miércoles, 20 de septiembre de 2017

Desvergonzados Ignorantes y Frescos


          El debate sobre el alzamiento del secreto de las declaraciones ante la Comisión Valech, para “los que conocemos los hechos” –usando las palabras de Paul Johnson en defensa de Pinochet— sólo revela el grado de desvergüenza y/o ignorancia que preside el debate público chileno.

          La Comisión Valech, en sí, ya fue una vergüenza nacional. El obispo multimillonario de derecha ya había caído muy bajo cuando, presidiendo la Vicaría de la Solidaridad, había quedado en evidencia como encubridor del FPMR, a cuyos heridos en atentados la Vicaría prestaba auxilio clandestino en la Clínica Chiloé, cosa que se descubrió tras el asesinato frentista a mansalva, con premeditación y alevosía, del veinteañero carabinero Miguel Ángel Vásquez. Un ministro en visita designado para investigar el caso encargó reos a un abogado y un médico que auxiliaron a los frentistas heridos tras el asesinato de Vásquez. Después de 1990 Aylwin designó al mismo abogado, convenientemente indultado, como jefe del organismo de seguridad de su gobierno, la ANI. ¡Qué tipos tan frescos!

El ministro en visita le demandó a Valech las fichas de atenciones médicas a terroristas en la Clínica Chiloé, pero éste simplemente no se las entregó. ¿Obstrucción a la justicia, que es un delito? ¿Qué? ¿En qué país vive usted? Valech permaneció impune y la Vicaría siguió siendo el “brazo auxiliar judicial y médico” del FPMR, con la bendición del Cardenal Silva Henríquez, que Dios lo tenga en su santo seno. Pero cuando entrevistaban a Valech en los diarios, decía que él era de derecha.

          Y lo era, pero “a la chilena”, es decir, políticamente correcto. Hijo de un multimillonario de ascendencia siria y de una aristócrata, se educó en el mismo colegio que yo, el Saint George’s, que hasta los años ’60 era católico y de derecha. Cuando yo estaba en tercera preparatoria, Valech estaba en el sexto de humanidades y yo lo veía entrar al comedor todos los días, en 1944, grande, sonriente, bondadoso, con el rostro afectado por el acné. No me extrañó saber después que había entrado al Seminario. Su padre había comprado la Hacienda Apoquindo, la había loteado y vendido después en sitios de cinco mil metros cuadrados, en uno de los cuales vivo con mi familia hoy.

          Ya Vicario de la Solidaridad, como buen derechista acomodaticio, no resistió la tentación de colaborar con una de las mayores canalladas de Lagos, la formación de la Comisión Nacional de la Prisión Política y Tortura. Una comisión de historiadores determinó el 10.12.04 que sólo el 0,3 % de los chilenos sufrió detención bajo el Gobierno Militar. ¡Los socialistas, que habían sido sacados del poder por, entre otras cosas, según el Acuerdo de la Cámara de Diputados, haber “incurrido en frecuentes detenciones ilegales por motivos políticos… y haber tolerado que las víctimas sean sometidas en muchos casos a flagelaciones y torturas”! (Letra g) del Acuerdo).

          La tortura se había practicado siempre en Chile por las policías políticas y también las no políticas. Por algo los abogados de izquierda –entre ellos Ricardo Lagos-- habían acusado ante la Corte Suprema a Frei Montalva de permitirlas. Hubo un Informe de 71 páginas publicado en “Punto Final” de 30 de agosto de 1970 relatando atrocidades. Y después el gobierno de la UP, a su vez torturó a todo el mundo, incluidos dos diputados elegidos junto conmigo en marzo de 1973, Maximiano Errázuriz y Juan Luis Ossa. ¡Y ni siquiera había guerrilla antigubernamental!

          A los derechistas presos en el caso Schneider los torturaron salvajemente, primero la policía de Frei y después la de Allende, tanto que en la revista “Portada” N° 16 de noviembre de 1970 sugeríamos legalizar la tortura, como se ha hecho en Israel y Estados Unidos (“waterboarding”).

          Pero en este país ignorante de los hechos ya nadie recuerda nada.

          Después, cuando los militares se encontraron ante más de veinte mil guerrilleros, llamaron a 80 detectives de Investigaciones para los interrogatorios. Uno de ellos, Sergio Rivas, entrevistado por “El Mercurio” del 21 de noviembre de 2004, dice que interrogó en Londres 38, lugar de detención, pero no aplicó torturas, aunque había elementos eléctricos: “¿Escuchó gritos de dolor? En Londres, no. (…) tampoco allí vi cosas terribles”. Pero la propaganda de izquierda dijo otra cosa y los cerebros lavados se la creen: Londres 38 es “la casa del horror”. “¡Ratones en la vagina!” gritan los abogados comunistas apenas los enfoca una cámara.

