miércoles, 23 de junio de 2021

Primarias del "No" Favorecen al "Sí"

Esta semana debatieron por televisión todos los que fueron o devinieron candidatos del “No” y del “Apruebo”, que es lo mismo. El lunes los de Chile Vamos y el martes los de extrema izquierda. Rating de nueve o diez puntos, igual que otros programas políticos. Para describir las cosas en lenguaje de los ’90, el debate de Chile Vamos fue una primaria de la Concertación (pues Piñera ha hecho dos gobiernos como los de la Concertación). El segundo debate, el izquierdista, fue equivalente a lo que habría sido el de una primaria del PAIS (Partido Amplio de Izquierda Socialista), como se llamaba el conglomerado comunista en 1990. A él pertenecía entonces una joven Michelle Bachelet, cuya candidatura a concejal no tuvo suerte en la primera elección municipal por Las Condes.

El único candidato presidencial que sigue siendo del “Sí”, votó “Rechazo” y permanece de derecha, José Antonio Kast, no necesita primarias e irá a primera vuelta. Su Partido Republicano, que lo proclamó, ya se constituyó en todo el país. Los demás califican de “extrema derecha” a ese partido y a su abanderado, pero la verdad es que no lo son, pues habemos otros más extremos: Fuerza Nacional, que está en formación y es el único declarada y confesamente continuador del legado de Pinochet. Es decir, categóricamente jugado por la libertad personal y enérgico defensor del orden público. Yo he firmado sus registros para que exista y constituya la verdadera extrema derecha, a mucha honra. Si llegáramos al gobierno aspiraríamos a derrotar la violencia y el terrorismo, liberar e indultar a los presos políticos militares y procesar a los jueces prevaricadores que los han condenado; volver a pacificar la Araucanía y ser de nuevo el país de mayor crecimiento en América Latina, como el que legara Pinochet a los civiles en 1990 y que los políticos se han farreado.

Dadas las realidades actuales, José Antonio Kast sin duda va a pasar a segunda vuelta, pues tendrá todos los votos del “Sí” y del “Rechazo”, luego vencerá: 1) al triunfador de la primaria de Chile Vamos, dado que éste va a tener que dividirse los votos del “No” y del “Apruebo” con (2) el triunfador de la primaria marxista, seguramente Jadue; (3) Yasna Provoste, inevitable candidata de la exConcertación; (4) el Doctor File, que es del Centro Unido y tiene las firmas para presentarse; (5) Eduardo Artés, que es marxista ultra extremo y nuevamente ha anunciado que repostulará; y (6) Tomás Jocelyn-Holt, DC díscolo pero del “No” y del “Apruebo”, que ya compitió una vez y probablemente logre volverlo a hacer. 

Por disminuida que esté la derecha, ¿cómo no va a vencer al menos a cinco de los del otro bando dividido por seis?

Entre los del “No” y del “Apruebo”, lo probable es que disputen el paso a segunda vuelta Daniel Jadue con Yasna Provoste, porque Lavín tiene buena figuración en las encuestas por el apoyo que obtiene de la izquierda y la DC. Ya no de la derecha, a la cual no pertenece. Hasta ha dicho que no sería conveniente un gobierno de derecha, lo que implícitamente revela que él, que quiere gobernar, ya la dejó. En consecuencia, es obvio que todo votante de derecha preferirá a Kast. Además, tanto la izquierda como la DC votarán por sus propios candidatos y entonces Lavín se desinflará adicionalmente.

En segunda vuelta, entre Kast y Jadue, gana Kast, porque hasta los millenials, con todo lo perdidos que están en política, rechazarán elegir un gobierno comunista. Hasta ellos se han enterado de los cien millones de muertos (más los 30 millones por hambruna bajo Lenin) y de la caída del Muro.

