martes, 28 de julio de 2015

¡Paren Chile, Me Quiero Bajar!


          Igual que Mafalda, de Quino, que pedía bajarse del mundo. La comprendí anoche al ver a Patricio Walker, presidente del Senado, pedir perdón a Carmen Gloria Quintana en nombre del país. Walker es un tipo decente, lo que no es poco decir en la actividad que desempeña, pero eso no le da derecho a estar tan mal informado.

          Pues si hay algo sabido y confirmado por la justicia cuando era tal (es decir,  antes de ser capturada por el marxismo) y que nadie siquiera discute, es que al momento de ser Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas interceptados por una patrulla militar en 1986, ambos portaban recipientes con líquidos altamente inflamables, que iban a ser utilizados para incendiar vehículos de locomoción colectiva con el fin de impedir a la gente ir a sus lugares de trabajo y forzar una paralización de actividades planeada por el extremismo.

Esto nunca lo ha discutido ni negado nadie y ha sido además confirmado por sentencia ejecutoriada que se dictó hace 29 años. Dicha mujer estaba envuelta en  una actividad típicamente terrorista, y sin embargo ahora el Presidente del Senado chileno le rinde públicamente homenaje desde la testera de uno de nuestros máximos baluartes republicanos. ¿Hay derecho?

          Minutos después, y sin todavía haberme repuesto, sintonicé un espacio televisivo de Nicolás Larraín, que tiene como punto alto habitual la presencia de su señora madre, Sonia de Toro, que siempre defiende con coraje al Gobierno Militar, cuando su hijo no la interrumpe y se lo impide. Anoche él se refirió al “caso quemados” y ella, citando una entrevista mía (lo cual me honra) le expresó que la inocencia de los militares en el hecho había quedado confirmada por la autoridad de la “cosa juzgada”, lo cual es absolutamente efectivo. Pero entonces Nicolás no sólo la interrumpió, sino que la privó de facto del uso de la palabra e inició un panegírico insólito de homenaje a Carmen Gloria Quintana, homilía que terminó de rodillas implorándole perdón y manifestándole una admiración rayana en el culto. Los aplausos del personal en el estudio no se hicieron esperar ¡Apología de una persona probadamente protagonista de actividades que  consistían en incendiar vehículos de locomoción con pasajeros adentro! ¿Hasta dónde puede llegar el uso de la propaganda para lavar cerebros? Y así Nicolás puso término al programa sin dejar tiempo a su señora madre de replicar y exponer otros de sus atinados argumentos.

          Y, en fin, también en las noticias, haciendo coro a todo este esfuerzo propagandístico destinado a distraer la atención pública de los errores gubernativos y las faltas a la ética que mantienen  a la gobernanta en su magro 25% de aprobación ciudadana, aparecieron los ex presidentes Lagos y Frei haciendo eco al cardenal-arzobispo Ezzati en el emplazamiento a los militares a terminar con un supuesto “pacto de silencio”, consigna acuñada por dirigentas comunistas que ha encontrado una caja de resonancia hasta en las altas esferas. ¿Qué pacto puede haber existido, si ni siquiera ha habido silencio? Pues todos los militares participantes en los hechos expresaron su versión de los mismos ante los tribunales y, lejos de guardar silencio, acreditaron a través de medios de prueba legales que Rodrigo Rojas y Carmen Gloria Quintana resultaron quemados cuando la segunda, en su intento de fuga, dio un puntapié a un recipiente de líquido altamente inflamable de los que ambos extremistas portaban para desarrollar acciones terroristas. Así lo corroboró en 1986 el ministro sumariante civil Alberto Echavarría Lorca, un jurista intachable.

          La consigna falsa ha reemplazado a la verdad; a partir de aquélla se instrumentaliza al derecho y los tribunales, desconociéndose la legalidad; y, en fin, desde un tinglado propagandístico sin precedentes se logra distraer a todo un país de la realidad del desastroso destino a que lo conduce un gobierno completamente incapaz.

viernes, 24 de julio de 2015

¿Podrá el Odio Salvar a Michelle Bachelet?


          Chile es parecido al país de “1984” de Orwell. Cuando en aquél el gobernante totalitario (léase “marxista” en el caso de Chile), se veía en algún apuro de imagen, concitaba a la ciudadanía a “un minuto de odio” contra el oficialmente declarado enemigo público número uno del régimen, que se llamaba Emmanuel Goldstein y, para efectos locales, Augusto Pinochet.

          Acá la gobernanta marxista actual, afectada como nunca en su popularidad por las razones de todos conocidas, en este minuto está logrando convocar y distraer a la ciudadanía con su “minuto del odio”, resucitando un episodio ya aclarado, juzgado y terminado, el “caso Quemados”. Sus agentes lo han hecho con tal habilidad publicitaria que hasta han puesto a un imberbe y desinformado dirigente UDI, llamado Guillermo Ramírez, a aportar sus esfuerzos a la maniobra y “horrorizarse” públicamente por el caso, cayendo de lleno en la trampa publicitaria.

