martes, 31 de marzo de 2020

La Naturalización del Mal

Tengo mejor opinión del coronavirus que el resto de la gente, porque no olvido que fue la fuerza capaz de erradicar la violencia generalizada, en un momento particularmente delicado para el país, puesto que la derecha, tradicional baluarte del orden y los valores, se encuentra virtualmente extinguida. 

Todavía no me conformo con el hecho de que haya habido un solo diputado y un solo senador que votaron en contra de la reforma constitucional para postergar el plebiscito, en circunstancias que la derecha tenía los votos para rechazarla, dejar a firme la Constitución de 1980 y frustrar los logros de la insurrección revolucionaria triunfante, que había conseguido la rendición del gobierno el 15 de noviembre.

Valga una vez más recordar que el conato subversivo no tuvo un origen económico-social, porque el modelo vigente aportó suficientes recursos para remediar la pobreza y la desigualdad económica. El estallido provino de la impunidad y la falta de autoridad. No por las carencias. Tanto es así que si el gasto social, que ha multiplicado por siete su monto en los últimos decenios, llegara realmente al veinte por ciento más pobre, éste pasaría a formar parte del sector más acomodado. Eso lo dice todo. 

Lo que sucede es que las clientelas políticas han capturado los recursos del estado, y muy particularmente lo ha hecho la izquierda, que nunca ha producido, sino que profita de lo que producen los demás. Es risible, pero revelador, que la rebaja propuesta por el ministro de Hacienda a los sueldos de los miembros del gabinete los haría caer a un nivel muy parecido a lo que ganan los inspectores del Instituto de DD. HH., burócratas de izquierda (a veces ex guerrilleros) pertenecientes al decil de mayores ingresos, que vigilan a los carabineros para que no puedan dominar a los vándalos, saqueadores y pirómanos que mantuvieron al país bajo el terror hasta que el corona virus los sacó de las calles.

He leído con envidia en "El Mercurio" del 30 de marzo que el presidente Vizcarra del Perú y el Congreso de ese país consagraron la ley de protección policial, "que exime de responsabilidad penal a militares y policías que usen sus armas en legítima defensa durante el estado de emergencia declarado para atajar los contagios del coronavirus". Acá, por el contrario, se han dictado Reglas para el Uso de la Fuerza que constituyen otra garantía más para los antisociales y terroristas. Estos han sido los grandes privilegiados de los últimos treinta años, todos indultados, indemnizados y pensionados, mientras la dictadura judicial de izquierda que impera en el país persigue a los uniformados y un Presidente de la República cómplice de ella hasta los discrimina a la hora de dictarse normas sobre libertad condicional y sobre la posibilidad de que los presos de mayor edad puedan cumplir condena domiciliaria.

El coronavirus representa un peligro y un mal, pero es menor como tal que la violencia y el terrorismo vividos en el país desde octubre del año pasado, cuando en Chile se naturalizó el mal.. Desde luego, la insurrección generó medio centenar de muertes, mientras la pandemia ha provocado hasta ahora una decena. Y la peste pasará, pero la violencia izquierdista no. Al contrario, retornará con renovado ímpetu ante la evidencia de la debilidad del gobierno y su falta de energía para imponer el principio de autoridad.

El izquierdismo nos ha presentado los espectáculos más degradantes, presididos por la degeneración espiritual. Los emblemas nacionales han sido vejados, como cuando se barrió el piso en público con la bandera nacional o se interpretó el himno patrio en una versión injuriosa y con publicidad, en plena Plaza de Armas.

Se ha naturalizado el mal, las depravaciones se exhiben impunemente, la mentira social reina en los medios y los debates y la violencia, que dominó en el último semestre y ocasionó una crisis económica peor que la del coronavirus, sólo está esperando que éste ceda y le dé una oportunidad para retornar y volver a conducir el aciago destino nacional.

viernes, 27 de marzo de 2020

¡Uno!

