miércoles, 26 de noviembre de 2014

Exégesis de Evelyn Matthei

          Las declaraciones de Evelyn Matthei a “Pulso” provocaron la adhesión entusiasta de los más opositores, las “reservas” de los indecisos y el rechazo visceral de los gobiernistas. Entonces me he preocupado de leerlas y analizarlas en su mérito, para ver cuánto de realidad tienen. Empecemos:

          1.     “Estoy impresionada de la incapacidad de la Presidenta y ahora entiendo por qué nunca quiso debatir nada de fondo, porque no sabe. Eran todas evasivas y lugares comunes.”

La actual Presidenta es Michelle Bachelet 2.0, una persona distinta de la Michelle Bachelet 1.0 de su primer mandato. Esta última se sometió humilde y dócilmente a gente que sabía más que ella en los órdenes político, económico y social. En cambio, la actual Michelle 2.0 es lo que siempre ha sido “ella misma”, una adherente al marxismo-leninismo que desde joven ayudaba al MIR, primero, y al FPMR comunista después, en la lucha armada; que  cuando ésta no fructificó adhirió al conglomerado comunista PAIS y no a la Concertación ; que es hija de Ángela Jeria, la única persona, aparte de Margot Hönecker, a quien he visto defender al régimen de la Alemania Oriental; y, en fin, admiradora de Fidel Castro (“trotecito” demostrativo).

En síntesis, cree que todos los miembros de la sociedad deben ser iguales, quiéranlo o no, y que esto se logra quitándoles su riqueza a quienes más tienen, distribuyéndola (“la caridad comienza por casa”) e impidiendo que aquéllos vuelvan a reunirla. Ella, en realidad, y contra lo que sostiene Evelyn, “sabe”. Lo que pasa es que lo que “sabe” es lo anterior, que es su credo. Transitoriamente, cuando ve los efectos de aplicar “eso”, surge una Michelle Bachelet 3.0, que cede un poco, gana tiempo y retrocede, como sucedió en la reforma tributaria. Pero, pasado ese intervalo lúcido, la revolucionaria vuelve y volverá a la revolución. Continúa Evelyn:

          2.     “Cuando empieza a quedar la escoba, ella dice ‘que los ministros trabajen más’. Ésa es su respuesta, cuando en realidad ella ha pedido estupideces, una tras otra.”

En esto, prescindiendo del calificativo, Evelyn tiene razón: es evidente que Michelle eligió a Arenas porque era la persona indicada para “retroexcavar” la riqueza de manos de quienes la tenían y repartirla entre todos, empezando por los camaradas; y él le aseguró que podía hacerlo, pues es un economista revolucionario. Cuando ella lo nombró, pregunté a varios de su gremio, que lo conocían, su opinión acerca de él. La que descripción que más recuerdo fue: “es un mono con navaja”. Y la usó.

Nadie sabe bien cuál será el resultado del trabajo de Arenas, en definitiva, pero un experto de la Concertación que fue invitado a un almuerzo al cual yo asistía lo graficó así: "Esta reforma es un vehículo que a un lado tiene orugas de tanque y al otro ruedas de goma. Es decir, no va a poder funcionar”. Y se refería a la reforma ya “cocinada y corregida”.

         En cuanto a la reforma educacional, hay unanimidad de pareceres en el sentido de que cercena o suprime la libertad de enseñanza, de que no mejora el sistema peor (el municipal) y sí empeora el relativamente mejor (el particular subvencionado), y de que levanta de paso una amenaza válida contra el mejor de todos (el particular pagado).

         En otras palabras, de haber “estupideces”, las habido. Sigue Evelyn:

           3.     “La Presidenta Bachelet puso a sus amigos, muchos de los cuales no tenían ninguna experiencia. Y a algunos los quemó, como a Arenas y Eyzaguirre”

Esto último es rigurosamente así. Arenas y Eyzaguirre están “quemados”. Son los autores, respectivamente, del hundimiento de la economía y del Gobierno en las encuestas, sin perjuicio de que se les añadirán otros artífices del desastre, cuando avancen la reforma laboral, la de la salud, la de las aguas y la reforma constitucional. Pero si el Gobierno quiere ponerse a salvo ahora, tienen que irse desde ya Arenas y Eyzaguirre, y así los demás se van a dar cuenta de que el camino debe ser otro. Y si no se van, Michelle va a hundirse con ellos, sea lo que fuere lo que eso signifique. Prosigue Evelyn:

            4.     “No puede haber cambio de gabinete, porque ella les ha impuesto las tonteras a Eyzaguirre y Arenas. No los va a cambiar”.

En esto no concuerdo. Yo creo que “las tonteras” se las presentaron Arenas y Eyzaguirre a Michelle 2.0 y ella “las compró”, porque se avienen con su ser político íntimo. Pero sabemos que “la donna é móbile” y puede cambiar y transformarse en Michelle 3.0. Y mi impresión es que va a cambiar, “malgré” Arenas y Eyzaguirre. Continúa Evelyn:

5.”Cuando ya empiece a notarse que la economía no repunta y que la Presidenta no sube en las encuestas, van a empezar a tirar bonos. Van a empezar a tirar plata a la calle. Algo de eso ya vimos la semana pasada con medidas como la baja de las bencinas. Entonces ahí ya no les van a quedar dudas a los inversionistas que Chile se convirtió en un país bananero más”.

Es exactamente lo que está sucediendo. La pregunta es hasta cuándo va a seguir sucediendo. Si el proceso no se detiene, se va cumplir el pronóstico de un inversionista extranjero: “Chile será el próximo Brasil; Brasil la próxima Argentina; Argentina la próxima Venezuela” y, agrego yo, “Venezuela la próxima Cuba”.

          Creo que hay una alta probabilidad de un desenlace así. En tal caso, sobrevendría lo siguiente, según el más acertado pronóstico de Evelyn:

            6.     “Creo que vamos a ver a un Insulza o a un Lagos señalando que con esta cantidad de revuelta se necesitan figuras potentes que ordenen. En ese caso mi impresión es que ME-O desaparece, sencillamente por tonelaje y porque además el caos va a ser suficientemente grande como para que la gente prefiera algo conocido y que dé más certidumbre… Insulza tiene una ventaja sobre Lagos y es que estaría dispuesto a ir a una primaria y Lagos no”.

