martes, 15 de septiembre de 2020

Allende y Piñera: un Paralelo

Roxana Carrut es una agricultora de la Araucanía que vivía de su predio de 168 hectáreas, hoy improductivo por estar rodeado de forajidos que roban, la atacan e impiden sembrar y producir. Pues ya le han arrebatado sus cosechas y la tienen amenazada de hacer lo mismo con cualquiera otra que ose intentar. Roxana ha solicitado protección policial, pero ésta se limita a la mera presencia, en un extremo del predio, de policías que no persiguen ni apresan a los asaltantes y depredadores que permanecen alrededor de él, amenazando destruir, robar e incendiar. Carabineros que no quieren perder su trabajo por "problemas de DD. HH."

Para reivindicar su derecho a vivir en paz y su libertad de trabajo, conculcados por los terroristas, ella inició una huelga de hambre en julio, ingiriendo sólo líquidos, pero no ha conseguido de la autoridad la protección de sus prerrogativas esenciales. Su salud se ha resentido y un desenlace fatal puede preverse, pero nada de eso ha conmovido al gobierno, a diferencia del caso del machi Celestino Córdova, condenado por asesinato mediante incendio del matrimonio Luchsinger McKay, que tras haberse declarado en huelga de hambre generó la visita del ministro de Justicia, Hernán Larraín, y obtuvo beneficios. Un asesino convicto merece más compasión oficial que una mujer desesperada, cuyos derechos esenciales están siendo conculcados.

Algo parecido sucedía bajo el régimen de Allende, en noviembre de 1970, cuando guerrilleros impunes, al mando de José Gregorio Liendo, el "Comandante Pepe", se apoderaron de las casas del fundo "La Tregua", de Antonieta Maachel, la cual reclamó pero no obtuvo protección ni auxilio oficial. Tras ser abusada y soportar que los malhechores se saciaran comiendo y bebiendo a destajo en su casa invadida, la infortunada mujer puso fin a su vida. Y habría quedado en el anonimato de sólo una víctima más del marxismo chileno si su amiga Paz Rodríguez Correa no hubiera recordado, en carta a "El Mercurio", muchos años después, su inhumano fin. 

Por otros crímenes como ése, el Comandante Pepe y once de sus secuaces fueron juzgados por un consejo de guerra en octubre de 1973 y condenados a muerte. Hoy, 47 años después, el general (r) Santiago Sinclair, ex miembro de la Junta, ha sido increíblemente condenado, por una sentencia manifiestamente contraria a todo derecho de nuestra justicia roja, por el supuesto "homicidio calificado" de tales delincuentes, siendo que sólo formó parte del referido consejo de guerra, legalmente constituido.

Hoy, en medio del caos desatado por la extrema izquierda violentista, en cuya tarea de protección de la ciudadanía el Cuerpo de Carabineros ha sufrido tantas bajas que, en un momento dado, se copó la capacidad del hospital institucional y sus heridos debieron ser derivados al Hospital Militar y al de la Fuerza Aérea, el gobierno de Piñera, tan benévolo con los extremistas y hostil a las fuerzas del orden como el de Allende, se propone ahora "indemnizar" a supuestas "víctimas de la acción policial", mientras somete a la institución de Carabineros a una verdadera persecución, vía una reforma que pone de manifiesto su falta de respaldo a dicho cuerpo policial. A la misma se suma en estos días la ilegal injerencia de la Contraloría, que pretende castigar a siete altos jefes policiales por la acción antisubversiva desplegada ante el estallido insurreccional del 18 de octubre pasado. 

Es ineludible otro paralelo más del gobierno actual con el fracasado régimen de Allende, que desde el poder amparaba a los extremistas armados, tanto que llegó a amenazar públicamente con un "sumario con mayúscula" --fueron sus palabras-- a los carabineros que dispararan a los subversivos armados, generadores de la violencia rural y urbana de ese tiempo.

Un último y adicional paralelo entre ambos regímenes surge de una sostenida transgresión de la Constitución. En el caso de Allende fue metódicamente descrita por el Acuerdo de la Cámara de 22 de agosto de 1973 que llamó a destituirlo. En el de Piñera ha tenido lugar a través de la derogación de facto de la Constitución de 1980, cuya vigencia será supuestamente sometida al plebiscito del 25 de octubre, pero que el mismo Piñera da tácitamente ya por definido y por abrogada aquella, al proponer los diez puntos que considera debe incluir un nuevo texto constitucional, dando así por triunfadora a la opción Apruebo antes de haberse impuesto en las urnas. 

No es de extrañar esa acción de facto, desde que el llamado, impuesto por la fuerza, del 12 de noviembre pasado, llevó a los partidos opositores a declarar que "la ciudadanía movilizada" había "corrido el cerco de lo posible", sin votación de nadie y mas allá del texto de la Carta o de la ley; y tal acción violenta fue solícitamente acatada por el régimen, firmándose el Acuerdo por la Paz y una Nueva Constitución el 15 de noviembre. Esta "Nueva Constitución" nace con esa ilegitimidad de origen y todo indica que el plebiscito adolecerá también de ella, con menor asistencia de votantes que los de 1980 y 1989, cuando concurrió el 56 % de la población a votar y teniendo por registro electoral, ahora tal como en 1980, al propio Registro Civil. En 1989 hubo registros electorales ad hoc, abiertos en 1988, para el plebiscito del "Si" y del "No". Pero con el voto voluntario volvió a regir el Registro Civil como registro electoral, tal como en 1980. El plebiscito del 25 de octubre será sin "registros electorales", tal como el de 1980. Ambos legítimos o ambos ilegítimos. 

En todo caso, ambos presidentes, Allende y Piñera, devinieron gobernantes de facto en sus respectivos tiempos, transgredieron la legalidad vigente y fueron incapaces de garantizar los derechos básicos de todos los ciudadanos.

Lamentablemente hoy, a diferencia de 1973, no hay las "reservas morales" que, como país, teníamos entonces. Y por eso, así como ante un mandatario fracasado surgió en dicho año una fuerza cohesionada a hacerse cargo del respectivo vacío de poder, hoy, por el contrario, tal vacío no se llena sino que sólo se profundiza con el presidente, el grueso de sus ministros y hasta inesperadas voces empresariales plegándose a un "Apruebo" que encarna la incertidumbre acerca del futuro y la prolongación indefinida de la falta de orden público actual.

viernes, 11 de septiembre de 2020

Los Imbéciles y los Ladrones

¡Loor al 11 de septiembre! Cada año esta fecha será más importante en la historia de Chile, porque finalmente la verdad histórica prevalecerá.

Cuadragesimoséptimo aniversario de la fecha en que, por gran mayoría, los chilenos fuimos menos imbéciles que antes en nuestra historia y conseguimos, excepcionalmente, que hasta algunos de los que lo eran más, como los DC y los radicales de izquierda, se unieran a los militares y a nosotros, los menos imbéciles de todos, los de la derecha, para echar del gobierno a los ladrones, es decir, a los marxistas-leninistas que querían, como decía y los acusaba en 1973 don Patricio, instaurar en Chile una dictadura comunista.

Es que en 1973 hubo una alineación de los astros que, al parecer, sólo se produce cada mil años: un decidido y decisivo Merino, en la Armada, que el 9 de septiembre escribió en un papel: "Augusto y Gustavo, la Armada va a actuar. El día D es el 11 y la hora H es las 06.00. Firmen si están de acuerdo". Y Augusto y Gustavo firmaron. A Gustavo le duró la cuerda sólo hasta 1978, en que se puso imbécil y empezó a repetir lo que decían los comunistas, "que esto no da para más" y que la Junta debía irse. Hubo que echarlo. Ahora es urgente echar a Lavín de Las Condes, lo que vamos a hacer votando por Gonzalo de la Carrera para alcalde y dejando al primero para los matinales.

Los imbéciles son hoy los que quieren regalarle el país a los ladrones. Los ladrones no son sólo los comunistas, sino también sus tontos útiles, sus compañeros de ruta y los Kerenskys que les ayudan a robar lo que otros producen.

Porque los marxistas-leninistas nunca han producido nada, salvo sufrimiento, revolución y muerte. Por eso no hay una sola empresa comunista exitosa. Cuando un medio de producción llega a caer en sus manos, como la Universidad ARCIS, le extraen toda la plata y lo arruinan. Y por eso en ningún país donde se le haya dado a la gente libertad de elegir hay comunistas en el poder. En 1970 los primeros en elegir un marxista-leninista fuimos los chilenos, gracias al apoyo de los Kerenskys. Y en los mil días subsiguientes aprendimos que el socialismo sólo funciona hasta que se le acaba la plata de los demás. 