Pero entre Kast y Provoste no sé quién ganaría, porque ella es DC y, aunque el país sabe que los DC terminan poniendo la alfombra al comunismo, muchos no creen que lo hagan por segunda vez. Por otro lado, ella es tan de la onda marxista que presentó un proyecto en conjunto con el chavista Alejandro Navarro para estatizar los fondos previsionales que hoy son de los trabajadores. Pero Yasna, teniendo a Kast al frente, se va a preocupar de poner hasta cara de neoliberal, sabiendo que tendrá a la izquierda tras de sí de todas maneras. Y es mujer, lo que le confiere una ventaja adicional. 

Con ella en La Moneda no me quedaría otra que repetir lo que un respetable caballero boliviano siempre nos decía a los del grupo de invitados junto a él a Alemania Occidental en 1968, cuando enfrentábamos algún percance: “Todo pudo ser mejor, pero también todo pudo ser peor”.

lunes, 21 de junio de 2021

La Travesía del Desierto de Desbordes

El gobierno militar fue un régimen de derecha exitoso que, ciñéndose al itinerario de la Junta, devolvió a los civiles en 1990 un país próspero, pacificado y con una democracia protegida, que es como debe ser en un mundo contemporáneo donde existe un comunismo universal y poderoso presto a destruirla.

Afortunadamente, la Revolución Militar Chilena 1973-1990 mostró y probó que la economía libre basada en la propiedad, fundamento de todas las demás libertades, podía reemplazar ventajosamente al Estado Benefactor y al comunismo. Todos los países, partiendo por los EE. UU. y el Reino Unido, imitaron el modelo chileno (Niall Ferguson). Y también, gracias al tema de los DD. HH con que la URSS quiso aislar a Chile, después los socialismos reales tuvieron que aceptar elecciones y así prácticamente desaparecieron de la faz de la Tierra, restando todavía sólo unos lunares comunistas que pueden contarse con los dedos de una mano.

Por tanto, la receta obvia para Chile era continuar con un gobierno de derecha y esto lo personificó la UDI en un comienzo y tuvo tanto éxito electoral que llegó a ser el mayor partido en los 90. Las encuestas anunciaban que el 2000 ganaría el gobierno con Lavín, hasta que éste ¡gran sorpresa! se pasó al otro bando lo mismo que la dupla conductora de RN, Allamand-Piñera y ahí se fue al diablo.

Es verdad que Renovación Nacional siempre (incluso en los ‘80) estaba tendiendo a pasarse al otro bando y por eso no tuvo éxito electoral, tanto que sucesivas derrotas convencieron a su mayor exponente, Andrés Allamand (Piñera había quedado marginado en los ’90 porque “lo habían pillado” en el caso Kioto), decidió marcharse a una “Travesía del Desierto”. Así la llamó él mismo y escribió un libro con ese título. Ahora la situación se repite con Mario Desbordes, a cuyos pujos por pasarse al enemigo se opuso una corriente interna encabezada por el incansable senador Francisco Chahuán y lo ha derrotado. Ahora Desbordes debe escribir su “Travesía del Desierto II” y marcharse por un tiempo de la política, tal vez para reunirse frecuentemente con su amigo Sebastián Piñera a tratar de saber qué les pasó y por qué “no lo vieron venir”.

Lamentablemente la UDI, tras el asesinato de Jaime Guzmán, no se dio cuenta de que su éxito se debía a ser continuadora del gobierno militar y cayó bajo el embrujo mortal de Piñera, sufriendo los mismos pujos de RN por irse al otro lado. Lo peor, temerosa de las funas y los insultos comunistas, imitó a RN y suprimió de su Declaración de Principios el reconocimiento de puño y letra al régimen de Pinochet que había escrito Guzmán, cuyo vacío nunca se pudo llenar. La defección de la UDI y su entrega a Piñera dieron lugar al nacimiento del Partido Republicano, pero la reticencia de éste a reconocer en su Declaración de Principios el legado del gobierno militar ha hecho que otros queramos fundar un partido más a la derecha y definido, que sí reconozca ese legado. Se llama Fuerza Nacional, pero no ha logrado las firmas necesarias para constituirse.

