domingo, 26 de abril de 2015

¡Por Favor, Al Menos No Hablemos de Probidad!

          “Nadie es profeta en su tierra”. He referido cómo, hasta en mi propia familia, critican que yo exponga TODAS las faltas a la probidad y no sólo las que convienen “a nuestro sector”.

          Un amigo que vive en ultramar me escribe: “…no escasean los ululantes dispuestos a castigar o a amedrentar a quien se atreva a desafiar a los caudillitos de pacotilla que ensombrecen la vida nacional, pero lo más elevado de la condición humana clama por perseverancias ennoblecedoras como la tuya. No son pocos quienes redescubren el utilitarismo ignominioso de la prudencia y del silencio. Shakespeare, conocedor perspicaz de estas sutilezas, inmortalizó el problema y lo aconsejable que a muchos se les antoja resolverlo a gran distancia del honor, la decencia y la honestidad. He ahí el inmortal monólogo de Falstaff en la segunda parte de su Enrique IV, en el cual el insigne vate –a través de su rotundo personaje— presenta el concepto del honor como algo tan ridículo como carente de valor. Por supuesto que tal parlamento es salvajemente irónico y sólo sirve para acentuar la estatura moral ejemplarizante de aquellos seres humanos privilegiados, como tú, que comprenden que vidas huérfanas de honor y honestidad no sólo son corruptas sino que corrompen todo a su alrededor”.

          Yo entiendo la desesperación de la derecha. La Nueva Mayoría está destruyendo el modelo de sociedad libre que legó el Gobierno Militar y la gente que aprecia lo que ello significa para el futuro de Chile está dispuesta a todo, hasta a asirse de un clavo ardiente, con tal de que el socialismo no se perpetúe en el poder. Cada vez más personas creen que lo hará. Leo que el millonario Nicolás Ibáñez, que tras vender su red de supermercados a Walmart amasa unos miles de millones de dólares, emigra a los EE. UU. con su patrimonio y disuelve su oficina local de negocios. Leo que Horst Paulmann vende el Banco París y está buscando comprador. Un experto financiero me refiere los casos de otros empresarios chilenos (del rango de los 200 millones de dólares), que están cerrando su venta a inversionistas extranjeros. Lo interpreto como que los chilenos “sabemos mejor” del futuro local que los foráneos. Los que vendieron universidades privadas a extranjeros antes de la razzia de Piñera y la Concertación contra la industria de la educación superior chilena por lo del “lucro”, que tantas pérdidas les ha generado, sin duda “sabían mejor”.

          Entonces, me dicen, “el fin justifica los medios”. ¿Qué necesidad hay de destacar las facturas ideológicamente falsas de Piñera o el hecho de que haya pagado a sus ejecutivos con platas electorales que le dio Soquimich? Y añaden: “Nuestra prensa” oculta todo eso, pero tú insistes en exponerlo”. “¿Por qué no te callas?” Piñera tiene la plata, tiene ganas, está bien en las encuestas y comprará todo lo necesario para ganar, incluso a la Nueva Mayoría, a la cual llevó a votar en favor suyo días atrás en la Cámara, para rechazar el informe que lo acusaba de faltar a la prescindencia en el caso Cascadas. ¿En qué país vives, Hermógenes?”

          Yo les contesto que bueno, pero entonces, por favor, al menos no mintamos y no hablemos de ética. Digamos francamente que estamos buscando la ventaja política y la manera de ganar a cómo dé lugar. Confesemos que nada de esto tiene que ver con la probidad.

El problema es que ni siquiera lo confesamos. Hoy he leído a Cristián Monckeberg, presidente de RN, declarando, en “El Mercurio”, que su partido no apoyará a nadie que haya sido condenado por faltar a la probidad. Pero ¿cómo? Si ya lo hizo y todos saben que lo volverá a hacer. Sebastián Piñera había sido condenado por la resolución 306 de la SVS por faltar a la probidad al comprar acciones con información privilegiada y RN lo llevó como candidato presidencial y ganó con él. ¿Alguien cree que no lo volverá a hacer en 2017? Entonces, ¿por qué dice Monckeberg esas cosas?

          ¿Alguien cree que la Presidenta no sabía de los negocios de su nuera y su hijo si lo había nombrado en un cargo ad honorem y, sin embargo, ambos exhibían obscenos “signos exteriores de riqueza”? Porque incluso ella, que es no creyente, sabe que “sacristán que vende velas y no tiene cerería, de dónde peccatas mea, si no es de la sacristía?" Y está empeñada en una tremenda campaña político-publicitaria por la probidad.

          Al menos seamos honestos en reconocer que no nos importa, con tal de ganar dinero o poder. ¿Para qué agravar con la mentira y la hipocresía nuestro estado de corrupción general?

viernes, 24 de abril de 2015

La Ética y la Política

          Cuando en mi hogar se supo la noticia publicada en “El Mostrador”, de que los pagos por parte de SQM de facturas de una sociedad del director de Chilevisión, Jaime de Aguirre, que era de Piñera en 2009, eran para pagarle a éste su bono de desempeño, mi familia unánime y categóricamente me pidió que “no hablara de eso, que no siguiera con lo de Piñera”.