          Pues como el KGB divulgaba por el mundo “las torturas” en Chile, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos envió una delegación en 1974 a investigar, y “de 109 casos… sólo 19 declaran haber recibido golpizas en los últimos tiempos y de éstas sólo tres pueden mostrar señales en sus cuerpos que podrían ser causadas por esa clase de malos tratos” (Whelan, “Desde las Cenizas”, p. 664).

          Hasta el historiador Gonzalo Vial, miembro de la ya sesgada Comisión Rettig, ridiculizó a la de la Tortura: “Si… hubiera examinado los 35.865 casos, la Comisión, que trabajó trece meses, habría tenido que estudiar entre 130 y 140 casos por día. (…) La mayoría de los casos descansa en el solo testimonio de la persona que se declara víctima." (“La Segunda”, 01.09.04).

          En realidad, Lagos estableció el secreto de las declaraciones por 50 años para no pasar él vergüenza, porque un llamado a recibir una pensión de $130 mil pesos mensuales (hoy debe estar en el doble, por lo menos) más toda suerte de beneficios y prebendas adicionales, obtenibles con sólo decir “me maltrataron”, es un ardid político desvergonzado. Tanto que el 7 de diciembre de 2004 el ex guerrillero socialista Juan M. Flores Burgos escribió a “Las Últimas Noticias” que no había ido a declarar a la Comisión Valech, pese a que fue capturado en el Cordón Vicuña Mackenna en los días siguientes al 11, pasó por el Estadio Chile y el Estadio Nacional, fue maltratado y finalmente liberado condicionalmente, porque asume su “mea culpa, sin chivos expiatorios ni caza de brujas”. Un chileno honrado. Con vergüenza. Una aguja en un pajar.

          ¡Qué país de frescos! Con razón las encuestas las encabeza Piñera.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Trending Topic Mundial


          Sebastián Piñera cree tener comprada la elección, y en esto puede tener razón, pero no la tiene al creer por eso innecesario ir a foros de poco rating con los demás candidatos, como el que hubo sobre el futuro, la ciencia y la tecnología, porque resultó que al exterior le interesó el evento más que a los chilenos y se convirtió en trending topic mundial. Y acá debió repetirse la noche de ayer sábado.

          Al final votaron los telespectadores chilenos y resultó triunfadora Beatriz Sánchez por algún margen sobre Alejandro Guillier, que fue seguido muy de cerca por José Antonio Kast, el único de derecha entre todos los candidatos (incluyendo al ausente). Con escasa votación quedaron más atrás Carolina Goic, ME-O, Navarro y Artés.

          ¿Por qué el mundo se interesó más que Chile? Porque algo sucedió acá hace más de cuarenta años que transformó a la sociedad, de ser una de las más postradas del Tercer Mundo a ser una de las más exitosas. Y como la propaganda izquierdista mundial, atizada por el KGB, pintó al artífice del cambio, Pinochet, como un monstruo, el mundo siempre tiene interés en informarse por qué un monstruo pudo transformar un país atrasado y mediocre en el mejor de los que están en vías de desarrollo.

          Por ejemplo, el New York Times publicó no hace mucho un artículo en que citó la tasa de homicidios de los países y, pese a que en Chile la delincuencia es un grave problema interno para la población, resultó que es el país que, por lejos, tiene la tasa de homicidios más baja entre los numerosos citados en el reportaje: algo más del 2 por cien mil habitantes, mientras Estados Unidos aparecía con 8 y la tabla la encabezaban Honduras y El Salvador con 19. En Sudamérica aparecían Ecuador, Argentina y Uruguay con las otras tasas más bajas, pero sobre 6.

          Algo tiene Chile. ¿Por qué nos hemos llenado de inmigrantes? Porque acá se vive mejor que en otras partes. Hubo un modelo que fue capaz de generar recursos para que el Estado duplique, en subsidios, lo que ganan los trabajadores más pobres. Luego, los trabajadores más pobres de otras partes, que ya no pueden irse fácilmente a los Estados Unidos o a Europa, como lo hacían antes, se vienen al “segundo mejor” destino, Chile.

Entonces, la opinión pública mundial se interesa por lo que sucede acá y convierte en “trending topic” un foro de siete candidatos presidenciales, porque quiere saber cómo son los habitantes de este país que pasó a ser mucho mejor después de haber sido gobernado por un monstruo. Es probable que el rating del programa entre los chilenos haya sido menor que en el extranjero, porque acá el desinterés por la política es tan grande que encabeza las encuestas un individuo con el prontuario más negro entre todos los aspirantes, pero que tiene una generalísima de campaña que le garantiza el triunfo: Michelle Bachelet. Una mayoría relativa dice que con tal de que ella se vaya no importa que vuelva Piñera. Y eso sería todo, porque el 70 % de los encuestados nunca hablan de política y no tienen idea del prontuario de los candidatos, pero sí saben que Michelle Bachelet ha echado a perder el país y prefieren asirse de un clavo ardiente que ya conocen, a que ella siga.

