viernes, 7 de agosto de 2020

¿Usted Sabe Quién es Heriberto Novoa?

Si usted no sabe quién fue Heriberto Novoa, quiere decir que no es un ciudadano apto para ejercer el derecho a sufragio debidamente informado.

Heriberto Novoa era un carabinero de guardia en la Llama de la Libertad, en la plaza Bulnes, en mayo de 1980. Ese mes el MIR, grupo inspirado en el marxismo-leninismo, había asaltado tres sucursales bancarias y estimó que debía culminar su tarea asesinando al servidor del orden que custodiaba la Llama, y le dio muerte a tiros, a mansalva. Hoy es un héroe nacional no reconocido, olvidado.

Heriberto Novoa murió porque no hay nada que motive más el ejercicio de la violencia marxista-leninista que el imperio de la libertad, pues los que profesan el comunismo se proponen suprimirla en todas las instancias de la sociedad. 

Por eso el asesinato de Heriberto Novoa fue simbólico: custodiaba lo más representativo del régimen militar, nuestra salvación en 1973 de perder nuestra libertad y el testimonio de lo más valioso que ese gobierno legó al país: una sociedad libre. 

En efecto, bajo ese régimen los chilenos fueron recobrando sus libertades de trabajo, de elección diaria, de educación, de salud, de transporte, hasta culminar con la libertad política y electoral que les brindó el articulado permanente de la Constitución de 1980, a partir del 11 de marzo de 1990. Todo ello hizo posibles después treinta años de estabilidad y progreso que llegaron a su fin el 18 de octubre de 2019, cuando la Revolución Totalitaria Roja, de signo contrario, aprovechándose de un gobernante débil, sin convicciones, sin personalidad y listo para rendirse al primer embate, puso final violento al mejor período de nuestra historia independiente.

Hoy tenemos los testimonios directos de la pérdida de libertades con lo que sucede en la Araucanía, oyendo las grabaciones de una propietaria llorosa que debe abandonar su predio en medio de la agresión extremista y sin recibir el menor auxilio de la fuerza pública, poniendo así de manifiesto el amplio abandono de deberes en que ha incurrido Sebastián Piñera, cuyo gobierno ha dejado por completo de velar por los derechos básicos de los ciudadanos libres. Leer las cartas sobre la Araucanía en "El Mercurio" deja un vacío. ¿Alguna recuerda que en 1990 era una región próspera, agradecida del Presidente que había dado títulos de propiedad sobre 400 mil hectáreas y que en el plebiscito de 1988 había votado mayoritariamente "Sí"? ¿Alguien siquiera se ha preguntado por qué pasaba todo eso entonces, tan distinto de lo que sucede hoy?

Cuando comenzaba a escribir estas líneas me llamó el encargado agrícola de una propiedad de mi cónyuge para comunicarme que un sujeto ha entrado al predio pisoteando almácigos, acompañado de un gran perro y, ante su requerimiento de que no haga daño y la advertencia de que se trata de una  propiedad privada, le ha respondido altaneramente que él tiene pleno derecho a ingresar ahí, como si supiera exactamente lo que está pasando en Chile, es decir, que no hay gobierno ni autoridad. Pasa en la Araucanía y está comenzando a pasar en todo Chile. 

En este momento, desde Maipú hasta Santiago, hay numerosos predios particulares tomados, "nuevos campamentos". Y lo más sorprendente es que la mayoría de los tomadores son haitianos, colombianos y venezolanos, entrados en la oleada que admitió la excomandante Claudia en sus últimos meses de mandato.

Los que ignoran quién fue Heriberto Novoa y, por tanto, carecen de conocimientos adecuados para emitir un "voto informado", deberían haber reparado en la importancia que tuvo el restablecimiento del derecho de propiedad, de la libertad de iniciativas y de la entrega a particulares del derecho a fundar entidades educacionales, centros de salud privados y demás libertades. Recuérdese que los propios partidarios de regímenes liberticidas, como lo son, en particular, los comunistas, aprovecharon las libertades que les brindaba la Revolución Militar para fundar colegios y universidades comunistas. Así, fundaron a Universidad Arcis, aunque después la esquilmaron, defraudando a sus estudiantes. Los comunistas también fundaron el Colegio Latinoamericano de Integración. Compañeros de ruta suyos, como la Compañía de Jesús, aprovecharon también de fundar la Universidad Católica Alberto Hurtado. que subsiste hasta hoy. ¿Qué mayores testimonios de que la libertad económica está en la base de la libertad política?

Ahora estamos ad portas de que, bajo un régimen de facto, como el que se ha impuesto en Chile por la fuerza (como lo ha reconocido el senador Quintana, al hablar de un "parlamentarismo de facto") se lleve a cabo un plebiscito nacido de la amenaza de la fuerza. Yo en un principio me había negado a participar en este esquema institucional impuesto ilícitamente, pero  al ver cómo mucha gente ha recapacitado y se ha ido inclinando por votar "Rechazo" y extirpar así de raíz el tumor totalitario representado por la Asamblea Constituyente que derivaría de un triunfo del "Apruebo", pienso que a la ciudadanía de bien la cabe un papel como última defensa de nuestra libertad amenazada, votando "Rechazo" y lo voy a hacer.