          Y Carmen Gloria Quintana reapareció inmediatamente, por supuesto, ante los focos de la TV y se puso desde la partida al rescate de Michelle Bachelet (que es de lo que se trata todo esto), refiriendo que cuando ella estaba, quemada por su propio líquido explosivo, en la Posta Central, la “doctora” (lo pondré entre comillas mientras nadie, comenzando por ella misma, aclare la fundada denuncia del ingeniero Novakovic en el sentido de que su título de médica es falso, denuncia de la cual forma parte un requerimiento extenso y fundado presentado por el ingeniero a la propia Presidenta, de acuerdo a la Ley de Transparencia, que ella no ha respondido y NADIE, pero absolutamente NADIE en el país, salvo el periódico digital “Chile Informa”, ha dado a conocer), la referida “doctora”, digo, habría impedido que los “quemados” fueran enviados a sus casas. Es decir, el aporte de Carmen Gloria Quintana a la maniobra, tras haberse conseguido que un militar traicionara a sus camaradas de armas (¡qué difícil es conseguir esto hoy en Chile!) ha consistido en  presentar a Michelle Bachelet como “salvadora de los Quemados”. Esto no lo había dicho nunca nadie antes ni era sabido. Bueno, ahora, “oportunamente”, nos es revelado.

          Lo irónico es que el 99,9% de los chilenos ya estaba convencido por la propaganda marxista de la mentira de que los militares habían quemado a Rodrigo Rojas y Carmen Gloria Quintana, pese a que la justicia (antes de ser copada por los marxistas) había establecido lo contrario como “verdad judicial”. Ahora esta maniobra publicitaria, obtenida a partir de un ex militar que, con 29 años de atraso, ha experimentado una repentina epifanía o ha sido suficientemente motivado como para “darse vuelta la chaqueta”, o ambas cosas, lo ha venido a confirmar. El 99,9% de los chilenos, que de acuerdo a las normas del derecho y la razón, como normalmente sucede, estaban equivocados, ahora resulta que ¡estaban en lo cierto! “Tontilandia es así”, diría Jenaro Prieto.  

          Pero la opinión pública se maneja y es llevada de aquí para allá y de allá para acá a través de los medios. Y entonces ahora se ha logrado sin mayor esfuerzo que los medios se concentren en “los Quemados”, expresen todo su odio a Pinochet, como periódicamente se consigue hacerlo, al igual que en “1984”, y entonces convenientemente reaparezca Michelle Bachelet como “doctora” de delantal blanco, salvando a los perseguidos y remontando en las encuestas.

          Por supuesto, como también siempre sucede, lo que crea, deje de creer o vuelva a creer este 99,9% de los chilenos tampoco ahora tiene pies ni cabeza.

          De partida, todas las ultrapublicitadas acciones judiciales que el ministro Carroza ha reabierto no podrían jurídicamente reabrirse, pues están prescritas y clausuradas en virtud de sentencia firme dictada hace casi tres décadas y que tiene la fuerza de la “cosa juzgada”. Pero eso valdría para un país civilizado en que imperara la “rule of law” o “estado de derecho” y no para el país de “1984” o su símil, hoy conocido como “Chile”.

          Más fantástico que eso es que los jueces marxistas dicen que lo obrado por Carroza (que apropiadamente marcha a la cabeza de este enésimo funeral del estado de derecho en Chile) ¡está bien!, porque se trata de “delitos de lesa humanidad”, que son “imprescriptibles”. Y digo que esto es fantástico porque los que estaban cometiendo delitos de lesa humanidad en 1986 eran Rodrigo Rojas y Carmen Gloria Quintana, que se preparaban para lanzar envases con contenido altamente combustible y explosivo a los buses de la locomoción colectiva, perpetrando así un “ataque generalizado a la población civil”, que es el rasgo definitorio de los delitos de lesa humanidad y que los tipifica, de acuerdo al Tratado de Roma que los estableció. Es decir, los militares que sorprendieron a la pareja incendiaria lo que hicieron fue IMPEDIR LA COMISIÓN DE UN DELITO DE LESA HUMANIDAD, pero en la inefable justicia marxista chilena actual están siendo juzgados por cometerlo.

          Por supuesto, acrecienta el absurdo de la situación el hecho de que los delitos de lesa humanidad fueran establecidos en el referido Tratado de Roma, que rige en Chile sólo desde 2009, cuando fueron incorporados a la legislación nacional en virtud de una ley. Y una norma ancestral y básica del derecho penal universal es que no se puede culpar a nadie de un delito si éste no ha sido PREVIAMENTE descrito como tal en la ley.

Pero aquí de lo que se trata no es de salvar la puridad del derecho ni de la razón, sino de salvar de la debacle a Michelle Bachelet.

Y entonces esta maniobra ha permitido que la mayor fuerza interna de la idiosincrasia chilena, el ODIO, se manifieste en toda su magnitud, como lo pudo sufrir en carne propia, en el aeródromo de Punta Arenas, el coronel (r) Jaime Castañer, citado a declarar por el ministro Carroza, ante quien deberá presentarse lleno de hematomas.

