miércoles, 17 de diciembre de 2014

Cinismos de la Dictadura Judicial

          Tocqueville decía que la dictadura de los jueces es la peor de todas, porque es la única que no tiene remedio. En efecto ¿a quién se recurre ante los atropellos de los jueces de izquierda? A otros jueces de izquierda o a tribunales colegiados con mayoría de izquierda. En otras palabras, en Chile no hay adónde recurrir.

          La dictadura judicial en materia de derechos humanos ya ha propasado todo límite, y atropellado reiteradamente los propios derechos humanos de los militares, en particular de octogenarios enfermos, condenados ilegalmente y a los cuales ni siquiera se les reconoce sus beneficios carcelarios. Y, además, dicha dictadura judicial está más cínica que nunca.

          Pues el cinismo, según la Real Academia, “es la desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”. Bueno, nuestra justicia de izquierda, partiendo por la mayoría de la “sala penal” de la Corte Suprema hacia abajo, ha hecho públicos y reiterados ejercicios de cinismo, pero últimamente ha batido sus propias marcas en dos casos.

          Así, en el juicio politizado mediante el cual un juez de triste memoria (y que ha quedado en el basurero de la historia) decretara el desafuero del senador Pinochet, ese singular “magistrado” debió pasar por sobre todas las leyes, la verdad de los hechos y las pruebas del proceso, en el estudio del cual me especialicé, tanto que escribí en 2001 un libro, al respecto, “La Verdad del Juicio a Pinochet”, que estuvo largamente entre los más vendidos y mereció tres ediciones, con un total de 4.500 ejemplares, sin ser jamás refutado circunstanciadamente.

Como es sabido y está probado, ni el general Pinochet ni su delegado, el general Arellano, que encabezó una comitiva que tenía por misión regularizar y acelerar los juicios militares en octubre de 1973, tuvieron nada que ver con fusilamientos ilegales que se perpetraron en algunos de los lugares que ella visitó. Bueno, pero como estamos en Chile y de lo que se trataba, por parte de la izquierda, era de “condenar por los diarios” a Pinochet, obedeciendo la consigna dictada por Brezhnev y el KGB, en el hecho no hubo un verdadero juicio. Por algo hace poco habían transcurrido, desde que se inició (sin base legal alguna) en 1998, dieciséis años sin sentencia de término.

En él, el ex Presidente y ex senador fue sobreseído por muerte. Su general delegado también lo ha sido en un proceso, que está en las manos de un enésimo ministro sumariante (en este caso, “enésima”, Patricia González). Pero ni ella ni sus antecesores han cumplido el mandato legal expreso del artículo 107 del Código de Procedimiento Penal, que les ordena examinar si existe una causal de extinción de la responsabilidad para, en caso afirmativo, poner inmediato término al juicio. En éste hay a lo menos dos causales, la amnistía y la prescripción, pero no se aplican, porque la ley penal para los militares no rige.

Bueno, han pasado quince años de esa situación de atropellos increíbles, políticamente motivados, y hace unos días leí que un comandante, a quien en mi libro señalé como responsable directo de 55 fusilamientos ilegales perpetrados al margen de todo conocimiento u orden de los generales Arellano o Pinochet, ha sido por fin condenado (también ilegalmente, porque se trata de delitos amnistiados y prescritos) ¡a una pena remitida! Es decir, el principal responsable de las muertes que les achacaron a Arellano y Pinochet no pasará un día en la cárcel.

Hasta la gordita Madeleine Albright, Secretaria de Estado norteamericana de paso por Santiago, se permitió decir que Pinochet estaba “bien procesado”, porque para ella, una izquierdista, era lo políticamente correcto. Y resulta que el que apretó el gatillo, sin saberlo Pinochet, ha quedado al fin libre. Los comunistas todavía derraman lágrimas porque Pinochet no fue a la cárcel. Bueno, el que mató a las víctimas que le imputan a éste, tampoco.

Esto es una burla final de los jueces de izquierda, y tiene un fundamento: culpar a Pinochet era lo que políticamente exigía la izquierda. Y por eso el autor de las muertes, que mintió y dijo haberles sido ellas ordenadas por Pinochet, es premiado con la libertad (a la cual, en todo caso, tenía derecho legal en virtud de la amnistía y la prescripción, y por eso no doy su nombre.) Pero ¡cuántos oficiales que no han mentido para salvar el pellejo, como les exige el chantaje judicial de la izquierda, cumplen largas condenas de presidio efectivo! Aunque sólo sea por “haber estado ahí” (y alguno sin siquiera haber “estado ahí”).

El cinismo consiste en dejar libre de la cárcel al que cumple con la exigencia política de la judicatura de izquierda: culpar a Pinochet. Un artículo del Código Penal Chileno de Izquierda (Karen Cariola podría estarlo preparando) seguramente dirá: “Ningún chileno cumplirá condena alguna, por graves y numerosos que hayan sido sus delitos, si culpa de ellos a Pinochet”.

