de la Fuerzas Armadas y de Carabineros en la Junta de las bondades del proyecto que les da a las inversiones mineras una garantía tan fuerte como la del dominio mismo.
          Cuando la Junta da su aprobación a la Ley Orgánica Constitucional sobre Concesiones Mineras, en diciembre de 1981, José Piñera renuncia a la cartera de Minería y es reemplazado por el abogado Hernán Felipe Errázuriz, a quien corresponderá promulgar la respectiva ley, N° 18.097, en enero de 1982.
          Cuando la Revolución Militar vuelve así a poner en marcha la minería privada con seguridad jurídica, hacia 1981, el Gobierno ya había resuelto once mil casos de problemas suscitados por la Reforma Agraria de Frei Montalva, radicalizada bajo Salvador Allende, y que había desarticulado la agricultura del país. Todavía quedaban pendientes otros 37.647 casos, pero el fortalecimiento de la propiedad privada había redundado en fuerte crecimiento de la producción agrícola y en la aparición de la fruta como un producto de exportación fundamental en el comercio exterior chileno.
          Pinochet podía decir, con razón: “Este gobierno ha sido el que ha entregado más dominios individuales de propiedad a los campesinos; se les ha dado legalmente títulos personales”.

Gestión educacional comunal
          En 1980 el Gobierno había comenzado a descentralizar la educación escolar pública. El Presidente expone, el 11 de septiembre de 1981: “Hasta la fecha un 30 % de la educación fiscal se ha traspasado a los municipios, tomando estos la administración de los establecimientos, aportando el Estado el financiamiento a través de la cancelación de una cantidad de dinero por alumno que asista a clases. En números, desde diciembre de 1980 a agosto de 1981 se traspasan 2.410 establecimientos educacionales, lo que involucra a 800 mil alumnos y 29.500 funcionarios” (17).
          La municipalización parece concebida como un paso inicial para instaurar en el país un sistema de libertad y descentralización educacional. Desarticular un monstruo burocrático como el Ministerio de Educación debe haberle parecido hasta al propio Gobierno Militar como una tarea irrealizable. Probablemente sus mentes más lúcidas vieron que un paso hacia la plena libertad educacional, que transita por quitar al Estado la tuición de muchas materias que deben quedar entregadas a la libertad de las personas o las familias, era la municipalización.
          De ahí a la plena libertad y, en el caso de las familias que no tuvieren recursos, a la entrega de un voucher que pudiera ser libremente destinado al establecimiento que eligieran, había todavía muchos pasos previos. Pero la dirección inicial del proceso, insinuada por la municipalización, parecía la correcta.

Pinochet “Capitán General”
          También en 1981 fue modificada la nomenclatura de los mandos superiores del Ejército en términos que en nada beneficiaron la imagen de Pinochet, sino que más bien se prestaron para las burlas de sus adversarios y el silencio contenido de sus partidarios, seguros de que su obra de estadista era ya suficiente distinción histórica.
          En efecto, el Comandante en Jefe del Ejército pasó a ser el único con el grado de Capitán General, como los antiguos gobernantes del Chile colonial.
          Los generales de división, que lo eran junto con Pinochet, pasaron a denominarse mayores generales; los generales de brigada, brigadieres generales y los coroneles con más de cuatro años de antigüedad, brigadieres (18).
          También en 1981 Pinochet reafirma su vinculación con el mundo de las sociedades intermedias. Como dice el historiador Gonzalo Rojas, “todos tienen derecho a hacer sus planteamientos, a diferencia del monopolio de los grupos de presión más poderosos. Por eso se le ve recibiendo a la Academia Bolivariana, al Instituto Histórico José Miguel Carrera, a la Fundación Septiembre, al Rotary Club de Santiago, a la Sociedad Histórica Lircay, a la Federación Nacional de la Cueca, etc.” (19).
          El mismo historiador agrega que “muchas son, en todo caso, las figuras intelectuales y de la cultura que apoyan al Presidente en estos años”. Y menciona a continuación a las actrices Pury Durante, Silvia Piñeiro y Alicia Quiroga; a los cantantes Antonio Zabaleta y Benjamín Mackenna; al compositor Jaime Atria, al “mago” Fernando Larraín; a José Alfredo Fuentes, Gloria Simonetti, Andrea Tessa, Jorge Rencoret, Willy Bascuñán; al escritor Fernando Emmerich, a Sady Zañartu y otros intelectuales como Joaquín Barceló, Armando Roa, Alicia Morel, Braulio Arenas, Luis Droguett, Enrique Campos Menéndez, Juan de Dios Vial Larraín, Igor Saavedra, José María Palacios, Julio Retamal Favereau, sacerdote Gabriel Guarda, Álvaro Scaramelli, Myriam Hernández y tantos otros” (20).