Esto último a mí no me importa, porque lo que me constituye en un ejemplar único, minoritario, si es que no solitario, en la fauna política chilena, es que me guío siempre y exclusivamente por lo que creo y no por lo que la mayoría opina. Pero es increíble que Fuerza Nacional no logre las firmas y el “Doctor File”, Cristián Contreras, que declara no ser de izquierda ni de derecha, haya juntado 20 mil y formado en nueve regiones su partido “Centro Unido” (“El Mercurio”, 19.06.21, C-4). Para mí es insólito que los sucesores y supuestos herederos del mejor gobierno del siglo XX y posiblemente de toda nuestra historia independiente no podamos juntar las firmas para constituirnos en tres regiones contiguas u ocho no contiguas. Adicionalmente, el “Doctor File” será candidato presidencial de “Centro Unido” y, como no cumple con el requisito de estar constituido en todo el país, necesario para llevar candidato presidencial, anuncia que reunirá las 15 mil firmas requeridas para presentarse en la primera vuelta. Pero ése es otro tema.

¿Por qué Desbordes se deberá ir ahora a su “Travesía del Desierto”? Porque creyó una tontería muy antigua de la política chilena: que los votos están a la izquierda. Eso hizo que la DC se fuera hacia allá y siempre perdiera, como le sucedió en 1970, cuando salió última en la presidencial. Y le ha venido pasando después de 1990, en que ha perdido más de un millón de votos y hoy es sólo un chiste, que se va a alinear tras Yasna Provoste, la cual presentó junto al chavista Alejandro Navarro un proyecto para estatizar los fondos de pensiones que está en el Congreso, lo cual la sitúa a la izquierda del propio candidato comunista Jadue.

A todo esto, lo peor es que RN cree que ha crecido como partido gracias a su sesgo a la izquierda, pero eso no es así: ha crecido gracias a que la DC se ha ido tan a la izquierda que ha perdido gran parte de su electorado moderado y éste se ha marchado a RN. Por eso la que era principal carta electoral de la DC, Soledad Alvear, hoy es una política jubilada tras su derrota en la senatorial de 2013, donde la superó el socialista Carlos Montes (que, por una ironía del destino, es “un hijo del sistema binominal“, pues obtuvo menos votos que el candidato UDI Laurence Golborne, pero la lista de éste no pudo doblar a la adversaria y por eso salió Montes).

Como en el caso de Chile mismo y de la DC, RN y su jefe Desbordes no han aprendido nada de la historia. Por eso este último debe repetir ahora su propia “travesía del desierto”. Ojalá aprenda algo.

sábado, 19 de junio de 2021

Cinco Traiciones y Un Mal Final

Un simpático brasileño “salido de la selva”, diría Alberto Fernández, ha mandado un video preguntándose cómo el mejor país de América Latina puede estar a punto de caer en el socialismo. Yo he explicado que eso lo hemos hecho otras veces y ahora estamos a punto de repetirlo. Cuando no hay una derecha jugada por la verdad y la libertad (y acá no la hay) se cae inevitablemente en el socialismo.

Cinco traiciones han mediado para ello. La primera la perpetró antes de 1990 Occidente en su conjunto, léase EE. UU. y Europa Occidental. Capturados por la propaganda del KGB, atentaron todo lo que pudieron contra Pinochet y hasta el Reino Unido cometió la canallada de secuestrar a éste, obedeciendo la orden de detención espuria del prevaricador juez socialista Baltasar Garzón. Ya antes, en el decisivo plebiscito de 1988, Occidente había volcado ingentes recursos (“Endowment for Democracy”) al financiamiento de la franja televisiva, diarios, radios y revistas de la campaña del No. Los EE. UU., que dejaron caer en el comunismo a Vietnam del Sur, derrocando al gobierno de derecha de Ngo Din Diem y presionaron al Shah de Irán hasta hacer triunfar al régimen de los ayatolas, se jugaron también contra el triunfo de la derecha en Chile y dieron vuelta el plebiscito a favor de la centroizquierda.