Ahí me di cuenta de lo equivocado que estoy. “Nuestra prensa” es inmisericorde para encontrar boletas presuntamente falsas de Peñailillo, pero ni siquiera publica las de Piñera, como en el caso de las de de Aguirre. Es decir, el candidato Piñera pedía plata para su campaña a SQM y Aguas Andinas, (más otras empresas que, púdicamente, “El Mostrador” no quiere nombrar), pero los dineros se destinaban a cubrir deudas de una empresa del candidato, Chilevisión, con sus ejecutivos de Aguirre y Conca (este último no quiso comentar). Horrible por donde se le mire. Una Piñericosa mayor, sin duda. Pero en mi hogar me piden que me pliegue a “nuestra prensa” y, al igual que ella, no diga nada.

“Pero qué quieren, ¿que sea cómplice pasivo?”, argumento. “¡Sí!”, me dicen categóricamente la vocera oficial de mi hogar y el coro que la secunda.

¿Qué quiere decir esto? Que el tema no es ético, sino político.

Hoy día un grupo de jóvenes de derecha escribe a “El Mercurio” que los partidos del sector no deben esperar el veredicto de los tribunales para sancionar conductas contrarias a la ética de sus militantes. Ellos, todos bastante centristas, están seguramente pensando en Jovino Novoa. Pero lo mismo se aplica a Piñera, que fue nombrado por Hugo Bravo con una factura a la Fundación Futuro, que ésta desmintió; y luego aparecieron numerosas facturas de Bancorp (Piñera) a SQM, que aquella firma dijo correspondían a asesorías financieras, pero el vicepresidente de finanzas de SQM declaró que nunca había sabido de tales informes ni los había utilizado; y ahora las facturas de los ejecutivos de Chilevisión. ¿Están dispuestos los mismos jóvenes centroderechistas firmantes de la carta a “El Mercurio” a demandar a los partidos del sector que, por consideraciones éticas, nieguen su apoyo a Piñera? Yo creo que no, pero si ellos mandan otra carta a “El Mercurio” afirmando que sí están dispuestos y que no se puede apoyar a un candidato que esté detrás de esas cosas, les creeré. Apuesto doble contra sencillo que no lo van a hacer, porque esto es política, no ética, para ellos también.

Nuestro país no es ético. Derecha e izquierda se dicen, en el fondo de su conciencia: “si la trampa me sirve para ganar, la hago”. Y obran así. La justicia de izquierda obra así. “Nuestra prensa” oculta y cohonesta las trampas propias y denuncia y magnifica las de izquierda. La de la Nueva Mayoría hace lo mismo. Pero si sus integrantes reciben “un ofrecimiento que no pueden rechazar”, se dan vuelta, porque no son éticos, y a la hora de una ganancia personal, tampoco son políticos. ¿Alguien ha llamado a escándalo por el hecho de que los parlamentarios de gobierno se dieran vuelta en la sala de la Cámara el jueves para rechazar un informe apoyado por su propio sector en la comisión y que Piñera quería ver rechazado? Se dieron vuelta y lo rechazaron, y “nadie dijo nada… nadie dijo nada…”, salvo este blog. 

Pero en mi propio hogar me piden que este blog “no siga con el tema”.

          Es que “el tema” no es la ética, sino la política. Por eso es importante que venga llegando Insulza. Ya se ha abrazado con Piñera y lo ha elogiado. ¡Es que son de los mismos! Entre bueyes no hay cornadas, no hay que sacarse la suerte entre gitanos. ¿Se acuerdan cuando a principios de los 2000 Lavín tenía la siguiente elección en el bolsillo, encabezaba todas las encuestas y el socialista Cortés Terzi escribía que la Concertación estaba bailando “El Vals del Adiós”? Bueno, Insulza estaba en Interior y apareció de la nada una publicación llamada “Plan B”, que inventó todo un cuento con “el menor LZ” acusando de pedofilia a senadores UDI, sobornado con las zapatillas que le regaló Girardi, mientras el cura Jolo y Gemita Bueno llevaban la batuta del escándalo contra la UDI (detrás del cual también estuvieron Piñera y Pía Guzmán) y la candidatura de Lavín se vino abajo en las encuestas. Nunca nadie le pudo sonsacar a Insulza quién financiaba “Plan B”.

Claro, después aparecieron los sobres con billetes, las triangulaciones del MOP-Gate y todo lo demás. Pero como se trata de política y no de ética, hubo un gran perdonazo y todo quedó atrás. Otro gran triunfo de Insulza. Reparó lo irreparable. Bueno, ahora llega a eso. ¿Tú crees que a éI lo estarían acosando como a Peñailillo? Por supuesto que no. Se sacudiría de todo, tal como Piñera se sacude ahora de los $318 millones en facturas de Bancorp y los $135 millones de la sociedad de de Aguirre a SQM, y el forward de $49,9 millones, diciendo que no tiene nada que ver.