Partidarios civiles se organizan
          Desde el mismo 11 de marzo, en que ha comenzado el período presidencial de ocho años del Presidente Pinochet, Jaime Guzmán y su gente procuran estar cerca del mandatario, asisten a las celebraciones a que convoca, lo defienden cuando recibe fuertes ataques eclesiásticos, afirmando que los partidarios del régimen seguirán siendo “católicos y gobiernistas”; sugieren que se evite la formación de un movimiento cívico de apoyo al Gobierno que pueda romper el receso político y legitimar así la actividad opositora. Pero cuando ya ésta se ha hecho ostensible e inevitable, fundan a su turno el referente Nueva Democracia para apoyarlo, de modo que “siga el camino que nos conduce a una sociedad en donde imperen la libertad, la justicia, el progreso y la seguridad.”
          En el fondo, la diferencia entre opositores y gobiernistas es que los primeros quieren precipitar un desenlace, rompiendo el itinerario propuesto en el articulado transitorio de la Constitución, mientras los segundos luchan por que éste se mantenga rigurosamente, como al final sucedió.

Argentina no respeta el statu quo
          Después de aceptada la mediación por el Papa Juan Pablo II un año antes, 1981 ha sido un año de statu quo en materia fronteriza con el país vecino, pero se registran numerosas violaciones de las aguas chilenas por buques argentinos en la zona austral, que provocan molestia.
          En septiembre el crucero General Belgrano navega durante siete horas por aguas territoriales chilenas sin autorización. Pinochet se reúne en La Moneda con el almirante Merino y los ministros del Interior y Defensa. Pero el gobierno chileno prefiere descartar un conflicto armado y sigue confiando en la mediación papal. El incidente no será olvidado por los chilenos.
          En octubre el Presidente sostiene una reunión informativa con la totalidad de la delegación chilena a la mediación. Se insiste en descartar un conflicto armado. El Presidente argentino, Jorge Rafael Videla, también emite declaraciones tranquilizadoras, lo que contribuye a dar confianza.
          Pero entonces Argentina inscribe el Parque Los Glaciares, al sur del Cerro Fitz-Roy, en la provincia de Santa Cruz, como “patrimonio natural mundial”, en la Quinta Reunión de Unesco, lo cual estaría muy bien si no fuera porque el ministro de Defensa chileno, general Carlos Forestier, hace ver al Presidente que los límites del Parque Los Glaciares se superponen sobre territorios chilenos.
          Forestier le solicita al Presidente autorización para iniciar “acciones claras”. La situación se agrava porque en noviembre un avión de la Armada argentina viola el espacio aéreo chileno en las proximidades de Puerto Williams. El general Forestier solicita al Presidente Pinochet que se lo informe al Papa y proteste enérgicamente ante Argentina.
          La única herramienta jurídica que resta para la solución de los desencuentros, aparte de la mediación papal, es el Tratado de Solución Pacífica de Controversias suscrito con Argentina en 1972 y que vence en 1982, pero en enero de este último año el Presidente argentino Galtieri procederá a denunciarlo, es decir, a dejarlo unilateralmente sin efecto. Una actitud ominosa: ¿ya no se da la solución pacífica de las controversias?
          Es un antecedente amenazador. Pero la injustificada agresividad de Argentina hacia Chile no le resultará gratuita al año siguiente, como veremos.