Nunca se arrepintió más de algo, Frei Montalva, que de haberles entregado Chile a los ladrones. Pues todos los "cambios" y "reformas" comunistas son para robarse algo que otros han creado. Por lo mismo, Frei declaraba al ABC de Madrid, en octubre de 1973: "Los militares han salvado a Chile... cuando uno tiene cáncer, no tiene ganas de operarse, pero debe hacerlo". Él antes decía que el anticomunismo era peor que el comunismo, pero en octubre de 1973 aprendió que no y defendía a los militares, igual que Aylwin. Y lo hacían cuando ya iba la mitad de todos los muertos en la lucha interna que hubo entre 1973 y 1990. 

Lo malo es que la enfermedad vuelve, y muchos Kerenskys, herederos de Frei, se aprestan a hacer hoy de nuevo lo mismo de 1970, votando Apruebo. El propio Lavín hoy declara que vota Apruebo porque es partidario de "los cambios" ¡Pero si los únicos cambios que quieren los del Apruebo son para robar más de lo que otros han producido! 

Por supuesto, hay cambios que hacer y son los que promovemos los partidarios del Rechazo: el tamaño del Estado se ha multiplicado por siete desde 1990. El gran cambio: volver a achicarlo, entregando el gasto social a los pobres, con lo cual no habría pobres. Si la burocracia comunista no se quedara con el grueso del "gasto social", ninguna familia en Chile ganaría menos de dos millones cuatrocientos mil pesos mensuales.  

Y desde este 11 cortémosla con la tontería de que el gobierno militar atropellaba los derechos humanos. Desde la Brookings Institution y su representante Ernest Lefever en 1974 hasta la Heritage Foundation en 1986, que acreditó que la Cruz Roja Internacional, a través de su médico jefe, Jean Francois Bonard, podía examinar a cualquier preso en Chile, en cualquier nmomento, sin avisar a ninguna autoridad ni pedir permiso (James Whelan, "Out of the Ashes", p. 711), probaron que el gobierno militar procuraba respetar los derechos humanos.

¡Viva el 11 de septiembre! ¡Viva Merino! ¡Viva Pinochet! ¡Viva Mendoza!

miércoles, 9 de septiembre de 2020

¿Volverá la Derecha a Regalar el País?

Si el Apruebo gana el plebiscito, Chile se va a ir al diablo. Es que nadie va a saber lo que va a pasar. La derecha ha salvado a Chile varias veces, la principal el 73. Y cuando no lo ha hecho, el país se ha ido al diablo. Así sucedió en 1970, cuando ganó Allende, que no venció en las urnas, porque había pactado en secreto con Tomic para parar a Alessandri, triunfador en todas las encuestas, pero le robaron muchos votos; y la masa de la derecha el 4 de septiembre del 70 prefirió irse a la nieve o a la costa y no tuvo apoderados en barrios populares. Ahí se la cosecharon. Y la noche del 4 ni siquiera hubo alguien de ella que se atreviera a ir a la televisión. El único fue Pablo Rodríguez y ahí surgió como figura. Los izquierdistas, triunfantes, preguntaban junto con el senador Jerez, "¿Y quién es ése?"

La última vez que fui candidato, en 1989, se me presentó un  gentleman chileno cabal, poco antes de los comicios, y me demandó: "Dime cómo puedo ayudarte". Yo le respondí: "Ándate de apoderado mío a La Pintana". Volvió a verme el día de la elección y me dijo, yo derrotado y él desastrado, sudoroso: "Ha sido el peor día de mi vida". Pues cada vez que había tratado de impedir que me robaran un voto, lo zamarreaban. Es que los votos se roban en el escrutinio, que es público. El presidente de la mesa lee "Zutano", el secretario anota, pero el voto era para "Mengano". Por primera vez en la historia la derecha puso un apoderado en cada mesa en 2017 y ganó la presidencial por diez puntos. Una nieta mía fue apoderada en La Pintana y me contó que varias veces el presidente leía "Guillier" y ella le decía, "ese voto es de Piñera". Y se rectificaba. No la zamarrearon, pero pasó mucho susto.

Ahora sucede algo peor: el marxismo violento ha hecho toda suerte de trampas ya desde antes del plebiscito inmoral y nulo y, a medida que se acerca éste, la derecha se pasa al adversario, a la izquierda, al Apruebo. Hasta el autor de "La Revolución Silenciosa" dice que votará Apruebo. Longueira votará Apruebo. Diez ministros votarán Apruebo, contra siete del Rechazo, que es la única salvación del país. El plebiscito ha sido irregular desde su origen, obtenido por el miedo a la violencia marxista. Pues la respuesta natural a si se desea una nueva Constitución es "Sí" o "No", pero a la izquierda eso no le gustaba e impuso la irregular opción "Apruebo" y "Rechazo", porque le conviene. Además, impuso una inmoral segunda cédula que ¡presupone el triunfo del Apruebo! pues todos los electores deben optar entre convención constituyente y convención mixta, lo cual sólo puede tener lugar si triunfa el Apruebo. Por eso yo recomiendo anular ese segundo voto, no marcar ninguna opción y escribir "Pinochet Vive", lo cual lamentablemente no es cierto, pero es tan irreal como dar por ganador al Apruebo antes del escrutinio.

Como las encuestas chilenas no son confiables, Gerardo Jofré encargó una a Argentina, a una firma  seria a cuyos dueños les importa un rábano lo que pase en Chile. Y descubrieron que el Rechazo gana por 53 a 47 %, pero sólo el 22 % de los partidarios del primero van a ir a votar, mientras que el 53 % de los del segundo sí lo hará. En esas condiciones, el Apruebo ganará el plebiscito 60 a 40 %. Es decir, la derecha no ha cambiado nada, salvo para peor, desde el 70. Hasta yo, que fui a votar ese año y llevé obligado a mi padre, impedido de caminar, y lo hice subir cuatro pisos en un liceo donde estaban las mesas, ahora no voy a poder ir porque mi mujer me ha dicho que traería de vuelta el contagio a la casa, así es que si voy, que no vuelva. Y como no tengo "sucursal", no iré. Un plebiscito en estas circunstancias no tiene validez alguna, pero la izquierda lo impone, porque cree que es "ahora o nunca" para transformar a Chile en Cuba o Venezuela. Y posiblemente tiene razón.

Anteayer mi hijo mayor estaba en una compraventa de autos, procurando cobrar uno que vendimos, y entró una señora distinguida, elegante y colorina y les dijo que quería vender su Mercedes porque ya no podía usarlo debido a los asaltos y portonazos. Les añadió que había vendido sus siete propiedades y todas sus acciones y se había llevado la plata a Estados Unidos, pero se iba a radicar en Portugal. Es de una antigua familia de apellido francés, con mujeres colorinas buenas mozas y hombres también colorines y exitosos en los negocios. Son de la gente que mueve al país, que es muy poca y sin la cual no se hace casi nada de productivo. ¿Cuántos "Negros Fernández" hay que funden la Universidad de los Andes, Santa María del Mar, Chicureo, isapres que atienden bien y empresas eléctricas que dan luz en Chile y Argentina? Uno. Es la poquísima gente que invierte el 80 % de la inversión chilena total, gente a la cual el gobierno militar le dio garantías y por eso Chile pasó de ser el último en crecimiento al primero en 17 años; gente que, con la violencia, las trampas, la cobardía de Piñera, el éxodo de políticos de derecha al Apruebo y la traición de los líderes fundamentales de la derecha, no es de extrañar que resuelva marcharse al extranjero con su plata. Porque así como son los más hábiles para crear acá, son los más hábiles para saber dónde y cómo arrancar cuando los persiguen acá. 

Así, el 70 se repite cincuenta años después en el 20, con la única diferencia de que ahora estamos más imbéciles. Porque en el 70 no había nadie de derecha, salvo Goyo Amunátegui, que dijera que el triunfo de Allende era bueno. En cambio ahora estamos llenos de los que dicen que el triunfo del Apruebo es bueno.

Como el piloto que, agotadas todas las maniobras para evitar estrellarse, les comunica a los pasajeros: "Les habla el piloto, repitan conmigo: Padre nuestro, que están en los cielos...", yo les digo ahora a los chilenos: "Repitan conmigo: Virgen del Carmen, Patrona de Chile, salva a tu pueblo, que está cada vez más imbécil, pero pese a ello todavía clama a ti".

lunes, 7 de septiembre de 2020

Abogada Dice No Ser Comunista, Pero...

Pablo Longueira, en su reciente irrupción política, señaló que el proceso que le afecta es debido a la persecución de la abogada comunista del Consejo de Defensa del Estado, María Inés Horwitz. Pero ésta ha desmentido ser comunista y ha recibido el apoyo y desagravio de abogados de su misma tendencia, que la respaldan.