Otra reciente manifestación de cinismo judicial ha sido sobreseer al general Arellano (que en su ancianidad está hace años privado de razón), pero ¡no sin antes dictar auto acusatorio en su contra, culpándolo de la muerte de dos GAP, guardia armada personal de Allende) en circunstancias de que, como está probado, lo único que hizo Arellano fue ordenar el traslado de ellos, que habían sido apresados en Curicó, a Santiago! Acá llegaron a un regimiento y luego fueron cambiados a otro en San Bernardo, donde fueron fusilados. Nada de eso lo ordenó, y ni siquiera supo, Arellano, que no tenía mando ni autoridad para decidir en el caso.

Pero la actual ministra sumariante lo ha acusado de esas muertes e inmediatamente lo ha sobreseído, lo que impide a su defensa presentar ningún recurso contra el auto acusatorio. Pues el general Arellano nunca quiso alegar amnistía ni prescripción, pues estaba seguro de poder demostrar su correcto proceder y completa inocencia. Creyó que trataba con una justicia de verdad. Bueno, ahora la justicia de izquierda le impide a su defensa, en este caso, demostrar su inocencia, al sobreseerlo por demencia. ¿No es eso un “ejercicio de una acción vituperable”, que es lo que define al cinismo?

En una nueva edición del “libro negro de la justicia chilena”, aparecido en 2013 y titulado “Procesos Sobre Violaciones de Derechos Humanos: Inconstitucionalidades, Ilegalidades, Arbitrariedades”, de Adolfo Paúl Latorre, debería añadirse los dos testimonios de cinismo judicial de que he querido dejar constancia hoy.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Del "Minuto Heroico" al "Primer Sentido"

          Dicen que la escena del diputado Ignacio Urrutia pidiendo el minuto de silencio en memoria de Pinochet y de los quince valientes que lo apoyaron de pie en la Cámara dio la vuelta al mundo, recinto este último (y también aquél) en que los partidarios de la sociedad libre somos minoritarios y, por tanto, en gran parte del cual sorprendió que se rindiera tributo a la memoria del salvador y reinstaurador en Chile de la misma.

Su legado, que partió con la derrota armada del marxismo totalitario a un costo mínimo, pues en lugar del millón de muertos que preveía el guerrillero Comandante Pepe en la guerra civil que preparaba, resultaron apenas 3.197, después siguió con la consagración del principio de subsidiariedad y las garantías individuales reconocidas en la Constitución de 1980, el fortalecimiento del derecho de propiedad que atrajo la inversión extranjera e incrementó la nacional; las privatizaciones, la creación de la salud y la previsión privadas, la liberación del comercio internacional, la creación del FUT y las rebajas de impuestos y, en fin, que culminara con la restante panoplia de libertades que le hizo posible a Chile convertirse en la “joya más valiosa de la corona latinoamericana” (Clinton), no ha sido olvidado. El diputado Urrutia y sus “quince de la fama” nos dicen, en esta hora en que está siendo sistemáticamente demolido, que “aún tenemos Patria, ciudadanos”.

          Habría sido eso lo más importante de la semana si no hubiera tenido lugar otro “hecho esencial”: el inesperado y espontáneo reconocimiento de la Presidenta en cuanto a que su “primer sentido” le había dicho, al plantearse la reforma educacional, que ésta debería partir por la enseñanza pública.

Eso es de una profundidad e importancia que sólo un medio político tan superficial como el chileno podría soslayar o utilizar apenas para obtener alguna ventaja propagandística transitoria.

Pues ese “primer sentido” de la Presidenta es por completo ajeno al evidente “verdadero sentido” de todo lo que hace su gobierno, partiendo por dicha reforma educacional: llevar a cabo en Chile una revolución de izquierda. El tema de ésta no es “mejorar la educación”, sino “cambiar la educación”. El punto está en ponerla en manos del Estado, es decir, de los revolucionarios, y no en limitarse a procurar que ella sea mejor. De lo que se trata, ha dicho el jefe de este compartimiento revolucionario, es “bajar de los patines” a los mejores y no “subir a los patines” a los peores, cosa que se lograría mejorando la educación pública, que es la más deficitaria, y dejando tranquilos a los que obtienen logros superiores precisamente como consecuencia de la libertad de que gozan.