          Los escuderos de Piñera han salido ex post a vocear que el foro fue malo, pero no lo fue. Sirvió para comprobar que una mayoría de candidatos cree más en el Estado que en las personas –Navarro, Artés, Sánchez, ME-O—; una minoría cree en ambos, Estado y personas –Guillier y Goic— y sólo un candidato cree en la libertad personal, Kast.

          Por supuesto, los hechos dan la razón a este último: el adelanto tecnológico más importante del último tiempo en beneficio de las personas se llama Uber y nació del ejercicio de la libertad individual y no del Estado. El desastre tecnológico mayor de los últimos tiempos en Chile se llama Transantiago y nació de la gestión estatal.

          Y, en fin, si Piñera sigue actuando como si ya tuviera la elección en el bolsillo, podría llevarse una sorpresa desagradable el 19 de noviembre, sobre todo si la gente comienza a informarse sobre su prontuario.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Un Broche de Odio


          El odio ha triunfado completamente en Chile. De eso no cabe duda. De partida, nos gobiernan los que siempre profesaron como doctrina la eliminación física del adversario y que personificó como nadie su apóstol, el “Ché” Guevara, organizador confeso de una “fría máquina de matar”, como él mismo escribió, según cita del historiador Álvaro Góngora en su última columna de “El Mercurio”, que ha suscitado las iras de los intelectuales de izquierda, pues ellos habían logrado impunemente transformar ante la opinión pública a los victimarios en “víctimas” (con enorme rédito económico, por añadidura) y, por tanto, a lo que más temen es a la verdad de los hechos que los delata como portaestandartes del odio.

          El triunfo de éste ha impedido la reconciliación de los chilenos y se ha producido acá exactamente el fenómeno previsto por Orwell en “1984”, en que el manejo de la opinión pública requiere, tal como en la novela citada, en que periódicamente el gobierno convocaba a “dos minutos de odio” de toda la población contra su “Enemigo Público N° 1”, Emmanuel Goldstein, acá lo mismo se haga contra el Enemigo N° 1 de los portaestandartes del odio, Augusto Pinochet.

          Doña Michelle Bachelet quiere terminar su mandato con tres medidas de exacerbación del odio: el traslado de los ancianos Presos Políticos Militares a una cárcel común, la plena publicidad de los relatos formulados ante la más escandalosa de las comisiones formadas bajo la Concertación para falsificar la historia reciente, la de “Prisión Política y Tortura”, que su fundador y formador, Ricardo Lagos, en un rapto de pudor que es propio de los conversos (él ponía bombas en su tiempo, como lo denunció Clotario Blest, pero terminó siendo “amado por los empresarios”), había decretado que no podrían publicarse en 50 años; y la renovación, como se hace cada cuatro años y cuando se avecina una elección, del supuesto “asesinato de Eduardo Frei”.  

          Michelle Bachelet sabe que el odio reditúa en política. Cuando su antecesor, Sebastián Piñera, caía a los más bajos niveles de aprobación durante su mandato, tras ser sorprendido manipulando la elección de directiva de la ANFP para favorecer al club del cual era accionista controlador, y ello redundó en el despido de Bielsa, discurrió  como maniobra publicitaria y para remontar con la adhesión de los profesionales del odio, trasladar a los oficiales presos políticos en el penal Cordillera a Punta Peuco. Eso le permitió dejar el poder con un 34 % de aprobación, según la encuesta CEP, porque se ganó el aplauso de los comunistas cuando una decena de oficiales ancianos fueron transportados en buses que recibían las piedras de los frentistas al atravesar el pórtico del penal Cordillera, sobre el cual convenientemente se había instalado el emblema de la hoz y el martillo.

          Ella espera similar cosecha pronto, al trasladar a los Presos Políticos a un penal común, cumpliendo la petición que le formulara Carmen Gloria Quintana, que fuera sorprendida en 1986 portando recipientes altamente explosivos para incendiar buses de la locomoción colectiva, uno de los cuales fue volcado accidentalmente y la quemó a ella, convirtiéndola en mártir internacional y consiguiendo, además, que el Enemigo Público N° 1 de la izquierda sea execrado adicionalmente por “quemar a personas que pensaban distinto”, como declarara un político de derecha cuyo cerebro, como el de la mayoría, había sido convenientemente lavado.