Por algo el primer acto del Panzer llegando al país fue juntarse con Piñera, elogiarlo y hacer cosas juntos. Este país lo manejan los viejos zorros y no los jóvenes rurales ni los que escriben cartas al diario rompiendo lanzas por la ética, que caen en todas las trampas. Aquí no tienen nada qué hacer los que andan buscando informes de asesoría para justificar sus boletas. Los pesos pesados no necesitan justificar nada, niegan todo, silencian a los diarios importantes para que no publiquen nada que los perjudique y dan vuelta las votaciones como si tal cosa.

          No es la ética, sino la política. Ésta y no aquélla importan a la derecha y la izquierda. La primera quiere evitar que la segunda desmantele el país como lo está haciendo, y no le importan los medios. La segunda quiere desmantelar el modelo y lo va a seguir haciendo, y tampoco le importan los medios. Y a tipos como a mí, a quienes nos importan el país, pero también los medios, que pensamos que la ética tiene algún valor, nos piden que nos quedemos callados. A mí me lo han ordenado en mi propio hogar. Juzguen ustedes si me he sometido.


martes, 21 de abril de 2015

Renuncia de Piñera

          Se dice que si se comprueba que las boletas de honorarios emitidas por el Ministro del Interior cuando era un simple profesional, hace dos años, no corresponden a servicios efectivamente prestados, él debería renunciar. Está implícito en ese pronunciamiento el concepto de que quien ha incurrido en dicha falsedad no puede desempeñar ese cargo. Por supuesto, mucho menos puede una persona que ha incurrido en esa conducta ser Presidente de la República. Y si no puede serlo, tampoco puede ser candidato al cargo.

          Claro, estas cosas se juzgan públicamente de acuerdo al eco que encuentran en los medios de comunicación. Si aparecen en todos y los periodistas y sus entrevistados crean un clima de escándalo en torno al caso, la condena popular es inevitable. Entonces un mismo hecho puede merecer un muy diferente juicio social según si es o no divulgado en los medios de comunicación. El que controla éstos, controla la opinión general.

          Por ejemplo, apareció en un solo diario, “La Tercera” del lunes, la declaración del vicepresidente de finanzas de SQM, Ricardo Ramos, que ocupa el cargo desde 1994, en el sentido de que no existió nunca asesoría financiera alguna de Bancorp, la firma que administra el patrimonio del ex Presidente Sebastián Piñera, a dicha empresa, SQM.

          Pues en el listado de facturas pagadas por dicha sociedad que están siendo judicialmente investigadas, han aparecido quince, por un monto de $318 millones, cobradas por Bancorp entre 2009 y 2010.  Esta última firma ha declarado que “corresponden a servicios de asesorías financieras en materia de administración de inversiones”. Pero el vicepresidente de finanzas de SQM ha precisado: “Nunca tuve un insumo que proviniera de esta supuesta asesoría… La única explicación plausible es que nunca existió… Desconozco totalmente a este proveedor, desconozco la factura, no he tenido ningún servicio asociado a ésta”.

          Pero todo esto apareció en un solo diario y no fue recogido por ningún canal de televisión. La prueba cierta de que $318 millones en facturas ideológicamente falsas emitidas por la sociedad que administra el patrimonio de Sebastián Piñera es menos noticia que la mera sospecha de que boletas de honorarios emitidas hace dos años por el Ministro Peñailillo cuando era un simple profesional, por un monto veinte veces menor, ha quedado de manifiesto en estos días: la información de lo primero no ha aparecido en ningún otro diario ni en ninguna pantalla de televisión, mientras la de lo segundo ha llenado grandes titulares y acaparado el espacio noticioso televisivo y hasta el de la farándula.

          Así, tan desequilibradamente, se forma el juicio de la opinión pública chilena. Y por algo mi anterior blog, referido a actuaciones del ex Presidente Piñera, se titula “El Político Más Poderoso de Chile”.

          Pero supongo que los Catones que abundan en el país para defender la moral pública y piden la renuncia de Peñailillo por la mera sospecha de que no haya prestado los servicios que indican sus boletas, con mayor razón ahora van a solicitar la renuncia de Sebastián Piñera a una posible candidatura, sin esperar a marzo de 2016, como él ha anunciado.

Puesto que si algo debe quedar claro es que los estándares éticos exigibles para ejercer la Presidencia de la República en ningún caso deberían ser más bajos que los que deben demandarse en un Ministro del Interior.


Esto, por cierto, si Chile fuera una sociedad en que la moral pública merece alguna consideración. 

sábado, 18 de abril de 2015

El Político Más Poderoso de Chile

          El semanario “Qué Pasa”, caracterizado por sus recientes aciertos periodísticos, anuncia en su edición del viernes: “La UDI se arrima a Piñera”.