Lo del “primer sentido”, entonces, confieso, me ha hecho quedar completamente descolocado. Yo partía de la base de que Michelle Bachelet 3.0 estaba empeñada en una gesta revolucionaria típicamente marxista, y así como buscaba destruir el corazón de la libertad económica a través de la mayor tributación, el corazón de la libertad social a través de la re-estatización de la salud y la previsión, y el corazón de la eficiencia productiva privada y del crecimiento mediante la reforma laboral, de igual modo buscaba sacar de las manos de ciudadanos libres y plurales la enseñanza de los niños chilenos. Por eso, precisamente, la reforma propuesta por su gobierno dejaba de lado e intacta la enseñanza peor, la pública, y centraba sus fuegos en la restante, la privada, para terminar con la libertad de los privados en su gestión y ponerla en manos del Estado, es decir, de los revolucionarios.

Pero ahora la Presidenta nos sale con esta inexplicable frase reaccionaria, su “primer sentido”, pleno de reflexión positiva, inspirado en mejorar la enseñanza y, para eso, apuntar a comenzar por remediar la peor, la pública.

Toda una declaración de principios en cuanto a que realmente se debería asignar recursos a (y perfeccionar la labor de) las escuelas municipales magras y decadentes, en lugar de dirigir los cañones del acorazado Potemkin, capitaneado por el “tovarich” Eyzaguirre, a destruir hasta el último bastión de la libertad de enseñanza de los emprendedores chilenos.

Por eso, al menos “aquí y ahora”, tanto el “minuto heroico” como el “primer sentido” me hacen exclamar (provisoriamente) emulando a Manuel Rodríguez después de Rancagua, “¡aún tenemos Patria, ciudadanos!”

viernes, 12 de diciembre de 2014

El Minuto que Estremeció a Chile

          El diputado Ignacio Urrutia (UDI) es tan valiente, pero tan  valiente, que no le tiene miedo a los comunistas. Pues eso es señal de heroísmo en el Chile de hoy, manejado por éstos con su látigo del amedrentamiento y el terror.

Urrutia hizo uso de su derecho de solicitar un minuto de silencio en la Cámara en conmemoración del aniversario de la muerte del principal estadista chileno del siglo XX, Augusto Pinochet.

          Los comunistas estaban furiosos, así es que hubo una estampida en la sala de los que les temen, que son casi todos los demás, mientras la brigada roja levantaba pancartas denigratorias del estadista fallecido en 2006. Pero diez valientes diputados UDI y cinco valientes RN se quedaron y adhirieron al homenaje, poniéndose de pie.

Lamentablemente, otro UDI, más joven y con el cerebro suficientemente lavado por las consignas, Jaime Bellolio, no encontró nada mejor que mandar un twitter a “La Tercera” en estos penosos términos: “No estuve de acuerdo ni participé de minuto de silencio. Hoy es día de respetar dignidad y DD. HH. de todas las personas. De ayer y de siempre”. Está a salvo. Puede parar de temblar. Hasta es posible que la bancada marxista se haya acercado a decirle: “¡Qué bien!”

          También el alter ego de Sebastián Piñera y ex ministro suyo, Jaime Mañalich, aportó lo suyo: “Ayer un diputado, en un acto de estupidez máxima, pidió un  minuto de silencio para recordar al dictador Pinochet”.

          Y he visto en la televisión a verdaderos energúmenos preguntando: “¡¿Cómo es posible?!” ¡Esto no puede volver a suceder! Es que es desobedecer la orden de Brezhnev al KGB de hace 41 años, de acusar a la Junta, en todo el mundo, de “violaciones a los derechos humanos”. Pero ésta lo que hizo fue defender los derechos humanos de los chilenos, que estábamos bajo inminente amenaza de verlos atropellados por una dictadura marxista-leninista que tenía un contingente de diez mil irregulares chilenos y un número igual o mayor de extranjeros ingresados clandestinamente al país para tomarse el poder por las armas. En su tiempo lo denunciaron todos los líderes democráticos del país, entre ellos Frei Montalva y Aylwin.

          Por fortuna, los historiadores investigan más allá de las consignas y se han dado cuenta de todo. Paul Johnson ha declarado: “El general Augusto Pinochet fue demonizado por la Unión Soviética y la propaganda comunista. Lo villanizaron y eso fue el gran éxito de la propaganda comunista”. (“Las Últimas Noticias”, 09.04.06).

          Pues Pinochet defendió los derechos humanos de los chilenos al frustrar una intentona totalitaria, y luego les dio libertades y entregó el gobierno a los civiles bajo una carta tan democrática que sigue rigiendo, en lo sustancial, hasta hoy. Y que, justamente por garantizar firmemente los derechos de las personas, los totalitarios quieren derogar.
          El mismo Paul Johnson, en su libro “Héroes: de Alejandro el Grande y Julio César a Churchill y De Gaulle”, dice que la demonización de Pinochet entre las “élites habladoras del mundo fue el último éxito del KGB antes de que desapareciera en el basurero de la historia. Pero para mí –añade-- sigue siendo un héroe, porque yo conozco los hechos” (p, 279).