En 1989 la derecha, puesta a elegir entre Sebastián Piñera y Su Seguro Servidor como senador por la RM Oriente, prefirió al primero, con las luctuosas consecuencias de todos conocidas. Si bien en la RM Occidente Jaime Guzmán venció a Ricardo Lagos, luego los comunistas lo asesinaron y no pudo evitar aquellas penosas consecuencias, como lo habría hecho si hubiera seguido vivo.

Elegido Aylwin en 1989, perpetró una traición a poco andar, creando una comisión para juzgar ilegalmente a los militares que habían derrotado a la subversión de izquierda, dándole a la vez a ésta ingentes recursos y prebendas, a través del Informe Rettig. Escribió de paso a la Corte Suprema para que no se aplicara la amnistía ni se terminaran así los procesos contra militares. Presentó a éstos urbi et orbi, no como los salvadores del país que fueron, sino como “violadores de los DD. HH.”, olvidando que él mismo los había defendido públicamente en 1973 de esa acusación cuando estaban en pleno combate. YouTube registró para siempre esa duplicidad de Aylwin. La Concertación después nombró jueces de izquierda hasta que formaron mayoría y dejaron de aplicar las leyes para así poder condenar a todos los militares.

La Corte Suprema hoy confiesa implícitamente esa prevaricación generalizada, al anunciar que pedirá a la Convención Constitucional incorporar en la nueva constitución una norma declarando que los tratados internacionales aducidos para condenar a ex uniformados se aplican por sobre la legislación interna, con lo cual reconoce que bajo la actual Carta no es así y, por tanto, los centenares de sentencias que desconocen la amnistía, la prescripción, la cosa juzgada y otras leyes internas para poder condenar a exmilitares, son inconstitucionales y derivan en los más de 200 presos políticos exuniformados actuales.

La tercera traición la perpetró el entonces comandante en jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, al proclamar en “El Mercurio” de 10 de diciembre de 2004 que su institución era responsable de “todos los hechos punibles y moralmente inaceptables del pasado”. Cohonestó así las sentencias contra sus camaradas “caídos tras las líneas enemigas”. “¿Qué has hecho, Ejército, que ahora/ quienes ayer mandaste a luchar/ están muriendo en las sombras/ en que los dejaste encarcelar?” pregunta el poeta o poetisa anónimo(a). Responde un eco inmanente: “nada”. 

La cuarta traición la perpetraron los principales partidos de derecha, Renovación Nacional primero y la UDI después, fundados bajo el gobierno militar y que le dieron sustento político a Pinochet, cuando suprimieron de sus respectivas Declaraciones de Principios el reconocimiento a la obra del gobierno presidido por aquél, en una actitud cobarde e imperdonable de pánico frente a las “funas”, críticas e insultos que recibían desde el comunismo y hasta la DC, la cual, a su turno, había traicionado décadas antes a los militares.

La quinta traición la perpetró Sebastián Piñera, tras haber prometido en 2009 a las fuerzas armadas y de orden en retiro que, si era elegido Presidente, se preocuparía de terminar con los prolongados procesos y de velar por que se les aplicara la prescripción, dentro de las facultades que tiene el Ejecutivo de velar por la conducta ministerial de los jueces. Lejos de eso, una vez conseguidos los votos de la familia militar y electo, Piñera triplicó el número de querellas contra ellos desde su Ministerio del Interior y hasta impulsó recursos para subir penas de primera instancia, cuando la parte querellante ya se había conformado con la que se había impuesto en carácter remitido y que podía cumplirse en libertad. He recordado esa situación porque a raíz de ella escribí un artículo crítico del respectivo fallo para la Revista del Colegio de Abogados, que me hizo objeto de censura previa y lo rechazó. Esto me llevó a publicarlo en este mismo blog, donde puede leerse desde el 27 de marzo de 2015.

