lunes, 26 de enero de 2015

Se Llamaba Autoridad Moral

          En el pasado solía exigirse a quienes adoptaban posiciones públicas algo que, en nuestra contemporaneidad, ha caído completamente en desuso: se llamaba “autoridad moral”. 

          Por ejemplo, si usted había hecho uso y abuso de artilugios vedados, con fines propios o electorales, no podía erigirse después en severo Catón para juzgar a otros que hubieran hecho lo mismo. Pero hoy vemos a los otrora activos emisores de boletas y facturas por servicios imaginarios a Enap, Gendarmería u Obras Públicas, como también a ex receptores de “sobres con billetes”,  condenando enérgicamente a quienes las han emitido en el caso Penta. ¡Qué falta de autoridad moral! Sobre todo que en este último episodio se trata de dineros privados que sus dueños voluntariamente donaban y, en cambio, en el otro, de dineros públicos que le sustraían al distraído fisco abusando de su inadvertencia.

          Pero quien más recientemente ha prescindido por completo de toda noción de autoridad moral ha sido el ex Presidente Piñera, que ha viajado muy publicitadamente a Venezuela para enrostrar a Maduro la ilegalidad de la prisión política del líder opositor Leopoldo López, en circunstancias que él mismo acá ha sido artífice de la prisión política de 71 uniformados en el presidio de Punta Peuco y de la de una decena de otros en penales transitorios en el norte y sur del país. Todos ellos son presos políticos porque, tal como Leopoldo López, están en esa condición sin ley que lo autorice.

          Cabe precisar que en el caso de los presos políticos chilenos Piñera ha jugado diferentes papeles. En el de algunos, los más antiguos, el de cómplice pasivo de gobiernos de la Concertación anteriores al suyo y de jueces de izquierda que, pasando por sobre las leyes y, en muchos casos, la verdad de los hechos, procesaron y condenaron a decenas de uniformados antes de 2010. Su complicidad pasiva está agravada en ese caso por haberles prometido él a las víctimas, como candidato, remediar su situación, cosa que no cumplió. Al contrario, se la agravó, como se verá.

Pues en otros casos posteriores Piñera fue cómplice activo: durante su gobierno triplicó el número de querellas en contra de uniformados, a través de su Ministerio del Interior, a sabiendas de que ellas no tenían sustento legal y sólo podían prosperar con el respaldo político de la Concertación, de sus jueces de izquierda y del activismo judicial comunista.

Y, en fin, en otros casos más ha sido coautor de las prisiones políticas, como en el de la condena a cinco años y un día de cinco oficiales del cuartel Ancla 2 de Talcahuano, que habían sido sancionados con 541 días de pena remitida en primera y segunda instancia, e iban a cumplirla en libertad, dado que la parte querellante comunista también se había conformado con el fallo (le interesaba primariamente el cobro de la indemnización). Pero entonces fue la odiosa persistencia del Ministerio del Interior de Piñera y su oficina de Derechos Humanos la que insistió en presentar, por sí y ante sí, un recurso de casación para que la sala penal de la Corte Suprema, con reconocida mayoría izquierdista y Kerensky, aumentara ilícitamente la condena a cinco años y un día de presidio efectivo, que actualmente esos presos políticos están cumpliendo.

          Entonces, en resumen, cómplice pasivo de algunas, cómplice activo de otras y coautor material de unas terceras prisiones políticas en Chile, con un total de decenas y un potencial de centenares sino miles (pues su gobierno triplicó y llevó a más de mil el número de querellas, que sigue aumentando), Piñera carecía por completo de autoridad moral para ir a enrostrarle a Maduro UNA prisión política bajo su gobierno.

          Sin embargo, en el moralmente decaído Chile de hoy, donde los delincuentes se ríen de los jueces, los jueces se ríen de las leyes y los políticos –y Piñera en particular-- se ríen de todos los demás, lo único que importa es “captar cámara”. De modo que ha sido un éxito su “mise-en-scéne” en Caracas. Era lo que él buscaba. Y seguramente le permitirá remontar la ventaja que ME-O (otro captador de cámaras) le lleva en las encuestas.

Pero los que recordamos que alguna vez en el país al menos se respetaba la exigencia de “autoridad moral”, añoramos ese clima mejor, aunque los protagonistas de entonces no hubieran sido tan vivos, audaces ni astutos.

sábado, 24 de enero de 2015

Si Hubiera Derecha...

          El jueves se vivió otro episodio del escándalo continuado más vergonzoso de la actualidad, que es el de la prevaricación vengativa e impune de los jueces de izquierda contra los militares que defendieron a Chile del terrorismo marxista. Mientras agentes de seguridad norteamericanos, israelíes, franceses y belgas eliminan a los terroristas y reciben las felicitaciones de sus gobiernos y el aplauso de sus pueblos, acá la izquierda marxista que controla, además de los otros dos poderes, el Judicial, apresa a ancianos uniformados en retiro y los persigue y condena, contraviniendo siempre las leyes y muchas veces la verdad de los hechos, por la eliminación de terroristas que acá habían tomado las armas en los años ’60 y ‘70 para hacerse del poder total.

