lunes, 26 de octubre de 2020

Declaración de Independencia

El Apruebo ha triunfado en el país, pero el Rechazo ha triunfado por los dos tercios de los votos en Vitacura y Lo Barnechea y por amplia mayoría en Las Condes. En conjunto, somos otro país.

Estas tres comunas tienen 453 mil habitantes y ocupan una superficie de 1.151 kilómetros cuadrados. En ellas habitan los dueños del grueso del patrimonio económico de Chile y los que financian el 80 por ciento de la inversión nacional. Esta población ha sido la locomotora que en 40 años ha ubicado a Chile a la cabeza de Latinoamérica, desde su condición de vagón de cola de los subdesarrollados en 1973.

Como los habitantes de estos 1.151 kilómetros cuadrados pensamos tan radicalmente distinto de los del resto de Chile y queremos seguir siendo libres, decirle nosotros al Estado lo que debe hacer y no que él nos lo diga a nosotros; y velar por el pleno respeto a la familia, al orden público, a las buenas costumbres y al derecho de propiedad, y además queremos continuar rigiéndonos por la Constitución de 1980, hemos decidido declarar nuestra independencia, creando la nueva República de Chile Libre en nuestro territorio. 

Tendremos un Presidente de la República y un Congreso elegidos y jueces con la única y específica misión de aplicar las leyes del país, los cuales serán inicialmente designados por los otros dos poderes y posteriormente según lo indica la Constitución..

Por supuesto, Chile Libre, tendrá su propio pabellón patrio, que será la bandera chilena con el escudo nacional impreso en el centro; y también su Canción Nacional, que tendrá la misma música de Ramón Carnicer, pero cuya estrofa de "Puro Chile es tu cielo azulado" será reemplazada por la de "Vuestros nombres valientes soldados". 

Una Junta Nacional de Gobierno verá todo lo concerniente a la transición hacia la normalidad democrática prevista en la Constitución de 1980 y el complicado asunto de las futuras relaciones con el Chile del Apruebo. 

Chile Libre buscará tener las mejores relaciones de amistad con el Chile del Apruebo y con el resto del mundo, pero una de sus prioridades será alcanzar una particular y estrecha vinculación y un acuerdo militar ofensivo-defensivo con los Estados Unidos de Donald Trump y el Brasil de Jair Bolsonaro, en tanto organizamos nuestras propias fuerzas para la defensa nacional y el mantenimiento del orden público, que tendrán como base la sede de la Escuela Militar ubicada en nuestro territorio.

Estamos ciertos de que muchos otros chilenos querrán habitar en él y planteamos amistosamente al Chile del Apruebo mantener la plena libertad de sus habitantes para viajar hacia o desde Chile Libre, así como daremos similar garantía a los nuestros; y le pedimos encarecidamente evitar Muros de la Vergüenza, Telones de Hierro o políticas como las que en otras latitudes impedían e impiden (Cuba, Corea del Norte) a los ciudadanos elegir con libertad su lugar de residencia.

Manos a la obra y ¡Viva Chile Libre! 

viernes, 23 de octubre de 2020

Arreglar Lo Que Funciona Bien

Hasta mediados de octubre del año pasado, Chile podía decir que había vivido los mejores treinta años de su historia en el aspecto económico, en el político y en el social. Todos los indicadores lo confirmaban, porque nunca había habido igual período en que el país creciera más, en que hubiera menos interrupciones traumáticas de la convivencia interna y en que hubiera disminuido más la desigualdad y los pobres mejoraran porcentualmente más su ingreso que los ricos. Y todo en una sociedad, en general, libre y democrática, cuyas bases sienta la Constitución que la rige, superlegitimada, pues fue votada por el 67 % en 1980, ratificada por más del 91,25 % en 1989 y de nuevo en 2005 por 155 votos contra tres en el Congreso Pleno.

Si se justificaba algún "malestar" era porque, si bien "el modelo" había dado toda la plata para mejorar la condición de los pobres, la burocracia estatal se había quedado con "la parte del león": sus sueldos son 32 % mayores a los del sector privado; si ella hubiera "dejado pasar" el gasto social al 20 % de hogares de menor ingreso, éstos no serían pobres, pues cada uno tendría dos millones 400 mil pesos mensuales y ello reduciría aún más la desigualdad. El tamaño del Estado se ha multiplicado por siete en estos 30 años y sus funcionarios son hoy más de un millón. Si se les disminuyeran sus sueldos excesivos en sólo diez por ciento, y esos recursos se dieran a los pensionados, ninguno tendría una pensión de menos de 400 mil pesos mensuales. Entonces ¿qué era lo que había que "arreglar"? Obviamente, el Estado. En  cambio todo indica que lo van a agrandar.