          Es que, en medio del tsunami que ha sufrido ese partido como secuela del terremoto en el grupo Penta, su principal aportante económico, se ha quedado sin recursos para sostener su estructura partidaria. Entretanto, se ha erigido en el principal operador político dentro de la colectividad el ex ministro del Interior y primo hermano de Sebastián Piñera, Andrés Chadwick, quien a la vez preside la Fundación “Avanza Chile”, formada por el ex mandatario para garantizar su continuada presencia en el escenario político. A la misma pertenece también su ex ministra Cecilia Pérez, activa en los medios de comunicación en la defensa de la imagen del ex mandatario y que ha anunciado para marzo de 2016 la decisión acerca de si éste será o no candidato en la próxima elección presidencial de 2017, anuncio cuyo contenido todo el país conoce de antemano. Si Chadwick es la mano derecha política de Piñera, Cecilia Pérez es su mano izquierda, la cual no deja de ser importante, puesto que Sebastián es zurdo.

          En medio del clima de crisis política que vive el país, provocado por las conductas de personas de gobierno, parlamentarios y dirigentes partidistas, de sus familiares (usados por ellos), y de algunos empresarios, la UDI ha quedado a la deriva y sin liderazgos propios, debido a la atmósfera de desprestigio que le generó el caso Penta.

Yo le anuncié a ese partido hace seis años que precisamente eso le sucedería si adhería a la candidatura presidencial de Piñera, que había sido su peor enemigo desde el instante mismo en que empezó a regir la plena democracia prevista en el articulado permanente de la Constitución. Incluso le pronostiqué a dicha colectividad una “toma de control hostil” del partido por parte de Piñera, una vez desarticulado por haberse arrimado a su mala sombra en 2009. Pero no preví que la crisis iba a derivar de la ayuda que recibía de sus militantes más acomodados, eso es verdad. Sea como fuere, ello la ha llevado a una situación desesperada y, como el mismo “Qué Pasa” escribe ayer: “…cada vez cobra más fuerza la posibilidad de que la UDI apoye tempranamente una segunda candidatura de Sebastián Piñera. Así lo han hecho saber parlamentarios y dirigentes de la UDI, incluso algunos que en el gobierno pasado no fueron cercanos al ex mandatario”.

          “Poderoso caballero es don Dinero”. “Primum vívere, deinde philosophari” ("primero hay que vivir, después filosofar").

          Pero no quería hoy comentar el caso de la UDI, salvo para poner de relieve el poder político que ha adquirido Sebastián Piñera. Este deriva de tres condiciones personales suyas: ser poseedor de una gran fortuna, la cual está dispuesto a emplear a fondo en su propio beneficio político; tener una ambición de ganancia, poder y figuración que no repara en medios para conseguirlos; y estar dotado de una gran audacia.

          Eso explica situaciones insólitas, como la que se presentó el jueves en la Cámara de Diputados, cuando se trataba de aprobar el informe de la comisión investigadora del “caso Cascadas”. Los escuderos de Piñera en dicha comisión, por una inadvertencia, no actuaron a tiempo para frustrar un dictamen desfavorable de la misma para su mandante, pues el informe final presentado a la sala dijo: “No es posible para esta comisión determinar con absoluta certeza si Sebastián Piñera cumplió o no con su deber público de abstención de involucrarse en negocios privados de su interés en su calidad de Presidente a la fecha de los hechos investigados”. Y eso era inadmisible para el así aludido.

          Pues este párrafo daba fuerza a la afirmación fundamental del principal investigado en el “caso Cascadas”, Julio Ponce, que recibió toda suerte de presiones de parte de Piñera, accionista de las sociedades Cascadas, para fusionarlas, lo que le generaría a éste una ganancia de capital. Dicha afirmación de Ponce fue: “Si el Presidente no hubiera sido accionista de las Cascadas, no habría habido caso Cascadas”.

          Entonces el ex Presidente no podía permitir que la Cámara, controlada por la Nueva Mayoría, aprobara el informe de la comisión que puso en duda su cumplimiento de su deber de abstención. ¿Y qué hizo? Yo no sé lo que hizo, aunque lo sospeche, pero ganó la votación siendo su sector una minoría, y el informe fue rechazado por 41 votos en contra, versus 31 a favor y 14 abstenciones. El diputado socialista Juan Luis Castro comentó en “El Mercurio” de 17.04.15: “Es bochornoso, porque donde había una mayoría clara y argumentos para haber aprobado (el informe de) la comisión, me parece insólito que se encuentre con un revés en la sala. Lo que significa que hubo parlamentarios de la Nueva Mayoría que no acompañaron la votación de sus propios representantes en la  comisión”.