A raíz de eso la senadora UDI Jacqueline Van Rysselberghe, en carta a “El Mercurio” del 6 de septiembre, ha recordado que “…el 21 de octubre pasado, tras el estallido de violencia donde se cometieron gravísimos actos delictuales y daños a bienes públicos y privados –acontecimientos en los cuales al Consejo le correspondía intervenir—la señora Horwitz tuiteó: 'La táctica de la derecha será ahora promover el desabastecimiento para que cunda la desesperación y se adopten más medidas de fuerza, pero sólo ocurre en barrios medios o pobres, porque arriba en la cordillera no hay problema… está claro contra quién es la guerra de Piñera'”.

Al menos tiene identidad de postura con los comunistas, con quienes también ha coincidido en la persecución contra el ex Presidente Pinochet. Pues cuando hace dos años se sobreseyó la última causa que mantenía abierto el caso Riggs, contra oficiales que fueron sus secretarios-ayudantes como comandante en jefe, la prensa informó que la abogada y diputada comunista Carmen Hertz se movilizó para aprovechar los últimos días de permanencia en el Poder Judicial del ministro izquierdista Milton Juica y conseguir que la sala penal de la Corte Suprema admitiera a tramitación recursos de casación interpuestos por ella y María Inés Horwitz para mantener abierta dicha causa.

Ello dio pábulo a que la entonces presidente del CDE, de la misma tendencia política, María Eugenia Manaud, denunciara en “El Mercurio” una supuesta malversación de caudales públicos por Pinochet.

En mi obra “Historia de la Revolución Militar Chilena 1973-1990”, destiné un apéndice a probar que Pinochet fue mucho más delicado que sus sucesores, Aylwin et al, en el manejo de gastos reservados. Pues un examen riguroso de las cuentas durante su gobierno, hecho por un director socialista de Impuestos Internos, le comprobó no haber justificado el uso de 540 mil dólares durante toda su gestión de 16 años y medio (“La Tercera”, 18 de octubre de 2005, p. 3), en circunstancias que después de 1990 los gobernantes de la Concertación “se llevaban para la casa” sobres con billetes de gastos reservados por más de 540 mil dólares CADA DOS MESES. Eso quedó judicialmente acreditado ante un tribunal que me citó especialmente a fundamentar por qué yo lo afirmaba.

En las primeras tres ediciones de mi referida “Historia…” se concluía que todas las causas abiertas con motivo de cuentas en el Riggs habían sido sobreseídas. Después de publicada, sobrevinieron los recursos de las abogadas Hertz y Horwitz, así es que en la cuarta edición, (en preparación) debí agregar una nota al pie:

“Después de la publicación de la primera edición de este libro la diputada comunista Carmen Hertz, en concierto con la abogada del Consejo de Defensa del Estado, María Inés Horwitz, presentaron sendos recursos de casación ante la Corte Suprema, aprovechando el último día que integraba su Sala Penal el ministro jubilado Milton Juica. Así, contando con el voto de éste, anularon el sobreseimiento del “caso Riggs” y obtuvieron su prolongación y la incautación de propiedades por valor de US$1.696.000 de la familia Pinochet, renovando la persecución contra los oficiales secretarios ayudantes del ex Comandante en Jefe, con excepción de dos, Guillermo Garín y Gustavo Collao, que permanecieron sobreseídos porque habían conservado los papeles de sus respectivas gestiones, de los cuales consta, sugerentemente, que en ellas no hubo mal uso de gastos reservados. Es decir, está probado que Pinochet no abusó de éstos en esos dos períodos. El caso sólo se mantiene abierto respecto de los demás oficiales, sobre la base de meras presunciones y pasando por sobre la prescripción.”

En todo caso, el politizado desempeño post 1990 del Consejo de Defensa del Estado sufrió un traspié: demandó en los Estados Unidos al Banco do Espirito Santo de Florida por haber recibido un depósito de Augusto Pinochet que, sostenía, provenía de la sustracción ilícita de caudales públicos. El citado banco envió un abogado a Chile, con quien me cupo reunirme, y éste comprobó acá la falsedad de la acusación y, llevándose las pruebas a los EE. UU., ganó allá el juicio iniciado con gran publicidad negativa por el Consejo de Defensa del Estado y acreditó que los fondos eran de origen lícito.

Por supuesto, esa derrota judicial del CDE no fue informada por la misma prensa que había dado gran cabida y con caracteres de escándalo a la denuncia de supuesta ilicitud del depósito en el Banco do Espirito Santo.

En cuanto a la defensa del Estado por parte del Consejo, en los juicios iniciados por la guerrilla izquierdista o sus sucesores, ha sido casi nula. La subsecretaria de Justicia, Lorena Recabarren, cuantificó el año pasado en US$ 6 mil millones de dólares las indemnizaciones ya obtenidas, en centenares de juicios ilegales, por los extremistas de izquierda, gracias a la prevaricación que, pasando por sobre la cosa juzgada, la amnistía, la prescripción, la verdad de los hechos, la presunción de inocencia y el principio pro reo, han condenado al Estado a pagar cuantiosas sumas que legalmente no le correspondía solventar. Frente a eso, cero “Defensa del Estado”. Se reserva anualmente en el presupuesto un ítem de US$ 400 millones para seguir indemnizando a la extrema izquierda, a veces con caracteres de escándalo, como recientemente, cuando se ha condenado como autor de numerosos “homicidios calificados” a un general que, en 1973 y  formando parte de un Consejo de Guerra legalmente establecido, condenó a muerte al grupo guerrillero encabezado por el Comandante Pepe.

Si el CDE hubiera defendido realmente, como era su deber, al Estado de Chile y la recta aplicación del derecho, el fisco no habría debido pagar enormes sumas a la guerrilla extremista.

Cabe esperar que al cese del actual período de “parlamentarismo de facto”, es decir, al margen del derecho, que ha descrito el senador PPD Quintana con tanta candidez, una labor fundamental de un nuevo gobierno legalista y portaliano sea el juzgamiento, por abandono de sus deberes, de abogados y abogadas del Consejo de Defensa del Estado que han dejado pasar impunes las enormes exacciones sufridas por el fisco a raíz de la prevaricación de los jueces de izquierda.

 

viernes, 4 de septiembre de 2020

La Insoportable Levedad de la Derecha

No he resistido  parodiar el título de la novela de Milán Kundera, "La Insoportable Levedad del Ser", porque se adapta perfectamente al feble temperamento de la derecha chilena, cuya centenaria inconsistencia y debilidad de carácter se han reeditado y acentuado en las últimas décadas y, en particular, en los últimos meses, semanas y días, en términos que tienen al país al borde del precipicio. ¡Pues ahora parte de la derecha hasta se ha fugado hacia el funesto "Apruebo"!

Es que siempre ha habido en ella un "soft belly" o "vientre blando", al cual le sobrevienen, por haber comprado consignas adversarias o por puro y simple miedo, pujos de pasarse al bando contrario. En particular se presentó ese miedo en 1964, cuando depuso todos sus principios y valores (y hasta su candidato propio, Julio Durán) y se plegó al socialismo comunitario de Frei Montalva, para impedir el triunfo de Allende, todo lo cual terminó por ser la antesala del gobierno de éste. Pero la ruinosa gestión del mismo condujo a que, transitoriamente, se revirtiera la izquierdización de la DC y ésta se fuera hacia la derecha en 1973 y juntas, sumados algunos "socialdemócratas" y hasta unos pocos ex allendistas, imploraran un 22 de agosto a las fuerzas armadas poner término al "experimento marxista chileno" (Robert Moss).

Los uniformados hicieron un gobierno de derecha exitoso, pacificaron el país, le dieron prosperidad y restauraron la democracia. Pero al advenir ésta renacieron las ambiciones políticas de la DC y los eternos miedos de la derecha ("nos van a colgar a todos de los faroles", decía un prohombre de ella a comienzos de los 80, anticipando una derrota en las instancias electorales que el propio régimen militar abrió.)

Entonces, terminado éste, bajo la plena democracia, la derecha "se puso a temblar", como decía Michelle Bachelet que lo hacía cada vez que "la izquierda sale a la calle", y unas aterrorizadas RN y UDI, para que los socialistas y comunistas no las insultaran y funaran, borraron apresuradamente de sus Declaraciones de Principios los testimonios de gratitud y admiración al gobierno militar, se pasaron al enemigo y se plegaron a Sebastián Piñera, a su "No a Pinochet" y a su persecución contra los militares (r), todo un engendro de traición y pánico que en conjunto tiene el infausto nombre de "piñerismo". 