          La publicación de los relatos ante la Comisión de la Tortura (necesarios para conseguir una pensión y otras prebendas), se espera, provocarán similar efecto, sobre todo si se evita la publicación de similares relatos de torturas de presos del MIR bajo Frei Montalva, que un grupo de abogados en que estaba Ricardo Lagos denunció a la Corte Suprema en 1970, o los relatos de políticos opositores a la UP, como Juan Luis Ossa y Maximiano Errázuriz sufrieron a manos de Investigaciones bajo Allende, cuando no había guerrilla armada (salvo la que éste organizaba) y se torturaba para no interrumpir la antigua tradición chilena en esa materia, que ahora se oculta para poder culpar exclusivamente al Gobierno Militar y pertrechar con otros cientos de millones de dólares fiscales anuales a los agentes del odio.

          En fin, la peritonitis mal operada de Frei Montalva, de la cual estaba consciente la hermana de Martita Larraechea que lo tenía a su cuidado y un yerno médico del mismo paciente, que nunca se hizo parte de la denuncia, servirá también de “broche de odio” para el término del mandato de Michelle Bachelet.

          Ésta podrá así dejar el poder cultivando odio hasta el último día de su mandato, sin otro riesgo que el de que cada vez más chilenos sigan acordándose de que bajo la Presidencia de su Enemigo Público N° 1 había paz en la Araucanía, los delincuentes eran castigados, y no los carabineros, y la inversión aumentaba y fluía al país, que crecía a una tasa de dos dígitos anuales y se ponía a la cabeza de América Latina.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Aniversario de la Revolución


          Me convidaron de una ciudad del sur a estar presente en la conmemoración del 11 de septiembre. Toda gente de derecha, que fue partidaria del “Sí”, con algunas interesantes presencias de jóvenes cuyos cerebros no han sido lavados y de candidatos a diputados que están con José Antonio Kast, pero que me pidieron expresivamente “mantener cerrada la boca” porque sus partidos apoyan a Piñera.

          Cuando hice uso de la palabra estuve a punto de introducir una tesis: la de que el 11 de septiembre de 1973 no tuvo lugar un “golpe de Estado” ni un “pronunciamiento militar”, sino una genuina, importante y decisiva Revolución. Tan importante para la Humanidad --y puedo probarlo-- como la Revolución Francesa o la Revolución Rusa, pero para bien del planeta. Pues ella no sólo cambió un gobierno, sino las estructuras política, económica y social del país e influyó, con su éxito, en que cambiaran otras del mundo entero, hasta culminar en la caída del Muro de Berlín. Tesis que estoy dispuesto a fundamentar en cualquier ocasión en que se me proporcione el tiempo o el espacio suficientes.

         En el viaje de ida y en el de vuelta leí la mitad del nuevo libro de Adolfo Paúl Latorre, “Prevaricato”, sobre las sentencias de los jueces de izquierda dictadas contra militares transgrediendo numerosas leyes expresas.

Ellas y el caso del general Orozco, nonagenario y con demencia senil, detenido en pijama una madrugada por detectives de la Brigada de DD. HH., motivaron un artículo en “El Mercurio”, firmado por dieciséis ex Comandantes en Jefe y ex Generales Directores. El artículo dio lugar a una furiosa réplica del Ministro de Defensa, José Antonio Gómez. Es que el caso del general (r) Orozco ya fue demasiado. Tanto que hasta originó una crítica de Sebastián Piñera a la penosa situación ¡que había originado él mismo, a través de una querella de su subsecretario del Interior, Rodrigo Ubilla! Pues ni el gobierno de Bachelet ni sus partidos tuvieron parte en ese asunto: fue una prevaricación promovida exclusivamente por el gobierno de Piñera.

          Los hechos tuvieron lugar en diciembre de 1973, a la salida del Regimiento “Yungay” de San Felipe, cuando dos presos sometidos a un Tribunal en Tiempo de Guerra, Rigoberto Achú y Salomón Wegner, eran devueltos a la cárcel, tras prestar declaración ante la Fiscalía Militar.

Una camioneta del Ejército los trasladaba, vigilados por un conscripto de apellido Bañados, armado con un fusil automático SIG. Conducía la camioneta el teniente Sergio Jara, que debió detenerse a poner bencina al salir del regimiento. Cuando lo hacía, oyó una ráfaga del fusil SIG del conscripto, se bajó a mirar, y vio los cuerpos de Achú y Wegner tendidos en la calle, mientras Bañados, que les había disparado, temblaba entero y sólo atinaba a decir “¡se arrancaron, se arrancaron!”

          El entonces coronel Orozco, comandante del Regimiento, se limitó a salir a ver lo que había sucedido, tras escuchar la ráfaga del SIG.