Si la mayoría silenciosa, que por escepticismo pensaba no concurrir a votar, se hace presente en el irregular plebiscito del 25 de octubre, existe la posibilidad de que el país no se deslice por la pendiente totalitaria.

Aunque no sepa quién es Heriberto Novoa, carabinero héroe de la defensa de la libertad y aunque, por eso, su voto no sea debidamente informado, si así y todo concurre y vota "Rechazo", Chile todavía puede salvarse. He visto  que muchas personas, que inexplicablemente había anunciado que votarían "Apruebo", ahora han tenido a bien anunciar que han cambiado o "han entrado en período de reflexión". He leído que el propio Andrés Velasco ya se manifiesta dudoso y que columnistas ex comunistas ya han abandonado la idea de votar "Apruebo", ante la magnitud de la catástrofe institucional que el triunfo de esa opción representaría.

Chile puede salvarse y un gran paso hacia lograrlo es jugarnos enteros por el triunfo del "Rechazo" el 25 de octubre próximo, aunque ello ocurra sin tener plena información, en medio de un régimen de facto y bajo la amenaza de la violencia. Sería un ejemplo histórico de una aparente minoría inicial que se transforma en mayoría cuando se da cuenta de que se trata de salvar el destino de su propio país.

jueves, 6 de agosto de 2020

El Problema de No Hacerme Caso

Hace semanas propuse una cura para el Covid-19 que ha sido exitosa en Japón, Taiwán, Singapur e Islandia, países que la aplican y casi no tienen el problema. La cura consiste en el uso de la Budesonida, un remedio para el asma recomendado por el doctor de Texas, Richard Bartlett, y aplicado por él con éxito del ciento por ciento, es decir, se han curado todos los pacientes de Covid-19 que ha tratado. El mismo remedio se aplica en los antes citados países que han superado el problema.

Los aportes de los lectores de este blog, Ricardo Fernández y Marcelo Jorquera, han puesto al alcance de los chilenos la Budesonida, que se vende en Santiago con el nombre de Aerovial ($7.000) y que el primero de los nombrados usa hace más de diez años; y también con el nombre de Budasmal, de otro laboratorio, que el segundo nombrado compra en $ 16.590. Este medicamento debe emplearse con asistencia médica, pero recordando lo que aconseja el doctor Bartelett quien, siguiendo la recomendación de su hijo, dedicado a combatir incendios forestales, dice que se debe "apuntar al origen del fuego", es decir, en el caso del Covid-19, procurar que un respirador o nebulizador lleve el remedio al pulmón, donde eliminará la inflamación provocada por el virus y el paciente mejorará en pocos días.

Pero como los chilenos no me hacen caso, son los que más contagios tienen, según la información "Países Con Más Contagios" de "El Mercurio", que este diario dejó de publicar hace días. "Mataron al mensajero".

Hace unos días me dio risa que Meganoticias presentara, con carácter de "alarma mundial", el caso de los Estados Unidos, que tiene 3.896.848 contagiados y 143.269 muertos por el coronavirus. Pero resulta que Estados Unidos tiene 11.769 contagiados por millón de habitantes y Chile 17.304, es decir, un 47 % más. Y los  norteamericanos tienen también menos muertos por millón de habitantes, 433, y nosotros 445. Meganoticias es un típico caso de los que ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

En su columna dominical en "El Mercurio" Hernán Büchi dijo que en el mundo fallecen 150 mil personas diarias, de las cuales 2.200 mueren por el Covid-19; 2.600 por el Sida; 26 mil de cáncer y 50 mil por problemas cardiovasculares. El coronavirus es la menor de las amenazas a la vida.

Días antes la TV chilena, tan anti Bolsonaro como anti Trump, se había dedicado a destacar el horror del Covid-19 en Brasil, hasta que se dieron cuenta de que ese país tiene sólo poco más de la mitad de contagiados por millón de habitantes que Chile y sólo 374 muertos por millón, contra 445 de Chile.

Chilenas y chilenos, háganme caso por una vez: reabran la actividad económica y curen el Covid-19 con Budenosida (Aerovial o Budasmal) llevándolo directamente a los pulmones con un nebulizador o aspirándolo de una cánula y dejen al país en condiciones de ser nuevamente arrasado por las hordas comunistas, sin autoridad, sin orden público y sin  futuro, por lo menos hasta que un nuevo presidente reemplace a Piñera  y ponga mano dura para terminar con un mal mucho peor que el coronavirus: el ideario de la violencia comunista.

lunes, 3 de agosto de 2020

La Última Oportunidad

La más reciente encuesta Activa Research muestra que el apoyo al "Apruebo", es decir, a una asamblea constituyente que nos transforme en "Chilezuela", ya alcanza al 70 %. Toda una sorpresa a partir de lo que indicó la presidencial de 2017, en que a la izquierda se le "dieron vuelta" los suficientes votantes como para permitir el triunfo de Piñera. Pues en diputados y senadores la izquierda probó, en 2017, ser mayoría; pero al momento de también triunfar en la presidencial y poder cambiarlo todo, una parte de su electorado le dijo "¡un momentito!" y se pasó al otro bando en porcentaje suficiente para impedir que Guillier ganara y nos condujera a "Chilezuela".