Éste, en sus V y VII gobiernos de la Concertación y en su servil entreguismo ante las bravatas de la izquierda, que en octubre de 2019 se trocaron en rendición ante una revolución violenta; y también tras la entrada masiva de agitadores y subversivos cubanos, venezolanos, colombianos y argentinos que se sumaron a la subversión marxista local, ha desembocado el año pasado en un virtual golpe de estado y en la instauración de un régimen parlamentario de facto (senador Quintana dixit) con la derogación de hecho de la Constitución y el imperio de una Ley de la Selva y barbarie que sólo se han moderado transitoriamente, gracias a las restricciones impuestas por el coronavirus.

Esta fuga de parte de la derecha hacia el "Apruebo" y a la demolición del milagro chileno se ha tornado, de disimulada que era con Piñera a la cabeza y Evelyn Matthei negándose a manifestarse, a incontrolable y masiva ya con Lavín, Longueira, Chadwick y Felipe Alessandri en carrera desatada hacia el otro bando. Las encuestas locales, conocidamente sesgadas, no dan un peso por el "Rechazo". En vista de eso el empresario Gerardo Jofré buscó una firma argentina seria y ésta reveló que, en la real opinión pública chilena, vence el "Rechazo" por 53 a 47 por ciento, pero, y es un gran PERO, más de la mitad de quienes votan "Apruebo" aseguran que van a ir a votar, mientras sólo el 22 % de los inclinados al "Rechazo" dice que irán, ya sea por temor al contagio o por falta de compromiso político. Y así, contabilizando sólo a los que van a ir con seguridad a votar, el "Apruebo" ganaría por 60 a 40 por ciento. 

He ahí la madre del cordero, que nos retrotrae a 1970. Entonces, si la derecha no quiere volver a tropezar con la misma piedra 50 años después, como primera medida, contagio o no contagio, TIENE QUE IR A VOTAR.

Yo antes había pensado marginarme de este proceso espurio, impuesto por la fuerza, lleno de trampas y carente de toda seriedad, pero he resuelto ir a votar. Pero, para que sea voto útil, hay que aprender de la historia.

Pues en 1970 todas las encuestas daban por ganador a Alessandri, pero (1) gran parte de la derecha, confiada en eso, no fue a votar; (2) la izquierda, como siempre, hizo trampa, pues Allende y Tomic se habían coludido secretamente y habían llegado a un acuerdo antialessandri, después develado; (3) si la derecha no fue capaz siquiera de ir a votar, mucho menos pudo poner un apoderado en cada mesa; (4) luego, los del acuerdo secreto leyeron en voz alta en el escrutinio muchos votos que decían "Alessandri" como si dijeran "Allende" o "Tomic", fifty-fifty, pues la izquierda siempre roba, pero particularmente en las elecciones. Lo demás es historia.

En 2017 la derecha, por primera vez, logró poner un apoderado en cada mesa y logró ganar 55% a 45% en la elección presidencial. Claro, el candidato triunfante gobernó con las ideas del otro bando y estamos al borde de perderlo todo. Tanto cedió Piñera el 15 de noviembre que se ha dado el extremo absurdo de que vamos a votar con dos cédulas: una para optar entre "Rechazo" y "Apruebo" y la segunda ¡dando por triunfador al "Apruebo"! para elegir en qué forma se va a materializar su convención constituyente. Esa es una "crónica de una derrota anunciada" de uno de los bandos y no se había visto jamás en ninguna elección democrática. Pero acá el infinito entreguismo de la derecha ante la izquierda lo ha aceptado.
 

Bueno, ése es el vaso medio vacío. Ahora veamos el vaso medio lleno: (1) Aunque gane el "Apruebo", hasta al menos 2022 va a continuar rigiendo la actual Constitución de 1980; (2) Los deleznables partidos políticos se han fijado reglas que los favorecen y que perjudican a los candidatos independientes a la convención, que no tienen ninguna posibilidad de ser elegidos convencionales constituyentes, pero ¡Y ESTE ES OTRO GRAN PERO! (3) La izquierda está mucho más dividida, en decenas de montoneras, que la derecha, que lo está en sólo tres o cuatro. Es decir, es mucho más fácil para ésta formar una lista única, y la misma le asegura la mayoría en la convención constituyente. Pues el sistema electoral de "cifra repartidora" así se lo garantiza. (4) Con esa mayoría la derecha puede derrotar, si quiere, TODAS las mociones de reforma de la izquierda. (5) Y todavía está el "plebiscito de salida", la gran revancha, donde aún habiendo perdido el de entrada, la derecha puede ganar, botar toda la papelería de la convención, mantener la Constitución de 1980 y entrar a otros "treinta mejores años de la historia de Chile", en lo posible presididos por un genuino (o no tan genuino) heredero del mejor Presidente del siglo XX, el mismo que en 1990 entregara a la civilidad un país pacificado, próspero y con una muy feliz Araucanía.

"¡Aún tenemos Patria, ciudadanos!"

lunes, 31 de agosto de 2020

Que el Último Apague la Luz

¡Qué penoso espectáculo el de ChileVamos, con un Lavín socialdemócrata, un Longueira que vota "Apruebo" y una Evelyn que no sabe! Yo no me hago problema, porque voto por José Antonio Kast y éste va por el "Rechazo". Pero me pregunto ¿para qué necesitamos una oposición de izquierda que nos mande al diablo si la derecha de Piñera hace lo mismo y sus sucesores piensan igual a él?

¡Qué distinto era todo cuando teníamos al mejor Presidente del siglo XX, la economía crecía al 10 % anual, había paz interior y la guerrilla terrorista estaba derrotada, los caciques designaban a Pinochet como "gran jefe, conductor y guía" y se podía transitar por una Araucanía pacífica y próspera, que había votado mayoritariamente "Sí" en el plebiscito! Pero entonces llegó Piñera a la derecha (no quiero mencionar a quienes lo trajeron, para no desprestigiarlos) y ésta se desvirtuó, se dio vuelta la chaqueta, se arrepintió, pidió perdón persiguió a los militares (r) y nos ha traído a donde estamos, es decir, a medio morir saltando entre la pandemia y el paredón.

Meses atrás, en el lanzamiento de su revista "Economía y Sociedad", edición de abril-junio, que en portada traía una reproducción de "El grito" de Munch y el título "¡Detengan la locura constituyente!", José Piñera nos decía a los concurrentes que les había pedido, a los pocos partidarios de una nueva constitución que encontró, que le dieran una sola buena razón para reemplazar la actual. Ninguno había podido dársela. Tan clara es la disyuntiva.

El argumento de la "ilegitimidad de origen de la Constitución", desde luego, es absurdo. Para demostrarlo basta recordar que uno de los artífices de la Carta, el más destacado jurista DC, Alejandro Silva Bascuñán, a la sazón presidente del Colegio de Abogados, aportó en la Revista de Derecho y Jurisprudencia número  LXX, de septiembre-octubre de 1973, los argumentos para estimar "legítimo" al gobierno militar, diciendo textualmente: "Han concurrido, pues, a juicio del Colegio de Abogados, en el caso de Chile, todas las condiciones doctrinarias para estimar como legítima la rebelión armada que depuso al gobierno anterior". Luego, la Constitución que proponga un gobierno legítimo y apruebe el pueblo, es legítima.

Además, en el plebiscito aprobatorio de la Carta en 1980 no había obligación de participar, pero lo hizo el 56 % de los ciudadanos, dos tercios de los cuales la aprobaron, en coincidencia con todas las encuestas de opinión, incluida la Gallup norteamericana. ¿Irán a votar en el próximo plebiscito del 25 de octubre, viciado por la violencia que presidió su gestación bajo amenaza, los 10 millones y medio de electores equivalentes hoy al 56 % de la población? Un crítico de Pinochet, el historiador Gonzalo Vial, escribió mucho después sobre el resultado de 1980: "...la holgada y libre victoria del 'Sí', como verdad general, sólo podía negarse por obcecación".

Esa Constitución tuvo el mérito de presidir los mejores treinta años de progreso de la historia de Chile, lo que habla mejor que nada de sus virtudes. Y si hubiera existido una brizna de invalidez en su gestación --la cual tomó seis años de análisis por parte de los más distinguidos juristas no-marxistas del país y de examen por el Consejo de Estado y la Junta de Gobierno-- la objeción habría resultado superada por la ratificación de la Carta en otro plebiscito, el de 1989, acordado por gobierno y oposición, en que votaron 7.082.079 personas de una población de 12.707.000 (de nuevo el 56 % de la población) y donde el "Sí" triunfó con el 91,25 % de los votos. ¿Qué más ratificación y saneamiento quieren?

Nadie objetó entonces el resultado y éste envolvió el reconocimiento definitivo de la Constitución en términos indubitables. No era siquiera necesaria la segunda ratificación que hizo después el Congreso, en 2005, al aprobar las reformas de Lagos, que estaba tan ufano del texto ¡que puso al pie su nombre y el de sus ministros, en lugar del de Pinochet y los suyos! 