          Hoy, más de cuarenta años después, Bañados está fallecido, de modo que no puede ser condenado, pero Orozco y Jara han sido sentenciados a 18 años de presidio porque los jueces de izquierda de la Corte de Apelaciones de Valparaíso y de la mayoría de la sala penal de la Corte Suprema sostienen, sin evidencia alguna, la absurda tesis de que ambos también dispararon contra los detenidos y fueron coautores de un “delito de lesa humanidad”.

          Un gobierno respetuoso de la legalidad no habría interpuesto esa querella, pues los hechos estaban sobreseídos, prescritos y amnistiados, pero el de Sebastián Piñera fue, una vez más, cómplice activo de la prevaricación de los jueces de izquierda e inició cerca de mil de las casi mil trescientas querellas contra militares, presentadas bajo gobiernos de la Concertación, de los cuales el suyo fue sólo uno más.

El costo político de la absurda condena al general anciano y enfermo lo paga, sin embargo, el gobierno de Bachelet, que no tuvo nada que ver en la iniciación del proceso, y el dividendo lo cosecha Piñera, pese a haber sido su régimen el que inició el indebido proceso.

          Es que así es la política. Y porque hay que cambiarla votaré por José Antonio Kast.

jueves, 7 de septiembre de 2017

La Justicia Inmanente en Acción


Este país ingrato ha incurrido y sigue incurriendo en dos grandes pecados político-sociales, el bacheletismo y el piñerismo. Ahora ambos han llegado al extremo de condenar a muerte a los que están por nacer (la iniciativa fue del bacheletismo y el voto decisivo, en la hora final, del piñerismo); y ha condenado virtualmente a morir en prisión a militares octogenarios y nonagenarios, algunos ya víctimas de demencia senil. Esto se hace pasando por sobre todos los preceptos legales, constitucionales y humanitarios, y a partir de las mil querellas interpuestas por el gobierno de Piñera y las trescientas de sus antecesores.

En medio de ese imperdonable abuso se promueve publicitariamente el escandaloso proceso judicial que busca inculpar al mayor estadista chileno del siglo XX, cuyo Gobierno cambió de categoría al país en el concierto mundial, del desenlace fatal de una intervención quirúrgica mal practicada, que dejó un punto de sutura infectado y expuesto a una peritonitis, provocando la agonía de 52 días (rodeado de familiares y correligionarios) del ex Presidente Eduardo Frei Montalva, en 1982.

Éste estaba consciente de la obra benéfica del Gobierno Militar, al cual él mismo había llamado a solucionar la situación de 1973 “con fusiles” (Acta Rivera), y cuya obra apreciaba en su dimensión popular, como se desprende de su carta de 7 de marzo de 1977 a su yerno Eugenio Ortega, en que le decía lo siguiente:

“Ayer (6 de marzo de 1977) fui al Estadio a ver el partido Chile-Perú. Nunca he visto un Estadio más repleto. A ese Estadio repleto y ya oscuro, porque había luz artificial, llegó Pinochet. Hubo un aplauso de todo el Estadio. No puedo asegurarle si las galerías se pusieron de pie, pero en la parte en que yo estaba, en las galerías colindantes a las marquesinas, en una de cuyas orillas estaba, vi que se ponían de pie. No hubo un solo chiflidito. Quedé muy impactado. A mí todo el mundo me saludó en forma especialmente cordial. Donde yo estaba había mucho pueblo, y la verdad es que cuando llegó Pinochet se pararon como movidos por un resorte y aplaudían a rabiar. Este es el Chile de hoy.” (Citado de “Augusto Pinochet: el Reconstructor de Chile” de Sánchez, Francisco y Schiappacasse, Mauricio, Maye, Santiago, 2010, y a su vez extraído de la biografía de Frei, de Cristián Gazmuri).

Hoy el bacheletismo y el piñerismo hacen causa común para sostener un proceso criminal inicuo, en que el principal acusado es un médico amigo de Frei Montalva que hizo lo imposible, sin éxito, por impedir las consecuencias de la intervención quirúrgica mal practicada, cuyo responsable se había marchado a pescar al sur. “¿A quién culpar?” se preguntan hoy bacheletistas y piñeristas. Y la respuesta es obvia: a Pinochet. Mientras Michelle formulaba acusaciones falsas de “magnicidio” en La Moneda, basada en un supuesto informe sobre envenenamiento de la Universidad de Gante, que finalmente resultó no existir, Piñera se subía al carro y le prometía a Frei Ruiz-Tagle su ayuda para que un peritaje norteamericano confirmara el magnicidio, lo que también se frustró, porque el perito determinó que no había rastros de veneno.