          El jueves iban a ser enviados al presidio político de Punta Peuco cuatro oficiales en retiro, entre ellos un coronel de ejército, Fernando Gómez Segovia, que había sido especialmente activo en su propia defensa, para demostrar no sólo la ilegalidad del proceso, sino su inocencia.

          El medio digital más dinámico en la defensa de los perseguidos y presos políticos militares, el diario “Chile Informa”, había llamado a las personas de bien y de recta conciencia a prestar un respaldo a  esas nuevas víctimas de la prevaricación marxista, el jueves pasado en los Tribunales, cuando los cuatro uniformados iban a ser notificados de los fallos y puestos entre rejas. Los agentes del odio, es decir, del Partido Comunista, habían convocado a una “funa” el mismo día en apoyo a la venganza que llaman “justicia”, perpetrada por sus ministros prevaricadores.

          No fue necesario. El apoyo a los nuevos presos políticos simplemente no llegó. Unos dicen que acudieron quince personas, otros 25 y los más optimistas 40, pero no llegaron a reunirse. Media docena de valientes mujeres de pueblo dieron un ejemplo y se pasearon con petos alusivos a la persecución ilegal contra los militares, pero, visto su exiguo número, nadie se dio por aludido de su presencia. El coronel Gómez Segovia esperó tres horas y media al ministro Jorge Zepeda, que lo condenó, como a tantos otros, y otra vez no prestaba ninguna consideración a la avanzada edad del oficial en retiro ni a las graves enfermedades que ha sufrido. Éste esperó pacientemente, en compañía de su señora.

          Cuando por fin Zepeda lo hizo pasar, para enviarlo a presidio por cinco años y un día, hizo ademán de darle la mano como saludo, pero el coronel Gómez le expresó: “No puedo darle la mano a quien me manda preso tras un juicio plagado de falsedades, donde usted no ha cumplido principios fundamentales del derecho”.

          Sorprendentemente, Zepeda le expresó: “Le encuentro razón para que usted esté molesto conmigo”.

          Fue una escena parecida a la que vivió el general Mena (Q.E.P.D.) cuando el ministro sumariante que lo condenó a largos años de presidió por un delito del cual era inocente le dijo, a modo de explicación: “Esta es la justicia de los hombres”. Porque sabía que su condenado era inocente, y aunque no lo hubiera sido, estaba legalmente exento de responsabilidad; y sabía que, políticamente, como juez de izquierda, no podía hacer otra cosa, si es que quería avanzar en su carrera. Así discurre hoy nuestra espuria vida judicial.

          Si hubiera habido una derecha política en Chile éste, el mayor escándalo moral de nuestro tiempo, no podría haber pasado ni seguir pasando inadvertido. Un gigantesco “J’accuse” habría puesto fin al abuso. Pero acá se ha desvanecido la fibra moral que sustentaba la vida pública de Francia del siglo XIX. El penal de Punta Peuco, convertido ahora en un lazareto hacinado de ancianos y enfermos ilegalmente presos, no habría podido continuar púdicamente oculto a los ojos de la opinión pública. Porque los ahora 71 presos políticos que ahí tratan de sobreponerse a la injusticia y la desgracia no podrían ser “barridos debajo de la alfombra”, como lo son al carecer de todo apoyo y defensa de quienes tanto les deben, que no son ni más ni menos que todos los chilenos, a quienes les salvaron su libertad, pero muy en particular los que más tienen, que no sólo se libraron de perder ésta, sino también todos sus bienes.

          Si hubiera derecha en Chile “la voz de los sin voz”, como son los presos políticos militares, se haría oír en los medios y no sólo en los “samiszdats” que los defienden, como “Chile Informa” y este blog.

          Pero el caso es que no hay derecha. Las ideas están, pero los llamados a defenderlas e imponerlas no. Este blog anunció la muerte de aquélla hace tiempo, cuando renunció a sus principios y llevó al poder a Sebastián Piñera, que se encargó de desvirtuarlos, gobernando con las banderas de la centroizquierda y completando un V Gobierno de la Concertación; persiguiendo ilegalmente, como ningún gobernante lo había hecho antes, pues triplicó las querellas, a los militares que salvaron a Chile (con el agravante de que, para conseguir sus votos, les había prometido un debido proceso); y criminalizando a la propia civilidad de derecha, denostándola a los ojos del electorado y calificando a sus miembros de “cómplices pasivos” de delitos, lo que no podía sino conducir a su desastre electoral. Todo con tal de contar él con alguna simpatía marxista –que obtuvo— y remontar en las encuestas. (Pese a lo cual nunca superó el 34% de adhesión. Ver CEP).

          La derecha pagó caro lo anterior, y los hechos posteriores han conducido a que ya sea unánime el juicio de que se encuentra políticamente muerta, confirmando lo que le pronostiqué cuando llevó como candidato a Piñera. Tanto lo está, que en reciente encuesta se revela que el personaje político más sobreexpuesto por medios de derecha, siendo un izquierdista extremo, como Marco Enríquez-Ominami, aparece por lejos como la primera opción para una próxima Presidencia de la República; y, peor todavía, en un lejano segundo lugar, con menos de la mitad de las preferencias del anterior, Sebastián Piñera. Y lo sorprendente es que el apoyo a éste en las encuestas ¡proviene de los propios restos náufragos de la misma derecha que él destruyó! ¿Sadomasoquismo político? Pues la encuesta CEP reveló que el 69% de quienes se declaran de derecha apoya a Piñera. A uno le dicen, con expresión compungida, “es el único que hay”.