Pero, como el destino no está escrito en piedra, el país se equivocó con Piñera y de todas maneras ahora se encamina a ser "Chilezuela" de la mano de éste. Pues el triunfo del "Apruebo" que auguran las encuestas significaría ni más ni menos que eso: asamblea constituyente y socialismo del siglo XXI. Pero el partido no ha terminado.

Con su ojo para detectar lo que está sucediendo, el senador Jaime Quintana ya nos lo describió: Chile hoy, dijo, vive "un parlamentarismo de facto". Pues no es "de iure", de derecho. La Constitución, que instituye un régimen presidencial, no habría permitido hacer lo que se está haciendo, pero ella ya dejó de regir para efectos prácticos. El parlamento se ha impuesto sobre un ejecutivo débil. Los cambios recientes se han aprobado violando el texto de la Carta, según el cual el Presidente de la República tiene "la iniciativa exclusiva" para modificar "las normas sobre seguridad social", sea que ello se intente mediante un proyecto de ley, uno de reforma constitucional o cualquier resquicio que se discurra. Simplemente, no puede hacerse. Pero se ha hecho. De facto.

Antes, las fuerzas armadas eran garantes de la institucionalidad y podrían haber levantado la voz. Nunca la levantaron y con el tiempo eso se derogó y ya no son garantes, desde 2005. 

También antes los jueces obraron de facto cuando condenaron a los uniformados en retiro violando preceptos básicos de la Constitución y, desde luego, el que dice: "ningún delito puede ser castigado con otra pena que la que señale una ley promulgada con anterioridad a su perpetración". Los militares (r) comenzaron a ser condenados por "delitos de lesa humanidad" creados por ley de 2009 y aplicada a sus conductas de los años 70 y 80. También las fuerzas armadas lo han dejado pasar sin la menor protesta y lo mismo ha hecho el resto de la sociedad. 

Pronto, cuando quede atrás la pandemia (pues "todo pasa") va a retornar la violencia, que está en receso debido al estado de excepción y al toque de queda. Este gobierno ya ha probado no poder controlarla. Es decir, tendremos parlamentarismo de facto más violencia.

Entonces vamos a sumar esos ingredientes, ya de por sí negativos, a la incertidumbre de "la hoja en blanco" sobre la cual va a escribir la nueva constitución la asamblea constituyente. La "incerteza" a que adujo Büchi como una de sus razones para irse a vivir a otro país (el diccionario de la Academia acepta el término, pero todos acá antes decíamos "incertidumbre") se va a agudizar. Bajo uno u otro sinónimo, una cosa es segura: habrá menos inversión y menos crecimiento. Es decir, menos empleo y más pobreza.

¿Qué ha hecho la mayoría del país en el pasado, cuando ha habido más violencia, más desorden, menos crecimiento, más desempleo y más pobreza? En 1952 eligió a un ex militar, ex dictador; en 1958 eligió a un hombre de derecha; en 1973 los representantes de la mayoría, interpretándola, llamaron a los militares a cambiar el gobierno, y nos salvamos. Es decir, este otro año el electorado podría volver a votar mayoritariamente por alguien capaz de sacarnos del camino a "Chilezuela", como creyó hacerlo en 2017, pero se equivocó, porque hasta ahora es la extrema debilidad de Piñera la que nos pone en ese camino. 

En resumen, pese a habernos equivocado, nos queda todavía una última oportunidad.

viernes, 31 de julio de 2020

El Piñerismo y la Censura Previa

Cuando la conductora Tonka Tomicic me expulsó del programa "Bienvenidos" de canal 13, por defender la política de derechos humanos del gobierno militar, la gente se dio cuenta de que algo andaba mal en nuestra convivencia democrática y de que se había perdido la tolerancia. 

Nótese que el dueño del canal, Andrónico Luksic, tuiteó ese día diciendo que había sido un error convidarme y pidiendo perdón a la audiencia por ello, es decir, cohonestó la censura. Pero después el director del canal me llamó y me dio amplias explicaciones, que yo acepté.

En todo caso, a la gente le quedó dando vueltas en la cabeza la idea de que la censura previa de las opiniones no es compatible con la libertad de expresión. Hoy mismo viene en "El Mercurio" un artículo del Obispo Emérito Alejandro Goic y del presidente de la Comisión Justicia y Paz de Rancagua, Ramón Galaz, llamando a "recuperar el alma de Chile", donde dicen: "El diálogo cambió por la algarada, la reflexión por la funa --el cobarde ataque en patota-- o bien simplemente se impide por la fuerza la realización de algún foro, se destituye a profesores o se cierra la televisión al que lleva posiciones indeseadas". (La cursiva es mía).