Y la destrucción final del régimen que permitió a Chile ser el más próspero país de América Latina se consumó cuando Piñera rindió a la izquierda nuestra ley suprema y apoyó manifiestamente la opción “Apruebo", para derogarla en el plebiscito subsecuente, tal como la mayoría de sus ministros y hasta altos dirigentes políticos y empresariales de derecha. Y así de consuno junto a la DC, el socialismo y el comunismo destruyeron el fundamento jurídico del éxito de Chile.

Las consecuencias de tanta traición reiterada no terminan. Hoy se avecinan las primarias de Chile Vamos y participan en ellas ¡cuatro pre-candidatos que votaron por el "Apruebo", es decir, por la opción de la izquierda, en el reciente plebiscito! ¿No existe en la centroderecha nadie que se quede por lo menos a apagar la luz y cerrar la puerta por fuera, dado que todos se marchan al campo adversario? 

miércoles, 16 de junio de 2021

El Principio del Fin del Principio

Varias personas me han pedido opinar sobre lo que va pasar. ¡Pero si lo he dicho y escrito muchas veces! Va a suceder lo mismo de siempre: en lo inmediato el país se va a ir de nuevo al diablo. Entonces la mayoría, al cabo de dos o tres años de medidas populares, igualitarias y disparatadas de izquierda, que van a provocar delincuencia, violencia, temor, inseguridad, inflación, pobreza y escasez, va a pedir una mano dura que arregle las cosas y va a favorecer una solución de derecha. Esta va a venir, el país se va a arreglar y un tiempo después de eso entonces de nuevo va a haber otra generación tipo "millenial" a la cual la izquierda va a contarle su cuento de que Chile es un país desigual e injusto y van a favorecer medidas socialistas que volverán a fracasar, hasta que se elija un nuevo régimen de derecha para que arregle las cosas y entonces la izquierda diga que es injusto, reconquiste la mayoría y vuelva a echarlo todo a perder… y así sucesivamente. Pues así es la gente en este país. Es la historia de Chile, que los chilenos repetimos una y otra vez porque no la aprendemos nunca.

He pasado cinco días sin escribir en este blog porque estaba revisando la edición en inglés de mi “Historia de la Revolución Militar Chilena 1973-1990”, que será publicada en EE. UU. y aspiro sea leída en todo el mundo. Yo sostengo que esa revolución fue tan importante como la francesa o la rusa en sus tiempos. Porque Pinochet fue el primero en borrar de una plumada el estado de bienestar de los socialistas democráticos (pues los no democráticos lo único que saben es crear “estados de malestar”, como en Cuba o Venezuela y, próximamente, en Chile). El modelo socio-económico legado por Pinochet ha sido seguido en la mayor parte del mundo.

Y, enseguida, también la revolución militar fue señera por el tema de los DD. HH., que el KGB soviético usó para desprestigiarla, pero eso fue “un tiro por la culata” para los comunistas, pues entonces en todas partes les exigieron a ellos respetar los DD. HH. y al hacerlo se les vinieron abajo todos sus muros, cortinas, alambradas, gulags y gobiernos. Pues libertad y socialismo son un oxímoron.

Entonces ¿cómo no va a haber sido importante para el mundo la revolución militar chilena? Bueno, eso lo van a aprender también ahora los humanos y humanoides de habla inglesa, gracias a mi libro.