          Y Piñera, en realidad, se encarga de posicionarse. Ya debe estar haciendo los cálculos para hacerse a bajo precio de los despojos de la UDI. Se menciona a Andrés Chadwick, que dirige su Fundación “Avanza Chile”, cuyo nombre más adecuado debería ser “Avanza Piñera”, para encabezar también la UDI. Una “toma de control hostil”. Como ya no está la plata de Penta para financiar candidaturas, seguramente algunos piensan que financieramente nunca tendrá problemas un partido que apoye a Piñera. Tiene la fortuna suficiente… pero sólo para ser destinada a que triunfe él. Pues no lo afectan los escándalos que defenestran a otros. Los recientemente acusados de hacer una lucrativa pasada en la compra y venta de acciones con información privilegiada rápidamente se “autoproscribieron” económica y socialmente. Renunciaron a todo. Pero cuando Piñera fue sorprendido en lo mismo, no se “autoproscribió” de nada sino, al contrario, consiguió apoyos adicionales en la derecha, para llegar poco después, a la Presidencia de la República. Simplemente pagó la multa, negó los hechos (aunque eran evidentes), trató de “mentirosos” a sus acusadores y, con un amplio apoyo del “establishment” de derecha, fue elevado por ésta a la máxima dignidad.

          Y ahora, en medio de la debacle que sufre el sector, él emerge como ¡un líder moral! La figura impoluta que más apoyo tiene para conducir los destinos nacionales. Y todo indica que ampliará su actual y ya amplia esfera de influencias. Uno de sus mejores amigos, Andrés Navarro, manifiesta interés en encabezar la Sociedad de Fomento Fabril, impulsado por otro empresario de centroizquierda.

          Navarro es un fiel amigo de Sebastián Piñera. También es democratacristiano. Tan amigo que hace cuatro años, cuando el helicóptero de que ambos son codueños tuvo un aterrizaje forzoso antirreglamentario, la Dirección de Aeronáutica Civil sometió a proceso y sancionó a Navarro, pese a que Piñera públicamente había declarado que él venía piloteando la aeronave. Es lo que se llama “un buen amigo”.

          Pero si hubiera una derecha en Chile habría una alternativa o, a lo menos, una esperanza de que ella pudiera surgir. Pero la gente que se dice de derecha está entregada, renuncia a eso y a todos sus principios y resignadamente dice que su única posibilidad es Piñera. Añaden que “hizo un buen gobierno y creó un millón de empleos”.

          Para comenzar, casi la mitad de ese “millón de empleos” se creó en 2010, cuando todavía Piñera no había hecho otra cosa que proponer un aumento de impuestos, a raíz de lo cual se crearon después cada vez menos empleos. Ese casi medio millón de 2010 se debió a la política expansiva de Velasco, que aumentó el gasto público sin subir tributos y empleando las reservas que tenía el país. La mitad del millón se la debió, pues, Piñera a Velasco. Como también el fuerte crecimiento de 2010 y 2011, que empezó a decaer después, hasta entrar en franca declinación en 2013, debido a los errores de Piñera, como sus sucesivas alzas de impuestos, su “ineptitud política” denunciada por el Financial Times, el clima interno de desorden general debido a la falta de autoridad del gobierno, que debilitó la Ley Antiterrorista y, en lo que quedaba de ella, no la aplicó; y debido al clima de anarquía creado por la extrema izquierda con la revolución en la Araucanía y su asonada estudiantil, que Piñera describió, en otro arranque de ineptitud política, como un movimiento “noble, grande, hermoso”, cuando era una revuelta para hacerle imposible gobernar. Para no hablar de su persecución contra los militares, a quienes había prometido debido proceso y aplicación de la prescripción, la cual reiteradamente transgredió a través de su “Departamento de Derecho Humanos” del Ministerio del Interior, un engendro marxista que él mantuvo incólume, tanto como mantuvo al mirista Director del Instituto Médico Legal, Patricio Bustos, “funcionario de su exclusiva confianza”. ¿En qué podía terminar todo eso? En un gobierno de extrema izquierda real, por supuesto, porque quedaba claro ante la ciudadanía que el régimen mal llamado “de centroderecha” carecía de autoridad y no era capaz de gobernar.

          Y como demostradamente tampoco es capaz de hacer oposición, lo que queda de la derecha manifiesta su preferencia por desaparecer. Y para ese “suicidio asistido”, nada mejor que la persona que ya una vez la dejó desahuciada.

martes, 20 de enero de 2015

La Dictadura de la Nueva Minoría

          La última encuesta nacional Cadem-Plaza Pública dice que el 51% de los chilenos desaprueba la gestión de Michelle Bachelet, vs. un 37% que la aprueba; que el 48% desaprueba la reforma tributaria y un 40% la educacional, versus, respectivamente, un 36% y un 37% que las aprueban. Pero la primera reforma ya es ley, en medio del desconcierto que su texto ha provocado, dado que nadie se atreve a calibrar sus efectos, que la mayoría avizora negativos. La segunda reforma está siendo impuesta por la mayoría parlamentaria, representativa de la minoría ciudadana actual, y ella anuncia la muerte en Chile de la verdadera libertad de enseñanza.