Pero el clima de intolerancia no lo han instalado sólo el comunismo y la extrema izquierda, sino un aliado ocasional de ambos, el piñerismo de derecha. Este último controló por largo tiempo el Colegio de Abogados y en marzo de 2015, cuando yo mandé a su Revista del Abogado un artículo criticando la antijuridicidad de un fallo que desconocía preceptos penales básicos, se negó a publicarlo. Practicó la censura previa. Sin ninguna explicación. Hizo lo mismo que Tonka Tomicic: me echó para afuera y excluyó mi opinión.

Entonces yo publiqué ese mismo artículo en este blog el 27 de marzo de 2015, bajo el título de "Artículo Impublicable en la Revista del Abogado". A la sazón ha tenido 2.063 lecturas y 99 comentarios.

Fue exactamente lo mismo que en "Bienvenidos", como dicen Goic y Galaz: "se cierra la televisión (en este caso la revista) a posiciones indeseadas". En eso la extrema izquierda y el piñerismo de derecha son aliados, como además lo son en un pacto tácito de persecución ilegal contra los militares que combatieron el terrorismo marxista, y en la denostación del gobierno militar y la consagración de una verdad histórica "oficial", a través de una legislación que pretende castigar el "negacionismo", como llaman a todo lo que contradiga la versión marxista-piñerista de la historia reciente. 

Nótese que la derecha piñerista no ha votado en contra de ese proyecto, sino que se abstiene. El mismo sigue su trámite en el Congreso y ha sido bautizado por algunos académicos como de "Cárcel para los Historiadores", no obstante que uno de sus patrocinadores, el senador Navarro, me ha honrado al llamarlo "Ley Hermógenes".

Si sus parlamentarios se han abstenido, Piñera mucho menos lo va a vetar cuando se apruebe en el Congreso. En él tienen depositadas sus esperanzas el piñerismo y la extrema izquierda, cuyo diputado Vidal ha anunciado hoy, ante una fotografía del diputado Ignacio Urrutia en que aparece a sus espaldas una imagen del Presidente Pinochet, que cuando la ley contra el "negacionismo" esté vigente, a Urrutia lo va a meter preso.

Además, hay otras formas de censura piñerista: durante seis años, 2010 a 2016, mi blog fue publicado al menos semanalmente por el diario digital de izquierda "El Mostrador", que es el de mayor lectura entre sus similares. Pero en su segunda campaña presidencial supongo que Piñera consideró que no podía tolerar eso y "El Mostrador" dejó de publicarme, por primera vez en seis años. Sintomática y simultáneamente un connotado piñerista abordó al dueño de otro diario digital, "Chile Informa", el periodista Fernando Martínez Collins, y le ofreció triplicar sus ingresos si dejaba de publicarme, como siempre lo hace habitualmente, pero Martínez se negó, porque está hecho de otra fibra moral que el piñerismo. Y me sigue publicando hasta hoy, acrecentando así constantemente el lucro cesante derivado de no haberse dejado sobornar.

Para recuperar nuevamente "el alma de Chile", que es lo que piden el obispo emérito Goic y el diocesano Galaz, el país debe dejar atrás la actual alianza del piñerismo con el marxismo-leninismo, que practican la censura previa de las opiniones y que, en este momento, como escribí ayer, nos mantienen bajo un régimen institucional de facto incompatible con los fundamentos de una sociedad libre y democrática. 


jueves, 30 de julio de 2020

Doctrina Schneider y Régimen de Facto

Chile ya no vive bajo una democracia constitucional, sino bajo un régimen de facto. El golpe de estado lo perpetró la oposición el 12 de noviembre del año pasado cuando, desde comunistas a democratacristianos, proclamaron que debía establecerse una Asamblea Constituyente, pues "la ciudadanía movilizada" (es decir, la violencia callejera, no una elección) había "corrido el cerco de lo posible" para "establecer un nuevo modelo político, económico y social", comunicándole al país que "el proceso constituyente ya estaba establecido por la vía de los hechos", es decir (palabras de ellos), de facto.

El gobierno, lejos de meter presos a los sediciosos, cayó presa del pánico, se rindió, se plegó a ellos y el 15 de noviembre convino con los mismos un itinerario para llevar a cabo el golpe "establecido por la vía de los hechos". Todos aliados dictaron entonces la ley 21.200 de reforma de la Constitución para legalizar el golpe. Pero la institucionalidad se había venido abajo. Los ecos de la Ley de la Selva llegan a todas partes. Hoy en "El Mercurio" el agricultor Karin Schmutzer escribe: "El 28 de julio nos robaron 130 paltos plantados hace dos años. Esto se suma a la sustracción permanente de paltos y nueces. Lo de ahora nos deja sin futura producción y en la duda de si replantar o no..." Esto pasa no sólo en la Araucanía, sino en la comuna de Santa María, región de Valparaíso y en todas partes. 