Como temía en mi blog anterior, la empavorecida derecha  volvió a regalarle el país a la izquierda. La prensa casi no informó de la reforma constitucional que aplazó el plebiscito del 26 de abril al 25 de octubre. Piñera no hizo ceremonia alguna ante las cámaras para promulgar la reforma. Para que Piñera renuncie a las cámaras tiene que haber tenido mucha vergüenza. Les tomó apenas dos días a los políticos aprobar y promulgar el salvataje del principal trofeo de la insurrección. Casi no salió en el diario. La única información apareció en "La Segunda" diciendo que se aprobó la prórroga por más de cien votos contra uno. ¡Sorpresa! ¡Hay un derechista en la Cámara! Sospecho que fue Ignacio Urrutia, otra vez, pero su nombre no apareció.

Pues la derecha tenía los votos en la Cámara y el Senado para rechazar el proyecto. Si lo hubiera hecho, no habría habido plebiscito el 25 de abril ni nunca, por disposición de la Patrona de Chile, cuya intervención ha librado al país de la devastación generada por incendios, saqueos, destrucción del entorno y vejámenes a nuestros héroes. 

Entonces la Constitución de 1980 habría seguido incólume, como estaba contemplado en el programa de este gobierno elegido por mayoría hasta que un "acuerdo" espurio, y conseguido tras incurrirse en los tres vicios del consentimiento (basta uno para invalidarlo) en el "Acuerdo" del 15 de noviembre: el error (se pactaba terminar con la violencia cuando no concurría el principal agente de ella, el PC); la fuerza (se pactaba bajo amenaza y habiéndose perdido el orden público, porque el gobernante no tenía pantalones para mantenerlo) y el dolo (porque la izquierda sabía que la violencia continuaría igual o peor después del 15 de noviembre, como ocurrió de hecho hasta ser erradicada por la pandemia en marzo). 

Entonces, llamar "acuerdo" a lo del 15 de noviembre fue lo mismo que llamar así a la entrega de su billetera por parte del asaltado a quien el pistolero le está apuntado con su arma.

Pero la actual derecha carece de coraje político para haber salvado la Constitución. Sabiéndolo, Boric amenazó a la UDI, algunos de cuyos parlamentarios mostraron arrestos verbales (y sólo verbales) de rechazar la prórroga, con "sacarle la mugre" en la elección de gobernadores. Después de eso quedó un  solo derechista en pié para votar en contra. ¡Uno! 

Es la misma "derecha piñerista" que hace 30 años ayudaba a Aylwin a subir impuestos. Léase en "Hace 30 Años" de "El Mercurio", recordando el 27 de marzo de 1990: "Acuerdo en reforma tributaria. El consenso implicaría que la iniciativa contaría con los votos necesarios para su aprobación en el Congreso Nacional, gravándose las utilidades devengadas de las empresas en 10 % durante este año, 15% entre 1991 y 1994, año en que nuevamente se rebajará al 10 %". ¡Ja! ¡ja! ¡ja!

Lo peor es que las nuevas generaciones de derecha vienen igualmente febles: dos jóvenes dirigentes empresariales, Juan Sutil y Patricio Donoso, hoy en "El Mercurio" encuentran ejemplar la rendición incondicional en el Congreso y dicen: "Nuevamente, con responsabilidad y decisión, el mundo político acordó postergar el plebiscito hasta el mes de octubre". ¡Qué risa!: "con responsabilidad y decisión" el asaltado entregó su billetera al bandolero.

Vaticinio: así como el coronavirus trajo trastornos a nuestra vida interna, pero erradicó la violencia, los saqueos y el vandalismo, cuando el virus pase (porque va a pasar) la violencia retornará, como también la incertidumbre y el caos que reinaron desde el 18 de octubre al haberse sacrificado la Constitución, hasta que en marzo los impidió la pandemia. La destrucción será mayor que hoy y el miedo a lo menos igual, hasta que los amos de la violencia tengan su Asamblea Constituyente y el país emprenda la conocida senda hacia la pérdida de su libertad. 