          La maniobra político-propagandística es burda, ridícula, agujereada por múltiples contradicciones internas que no resisten ni siquiera el menor análisis lógico ni jurídico. Pero cuenta con la complicidad de los medios, los aportes de los “cerebros lavados”, el pánico de los “imberbes útiles” de la derecha y el empuje irresistible del mayor y más poderoso ejército que siempre ha militado en la sociedad chilena, el de la ESTUPIDEZ GENERAL.


miércoles, 22 de julio de 2015

Sin Verdad, Sin Derecho, Sin Destino


          Anoche sintonicé Teletrece. Mejor no lo hubiera hecho. ¿Están ahí a cargo Andrónico Luksic, Cristián Bofill y Enrique Mujica para eso? La sarta de falsedades pro-izquierdistas sobre el “caso Quemados”, ilegalmente abierto por el ministro Carroza (que encabeza el “funeral de Estado” del derecho en Chile) tornan risibles las denuncias comunistas de que los medios de comunicación predominantes están en manos de “los poderosos de siempre”. ¡Si éstos dicen e informan lo que quieren  ellos! La versión de Teletrece parecía dictada por la presidenta comunista del Colegio de Periodistas, Javiera Olivares, cuyo logro cumbre ha consistido en expulsar de dicho colegio al dueño del principal diario chileno.

          La noticia era que el ministro Carroza había reabierto el “caso Quemados”. Hasta ahí lo único veraz de la información. El resto, falso. Pero, desde luego, Carroza legalmente no podía reabrir ese caso, porque ya fue conocido por los tribunales, juzgado y sentenciado a firme hace más de un cuarto de siglo. ¿Cómo el ministro puede pasar por sobre la cosa juzgada y la prescripción sin más, incumpliendo la norma expresa del código que le ordena poner término inmediato a un juicio cuando exista una causal de extinción de la responsabilidad penal, sobre todo si es una causal doble, como en este caso? Respuesta muy simple: lo puede hacer, porque en Chile no impera el estado de derecho y el delito de prevaricación (no aplicar las leyes) tiene carta de impunidad. Y por eso la cárcel donde están confinados los presos políticos (es decir, los encarcelados por jueces prevaricadores sin razones legales, sino políticas), que se llama Punta Peuco, está atiborrada.

          Pues Teletrece dijo que Rodrigo Rojas y Carmen Gloria Quintana habían sido, el primero, “asesinado” y la segunda gravemente lesionada, mediante el fuego, por una patrulla militar, y luego abandonados. Pero un ministro integérrimo, apolítico y unánimemente respetado, don Alberto Echavarría Lorca, dictaminó hace casi treinta años (cuando el marxismo y sus compañeros de ruta todavía no dominaban la justicia), y en resolución de 23 de julio de 1986, lo siguiente: “a) Que Rodrigo Rojas De Negri y Carmen Quintana Arancibia fueron detenidos el día 8 de este mes, por una patrulla militar que aseguraba el libre tránsito de vehículos, reteniéndolos transitoriamente en el lugar de su aprehensión, uno al lado de la otra y próximos a elementos de fácil combustión, combustión que se produjo debido a un movimiento de la joven y la caída y rotura del envase de uno de esos elementos, causando quemaduras graves a los dos y originando posteriormente la muerte del primero”.

          Los elementos incendiarios los portaban ambos subversivos. Tenían por objeto ser lanzados a los medios de locomoción, para aterrorizar a la población e impedirle ir a sus lugares de trabajo. Era todo parte de una asonada. Frecuentemente mujeres y niños resultaron quemados en esos atentados. Pero usted jamás habrá leído en la prensa la tragedia de alguno de ellos. Sería “políticamente incorrecto” publicarla. Pero el “drama” de un encapuchado que, blandiendo la bandera roja extremista, fue derribado por un chorro de agua policial y se aturdió en la caída, ha llenado las pantallas y acaparado los titulares, emocionando hasta las lágrimas a los chilenos. El policía que lanzó el agua ha sido, por supuesto, separado de la institución.

En todo caso, cuando Rojas y Quintana se estaban quemando, los militares los apagaron, que es todo lo contrario de lo que informó Teletrece anoche. Subidos al vehículo militar para ser llevados a un centro asistencial, donde iban a quedar detenidos, rogaron al capitán a cargo que los liberara. El oficial, sin percatarse de la gravedad de las quemaduras, accedió. Por ello la sentencia de término lo condenó por cuasidelito, es decir, negligencia culpable.

          ¿Qué tiene que ver lo anterior con la versión de la generalidad de los medios? Casi nada.

          Entonces ahora, casi treinta años después, Carroza inicia otra telenovela. Obviamente, un miembro de la patrulla “recordó” algo, su memoria suficientemente estimulada. Y se rearma ilegalmente un nuevo proceso, que va a terminar con muchos millones más de nuevas indemnizaciones, jugosos honorarios para los abogados de izquierda y un festín propagandístico en denostación del supuesto culpable de todo, el de siempre, Augusto Pinochet. Y la verdad y el derecho resultarán, una vez más, crucificados.