          Pero en el miserable Chile actual, en que la izquierda domina sin contrapeso en los medios de comunicación y la gente le tiene miedo a la invectiva comunista, el minuto de silencio fue un terremoto para los pusilánimes, arrepentidos, tránsfugas y de convicciones débiles y conocimientos escasos, que han comprado toda la campaña marxista. Ésta impera sin contrapeso en los medios, especialmente en la televisión.

El miedo a los marxistas es histórico. Ayer en “El Mercurio” Axel Kaiser citó una frase de Ludwig von Mises sobre la razón de este temor: “Marx y Engels nunca trataron de refutar a sus oponentes con argumentos. Los insultaron, ridiculizaron, difamaron y denigraron, y en el uso de estos métodos sus seguidores no son menos expertos. Su polémica nunca se dirige contra el argumento de su oponente, sino siempre contra su persona”.

          El minuto de silencio heroico en la Cámara estremeció a este pobre país mentalmente colonizado, el cual, habiendo elegido el gobierno que se merece,  se apresta a desmantelar la obra de Pinochet y la Junta, que hicieron un gobierno mucho mejor del que Chile se merecía, y lo “cambiaron de pelo” y sacaron de la mediocridad en la cual había vivido gran parte del siglo XX, para convertirlo en ejemplo para el hemisferio y el resto de las naciones.

          ¡Honor al diputado-héroe y a los quince valientes que lo siguieron! Pusieron el pecho a las balas comunistas cuando otros arrancaban, se rendían o “se daban vuelta la chaqueta”.

          El tiempo, los historiadores y el triunfo final de la verdad les darán la razón.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Honra Fúnebre a la Libertad de Enseñanza

          Con la aprobación en general en el Senado de la ley liberticida sobre educación, la actual revolución socialista en curso en Chile da un paso gigantesco.

          En una sociedad libre la educación es un tema privado. Cualquiera puede ganarse la vida enseñando y hacerlo con el mejor programa que se le ocurra. Los padres son libres para elegir adonde van a estudiar sus hijos o decidir que lo van a hacer en su hogar mediante el “home school learning”, que ha tenido señalados éxitos en los Estados Unidos. Bajo el Gobierno Militar había libertad de enseñanza y por eso los comunistas fundaron una “Escuela Latinoamericana de Integración”, que funcionaba libremente.

Pues al calor del sol de la libertad florecen las más diversas y variadas iniciativas para educar, surgidas del ingenio humano. Y a los que no tengan dinero para pagar la enseñanza, el Estado puede dárselo, financiando “vales” o “vouchers” para matricular a los hijos en los mejores colegios que elijan los padres. En Chile el presupuesto fiscal de educación es de siete BILLONES de pesos anuales que, si en lugar de ir a financiar la burocracia, se entregaran a las familias, darían acceso a todos a la enseñanza particular pagada, que es la mejor.

Las pruebas internacionales lo prueban, pero son ocultadas por la burocracia que medra del presupuesto. Ayer, sin ir más lejos, la Agencia de la Calidad de la Educación, engendro del gobierno socialistoide de Piñera, fue públicamente desmentida de su afirmación de que ”somos el país que tiene las mayores diferencias entre un grupo socioeconómico y otro”. La entidad privada “Acción Educar”, en carta a “El Mercurio” expuso que en la prueba internacional TERCE Chile aparece como el que entrega mejor educación en el nivel básico; y en la prueba TIMSS aparece Chile entre los líderes en aumento de puntaje desde 1999; y, en fin, en la prueba PISA 2012 obtiene el primer lugar en Latinoamérica en todas las áreas evaluadas. La burocracia, para suprimir la libertad, engaña.

          Lo que sucede es que la revolución estudiantil marxista de 2011 se fundó en consignas; y el país serio, que es asustadizo, “las compró” y permite que se repitan y prevalezcan, lo cual termina en la aprobación de la legislación liberticida. Porque el marxismo impone sus consignas por la fuerza, y a quienes no las acogen los insulta, cuando no los agrede. Luego, vivimos bajo el imperio del miedo a opinar en favor de la libertad, que es para los marxistas lo que la exhibición de un crucifijo para los endemoniados.

          La educación socialdemócrata actualmente vigente en Chile mantuvo injertos de libertad. Así, todavía subsiste la educación particular pagada, que las pruebas PISA han demostrado que está al nivel de países desarrollados (ver mi blog de fecha 04.05.14). Sin embargo, el otro día vi en CNN que Tomás Mosciatti, en entrevista a una de las personas que más sabe de educación en Chile y que defiende la libertad de enseñanza, Patricia Matte, le aseveraba que la educación particular pagada nacional “es un asco”… y ella no lo refutaba.