          La minoría gobernante gobierna porque un 62% de los votantes (habiendo votado menos de la mitad de los que podían hacerlo), eligió a Michelle Bachelet creyendo que era una política moderada de centroizquierda (pues lo había sido) y jamás pensaron que en cuatro años había mutado. Bueno, ahora arroja la piel de oveja y revela su verdadero yo de admiradora del modelo socialista de la RDA y del de la Cuba de Castro y nos ordena ser todos iguales.

Por eso la mayoría ciudadana, al comprobar lo equivocada que había estado la mayoría electoral, ahora reprueba los proyectos de esta autodenominada Nueva Mayoría que ha pasado a ser Nueva Minoría real. No obstante ser esto último, pasa la “retroexcavadora” y desmonta el modelo chileno de libertad de enseñanza restringida, “bajando de los patines” a todos los que pretendan aventajar a los demás en calidad, para usar las dos frases más representativas del oficialismo emitidas el año pasado.

Desde niños los chilenos deberán aprender a ser iguales, como lo son desde la cuna hasta la tumba los habitantes de Cuba y la RDA. Lo único que no les van a enseñar, pero todos van  a aprender mejor que nada, es cómo ingeniárselas para irse a vivir a una sociedad desigual y libre (lecturas recomendadas: “Nuestros Años Verde Olivo” y “Detrás del Muro”, ambos de Roberto Ampuero). 

          Ahora estamos asistiendo a un absurdo y fantasmagórico espectáculo parlamentario destinado a “retroexcavar” el precario régimen actual de limitada libertad de enseñanza chileno y así “bajar de los patines” a todos y dejarlos en el nivel peor, que es el estatal, para después dar el zarpazo final a la educación particular, que es la única parcialmente libre, pues una cadena la ata: la programación obligatoria impuesta por el Estado a través de los llamados “contenidos mínimos”, que de hecho son máximos.

          Epílogo sobre libertad de enseñanza (para que usted sepa qué es lo que no existirá más en Chile):

Poder elegir educar por su cuenta, ganarse la vida y prosperar enseñando.

Poder fundar establecimientos educacionales de todo nivel libremente, con sus propios programas, infraestructuras, modelos y métodos.

Admitir o rechazar alumnos de manera también libre, pues la posibilidad de rechazar es el mejor indicador de calidad y proviene de la preferencia de las familias que sobredemandan a los mejores establecimientos.

Formar egresados que, por sus condiciones, puedan llegar a ser preferidos por las universidades y, cuando egresen de éstas, por las empresas e instituciones, deseosas de contratarlos por su potencialidad de buen desempeño profesional, técnico, laboral o productivo.

Poder tener dinero para pagar la enseñanza de sus hijos, porque los más de siete BILLONES de pesos anuales que van al monstruo burocrático llamado Ministerio de Educación y todos sus meandros y vericuetos rentables para los burócratas “connaisseurs” del sistema, en la sociedad libre serán redestinados íntegramente a las familias vulnerables para que financien la educación de sus hijos en los mejores establecimientos de su elección (alcanza demás para eso).

Pero la Nueva Minoría, desde Kerenskys hasta bolcheviques, que manda en el Ejecutivo, en el Congreso y en el Poder Judicial, hará lo necesario para que en Chile nada de lo anterior pueda llegar a ser realidad.

Así No Sea.






sábado, 17 de enero de 2015

Piketty, Paulmann, Ampuero y Lorca

          Por supuesto que Piketty ha sido recibido con aplausos por el Gobierno, empeñado precisamente en hacer lo que aquél recomienda: quitarles a los ricos para darle, obvio, al mismo Gobierno. Es que, dice Piketty, la desigualdad entre ricos y pobres va en aumento y, por tanto, hay que “bajar de los patines” a los primeros. Claro que aconseja hacerlo en todo el mundo al mismo tiempo, porque si no los ricos se cambian de país.

          Yo no necesitaba leer a Deirdre McCloskey (cosa que he hecho) para saber que Piketty está equivocado. Me basta “circumspice”, “mirar alrededor”, como aconsejaba Bernini cuando le preguntaban cuál era su obra arquitectónica. Miro alrededor y veo a un Horst Paulmann, que tiene la misma edad mía, y se da el caso de que, a los veinte años, por lo que he leído, teníamos más o menos lo mismo, es decir, comparativamente poco dinero. Él y su hermano vendían productos de la tierra y golosinas en un pequeño comercio del sur cuando yo me instalaba en un estudio de abogados. Y resulta que actualmente él tiene una cantidad de millones de dólares miles de veces mayor que la mía. Entonces ¿sirve la tesis de Piketty para explicar esa diferencia? Nada. “No le apunta ni por las tapas”, como decimos en buen chileno.