En todo caso, Frei Montalva dejó por escrito cómo vio que se expresaba el pueblo en 1977, cuando todavía no le habían lavado el cerebro a la gente. Ésta estaba consciente de que se había librado de una matanza, y se lo debía a Pinochet y la Junta. Lean hoy al historiador Álvaro Góngora, en “El Mercurio”, recordando el ideario del “Che” Guevara, inspirador de Michelle Bachelet y quien propiciaba “el odio como factor de lucha, odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales, convirtiéndola (a la revolución) en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”.

Eso esperaba a Chile el ’73. De eso nos libró la Junta y eso era lo que en 1977 hacía que los chilenos “se pararan como movidos por un resorte y aplaudían a rabiar” a Pinochet.

Pero la Justicia Divina no ha demorado en castigar a este pueblo ingrato, manipulado por el bacheletismo y el piñerismo para cohonestar un proceso escandaloso y perseguir a los indefensos nasciturus y ancianos militares que le pusieron el pecho a las balas de la “violenta, selectiva y fría máquina de matar”. Como si hubiera sido guiada, la cabeza de Vidal  marcó contra su propia valla, tras haberse entrenado en el casino Monticello hasta las siete de la mañana, mientras su par Alexis vagaba inofensivamente por el campo de juego, tras haberse ausentado de los entrenamientos para extraer “unos dólares más” al Arsenal.
         
         Así, “la roja que nos une a todos” en la desmemoria y el crimen contra los indefensos nonatos y la prevaricación y la ingratitud contra los seniles, ha quedado virtualmente fuera del próximo campeonato mundial, donde la justicia inmanente está determinando que no merecemos estar.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Continuidad del Bacheletismo-Piñerismo


          La última encuesta CEP anuncia un posible triunfo de Piñera, es decir, de la continuidad del modelo bacheletista-piñerista. Éste último, como todos sabemos o debiéramos saber, se caracteriza por tener como enemigo común a Augusto Pinochet y todo lo que él representó. Nada de lo demás importa. “Es música”.

          El modelo de Augusto Pinochet, de partida, protegió la vida del que está por nacer. El bacheletismo-piñerista acaba de hacer tábula rasa de ese principio, pese a estar explícito en la Constitución. Decisivo para mostrarles la mano con el pulgar hacia abajo a los nasciturus fue el voto en el TC, a favor del proyecto de Bachelet, de la jefa del “segundo piso” de Piñera y designada ahí por éste, María Luisa Brahm.

          Y como el bacheletismo-piñerista está también en contra de los militares, especialmente los más ancianos, ordenó detener con escarnio al nonagenario general (r) Orozco, víctima de otra de las mil querellas contra militares interpuestas por el Ministerio del Interior de Piñera. El general, que padece demencia senil, fue detenido de madrugada, en pijamas y defecado, por detectives de la ¡Brigada de Derechos Humanos!, para que cumpla una condena de diez años por la muerte de un guerrillero en 1973, supuesto delito prescrito, amnistiado y sobreseído.

Pero es que es “de lesa humanidad”, figura creada por ley ¡en 2009! La actual justicia bacheletista-piñerista lanza una gran carcajada ante el inciso del N° 3° del artículo 19 de la Constitución que dice: “Ningún delito se castigará con otra pena que la que señale una ley promulgada con anterioridad a su perpetración, a menos que una nueva ley favorezca al afectado”.

          La prevaricación es manifiesta, pero es tal el apoyo que, según la encuesta CEP, suscita el candidato del continuismo bacheletista-piñerista, que Sebastián aparece triunfador sobre los demás postulantes en todos los atributos del buen gobernante, incluido uno en que su triunfo ha sorprendido hasta al analista Patricio Navia (twitters de “La Tercera” de hoy), pues es considerado “el más honesto y confiable” entre los candidatos.

Claro, a sus propios partidarios les ha dado un poco de vergüenza, así es que, si en los demás atributos le dan más del 40 %, en el de “honesto y confiable” sólo triunfa con el 26 %...

          A los de más edad su caso nos hace recordar el de un gobernador de Sao Paulo, Adhemar de Barros, que triunfaba en todas las elecciones, pese a ser notoriamente corrupto. Y su propio lema de campaña lo reconocía: era “roba ma faz” (“roba pero hace”).

          Algo notable fue que la elección primaria de Chile Vamos demostró que las comunas más dispuestas a perdonar la falta de probidad fueron las del sector más derechista del país: Las Condes, Vitacura, Lo Barnechea y Providencia. En ellas el voto de castigo fue implacable contra el senador Manuel José Ossandón, por denunciar un caso en que Piñera fue encargado reo y estuvo prófugo en los ’80 y por exhibir sus propias “manos limpias”: el electorado de más a la derecha lo castigó y mientras Ossandón triunfó en otras diez comunas de Santiago sobre Piñera y, en general, obtuvo un 28 % de los votos, superando incluso al Frente Amplio en su conjunto, en las citadas comunas más derechistas sólo alcanzó poco más del dos o tres por ciento de los sufragios. Un claro “voto de castigo” por denunciar la falta de probidad.