          Este es un país que, por hechos representativos del barrenamiento moral anteriormente descrito, está en vías de desintegración. Sintomáticamente, presenta contrastes impresionantes. Juzgue usted el que hay entre el henchido jefe comunista y diputado gracias a la DC, Guillermo Teillier y el caso de un general y caballero como Odlanier Mena (q.e.p.d.) Teillier se siente tan poderoso que últimamente ya amenaza a la administración: o ésta continúa adelante con su programa de reformas revolucionarias o el PC se retira del gobierno y, automáticamente, hace desaparecer a la Nueva Mayoría.

          ¿Quién es este revolucionario dotado de tan extraordinarios poderes? Desde luego, es un “oligarca” en el sentido más genuino del término, pues pertenece a una pequeña minoría de muy altos ingresos que gobierna al resto. Su dieta parlamentaria de ocho y medio millones de pesos, más todas las asignaciones, viáticos y compensaciones que  cubren gastos que los contribuyentes comunes debemos financiar de nuestro peculio, y que sumadas a lo anterior llegan a cerca de veinte millones, más su pensión de “exonerado político”, fácilmente lo sitúan en el decil más alto de los ingresos del país, tal vez hasta cien veces los de un trabajador común. ¡Es uno de “los poderosos de siempre”! Pero está a salvo de la revolución que encabeza, y dirigida contra éstos, porque sus dineros son sacrosantos: provienen del Estado, el mismo que quiere apropiarse, a instancias del propio Teillier, de la mayor parte posible de la riqueza privada. Es que la suya es “pública”, y “políticamente correcta”.

          No son los únicos privilegios que tiene: hace no mucho confesó paladinamente su autoría intelectual de un atentado terrorista que costó la vida a cinco uniformados, en 1986. Un abogado se querelló por el múltiple delito. ¿Y qué dijo la justicia de izquierda? En este caso dictaminó que los hechos estaban prescritos. ¡Por supuesto! Si se trata de Teillier y de crímenes de izquierda, rige la prescripción.

          ¿Cómo un individuo con semejantes poderes, prerrogativas y privilegios no va a aparecer henchido (de dinero, de orgullo, de impunidad) en las pantallas? ¿Cómo no se va a sentir con autoridad como para amenazar hasta a su propio gobierno?

          ¡Que contraste con ese militar pundonoroso y honesto, Odlanier Mena! Preso por un delito que no cometió (“ésta es la justicia de los hombres”, le reconoció el juez de izquierda que lo sentenció). Al ser Mena trasladado por Sebastián Piñera, en una típica “pasada” suya para mejorar en las encuestas mediante el apoyo comunista, de una cárcel benigna al hacinado penal de Punta Peuco, desde donde no iba a poder conseguir el tratamiento que necesitaba para su dolencia de enfermo octogenario, puso fin a su vida con un pistoletazo. Sobre cada letrero de Piñera en su ya iniciada campaña presidencial se va a cernir la sombra de la figura de Odlanier Mena Salinas.

          Todas las inmoralidades arriba reseñadas describen adecuadamente el momento actual del país, que se ha quedado sin verdad, porque la mentira impera; sin derecho, porque sus leyes ya nadie las respeta; y sin destino, porque no puede tenerlo una nación que está socavando todos y cada uno de los pilares que le dio el modelo de las libertades que le permitió, por un tiempo fugaz, avizorar un destino mejor.

lunes, 20 de julio de 2015

NadieXChile


          El parecido básico entre ahora y el tiempo de la UP reside en que en ambos casos el marxismo está en el poder. La diferencia fundamental es que actualmente no existen los más de veinte mil irregulares armados en la clandestinidad que había entonces. Pues los grupos guerrilleros (que los hay) no cuentan con el patrocinio oficial del gobierno, como en esa época, sino sólo con el del Partido Comunista que, sabemos, mantuvo sus armas “por si las moscas”, al decir de su secretario general Luis Corvalán. Es decir, ahora los frentistas sólo las usan esporádicamente para algunos asaltos lucrativos y atentados en la Araucanía.

          Pero la destrucción del modelo de libertades chileno es igual que entonces. En 1970-73 había pocas libertades en pie y el “modelo” vigente tenía muy poco valor, porque la DC había ya destruido muchos de los activos valiosos que quedaban antes, partiendo, en lo que se refiere a la producción, por la gran minería y la agricultura privadas. En cambio, después de que el Gobierno Militar salvó al país (con el apoyo DC, porque este partido siempre se cambia de bando “cuando las papas queman”, y se vuelve a cambiar cuando ya no se quemaron y se le pasó el miedo), el modelo de libertades convirtió a Chile en otra cosa, a otro nivel, en términos de que todos lo quisieron imitar y, de hecho, casi todos lo imitaron.

          Por decirlo de alguna manera, el botín actual es mucho más apetitoso que el de 1970 y la izquierda lo está mirando con las mismas ganas con que el dueño de la gallina de los huevos de oro miraba a su ave favorita, mientras discurría cómo despanzurrarla para quedarse con todos los huevos de una vez y no tener que conformarse con la tediosa tarea de esperar cada día por uno más.