          Obvio: recibieron una oferta que no pudieron rechazar, y votaron en favor de Piñera. Es una historia conocida. Durante el gobierno de éste, el diputado Jorge Burgos presidía la comisión investigadora de su compra de acciones LAN con información privilegiada y tenía mayoría de cinco concertacionistas versus tres aliancistas, pero al poner en votación la medida de pedir la grabación de la voz que ordenó la compra a Banchile Corredores, voz que todo el mundo iba a reconocer, se encontró con la sorpresa de que la medida fue rechazada por cinco a tres. Es que estaba lidiando con un político poderoso y audaz, al punto de que al menos dos parlamentarios del bando de Burgos recibieron un ofrecimiento que no pudieron rechazar, y entonces el objetivo de esa comisión investigadora también se frustró, tal como ahora el de esta otra, del caso Cascadas. El diputado Castro habló de “humillación insólita” y del peligro de quiebre de la coalición gobernante. Es que no sabía con quién estaba tratando.

          Cuando se habla del “caso Cascadas”, el 99 por ciento de los chilenos piensa que se trata de algunos operadores financieros que hicieron ganancias indebidas comprando o vendiendo acciones de las Cascadas y que fueron sorprendidos por la Superintendencia. Pero la verdad es otra: el Presidente de la República de la época quería ganar más dinero y presionar al controlador de las Cascadas, Julio Ponce, para que las fusionara, y así hacer esa ganancia. La corredora Moneda, que administraba las acciones pertenecientes al Presidente, instó a la Superintendencia a investigar las transacciones de Ponce. Esto no lo digo yo, lo dice un ex funcionario de Piñera, docente de la UC,  Martín Larraín, en “La Segunda” del 17.03.15: “Una administradora de fondos, Moneda, hizo las primeras denuncias por el caso Cascadas. Dicho de otra forma, estos casos los han levantado los inversionistas, no la autoridad. Y ellos han ejercido presión por sanciones cada vez más severas”.

          ¿Qué le decía Pedro Pablo Gutiérrez, de Moneda, a Julio Ponce en agosto de 2013? Que le pasarían “una multa monstruosa de cien millones de dólares, salvo que hubiese fusión”. Esto lo reveló Ponce en “El Mostrador” el 12 de marzo de 2014 y no ha sido desmentido. Y también dijo que el abogado Darío Calderón le refirió una conversación con el Presidente en que éste le dijo: “Encárgate tú de la fusión, que yo me encargo de la Super”. Calderón nunca ha desmentido esto en más de un año. Y también Ponce reveló que el director Patricio Phillips, de las Cascadas, había hablado con el subsecretario de Hacienda de Piñera, Julio Dittborn, y éste le había relatado que en una reunión del comité político en La Moneda, a la que concurrió como subrogante del titular de Hacienda, el Presidente le preguntó en qué iba el tema de la fusión de las Cascadas. Después que esto se publicó, Dittborn y todos los demás que estaban ese día en el comité político declararon que nunca se había hablado ahí de las Cascadas. Fue como en la URSS, donde borraban de las fotos oficiales las imágenes que no les convenían.

          ¿Cuál es la conclusión? Que hay un político muy poderoso, que siempre se sale con la suya, y está listo para volver al poder, dado que hoy tenemos un gobierno que marcha contra el sentido de la historia y pretende regresar a un socialismo real, desmantelando la estructura de la economía libre que legó el Gobierno Militar y nos llevó desde el vagón de cola de las naciones subdesarrolladas, donde estábamos en 1973, al primer lugar del hemisferio y a una sociedad libre que todos quieren imitar. Y está más que claro que la gran mayoría no desea esa regresión. Cualquier encuesta lo demuestra.

          Por consiguiente, en 2018, o antes, si prospera la proposición de adelantar las elecciones, la mayoría va a votar por cualquiera que se ofrezca a detener el desastre general que ha desatado este gobierno. "La Moneda está ahí". ¿Y quién va a ser el depositario de ese apoyo electoral? No se ve a nadie, salvo al político más poderoso de Chile, cuya fortuna, cuya ambición y cuya audacia lo convierten en el heredero natural del poder después del desastre de Bachelet. El único que, gracias a su audacia infinita, ha flotado por sobre el escándalo, aunque figure su Fundación Futuro recibiendo, a través de Hugo Bravo, $50 millones de Penta; aunque aparezca un forward suyo con CB por otros $50 millones y aunque aparezcan facturas de su firma Bancorp, por más de $300 millones por "asesorías" a SQM en plena campaña presidencial. Nada de ello es presentado con escándalo en la prensa, como en el caso de los $20 millones de Velasco o los $45 millones de Ominami, ambos, a diferencia de Piñera, acosados por periodistas inquisitivos, que no se atreven siquiera a plantearle el tema al político más poderoso de Chile. Éste también libre de ser públicamente crucificado por Yerko Puchento y otros Savonarolas a la violeta que predican en el medio local. Es que goza en todas partes, salvo en este insobornable blog, de un manto de protección general.