Por lo pronto aquí Piñera, la DC y la izquierda están echando a perder el país de nuevo y hay que esperar unos años para que suceda lo del ’73: que la mayoría se dé vuelta y llame a la derecha a arreglar las cosas. Los DC serán de nuevo los primeros en venirse a este lado, como Frei Montalva cuando decía “esto se arregla sólo con fusiles” o Aylwin cuando decía que no podía “juzgar a los militares desde detrás de un escritorio, cuando están recibiendo el fuego”, en los meses en que cayeron 1.500 guerrilleros. Por esas muertes el Aylwin de 1991 (ya olvidado y habiendo renegado de todo lo que había dicho en 1973) acusó a los militares ante el país y el mundo, luego junto a Piñera y a la justicia roja los condenaron y están hoy “muriendo entre esas sombras/ en que los dejaste encarcelar”, como reza el poema “¿Qué Has Hecho Ejército”, de un poeta o poetisa anónimo y que recito de memoria frecuentemente, con emoción y aunque no me lo pidan, porque la mezcla de injusticia, ilegalidad y millonarios negocios vedados que rodean los juicios contra los exmilitares es la mayor inmoralidad chilena de nuestro tiempo.

¿Qué va a pasar entonces? Lo de siempre: nos vamos a ir al diablo y después de unos años nos vamos a recuperar. Pero todavía ahora esto no es el fin. Ni siquiera es el principio del fin, como decía Churchill después de la victoria de Montgomery en el norte de África: que era apenas “el fin del principio”. Pero en este momento en Chile todavía no es ni siquiera eso, sino sólo “el principio del fin del principio”. Pues a los Piñeras, Lavines, Jadues, Provostes, Navarros, Boric, Jiles y similares les quedan todavía muchas barbaridades por hacer antes de que podamos decir que estamos viendo una luz y se trata realmente del “fin del principio”.

viernes, 11 de junio de 2021

Hay Gente Que Se Vuelve Loca

Todos hemos conocido casos. “Tenía todo para ser feliz”, decíamos de ella. Era estupenda, con un buen marido, linda familia y excelente situación económica. Un día se lanzó de un décimo piso y nadie se lo pudo explicar. “Simplemente se volvió loca”, pensábamos los demás para nuestros adentros.

Les pasa a las personas y también a los países: Chile, el mejor de Sudamérica y mejorando en todos los índices. Y un día, por 78 contra 22 por ciento, decide suicidarse. Convertirse en una de esas naciones de donde todos se quieren ir a otra como… Chile.

“¿Qué te pasó, Chile?”, nos preguntan desde fuera. Y no sabemos contestar. Sólo explicamos que la mayoría se ha vuelto loca.

Como los que se vuelven locos cometen locuras, en solemne ceremonia el presidente de la nación inaugura “Cerro Dominador”, planta de energía solar para generar 210 MW de potencia. Con un año y medio de retraso, pero no importa, celebra igual. Es que es “energía limpia”.

Yo sabía que era otra locura más, después de haber entregado la Constitución, pero llamé al experto en el tema, Douglas Pollock, para que me ilustrara y me explicó: la planta gemela de “Cerro Dominador” está en Nevada, EE. UU. y sólo generó el 13 % de su capacidad nominal prometida. Y en el desierto de Mojave, en California, está la mayor del mundo, Ivanpah, de 392 MW, que produjo en promedio un 19 % de su capacidad. “Ambas quebraron y hoy no despachan electricidad a ninguna parte”, me informó. 

A la vez, Douglas me recordó que entre Piñera y Bachelet liquidaron el proyecto HidroAysén, de 2.750 MW de energía limpia, que iba a generar el 85 % del tiempo (factor de planta) con una superficie inundada mínima e iba a ser el proyecto hidroeléctrico más eficiente del mundo. Se perdieron 250 millones de dólares al frustrarlo. Al mismo tiempo se mantuvo la central Rapel, con factor de planta de 30 %, la misma superficie inundada y que produce 21 veces menos electricidad (130 MW versus 2.750 MW).