Si hubiera habido una derecha de verdad, eso se habría podido evitar. Pero parece que era mucho pedir.

martes, 24 de marzo de 2020

¿Volverá la Derecha a Regalar el País?

Se perdió el honor y al final también se perdió la guerra. Un solitario Ignacio Urrutia alzó la voz el año pasado para representar su indignidad a la bancada de un gobierno impotente e incapaz de mantener el orden público. Éste, aterrado ante la violencia izquierdista, llevaba a la derecha a rendirse incondicionalmente y entregar a la izquierda su último y principal baluarte, la Constitución, teniendo en el Congreso los votos, como también los tiene hoy, para impedirlo. 

Fue increíble oír al solitario Urrutia representar a  voz en cuello a sus colegas de derecha la magnitud de su cobardía y presenciar el silencio culpable y avergonzado de éstos; y ver en el Senado a un solitario Kenneth Pugh, a quien, como ex marino, se le hacía insoportable arriar su bandera ante el enemigo, erguirse entre los claudicantes que miraban al suelo. Pugh, votando en contra de la rendición incondicional, dio un ejemplo que nadie más siguió. 

Pero parece que la lección no fue aprendida. Desde esta tribuna yo instigué entonces a los parlamentarios de derecha a salvar la Constitución, lo que podían hacer con sus votos, pero el egoísmo y la cobardía de Piñera, el entreguismo de sus líderes y las "órdenes de partido" para votar (que además son ilegales) se impusieron. 

Los países pueden sobrevivir con una mala izquierda --casi todos lo hacen-- pero no con una mala derecha. 

Ahora que la Patrona de Chile nos ha dado otra oportunidad y ha salvado al país de las garras de la violencia, ejerciendo la fuerza inmanente del coronavirus, ya que el impotente Piñera no era capaz de usar la legítima fuerza pública para reprimirla, la derecha parece disponerse otra vez a traicionar a su patria y negarse a votar en el Congreso en contra de derogar la Constitución, para lo cual tiene los votos. No le bastó con la actitud incomprensible del 15 de noviembre de entregarla en bandeja al marxismo para, acto seguido, con la máxima inconsecuencia, llamar a votar "Rechazo" --sin por eso impedir que sus tránsfugas, arrepentidos y "chaquetas viradas" de siempre emigraran al bando contrario del "Apruebo"-- sino que ahora se apresta a volver a traicionar al país y a la sociedad libre y a votar junto a los kerenskys y la izquierda para hacer posible la Asamblea Constituyente, que históricamente fue el preludio del régimen de los soviets en la URSS, Cuba, Venezuela y otras naciones, con sus cien millones de muertos documentados por "El Libro Negro del Comunismo".

Los países pueden darse el lujo de ser siempre defraudados por la izquierda, que es mala en todas partes, pero no puedan darse el de tener una derecha tan cobarde, entreguista y desmemoriada como la nuestra, que compra los argumentos de la izquierda y se alinea tras un caudillo que no merece serlo y cuya única preocupación es su propia figuración y conveniencia --por eso nos subía en 2010 los impuestos mientras ponía su plata de la venta de LAN en paraísos fiscales-- con tal de no ser denostado por los rojos. Y que es capaz no sólo de vender su alma, sino de regalarles por segunda vez a los insurrectos la patria toda.

Pero la derecha todavía tiene una oportunidad de reivindicarse y evitar pasar a la historia como la "generación degenerada" que, por miedo, entregó por segunda vez a su país al caos y la barbarie. Puede evitarlo votando en contra de la nueva reforma constitucional, sin la cual simplemente no habrá plebiscito. Eso le hará posible a Piñera terminar su mal gobierno, si bien en medio del fracaso y del retroceso, pero a sus partidos por lo menos sobrevivir bajo una atmósfera de mínimo coraje y dignidad.