Una buena derecha habría podido salvar al país de la actual "locura constituyente", pero el piñerismo deterioró a tal grado al sector que hoy sus principales adalides, con la única excepción de José Antonio Kast y de mi partido, Fuerza Nacional, que hace esfuerzos por nacer, parecen empeñados en condenar a Chile al socialismo del siglo XXI que, como decía "el otro Longueira" hace siete años (y por eso votamos por él y le dimos el triunfo sobre Allamand) tanta ruina ha traído allí donde se ha aplicado.

Cuanto antes se vaya este gobierno y el último apague la luz, tanto mejor para el país.

viernes, 28 de agosto de 2020

La República "Venera" a Sus Más Ancianos Soldados

Murió a los 93 años el general (r) Héctor Orozco, preso político, con un brazo encadenado a su lecho del Hospital Militar. Sufría alzheimer y seguramente no había podido enterarse de la calumnia de que lo hacían objeto la judicatura imperante, al condenarlo, y la "prensa seria", al informar, faltando ambas a la verdad de los hechos, como autor de dos "homicidios calificados" hace 47 años.

¿La verdad de los hechos? Puede encontrarse en la página web del Poder Judicial o en el libro "Prevaricato", del autor Adolfo Paúl Latorre: en diciembre de 1973 Orozco se hallaba en su despacho de comandante del Regimiento "Yungay" de San Felipe y oyó una ráfaga de disparos en las afueras del cuartel. Salió a averiguar de qué se trataba y se encontró con que dos presos, que recién habían prestado declaración ante un Consejo de Guerra, Rigoberto Achú y Abasalón Wegener, al tratar de escapar de la camioneta en que eran trasladados de vuelta a la cárcel, vigilados por un conscripto de apellido Bañados provisto de un fusil de repetición SIG, habían sido abatidos por éste, quien, tembloroso, sólo atinaba a repetir: "Se arrancaron... se arrancaron".     

Los hechos fueron juzgados en su tiempo y los partícipes en ellos, absueltos. El conscripto Bañados murió prematuramente poco después. Aún si hubiera habido algún delito, que no se acreditó, la responsabilidad penal se habría extinguido por la amnistía de 1978 y, en todo caso, por la prescripción. Todo eso bajo la "rule of law", "regla de la ley", también traducida como "estado de derecho". Éste se mantuvo en Chile hasta los primeros años del nuevo siglo. 

Pues surgieron en el país acontecimientos y conductas que terminaron con la "rule of law": dos políticos, un abogado y a la vez diputado comunista, un juez tentado por la perspectiva de la fama mundial y un comandante en jefe del Ejército que adjudicó públicamente una supuesta y total responsabilidad penal a su institución, declarándola responsable "de todos los hechos punibles y moralmente reprochables" del pasado. ¡Todos! Sus nombres respectivos: Patricio Aylwin, Sebastián Piñera, Hugo Gutiérrez, Juan Guzmán Tapia y Juan Emilio Cheyre. 

Aylwin abrió el camino a la prevaricación al escribir en 1991 una carta inconstitucional a la Corte Suprema, conminándola a no aplicar la ley de amnistía, "que mi gobierno respeta", dijo, sino hasta la sentencia de término. Era una petición ilegal porque el art. 107 del Código de Procedimiento Penal ordenaba al juez, en caso de amnistía, "negarse a dar curso al juicio" y ponerle término. 

Piñera triplicó en su primer mandato el número de querellas ilegales contra militares y entre ellas interpuso precisamente la que llevó a condenar al general (r) Héctor Orozco a 18 años de presidio por "dos homicidios calificados", dictada por el ministro sumariante Jaime Arancibia, de la Corte de Valparaíso, porque "atendida su situación jerárquica, (Orozco) debió conocer y aún más autorizar aquellas situaciones excepcionales como la ocurrida en autos, en que precisamente resultan dos personas muertas".

En blog del 8 de agosto comenté otra condena por "homicidios calificados", contra otro general nonagenario, Santiago Sinclair, a cinco años y un día de presidio efectivo por haber integrado un consejo de guerra que el 4 de octubre de 1973 condenó a muerte al guerrillero "Comandante Pepe" (José Gregorio Liendo) y once esbirros suyos. También el mismo fallo condenó a diez, cinco y tres años y un día, respectivamente, a tres miembros de la comitiva del general Arellano, ninguno de los cuales fue siquiera parte del referido consejo de guerra de Valdivia, y sólo aterrizaron ese 4 de octubre allá. A todo esto, los turbios manejos judiciales del abogado comunista Hugo Gutiérrez, en otro proceso, habían logrado ubicar ese mismo 4 de octubre a la comitiva de Arellano en Cauquenes, para culparla de muertes ocurridas en esa fecha allá. Un caso de "bilocación judicial". 

Los fallos condenatorios de ambos distinguidos generales en retiro nonagenarios violan leyes expresas y vigentes: cosa juzgada, amnistía, prescripción, presunción de inocencia y obligación de probar la existencia de los delitos.

Pero ya no es noticia que uniformados en retiro sean condenados sin pruebas por delitos inexistentes y que, por tanto, no cometieron. Sí lo es que uno del más alto rango haya muerto tras ser atropellados sus derechos humanos más elementales y ante la mayor indiferencia judicial, gubernativa y ciudadana. Y que otro general en retiro, también nonagenario, ex vicecomandante en jefe y ex miembro de la Junta de Gobierno, sea condenado a presidio por inexistentes "homicidios calificados", cuando lo que se limitó a hacer fue a integrar un consejo de guerra regido por la legalidad de hace 47 años y que castigó un alzamiento guerrillero cuyo jefe buscaba, confesamente, provocar una guerra interna que, para ser exitosa, según sus propias palabras, necesitaba generar a lo menos un millón de muertes en el país.

miércoles, 26 de agosto de 2020

La Última Voltereta de Lavín

Lavín no "se pasó al enemigo" recién en "Tolerancia Cero", sino hace más de veinte años. Siendo candidato presidencial en 1999, ya se había declarado arrepentido de haber votado "Sí" en 1988, diciendo que "si hubiera sabido de las violaciones a los derechos humanos" lo habría hecho por el  "No". Pero entonces estaba tan equivocado como ahora,  pues no hubo tal política de violación de DD. HH. y lo probaré más adelante. Lo que pasa es que Lavín no conoce o ha olvidado los hechos y, como todos los sujetos de carácter cambiante, sólo se guía por las consignas más recientes y repetidas. Y entonces le está echando a la Constitución "la última paletada", tras la cual, según el poeta, "nadie dijo nada... nadie dijo nada".

Bismarck pontificó que nunca se miente tanto como antes de una elección, durante una guerra y después de una cacería, y acá estamos en los tres casos. Pues vienen ocho elecciones, estamos durante la doble guerra contra el coronavirus y el terrorismo de izquierda y nos hallamos después (aunque todavía no del todo) de la cacería de los jueces rojos contra los militares retirados. Así es que en este vapuleado Chile se miente por partida triple.

La izquierda, controladora de la opinión y de los medios, siempre ha tenido la misma táctica de los nazis: repetir incesantemente sus mentiras, hasta convertirlas en "verdad oficial". Y los caracteres débiles las creen. El comunismo mundial ha reconocido que siempre miente: "Cuando Polonia era comunista, un célebre diplomático de ese país, Wladislav Tycochinsky, desertó a los EE. UU. y dijo públicamente, sobre su trabajo bajo el comunismo: 'Nunca se llegó a discutir si una información dañina para el enemigo era verdadera o inventada. Se parte de la base de que la propaganda es un arma política y no necesita ser verdad para utilizarla'. El hecho fue revelado durante una audiencia celebrada en el Senado norteamericano para escuchar al diplomático. Presente en la sesión se hallaba el entonces Secretario de Defensa, Robert McNamara, quien le preguntó sobre la reacción oficial del gobierno polaco ante las persistentes acusaciones de la URSS contra los Estados Unidos. La Unión Soviética había denunciado, en efecto, a Norteamérica por maltratar cruelmente a los prisioneros de guerra y por utilizar gases en la guerra de Corea. Tycochinsky dijo sin inmutarse: 'Nadie pretendía que se fueran a investigar esos cargos. Ellos eran sencillamente útiles para desprestigiar al enemigo y por eso se usaban.' El Secretario McNamara insistió: 'Pero cuando se trataba de un hecho falso ¿no temía su gobierno quedar en evidencia como mentiroso?' El diplomático y ex espía polaco respondió: 'No, porque la mentira repetida es uno de nuestros métodos de propaganda. Si la mentira se esparce, utilizándose todos los medios de publicidad, concluye por ser aceptada como verdad, o como verdad a medias'". (Alvaro Pineda de Castro, "Pinochet: Verdad o Ficción", Vassallo de Mumbert, Madrid, 1981, p. 232).