En definitiva, tenemos un buen pronóstico de lo que va a suceder en la Nueva Mayoría a mediano plazo y cuando Michelle 2.0 se haya convencido de que decididamente debe convertirse en Michelle 3.0 (bastante más parecida a Michelle 1.0 que la anterior).

Desde la Nueva Mayoría han provenido los peores ataques contra Evelyn Matthei, pero en lugar de agredirla deberían estarle agradecidos, porque les ha hecho un excelente diagnóstico de su porvenir político, para el cual más les valdría estar preparados.

viernes, 21 de noviembre de 2014

¿Renegación Nacional?

          (Este blog ha sido puesto al día durante tres días sucesivos y se inicia con un diálogo):

           --El Consejo de RN se reunió este fin de semana en Pucón para debatir el texto de su Declaración de Principios.

--¿Cómo, que RN no tenía una Declaración de Principios?

-- Por supuesto que la tenía, pero las circunstancias han cambiado…

          --¿Así es que si las circunstancias cambian, uno debe cambiar sus principios?

          --En Chile, sí, por supuesto. ¿Y nunca ha oído hablar de una actividad que se llama “la política”? En la política TODO cambia cuando cambian las circunstancias. Por ejemplo, Patricio Aylwin decía en 1973 que Salvador Allende y la Unidad Popular “se aprestaban, a través de la organización de milicias armadas muy fuertemente equipadas y que constituían un verdadero ejército paralelo, para dar un autogolpe y asumir por la violencia la totalidad del poder”. Y llamó a los militares a solucionar la situación. Sin embargo, el mismo Aylwin decía textualmente veinte años después, en 1993: “Yo nunca pensé que la Unidad Popular como tal, ni menos Salvador Allende, estuvieran interesados en dar un golpe y establecer una dictadura”. Entonces crucificó a los militares. Y pese a tamaño giro es un hombre admirado por la mayoría, tanto que los empresarios le dieron el “Premio a la Trayectoria”. (Pregunta: con empresarios así, ¿quién necesita revolucionarios?) Y Allamand (RN) dijo que Aylwin era su político más admirado, mientras, siendo Ministro de Defensa, despidió a todos los asesores militares (r) “que habían estado ahí” e incluso a uno que no “había estado ahí”, pero era “yerno de”. ¿Se da cuenta? Entonces, si las cosas cambian, los políticos cambian... y también sus principios.

          --Pero ésa es un actitud leninista, pues Vladimir Ilich Ulianov, mejor conocido como Lenin, sostenía que “si los hechos no coinciden con lo que sostiene el Partido, mucho peor para los hechos”. Es muy parecido.

          --Algo así. Sea como fuere, en RN pugnaron este fin de semana tres posiciones: las que podríamos llamar "de izquierda", "de centro" y "de derecha". ¡Siempre los tres tercios! Entonces lo único claro, porque estamos en Chile, es que en RN "la derecha" perdió. Porque pierde siempre, incluso dentro de la derecha. Por algo eligió un Presidente que no era de derecha...

          --Pero ¿cómo puede haber triunfado una posición "de izquierda" en RN?

          --Muy fácil: a muchos de ellos les han lavado el cerebro y han comprado el discurso de sus adversarios, que es muy antiguo, pues viene de la URSS, de cuando Brezhnev proclamó “¡nunca más habrá otro Chile!” y le ordenó a su KGB repetir hasta la saciedad en todo el mundo que la Junta chilena “atropellaba los derechos humanos”. Esa fue una consigna soviética, y prendió. Y prevalece hasta hoy. Y al que no la repetía, o no la repite hoy, lo cubrían y lo cubren de insultos. Lo digo por experiencia propia. Buenos, los primeros que se asustaron, entre los que apoyaron a la Junta, fueron los DC. Y al final los tenemos a casi todos amedrentados, entre ellos la directiva de RN. Para repetir la consigna e imponerla, el comunismo tenía desde el KGB hasta organizaciones de fachada, como “Amnesty International”, que el historiador chileno Claudio Véliz probó documentadamente que había sido una creación comunista debidamente camuflada para hacer caer a los "compañeros de ruta" y a los que ellos llaman “tontos útiles”.

          --¿Y qué sostiene esa triunfadora "izquierda" de RN?

          --Que ésta es un partido dedicado a defender los derechos humanos. Así nadie le puede decir que es continuadora del Gobierno Militar. Es un tema semántico: sin repudiar explícitamente a este último, reafirma el lema inculcado por la URSS, lo que equivale a un repudio implícito. Y suprime todo reconocimiento a la Junta.

          --¿Y qué sostuvo la moción "de centro"?

          --Reafirma que la libertad de las personas es un principio fundamental. O sea, es una declaración de principios de un partido de derecha, pero tampoco menciona al Gobierno Militar.

           --¿Y la "de derecha"?

           --Quiso conservar el acápite sobre el Gobierno Militar en la Declaración de Principios, en el cual se reconoce el servicio prestado al país por los militares, además de dar preeminencia al respeto a la libertad personal; y afirma que todos han compartido esa mirada histórica por un cuarto de siglo sin problemas, así es que debe dejársela tal como está. Y argumentan que si los comunistas les dicen por eso que son “nostálgicos de la dictadura”, peor para los comunistas, pues no hubo tal “dictadura”, porque Pinochet fue elegido en 1980 y porque en 1973 la Junta fue llamada por la mayoría democrática, así es que fue un gobierno representativo de esa mayoría, llamado a evitar una guerra civil, lo cual logró a mínimo costo, para después restablecer la democracia.

--Pero, a fin de cuentas, ¿quién ganó en Pucón? 

--La "izquierda" de RN, por supuesto. ¿Porque no sabe usted que RN es un partido político chileno, es decir, del país inventor de la “vuelta de chaqueta”? En Chile siempre termina ganando “la vuelta de chaqueta”.

          Addendum del 22.10.14: 

          Uno puede ir a Pucón por numerosas razones, pero el Consejo de RN en masa concurrió, la verdad sea dicha, por una sola: la de suprimir el siguiente acápite de su Declaración de Principios:

           "Destaca el patriotismo y espíritu de servicio de las Fuerzas Armadas y Fuerzas de Orden, cuyo origen y gloriosas tradiciones, se identifican con el surgimiento y defensa de la chilenidad a través de toda su historia, incluida su acción libertadora del 11 de Septiembre de 1973, que salvó al país de la inminente amenaza de un totalitarismo irreversible y de la dominación extranjera, culminando así una valiente resistencia civil y recogiendo un clamor popular abrumadoramente mayoritario".