Que no tengamos de nuevo que escuchar las solitarias voces de Urrutia y Pugh defendiendo los fueros del patriotismo y del coraje político y, por una sola vez, que sea en esta aciaga administración Piñera II, el peor gobierno de la historia de Chile (y ello puede probarse, porque ningún otro renunció en grado tan extremo a ejercer su autoridad) se levante con dignidad en el Congreso y rechace el avasallamiento marxista que nos ha llevado a una crisis peor incluso que la gestada bajo la Unidad Popular.

domingo, 22 de marzo de 2020

Cosas Buenas Que Están Pasando

Chile está irreconocible. No hay saqueos ni incendios de supermercados ni los vándalos están quemando las iglesias y apedreando a los carabineros. La gente está en sus casas en lugar de vociferando en las calles. Los delincuentes vuelven a su actividad propia, que es robar y asaltar, y han dejado las calles. Desde el 18 de octubre hasta hace pocos días se habían dedicado a destruir, saquear, incendiar y atacar a la policía y, paradójicamente, el delito común había disminuido. La fuerza del delito insurreccional había logrado cambiar hasta la institucionalidad básica del país. Ahora esa "misión pública" de los facinerosos ha concluido como por ensalmo, como debía haber terminado en sus comienzos si en Chile hubiera habido alguna autoridad: por la fuerza. Es que la fuerza de la autoridad que no se ejercía ha sido sustituida por otra inmanente, superior, que ha impuesto el orden.

El espectáculo, que se había hecho insólito, de que se pueda circular por la Plaza Italia, se ha brindado en toda su inverosimilitud. La estatua del general Baquedano ha sido limpiada. Los rebeldes quisieron reunirse para volver a vejarla, pero apenas llegó un centenar de vándalos a la cita y la policía los dispersó fácilmente.

La gente que vive en la zona cero del caos hoy de nuevo puede dormir y vivir tranquila. No lo puede creer. ¿Qué cosa tan buena ha pasado que ha venido a rescatarla del infierno? Nada bueno, les dicen, pero para ellos es bueno.

Desde el 18-O Chile entero, des-gobierno incluido, había sido rehén de la violencia. La izquierda, que siempre ha sido una fuerza negativa y destructiva, está desconcertada. Ya creía tener a Chile bajo su control y el país se le ha escapado de las manos. 

Como todo parto, éste es doloroso y, además, será prolongado. Pero el país estaba secuestrado y ha sido liberado. Todo el edificio maléfico levantado por la amenaza de la violencia y el imperio de la mentira se ha venido abajo, tras un solo soplo de fuerzas inmanentes.

El mal, en efecto, había impuesto la mentira. Lentamente la verdad se ha ido restableciendo: el "modelo" no sólo había entregado los recursos para remediar todas las carencias, sino que habían sido sus peores críticos los que se habían quedado con ellos, simbolizado esto en los casi cinco millones de pesos mensuales que ganan los "inspectores de DD. HH" encargados de la diabólica misión de anular a las fuerzas del orden en su combate contra el delito. Una trama exitosa de las fuerzas del mal y la mentira.

Una sola cifra: en 2019 el gasto en personal del gobierno central había aumentado en casi siete veces, en términos reales, respecto de 1990 (Bettina Horst, LyD, "El Mercurio" 15.03.20). Si este año ese gasto pudiera ser disminuido sólo en 10 %, podría financiarse pensiones de $400 mil como mínimo para todos. ¡Los críticos se habían quedado con la plata y venían por más! 

Algo ha ocurrido para que la paz haya sucedido a la violencia, para que se haya desbaratado la conjura política que estaba desmantelando las estructuras básicas del país, para que Chile haya entrado en reflexión. No sé lo que ha sido, pero sí sé que será para mejor.

miércoles, 18 de marzo de 2020

La Patrona de Chile Nos Vuelve a Salvar

Chile iba directo a su autodestrucción, víctima de la violencia desatada y a punto de entrar en un itinerario enajenado, determinado por la ambición totalitaria del poder rojo, la diligencia de los kerenskys, que siempre les abren camino a los de la hoz y el martillo, y el pánico de una derecha entreguista y desinformada, que puso en la Presidencia a un sujeto carente de los atributos mínimos para gobernar. 