La elección de Reagan significó un cambio
          Con la asunción de Ronald Reagan al poder en los Estados Unidos las cosas mejoraron bastante para Chile, pese a que la burocracia del Departamento de Estado seguía sesgada hacia la izquierda y muy penetrada por las consignas antichilenas originadas en Moscú (KGB), lo cual ha sido una característica constante de la opinión pública, la mayoría de los medios y los funcionarios norteamericanos.
          Pero, en todo caso, en febrero de 1981 se levantó la prohibición que había impuesto el gobierno de Carter al otorgamiento de créditos subsidiados del Eximbank para financiar exportaciones norteamericanas a Chile.
          También se modificó el voto negativo que Washington había mantenido en relación a los créditos del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo.
          El ministro de Relaciones Exteriores, René Rojas Galdames, viajó a los Estados Unidos para tratar el levantamiento de la Enmienda Kennedy, que impedía la venta de armamento a Chile en el período de los peores desafíos bélicos de origen fronterizo sufridos en el siglo XX, enmienda que tuvo onerosas consecuencias para el país.
Lamentablemente, los senadores demócratas logran el concurso de algunos “moderados” republicanos (el “vientre blando” de su partido) y la Enmienda Kennedy sigue en pie. Los “centristas” republicanos fueron siempre grandemente influidos por la desinformatsiya soviética respecto de Chile y actuaron en consecuencia, contra la buena disposición de Reagan.
          Pero el sector privado norteamericano entiende mejor la realidad chilena y la visita de Evelyn Rothschild y, al año siguiente, de David Rockefeller, ambos de familias dueñas de grandes negocios, son el preámbulo del mejoramiento de las posibilidades de inversión norteamericana acá.
          Y también visita Santiago la embajadora de los Estados Unidos ante la ONU, Jeanne Kirkpatrick, un connotado personaje republicano, que emite declaraciones de apoyo al gobierno chileno y expresa que la principal prioridad de la administración de Reagan en América Latina es la lucha contra el comunismo subversivo y que, por lo tanto, se dejará de lado el ataque sesgado de la administración Carter bajo el pretexto de supuestas violaciones a los derechos humanos.
          Otra buena señal es la designación de James Theberge, antiguo colega de la Kirkpatrick en la Universidad de Georgetown, como embajador en Chile. Fue el mejor representante diplomático del país del norte durante el Gobierno Militar y su calidad intelectual y preparación quedaron de manifiesto en su obra Presencia Soviética en América Latina (21).
          De hecho, lo peor que después le pudo pasar al Gobierno Militar fue el término de la misión de Theberge y su prematuro fallecimiento, para ser reemplazado por un diplomático de carrera con un inocultable sesgo derivado de haber comprado completo el contrabando propagandístico antichileno del KGB soviético: Harry Barnes.
          En todo caso, la mejor noticia internacional de 1981 fue, al término del año, que Reagan formalizara el levantamiento de la prohibición de la ayuda militar a Chile (22).