          ¿Alguien de derecha podría decir que lo anterior no es verdad? ¿Alguien podría sostener que ese párrafo no interpreta ciento por ciento el sentir de la derecha chilena?  E, incluso el de Patricio Aylwin I, el de 1973? Nadie. ¿Y por qué viajan a Pucón y se reúnen centenares de personas nada más que para suprimir ese párrafo? Yo les voy a explicar por qué:

          Porque la derecha política chilena es víctima de un síndrome de pánico. Los que forman parte de ella ya no se atreven a sostener ideas de derecha, sino que se han convertido, para no ser agredidos verbal y hasta físicamente, en amedrentados portavoces de lo que opinan sus adversarios de izquierda y centroizquierda. Y como son éstos los que repudian ese párrafo de la Declaración de Principios de RN, a fuerza de amenazar, injuriar, amedrentar a los derechistas, están obligando a éstos a abstenerse de decir lo que LA IZQUIERDA no quiere que se diga. Léase la siguiente frase que prueba lo que estoy afirmando:

          "En la derecha... existe un problema que es muy grave: ambos partidos conservan en sus documentos constitutivos justificaciones de la dictadura" ("Qué Pasa", 21.11.14, p. 34). ¿Quién dice eso, Guillermo Teillier, Eugenio Tironi, Carlos Peña, Francisco Vidal? ¡No! Enrique Barros, de la élite intelectual de la derecha.

          ¿Cuál es el destino de un sector ideológico amedrentado, que repite las ideas del adversario y suprime las propias? La desaparición. En eso estamos. Renovación Nacional ha elegido Pucón para dejar de tener personalidad propia y pasar a ser una caja de resonancia de la versión de la historia de Chile que sostienen sus adversarios, en la esperanza de poder llegar a alguna clase de alianza con ellos o con algunos de ellos.

          Epílogum del 23.11.14:

          Por fin RN es un partido político "desanclado" del 11.09.73. Jamás les van a poder decir "hijos de la dictadura" (aunque hayan nacido bajo la égida del Gobierno Militar y hayan votado por Pinochet en el plebsicito de 1988), pues todo eso está "aylwinescamente olvidado".

          RN se incorpora así al "Chilean Hall of Fame of Political Correctness" y se posiciona junto al "Café Torres", benemérita institución que exhibe en su local un panel instructivo histórico con las imágenes de todos los Presidentes de Chile, salvo uno, pues da cuenta de que en el período 1973-1990 no hubo ninguno. Un comentarista de este blog comprobó que el dueño del "Torres" lamenta esa inexplicable omisión, pero tiene miedo de que, si la remedia, algo le pueda suceder al panel de Presidentes, a su local o a él.

          Entonces, desde el sábado 22.11.14, junto al "Café Torres", también RN se ha puesto prudentemente a salvo, mediante una elocuente supresión de varias líneas en su Declaración de Principios. Ambos exponentes de la realidad nacional han reconocido las graves consecuencias que puede tener para cualquier chileno o entidad chilena expresar públicamente las razones de por qué en 1973 Chile estaba encaminado a ser una segunda República Democrática Alemana y, sin embargo, después del 11.03.90 resultó estar encaminado a ser una segunda República Federal de Alemania.

          Esto no es nuevo ni chileno: hace más de 400 años Enrique IV de Francia, hugonote, protagonizó un renunciamiento parecidamente pragmatico, expresando que "París bien vale una Misa". Es que tampoco era un idealista, sino un político.




miércoles, 19 de noviembre de 2014

A Quien Pueda Interesar

Informo a marxistas, leninistas o no; kerenskys, compañeros de ruta, tontos útiles, arrepentidos, cerebros lavados y a medio lavar, prevaricadores y chilenos en general que hoy pronuncié el siguiente discurso de homenaje al coronel Cristián Labbé en un recinto que no se dio a conocer para evitar que todos o algunos de los anteriores lo funaran y destrozaran, generando perjuicios que los allí reunidos no estábamos dispuestos a pagar:

Distinguidos amigos y amigas: Si tuviéramos que elegir una palabra para describir la razón que nos reúne aquí hoy, pienso que sería “lealtad”, que el Diccionario define como “cumplimiento de las leyes del honor y de la hombría de bien.”

          Hace más de cuarenta años también me correspondió compartir una tribuna con otro coronel Labbé, el padre del actual, quien, tal como su hijo, había debido sufrir incomprensiones y persecuciones por ceñirse a las leyes del honor y la hombría de bien. Aquel coronel Alberto Labbé debió dejar las filas del Ejército, en 1972, por haberse negado a rendir honores militares a Fidel Castro, lo que junto con valerle el retiro prematuro lo convirtió en figura pública y movió al Partido Nacional a proclamarlo candidato a senador por Santiago.

          Su hijo Cristián, nuestro homenajeado de hoy, siguiendo los pasos de su padre, llenó una honrosa hoja de vida en el Ejército, donde su lealtad al Comandante en Jefe a quien le correspondió secundar, el general Augusto Pinochet, hizo que éste lo distinguiera como uno de sus hombres de más confianza y que pudiera transitar desde encargado de su protección personal, en los mismos días iniciados el 11 de septiembre de 1973, hasta el desempeño de una cartera en el gabinete, como Secretario General de Gobierno, al final del mandato de ocho años que a dicho general le confiriera el pueblo mediante su voto en el plebiscito de 1980.

          Por eso hablar de “dictadura” para ese período no sólo constituye una impropiedad histórica, sino también jurídica, pues se trató de un mandato constitucional fundado en la voluntad del pueblo, durante un período especial de democracia protegida que culminó en la democracia plena inaugurada en 1990 y bajo la cual vivimos hasta hoy, si bien ahora desvirtuada por ilegalidades y atropellos variados, cometidos por los que siempre e históricamente han sido en todo el mundo los principales depredadores del estado de derecho y la sociedad libre.