Si Chile hubiera sido un mecanismo, cualquier mecanismo, la unanimidad de la gente razonable de todo el mundo habría concordado en que no había que meterle otra mano que ésa. Pero hoy la prensa mundial se sorprende de ver que los chilenos nos hemos metido a "arreglar lo que anda bien" y se pregunta por qué lo estamos echando todo a perder. 

Ello parece una fatalidad inevitable. Así, en "La Segunda" de ayer jueves 22 de octubre, consultadas 30 personas destacadas de nuestro medio, menores de 50 años, 28 de ellas pronostican que, por gran mayoría, en el plebiscito del domingo triunfará el Apruebo, es decir, la postura de que hay que "arreglar" lo que funciona bien y aumentar el tamaño del Estado que funciona mal. Sólo dos personas, con alguna timidez, prevén un estrecho triunfo del Rechazo a este propuesto overhaul completo de las bases del progreso del país.

Yo conservo la esperanza de que las personas conscientes, que son las que no se meten a reparar las cosas que andan bien, tengan la suficiente disciplina para ir masivamente a votar, mientras que los irresponsables, los que son capaces de desarmar y "arreglar" el reloj que siempre da puntualmente la hora, den por seguro el triunfo del Apruebo y se queden mayoritariamente en sus casas. Ello daría lugar a un resultado tan sorprendente como el triunfo de Trump hace cuatro años, el rechazo al plan de concesiones a las FARC en Colombia y la victoria del Brexit en el Reino Unido, cuando todas las encuestas vaticinaban lo contrario. Pero es sólo una esperanza.

Aunque también he visto con sorpresa que el miércoles y el jueves la Bolsa sube fuertemente y cae el precio del dólar. La gente de la Bolsa siempre sabe cosas que ignora el ciudadano de a pie. El hecho no deja de sorprenderme... y de alentar mi optimismo. 

Además de votar Rechazo, anularé el segundo voto, porque lo considero "una falta de respeto, un atropello a la razón". Anularé, marcando ambas preferencias, por respeto a mí mismo. ¿Cómo puedo hacerme cómplice de votar dando por ganador al Apruebo antes de que se cuenten los votos, sobre todo si he votado Rechazo? Hay en ese segundo voto no sólo eso, sino también una trampa. Porque si uno lee el art. 130 nuevo de la Constitución, acerca de este plebiscito, él dice que el Tribunal Calificador de Elecciones "proclamará aprobadas las cuestiones que hayan obtenido más de la mitad de los sufragios válidamente emitidos". Es decir, si triunfa el Rechazo en una cédula y Comisión Mixta en la otra, proclamarán como aprobadas ambas cuestiones y, junto con rechazarse una nueva Constitución, se instalará una Comisión Mixta para redactarla. ¿No es eso absurdo? Por supuesto, pero así lo establece la reforma a la Constitución, aprobada bajo la violencia que invalidó el consentimiento, viciado por la fuerza, el 15 de noviembre de 2019.

Frente a ese absurdo, a la violencia que vició el consentimiento para este plebiscito; a que me impongan votar en una segunda cédula por una comisión contra cuya existencia he votado en la primera, anularé dicho segundo voto, marcando ambas preferencias. Si todos los electores actuaran con igual consecuencia y respeto a sí mismos, a lo mejor los votos nulos y en blanco superarían a los de ambas Convenciones y habría un verdadero mandato moral para considerar inválida esa segunda cédula.

Pero sé que mucha gente prefiere hacer cálculos de conveniendia electoral y los antepone al respeto a sí misma y a sus principios. Ese pragmatismo está asentado en la política del "mal menor". Sin embargo, ya he predicado casi demasiado que votar por el mal menor conduce indefectiblemente al mal mayor. Y si la mayoría ha preferido hasta ahora no hacerme caso, sigamos entonces igual y veamos a dónde vamos a parar esta vez. 