Todo lo demás lo tiene perfectamente controlado el político más poderoso de Chile, tanto como las comisiones investigadoras o la sala de la Cámara o los restos náufragos de la UDI y, en breve, la conducción de RN y el manejo de los medios y los políticos que le permiten su fortuna, su ambición y su audacia, en un país que tiene desde hace mucho tiempo quebrado su espinazo moral.

miércoles, 15 de abril de 2015

Piñera y Sus Presos Políticos

          Es casi risible que Sebastián Piñera aparezca intercediendo por dos presos políticos venezolanos, cuando su reciente gobierno ha sido coautor o cómplice activo en la tarea de apresar personas por razones políticas en Chile. Además, no hemos olvidado cuando, ante las cámaras de todo el mundo (imán irresistible para él) formó parte de la “guardia de honor” que veló junto al féretro de Hugo Chávez, fundador del régimen antidemocrático venezolano y antecesor e inspirador de Maduro.

          Cuando Piñera llegó al poder había acá alrededor de 300 causas judiciales tramitadas contraviniendo el ordenamiento jurídico y dirigidas contra los agentes del Gobierno Militar que, desde 1973, debieron enfrentar al ejército clandestino “poderosamente armado” y que se aprestaba a dar el autogolpe totalitario, según describió Patricio Aylwin en sus declaraciones de octubre de ese año. El contingente de ese ejército era superior a veinte mil efectivos, entre los diez mil nacionales que Altamirano confesó a Patricia Politzer y los más de más de diez mil extranjeros ingresados clandestinamente entre 1970 y 1973 y comprobados por la OEA. En su libro, “Detrás del Muro”, Roberto Ampuero, que formaba parte de los primeros, calcula que sólo los cubanos eran más de tres mil.

          Los uniformados que los combatieron han sido y son procesados o presos políticos; y el que más incrementó la persecución contra ellos fue Piñera, pues cuando asumió en 2010 las causas eran unas 300 y ahora pasan de mil, a instancias de la Oficina de DD. HH. del Ministerio del Interior. El abogado especialista Marcelo Elissalde Martel lleva una detallada contabilidad de los casos, que comunica periódicamente por Internet. El diario digital “Chile Informa” también mantiene información actualizada.

          Ella indica que en este momento hay unos cien presos políticos uniformados en el país, 71 en Punta Peuco y el resto en regiones; y los ilegalmente procesados llegan a 700. Esa puede considerarse en gran medida “la obra de Piñera”, que en una “pasada” típica de su personalidad especulativa y para remontar en las encuestas, se bienquistó, gracias a esa persecución judicial, con la extrema izquierda, en particular cuando, con una sevicia innecesaria, a los pocos oficiales que cumplían prisión política en un lugar aceptable, los trasladó en forma vejatoria y publicitada, y bajo la bandera de la hoz y el martillo y con las hordas comunistas aplaudiendo, al hoy hacinado penal de Punta Peuco.

          ¿Con qué cara dura este promotor de la prisión política de uniformados chilenos se erige como crítico de Nicolás Maduro por apresar a apenas dos opositores suyos?

          Pues se define como preso político a quien legalmente debería estar libre, pero va preso arbitrariamente y por una interpretación mañosa de la legislación. Piñera se hizo cómplice de la prisión política cuando adhirió, a través de su Oficina de DD. HH. del Ministerio del Interior, a querellas ilegales contra militares. En algunos casos fue coautor, como en la causa 288-12 de la Corte Suprema, en la cual, tras haberse conformado tanto los condenados como los querellantes con la sentencia de primera y segunda instancia de 541 días de presidio remitido (es decir, a cumplirse en libertad), la citada Oficina del Ministerio del Interior, por sí y ante sí, recurrió de casación ante la Corte Suprema para obtener un aumento de la condena. En un fallo famoso por su antijuridicidad, el cual comenté en un artículo que la revista del Colegio de Abogados no quiso publicar, pero que yo reproduje en mi blog del 27 de marzo último, Piñera y la Suprema lograron condenar a presidió de cinco años y un día efectivos a los cinco oficiales (r).

          La acción del anterior presidente y los jueces de izquierda ha dado lugar no sólo a numerosas prisiones políticas adicionales, sino a francos y continuados atropellos a los derechos humanos de los ex uniformados, como en el caso del general FACH Enrique Ruiz Bunger, que tiene 87 años y sufre las secuelas físicas de un atentado terrorista en contra suya y del general Leigh, que consumó el FPMR comunista, y que ha sido ahora ingresado a Punta Peuco.

          Hace unos años se dictó una ley para que ningún subversivo que hubiera cumplido diez años en presidio siguiera preso, y todos fueron liberados. En cambio, todavía hoy hay al menos ocho uniformados que han cumplido más de veinte años de presidio. Cuando, con el patrocinio de la Iglesia y previo acuerdo con la Concertación, se iba a dar igual beneficio a los presos políticos uniformados, la notoria defección DC impidió beneficiar igual que a los terroristas a quienes nos salvaron de su asonada totalitaria.

          La persecución política contraria a los DD. HH. y alentada por Piñera continúa. El abogado Adolfo Paúl ha comunicado en estos días el ingreso a Punta Peuco del oficial retirado de la Armada Bernardo Daza, víctima de un cáncer terminal y con un horizonte de vida de cinco meses; y también del ex oficial Pedro Osses, que en la causa rol 2113-13 de la Corte Suprema ha sido condenado a cinco años y un día porque, siendo un joven oficial, trasladó a un individuo de su lugar de trabajo al Ministerio de Defensa hace decenas de años, habiéndolo entregado sano y salvo, como se reconoce en el propio expediente. Nuevo delito: “trasladar a un sujeto de un punto a otro por orden superior”. Si eso no es prisión política, ¿qué lo es?