Ahora todo puede suceder, porque no hay quien garantice el orden. Antes, las fuerzas armadas lo garantizaban. E incluso antes de eso regía la "Doctrina Legalista de Schneider", establecida en un Consejo de Generales de 23 de julio de 1970, según la cual el Ejército declaraba que "hacer uso de las armas para asignarse una opción implica una traición al país", pero añadía: "La única limitación de este pensamiento legalista está en que los poderes del estado abandonen su propia posición legal. En tal caso las fuerzas armadas, que se deben a la nación --que es lo permanente-- más que al estado --que es lo temporal-- quedan en libertad para resolver una situación absolutamente anormal y que sale de los marcos jurídicos en que se sustenta la conducción del país". Es lo que sucede hoy.

Por eso mismo en 1973, cuando Allende se salió de la Constitución, la mayoría democrática civil hizo un llamado a las fuerzas armadas, que lo acogieron y sacaron al presidente del poder. Pero ahora la mayoría democrática civil no está representada en ninguna parte y no dice nada.

De hecho (de facto) está pasando lo que proponían en la elección de 2017 los candidatos Artés, comunista que sacó el 0,5 % de los votos, y Navarro, chavista que obtuvo el 0,35 %. Piñera, con 55 %, ganó precisamente porque la mayoría no quería que pasara nada de eso. Pero ahora Piñera está a la cabeza de la sedición que nos trae todo eso.

La Constitución de 1980, que el país ratificó en sucesivos plebiscitos, decía expresamente que "las fuerzas armadas garantizan el orden institucional de la República." Pero la reforma de Lagos de 2005 suprimió esa frase y la reemplazó por otra inocua: "las fuerzas armadas son esenciales para la seguridad nacional". Así, la izquierda, siempre violenta y con votos de la derecha, consiguió la ansiada impunidad para atropellar la Constitución. Y ahora la atropella.

Ya mucho antes lo había hecho el Poder Judicial, desde que la extrema izquierda fue mayoría en la Corte Suprema y violó sistemáticamente las leyes vigentes para meter presos a militares y consagrar en favor de sus guerrilleros o sus familias millonarios pagos que ya han sobrepasado los seis mil millones de dólares, según informó el año pasado la subsecretaria de Justicia, Lorena Recabarren. Todo fuera de la ley y la Constitución.

Las instituciones armadas nada dijeron ni hicieron ante la dictadura judicial roja ni la prisión arbitraria de su personal en retiro. Es decir, abandonaron a sus "caídos tras las líneas enemigas". Ya el Ejército había olvidado, para esos efectos, la "doctrina Schneider" y tampoco dijo nada. Por lo menos cuando lo encabezaba Pinochet, éste les había advertido a los jueces: "Si tocan a uno solo de mis hombres, se acaba el estado de derecho". Mientras estuvo él, respetaron la Constitución y las leyes. Lo peor fue que la derecha, alineada tras Piñera --que declara no ser de derecha-- se convirtió en coautora de esa prevaricación de los jueces: triplicó, desde su ministerio del Interior, el número de querellas ilegales contra militares (r), trasladó a los oficiales de alta graduación del penal "Cordillera" a un recinto peor, Punta Peuco, en medio del aplauso comunista y con el símbolo de la hoz y el martillo instalado en el pórtico del primer recinto.

Claro, es verdad que el Ejército ya se había rendido públicamente a la izquierda años antes, al declarar su comandante en jefe, Juan Emilio Cheyre ("El Mercurio", 10.12.04) "el Ejército de Chile tomó la dura pero irreversible decisión de asumir la responsabilidad que como institución le cabe en todos los hechos punibles y moralmente inaceptables del pasado". Convirtió al Ejército en chivo expiatorio, en "el único malo de la película". Pero los jueces rojos le pagaron a Cheyre poco y mal su servicio, porque también él fue condenado ilegalmente por hechos no probados, que estaban amnistiados y prescritos. Pero al menos le remitieron la pena. No lo habría pasado bien en Punta Peuco.

Además del Poder Judicial y del Poder Ejecutivo aliados en la contravención de la ley y la Constitución, el Poder Legislativo resolvió también sumarse, contravenirlas y tomar la iniciativa de legislar en materias que, según la misma Constitución, son de iniciativa exclusiva del Ejecutivo. Esta la establece clarísimamente el artículo 65 de la Constitución y no puede contravenirse ni por una ley ni por una reforma constitucional. Pero el gobierno, al no ejercer su derecho de veto ni recurrir al Tribunal Constitucional, de nuevo se plegó al régimen de facto al promulgar y publicar leyes inconstitucionales.

La única voz que se ha alzado contra el golpe ha sido el Partido Republicano, que tiene un diputado, y le escribió el 01.03.20 al Presidente: "Como Partido Republicano nos declaramos en oposición a este gobierno. Rechazamos el itinerario constitucional  que usted ha definido como solución a los problemas de Chile y que su gobierno ha posibilitado como respuesta a la crisis de violencia que vive Chile".