Todo parecía perdido, cuando repentinamente el país se tranquilizó, los vándalos volvieron a sus guaridas, la fuerza pública pudo descansar, el tránsito fluye por la plaza Italia y hasta dicen que habrá un jefe militar en cada zona en estado de excepción. 

Hasta aquí llegó la insurrección. La Carta Fundamental queda, una vez más, consolidada y ratificada. El desbarajuste echa por tierra a la insurgencia y antes de que nos demos cuenta vamos a poder elegir, en 2021, un gobernante mejor, porque este año inverosímil ya está jugado.

El '73 pasó lo mismo, cuando los que se iban a tomar el poder estaban tan seguros que uno de sus adalides proclamaba: "si no hay un millón de muertos la revolución no va a resultar". Milagrosamente todo se arregló y, en lugar de un país asolado por la escasez, la inflación y la guerra civil, Chile se convirtió en "la joya más preciada de la corona latinoamericana" (Clinton).

Después hubo otro milagro nacional, que viví de cerca. Un angustioso 22 de diciembre de 1978 la poderosa flota argentina, encabezada por un portaaviones, se dirigía a ocupar por la fuerza las islas australes chilenas. La Armada Nacional había recibido la orden de salirle al encuentro y abrir fuego apenas un buque invasor ingresara a aguas chilenas. Los números no nos favorecían, pero teníamos un arma secreta. Un marino me la había mostrado en el molo de abrigo del puerto. Me había dicho que, para verla, debíamos caminar hasta el final del molo, donde había una casucha que me parecía inapropiada para contener tan poderoso instrumento de guerra. Pero entonces el marino me dijo que me volviera y mirara hacia el puente de mando de cada uno de los buques acoderados. "Ahí está nuestra arma secreta", me dijo. Y, efectivamente, bajo cada puente de mando y sobre una lustrosa tabla de roble se leía, en grandes y bruñidas letras doradas: "Vencer o Morir". 

Cuando la guerra naval estaba a punto de comenzar, un temporal inclemente zarandeó a la flota argentina y ésta, no se sabe si por eso o por temor a nuestra arma secreta, viró en redondo y puso proa al norte. El sábado 22 de diciembre de 1978 a mediodía recibí en la Dirección de "La Segunda" un llamado de un marino anónimo, desde el Ministerio de Defensa, informándome de lo anterior. Le creí y titulé ese día informando que el peligro de guerra había pasado. No pude dejar de ver la mano de la Patrona de Chile, una vez más.

De nuevo ahora se ha hecho presente y nos vuelve a salvar de la violencia, de la traición de los kerenskys y del entreguismo de la derecha. Sólo falta que este otro año el buen sentido electoral de los chilenos no desaproveche esta milagrosa oportunidad y lleguen a La Moneda los pantalones necesarios para volver a salvar a un país que da tantas muestras de no merecer ser salvado.

lunes, 16 de marzo de 2020

La Desesperanza y una Historia No Oficial

Esta otrora "fértil provincia y señalada" yace hoy en la desesperanza y la desdicha, asolada por la violencia, el engaño general, el socialismo, la sequía, la incertidumbre, el coronavirus y Piñera, la última canallada del cual ha sido excluir a los Presos Políticos Militares de su proyecto en beneficio de reos de la tercera edad para que pasen sus últimos años en arresto domiciliario. Una querella de Piñera llevó al más anciano (nonagenario) y de facultades mentales más perdidas, general (r) Orozco, a cumplir diez años de presidio por un delito inexistente (salir a preguntar el origen de una ráfaga).