Esto es lo que ha sucedido en Chile por años y el efecto ha sido devastador. Véase lo que dice el periodista Daniel Matamala en "La Tercera" del domingo: "Joaquín Lavín intentó romper la maldición con un acto de contrición retrospectiva: dijo estar arrepentido de haber votado Sí, reconocimiento en que lo siguieron otros, como el general Fernando Matthei ('voté Sí cuando en el fondo deseaba que fuera No'), Sergio Diez y Catalina Parot". Después "se arrepintieron" y "pidieron perdón" Andrés Chadwick, Hernán Larraín y un largo etcétera de  políticos, periodistas y empresarios de derecha que hoy hablan de "la dictadura", andan sin corbata, se han dejado de afeitar y van a votar "Apruebo" junto con Fernando Atria, simbolizando inmejorablemente el estado de pelotudez nacional que nos tiene al borde del abismo. Anteayer me enteré por "La Segunda" de que ¡hasta el propio Fernando Larraín, gerente de las AFPs, víctimas propiciatorias de los rojos del "Apruebo", va a votar "Apruebo"  para sepultar a las entidades que dirige!  

Asimismo, los uniformados activos se cambiaron de bando. Después de que los socialistas españoles e ingleses secuestraron a Pinochet en Londres, y los de acá lo desaforaron ilegalmente del Senado, han olvidado hasta a sus propios "caídos tras las líneas enemigas" en manos de la justicia roja, en particular a partir de que un comandante en jefe del Ejército se rindiera incondicionalmente en 2004 y acusara a su propia institución de ser responsable de "todos los hechos punibles y moralmente reprochables del pasado", en medio de un estruendoso aplauso izquierdista. En ese tiempo, la ministra sumariante Eliana Quezada, de Valparaíso, hasta acusó a la Armada de tener preso por treinta años, en un recinto suyo, al ex sacerdote devenido guerrillero Woodward, sabidamente muerto. Pero el alto mando naval expresó que "no tenía nada qué decir" respecto a tan disparatado fallo judicial.

Cuando hace dos años ofrecí mi "Historia de la Revolución Militar 1973-1990", reivindicando al GM, a la Academia de Historia Militar del Ejército, la rechazó por no estar de acuerdo con mi tesis. Lo mismo hicieron "El Mercurio-Aguilar" y "Editorial Zig Zag", pero un directivo de esta última, reservadamente, me instó a publicarla y accedió a distribuirla, así es que la edité yo mismo, ya van tres ediciones y se sigue vendiendo silenciosamente, pero bien, como los "samiszdats" de la era soviética. Me apresto a publicarla en inglés y también lanzaré una edición popular de bajo precio, sin el apoyo de nadie, porque casi todos se han pasado al enemigo, igual que Lavín. 

En fin, pero no por ello menos importante, para probar adicionalmente que es verdad lo que siempre he sostenido, en el sentido de que el GM respetaba los DD. HH., cito el siguiente párrafo de "Out of the Ashes", del historiador norteamericano James Whelan, p. 711 de la edición en inglés, sobre una visita inspectiva de la Heritage Foundation norteamericana, cuyo equipo de expertos vino a verificar la verdad en materia de DD.HH. en los '80 y comprobó lo siguiente: 

"Ninguna (institución) estuvo más envuelta (en esa investigación) que la Cruz Roja Internacional, representada por el doctor Jean Francois Bonard, quien dijo (a los de Heritage) que 'él podía ir a cualquier prisión en Chile, en cualquier momento, para ver a cualquier preso. Él no tenía que hacer una cita o advertir al establecimiento penal que iría. También dijo que los doctores de la Cruz Roja tenían permiso inmediato y no calificado para entrevistar a cualquier preso, salvo los que estuvieran incomunicados'. Cuando Heritage Foundation  vino a Chile, sólo había un incomunicado. La impresión de Heritage fue que el Gobierno parecía decidido a erradicar los abusos". "Parecía decidido a erradicar los abusos".   

Hoy, sin saber nada de eso, una minoría desinformada (pero mayoría plebiscitaria) se apresta a constituirse en epítome de la estupidez humana y a desechar la Constitución mejor preparada, más ratificada plebiscitariamente (67% en 1980 y 90 % en 1989), más reconfirmada por aplastantes mayorías parlamentarias que la modificaron sucesivamente, y que le dio al país los mejores 30 años de su historia. 

¡Virgen del Carmen, Patrona de Chile, salva a tu pueblo que clama a ti!

sábado, 22 de agosto de 2020

El Presidente No Tiene Opinión

Hoy en "El Mercurio" la presidente de la UDI, Jacqueline Van Rysselberghe, dice que le gustaría una definición del Presidente frente al plebiscito. Que él diera su opinión. El problema es que Piñera no tiene opinión. Uno podría colegirla de sus discursos posteriores al acuerdo del 15 de noviembre y tras el llamado a plebiscito. Implícitamente se desprende de ellos que es partidario del Apruebo, pues en esas ocasiones expresó lo que espera de una nueva Constitución, dando así por derrotado al Rechazo. 

Esto último, por lo demás, concuerda  con su línea de centroizquierda a partir del "No" que manifestó ya en el plebiscito de 1980, luego en el de 1988 y, en fin, en la línea de sus dos gobiernos, que yo he llamado "5° y 7° de la Concertación", porque en ellos se dedicó a aumentar el tamaño del Estado, a subir impuestos, a crear ministerios y reparticiones burocráticas y a perseguir militares, tanto que triplicó el número de querellas contra éstos que se habían presentado desde la oficina de DD. HH. del ministerio del Interior, trasladada últimamente al ministerio de Justicia y DD. HH.

Piñera realmente va a tener opinión sólo cuando conozca la última encuesta. Pues si hubiera que definirlo políticamente, debería decirse que es "encuestocrático". Ya en 1989 era, como señalé, del "No", pero entonces apareció en las encuestas un personaje del "Sí" que les ganaba a todos los presidenciables del "No", Hernán Büchi, ministro de Hacienda. Le ganaba incluso a Aylwin y, por supuesto, a Lagos. Eso condujo a que fuera candidato presidencial del "Sí" y entonces "lo rodearon" los políticos de derecha. Uno de ellos, Andrés Allamand, que en esos años estaba siempre "yéndose para el otro lado" (había gestado con los opositores el "Acuerdo Nacional" para acortar el período de Pinochet) le recomendó a Büchi nombrar como "generalísimo" de su campaña a Sebastián Piñera, que era DC y una verdadera locomotora. Büchi le hizo caso, pero Piñera lo hizo decir cosas como que no quería tener a Pinochet de comandante en jefe si era electo, que lo indigestaron y, finalmente, renunció a la candidatura aduciendo una "contradicción vital". Después retomó la candidatura, pero ya estaba "piñerizado" y no sólo Aylwin lo ganó lejos sino que surgió Francisco Javier Errázuriz en el mismo sector y se quedó con un millón de votos que deberían haber sido de Büchi.

Si Piñera no tuvo inconvenientes en saltar del "No" al "Sí" en 1989 fue porque éste era muy fuerte. Voy a citar un discurso que pronunció el ministro de Odeplan, Miguel Kast, antes del plebiscito de 1980, cuya característica fue que todo lo que afirmó era verdad: "¿Cuándo se gastó en programas sociales un porcentaje mayor del gasto fiscal que ahora? ¿Cuándo antes habíamos visto los chilenos que bajaran simultáneamente la inflación y los impuestos, mientras subían el producto nacional y los sueldos? Pero si hubo un progreso en múltiples aspectos, hay un campo donde el avance ha sido y será el más importante. Es el campo de la libertad. De la libertad de trabajo y de la libertad para elegir los bienes de consumo; de la de afiliación sindical; de la libre elección en salud y vivienda, y en un futuro próximo, en la previsión y en la educación". Ese gobierno no podía perder.

Así era lo que ahora llaman "la dictadura". ¡Bendita "dictadura", que nos llenaba de libertades que no teníamos! ¿Y qué respondió el pueblo ante la opción "Si" representativa de todo lo anterior y la opción "No" de la DC, Piñera y los marxistas? De una población total del país de 11.190.000 personas, fueron a votar voluntariamente --porque no era obligación ir-- el 56 %, es decir 6.271.868 personas. Entre los varones el 62,5 % votó "Sí" y el 34,82 % "No". Entre las mujeres (que siempre han tenido mejor criterio) el 71,48 % votó "Sí" y el 25,72 % "No".