Al fin de cuentas, siempre resulta siendo cierto que los países tienen los gobiernos que se merecen.

lunes, 19 de octubre de 2020

No Entienden lo que Leen

Me he visto bastante requerido en el debate público por el solo delito de entender lo que leo. Eso ha molestado al extremo a la gran mayoría de mis compatriotas que, comprobadamente, en un 59 % no entienden lo que leen. 

En efecto, los dueños del país, que son los políticos (tan dueños son que acaban de aumentarse en 18 % su asignación de gastos parlamentarios, en plena época en que el resto de los chilenos ven perderse parte de sus ingresos) han discurrido un plebiscito sin pies ni cabeza para cambiar la Constitución, tema que estaba en el penúltimo lugar de las inquietudes nacionales con 3 puntos, según la encuesta CEP de mayo de 2019. Ellos, a fuerza de repetírselo a la gente, que no entiende nada de nada, han logrado convertir ese tema en primera prioridad. Y en este momento buena parte de los chilenos cree que con otra Constitución van a ser ricos e iguales a los que hoy son ricos y tan felices como creen a éstos, así es que van  a votar Apruebo.

Otro que va a votar Apruebo es el economista Sebastián Edwards, según dijo en una entrevista a "El Mercurio" del domingo, en el curso de la cual se le salió la verdad de lo que en el fondo piensa y manifestó: "Creo que Chile ha entrado en un proceso de retorno a sus orígenes (...) Un país del montón, mediocre, violento, polarizado, con instituciones débiles". Supongo que debe estar muy molesto con "El Mercurio" por haber destacado esa frase en primera página, cuando dijo tantas otras políticamente correctas y encuadradas en lo que se espera de él como hombre de izquierda, por ejemplo, que el modelo de sociedad libre ya está "muerto". 

Como el 15 de noviembre Piñera estaba en estado de pánico y sus adversarios no podían contener sus ansias de hacerse del botín que les ofrecía, redactaron una reforma constitucional absurda que obliga a quienes voten Rechazo a, también, votar con una segunda cédula y elegir entre Convención Constituyente y Convención Mixta, lo que sólo podría tener lugar si triunfa el Apruebo. 

Y pusieron la siguiente frase en el art. 130 de la Constitución: "El Tribunal Calificador conocerá del escrutinio general y proclamará aprobadas las cuestiones que hayan obtenido más de la mitad de los sufragios válidamente emitidos". Es decir, si el Rechazo y la Convención Constitucional (o la Mixta) obtienen más de la mitad de los votos, quedarán ambos aprobados y se aplicará el inciso siguiente, que ordena al Presidente convocar a elección de convencionales, porque la mayoría de todos los electores, los del Apruebo y los del Rechazo, habrán aprobado alguna de las convenciones constituyentes. Entonces harán una nueva Constitución aunque haya ganado el Rechazo. ¿Cómo es posible? Por favor, estamos en Chile post 90.

Por eso yo he llamado a los votantes del Rechazo a anular la segunda cédula, la de las Convenciones, marcando preferencia a ambas. Así no se contarán. Porque en el país de hoy es frecuente "ver muertos cargando adobes". Por ejemplo, el 25 de agosto de 1990 se publicó en "El Mercurio" un fallo del pleno de la Corte Suprema determinando que la Ley de Amnistía estaba plenamente vigente y no se oponía a los tratados internacionales ni a las Convenciones de Ginebra y después la misma corte dijo todo lo contrario para poder meter presos a los militares querellados por Piñera por haber combatido al terrorismo.

¡Sóplenme este ojo! De trampas de la izquierda y de Piñera tengo más que suficiente. Sobre todo que una persona de su gabinete le contó bajo secreto a una amiga, que le contó bajo secreto a otra amiga, que se lo contó bajo secreto a mi mujer, que me lo contó bajo secreto a mí y yo se lo cuento bajo secreto a ustedes: Piñera les ha pedido a todos sus ministros votar por el Apruebo para que gane sí o sí. Doy fe.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              

jueves, 15 de octubre de 2020

Nosotros, el Pueblo

Kennedy dijo una vez: "no preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país". Hoy mi país, Chile, todavía es libre, pero su libertad está amenazada. Eso me está diciendo qué puedo hacer por él y mi respuesta es "votar Rechazo" el 25 de octubre.