          Y así, con enorme apoyo popular (62% de los votos) la izquierda ha dominado el gobierno y el parlamento y desplegado su batería de proyectos liquidatorios del modelo chileno: el de reforma educacional para dejar la enseñanza exclusivamente en manos del Estado, que sabidamente enseña menos, peor y a mayor costo que los particulares; el de aumento de impuestos, para tener más fondos públicos para contratar correligionarios, pagar dobles viáticos, subirse las dietas por sobre el resto de la OCDE, financiar campañas electorales y aumentar los sueldos de la burocracia; el de reforma laboral para tener a los empresarios del cuello y paralizarles sus actividades cada vez que se nieguen a entregar todos los huevos de oro que se les supone mantienen almacenados; y, al final, la reforma constitucional, que si bien nadie ha dicho qué artículos busca reformar, todos los que conocemos el paño sabemos que es uno solo, el que garantiza el derecho de propiedad, para poder quedarse con los bienes de los ricos y no tan ricos sin otro requisito que la simple mayoría y no con el insoportable quórum actual de dos tercios.

          La izquierda sabe que hoy mismo cuenta con superioridad parlamentaria para hacer todas salvo una (la expropiación por mayoría simple) de estas cosas. Pero con aquélla le basta para destruir el modelo de libertades que hizo grande a Chile. Los cinco pilares del “cambio de categoría” que experimentó el país gracias al Gobierno Militar fueron: 1) Las privatizaciones, que transformaron enormes monstruos burocráticos que arrojaban siderales pérdidas y prestaban mal servicio en empresas prósperas que dan ganancias y sirven bien (¿los mayores también han olvidado cuando había que esperar años para conseguir teléfono?); 2) La previsión privada, que traspasó enormes fondos que se dilapidaban en manos del partido gobernante y los puso en manos particulares que los invirtieron bien, contribuyendo al crecimiento del país, y dieron mejores pensiones (en el antiguo sistema sólo eran altas las de los burócratas y los parlamentarios); 3) La salud privada, que permitió a millones de trabajadores elegir su seguro de salud, recibir mejor atención y, de paso, trasladar grandes recursos a manos que los hicieron rendir y crear excelentes clínicas privadas, las mejores del país y, posiblemente, del continente; 4) Los menores impuestos, que liberaron de gravámenes a las utilidades reinvertidas, lo que permitió dar un salto en crecimiento y productividad; y 5) La libertad educacional, en particular en la enseñanza superior (ahora ya semidestruida por los bárbaros), que dio acceso, que antes no tenían, a un millón de jóvenes a las universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica.

          Los anteriores cinco pilares están en la mira del régimen marxista y los va a ir demoliendo uno a uno… y nadie dice nada, salvo, “conversemos”.

          Y esos cinco pilares estaban asentados sobre una grande y sólida plataforma, que se llamaba, en inglés, “rule of law”, traducida como “estado de derecho”. Se aplicaban las leyes. Todo el peso de las mismas caía sobre quienes las quebrantaban. Por eso hasta 1990 en Chile delincuencia y el terrorismo habían sido prácticamente erradicados. Bueno, el marxismo llegó a los tribunales y con el nefasto precedente del régimen de Piñera, que persiguió a los uniformados y triplicó las querellas contra ellos, el “rule of law” ya no existe. Ahora se los apresa y se deja libres a delincuentes y terroristas. Ayer mismo la Corte Suprema ha mandado a la cárcel por cinco años a dos oficiales y un suboficial de Ejército por hechos de hace más de 40, que de ninguna manera podrían estar siendo ahora juzgados según la “rule of law”, “rule of law” que los jueces inferiores (primera instancia y corte de apelaciones) habían desconocido un poco menos, pues les habían remitido la pena de tres años a los procesados políticos (pues no lo eran en virtud de ley). Pero no, la sala marxista de la Suprema se la ha alzado a cinco y ha ordenado su cumplimiento efectivo. ¡A Punta Peuco! Y el “estado de derecho” ha desaparecido en Chile no sólo a manos de la izquierda, sino con la complicidad de la DC y la propia derecha. Véase mi artículo crítico de un aberrante fallo similar, obra de un abogado integrante DC, que la Revista del Colegio de Abogados (donde hay mayoría de derecha) se negó a publicar (“defensa corporativa”), en mi entrada anterior del 27 de marzo de este año, que ha merecido hasta hoy mil 880 lecturas.

          Y, “last but not least”, este proceso de destrucción masiva está teniendo lugar cuando ya Chile se ha quedado hasta sin su “reserva moral”: el Ejército, si, el Ejército, está destruyendo metódicamente toda evidencia, recuerdo, homenaje, reconocimiento o elogio al cometido del Gobierno Militar, que ahora denomina “dictadura cívico-militar”, todo en cumplimiento de una ¡orden comunista! contenida en la moción de ley (que no tiene ninguna fuerza legal) de la diputada del PC Karol Cariola y que castiga con penas de presidio y multa a quienquiera haga o diga algo bueno del régimen que instauró el modelo chileno de libertades que está en estos tiempos sometido a progresiva demolición de sus pilares básicos, sin nadie que lo defienda.