Y bajo el mismo régimen de facto el Tribunal Constitucional ha sido marginado de hecho. El otro día se reunió para analizar su triste papel ante la sucesión de inconstitucionalidades. Su ministro Juan Ignacio Vásquez lamentó que se le haya negado el ejercicio de sus atribuciones en el proceso constituyente, haciendo notar que el "Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución" fue obtenido "en un grave contexto de violencia política que no cesó tras la dictación de la ley 21.200."

Nadie que se tomara el poder hoy día estaría más fuera del orden institucional que los que hoy lo ostentan. En esta "ley de la selva", cualquier cosa puede suceder, aunque lo más probable es que no suceda nada. Lo cual es una mala noticia, porque Chile no puede estar peor.

viernes, 24 de julio de 2020

La Derecha Se Pone a Temblar


Los parlamentarios, los ministros y el presidente de la República han jurado, al asumir sus cargos, respetar la Constitución y la ley. La mayoría ha roto ese juramento.

La Constitución dice (art. 65) que corresponderá al presidente la iniciativa exclusiva para (6°) modificar las normas sobre seguridad social. Además, añade que “el Congreso Nacional sólo podrá aceptar, disminuir o rechazar los servicios, empleos, emolumentos, préstamos, beneficios, gastos y demás iniciativas sobre la materia que proponga el presidente de la República.”

Pero una mayoría del Congreso ha modificado la seguridad social sin que haya habido iniciativa del presidente.

¿Cómo lo ha hecho? Haciendo trampa: fingiendo que esta modificación de la seguridad social se hace a través de una reforma constitucional, que no requeriría iniciativa exclusiva del presidente.

Pero eso no es verdad, porque el artículo 65 confiere iniciativa exclusiva sin distinguir si la seguridad social se modifica por ley o por reforma constitucional. Y “donde la ley no distingue, no le es lícito al hombre distinguir.” Simplemente la Constitución prohíbe modificar la seguridad social sin iniciativa presidencial.

Lo que se ha hecho no es usar “un resquicio”: es simplemente un atropello a la Constitución. Además, en el capítulo sobre reforma constitucional la Carta dice que “en lo no previsto en este Capítulo serán aplicables a la tramitación de los proyectos de reforma constitucional las normas sobre formación de la ley”. Y la iniciativa exclusiva del presidente es una de esas normas no previstas ahí. Por tanto, debe aplicarse.

La derecha tiene toda la razón legal y constitucional, pero tiene miedo. Y si además de tener miedo puede ganar plata a costa del Estado, no tiene dónde perderse y por eso parte de sus parlamentarios se pasaron al campo adversario. Y por eso Sebastián Piñera, en el ejercicio más repetido de su vida política, se pasó al otro bando, renunció al veto y a recurrir al Tribunal Constitucional y promulgó la reforma inconstitucional y perjudicial que permite retirar el 10 % del ahorro previsional.

Además, cuando su antecesora, la ex ayudista del MIR y ex conviviente del vocero del FPMR fue elegida presidente de la República por amplia mayoría en 2006, una de sus primeras frases dirigidas al país fue: “Cuando la izquierda sale a la calle, la derecha se pone a temblar”. Tenía toda la razón.

La izquierda salió a la calle a fines del año pasado, destrozó todo a su paso, la derecha se puso a temblar y entregó todo, hasta la Constitución.

Ahora la izquierda va por el sistema de capitalización individual y dijo que si no se aprobaba el retiro del diez por ciento de los fondos acumulados iba a volver a salir a la calle. Entonces la derecha de nuevo se puso a temblar y volvió a entregar todo, renunciando a vetar el proyecto inconstitucional y a ir al Tribunal Constitucional.

Y, además, el 86 % de la opinión pública apoya el retiro. ¡Era que no! A los que casi no tienen plata en sus cuentas les van a devolver más de lo ahorrado, es decir, les van a regalar plata. Y a los que tienen mucho depositado les van a permitir retirar su 10 % sin pagar impuesto a la renta. ¡Todos reciben un regalo!

Hasta las amenazadas AFPs están contentas, porque al devolver fondos a los imponentes pueden reducir el encaje que están obligadas a mantener por los depósitos. Un par de cientos de millones de dólares que no les vendrán mal.

Si todos ganan, ¿quién pierde? Chile en su conjunto, porque está gastando sus ahorros, va a tener menos fondos para pagar pensiones en el futuro y menos recursos para financiar la inversión y el crecimiento. Pero ¿quién es Chile, hoy? Nadie. 

Una de las razones principales que lo llevaron del último lugar de América Latina al primero en ingreso y crecimiento fue el sistema de capitalización individual. Al descapitalizarlo, crecerá menos y pagará menores pensiones en el futuro.