La Constitución de 1980 nos dio la libertad de que gozamos. Cuando entró a regir la plena democracia que nos legó el gobierno militar, en 1990, el jurista radical Enrique Silva Cimma, que era canciller de Aylwin, se declaró públicamente admirado de la forma en que esa Constitución garantizaba los derechos y las libertades de las personas.

Pues en Chile mandamos nosotros, las personas. Como dijo Reagan para Estados Unidos, nosotros le decimos al Gobierno qué hacer. No es el Estado el que nos debe decir lo que hagamos. Somos las personas libres del pueblo los conductores y el Estado es el automóvil. Nosotros decidimos adónde va a ir, a qué velocidad y por qué camino. 

Pero el Gobierno se ha ido llevando cada vez más de nuestro dinero y de nuestra libertad de elección. Sin  embargo, todavía somos libres. Nadie es libre a no ser que el Estado sea limitado. Es como una ley de la física: a medida que se expande el Estado, nuestra libertad se contrae. 

La Constitución de 1980 nos ha dado los mejores decenios de nuestra historia independiente. Pero hoy tenemos que defenderla. Tenemos que votar Rechazo a la idea de cambiarla por otra en que el Estado se convierta en el conductor del automóvil y nos diga qué hacer, por dónde ir y cómo hacerlo.

Los partidarios de que el Estado resuelva todo han diseñado un plebiscito inmoral (porque se suspendió el 25 de abril debido a que había 500 contagios diarios y, en cambio, no se suspende ahora, que hay 1.500 contagios diarios). Es que los partidarios del Estado todopoderoso, cuyo tamaño han multiplicado por siete veces entre 1990 y 2019 y que ya llega a un millón de funcionarios, están ansiosos de tener más poder y de controlarlo todo. 

Ese Estado lo manejan los partidos, que están entre los entes más desprestigiados de nuestra sociedad, según las encuestas. No sólo ha aumentado su tamaño, sino que paga a sus burócratas sueldos 32 por ciento más altos que a iguales funciones del sector privado. Esa burocracia se queda con "la parte del león" del gasto social proveído por el modelo de economía libre. Pues si ese gasto social fuera directamente al 20 % más pobre, cada familia tendría dos millones 400 mil pesos mensuales de ingreso y ya no sería pobre. El Estado, su burocracia y los partidos son los culpables del malestar social. 

Si a la bucrocracia dorada se le bajara sólo en diez por ciento sus remuneraciones, se podría garantizar una pensión básica de 400 mil pesos mensuales a todos los jubilados (Bettina Horst, "Libertad y Desarrollo"),

Pero los políticos estatistas dicen que hay que "enterrar" el modelo de sociedad libre que les ha entregado toda esa plata para eliminar la pobreza y la desigualdad. Más encima, son los únicos privilegiados que, en la pandemia, no han visto reducidos sus ingresos. Es que ahora "van por todo" y para eso necesitan derogar la Constitución.

Yo había dicho que no iba a ir a votar, porque mi mujer teme que si lo hago traiga de vuelta a la casa el contagio. Pero me he preguntado qué puedo hacer yo por mi país, y mi respuesta ha sido no sólo ir a votar, sino convencer a mi mujer de hacerlo y a todos los que podamos, tomando las precauciones sanitarias, para ir a votar Rechazo y salvar la libertad de que nosotros, las personas del pueblo, todavía gozamos. 

No podemos abstenernos por temor o comodidad y después vernos privados de nuestra libertad. Debemos masivamente votar Rechazo a la idea de que nosotros, el pueblo, las personas libres, perdamos la atribución de decirle al Gobierno a dónde debe ir, a qué velocidad y por qué camino, porque esa facultad la tenemos gracias a la Constitución y por eso ellos la quieren reemplazar y nosotros la debemos defender.

Eso es lo que todo chileno y chilena bien nacidos pueden y deben hacer hoy por su país.

Si nosotros, las personas libres, no acudimos masivamente a votar Rechazo y a velar por la pureza del acto plebiscitario del 25 de octubre, cometeremos un verdadero atentado contra nuestra libertad y nuestra Patria, del cual nunca nos vamos a terminar de arrepentir. 

lunes, 12 de octubre de 2020

Mea Culpa

Dos opiniones recientes lo dicen todo: la del ministro Juan Carlos Jobet, que va a votar Apruebo porque ve "un problema de legitimidad" en la Constitución actual y la del sociólogo y columnista de "El Mercurio", Eugenio Tironi, paladín del Apruebo y según quien el modelo de sociedad libre vigente en Chile debe ser definitivamente "enterrado".