          Su vocación de servicio público llevó a Cristián Labbé, una vez retirado de las filas, y habiendo obtenido en la Universidad Católica de Washington una maestría en Teoría Política y Filosofía, a presentarse como candidato a Alcalde en la comuna de Providencia en los años ‘90, comuna a la cual sirvió durante sucesivos y exitosos períodos hasta 2012, en cuyo brillante desempeño incluso llegó a  alcanzar reconocimiento internacional por la calidad de su despliegue alcaldicio.

          Pero el rasgo fundamental del carácter del coronel Labbé, el del “cumplimiento de las leyes del honor y de la hombría de bien”, es decir, la lealtad, no podía estar ausente de su desempeño como servidor público y eso lo convirtió en blanco preferente y favorito de los adversarios del Gobierno Militar que impidió en el país la entronización de un dictadura marxista-leninista.

Pues el totalitarismo chileno, derrotado en la guerra armada que declaró y libró para convertir al país en una segunda Cuba o segunda RDA, había ganado la posterior posguerra política e ideológica de los ’90. Gracias a ello, con el concurso de quienes se cambiaron de bando apenas el peligro hubo pasado, logró reescribir la historia, presentándose como el salvador de la democracia que había pretendido destruir y falseando la verdad de una manera tan escandalosa como exitosa, transformándose, mediante una publicidad incesante, de agresor en agredido, de victimario en víctima y de totalitario en demócrata.

          Durante este lamentable y desastroso viraje de la posguerra propagandística que ha vivido el país, hemos visto a huestes políticas completas practicar esa deshonrosa costumbre nacional de “darse vuelta la chaqueta”, instituida en la Revolución de 1891 cuando las tropas leales a Balmaceda, que vestían casacas azules con forro blanco, viraban estas últimas para parecerse a las del ejército revolucionario, que eran blancas, y así correr a rendirse sin recibir los disparos del bando triunfador. La “vuelta de chaqueta” general tiene como símbolo paradigmático a Patricio Aylwin I y Patricio Aylwin II, a quienes podemos encontrar en YouTube declarando el primero, en 1973, que "Allende se aprestaba a tomar por las armas la totalidad del poder", y al segundo, en 1993, diciendo: “Yo nunca pensé que la Unidad Popular como tal, ni menos Salvador Allende, estuvieran interesados en dar un golpe y establecer una dictadura”. Esa filmación histórica retrata con exactitud al Chile actual.

          Lamentablemente, los que se dieron vuelta la chaqueta hicieron legión y los que no, se convirtieron en excepción y en blanco favorito de la propaganda oficial, que desde 1990 quedó en manos de los adversarios de la libertad. Entonces el alcalde Labbé, exponente principal de la lealtad política, se fue convirtiendo en una verdadera “bestia negra” para los manipuladores de la propaganda oficial, sobre todo si hacía cosas tan incomprendidas como haber sido la única autoridad nacional que desplegó conductas vindicativas concretas para hacer sentir el repudio nacional contra el contubernio que se formó en 1998 entre la justicia socialista española y el laborismo inglés, para privar arteramente de su libertad al ex Presidente Pinochet en Londres en ese año y 1999.

          Y también su conducta fue única cuando años después, en 2011, el país entró en un estado prerrevolucionario, habiendo un gobierno débil y encuestocrático enfrentado a la anarquía desatada desde “la calle” por los totalitarios, que ocuparon y usurparon establecimientos educacionales. Pues entonces la única autoridad en el país que veló por la ley y el orden fue el alcalde de Providencia, Cristián Labbé.

Eso ya lo convirtió en un símbolo intolerable para los nuevos dueños de la escena pública y la propaganda oficial. Había uno y sólo uno que hacía valer el principio de autoridad y restablecía la legalidad. Entonces hasta la justicia de izquierda se indignó y la Corte Suprema, en manos de aquella, dictaminó que las “tomas” de establecimientos  no podían ser desalojadas, frente a lo cual los liceos de Providencia fueron retomados y el alcalde ya nada pudo hacer.

          A esto se añadió que el sentido del honor y hombría de bien del alcalde se extendían a la solidaridad con sus ex compañeros de armas sometidos a la ilegal persecución político-judicial. En sucesivos años me correspondió participar en la presentación de cinco ediciones de la exitosa biografía del más emblemático de los presos políticos uniformados, un dignísimo oficial de brillante hoja de servicio en el Ejército, el brigadier Miguel Krassnoff (aplausos en la sala) convertido en chivo expiatorio del peor de los jueces prevaricadores de la izquierda, que con acusaciones y jureros falsos y sin pruebas suficientes, burlándose además de la legalidad (pues nunca siquiera lo interrogó ni cumplió el trámite esencial de una declaración indagatoria a su respecto, como era su primera obligación) le impuso sucesivas condenas a decenas de años de presidio, se supone que sólo por haber cometido el pecado imperdonable de haber descubierto la guarida del jefe del MIR, principal grupo terrorista y asaltante de bancos de los años ’70, Miguel Enríquez; y haber replicado al fuego de éste, dándole muerte. Enríquez hoy está cerca de ser canonizado y elevado a los altares por los totalitarios travestidos de demócratas; y además, estaba Krassnoff precedido del poco recomendable antecedente, desde el punto de vista de la izquierda marxista, de ser hijo y nieto de militares rusos blancos que en los años ’40 fueron colgados por Stalin en la Plaza Roja de Moscú.

          Entonces el alcalde Labbé, como lo hacía con cualquier vecino que lo solicitara para presentar un libro, cedió al hoy fallecido y muy recordado editor Alfonso Márquez de la Plata, en sucesivas ocasiones, el local del Café Literario y el del Club Providencia para presentar las exitosas reediciones de “Prisionero por Servir a Chile”, la biografía de Miguel Krassnoff escrita por la historiadora Gisela Silva Encina, que se agotaba prontamente en las librerías ante un público deseoso de conocer una verdad distinta de la, entre comillas, “verdad judicial y oficial”, la una y la otra, por supuesto, muy distintas de la verdad real. Todo esto hasta que en la presentación de la quinta edición, en 2011, alguien le envió una invitación al acto al entonces Presidente Piñera, una de cuyas secretarias la respondió diciendo que aquél no podría asistir, pero deseándoles al libro y a su protagonista la mejor de las suertes. Por supuesto, eso no sólo le costó el puesto a la infortunada secretaria, sino que la publicidad del episodio movió a las huestes marxistas a desatar un verdadero escándalo nacional, del cual se hicieron parte,  lamentablemente, no pocos tránsfugas de la gesta libertadora de 1973.