          ¿”TodosXChile”?  NadieXChile.

sábado, 18 de julio de 2015

Los Hijos del Relativismo


          Si pones bencina en una bomba autoservicio y tu auto es bueno, es muy probable que aparezcan cuatro chiquillones, te apunten con un arma o amenacen con un fierro o un cuchillo, te tiren al suelo y después de patearte, golpearte y sacarte la billetera, se lleven el auto. Duración: 20 segundos. Si la policía los llega a pillar, ten por seguro que un juez los dejará libres para volverte a asaltar.

          Si tu casa tiene puertas o ventanas no muy gruesas, más temprano que tarde aparecerán los chiquillones que las romperán, te golpearán y amenazarán a las mujeres de tu casa (últimamente las obligan a desnudarse) y se llevarán todo lo de valor que encuentren, y naturalmente tu auto, no sin antes golpearte e insultarte por ser viejo  (más que ellos, por supuesto) y no tener más plata a mano.

          Ellos son los hijos del relativismo y se están tomando el país. El relativismo dice que el bien y el mal, el orden y la legalidad, la propiedad y los derechos, no existen como tales sino que son “relativos”. Saben que nadie les hará nada y no tienen cargos de conciencia porque sus profesores comunistas o similares les han enseñado que la sociedad es injusta con ellos porque no tienen suficiente dinero para drogarse ni comprar buenos autos. Y si la policía llega a apresarlos, comparecerán ante jueces que les confirman que la sociedad es la culpable y los dejarán libres. Porque el delito no lo han cometido ellos, sino “el establishment”, que ha definido el bien y el mal, la legalidad y los derechos a su antojo y es un monstruo que les veda tener lo que otros tienen gracias a ese abuso. Y entonces quedan listos para volver a asaltar con la conciencia perfectamente tranquila.

          Ya tú no puedes ni siquiera pensar en ir al estadio, porque tu última oportunidad fue la Copa América, donde el precio de las entradas te aseguraba que podías ir con toda la familia, debido a que el público era sólo A y B, educado en colegios particulares pagados, donde enseñan que el Bien y el Mal existen, que deben respetarse las leyes y los derechos de los demás y que no debes agredirlos ni asaltarlos. No como enseñan los profesores comunistas y similares de la enseñanza estatal que en los raros momentos en que no están en huelga enseñan que todo es relativo, que “la propiedad es un robo” y que si tomas algo ajeno están contribuyendo a disminuir la desigualdad y haciendo justicia. Entonces, cuando el precio de las entradas es normal, ya no puedes ir al estadio y ni siquiera pueden jugarse los partidos, porque los “hijos del relativismo” y de la cultura dominante destruyen los asientos, se los lanzan a los carabineros, ponen en fuga a los guardias privados y atacan a la brava brava adversaria, que también es hija del relativismo y contraataca y jura que cuando sus agresores vayan al estadio de ellos sí que van a ver lo que es canela.

          Los jueces chilenos, también “hijos del relativismo”, velan por los derechos de los delincuentes y terroristas, porque las nuevas leyes que se han dictado son para protegerlos, debido a que son víctimas de la desigualdad y de la “violencia institucionalizada”, como la llamaba ya Allende, cuyo “legado” Michelle Bachelet declaró que iba a completar. La “violencia institucionalizada” consistía en que las fuerzas del orden reprimían a los que cometían asaltos o pretendían tomar el poder por las armas. Los “violentos” eran los que no dejaban a los comunistas y socialistas tomarse el poder. Bueno, ahora éstos llegaron al poder y hacen lo que quieren, porque son “víctimas”. Por eso están remediando las injusticias de toda la estructura jurídica antigua, y la han reemplazado por otra que vele por “defender sus derechos humanos”.

          El industrial español al que golpearon con un fierro, patearon y luego intentaron aplastar con su propio auto los jóvenes “hijos del relativismo” ha escrito elocuentes cartas a los diarios preguntando quién defiende sus derechos. La respuesta es “nadie”, porque son “relativos”. Las familias asaltadas dicen que ya no pueden vivir tranquilas y organizan un gran ruido de cacerolas para pedir protección. Pero el relativismo es sordo, no las va a oír. Los habitantes de la Araucanía y los agricultores claman por lo que llaman  “estado de derecho”. Pero ¿en qué país creen que viven? Si el “estado de derecho” ahora es un concepto relativo. ¿Quién les dijo que tenían “derecho” de propiedad sobre sus cosas? ¿Y por qué los demás no, sobre esas mismas cosas? Para eso se quiere cambiar la Constitución, en el fondo. El derecho “a la” propiedad es de quienes desean tenerla. El auto valioso es de los que no tienen auto o tienen un cacharro. Los “derechos” antiguos ya no existen, hay otros. Por eso están todos los terroristas libres y cobrando pensiones y cada día más militares presos por haberlos combatido hace 40 años. Ahora se llama “estado de derecho” NO aplicar las leyes en los juicios. En eso todo el mundo está de acuerdo. Por eso la Revista del Colegio de Abogados no me quiso publicar un artículo en que yo denunciaba un fallo de la Corte Suprema que NO aplicó las leyes (y, para el caso, tampoco la verdad de los hechos) a tres almirantes, un oficial de carabineros y un detective.