Todo eso anuncia un futuro izquierdista para Chile. Es decir, un Estado proveedor de una gran cantidad de derechos, que los niños que aparecen en la franja electoral de la televisión, enseñados por profesores de izquierda del Estado, repiten convencidos: educación gratuita y de calidad para todos, atención de salud excelente, una pensión digna para los abuelitos e igualdad entre La Pintana y Vitacura. Una mayoría cree que la nueva Constitución le va a garantizar todo eso.

Pero el Estado no tiene recursos para ello, sino que los extrae de los particulares forzadamente, mediante impuestos. O mediante el robo: por ejemplo, es dueño de una gran empresa propietaria de minas de cobre que fue confiscada sin pago, con un acuerdo de izquierda a derecha, a sus legítimos dueños, que eran norteamericanos. Los del Apruebo confían en que hay muchas otras grandes empresas de las cuales apropiarse cuando cambie la Constitución y ésta ya no obligue, como la actual, a pagar al contado su valor comercial real.

Pero muchos de los dueños de empresas mayores, que son sus accionistas, ya se han dado cuenta. En este momento el valor de bolsa de las acciones chilenas es menor que su valor de libro. Es decir, hoy usted puede comprar empresas en menos de lo que costaría formarlas. Está pasando lo mismo que si a usted el dueño de una casa en venta le dijera: "Se la vendo en cien millones, pero a mí me costó 120 millones edificarla". Es que teme que el Estado se la pueda expropiar en 50 millones pagaderos en bonos a plazo. 

La verdad es que hoy Chile está en liquidación, porque el significado de la frase "hay que sacrificar el modelo" anticipa que a usted le van a poder quitar lo que tiene para repartirlo entre los que no lo tienen, cosa que va a hacer un Estado manejado por la izquierda, cuyo lema histórico siempre ha sido "el que parte y reparte se lleva la mejor parte". 

Ya la izquierda, sin siquiera cambiar la Constitución, con la eficaz colaboración de Piñera, ha manejado el Estado desde 1990 y se ha merendado la mejor parte: ha multiplicado por siete su tamaño, se paga a sí misma sueldos 32 % más altos que en el sector privado y se ha quedado con la mayor porción del gasto social, que "el modelo" había generado para los más pobres. Si éstos la recibieran, ya no habría pobres. 

Lo que pasa es que la izquierda ahora ya no se conforma sólo con la "parte del león", que se ha llevado entre 1990 y 2020, sino que "va por todo".

Tengo velas en este entierro del modelo: Jaime Guzmán me conminó en 1989 a que yo, entonces alejado de la política, pero que en 1973 había obtenido muchos votos, debía ganar a Sebastián Piñera en la carrera al Senado, porque era un tipo peligroso, que se iba a dedicar a destruir el legado y la imagen del gobierno militar. Pero no le cumplí, porque ya no tenía los votos, ni siquiera los de la derecha. Los "tres transatlánticos" de ésta, Francisco Bulnes, Sergio Onofre Jarpa y Pedro Ibáñez, llamaron en un aviso de un cuarto de página (redactado por Piñera) a votar por él y no por mí.

Y así fue senador y después dos veces presidente y se dedicó, como Jaime preveía, a destruir la imagen y el legado del gobierno militar. Más aún, ha metido presos, interponiendo más de mil querellas, a los uniformados que derrotaron al terrorismo de izquierda y ahora suscribió junto con ésta, el 15 de noviembre pasado, el "Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución", de la cual es partidario y cuyos contenidos incluso ha adelantado. Y está dedicado a destruir a Carabineros.

Entonces ahora "el así llamado modelo, ojalá esté lo más armadito posible para enterrarlo bien, pero hay que enterrarlo", dice Tironi, columnista de "El Mercurio" en un foro de ICARE, conducido por otro columnista de izquierda del mismo diario, Cristián Warnken ("El Mercurio", 12.10.20). 

Y así, a manos de la izquierda y de Piñera, perecerá la sociedad libre en Chile. Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa.

jueves, 8 de octubre de 2020

Los Países También Se Suicidan

No sólo eso: lo pueden hacer muchas veces. Argentina, que era el país más rico del mundo en 1895, se ha suicidado tantas veces que hoy es el número 70 y descendiendo. Chile, que en el siglo XIX era potencia, en el siglo XX pasó a ser un país "rasca" y terminó de suicidarse en 1970, pero al tercer año resucitó, justo cuando estaba último, incluso detrás de Haití, en el crecimiento en América Latina. 