          Manuel Lorca Severino me ha convidado alguna vez a tomar té en los jardines de una casa suya que fue de una familia Errázuriz, en Maipú, sobre una loma. Él le compró la casa a esa familia. Manuel es hijo de un inquilino del ex fundo “Pajaritos”, de Maipú, que fue atropellado y muerto por un camión hace sesenta años. Manuel tuvo que trabajar la tierra como mediero para sostener a su familia y lo hizo tan exitosamente que ahora tiene un par de fundos y me convida a tomar té en el jardín de la casa de la familia Errázuriz, cuya tierra, entre otras, compró a lo largo de cincuenta años ¿Sirve la tesis de Piketty para explicar eso? Para nada. Según Piketty, la familia Errázuriz, ex dueña del jardín de Manuel, hoy debería haber llegado a ser cada vez más rica y haber aumentado muchas veces su patrimonio y su ingreso en relación al de Manuel. Y, sin embargo, ha sucedido exactamente al revés.

          ¿Por qué? Porque Piketty se ha olvidado, entre otras cosas, del “capital humano”, que es el que explica por qué los patrimonios cambian de manos y las personas que lo poseen obtienen ganancias muchas veces mayores que las que no. Y esas personas pueden ser inicialmente pobres, pero inevitablemente terminan siendo muy ricas, y cambian constantemente. Todos siempre lo hemos sabido. Cuando hace casi sesenta años me incorporé como socio al Club de la Unión, algún socio mayor y chistoso que le pedía al mozo, “Oye, González, tráeme un Tocornal reservado”, pronosticaba que cincuenta años después los socios iban a pedir al mozo, “Oye, Tocornal, tráeme un Yarur reservado”. Y hoy, transcurrido ese medio siglo, nadie puede negar que mucho de lo descrito en su vaticinio se ha cumplido. Lo malo es que Piketty no tiene idea de eso.

          Malthus se hizo más famoso que Piketty escribiendo 700 páginas para pronosticar que la Humanidad se iba a morir de hambre porque la gente se iba a multiplicar en proporción geométrica y los alimentos lo iban a hacer sólo en proporción aritmética. Pero hoy un gran problema de la Humanidad es la obesidad, mayor que el del hambre, que casi ha desaparecido. Bueno, es que Piketty también se ha olvidado de la tecnología.

          Karl Marx se hizo, asimismo, más famoso que Piketty, pero hoy nadie lo toma en serio. Tengo en mi oficina una caricatura suya diciéndole al mundo, “Sorry, guys, it was just an idea…! (“Lo siento, muchachos, fue sólo una idea…”) Para saber qué tan mala fue esa idea basta leer “Detrás del Muro”, de Roberto Ampuero, un entusiasta idealista que formó parte de las Juventudes Comunistas y en 1973 se exilió en Cuba y en Alemania Oriental. Su principal problema resultó siendo cómo salir de detrás del Muro de Berlín e irse a ganar menos dinero y a carecer de las garantías de subsistencia básica que le daba el comunismo, a cualquier país occidental donde hubiera algún capitalismo explotador salvaje que le ofreciera algo que en los paraísos socialistas no había podido encontrar: libertad.

          Acá se están ya aplicando las recetas de Piketty, partiendo por subir los impuestos y suprimir variadas libertades personales, como lo estamos viendo en el trámite de la Reforma Educacional, que terminará con nuestra libertad de enseñanza, la misma que bajo el propio Gobierno Militar que la consagró les permitía a todos, incluso a los comunistas y socialistas, fundar colegios y universidades (Colegio Latinoamericano de Integración, Universidad Arcis).

          Fuimos el primer país que eligió democráticamente un gobierno marxista-leninista. Embobados por libros como el de Piketty, estamos encaminados a reinstaurar un régimen socialista. Es bueno que otro libro, como “Detrás del Muro”, compita en los primeros lugares del ranking con el de Piketty, porque nos será útil saber cómo salir del lugar a donde este último nos va a llevar. Recomiendo leer ambos, aunque pronostico que ustedes sólo van a terminar el primero: de los que leen el de Piketty en Kindle, ninguno ha pasado de la Introducción (26 páginas). 

          Parece destinado a ser uno más de los libros famosos que nadie es capaz de terminar. Pero, calma, tampoco importa terminarlo.


jueves, 15 de enero de 2015

¡Por Fin Vuelven los Tres Tercios!

          En su recomendable esfuerzo por completar el legado de Allende, Michelle Bachelet ha dado otro gran paso, al hacer realidad la consigna de que el sistema binominal no es democrático, y hay que desmantelarlo. Pero volver a la proporcionalidad es un gran disparate en un país como Chile, porque es condenarlo a los tres tercios que liquidaron su democracia.

          Yo siempre fui partidario del sistema uninominal mayoritario, como el de la democracia más antigua del mundo, la británica. Se lo hice ver a los artífices del binominal, pero uno de ellos me explicó, mientras caminábamos por Merced llegando a San Antonio, que el binominal era la manera perfecta de hacer desaparecer al peor mal de la política chilena, la DC, pues ella no iba a poder permanecer en el centro e iba a tener que optar por aliarse francamente con la izquierda, cosa a la que nunca se iba a atrever; o con la derecha, lo que había hecho para terminar con el desastre de Allende e iba a volver a hacer por miedo al comunismo.