Si para el próximo plebiscito constitucional va a votar el 56 % de los 17.500.000 habitantes, es decir, 9 millones 800 mil chilenos, el acto tendrá la misma participación del pueblo que el plebiscito de 1980. Veamos qué sucede. Si no, la Constitución que de ello resulte carecerá del respaldo de la actual, que ha presidido los mejores 30 años de la historia de Chile en materia de estabilidad política, paz social y progreso económico, sólo interrumpidos por la revolución violenta iniciada el 18 de octubre de 2019.          

viernes, 21 de agosto de 2020

¡Perdón... Perdón... Perdón!

 

“El general director don Rodolfo Stange Oelckers fue el hombre clave para la creación de la Academia de Ciencias Policiales de Carabineros de Chile” (Patricio Reyes Morales, presidente del Cuerpo de Generales de Carabineros, en carta a “El Mercurio” de hoy). Esa sería suficiente explicación para que el actual mando quisiera ponerle el nombre de Stange a dicha Academia. Habría sido lo propio de un país normal. Pero Chile no es un país normal, sino uno sometido a la tutela comunista. El comunismo se lanzó con todo contra Stange y entonces el alto mando de Carabineros retiró su propuesta, “ello con un claro espíritu destinado a profundizar el vínculo forjado con la ciudadanía”, según dijo. Los comunistas no llegan al 5 % de los votos, pero como insultan, agreden o matan, han pasado a ser “la ciudadanía”.

Yo, que “conozco el paño”, confieso que me asombré con la noticia de que la academia fuera a ser bautizada con el nombre del ex miembro de la Junta. Y hasta empecé a mirar con mejores ojos al actual titular del Cuerpo, Mario Rozas, por su acto de arrojo en un país en que los comunistas mandan.

Pues no había olvidado que ya antes un juez rojo, Milton Juica, hace muchos años, había intentado responsabilizar a Stange en el proceso por la muerte de los tres más altos jefes del brazo armado terrorista del comunismo, el FPMR, ultimados en un atentado como los que ellos fraguaban habitualmente, pero esta vez cometido por personal de la DICOMCAR de Carabineros, sin orden superior ni conocimiento del gobierno ni de la Junta. Ese personal procedió como lo hacen los norteamericanos con los terroristas iraníes o de Al Qaeda y los israelíes con los de Hezbollah o Al Fatah, dándolos de baja sin más.

Pero la Junta Militar deseaba, en los años 80, desterrar todo procedimiento apartado de la legalidad formal. Así, cuando la Heritage Foundation de EE. UU. mandó para acá a un grupo a examinar la situación de los DD. HH., bajo el gobierno de Pinochet, comprobó con sorpresa (pues estaba bajo la lluvia de desinformación mundial del KGB soviético, acogida por la prensa norteamericana) que el gobierno chileno había autorizado a la Cruz Roja Internacional para inspeccionar, sin necesidad de aviso u orden previos, cualquier recinto de detención y examinar médicamente a cualquier preso. Y entonces la Heritage concluyó que el gobierno del presidente Pinochet quería eliminar de cuajo los abusos (“stamping out abuses”). (Ver “Out of the Ashes”, James Whelan, p. 711).

Justamente Stange asumió en la Junta bajo ese predicamento, tras haber pedido ésta la renuncia a su antecesor, César Mendoza, por mera “responsabilidad de mando” de la DICOMCAR, y pese a no haber él dado orden alguna de eliminar a los altos jefes terroristas. Mucho menos puede haber tenido responsabilidad Stange, nombrado justamente para reemplazarlo.

Es que en el país la opinión pública la manejan los comunistas… aunque les pasan cosas divertidas. Y justamente porque ellos mandan, pronostico "aquí y ahora" que el Tribunal Constitucional va a absolver al principal agente y gestor de la dictadura roja ante los tribunales, el diputado comunista Hugo Gutiérrez, cuya destitución se le ha pedido. Pero no le va a suceder nada, pues la acusación de los parlamentarios de derecha en su contra se va a rechazar, pese a estar ultra fundada y a que sus causales han sido comprobadas en exceso.

Es que Piñera, preocupado de que al partido rojo no se lo toque ni siquiera con el pétalo de una rosa, nombró a María Luisa Brahm presidenta del TC justamente para anular cualquier ínfula de independencia de dicho Tribunal frente al Congreso y a la dictadura judicial. Así es que Hugo Gutiérrez puede respirar tranquilo.

Lo pintoresco –pero de ninguna consecuencia práctica-- es que el mismo Hugo Gutiérrez, como operador judicial, cayó en una trampa que él urdió, porque logró torcer la verdad en el caso de la comitiva del  general Arellano para probar que estuvo el 4 de octubre de 1973 en Cauquenes, y así lograr inculparla de muertes ocurridas allá en esa fecha; pero recién la misma dictadura judicial acaba de condenar a esa comitiva por el fusilamiento del comandante Pepe y once esbirros suyos el mismo 4 de octubre de 1973 en Valdivia, tras un consejo de guerra (en el cual ella tampoco participó). ¿Cómo pudo la “verdad judicial” establecer que la comitiva estuviera en dos lugares tan distantes al mismo tiempo? Esto se les fue a Gutiérrez y sus socios, los jueces rojos. Pero no tienen nada que temer, pues mandan. 

Sorprendentemente la Escuela de Suboficiales de Carabineros se ha librado hasta ahora y se sigue llamando Fabriciano González Urzúa, carabinero asesinado el 11 de septiembre de 1973 por los guerrilleros que se habían tomado la industria Indumet, cuando aquel valiente policía intentó rescatar a un camarada caído bajo los disparos de la guerrilla. Pero en cualquier momento los comunistas pedirán también el cambio de nombre de la Escuela de Suboficiales y, con toda certeza, Piñera y el alto mando policial accederán “con el claro espíritu de profundizar el vínculo creado con la ciudadanía”.

lunes, 17 de agosto de 2020

El Peso de la Noche

No sé cómo puede haber todavía gente que se niega a creer que la Virgen del Carmen hace milagros para salvar una y otra vez a Chile. Hasta hace poco los agentes de Satanás en el país tenían convencida a una mayoría de que las AFPs les robaban la plata de sus cotizaciones previsionales para entregarla a grandes empresarios de derecha que se quedaban con ella. 

Más de un millón de convencidos de eso salieron a las calles el año pasado a desfilar al son de "No + AFP". Entonces, a poco andar, los parlamentarios satánicos, violando la Constitución, presentaron un proyecto (aunque sólo podía ser de iniciativa presidencial) para poder retirar el 10 % de los fondos para la jubilación. La unanimidad de los economistas, de izquierda a derecha, lo consideró, además, inconveniente. Pero cualquier disparate inconstitucional tiene, en el congreso y bajo el gobierno actuales, una gran probabilidad de convertirse en realidad, y así fue. El presidente, que por lo único que se guía es por las encuestas, vio que el 86 % apoyaba el disparate y entonces, en lugar de vetarlo o pedir al Tribunal Constitucional su anulación, lo promulgó y publicó como ley. 

Entonces la gente se fue "de hacha a romper el chanchito" y cobrar su 10 % --que en el caso de los que tenían menos cotizaciones llegó al 44 %  de sus fondos-- y ¡sorpresa!, se encontró con que su plata no sólo "estaba ahí" donde decía el DL 3.500 del gobierno de Pinochet y su ministro José Piñera que iba a estar, sino ¡multiplicada por tres! Pues, por cada peso descontado por planilla, las AFP habían hecho ganar a cada afiliado dos pesos más, prestando los fondos a empresas que producían cosas y hacían crecer la economía y después los devolvían con intereses, en lugar de llevarse la plata para la casa, como lo hace la burocracia satánica actual; o de regalársela como indemnización a los guerrilleros comunistas, como lo hace la dictadura judicial roja desde hace veinte años. 

Resultado de la intervención de la Virgen del Carmen: el sistema de AFP ganó una enormidad en prestigio popular; ahora la gente no quiere que su 90 % restante ni el aumento de cotización del 6 % de la reforma previsional vayan a manos del estado sino a su cuenta personal; y al Satanás rojo "le ha salido el tiro por la culata". ¿Ha sido o no otro milagro de la Patrona de Chile?

Pero "el peso de la noche" sigue aplastando al país. Hay una gran posibilidad de que el "Apruebo" triunfe en el plebiscito que ha impuesto por la fuerza de la violencia el actual parlamentarismo de facto imperante en el país. 