Después hubo un milagro, mundialmente conocido como "el milagro chileno", tras el cual Augusto Pinochet entregó en 1990 a sus sucesores un país reluciente ("la joya más valiosa de la corona latinoamericana", según Clinton), pacificado, con una Araucanía próspera y feliz y con el más alto crecimiento del hemisferio (10 %) en 1989. 

Y hubo todavía un segundo "milagro chileno", que se produjo cuando los izquierdistas llegados al gobierno en 1990 respetaron el modelo, tan distinto del suyo, y sólo "le rayaron un poco la pintura". Hubo entonces treinta años adicionales con todos los indicadores sociales (igualdad, reducción de la pobreza, permeabilidad social, educación, salud) mejorando. 

Cuando Andrónico Luksic, padre, le describió a Fidel Castro la excelente situación chilena, a fines de los 90, éste le apuntó con el dedo y le dijo: "¡Eso se lo deben ustedes a Pinochet!". Me lo contó a mí, frente a frente, en el fundo de Maurice Poisson. Fidel no le explicó por qué, entonces, había mandado asesinar a Pinochet en 1986, aunque tal vez fue por eso mismo.

Es que por algo, como dice el historiador Gonzalo Vial, en todo el mundo, cuando se suscita una gran crisis, el uomo cualunque, el ciudadano cualquiera, exclama: "¡Necesitamos un Pinochet!". Hoy los argentinos todavía no lo dicen, pero yo sé que lo piensan. Lo malo es que Pinochet es "producto chileno" no exportable. Es difícil que se dé.

Pero treinta años de bienestar y crecimiento fueron tiempo suficiente para volvernos imbéciles. Dilapidamos la herencia. ¡Cuántas fortunas han sido dilapidadas por herederos imbéciles! Con uno de ellos a la cabeza del gobierno y una amplia mayoría de los mismos en la oposición, Chile volvió a intentar suicidarse el 15 de noviembre de 2019. Pero le restaba un último hálito de sentido común y por eso dejó una puerta abierta al arrepentimiento, a la sobrevivencia: no consumó totalmente la autoeliminación sino que mantuvo la posibilidad de votar Rechazo en el plebiscito de 2020 que, de triunfar, nos permitiría preservar el país que tenemos y sobrevivir.

¿O triunfará el Apruebo y Chile se volverá a suicidar? Muchos lo creen y por eso baja la Bolsa y sube el dólar casi sin parar. No tengo dotes paranormales ni capacidad de ver el futuro, pero en una novela que escribí en 2005 predije que el día de la transmisión del mando en Chile en 2010 iba a haber un gran temblor, y así sucedió. Hace unos días un hijo mío me informó que eso era trending topic en las redes.

En ese predicamento voy a revelar algo: hace 67 años yo era alumno del primer año de leyes y me recomendaron ir a ver a una adivina muy acreditada, en la calle Elisa Cole, cerca de la Escuela de Derecho. Fui en compañía de un amigo, que huyó apenas toqué el timbre del departamento. Ella me abrió y me preguntó quién me había recomendado ir. Se lo dije y entonces me cobró por anticipado cien pesos, que era el billete de más alta denominación, al cual le decían "congrio" por ser rojo. Me predijo toda mi existencia con exactitud y terminó diciéndome que, ya de avanzada edad, iba a vivir "un gran trastorno general", que no fue capaz de precisarme, aunque me aseguró que no iba a ser económico, pero después del cual, me aseguró, "usted va a ser muy feliz". 

En esa confianza creo que Chile esta vez no se va a volver a suicidar. 


sábado, 3 de octubre de 2020

¿Por Qué Me Quieren Obligar a Votar?

Si hay algo que tiene mi mujer es sentido común, así es que no permite a nadie que haya ido a algún lugar con peligro de contagio entrar a nuestra casa. Por consiguiente, me ha advertido que si voy a votar el 25, no puedo volver a ella. Entonces yo, como lo anuncié en un comentario anterior, no iré a votar. 