          Bueno, el tiempo no le dio la razón y, gracias al binominal, la DC aliada con la izquierda ganaron todas las elecciones posteriores a 1990, incluyendo, por cierto, la de 2009, en que uno de los suyos accedió a la Presidencia, liquidó a la derecha, subió los impuestos, persiguió a los militares peor que un Aylwin cualquiera, criminalizó a la UDI y RN llamándolos “cómplices pasivos”, y finalmente le devolvió el poder a  una coalición también peor que la que había (la Concertación) y que ahora se llama Nueva Mayoría, conducida por los comunistas o gente que está a la izquierda de ellos, como Nicolás Eyzaguirre. Y si alguien no cree que los comunistas o algo peor la conducen, que pregunte quiénes son los que más saldrán ganando con las reformas tributaria (“que paguen los poderosos”), educacional (“todo para el Estado”) y laboral (“abogados comunistas hurgando en la contabilidad de la empresa”), para no hablar de la Asamblea Constituyente que viene.

          ¡Adiós, binominal, nos diste el cuarto de siglo más pacífico y estable de nuestra convivencia republicana desde los decenios, porque neutralizaste al comunismo, que sólo pudo tener acceso al poder gracias a quienes siempre se lo han brindado, que les abrieron la puerta del Parlamento y ahora forman gabinete con ellos, sin otra exigencia que manifestar, y sólo manifestar, su renuncia a su vocación natural, la revolución violenta!

          Pero los comunistas, que tienen pocos votos, van a beneficiarse mucho más que nadie de la derogación del binominal. Por fin van a poder ir en listas de izquierda sin perder ninguna ventaja. Como ya no necesitan a los Kerenskys, los van  a dejar solos al centro, donde éstos van a aliarse con algunos restos náufragos de la derecha, que ahora que pereció el grupo Penta (y, por tanto, todo el valioso oxígeno para la UDI), va a depender exclusivamente de Sebastián Piñera, que tiene la plata. Y todos sabemos que quien pone la plata elige la música. Y la música que a él le gusta es una cuya letra dice: “¡Qué fantástico es Sebastián Piñera!”. 

          Éste se ha mantenido relativamente incontaminado con el affaire Penta, que afecta a su mejor amigo, y Hugo Bravo no ha vuelto a insistir en que le dieron cincuenta millones de pesos a la campaña presidencial de Piñera en 2009, a través de la Fundación Futuro, cosa que ha sido desmentida por esta última. Hugo Bravo, pese a aseverar “yo nunca he mentido”, no ha vuelto a insistir en esos 50 millones.

          Irónicamente el retorno de los tres tercios abre alguna esperanza a lo que pueda quedar de la verdadera derecha, es decir, la gente que defiende la libertad personal, la ley y el orden, el derecho de propiedad y, en fin, el legado del Gobierno Militar, y que no se ha dejado avasallar por las consignas de izquierda, en especial la de las “violaciones a los derechos humanos”, que ha terminado con todos los terroristas libres y bien pensionados y con decenas de ancianos  militares como presos políticos y centenas de ellos procesados en una vindicta ilegal y de nunca acabar.

No tenemos líderes que profesen nuestras ideas, pero así como hasta a la Lily Pérez le están dado la posibilidad de fundar un partido con cien firmas ¿cómo no las vamos a poder reunir nosotros? Claro, nos falta, justamente, una Lily Pérez ¿pero quién dice que no pueda surgir alguno o alguna que represente los valores que el periodista Patricio Amigo, en su carta de ayer a “La Segunda”, dice que añoran los chilenos de a pie, barrenderos, comerciantes, kioskeros, taxistas y pobladores que hablan con él y quisieran verlos restablecidos tal y como regían bajo el Gobierno Militar?

lunes, 12 de enero de 2015

Responsos por la UDI

          La izquierda se ha hecho presente en masa en el funeral de la UDI, pero emitiendo múltiples y sañudas invectivas contra la difunta, como las de Carlos Peña ayer en “El Mercurio”, pese a que las buenas maneras enseñan que “no hay muerto malo”, sobre todo en el día el sepelio; y las de Óscar Guillermo Garretón y Max Colodro hoy en “La Tercera”. Así será, pero las recetas que ellos predicaban (cuando al menos dos de los mismos eran fieles seguidores o funcionarios de la UP y militaban en el MAPU revolucionario o en la Jota) han probado con los años ser muy inferiores a las que siempre propició la difunta UDI en todos los respectos.

Pues ésta podrá estar muerta, pero sigue teniendo la razón: hoy el mundo reconoce que el socialismo real y centralizado, con propiedad estatal de los medios de producción (“la única solución”, como escribía Ricardo Lagos en su primer texto fundamental), resultó un desastre para los pueblos y la “dictadura del proletariado” que quería instituir la UP en esta “Hermana Menor” llamada Chile dejó en el mundo una estela de sufrimiento de setenta años y más de cien millones de muertos. De ella nos libraron los militares, inspirados por el fundador de la UDI, Jaime Guzmán, y siguiendo su consejo instituyeron una sociedad libre y una democracia que ha funcionado muy bien, dándole al pueblo la posibilidad de elegir que nunca permitió el otrora ídolo de los autores de los responsos de hoy, Fidel Castro.