Pues bien, la prueba TIMSS  2011 acreditó que, lejos de ser “un asco”, está al nivel de los países desarrollados. En matemáticas 4° básico tuvo resultados mejores que Serbia y Australia; y en 8° básico, mejores que Israel y ¡Finlandia! En ciencias 4° básico los tuvo mejores que los Estados Unidos, y en 8° básico mejores que los de Eslovenia y Rusia. Pero eso se oculta, porque “particular” y “pagado” son anatema para el socialismo.

          Bueno, el hecho es que el engendro marxista de la dupla ídem Bachelet-Eyzaguirre es aprobado en general en el Senado, con el apoyo, naturalmente, de los kerenskys chilenos, acerca de los cuales la única confianza que podemos tener es de que, cuando la sangre esté a punto de llegar al río, se van volver a asustar y, tal como en 1973, van a cerrar filas con la derecha y la libertad y van a salvar al país de nuevo… si pueden. Porque la mano del gato que usaron en 1973 para sacar las castañas del fuego (y que ellos mismos después quemaron adicionalmente y lo siguen haciendo) ya no va a estar disponible.

          La aprobación en general del proyecto educacional marxista es el anuncio de la muerte de la libertad de enseñanza en Chile. Si alguien cree que la educación particular pagada, que todavía no han prohibido, se va a salvar, es que no sabe nada de revoluciones: más temprano que tarde, subirá al cadalso, que quedará desocupado cuando ya hayan rodado las cabezas de miles de emprendedores dueños de escuelas particulares subvencionadas.

          Y así Chile va a aprender que “no al lucro, no a la selección, no al copago”, como voceaba la calle en 2011 y se ha aprobado por mayoría en el Senado, fue también un gigantesco “no a la libertad de enseñar”.

Que ella descanse en paz.

viernes, 5 de diciembre de 2014

La Receta es Muy Sencilla

          Michelle Bachelet va “en caída libre”, como dice el senador Andrés Zaldívar. Su desaprobación, según la encuesta Adimark, es mayor que la de todos sus ministros, salvo dos, el de Educación y el de Transportes, que la tienen peor.

          ¿Cambio de gabinete? ¡No! ¡Si el problema es ella! Pues tiene una receta infalible, que ya ha explicado (cita no textual): “la reforma tributaria va a permitir que los que tienen más paguen más, para que haya más igualdad y para financiar el mejoramiento en la educación; cuando la educación mejore, el país va a crecer más y va a alcanzar antes el desarrollo”.

Michelle Bachelet ha comenzado a tratar de aplicar su receta, que es la más sencilla de la política, tan antigua como el Imperio Romano y que siempre, repito, siempre, lleva a una caída final como la de dicho Imperio: quitarles a los ricos para darles a los pobres, con el fin de que todos sean iguales, y entregarle al Estado la tarea de hacer que, entonces, todos vivan felices y por muchos años.

          El Imperio Romano cayó por eso. ¿Quieren una explicación más detallada? En http://www.youtube.com/watch?v=6PcaciZean4, se la dará a ustedes el profesor de economía Jesús Huerta de Soto, de una universidad madrileña, en sólo 7 minutos. En resumen, en Roma había agricultores que se enriquecían vendiendo caro el pan. El emperador resolvió distribuirlo gratuitamente a la gente, a la cual, a la vez, mantenía entretenida con los espectáculos gratuitos del Coliseo: “panem et circenses”. Receta infalible. Pero los agricultores se arruinaron y sus trabajadores se fueron todos a Roma, donde se podía vivir gratis. El Estado de Bienestar en forma. A los emperadores se les comenzó a terminar el dinero. Entonces dividieron las monedas y fijaron los precios. Y se prohibió a los campesinos irse a Roma. Fueron los primeros “siervos de la gleba” (como los mapuches chilenos que no pueden vender libremente sus tierras, permitiendo lo cual se habría terminado hace muchos años “el problema mapuche”). Bueno, se desató la Inflación en Roma, apareció el mercado negro y con él el descontento general. Cayó el Imperio, sobrevino la Edad Media junto con el feudalismo. Y el progreso se detuvo por mil años.

          ¿Por qué cayó el Muro de Berlín? Por lo mismo, claro que dejando atrás ciento diez millones de muertos (pues desde la publicación del “Libro Negro del Comunismo”, este último se ha acreditado diez millones de muertes más). Lo resume todo la frase de un ex comunista cubano, Leonardo Padura, en su libro “El Hombre que Amaba a los Perros”: “La Unión Soviética legaría al futuro su fracaso y el miedo de muchas generaciones a la búsqueda de un sueño de igualdad, que en la vida real se había transformado en la pesadilla de la mayoría” (p. 257).

          Acá el sólo anuncio y debate del “sueño de la igualdad” está haciendo despertar prematuramente a la mayoría, que algo ha aprendido, pese al masivo lavado de cerebros, y ya avizora “la pesadilla”.