          Los “hijos del relativismo” representan la “modernidad”, el “nuevo derecho”, la igualdad, la “inclusión”. Representan al 62% que votó por Bachelet. Usted y yo representamos el “integrismo”, creemos que la ley y el orden deben respetarse, que la propiedad es un derecho, que deben reprimirse y castigarse la delincuencia y el terrorismo, que la justicia está hecha para proteger a la gente honrada de los delincuentes y no al revés; que quienes están en punta Peuco nos salvaron de los que hoy están libres, cobran indemnizaciones millonarias por habérseles impedido tomar el poder por las armas y han engendrado a la generación de jóvenes relativistas que ya no nos dejan ir a los estadios, poner bencina tranquilos y hasta estar en nuestras casas teniendo la seguridad de que nadie va romper la puerta para llevarse lo que tenemos y que ahora todos dicen que era sólo relativamente nuestro.

          No hay remedio, creemos en el bien y el mal, somos minoría frente al relativismo y no sé qué diablos estamos haciendo aquí.

jueves, 16 de julio de 2015

País Ridículo en Sumo Peligro


          Este país es tan ridículo que eligió con el 62% de los votos a una política de extrema izquierda cuyo programa pretendía perseguir al capital y ofrecía repartir beneficios a medio mundo que sólo pueden existir con la colaboración y el entusiasmo del capital. No se había dado cuenta de esa contradicción, como no se dio cuenta del Transantiago ni de que en todo el mundo, salvo en Corea del Norte, Cuba y, supongo, en algún otro par de lugares miserables que se me escapan, ya se dieron cuenta de que aquella receta no funciona.

          La ex popular política de extrema izquierda ahora se ha percatado con horror de que el 62% de votos de otrora se ha transformado en exactamente igual cifra de rechazo a su gestión. Sus nuevos ministros, designados para reemplazar a los principales artífices de su experimento de izquierda, le han dicho que persiguiendo al capital no conseguirá la plata que ofreció repartir y entonces se frena y retrocede como puede, sin  saber qué hacer.

Pero no contaba con los comunistas, que precisamente lo que quieren es un país como Corea del Norte o Cuba antes de la conversión de Raúl Castro al cristianismo (se la confesó al Papa, si bien ni éste ni nadie se la creyó) y al capitalismo (se la confesó a Obama, y esta vez le creyeron más, porque, de hecho, han surgido nuevas empresas privadas y aparecido libertades económicas en Cuba). Pero los comunistas de acá lo que quieren es lo que siempre han querido, la revolución, y por eso le están diciendo a Bachelet que si no sigue con las reformas extremas y absurdas, es decir, marxista-leninistas, ellos van a salir las calles a levantar al pueblo, que, por supuesto, no es el pueblo, sino sus encapuchados del FPMR en las sombras, que son una ínfima minoría pero agrediendo, destrozando e incendiando aterrorizan a la gente y al Gobierno y siempre consiguen lo que quieren.

Ahora  mismo están furiosos porque le han dado el beneficio de la libertad condicional, después de 23 años de presidio, a un ex carabinero responsable de haber asesinado a la cúpula del FPMR en 1985, muy de acuerdo con la política antiterrorista de los Estados Unidos e Israel, que los habrían aplaudido, pero contraviniendo la política del Gobierno Militar de la época, que velaba por el debido proceso mucho más que los gobiernos de la Concertación, incluido entre ellos el de Piñera, por supuesto, y que el actual de la Nueva Mayoría, que contravienen el debido proceso apresando a uniformados violando normas sobre amnistía, prescripción, cosa juzgada e irretroactividad de la ley penal, todo ello tras haber liberado e indemnizado a todos, pero absolutamente todos los terroristas que atentaron contra las personas y el orden interno y cometieron sangrientos crímenes antes de 1990.

Este país es tan, pero tan ridículo, que modificó su sistema procesal penal para favorecer a delincuentes y terroristas, diciendo que lo hacía en nombre del “debido proceso”, pero sin que a sus autoridades se les mueva un solo músculo de la cara, aplicando el antiguo sistema judicial penal a los uniformados que combatieron al terrorismo antes de 1990 y lo hace sin siquiera respetar las normas legales que a éste lo rigen.

Naturalmente, un país que vive en medio de esas contradicciones y acciones gubernativas tan disparatadas no puede sino estar en un grave peligro de implosión política, económica y social, más aún si la totalidad de sus conductores políticos han sido sorprendidos faltando a las normas legales y éticas con tal de conseguir fondos para sus campañas electorales. Es decir, en él se ha perdido completamente la autoridad moral para enderezar nada de todo lo torcido que hay.