¿Por qué suceden estas cosas en Chile? Porque hay demasiada gente que se ha vuelto loca. Y cuando son mayoría, la cosa no tiene remedio. Por lo menos no tiene remedio durante mil días, enseña nuestra historia. De la cual muy pocos aprenden y por eso cada ciertos años el país “se pega un balazo en el pie” y la repite.

domingo, 6 de junio de 2021

Preparémosnos Para lo Peor

Lo que hoy sucede no es nuevo en Chile, pero la mayoría no lo sabe porque no conoce la historia del país. Ya ha sucedido antes, no menos de cuatro veces: una mayoría descontenta se inclina por un régimen socialista y lo elige. Éste demora unos meses o años (se han presentado ambos casos) en crear una situación insostenible y de malestar general. Entonces, de una manera u otra (salvo que en el futuro el régimen socialista fracasado obtenga el apoyo de las fuerzas armadas, como en la URSS, Cuba, Venezuela o Corea del Norte, y eternice un sistema totalitario y de partido único) la mayoría se va a arrepentir y va a conseguir sacar al socialismo del poder. Entonces ahí va a venir de nuevo la derecha y va a arreglar las cosas. Pero al cabo de un tiempo la gente va volver a estar descontenta porque va a haber gente rica y desigualdad y eso no se puede tolerar y entonces van a volver al socialismo y al descontento general. Y así sucesivamente.

Nunca ha habido un “…y los chilenos fueron felices por muchos años.” Un gerente norteamericano residente decía que Chile, cada vez que estaba a punto de ser desarrollado, se pegaba un balazo en el pie. El 15 de noviembre de 2019 Piñera se rindió y entonces se amartilló el gatillo. El 25 de octubre de 2020 el arma se disparó y Chile quedó herido en el pie. El 15 y 16 de mayo la izquierda desplegó sus fuerzas para la toma del poder. “El resto es álgebra”, como decía mi profesor de cálculo.

Ahí quedó acreditado que la izquierda manda y ya lo del matrimonio igualitario no viene a representar otra cosa que un gesto de Piñera para decirle a la izquierda que ya puede comenzar a aplicar su programa porque hasta la actual administración lo adoptó.

La criticada moción de diputado Jorge Alessandri en orden a autorizar el retiro de la totalidad de los aportes previsionales no es otra cosa que una elemental medida de precaución antes de que el socialismo les incaute a los trabajadores sus fondos. Es lo mismo que hacen las personas de mayores recursos. El economista y exconsejero del Banco Central Sebastián Claro llamó la atención acerca de que en 2020 salieron 2.500 millones de dólares del país en circunstancias que, en el neto, en años anteriores entraban 10 mil millones (“El Mercurio”, 02.05.21,C-3). “Fuga de capitales”. ¿Por qué los trabajadores no van a poder poner a salvo los suyos y los empresarios y personas acaudaladas sí?

Las causas son sabidas: 1) Educación en manos de la izquierda; 2) Prensa dominada por periodistas de izquierda; 3) “Entreguismo” de la derecha (Piñera y más de la mitad del gabinete y hasta el presidente de la Sociedad de Fomento Fabril votaron “Apruebo” junto a la izquierda); 4) “Entreguismo” de los partidos de derecha (RN y UDI borraron de sus Declaraciones de Principios el reconocimiento que hacían al gobierno militar); 5) Avalancha de películas, videos, documentales de TV y libros demonizando a Pinochet y quienes lo apoyaron; 6) Censura a sus defensores (la Revista del Colegio de Abogados, cuando lo controlaba la derecha, censuró y se negó a publicar un artículo mío criticando un fallo prevaricatorio contra exmilitares; fui expulsado del estudio de canal 13 por negar que el gobierno militar atropellaba sistemáticamente los DD. HH. y el dueño del canal pidió disculpas públicas por haberme invitado); 7) Piñera criminalizó a quienes lo llevaron a La Moneda tachándolos de “cómplices pasivos” de supuestos delitos; 8) El gobierno de centroderecha financia organismos de DD. HH. encargados de proteger a violentistas de izquierda y legitimar sus acciones.