Sólo gracias a la firmeza del alcalde Labbé pudimos mantener y llevar a cabo el acto de presentación del libro, pero el terrorismo marxista rodeó el Club Providencia y sometió a diversos vejámenes a quienes asistíamos al lanzamiento, quebrando de paso casi todos los vidrios de la institución a un costo de decenas de millones de pesos para el municipio. Finalmente, quienes concurrimos al acto tuvimos que salir en buses policiales sometidos al apedreamiento de las hoy llamadas “víctimas de atropellos a los derechos humanos” que por la fuerza impiden difundir cualquier versión de la historia que no sea la suya, que han logrado imponer sin contrapeso en el país.

          Ese acto de lealtad del alcalde Labbé con uno de sus numerosos camaradas caídos tras las líneas enemigas tuvo un costo político infinito para él, porque las falanges marxistas, con el apoyo de los conocidos Kerenskys chilenos y la legión de defectores derechistas que se han dejado lavar el cerebro o dado vuelta la chaqueta, volcaron todo su apoyo y sus recursos, en la elección municipal de 2012, hacia la alternativa de izquierda a la alcaldía, hábilmente camuflada de “independiente y moderada”. Así, la comuna de Providencia fue la única del país que, merced a esta maniobra electorera, terminó teniendo más electores nuevos que antiguos, y éstos la hicieron caer en manos de los revolucionarios y pusieron término a la prolongada y exitosa gestión de Labbé.

Las tardías voces de alarma de los nuestros, que somos cada vez menos, me llevaron a trasladar mi propia inscripción a Providencia antes de la elección, y allí en la respectiva fila ante el Registro Electoral pude comprobar, con sólo oír los comentarios, que la movilización de los detractores del alcalde había sido mucho más masiva que la nuestra. Y eso, sumado a la desidia del electorado de derecha de Providencia, que en gran parte no acudió a votar, se tradujo en la derrota de la única autoridad del país que había hecho valer la fuerza de la ley cuando la anarquía se apoderaba de él.

Ése fue el paso previo a la persecución judicial desatada hace poco en su contra, como continuación de la oleada de procesos iniciada por el gobierno de Piñera y su subsecretario Ubilla, que triplicaron las querellas contra uniformados a través de la Oficina de Derechos Humanos del Ministerio del Interior.

          El ex alcalde Labbé, entonces, pasó a integrar la nómina de los soldados “caídos tras las líneas enemigas” y entregados a su infausta suerte. Ya se ha hecho costumbre que los uniformados sean condenados por un delito nuevo tipificado por la justicia de izquierda, el de “haber estado ahí”, amén de que con ello se desconocen las leyes de amnistía, de prescripción, de cosa juzgada y la verdad de los hechos. Pero al alcalde Labbé iba a inaugurar la era de un nuevo delito, al ser procesado por el delito de “no haber estado ahí”, porque nunca estuvo donde el tribunal sostenía que habían tenido lugar delitos hace cuarenta años. Por suerte, pese a los esfuerzos del actual Ministerio del Interior, continuador de la persecución desatada por Piñera, la Corte de Apelaciones no ha podido menos que reconocer que no hay prueba alguna de que Cristián Labbé haya estado en el lugar en que supuestamente acontecieron los hechos amnistiados, prescritos y ya antes juzgados, no obstante lo cual ya él ha sufrido las consecuencias de la publicidad negativa, la invención de atrocidades inexistentes y la pérdida de fuentes de ingresos que suscitan estos procesos ilegales, que son tramitados principalmente en papel de diario y a través de micrófonos y pantallas sensacionalistas.

          Como el alcalde Labbé fue un hombre público honrado, abandonó su cargo sin medios de fortuna y ha debido enfrentar los gastos derivados de la persecución judicial con las limitadas posibilidades que le da su pensión militar de 600 mil pesos mensuales brutos. Pidió a la justicia, entonces, que le redujera el monto de la fianza para obtener la libertad provisional, de 300 a 50 mil pesos, y la justicia de izquierda le replicó alzándosela a 500 mil pesos.

          Por supuesto, nada de esto lo habría sufrido el coronel Labbé si hubiera sido un hombre obsecuente y hubiera virado oportunamente su casaca. Algunos que lo hicieron, aun teniendo un negro prontuario por actuaciones indebidas, no han sido objeto de persecuciones ni querellas, porque los triunfadores de la posguerra compran así a quienes se pasan a sus filas, pero si hay algo que no perdonan, es la lealtad a sus posiciones de los que se niegan a desertar del legado del 11 de septiembre de 1973.

          Pero los que estamos aquí reunidos hoy, si hay algo que admiramos, es precisamente la consecuencia política, la lealtad y el coraje para defender la verdad y las propias ideas.

          El coronel Cristián Labbé Galilea es el mejor ejemplo de esa patriótica conducta y por eso queremos manifestarle hoy no sólo nuestra adhesión y nuestro desagravio por la injusta persecución que ha sufrido, sino nuestra disposición a acompañarlo y ayudarlo en cualquier emprendimiento político futuro que despliegue para defender los principios en los cuales creemos y que él ha sabido mantener muy en alto.

                Coronel Labbé: lo apoyamos, le creemos y confiamos en usted. Su coraje, lealtad y consecuencia son más que nunca necesarios en el Chile de hoy, así es que cuente con nosotros.

domingo, 16 de noviembre de 2014

La Dictadura del Miedo

          Chile está cada vez más parecido al país de “1984”, de Orwell, donde el “Hermano Mayor” controlaba todo lo que debía decirse y pensarse y había designado como “villano oficial” a quien mejor personificaba la oposición a sus ideas, Emmanuel Goldstein, al cual el pueblo debía cada cierto tiempo insultar a gritos durante varios minutos, tal como cualquier medio controlado por la extrema izquierda (es decir, la mayoría) lo debe hacer crónicamente ahora en Chile con Pinochet.

          El otro día me llamaron de un programa de TV llamado “Vigilantes” para que fuera parte de su panel. Consideré la oferta como un gesto de heroísmo periodístico, pero contesté que vería el programa para saber si habría garantías de que podría exponer mis opiniones. Esa misma noche lo vi. Asistía una persona que quiso hacer una moderada defensa del Gobierno Militar, pues todos los y las demás panelistas estaban concentrados en denigrarlo. Pero entonces una de las segundas lo interrumpió gritando histéricamente: “¡Ratones en la vagina, ratones en la vagina!” Con eso “el negrito de Harvard” quedó silenciado. Decidí no ser su sucesor. Ya había tenido una experiencia similar bajo la TV de la dictadura… la actual, la del miedo, naturalmente.