          Ahora, que el pueblo elija mal y lleve al poder a gente con las ideas originarias de los autores de esos responsos, y en este momento con la misión de “completar el legado de Allende”, como lo están haciendo ahora, no es culpa ni de los militares ni de Jaime Guzmán ni de la UDI.

Pero el hecho es que esta última, efectivamente, está hoy por hoy en una agonía política, porque recolectó parte de sus fondos electorales de una manera indebida. Como, por lo demás, lo hacen todos los restantes partícipes en los comicios, con dos diferencias: primera, que a ella la “pillaron” y a los demás no; y, segunda, que sus recursos provenían de mecenas privados y no de las arcas públicas, de las cuales los sustraen desde el centro hasta la izquierda, a través de “desmalezados”, empresas “GATE”, asesorías ficticias, compras de sábanas chinas más allá de las que se necesitan o, si el contribuyente es una empresa privada, emitiendo efectivamente los informes que dicen las boletas, aunque la empresa “informada” no los necesite, lo cual le está permitiendo al ministro Undurraga “zafar” de lo más bien de la actual tempestad, con pleno respaldo presidencial y de su partido. Además, cuando la boleta falsa “pillada” es de la cónyuge de un asesor publicitario de la campaña presidencial de Michelle Bachelet, la prensa apenas se preocupa de ella, los periodistas de izquierda (es decir, casi todos) se olvidan del caso y ningún fiscal anuncia formalización, de modo que asunto terminado.

          A todo esto, a la cabeza del derrumbe están dos empresarios de derecha exitosos, que querían ayudar al único partido que tenía, dentro del espectro nacional, algunos rasgos de derecha: la UDI. Si cuando los candidatos pululaban por las oficinas de esos empresarios, pidiendo financiamiento electoral, ellos hubieran contestado, simplemente, “no puedo en este momento”, se habrían ahorrado muchos millones de pesos y, por cierto, el calvario que hoy están viviendo. Pero “los Carlos”, como los llama la prensa, creían en una causa política y estaban dispuestos a ayudarla. Si les pedían diez millones de pesos y ellos los daban sin más a un candidato, personalmente, debían desembolsar 14 millones, porque los dineros retirados de sus empresas están sujetos al 40% de impuesto personal. Si el candidato les llevaba una boleta de cobro a su empresa, ésta podía rebajar el monto de su utilidad, y pagar menos impuesto a la renta, y ellos quedaban libres del 40% del impuesto personal. Luego, podían destinar mucho más dinero a “la causa” con este procedimiento. Lo malo es que era ilegal, si bien todos lo hacían desde siempre. A los únicos que habían pillado era a los socialistas en el MOP, en el gobierno de Lagos. Pero a los privados no los habían sorprendido. Incluso más, después de la primera elección, en 1989, Impuestos Internos declaró que no revisaría con ánimo de fiscalización tributaria los gastos electorales. Fue casi como decir, “en las elecciones se puede”. Y desde entonces hasta hoy todos actuaron como si se pudiera, hasta que se dio el particular “caso Penta” donde alguien, sorprendido en una irregularidad tributaria personal, que no tenía nada que ver con las elecciones, dijo: “Si yo me hundo, se van a hundir todos conmigo” y le dio a un fiscal los detalles del “modus operandi” electoral del cual él estaba a cargo. El hecho es que ahora todos los demás rezan para que esto quede confinado, “encapsulado”, en la UDI y el “caso Penta”, porque si no…

          Alguno de los columnistas ex rojos y hoy “demócratas impecables”  que han oficiado estos responsos ha dicho que lo sucedido equivale a una “caída del muro de Berlín” para la derecha. Pero está completamente equivocado. El muro de Berlín cayó porque aherrojaba todas las libertades. La UDI ha caído por procedimientos indebidos en la defensa de las libertades. En el caso del muro de Berlín era la canción la que la gente, la Humanidad toda, ya no quería oír más. En el caso de la UDI puede haber fallado el intérprete, pero la canción es la del respeto al individuo, la que hoy todos los pueblos quieren oír.

Si lo que la UDI representa resulta silenciado por la enorme marea publicitaria marxista, filo marxista y de los Kerenskys y ocasionales “compañeros de ruta” o “tontos útiles”, como los llaman los comunistas, será peor para el país y mejor para la revolución tan dañina que éste hoy está soportando. Y ella se impondrá con mayor facilidad.

          Por eso los oficiantes harían bien en conceder que, cuando las campanas doblan por la UDI, podrían también estar doblando por el futuro nacional.

          

jueves, 8 de enero de 2015

¡Nos Pueden Empatar!

          Hasta ahora les estábamos ganando lejos el partido a la DC y la izquierda, por lo menos 3-0. Las “aulas tecnológicas” compradas por el Ministro de Educación, Ricardo Lagos, en los ’90, con un enorme sobreprecio que nadie sabe ni sabrá dónde fue a parar. En ese tiempo la Contraloría le tiró la pelota al Consejo de Defensa del Estado, éste se la chuteó de vuelta y al final alguien se la llevó para la casa y cuento terminado. 