          Si la justicia no se interpone y, al revés de los casos de formalización de Pizarro, Rossi, Cardemil y otros de mucho menor monta que el de Piñera, se conforma con perseguir la responsabilidad de su administrador electoral y ex gerente de sus sociedades-insignia, Santiago Valdés, y hace como que aquél “no sabía nada”, el modelo bacheletista-piñerista tiene su permanencia en el poder asegurada y podrá seguir indefinidamente matando embriones, apresando ilegalmente a ancianos seniles y convocando a los chilenos cada cierto tiempo a manifestar masivamente su “odio a Pinochet” por haber transformado a Chile en “la joya más valiosa de la corona latinoamericana” (Clinton, 1991), donde no había conflicto mapuche y la gente hasta podía salir de sus casas después del atardecer.  

viernes, 1 de septiembre de 2017

Piñera y su Generalísima Pasaron Agosto


          El estado de frescura general se ve reflejado en que el “Gato” Gamboa gane el Premio Nacional de Periodismo y Sebastián Piñera encabece las encuestas para Presidente de la República. Los dos tipos más frescos en sus respectivas actividades.

          El “Gato”, a sus 96 años –único mérito que puede encontrársele para merecer el Premio-- ha sido tan notable por su ingenio para discurrir titulares sensacionalistas como por su falta de consideración por la honra de los demás. Fue “representante legal” del diario “Clarín”, de infausta memoria y cuyo lema, “firme junto al pueblo”, dice mucho. Su penúltimo dueño, Darío Sainte-Marie –porque el último dueño real fue Salvador Allende— optó por huir del país cuando éste, el peor Presidente de la Historia de Chile para todo el mundo, excepto para Sebastián Piñera, que en medio de su ignorancia general sostuvo en 2009 que fue peor Pinochet-- se presentó en el domicilio de Sainte-Marie en 1972, rodeado de GAPS con metralleta, y le espetó: “No me vengas con jugarretas como las que le hiciste a Frei; te hago matar, culpo al imperialismo, te declaro héroe nacional, te rindo honores de general en el cementerio y hablo en tus funerales. Ya lo sabes”. Todo esto citado por el que fuera director de “Clarín”, Román Alegría, en sus memorias. Sainte-Marie, por supuesto, huyó del país y, estando en Suiza, recibió de Allende una oferta de un millón y medio de dólares por el diario, la cual no pudo rechazar.

          “Clarín” se dedicaba a injuriar a personalidades de derecha y, para protegerse de las querellas consiguientes, su dueño designó como representante legal al “Gato” Gamboa, que debía poner la cara ante los jueces, además del ingenio para denigrar al gusto del dueño del diario y sus lectores, que siempre fueron muchos, como hoy lo son de la prensa amarilla en todas partes.

          Después, ya en los ’80, el “Gato” --tras haberlo pasado mal en los ’70, manejando un taxi que alguna vez me echó encima para chocarme-- colaboró en el diario opositor al Gobierno Militar, “Fortín Mapocho”, donde vaciaba su ingenio y acertó con el titular contra Pinochet, posterior al plebiscito de 1988: “Corrió solo y llegó segundo”.

Yo lo había conocido en la comitiva del viaje de Frei Montalva a Brasil, en 1967, donde fui en representación de “El Mercurio”, y disfruté, como también soporté, sus “tallas”, todas irreproducibles. El Gobierno Militar incautó “Clarín” en 1973 –que ese gobierno y los posteriores han debido pagar ya como tres veces a pretendidos sucesores de su dueño “legal”, Salvador Allende--.

El par del “Gato” en periodismo es, en política, Sebastián Piñera, ahora premiado a su turno con la mayor preferencia en las encuestas, mientras es el que mayores montos exhibe en el uso de facturas objetadas, para recaudar ilegalmente fondos para su anterior campaña. Pero “pasó agosto” sin ser formalizado. “El Mercurio” del 18 de julio último, en la página C 9, detalló un total de 533,3 millones de pesos pagados por facturas sin respaldo a sus firmas Bancard y Bancorp por SQM (Pampa Calichera), Task Andes, Aguas Andinas e Inversiones Ilihue, por todo lo cual se ha hecho “pagar el pato” al gerente (y a la vez administrador electoral de la campaña de Piñera) Santiago Valdés, repetidamente formalizado. Pero a Piñera no lo han tocado ni con el pétalo de una rosa, porque dice que “no sabía nada”, a pesar de que en “El Mercurio” del 24.04.15 aparece explicando detalladamente las inconductas: “sí existe una relación con la asesoría que La Música (sociedad que su ejecutivo de Chilevisión, Jaime de Aguirre, usaba para cobrar sus remuneraciones a Bancard)…desde el año 2005 existe un contrato  entre La Música y Bancard, por el cual La Música asesoró a Bancard en sus proyectos en el mundo de las comunicaciones”. Lo malo es que Piñera usó para pagar a La Música los dineros que grandes empresas le daban mediante facturas falsas para su campaña. Pero mientras son formalizados los que así captaron $45 millones cada uno (senadores Pizarro y Rossi) y hasta $8 millones (ex diputado Cardemil, condenado) el que más obtuvo, $533,3 millones, Piñera (“El Mercurio”, 18.17.07, C9), pasó agosto impune e indemne, sin ser formalizado. Es la “justicia chilena”.