La Sociedad Mont Pelerin en Chile
La Sociedad Mont Pélérin, fundada por el premio Nobel de Economía Friedrich von Hayek, en la cual se agrupan los más distinguidos académicos y economistas partidarios de una sociedad libre, resolvió celebrar en Chile su reunión anual.
          El logro se debió a la influencia e inquietud del ex senador Pedro Ibáñez Ojeda, un rico hombre de negocios que, como político, militó en el Partido Nacional y, posteriormente, al final de los ’80, en Renovación Nacional.
          Fue secundado en la organización del evento de Mont Pélérin por el académico y economista Carlos Cáceres, decano de la Escuela de Negocios de Valparaíso de la Fundación Adolfo Ibáñez, que había hecho méritos como para pertenecer a la exclusiva organización y fue, en los hechos, el verdadero motor del evento.
          Don Pedro Ibáñez, que siempre me honró con su amistad, juzgó del caso distinguirme con una invitación a hacer uso de la palabra durante uno de los días de sesiones, en el salón de plenarios del Hotel Miramar, en Viña del Mar.
          La figura cumbre del torneo fue el premio Nobel de Economía Milton Friedman y su intervención fue atentamente escuchada, porque tenía lugar en un momento en que la discusión sobre el tipo de cambio fijo imperante en Chile estaba en un punto álgido. Friedman, que siempre había abogado por la libertad cambiaria, en esta oportunidad defendió la política de fijación de la paridad adoptada por nuestro país.
          El hecho de que se entrevistara con el Presidente Pinochet y le expresara su acuerdo con las políticas económicas aplicadas en el país le representó a Friedman un costo en imagen, puesto que la opinión pública internacional está predominantemente manejada por la izquierda mundial y ésta, a su turno, como tantas veces se ha dicho más arriba, en esa época era digitada desde el KGB moscovita, cuyo blanco favorito de ataques era la Junta Militar chilena y, en particular, su Presidente.
          El evento fue un espaldarazo para el Gobierno justamente cuando comenzaba a afrontar momentos difíciles, dentro del contexto habitual para él de dificultad general debido a tener que marchar contra la corriente política dominante mundial.

Cambios de fin de año en el gabinete
          Completada su tarea en Minería, José Piñera deja la cartera, según vimos, y es reemplazado en ella por Hernán Felipe Errázuriz, a quien corresponderá promulgar la Ley de Concesiones Mineras, concebidas como un derecho real tan sólido como el de dominio.       
          Deja la cartera de Salud el general Alejandro Medina Lois, que no se entendía bien con los Chicago Boys. Es reemplazado por el almirante Hernán Rivera, que sí es de la línea de éstos.
Pero deja Agricultura Alfonso Márquez de la Plata, que también se entendía bien con aquéllos. Lo reemplaza José Luis Toro. El ministro saliente mantiene estrecha relación personal con Pinochet; es decir, se irá para volver, porque nunca abandona el entorno de civiles en quienes el Presidente confía, que son pocos.
          José Luis Federici, Chicago Boy, es reemplazado en Economía por el general Rolando Ramos, pero éste también simpatiza con esa línea.
          Y un hombre clave de los Chicago asume la crucial cartera del Trabajo, Miguel Kast, siendo reemplazado en Odeplan por otro de sus iguales, el economista Álvaro Donoso.
          Sumando y restando, la política económica ha salido fortalecida.

Balance económico anual
          Con toda la crítica que merecía el tipo de cambio fijo, el mecanismo castigó poco el crecimiento económico en 1981: el PGB aumentó 6,2 % en el ejercicio, menos que en cada uno de los cuatro años anteriores, pero más que el crecimiento histórico de la economía chilena.
La Tasa de Inversión en Capital Fijo también aumentó y alcanzó un guarismo superior al de toda una década, 19,2 % del PIB.
El desempleo en el Gran Santiago, sin embargo, aumentó a 11,3 %, desde el 10,4 % del año anterior.
El premio a la política de tipo de cambio fijo lo obtenía el Gobierno en la cifra de inflación, que había descendido a 9,5 %, un guarismo que no se veía en Chile desde comienzos de los años ’60, cuando el ministro de Hacienda Roberto Vergara Herrera también aplicó una política de tipo de cambio fijo, que esa vez el país tampoco soportó. Esa baja inflación fue entonces “una golondrina en invierno”.
En 1981 se registró un superávit presupuestario fiscal por tercer año consecutivo: llegó al 1,7 % del PIB.
Lo que sí se deterioró fue la Balanza Comercial, que arrojó un saldo negativo sin precedentes de -2.676,5 millones de dólares. Ahí estaba el germen de la futura crisis.
La Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos tuvo un enorme déficit de -4.732,6 millones de dólares, pero a la vez la Cuenta de Capitales mostró un superávit casi equivalente, 4.630,8 millones de dólares. La entrada de capitales sostenía a la economía chilena.
El saldo de la Balanza de Pagos fue positivo, pero de sólo 67 millones de dólares.
La Deuda Externa trepó a 15.542 millones de dólares, más de cinco veces la que había en 1973 (23).
          Las Reservas Internacionales Brutas del Banco Central cayeron a 3.775 millones 300 mil dólares, una disminución de 298 millones 400 mil dólares respecto al año anterior (24).