          Que Piñera aparezca ante las cámaras protestando contra la que se aplica en Venezuela, cuando él ha sido el mayor promotor de la misma en Chile, y sobre todo habiéndoles prometido a los uniformados en retiro, como candidato, velar por el debido proceso y la aplicación de la prescripción, sólo puede ser tolerado por una opinión pública afectada por la misma descomposición moral del Poder Judicial y de la clase política de la cual Piñera es fiel representante.  

martes, 14 de abril de 2015

Abusos de la Memoria

          Como éste es el “país de los cerebros lavados”, algunos de los más insignes lavadores se aprovechan de la desmedrada condición recordatoria de los chilenos para contarles fábulas históricas, como la del cronista que, en la sección “Día a Día” de “El Mercurio” de hoy, afirma que antiguamente la política chilena, “cualesquiera fueran los sectores dominantes, era austera y, sobre todo, inspirada en el servicio público”. Ahora, en cambio, continúa diciendo, la política se ha transformado en “el montaje de un producto publicitario enajenante del criterio ciudadano… por lo que se ha recurrido mendigante a algunas empresas para obtener los recursos necesarios. Tal es, en verdad, la causa final de la catástrofe ética en que estamos sumergidos”.

          Pero, “en verdad”, también antes de 1970 se consumaban conductas político-electorales no sólo escandalosas, sino peores que las que recientemente hemos conocido, con la única diferencia de que permanecían ocultas y sus autores no eran “pillados”, como ahora. Tal vez porque los Hugo Bravo o Sergio Bustos de aquellos años guardaban discreto silencio.

          En las memorias del almirante Ismael Huerta, quien fuera alto funcionario y ministro del Gobierno Militar (“Volvería a Ser Marino”, tomo I, pág. 382), él revela que bajo el gobierno democratacristiano de Frei Montalva, en 1969, y siendo Director de Armamentos de la Armada, le correspondió tratar con los representantes de firmas europeas que iban a vender a la institución un costoso material para modernizar la red de comunicaciones navales.

Pero en la última reunión le comunicaron que había un aumento de 250 mil dólares en el costo del material adquirido. Como la Armada tenía un presupuesto fijo, ello significaba que los proveedores dejarían de entregarle el ítem “repuestos”, para así encuadrarse en la disponibilidad económica que había. El almirante les hizo ver su molestia, pues el descuento representaba un menoscabo considerable. Recuérdese que en 1969 una onza de oro valía 36 dólares y hoy vale mil doscientos. Es decir, el recorte representaba más de ocho millones de dólares actuales.

          Entonces el que hacía de cabeza de los proveedores, un británico, Thomas Peddar, representante de la Casa Gibbs y Cía., antes de marcharse y en vista del malestar del almirante, volvió sobre sus pasos y le explicó, “colocando una mano en un costado de la boca como para apagar el sonido de la voz”: “It’s for the party” (“Es para el partido”).

El partido gobernante era el PDC y se avecinaban las elecciones presidenciales de 1970.

Evidentemente la plata no le alcanzó al candidato “del partido”, que llegó tercero, después de Allende y Alessandri; pero probablemente sí alcanzó para asegurar el triunfo del postulante marxista, gracias a los votos que el DC Tomic pudo sustraer al de derecha mediante la “inyección” de ocho millones de dólares de hoy a su campaña, en perjuicio de Alessandri, que perdió por apenas 39 mil votos… y en detrimento de las capacidades de la Armada de Chile.

Así es que la única admiración que pueden suscitarnos estos emocionados recuerdos enaltecedores de los “políticos de antes” sería la derivada de su habilidad para ocultar a los ojos de la ciudadanía el origen de los fondos que usaban para conquistar los votos de la misma.

domingo, 12 de abril de 2015

El Mal Ejemplo

          No sé por qué llaman “crisis” la revelación de variadas inconductas de personajes públicos, en circunstancias de que ellas han sido reiteradas y conocidas en el pasado y el país mayoritario las ha cohonestado una y otra vez.

          Éste no sólo no es un país honrado, sino que no quiere ser honrado. Y lo peor es que se miente a sí mismo a ese respecto. En mi blog del 26 de marzo comenté la afirmación de un historiador, en el sentido de que ningún Presidente chileno se había enriquecido en el cargo, “con una excepción”, la cual todos se supone que sabemos cuál es, porque el cerebro colectivo ha sido convenientemente lavado a ese respecto. Y en ese blog demostré con cifras objetivas que el mandatario acusado había sido el que menos se había enriquecido, si es que eran verdaderas las cifras de sus acusadores, por comparación con quien le antecedió y quienes le sucedieron en el cargo.