Hace un par de años una importante empresa, con amplia publicidad, pidió la renuncia a su gerente general por cobrar parte de sus remuneraciones a través de una sociedad suya. En aras de la probidad. Pero Piñera en sus empresas ha hecho de ello una práctica habitual, que hasta le sirvió para obtener financiamiento a través de facturas que no correspondían a ningún servicio efectivo. Estoy seguro de que los controladores de aquella empresa, que no toleraban esa conducta en su gerente general, no tendrán inconveniente en votar por su amigo el candidato presidencial, que hizo un hábito de la misma conducta, completamente olvidados de su emocionante y pretérito “culto a la probidad”. Así es la política.

Y el impune sigue tan fresco que ya está a punto de hacer creer que el matrimonio Luchsinger McKay murió quemado bajo el gobierno de Bachelet, cuando fue incendiado en su casa bajo el gobierno de él y a raíz de que una reforma impulsada por él restó gravedad al delito de incendio en 2011. Por eso es tan difícil hoy castigar a los que queman cada vez más camiones.

También “pasó agosto” ventajosamente su generalísima, Michelle Bachelet, que con sus disparatadas políticas revolucionarias de izquierda ha hecho que un 39,8 % del electorado esté dispuesto a votar por Piñera, aun sabiendo cómo es. La justicia chilena no tiene problemas para encontrar un resquicio que le permita desconocer cualquier ley. Por eso se ha saturado Punta Peuco. Por eso el Tribunal Constitucional dictamina que la frase de la Constitución, “la ley protege la vida del que está por nacer” –un precepto clarísimo hasta para el 80 % de chilenos que no entiende lo que lee— aprueba que se dé muerte a los que están por nacer.

La generalísima ha pasado agosto mejor aún que el candidato, pues ha reinstalado al equipo económico de Lagos (Eyzaguirre – Rodríguez Grossi), el Imacec vuelve a crecer más que antes, el cobre sube y el dólar baja, disminuye el desempleo y el país se llena de inmigrantes que desmienten la especie de que en Chile los pobres viven mal. Y ahí está la gran diferencia entre el alto porcentaje que dice creer que Chile está mal, según lo que ha leído en la prensa, y el mucho menor de los que dicen personalmente estar mal, que representan la realidad.

A todo esto, el cobre sube porque los autos eléctricos demandan tres veces más de ese metal que los de combustión interna; y el litio, del cual Chile tiene las mayores reservas del mundo, será indispensable para las baterías de los referidos autos eléctricos. Puede haber dos "sueldos de Chile", en lugar de uno. Serán "tiempos mejores", que no deberemos a Piñera, pero de seguro se los autoatribuirá él, como los 500 mil empleos creados en 2010, que le debió al impulso fiscal que dio Velasco en 2009.

Pero ese candidato, además de impune por sus faltas a la probidad, ya está poniendo en práctica los métodos que le conocí en la senatorial de 1989: su representante, Gonzalo Cordero (“La Tercera”, 01.09.17), ha anunciado que se negará a ir a los foros de presidenciables si asisten todos los candidatos, y que sólo está dispuesto a debatir con Guillier y Beatriz Sánchez, mientras quiere arrinconar a José Antonio Kast, el único candidato de derecha, en otro foro con Goic, Navarro, ME-O y Artés. Conocí directamente esas prácticas de Piñera como candidato a senador en 1989: el canal 13 había dispuesto que en "Decisión '89" debatieran primero Frei y yo y después Piñera y María Elena Carrera. Pero Piñera exigió al director del canal que cambiara las parejas, a lo que aquél no accedió. Finalmente, debatimos Frei y yo y, cuando llegó el turno de Piñera, tuvo el programa para él solo. Sólo Dios sabe por qué María Elena Carrera desistió de participar. Ahora será el turno de José Antonio Kast de soportar situaciones como ésa, como candidato presidencial.

El más fresco de nuestros políticos ya “pasó agosto”, igual que su generalísima, y parece que podrá seguir en campaña usando sus innumerables trucos y gozando de su saludable impunidad.