Pero ¿a quién le interesa el futuro? A Pinochet, que pensando en él fundó la Carretera Austral y el sistema de capitalización individual. Pero está muerto y es repudiado por la mayoría de los vivos. Y el mundo actual es de los vivos, sobre todo de los más vivos, que dicen: “si al viejo no podemos destruirle la Carretera Austral, por lo menos destruyámosle el sistema de capitalización individual”.

martes, 21 de julio de 2020

Chile Vuelve a Ser Chile


Viví la mayor parte de mi vida en un país rasca y de tercera clase que se llamaba Chile. Hasta 1973 y desde que tuve uso de razón, casi todos eran pobres, acá todo era peor y se echaba a perder cada vez más. Cuando yo era chico hasta faltaba la electricidad, porque los gobiernos izquierdistas habían congelado las tarifas de la luz y los dueños de la compañía, que eran gringos, habían dejado de invertir. Pues los gringos eran los que producían de verdad electricidad, teléfonos y habían descubierto y creado las minas de cobre, el primer ferrocarril y todas esas cosas, mientras los de acá pensaban que debíamos venderles a ellos el país y “comprarnos algo más chico y más cerca de París” (Acario Cotapos).

Así es que estudiando a la luz de las velas veíamos cómo el izquierdismo deterioraba todo, hasta la leche, porque también le habían fijado el precio, y la mantequilla era margarina y la carne era de caballo, pero yo a los diez años ya me daba cuenta y pensaba para mis adentros cómo sería vivir en un país en que hubiera leche-leche, carne-carne y mantequilla-mantequilla. Ni siquiera había autos nuevos, porque !as escasas “divisas” había que gastarlas en importar alimentos. Pero de repente y por un período corto el país se llenaba de Chevrolets nuevos, porque algún negociado socialista le abría la puerta por un tiempo a esa marca y no a las otras. Y después había autos “armados en Arica” que valían más caros que los Mercedes afuera, pero tenían la pintura opaca.

Salir al extranjero desde ese Chile era salir a otro mundo, lleno de cosas que los chilenos no habíamos visto nunca. Por eso “un viaje” era lo máximo, pero a uno le vendían sólo “cuotas de viaje” de 300 dólares y debía dejar un aval acá para que pagara sus impuestos, por si no volvía. Afuera veíamos cosas extraordinarias, como escaleras mecánicas, cuando aquí había una sola desde los años treinta, la del Pre Unic, pues la única otra que había, la de Gath & Chaves, se había acabado a fines de los 40 porque los dueños, ingleses, se fueron después de la enésima huelga ilegal promovida por el sindicato comunista.

Todo era penca en Chile y si no era penca, los chilenos lo volvíamos penca. Cuando yo tenía como diez años las micros y las góndolas eran unas cacharras como las de la India o países africanos, con racimos de gente colgando. De repente, por algún “negociado” de alguien, llegó una flota de buses nuevos norteamericanos, los buses Reo, increíbles, bonitos y hasta de buen olor, pero al poco tiempo los chilenos les habían rajado todos los asientos de cuero con navajas y hubo que reemplazar los tapices con tablas. Cuando ahora recorro Santiago o Valparaíso devastados por los vándalos, me acuerdo de los buses Reo y pienso que han vuelto esos chilenos de antes que cuando ven algo bueno lo único que piensan es cómo romperlo.

Y de hecho cada cierto tiempo los comunistas rompían la ciudad entera, botaban los postes, asaltaban Los Gobelinos y la Ville de Nice y les rompían los escaparates e incendiaban las micros, tanto que en cada una hubo que poner un conscripto con fusil. Eso lo vi por largos meses el 49 y así dejaron de quemarlas. Muchos muertos, claro, porque en ese tiempo los carabineros tenían revólver y lo disparaban. Recuerdo que la Ramona Parra era una comunista muy bonita, como la Camila Vallejo, y murió de un balazo en un conato revolucionario cuando quisieron tomarse La Moneda. Pero así se superó la Revolución de la Chaucha y también la del 2 y 3 de abril del 57, cuando los tanques se paraban en Ahumada y ni siquiera los comunistas se atrevían contra ellos. Nunca se supo el número de muertos. Pero entonces siempre había después una reacción mayoritaria en busca de orden, como la hubo el 73, la misma que ahora parece haberse perdido. Esa exmayoría silenciosa el 52 eligió al general Ibáñez, al que habían depuesto como dictador veinte años antes, pero ahora lo traían de vuelta para que pusiera orden, porque el país era un desastre. Esa misma mayoría volvió a elegir un derechista de orden, Jorge Alessandri, el 58, pero “El Paleta” tuvo “partida de caballo inglés y llegada de burro”: durante un par de años liberó la economía y la abrió al exterior, pero no supo manejar el cambio fijo a un escudo por dólar y perdió el tercio en el Congreso, tuvo que llamar a los radicales y con eso el modelo de economía libre se fue al diablo y pronto Chile volvió a ser Chile.