          Acá el “Hermano Mayor” es el marxismo, y todos sabemos a quiénes me refiero con ese término. El marxismo ha instituido en el país dicha “dictadura del miedo” y la ejerce activamente: “El Mercurio” (16.11.4, D-2) informa que el senador marxista Alfonso de Urresti ofició al Ejército en el sentido de que la medalla “Comandante en Jefe del Ejército Capitán General Augusto Pinochet Ugarte”, con que se premia a ciertos uniformados, constituye “un agravio” para los chilenos. Los militares, que por formación deberían ser los últimos en caer presas del miedo, esta vez lo hicieron con mayor prontitud incluso que los políticos de derecha ante el marxismo, e inmediatamente el Ejército ofició al Estado Mayor Conjunto de la Defensa para que modifique el reglamento de la condecoración y suprima en ella el nombre de Pinochet. “Arrancar de miedo no es cobardía”, reza un antiguo refrán criollo, que los militares y derechistas chilenos hemos adoptado como jaculatoria en las últimas dos décadas y media.

          Es que la izquierda (con la ayuda de los Kerenskys, como siempre y hasta que las cosas pasan de castaño a oscuro y se unen a nosotros para clamar por el salvavidas) mete mucho miedo. Tanto que el ministro Kerensky de Defensa (que cuando era parlamentario tuvo el coraje de intentar investigar a fondo una irregularidad de Piñera) ante el marxismo ha perdido todo ese coraje y ha marginado del Consejo de Monumentos Nacionales al coronel Eduardo Villalón Rojas porque, como integrante del mismo, se opuso a que declararan “centro de torturas y monumento nacional” al edificio de un regimiento. ¡Los que defienden el honor de su institución son sancionados! 

          En mi blog anterior me referí al “Café Torres”, que en su galería de Presidentes de Chile expuesta en el local tiene un inexplicable vacío entre 1973 y 1990, que yo atribuí a la malevolencia izquierdista del propietario. Pero me equivoqué: ¡es por temor a la dictadura del miedo! Pues un feligrés de este blog fue al “Torres” y le enrostró al dueño el injustificable vacío, y resultó que éste también lo estimaba injustificable… pero no se atrevía a llenarlo. Porque los marxistas son violentos y quizás qué pueden hacerle a él y su local si aparece la imagen de la Junta y de Pinochet en el panel histórico, explicando por qué un país igual a Alemania Oriental en 1973 se transformó en otro igual a Alemania Occidental en 1990, cosa que el actual panel, por cierto, no explica.

          Víctima de la dictadura actual se ha suicidado otro preso político uniformado, el suboficial mayor de Carabineros, Luis Mella, apresado por orden de un juez de izquierda por hechos prescritos y amnistiados, separado de su familia, que reside en Temuco, y sin haber sido citado ni interrogado desde el 11 de agosto, en que fue ilegalmente detenido. El juez “lo dejó  botado” y, perdida toda esperanza, se suicidó.

          Si los que tenemos miedo intentamos reunirnos para darnos ánimo, los marxistas nos rodean y nos agreden. Yo tuve que abandonar el Club Providencia, antes de que esta comuna se pasara a la izquierda, dentro de un bus policial y bajo una lluvia de piedras, por haber querido presentar la quinta edición de la biografía de otro preso político, el coronel Krassnoff.

          Y los que quisieron asistir al teatro Caupolicán para la exhibición de un documental del gobierno de la Junta fueron agredidos en los alrededores, resultando personas de edad avanzada con quebraduras y heridas y una señora salvajemente golpeada por los marxistas terminó con una vértebra rota. Le salvaron la vida algunos comerciantes callejeros que espantaron con palos a sus agresores. Todo esto a pocas cuadras de La Moneda. Sólo quiso ejercer un derecho constitucional, el de reunión, conculcado por la dictadura del miedo.

          El escandaloso amedrentamiento de los tribunales, que los ha transformado en una máquina vengadora marxista, inducía a mi amigo Álvaro Bardón a instar a sus amigos abogados a ir en masa a romper sus carnets profesionales ante la sede del Colegio de la Orden. Interrogada una autoridad de éste cerca de por qué el gremio no levantaba la voz ante la increíble y sistemática transgresión de las leyes por parte de los jueces en los procesos contra uniformados, ella manifestó:
          --Si propongo eso, el Consejo se quiebra.

          El  miedo, siempre el miedo. Los partidos de derecha, crónicamente presas de él, se apresuran a revisar sus actuales Declaraciones de Principios, pues ellas manifiestan su agradecimiento al gobierno que salvó al país de quedar al otro lado del Muro, gobierno bajo cuya égida, además, nacieron. Están aterrados de que el Hermano Mayor, es decir, los marxistas, los muestren ante la opinión pública como “hijos de la dictadura”. ¡Hay que adaptar rápidamente los principios, para que el Hermano Mayor no se enoje!

          Entonces, si usted imprime este blog, rómpalo apenas leído. Al Hermano Mayor puede no gustarle que usted lo tenga. Y un sujeto que ha acusado de “cómplices pasivos” a quienes piensan como el autor (y que es, a su vez, cómplice activo del Hermano Mayor en la persecución de uniformados) también podría ponerlo a usted en su mira.

          Pues nunca uno será suficientemente precavido bajo la “Dictadura del Miedo”.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Las "Sincronías" de Klaus

           Klaus Schmidt-Hebbel nos regaló el martes en “El Mercurio” uno de sus artículos llenos de “datos duros” y aparentemente irrefutables, referido esta vez al contraste, en 1989, entre Alemania Occidental, democrática, próspera y libre, con Alemania Oriental, sometida a un régimen totalitario, retrasada y carente de libertades, habiendo partido ambas de un mismo punto inicial.