REFERENCIAS DEL CAPÍTULO IX:
 (1) Vial, Gonzalo: “Pinochet…”, op. cit., t. II, p. 435-437.
(2) Fontaine, Arturo: “Los Economistas…”, op. cit., p. 150.
(3) Ibíd., ps. 153-154.
(4) Arancibia, Patricia: “Carlos F. Cáceres”, Libertad y Desarrollo, Santiago, 2014, p. 38.
(5) Vial, Gonzalo: “Pinochet…”, op. cit., ps. 451-452.
(6) Rojas, Gonzalo: “Chile Escoge…”, op. cit., t. II, p. 668.
(7) Pinochet, Augusto: “Camino…”, op. cit., t. III, p. 59.
(8) Heinecke Scott, Luis: “Crónica de  un Asedio”, op. cit., tomo IV, p. 10.
(9) Ossa, Nena: “Allende, Thank You”, El Roble, Santiago, 2009, p. 61.
(10) Vial, Gonzalo: “Pinochet…”, op. cit., t. II, p. 448.
(11) Domic, Juraj: “Política Militar…”, op. cit., p. 85.
(12) “La Segunda”, 17 de diciembre de 1981, p. 3.
(13) Rojas, Gonzalo: “Chile Escoge…”, op. cit., t. II, p.542.
(14) Ibíd., t. II, p. 543.
(15) “La Segunda”, 11 de agosto de 1981.
(16) “La Segunda”, 18 de agosto de 1981.
(17) Rojas, Gonzalo: “Chile Escoge…”, op. cit., t.II, p. 596.
(18) Vial, Gonzalo: “Pinochet…”, op. cit., t. II, p. 433.
(19) Rojas, Gonzalo: “Chile Escoge…”, op. cit., t. II, p.531.
(20) Ibíd., t. II, p. 532.
(21) Theberge, James: “Presencia Soviética en América Latina”, Gabriela Mistral, Santiago, 1974.
(22) Rojas, Gonzalo: “Chile Escoge…”, op. cit., t. II, p. 748.
(23) Banco Central de Chile, Dirección de Estudios: “Indicadores Económicos y Sociales 1960-1985”, Santiago, 1986; “Indicadores Económicos y Sociales 1960-2000”, op. cit.
(24) Díaz, José, Lüders, Rolf y Wagner, Gert: “La República en Cifras”, op. cit., p. 514.





 (CONTINÚA MAÑANA)


3 comentarios:

  1. Don Hermógenes,
    Un gran saludo y mi admiración por esta magnífica pieza de Historia, que de seguro será la obra que consultarán aquellos quienes amamos la pureza del conocimiento y la certeza intelectual.

    Aprovecho esta oportunidad para consultarle en que lugar venden sus siguientes libros.

    -Terapia para cerebros lavados
    -Los chilenos en su tinto
    - La verdad del juicio a Pinochet
    - El rescate de Pinochet

    Agradeciéndole de antemano, me despido muy afectuosamente

    Ricardo Lee B. - Arica

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  2. Todo iba bien hasta que llegaron Rothschild y Rockefeller, por lo que se ve.

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