El país está sumido en la desesperanza, porque si alguna tabla de salvación subsiste todavía hoy, es la Constitución, si bien frecuentemente violada por parlamentarios y tribunales de izquierda. Pero ahora se aproxima la fecha en que ésta puede quedar virtualmente derogada si triunfa el "Apruebo" en el todavía incierto plebiscito del 26 de abril. Las encuestas oficiales dicen que ganará y el propio Presidente, en sus últimas intervenciones públicas, ha dejado ver que apoya el "proceso constituyente", que implica el triunfo del "Apruebo". 

El país (entendiendo por tal la mayoría) está perdido y desquiciado. El jueves recorrí parte de la ciudad viendo los comercios cerrados en horas hábiles y tapiados o protegidos como si fuera a sobrevenir un ataque aéreo. El viernes fui al centro y me estacioné bajo La Moneda. Saliendo de ahí un sujeto me insultó con epítetos agraviantes pero no groseros, en la vereda del frente al palacio. Al volver, otro sujeto atronó la misma cuadra con un grito de "¡¡¡viejo CTM!!!" cuyo destinatario supuse que era yo. Ése es el país en que vivo.

La violencia izquierdista no es nueva. Lo nuevo es que no haya gobierno ni destino nacional conocido. Hoy vi en "El Mercurio" que "hace cien años" fueron incendiados veinte tranvías en una protesta. Chile siempre ha sido así, pero antes había autoridad y ahora no. La historia de los tranvías la conocí desde chico, porque sucedió en el puerto y afectó a una empresa alemana dueña de ellos, que subió el pasaje de acuerdo al contrato. Un conocido dirigente de izquierda entonces azuzó a las masas y se le ocurrió decirles: "¡No vayan a quemar los carros, niños!", que fue lo que "los niños" precisamente hicieron de inmediato. Y eran todos los que tenía la empresa.

El país está hoy desquiciado y desmemoriado. Ante la discriminación de Pïñera contra los PPM pensé en el más vilipendiado e injustamente preso de ellos, Miguel Krassnoff, oficial distinguido e intachable, que ya lleva más de 20 años privado de libertad sin pruebas, sólo "por presunciones". Recuerdo que hace unos años, en el programa "El Informante" de TVN, enfrenté al juez Alejandro Solís, que le había impuesto ya varios centenares de años de condenas arbitrarias y al cual el oficial jamás había siquiera visto. Fue importante, porque en ese programa Solís confesó públicamente que él condenaba en virtud de una "ficción jurídica", en circunstancias que la primera obligación de un juez es probar el delito y no fingirlo. Pero en esa oportunidad Solís afirmó, además, dramáticamente, que Miguel Krassnoff había asesinado a la mirista Diana Arón "con sus propias manos" y había salido con éstas ensangrentadas diciendo: "Era terrorista y judía, más encima".

Entonces le pregunté a Krassnoff y me explicó que Diana Arón había muerto en combate con un comando de la DINA del cual él no formaba parte y que, por añadidura, él se encontraba en el extranjero cuando eso sucedió, todo lo cual probó ante el tribunal, pero fue desechado. Tiempo después vi en "La Segunda" la explicación. Un informante de izquierda que trabajó con la DINA, Osvaldo Romo, huyó a Brasil. Cuando su paradero se descubrió en los 2000 y se pidió su extradición, él pidió auxilio a los ex uniformados chilenos, que nada pudieron hacer. En venganza y culpando a éstos por haber sido apresado, decidió relatarle a Solís, que lo procesaba, una imaginaria versión de la muerte de Diana Arón a manos de Krassnoff y que fue la relatada por el ex juez en TVN.

Esto ya es historia, tanto que en Wikipedia aparece el abogado UDI Gabriel Zaliasnik, de ascendencia judía, corroborando la versión falsa de Solís y culpando a Krassnoff. Éste me confidenció que al saberlo había reunido todos los antecedentes presentados a los tribunales y que acreditaban su inocencia, y los había enviado al principal representante de la comunidad judía residente, quien le había devuelto el paquete sin abrir y pidiéndole en términos hostiles no volver a dirigirse a él.