Es el eterno problema del socialismo. No tiene en cuenta la naturaleza humana. Salvador Allende, cuyo ideal quiere completar Michelle Bachelet, según ha dicho alguna vez, también tenía el “sueño de la igualdad”. Él creía que si su gente usurpaba empresas y se tomaba los campos, bajo la tutela de sus funcionarios se iban a producir bienes más abundantes y baratos y el pueblo iba a ser feliz. Pero sólo hubo déficits gigantescos, escasez generalizada y mercado negro. Y el pueblo no fue feliz. Sobrevino “la pesadilla de la mayoría”, cuyos representantes en el Parlamento lanzaron un urgente pedido de auxilio a los militares, que éstos, en mala hora para ellos, atendieron. Y legaron a la mayoría “la joya más preciada de la corona latinoamericana”, justo antes de que los Aylwin y compañía (en la cual militaban los legatarios de Allende) en señal de agradecimiento metieran presos a todos los militares que pudieron, cosa que, mediando el fuerte concurso de Piñera, siguen haciendo.

¿Va a cambiar un nuevo ministerio la “sencilla receta” de Michelle Bachelet? No. Para que la misma cambiara, ELLA tendría que estudiar la historia de la caída del Imperio Romano, la de la caída del Muro de Berlín, la verdadera historia de la UP, la de los dolorosos ajustes que sufren hoy los “Estados de Bienestar”, leyendo de paso el libro de Mauricio Rojas, “El Otro Modelo Sueco”; y, lo más importante, convencerse de cuál es la realidad.

Si no, si sólo va a cambiar el gabinete y continuar tratando de aplicar su “sencilla receta”, entonces la “caída libre” va a continuar.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Locos por Pinochet

          Como dicen que decía Huidobro, “si no fuera para llorar, seria para la risa”. Los chilenos de 2014 están, sencillamente, “locos por Pinochet”. A mí algunos me critican por estar, afirman, “pegado en el pasado”, pero los que están pegados son no sólo ellos, sino TODOS.

          Díganme si no es para reír (o llorar, usted elija) el lío que han armado con la medalla “Comandante en Jefe Capitán General Augusto Pinochet”. Un senador socialista, en estado de desesperación tras haberse enterado de que ella existe, le ha oficiado al Ministerio de Defensa para que ponga término a esa gravísima situación, que hace peligrar la estabilidad moral, emocional, síquica y neurológica del país. Y entonces el Ministro, que es de lo mejor que tiene la DC pero eso no lo exime de llevar el ADN kerensky, inmediatamente ha acogido la iniciativa marxista y puesto término al gravísimo atentado contra la estabilidad anímica del país, dictando el decreto que exorciza y borra del reglamento de la condecoración las palabras “capitán general Augusto Pinochet”. ¡Qué alivio! Chile deja de convulsionar. Lentamente vuelve en sí y pregunta “¿dónde estoy?”

          Pero todo esto es “mucho peor, mi general”, frase que hizo proverbial un alto uniformado, hoy fallecido, próximo al Presidente Pinochet, que cuando el círculo más cercano a éste analizaba alguna situación de crisis, como las que viven todos los gobiernos de todos los países aproximadamente una vez a la semana, siempre aportaba esa frase característica: “Mucho peor, mi general” y en seguida demostraba a los presentes por qué debían estar mucho más alarmados de lo que desaprensivamente lo estaban.

          Bueno, el caso de la medalla “Comandante en Jefe Capitán General Augusto Pinochet” es “mucho peor, mi general”, porque al primero que se le ocurrió suprimirla no fue a un marxista, sino, adivinen ustedes, ¡a un Comandante en jefe del Ejército! En efecto, en 2006 el general Juan Emilio Cheyre, que firmó la rendición  incondicional de esta rama uniformada ante sus vencedores marxista-leninistas, fue “más papista que el Papa” y sugirió suprimir el nombre de Pinochet  de la referida medalla.

Cheyre se caracterizó por ofrendar a sus vencedores de extrema izquierda compensaciones superiores a las que éstos habían exigido, pues ha quedado grabada con letras de fuego para la historia su famosa declaración no solicitada, publicada el 10 de diciembre de 2004 en “El Mercurio”, en que el Ejército se echaba la culpa de “todos los hechos punibles y moralmente inaceptables del pasado”, lo cual produjo el sortilegio de transformar a los marxistas –que se lo siguen creyendo hasta hoy— de agresores en agredidos, de victimarios en víctimas y de totalitarios en demócratas.

          Cuando en 2006 Cheyre propuso suprimir el nombre de Pinochet de la medalla, el país, que hace ocho años todavía conservaba una brizna de sentido común, se hizo el desentendido y la medalla siguió tal cual. Pero los comunistas y los jueces de izquierda han seguido adelante la campaña de mentiras y hoy, en 2014, Chile está más “loco por Pinochet” que nunca, de modo que por fin han logrado el anhelo de Cheyre: se borró el nombre del capitán general.