Era un análisis brillante, hasta que decidió incluir en él lo que llamó  “sincronías”, dos de las cuales (eran tres) no daban cuenta de sincronización alguna y, seguramente en el afán de exhibir “corrección política”, desvirtuaban la prestancia del artículo. Pues, al referirse a que el actual presidente alemán Joachim Gauck, antes de la unificación fue perseguido “por el totalitarismo comunista”, hace esta sorprendente afirmación textual: “Así como –primera sincronía que quiero destacar— la Presidenta Bachelet fue perseguida por la dictadura chilena”.

          ¿Cómo dijo? ¿Una “sincronía” entre alguien que luchaba por más libertad y democracia en Alemania Oriental y alguien que luchaba por, precisamente, establecer en Chile un régimen como el de Alemania Oriental? ¿Qué sincronía es ésa?

La biografía de Bachelet, de Andrea Insunza y Javier Ortega, que no son periodistas de derecha, establece que ella ayudaba al MIR con traslados entre casas de seguridad. Ese grupo terrorista recibía apoyo de regímenes como el de Alemania Oriental (dato duro: consultar el libro “Stasi” de John Koehler). Y después Michele Bachelet convivía con el vocero del FPMR en la época en que “El Mercurio” (26 de marzo de 1986) publicaba dos páginas con las fotografías de los 47 uniformados caídos recientemente a manos de ese grupo terrorista y del MIR. ¿Qué quería Klaus que hicieran los servicios de seguridad con ella? ¿Qué la condecoraran? Estuvo unos pocos días detenida, NO fue torturada (personalmente se lo vi y oí reconocerlo a ella en la TV) y le fue permitido dejar el país.

          Sigo con la segunda “sincronía” de Klaus, textual: “La gran mayoría de los ex exiliados en los regímenes comunistas sigue callando, porque es tuerta en su ojo derecho. Así como es tuerto –segunda sincronía--, pero en su ojo izquierdo, aquel grupo de chilenos que firmaron su propio contrato implícito con nuestra dictadura criolla”. ¿Quiénes serían esos “firmantes”? ¿Lo sería Eduardo Frei Montalva, cuando decía al ABC de Madrid, “los militares han salvado a Chile y a todos nosotros”? ¿O lo serían los obispos cuando decían, en su declaración “Evangelio y Paz” de septiembre de 1975, “Nosotros reconocemos el servicio prestado al país por las Fuerzas Armadas, al liberarlo de una dictadura marxista que parecía inevitable y que había de ser irreversible”? ¿Eran todos tuertos del ojo izquierdo? Es verdad que hubo muchos que, cuando el peligro había pasado, “sanaron” milagrosamente de ese ojo izquierdo y empezaron a hablar de “dictadura”.

          Es que esta es la Historia de Chile aprendida en cátedras como la del paradigmático panel de los gobernantes del país de la “Confitería Torres”. Si uno la estudia en ese pedagógico diagramado, se encuentra con que a un Presidente llamado Salvador Allende, que gobernaba un país cada vez más parecido a Alemania Oriental, hasta 1973, lo sucede inmediatamente otro gobernante llamado Patricio Aylwin, que en 1990 asume la Presidencia en un país democrático y libre, asombrosamente parecido a Alemania Occidental. ¿Qué milagrosa “sincronía” ocurrió entremedio? Sólo un “tuerto de ambos ojos”, al que comúnmente se le llama “ciego”, podría explicarla, con la ilustrada ayuda del dueño de la “Confitería Torres”. Algo fue "borrado" de la memoria chilena y suplantado por otra cosa, que es lo que la mayoría cree hoy. Ocurrió "una sincronía" general.

          “Finalmente”, termina Klaus su artículo, “la tercera y más notable sincronía histórica, en 1989-90, es el derrumbe completo del régimen totalitario de la RDA y la unificación alemana, que ocurren simultáneamente con la transición ordenada desde el régimen militar a la democracia en Chile”.

Aquí sí que estoy totalmente de acuerdo. Hubo sincronía. Siempre he sostenido que la única transición registrada en el país fue la de 1989-90, estrictamente apegada al itinerario dispuesto en la Constitución de 1980, modificada por el plebiscito de 1989 que aprobó un 85% de los chilenos y ratificó el carácter democrático y popular de la Carta que ha regido estos últimos 24 años de libertad y progreso de “la más preciada joya de la corona latinoamericana” (Clinton).

Cuando algún “think tank” criollo logre descifrar lo que ocurrió en el vacío que se observa en el docto panel de Presidentes de la “Confitería Torres”, y cómo fue que sin gobernante alguno pudimos pasar de ser “la cuasi-RDA de América Latina” a “la cuasi-RFA de América Latina”, tal vez los chilenos entendamos un par de cosas más y, desde luego, que no hubo sincronía alguna en los dos primeros casos que Klaus califica de tales, sino todo lo contrario; y que sí la hubo en el tercero, cuando se completó nuestra transición a la democracia exactamente en los términos previstos por el Gobierno Militar y ratificados en doble instancia, en 1980 y 1989, por una amplia mayoría del electorado  chileno.

domingo, 9 de noviembre de 2014

De Cómo Botamos el Muro

          Los católicos fuimos los primeros que empezamos a botar el Muro, y mucho antes de que se  construyera. Pues cuando yo era niño rezábamos tres Avemarías al final de la Misa “por la conversión de Rusia”, hasta que algún cura rojo discurrió que eso podía ofender a los comunistas y las suprimieron. Pero el poder de la oración es tremendo y acumulativo, así es que todas esas Avemarías quedaron represadas a la espera del momento oportuno y cuando éste llegó desbordaron el Muro, la Cortina de Hierro y el marxismo-leninismo, hasta que de todo ello quedaron sólo migajas que se llaman Corea del Norte, Cuba, Maduro y Camila Vallejo.

          Y el Muro cayó justo en la fecha en que comienza el Mes de María, en cuya oración inicial antes se le pedía a la Virgen “que confunda a los enemigos de su Iglesia”, cosa que los curas rojos cambiaron a “convierta”, porque “confunda” era demasiado fuerte. Tal vez creían, como Frei Montalva, que “hay algo peor que el comunismo, que es el anticomunismo”, frase de la cual, supongo, después se arrepintió, pues, como le dijo a la directiva de la SFF en julio de 1973, “esto se arregla sólo con fusiles”, tras relatarles haberle enrostrado a un general que “ustedes tienen las bayonetas y no las usan”. A esas alturas ya se había convencido, parece, de que el comunismo era peor.  