          Luego vinieron los “sobres con billetes” que se llevaban TODOS sin decirle a nadie, desde los Presidentes para abajo, hasta que fueron pillados durante el gobierno de Lagos. “Fue una corruptela”, le confesó paladinamente don Patricio a “El Mercurio”, explicando que sus ministros le decían que “con el sueldo no les alcanzaba”. Bueno, Longueira les arregló el pastel y les aumentó los sueldos en lo mismo que estaban sustrayendo, y el Director del SII dijo que los fondos reservados de donde sacaban los billetes eran “no investigables”. 

         Y después, para redondear la goleada de 3-0 que les estábamos dando, vino el MOP Gate, donde volaban las facturas y boletas “ideológicamente falsas”, como dicen ahora, y por montos enormemente superiores a los del caso Penta. Investigación judicial, proceso que duró diez años y un bolsón de condenas remitidas impuestas por la ministra Chévesich, que después se hizo perdonar de la izquierda y logró llegar a la Suprema aseverando que “nunca aplicó la amnistía”.

          Y así vivíamos nuestra política, gozando de esta tranquilizadora ventaja, hasta que apareció el “caso Penta”. Ahora las boletas “ideológicamente falsas” que vuelan por todas partes son nuestras. Habían existido siempre y estoy cierto de que las empleaban todos los candidatos para obtener fondos, y también algunos no-candidatos, incluidos un ministro y un embajador socialistas, para que Gendarmería, en el primer caso, y Codelco, en el otro, les girasen un par de millones mensuales por informes de nula necesidad para aquel servicio y esta empresa.

Todo eso aseguraba nuestra cómoda ventaja y desde la derecha observábamos el panorama con un tremendo aire de superioridad moral… hasta que nos pillaron. Hemos tratado de defendernos sacando a relucir facturas y boletas truchas de un actual ministro y de la propia campaña de la Presidenta, pero nuestras denuncias tienen, como siempre, menos eco que las de ellos, porque hay menos grabaciones telefónicas y menos mails y menos periodistas nuestros y, entonces, siempre la izquierda repite las cosas más veces que nosotros. Baste recordar que todos enlodan a Pinochet y no a Allende, que recibió comprobadamente sobornos tanto de empresas norteamericanas (Embajador Edward Korry, “La Segunda”, 22.10.96) como del KGB soviético (ex agente Vasili Mitrokin, en “El Mundo Estaba Yendo en Nuestra Dirección”, Basic Books). Y, sin embargo la izquierda ha logrado asesinar la imagen de Pinochet, pese a que en sus 17 años de gobierno sólo registró, según un Director de Impuestos Internos socialista, 500 mil dólares de ingresos sin explicar (“La Tercera”, 08.10.05), misma suma que “ellos” sustraían cada dos meses en los sobres con billetes. Y lograron instalar el concepto de “la fortuna de Pinochet” pese a que ella no se ve por ninguna parte, porque el juez que conoce del caso sólo ha podido embargar dos millones seiscientos mil dólares y nada más, en circunstancias que el propio Pinochet, en su declaración de bienes al asumir en 1973, expuso ser dueño de más de dos millones de dólares en plata de hoy (detalle publicado en “El Mercurio” de 06.09.04).

          Es que “ellos” manejan las comunicaciones como los dioses. Fue Stalin el que, ya a partir de 1924, les enseñó a repetir falsedades hasta convertirlas en “verdades”. Stalin fue el verdadero precursor de Goebbels. Insisto en la necesidad de leer, a este efecto, el libro de Leonardo Padura, “El Hombre que Amaba a los Perros”, sobre la campaña de desprestigio y posterior asesinato de León Trotski.

          Pero creo que ahora ya es inútil llorar sobre la leche derramada. Es evidente que con el “Pentagate” nos pueden perfectamente empatar, sobre todo atendida nuestra enormemente inferior capacidad de armar escándalos. Los que los afectan a ellos parecen quedar confinados a Internet. El espectacular estudio que desmiente la calidad de médico de Michelle Bachelet, hecho por un ingeniero increíblemente prolijo y detallista, no ha salido en ningún diario, canal de TV o radio. Los centenares de parientes que los capos de la Nueva Mayoría han puesto a exprimir la ubre fiscal sólo quedan en los adjuntos de los mails y tampoco se publican, lo mismo que los 16 millones mensuales que redondean Camila Vallejo y su pareja, asesor de un ministerio, y que los sitúan en la cúspide de la pirámide la desigualdad de ingresos contra la que ella tan vehementemente lucha.

          Sin embargo, hay recetas ante el inminente empate. Una es la “cara de palo”. Cuando a Sebastián Piñera lo sorprendieron comprando acciones con información privilegiada en 2008, puso cara de palo, denunció como mentirosos a quienes lo acusaban y no renunció a ningún directorio, como lo han hecho los recientemente sorprendidos en lo mismo. Y el tema quedó atrás y después Chile lo premió con la Presidencia de la República.

          Es una buena receta, probada. Pidámosle consejo a Sebastián, apliquémosla y a lo mejor hasta impedimos que la DC y la izquierda nos empaten.