¿Cómo querían, entonces, que Chile no volviera a tropezar con la misma piedra?

miércoles, 2 de junio de 2021

Contra lo que Dios Manda

Yo había escrito este blog sobre la última rendición de cuentas de Piñera (nunca más adecuada la palabra “rendición”) y lo había titulado “Piñera se Vende al Diablo”, pero cuando creí archivarlo, algo lo hizo desaparecer y perdí dos horas de trabajo. De modo que, resignadamente, decidí rehacerlo con el nombre de Dios, para que no volviera a desaparecer.

En la cuenta final de sus dos mandatos, destinados básicamente a procurar realzar su propia figura, acaparar todos los focos y titulares y, tras haber luchado hasta el último instante por conseguir que su última cuenta a la nación se transmitiera en horario “prime”, para que el mayor número posible de telespectadores tuviera que ver y oír a la persona que él más ama, Piñera logró un epílogo paradigmático: esta vez rindió al comunismo el último valor que nos quedaba, la familia.

Nuestra actual y excelente Constitución, legada por el mejor Presidente del siglo XX, si es que no de toda nuestra historia, dice en su artículo 1°: “La familia es el núcleo fundamental de la sociedad”. Y como ya Piñera “se había echado” otros dos núcleos casi tan fundamentales como ése, el estado de derecho, en su primer mandato, al triplicar las querellas inconstitucionales, ilegales y arbitrarias contra exuniformados; y la Constitución misma el 15 de noviembre de 2019, ya durante su segundo mandato, sólo le faltaba “completar su legado” y "echarse" el “núcleo fundamental de la sociedad”, propiciando una falsificación del matrimonio, como la que pretende consagrar entre personas de un mismo sexo.

Pues la piedra angular de nuestra juridicidad, el Código Civil de Bello, dice textualmente: “el matrimonio es un contrato solemne por el cual un hombre y una mujer se unen actual e indisolublemente... para vivir juntos, procrear y auxiliarse mutuamente”. De modo que llamar “matrimonio” a otras uniones es destructivo del “núcleo fundamental”, la familia.

Por la vía de la degeneración izquierdista de las costumbres y la convivencia tenemos hoy una realidad penosa: tres de cada cuatro niños nacen fuera del matrimonio, y .por eso hay falanges de jóvenes destructivos que han arrasado nuestras ciudades, dejando, de paso, en evidencia la incapacidad de Piñera de cumplir con una de las dos obligaciones básicas de todo Presidente, defender la soberanía y mantener el orden público.

Ya se había rendido Piñera en su primer mandato a la izquierda y arrasado con el debido proceso para exmilitares, en forma tan indignante como la que llevó al suicidio al general (r) Odlanier Mena, preso pese a ser inocente del delito que se le imputaba, ya además jurídicamente extinguido por la amnistía, la prescripción y la cosa juzgada; y como el general Héctor Orozco, igualmente inocente, pues estaba cumpliendo diez años por salir a preguntar en 1973 el origen de unos disparos. El respectivo ministro sumariante rojo también había pasado por sobre la amnistía, la prescripción y la cosa juzgada.

Esta carnicería del debido proceso fue un primer legado de Piñera. Y el segundo consistió en rendir la Constitución misma que le dio a Chile los mejores treinta años de su historia y lo elevó al primer lugar de América Latina, sólo perdido en este segundo mandato suyo a manos de Panamá.

Y ahora, al desvirtuar el “núcleo fundamental de la sociedad”, satisfaciendo los anhelos de un marxismo-leninismo demoledor de las bases de la chilenidad, Piñera ha puesto un broche de oro final a su gestión.

El minuto de silencio que pidió para las víctimas de la pandemia debió haberse hecho extensivo, entonces, a los valores fundamentales que él se ha dedicado metódicamente a destruir, contra lo que Dios manda y contra lo que es mejor para nuestra hoy alicaída chilenidad.