          Es que realmente la máxima de Goebbels y sus sucesores, que son nuestros marxistas actuales, en el sentido de que “una mentira mil veces repetida pasa a ser verdad”, se ha hecho carne entro nosotros, sobre todo después de que en los 40 años del 11 un presidente de centro-derecha (risas en la sala ante estas palabras) se hizo parte de la campaña estaliniana contra el Gobierno Militar.

          En estos días he estado leyendo el libro de Leonardo Padura, un cubano ex comunista, “El Hombre Que Amaba a los Perros”, sobre la persecución y asesinato, por orden de Stalin, de León Trotsky. Lo que sucedía en 1936 en la España republicana manejada por los comunistas era tan similar a lo que sucede hoy en Chile (sobre todo después de ver a la tripleta marxista que manda el país, Michelle Bachelet, Isabel Allende y Sergio Muñoz clausurando Enade), que no resisto reproducir estas líneas del libro de Padura, referidas a 1936 y a lo que pensaba Trotsky, ya a esas alturas sobre el destino de la URSS (y por eso lo mandaron matar): “La Unión Soviética legaría al futuro su fracaso y el miedo de muchas generaciones a la búsqueda de un sueño de igualdad que, en la vida real, se había convertido en la pesadilla de la mayoría” (p.257).

          Trotsky veía con desesperación que sus advertencias eran desoídas por todos en Europa, mientras cedían a la campaña propagandística de Stalin: “había comprendido que debía hacerse oír, o estaría perdido para siempre: la más burda de las mentiras, dicha una y otra vez sin que nadie la refute, termina por convertirse en una verdad”. Trotsky estaba refugiado en Oslo en 1936, pero podría haber dicho todo eso en Santiago, 2014.

          Orwell podría acusar de plagio a la Nueva Mayoría, porque en su “locura por Pinochet” está imitando de una manera inaceptablemente exacta su modelo de sociedad descrito en “1984”, donde el Hermano Mayor, dueño de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, mandaba cada ciertos minutos maldecir al “enemigo público número uno”, Emmanuel Goldstein (léase Augusto Pinochet).

          Alguna vez, en un futuro lejano, los chilenos de entonces, sonreirán al enterarse de la “locura por Pinochet” de los últimos 25 años, conocedores ya de la historia de Chile real y sabedores de que las máximas figuras nacionales de la formación de la nacionalidad en el siglo XIX, O’Higgins y Portales, el uno en su tiempo deportado y sin permiso para retornar al país y el otro vilmente asesinado; y las máximas figura del siglo XX, Augusto Pinochet y la Junta Militar, autores de la dramática Segunda Independencia Nacional, han sido por fin repuestos en su verdadero sitial histórico.


          El pueblo lo anticipa: un amigo, cuando apareció el billete de $20.000, le pasó uno de los primeros ejemplares al expendedor de una bomba de bencina, diciéndole: “Este es el nuevo billete, que trae la efigie de mi general Pinochet”. Y el bombero le replicó de inmediato, revelando todo el sentido común nacional, que ni siquiera la abrumadora propaganda marxista puede erradicar: “No, eso sólo va a ser posible en cincuenta años más”.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Todos Son Karol Cariola

          La diputada comunista Karol Cariola ha presentado una moción de ley (Boletín de la Cámara de Diputados número 9746-17) para castigar con penas de presidio que van de tres años y un día a veinte años y multas entre 21,5 millones y 129 millones de pesos a quien despliegue cualquier “actividad que comprenda tanto actos de honor, apología o alabanza, como de negacionismo o justificación respecto del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, de sus perpetradores y colaboradores, tanto civiles como militares”.

          Por ejemplo, si usted me elogiara a mí, en los comentarios al pie de este blog, podrían meterlo preso y multarlo en un mínimo de 21,5 millones de pesos. Mejor insúlteme, como lo hacen varios. 

         Como una ley no escrita de la política chilena dice que acá siempre se termina haciendo lo que dicen los comunistas, podemos suponer que esta moción terminará convirtiéndose en ley, sobre todo si la Presidenta, que probablemente concuerda con sus términos, resuelve patrocinarla y calificarla con urgencia.

          Eso significaría, por cierto, el término de este blog, de manera que cualquiera puede calibrar la gravedad nacional de la iniciativa. Pero quiero hacer una advertencia: en los hechos ya está sucediendo en Chile algo parecido a lo que se propone la moción de Karol Cariola. Un precedente de la moción de ella fue la criminalización del apoyo al Gobierno Militar que promovió Piñera, cuando proclamó a todos los partidarios de éste como “cómplices pasivos”, lo que equivalió a darle una connotación delictual al régimen que salvó a Chile del comunismo y de la guerra civil. 