Hoy la dictadura roja de los tribunales ya le ha impuesto a Krassnoff más de mil años de condenas por hechos imaginarios, pero que generan indemnizaciones de centenares de millones de pesos cada una, que me interesaría saber cómo se reparten. Krassnoff, a todo esto, recibió una solemne carta de Gendarmería en que se le informaba que el 20 de enero de 2446 o algo así iba a tener derecho a su libertad condicional. 

¡Lo que va de ayer a hoy! En 1975 se le confirió la "Medalla al Valor" por la captura del principal jefe terrorista, Miguel Enríquez, en medio de felicitaciones de los sindicatos bancarios porque éste en un asalto había herido a bala a un agente de banco que se negó a entregar las llaves de la caja de caudales de la sucursal Huelén del Banco de Chile. Y una reciente sentencia prevaricatoria añadió otro decenio de presidio a Krassnoff por el "asesinato" de Enríquez.

Así se escribe la historia. Tal vez por eso Dios ha castigado a Chile con la desesperanza, el coronavirus y Piñera.

jueves, 12 de marzo de 2020

Se Necesita un Tipo con Corbata

La figura de estadista que más se añora en Chile desde el 18 de octubre es la de Augusto Pinochet. Entregó en 1990 un país próspero, pacífico y democrático, que crecía más de 10 por ciento y estaba a la cabeza de América Latina. 

Llamaron "milagro chileno" al cambio de una sociedad a punto de caer en el comunismo, con la inflación más alta del mundo y el menor crecimiento del hemisferio, a otra que era la "joya más valiosa de la corona latinoamericana", como la calificara Bill Clinton en los 90. Pero de ésta hoy quedan sólo despojos dejados por los políticos de centro e izquierda y los de derecha que "se dieron vuelta la chaqueta".

No hay nada peor para un país que el entreguismo de sus élites. Cuando empiezan a ofecer la mano para salvar el brazo ya uno sabe que la captura del cuerpo entero es sólo cuestión de tiempo. Cuando los caballeros se sacan la corbata es porque están levantando la bandera blanca.

La traición de Aylwin en 1990, a través de la abyecta Comisión Rettig, y el concurso derechista para sentar en el banquillo de los acusados a los militares, a quienes el mismo Aylwin y la derecha habían llamado en 1973 a salvar al país, fue el principio del fin. Indultó a todos los terroristas, llenó de plata a la izquierda revolucionaria y le mandó una memorable carta a la Corte Suprema para que no aplicara la amnistía sino al final del juicio. Fue el preámbulo para que los jueces rojos, mayoría en todos los niveles, dejaran de aplicarla del todo. 

Luego vino la rendición incondicional de Cheyre, que culpó a su propio Ejército "de todos los hechos punibles y moralmente reprochables del pasado". 

Y finalmente llegó Piñera que, con el apoyo de la derecha "arrepentida", llenó las cárceles de uniformados en retiro y cerró el penal Cordillera, anexo a un regimiento, para encerrarlos a todos en Punta Peuco, de donde la ex comandante Claudia estuvo a punto de lograr confinarlos en una cárcel común al término de su segundo mandato. Mientras, el comunismo penetraba en todos los niveles con sus consignas y su violencia.

Ha sido el itinerario de una traición que nos ha traído a donde estamos hoy: con el régimen a punto de caer y el país en la anarquía y camino a la ruina. Hasta los empresarios se sacan la corbata para que la izquierda dominadora de la calle les perdone el cuello.

Pero más que nunca lo que se necesita en Interior es un tipo con corbata, que afirme a la marioneta a punto de caer, restablezca el orden con mano dura y evite que el barco naufrague en estos dos años que quedan para que el pueblo, recapacitando una vez más, elija a un Presidente apto para recuperar la autoridad, la prosperidad y la tranquilidad que nos legara Pinochet y nos hemos demorado 30 años en dilapidar.