          La verdad es que a la mayoría votante no le importa nada la probidad. Entonces ¿por qué vamos a entrar en crisis cuando múltiples hombres públicos aparecen faltando a ella? ¿Alguien cree que no van a ser reelegidos? Uno de los que ha soportado más acusaciones fundadas a ese respecto es el senador Girardi, quien resulta reelegido una y otra vez con grandes votaciones. Parece que las “malas prácticas” de que lo acusó el ex ministro Velasco le atraen muchos votos.

          ¿Cuáles son los ejemplos que nos dan nuestros hombres públicos, y cómo reaccionamos ante ellos?

          Cuando las compras con sobreprecio de aulas tecnológicas a España por parte del ministro de Educación Ricardo Lagos, efectuadas por un particular de su confianza, pero con recursos del ministerio, provocaron aparente escándalo público, nada de ello fue inconveniente para que posteriormente Lagos fuera candidato presidencial, primero (derrotado en primarias por Frei) ni Presidente de la República después, derrotando a Joaquín Lavín. La probidad no fue tema de campaña, siquiera.

          Luego, bajo el gobierno del mismo Lagos fueron descubiertos los “sobres con billetes” de gastos reservados que los sucesivos gobernantes de la Concertación “se llevaban para la casa”, desde la presidencia de Aylwin en adelante. El monto quedó explícito en 2004, pero al descubrirse el escándalo, en lugar de castigarse a los culpables, se les aumentó el sueldo en lo mismo que sustraían, que era de $1.690 millones al año, monto en que fueron disminuidos los gastos reservados. Es decir, cada dos meses se enriquecían lo mismo de que acusaban “al único mandatario que se enriqueció en el poder” haber sustraído en 17 años.

          Pero esa falta de probidad tampoco le importó nada a la mayoría del electorado. En 2005 ésta le renovó su mandato a la Concertación azotada por acusaciones comprobadas de faltar a la probidad. Y pese a que los “sobres con billetes” eran una minucia comparados con otros escándalos, como el MOP-Gate.

          A partir del 2010 la Concertación perdió el poder, pero no por el tema de las faltas a la probidad, pues el elegido Presidente de la Alianza había sido condenado poco antes por comprar acciones usando información privilegiada. A la mayoría tampoco eso le importó nada.

          Hoy en “El Mercurio” viene un conmovedor artículo del presidente de la Corte Suprema titulado “Honradez”. Es una égloga en homenaje a esta virtud tan escasa en nuestro medio. Sintomáticamente aparece la tercera edición de “Procesos Sobre Violación de Derechos Humanos: Inconstitucionalidades, Arbitrariedades e Ilegalidades”, del abogado Adolfo Paúl Latorre, donde se hace un recuento de las faltas de honradez de los jueces que preside el magistrado autor del artículo, que consisten en faltar a la verdad de los hechos, desconocer el texto de leyes vigentes, aplicar otras que no están vigentes en Chile y fundar los procesos en documentos “ideológicamente falsos”, término acuñado por la nueva justicia penal.

Esta peculiar “honradez” lleva a los jueces a sostener en sus sentencias un atropello flagrante a la verdad evidente: que militares presos en Punta Peuco mantienen a extremistas secuestrados hasta hoy. La misma “honradez” llevó al ministro sumariante Alejandro Solís a condenar a sucesivas cadenas perpetuas virtuales al brigadier (r) Krassnoff ¡sin haberlo interrogado nunca!, siendo la declaración indagatoria un trámite esencial del proceso penal. Solís la sustituía en el expediente por fotocopias de declaraciones de Krassnoff en otros procesos, las que constituían, por consiguiente, declaraciones indagatorias “ideológicamente falsas”. 

“Honradez” conducente a que esté cumpliendo doce años de presidio en Punta Peuco el, en 1973, teniente Hernán Ovalle Hidalgo, por haber leído a través de un megáfono una lista de nombres, sin haberla confeccionado ni saber el propósito de la lectura. No se le imputa otra actuación. “Lectura de lista”, delito nuevo creado por nuestros “jueces honrados” y que merece doce años de presidio (causa 516-07 de la Corte Suprema).

Además, parece haber unanimidad para “barrer bajo la alfombra” la falta de probidad judicial, pues cuando hice un análisis de otro fallo de la Suprema que desconocía normas fundamentales del debido proceso y lo envié a la revista del Colegio de Abogados, su consejo de redacción se negó, por mayoría, a publicarlo (hay mayoría de “centroderecha” en el Colegio, por supuesto). Usted puede leer el artículo en mi blog del 27 de marzo último.

En resumen, la falta de probidad no importa. El ejemplo que nos dan las principales personalidades del país es de todo lo contrario.

¿Por qué no dejamos de quejarnos de ella? ¿Por qué insistimos en añadir la hipocresía a la deshonestidad? ¿Por qué no reconocemos la verdad que vemos a diario, de que Chile es un país corrupto, que todos lo saben y la mayoría popular una y otra vez lo perdona?