El 87,5 % de la gente partidaria del Rechazo, que también tiene sentido común, no va a ir a votar, por contraste con sólo el 49,7 % de la gente del Apruebo que no irá, según comprobó la encuesta argentina Numen. Por tanto, debido a eso y no por ser mayoría, ganará el Apruebo, cuya gente tiene menos sentido común, pero sí muchas ganas de quedarse con las cosas y la plata de los del Rechazo, que son los más ricos precisamente porque, merced a su sentido común, hacen cosas que la gente necesita y compra y les generan riqueza. 

"París bien vale una Misa", dicen entonces los del Apruebo. Y se van a arriesgar a contagiarse con tal de hacerse con la riqueza que hay en el país. Pues nunca han estado contentos con ser burócratas y vivir del Estado y ahora, aprovechándose de la incapacidad del gobernante de turno para mantener el orden, "van a ir por todo" apoyados en su violencia.

¿Se acuerdan del Doctor Zhivago, cuando llegaba a la casa de sus padres en Moscú y se encontraba con que una muchedumbre se había apropiado de las mejores habitaciones y tenía a los dueños legales arrinconados en el segundo piso? Bueno, es que en Rusia había ganado el Apruebo.

A raíz del comentario en que revelé que no iría a votar me han llamado o escrito varias personas, apelando al heroísmo de nuestros antepasados, para convencerme de no dar tan mal ejemplo. Pero les he respondido que da lo mismo, que todo esto es producto de un enorme fraude y es una elección tan amañada que al elector le van a entregar dos votos, uno de los cuales sólo sirve si gana el Apruebo. Prueba de que el triunfo de éste está asegurado de antemano.

Recuérdese que el 12 de noviembre la izquierda se reunió y dijo que la masa movilizada había "corrido el cerco". Todo "de facto". Entonces le pusieron la pistola en la cabeza a Piñera, que les preguntó "¿Qué quieren?". Y le contestaron "TODO". 

La derecha tenía demás en el Congreso los votos para evitar la entrega del país a la izquierda, pero sólo un diputado, Ignacio Urrutia, y un senador, Kenneth Pugh, votaron por impedirla. Y así el país fue institucionalmente entregado.

¿Y a mí ahora me vienen a pedir que vaya a contagiarme para poder "hacer como que el pueblo ha hablado"? A otro perro con ese hueso. La segunda papeleta les está diciendo a todos que el país ya fue robado.

Ya se lo robó la dictadura judicial roja dándoles seis mil millones de dólares a los terroristas violando todas las leyes, y lo sigue haciendo a razón de más 400 millones anuales, en lo que derivó ya en un "robo permanente". Y no le importa a nadie que haya doscientos presos políticos que legalmente deberían estar en libertad. Se roban el dinero los cien mil falsos exonerados políticos que cobran otros 400 millones de dólares anuales. Se lo roban mensualmente los treinta mil falsos "torturados" que tienen pensiones vitalicias por haber sido alguna vez interrogados por sus vínculos con el terrorismo.   

Todo lo que se esgrime para criticar al modelo y esquilmar al fisco es falso. Tampoco hubo "estallido social" hace un año, sino insurrección contra el gobierno de un presidente inepto e incapaz de mantener el orden público. No hubo "descontento con el modelo", porque el modelo había llenado de plata a la izquierda para multiplicar por siete el tamaño del Estado, cuya burocracia se quedó con el grueso del gasto social. Éste, bien asignado, habría permitido al 20 % de menores ingresos ganar dos  millones 400 mil pesos mensuales por familia. 

La misma burocracia gana 32 % más que en iguales funciones del sector privado y, si le disminuyeran sus enormes sueldos, viáticos y dietas en sólo diez por ciento, habría plata para que ninguna pensión en el país fuera menor de 400 mil pesos mensuales (Bettina Horst, "Libertad y Desarrollo"). 

Clase política deshonesta que, "como premio al esfuerzo", les regala a sus ex Presidentes 39 millones de pesos mensuales de por vida, para que sirva como ejemplo.

Han devastado a Chile con la mentira, la inmoralidad y la violencia, han barrido el piso con nuestra bandera, deshonrado a nuestros héroes patrios, mentido sobre el presente y el pasado. Se han quedado con la plata ¿y ahora quieren que yo vote, arriesgando contagiarme, para poder decir que todo lo están haciendo "democráticamente"? 

Creo que vamos a ser los ausentes los que más fuerte nos vamos a hacer oír el próximo 25 de octubre.