          Pero, además, díganme si no se dirigen al mismo propósito las siguientes situaciones de generalizado conocimiento que ocurren de un tiempo a esta parte entre nosotros:

          1)    El reciente acuerdo del Consejo General de Renovación Nacional de suprimir, en su declaración de principios, toda referencia al Gobierno Militar (entre paréntesis, la moción de Karol ordena al Ministerio de Educación prohibir todo material de estudio escrito, sonoro o audiovisual que diga “Gobierno  Militar” o “Régimen Militar”, en lugar de “dictadura cívico-militar”, que será la única expresión permitida).

          2)    Las declaraciones públicas de destacados intelectuales de derecha o admirados por los políticos de derecha, como el economista Sebastián Edwards y el abogado Enrique Barros, instando a los partidos de la Alianza a desligarse de una vez y del todo del Gobierno Militar; y, en particular, la sugerencia del segundo de ellos, recomendándoles excluir toda referencia a la obra de ese gobierno en sus declaraciones de principios.

          3)    Los actos de repudio de connotados personajes de derecha, que a su turno fueron antes fieles servidores del Gobierno Militar, a la obra de este último, el más terminante de los cuales fue el del Ministro del Interior de Piñera, Andrés Chadwick, que reunió una cantidad de epítetos sin precedentes en su "acto de contrición", para descalificar al gobierno al cual sirvió antes de servir al del referido Piñera.

          4)    El excelente discurso, recibido con una “standing ovation” de los empresarios de Enade (este homenaje lo reservan sólo para ex comunistas; recuérdese el que le rindieron años ha a Eyzaguirre) del ex miembro de las JJ.CC y actual escritor Roberto Ampuero, quien incluyó la siguiente prueba textual de corrección política, refiriéndose a Michelle Bachelet: “sufrió bajo la dictadura chilena tortura y cárcel política”. Lo malo es que la frase contiene una doble falsedad, pues Michelle ha reconocido explícita y reiteradamente no haber sido torturada (yo la vi hacerlo en TV hace años y hace poco ratificó que la tortura había sido “sicológica"); y además no fue apresada por motivos políticos, sino por comprobada y reiterada colaboración con el MIR, movimiento terrorista que asesinaba indiscriminadamente a civiles y uniformados. Por eso, mal puede decirse que se trató de “cárcel política”. Lo que sí obtuvo fue una “liberación política”, porque los amigos aviadores de su padre intercedieron para que fuera puesta en libertad, libre cargos, lo que aprovechó para irse a Australia y luego a Alemania Oriental.

          5)    Merece párrafo aparte el acápite del discurso del mismo Roberto Ampuero que dice: “Pocos justifican hoy las acciones de la dictadura en el campo de los derechos humanos. Justificarlas tiene a estas alturas un precio elevado para cualquier político”. Y me lo dice a mí...

Bueno, se da cuenta así del casi unánime exilio político en solitario que sufrimos los que defendemos al Gobierno Militar, conducta que la moción estalinista de Karol Cariola transforma, de acuerdo a su propuesta penalidad, en un crimen mayor.

Por supuesto, también merece párrafo aparte la fantástica reacción del influyente columnista de “El Mercurio”, Carlos Peña, que, acostumbrado a destituir ministros mediante un solo artículo suyo, durante el deficiente y débil (pero no por ello menos dañino) gobierno de Sebastián Piñera, en su columna de hoy domingo 30 se erige en censor nacional y despotrica e ironiza sangrientamente a costa de Ampuero, sin reconocerle siquiera mérito a sus antes citados testimonios de corrección política.

Pero este ataque tiene, como todo en la vida, su explicación: Ampuero, en su brillante exposición ante el empresariado, ha puesto a Peña al borde de un acantilado que le da vértigo, pues lo amenaza a él de precipitarse también al vacío y tener que reconocer que la revolución en marcha está cerrando las anchas alamedas por las que camina el hombre libre y conduciéndolo a un régimen mucho más parecido al de la Alemania comunista que al de la República Federal Alemana, del cual lo dejó a las puertas el modelo del vituperado Gobierno Militar.

Entonces, con respecto a Peña, Ampuero cometió el delito de mencionar la soga en casa del ahorcado, lo que no le dejó más recurso al primero que insultarlo.

En fin, el hecho es que, salvo el que escribe y unos pocos, muy pocos, a quienes no me atrevo a mencionar porque pueden sentirse “denunciados”, la gente opina en este país que el Gobierno Militar es “innombrable”. Es lo políticamente correcto. Es lo que aconsejan los cerebros más lúcidos de la derecha y lo que ya hizo RN y se espera que la UDI también haga, sobre todo si da el trascendental y epónimo paso previo de cambiarse el nombre que le dio Jaime Guzmán por otro que satisface todos los estándares propios de la corrección política, el de “Partido Popular”.