Hasta que el Chile rasca terminó de irse a la punta del cerro el 73 y se produjo un verdadero milagro, increíble, inesperado: unos tipos completamente locos se conquistaron el respaldo de Pinochet, equilibraron el presupuesto, liberaron los precios y abrieron la economía y devolvieron campos y empresas a sus dueños, todas medidas impopulares y descabelladas. El precio del pan se fue a las nubes y parecía que se venía el mundo abajo. Estaban todos furiosos con la política económica. Pero había pan en todas partes y al poco tiempo hasta empezó a bajar de precio, porque los panificadores, que se habían subido por el chorro, se dieron cuenta de que “no sólo de pan vive el hombre” y la gente dejó de comprarlo, hasta que tuvieron que ponerse en vereda. Todos los chilenos estaban furiosos, incluidos los militares, pero había uno al que Sergio de Castro tenía convencido y se llamaba Pinochet. Y éste se la jugó personalmente y sostuvo la política económica a como diere lugar. Se abrió la economía al mundo, se plantaron bosques, viñas y frutales como nunca antes. No hubo que invertir en ampliar los puertos porque simplemente terminaron con los monopolios sindicales, el “medio pollo” y el “cuarto de pollo” y con las mismas instalaciones se pudo importar y exportar mucho más. Hubo superávit presupuestario, cosa que nunca habíamos visto, y Chile crecía al 8 y 9 por ciento al año hasta el 81. Y entremedio la audacia llegaba a tanto que se creó la previsión privada, que eran enormes cantidades de plata ahora invertidas en la producción, plata que antes se iba en préstamos que los políticos pedían a las cajas de previsión y, con la inflación, devolvían menos de lo que habían recibido; o compraban baratos departamentos de lujo que construían las cajas o los arrendaban a precio de huevo. Los obreros tenían que tener 20 años de imposiciones para jubilar y si no, perdían todo. Por supuesto, los políticos jubilaban con sólo diez años, porque eran los dueños del negocio y conocían todos los vericuetos, así es que tenían jubilaciones “perseguidoras”, que se reajustaban igual que los cargos en actividad.

Todo eso cambió y los trabajadores pasaron a ser dueños de las empresas con sus fondos de jubilación y eso fue una inyección a la vena, porque enormes cantidades de plata que se llevaban los políticos en préstamos subsidiados y departamentos de lujo a precio de huevo pasaron a ser inversión, así es que el país dio un gran salto adelante y, gracias a las demás privatizaciones, pasó a ser el de mayor crecimiento de América Latina, el “milagro chileno”, después de haber sido el último, incluso detrás de Haití, en 1973. Lavín escribía “La Revolución Silenciosa” y “Adiós América Latina”, porque Chile había dejado atrás el rasquerío del vecindario.

Por eso, cuando perdió Pinochet el 88 gracias al millonario apoyo norteamericano y europeo a la Campaña del “No”, pensé que todo se nos venía abajo. Pero no. Se produjo “el segundo milagro chileno”: los gobiernos políticos no lo echaron todo a perder. Respetaron las privatizaciones, los mercados libres, las AFP y las Isapres y la libertad de precios. Nadie lo habría podido suponer. Apenas le rayaron la pintura al modelo, subiendo impuestos y creando regulaciones, burocracia y nuevos ministerios, pero las bases no fueron alteradas. El país fue creciendo cada vez menos, es verdad, pero siempre más que los otros. El modelo nos puso a la cabeza de América Latina. 

Los políticos multiplicaron por siete el gasto público entre el 90 y el 2019 y los burócratas ganan 32 % más que en iguales funciones en el sector privado. El gasto social para los pobres se multiplicó gracias al modelo, pero no les llega a los pobres. La burocracia se quedó con él. Si les llegara a los hogares pobres, éstos ganarían 2 millones 400 mil pesos mensuales y no serían pobres. Si se le bajara en diez por ciento el sueldo a la burocracia dorada estatal por parejo y eso se destinara a las pensiones, no habría ninguna de menos de 400 mil pesos. Los políticos y sus clientelas se quedaron con la plata, pero los políticos culpan “al modelo” que la produjo para que ellos se la robaran.  

Y así hasta el 18-O, en que ya no sólo le rayaron la pintura, sino que semidestruyeron el país y al final le dispararon un balazo al corazón del organismo productivo, derogando la Constitución y dándole el zarpazo a las AFP. Y con un apoyo, según las encuestas, del 86 % de los chilenos, ejercimos nuestro derecho a ser imbéciles y Chile vuelve a ser Chile.

De aquí a volver al sistema de reparto es sólo cuestión de tiempo. Sobre todo que el país ha perdido todas sus defensas: la derecha se pasó al “No” con Piñera, quien fue el peor cuchillo del Gobierno Militar y los Presos Políticos, Lavín y Chadwick “se arrepintieron”, RN y la UDI sacaron de sus Declaraciones de Principios el reconocimiento al Gobierno Militar para que los comunistas no los siguieran insultando y ni siquiera los Republicanos se atrevieron a poner ese reconocimiento en su propia Declaración de Principios, a lo cual sólo se ha atrevido mi partido en formación, Fuerza Nacional, pero hasta ahora no le alcanzan las firmas para constituirse.  

Es cuestión de tiempo que los políticos se apoderen del 90 % restante de la torta y lo usen para lo que ellos quieran. Chile vuelve a ser Chile, el país rasca donde había que estudiar a la luz de las velas, en el cual viví gran parte de mi vida y ahora espero morir.