Si le quitan el puñal que lo está matando, lo matan los comunistas; si se lo dejan, dándoles el gusto a ellos, se nos desangra por la herida de la puñalada izquierdista que está recibiendo.


Sólo la Virgen del Carmen, patrona declarada de Chile, cuya festividad se celebra hoy, puede salvarlo.

martes, 14 de julio de 2015

Y Van Tres, Bergoglio


          Soy católico, conservador, de Misa y Comunión, y sometido al Papa… en materia de religión. Pero en cuanto ciudadano, soy súbdito chileno y no del Estado Vaticano, que él dirige. Y en las señaladas condiciones ya colecciono tres desacuerdos importantes y recientes con el señalado Jefe de Estado y Pontífice, habiendo dejado pasar varias opiniones suyas adicionales en materias valóricas y socio-económicas con las que tampoco he concordado.

          Pues como nacional chileno estimo insólito que, no habiendo estado oficialmente programada ninguna referencia suya a la ambición marítima boliviana durante su visita al Altiplano, él, saliéndose del libreto oficial, haya aludido expresamente al anhelo de mar soberano de ese país. Eso ha sido un respaldo implícito a Bolivia, en menoscabo de la posición chilena y en pleno juicio incoado por aquel país en La Haya.

Además, ese apoyo no solicitado a un litigante que pretende desconocer un tratado vigente y válido, contradice la doctrina vaticana explícita, contenida en la encíclica Summi Pontificatus de Pío XII, cuyo número 58 estipula: “…Pero considerar los convenios ratificados como cosa efímera y caduca y atribuirse la tácita facultad de quebrantarlos unilateralmente, sin consultar a la otra parte contratante, es un proceder que echa por tierra la confianza recíproca entre los Estados; de esta manera queda totalmente derribado el orden natural y los pueblos quedan separados por un inmenso vacío imposible de salvar” (citado por Jorge Precht, profesor de Derecho Público UC, “El Mercurio” 14.07.15, A-2).

          Del mismo modo, ha dicho el Papa argentino, consultado acerca de si es injusta la aspiración de soberanía marítima boliviana, que ella “no es injusta”. Este soporte a la tesis boliviana también contradice la citada doctrina vaticana de respeto irrestricto a los tratados y  el principio de no intervención a que está obligado el Estado Vaticano en relación a diferendos en curso entre terceros países.

          ¿Actuó el Pontífice en Bolivia más como argentino que como jefe universal de la Iglesia? Pues Argentina en su tiempo estuvo lista para declarar “insanablemente nulo” un fallo de la reina de Inglaterra que se había comprometido a acatar con el aval de su honor nacional. Dicho aval careció de solvencia. A continuación de ello Argentina nos puso en 1978 al borde de la guerra y, luego, en 1982, tras invadir las Malvinas, declaró, a través de su presidente Galtieri, que ése era “el primer paso en la recuperación del territorio insular austral argentino”. El segundo paso obvio era la invasión de islas chilenas. Ahora los argentinos pretenden presentar ciertas ayudas chilenas a los británicos como “traición” de nuestra parte. ¿Es que querían apoyo nuestro para después invadirnos? Chilenos “ser indios, pero no tontos.” Y por eso no se nos escapan las “salidas de libreto” del Papa argentino.

          En tercer lugar, el Papa, como líder espiritual de la Iglesia, ha incurrido en un acto de omisión inexcusable al no rechazar el insólito regalo del jefe de Estado cocalero y marxista de Bolivia, consistente en un Crucifijo tallado sobre el símbolo comunista de la hoz y el martillo. La mera aceptación pontificia del insultante símbolo, sólo mediando una débil protesta, ha cohonestado la campaña propagandística de origen soviético que desde largos años persigue debilitar las bases de la Iglesia Católica.

Particularmente grave es ese nuevo renunciamiento si se tiene en cuenta que el origen de la Teología de la Liberación estuvo detrás de la Cortina de Hierro, como lo denunciara  el agente defector rumano Ion Pacepa, que fuera miembro de los servicios de inteligencia de su país.

A su turno, el historiador chileno Claudio Véliz ha denunciado y documentado otro artificio similar del comunismo, al crear a través de un agente suyo “Amnistía Internacional”, usando de pantalla a un “compañero de ruta”, Peter Berenson (ver detalles en “Estudios Públicos”, CEP, N°108).

          El crucifijo marxista herético no es sino otro artificio inaceptable para disimular la antinomia absoluta entre la doctrina atea y materialista y las religiones cristianas. Pretender incorporar a Cristo a la simbología del culto totalitario que ha segado cien millones de vidas humanas (cfr. “Libro Negro del Comunismo”) es un insultante recurso publicitario que debió haber generado el más enérgico y escandalizado rechazo del Papa jesuita, pero no lo suscitó.

           Distinguidos prelados del Cónclave, este católico conservador chileno les dice: designar un Papa argentino ya fue una imprudencia; y si, además, era jesuita, resultó una temeridad.