          Pero la principal y más inmediata causa y razón de la caída del Muro fue, por supuesto, la Junta Militar de Gobierno chilena. Pues cuando ésta asumió el poder por mandato ciudadano mayoritario, el dictador ruso Leonid Brezhnev proclamó: “¡Nunca más habrá otro Chile!” y junto con hacerlo puso al KGB a organizar una campaña general de desprestigio de la Junta con el slogan de que “violaba los derechos humanos”, en circunstancias que ella debía combatir a más de veinte mil extremistas de izquierda armados, a los cuales era preciso derrotar, cosa que siempre procuró hacer con mayores consideraciones que las que los norteamericanos dispensan a los terroristas de Al Qaeda, por ejemplo, sin verse azotados por la crítica mundial, sino todo lo contrario (a Obama le dieron el Premio Nobel de la Paz y a los militares norteamericanos que han liquidado extremistas los aplauden en los aeropuertos, mientras acá los jueces de izquierda y sus corifeos kerenskys los condenan ilegalmente a cadenas perpetuas sucesivas y hasta les niegan beneficios carcelarios básicos).

          Es que, cuando la URSS desplegó contra la Junta su campaña mundial propagandística por “violaciones a los derechos humanos” las potencias occidentales le preguntaron a la primera cómo andaban esos derechos por casa, y ése fue el principio del fin del comunismo. Porque entonces un premier ruso, Gorbachov, se vio obligado a intentar respetarlos, pero como es evidente que no puede haber socialismo real junto con respeto a los señalados derechos, los gobiernos comunistas tuvieron que dejar de matar a quienes atravesaban el Muro o la Cortina para huir a otra parte y los europeos orientales comenzaron a irse masivamente a Occidente sin que los comunistas pudieran acribillarlos, como lo hacían antes.

En resumen, se produjo “El Fin de la Historia” (Fukuyama). ¿Gracias a quién? A la Junta Militar chilena, a la cual se desprestigió mundialmente con el slogan que prontamente “compraron” los demócratas doctrinariamente débiles (por vía de ejemplo, compárense la primera con la segunda ediciones de “The Economist” después del Pronunciamiento). Pero finalmente el mayor daño de la propaganda del KGB lo soportaron sus creadores soviéticos, hoy arrojados al basurero de la historia junto con su doctrina, que sólo encuentra ecos transitorios, pero destinados a la extinción, en países incultos y/o inadvertidos, uno de los cuales fuera hace ya algunas décadas bautizado con toda justicia con el nombre de “Tontilandia”.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

No Os He Abandonado

          Por varios días no he escrito aquí, pero lo he hecho en otras partes y me ha faltado el tiempo. Pero ha sido una falta mía, pues están sucediendo cosas importantes. En otro medio escribí una columna titulada “La Revolución Licuada”. Es que la revolución marxista-leninista que el Gobierno está tratando de llevar a cabo por vías legales efectivamente ha provocado terror, pero no sólo en la gente, sino en el propio Gobierno, en la Presidenta. Y por eso ella ha resuelto “licuar” la revolución. Y si no me creen, vean los anuncios de la Ministra del Trabajo, Javiera Blanco, que han irritado a la CUT y han tranquilizado a los empresarios, porque ya no habrá sindicato único, afiliación obligatoria, negociación interempresas, huelga en toda la empresa, más allá del sindicato que la declara; obligatoriedad para todos los trabajadores a someterse a la negociación de un sindicato. Y, además, la Reforma Laboral ya no salió en octubre, sino que queda para este otro año. Y la Reforma Constitucional queda para el próximo gobierno.

          Sin duda, es un “frenazo”, pero, además del de la economía, es el de la revolución que encabeza el Gobierno. ¿Por qué? Porque, pese a que éste está haciendo todo lo que pidió “la calle”, la gente se ha dado cuenta de que el resultado va a ser un desastre. Y eso se refleja en las encuestas, en que ya la reprobación a la Presidenta ha excedido de su aprobación, y sus reformas más fundamentales, la tributaria y la educacional, resultan ser también impopulares. Y eso que todavía no han empezado a aplicarse, porque yo los quiero ver cuando llegue la “hora de la verdad” en las declaraciones de impuestos y, sobre todo, en la recaudación, que va a resultar muy inferior a la esperada.

          En uno de los comentarios que he hecho en otro medio he destacado que la reforma educacional está resultando cada vez más parecida al Transantiago, que un ex ministro calificó como “la peor política pública que se haya llevado a cabo en el país”. El Transantiago tiene los mayores índices de rechazo en las encuestas y el ministro peor evaluado, desplazando de su merecido último lugar en popularidad a Nicolás Eyzaguirre, es el responsable, Andrés Gómez-Lobo, que ha salido hoy día con frenesí a los medios, tratando de reivindicarse.

          Tanto el Transantiago como la reforma educacional implican marginar de la actividad a miles de empresarios privados; en ambos casos se les prohíbe ganarse la vida ejerciendo el respectivo menester; y en ambos casos todo se traducirá en gigantescos desembolsos fiscales, tanto por el déficit de 700 millones de dólares anuales del Transantiago como por la absurda compra de inmuebles escolares que la Reforma Educacional impondrá al fisco, la cual un senador ha estimado en un costo de 4 mil millones de dólares.

Por eso, así como en su primer mandato Michelle Bachelet debió confesar que “Transantiago es una mala palabra”, en el segundo va a tener que confesar que “Reforma Educacional son dos malas palabras”.

          En conclusión, el desconcierto reina en Palacio. Ya se habla de crisis de gabinete, pero el gabinete sólo ha hecho lo que le ha ordenado la Presidenta. Es ahí donde reside la crisis. Por el momento, ella ha “licuado” la Reforma Laboral y “chuteado para adelante” la Reforma Constitucional. Pero la tributaria, licuada y todo, ya ha provocado su daño en las expectativas y por eso María Anastasia O’Grady le ha comunicado al mundo que Chile “marcha en reversa” y el país, en efecto, marcha a crecer menos de dos por ciento este año, según el último Imacec, mientras la inversión sigue cayendo y anticipando un crecimiento todavía menor.

Y el desastre de la Reforma Educacional ni siquiera ha comenzado a manifestarse, porque todavía no ha sido aprobada.

          En otras palabras, la revolución es verdad que se licúa, pero demasiado poco y demasiado tarde.