Como "Júpiter ciega a quienes quiere perder", hoy he visto en el diario que hasta un ejecutivo de una firma financiera dice que hay gran confianza, en Chile y en el exterior, en que un amplio triunfo del "Apruebo" hará subir de precio las acciones chilenas. Afirma que los inversionistas extranjeros piensan lo mismo. Si son norteamericanos, puede ser. Recuérdese cómo persiguieron al mejor gobierno chileno del siglo XX, que derrotó a la guerrilla comunista, alineándose aquéllos con la URSS en la condena de nuestro país ante la ONU. Recuérdese cómo la Secretaria de Estado Madeleine Albright, cuando vino para acá en 2000, aplaudió el ilícito desafuero del senador Pinochet aprobado por la Corte Suprema y fraguado por el comunista Hugo Gutiérrez. Los norteamericanos son especialistas en entregar países a las manos del comunismo. El New York Times no se cansó de apoyar a Castro. Ese diario y el Washington Post ayudaron a  los demócratas a entregar Vietnam a los comunistas e Irán a los ayatollahs. Y ahora, en los propios EE. UU., quieren liquidar al presidente de derecha y anticomunista que salió elegido pese a todos ellos. 

Y acá, por nuestra parte, "el peso de la noche" es demasiado grande. Yo pienso que, si se produce el triunfo del "Apruebo", será un desastre total para Chile. Y conste que lo creo muy probable, puesto que toda la oposición está tras él y ayer en "La Tercera" he visto que hay diez de diecisiete ministros del gobierno también por el"Apruebo" y sólo una minoría de siete por el "Rechazo"; y cuatro o cinco "en reflexión". Y Piñera, por cierto, también está a favor del "proceso constituyente", como lo dijo en el propio discurso de rendición incondicional ante los satánicos en noviembre pasado

De modo que la salvación de Chile es muy improbable. Tanto que ni siquiera me atrevo a pedírselo a nuestra Patrona, pese a que, al paso que vamos, con tanto chileno ejerciendo su sagrado derecho a ser imbécil, es la única que puede salvarnos.

jueves, 13 de agosto de 2020

Todos Son Hugo Gutiérrez

Antes de que estallara la bomba del último escándalo, el diputado comunista Hugo Gutiérrez acaparaba el centro de la polémica al haber sido filmado en una actitud de prepotencia, abuso de autoridad y burla a la legalidad que han sido una constante de su actividad política y pública. Tal, por lo demás, constituye un rasgo saliente de la participación de su partido, el comunista, en la vida chilena. Y, hay que decirlo, todo eso cohonestado por una actitud complaciente y entreguista de la habitualmente llamada "corriente dominante". El historiador Paul Johnson la describe como "élites habladoras", acostumbradas a hacerse eco de la propaganda roja emanada del KGB hasta que éste dejó de existir; y después a someterse a su heredero natural, el izquierdismo que predomina en los medios, aunque sus dueños sean de derecha. 

Pues Gutiérrez y su partido siempre han hecho, exitosamente, escarnio de la legalidad. Pero él se distingue por ser el más audaz y temerario de todos, aunque en lo personal es simpático. Lo digo porque la única vez que he estado con él fue en la antesala de un debate en Chilevisión, en el curso del cual ambos nos terminamos gritando al unísono a voz en cuello, hace pocos años. Pero antes del programa, en la sala donde yo esperaba, cuando entró me dijo amistosa y patudamente, sin conocerme y teniendo edad para ser mi hijo y no un igual: "Hola Hermógenes, ¿cómo estai?" Yo le contesté que bien y le pregunté si seguía recibiendo tantas críticas, a lo que me respondió que sí y que siempre le echaban la culpa de todo, o algo parecido.

Como abogado ha sido frecuente querellante contra uniformados (r) que mataron a terroristas e inclaudicable defensor de terroristas que mataron a militares. Sólo su "cara de palo" le permite ese cambio de sombrero con la facilidad con que lo hace para "quemar lo que antes adoró y adorar lo que antes quemó". 

Hugo Gutiérrez fue, aunque esto el grueso de la gente no lo sepa o recuerde, el principal artífice del episodio más vergonzoso de la historia judicial chilena (hasta esa fecha, porque después ha habido otros aún más vergonzosos, como el tratado en mi anterior blog): el desafuero del senador Pinochet, confirmado para perpetua vergüenza por la Corte Suprema el 29 de enero de 2001 y dado a conocer urbi et orbi por su gestor, el propio Gutiérrez, ante centenares de reporteros de los cinco continentes. Pues, no está demás recordarlo, el blanco favorito del izquierdismo mundial antes de Donald Trump fue, durante decenas de años, Augusto Pinochet. 

Éste, como Presidente, era enteramente ajeno a los hechos delictivos generados al paso de la comitiva del general Arellano, pero Hugo Gutiérrez se encargó de "armar un caso" a partir de nada y el juez Juan Guzmán Tapia se le sometió dócilmente y se prestó para meter en una máquina de moler el derecho y la verdad y sacar una monstruosidad jurídica y moral. Un solo ejemplo: se necesitaba, para la siniestra trama, atrasar en tres días la verdadera fecha de la llegada de la comitiva de Arellano a Cauquenes para poder culparla de fusilamientos acaecidos allá tres días después de que ella había estado. Un teniente coronel local declaró al juez inicialmente la verdad, es decir, que la comitiva había estado el 30 de septiembre, pero recibió la visita de Hugo Gutiérrez, que necesitaba que fuera el 4 de octubre para armar un cuento contra Pinochet. Entonces Hugo fue a ver al teniente coronel y lo convenció de cambiar la fecha al 4 de octubre. "Es que me iluminó", explicaría a "La Segunda" del 25 de junio de 1999. 

Así Gutiérrez fue "armando" el juicio en que fueron atropelladas las leyes, la verdad de los hechos y las bases fundamentales y ancestrales del Derecho Penal. El hombre de la barba negra fue, entonces, el verdadero fundador de la dictadura judicial de izquierda que a partir de ahí se enseñoreó de la justicia chilena y la tiene cautiva y prevaricando hasta hoy.

Pero esto ha sucedido porque el país cedió ante todo lo que él se propuso. La figura de Hugo Gutiérrez es a imagen y semejanza del ser chileno del siglo XXI. Todos acá son Hugo Gutiérrez. Yo no, por supuesto, pero por eso soy una voz en el desierto, muy minoritaria, defendiendo los fueros de la legalidad y la verdad. 

Pues el país quiere lo que hay, tanto que en la Cámara se acaba de aprobar el proyecto de ley que castigará con tres años y un día de presidio y multa millonaria al que diga las verdades que yo digo, como ésta de que la comitiva de Arellano estuvo el 30 de septiembre y no el 4 de octubre de 1973 en Cauquenes o que el juicio a Pinochet fue un  completo montaje. 

Entonces el Chile actual les da carta blanca a Hugo Gutiérrez y al comunismo y les dice "Apruebo" y lo que se proponen ambos es lo que vamos a tener.








sábado, 8 de agosto de 2020

Barbaridades Diarias

Estoy obligado a escribir todos los días porque las barbaridades son diarias. La última: condena a cinco años y un día contra el general Santiago Sinclair, ex miembro de la Junta, y otros oficiales, por supuestos "doce homicidios calificados" que, dice el diario, habrían cometido en 1973 en el "episodio Valdivia" de la causa conocida como "Caravana de la Muerte". Primera cosa: la Caravana no tuvo nada que ver en eso, pero fue condenada igual.

Los tres ministros de la Corte de Santiago que dictaron la absurda sentencia sin leer el expediente, Carlos Gajardo, Alejandro Madrid (caso Frei) y Paola Herrera, pasarán a la historia como autores de otro fallo disparatado de la dictadura judicial chilena. Más vale presumirles ignorancia que mala fe.

Pues en 1973 el general Sinclair, actuando dentro de la Constitución y de la ley, formó parte de un consejo de guerra que condenó a muerte a doce guerrilleros autores de numerosos delitos. 

Los sentenciadores de hoy demuestran ni siquiera haber hojeado el proceso, que ya tiene muchos años. Ni menos haber leído los libros relativos a él: "Simplemente Lo Que Vi", del abogado DC de izquierda, defensor de los guerrilleros, Andrés Aylwin; "De Conspiraciones y Justicia", de Sergio Arellano Iturriaga; y "La Verdad del Juicio a Pinochet", del autor de este artículo (puede adquirirse en este mismo blog.)

El consejo de guerra constituido en septiembre y octubre de 1973, actuando apegado a la ley vigente y contemplando el derecho a defensa de los procesados, en un anfiteatro de Valdivia y ante un público numeroso, condenó a muerte al guerrillero José Gregorio Liendo (Comandante Pepe) y a once de sus secuaces, que poco antes habían asaltado el retén de Neltume y, antes de eso, por largo tiempo habían asolado la zona con sus atentados y despojos violentos. Liendo, entrevistado por la periodista Nena Ossa en esa época, había declarado que si la guerra civil que se venía en 1973 no generaba un millón de muertos, "la revolución no iba a resultar". (Ver libro "Allende Thank You" de la citada periodista).

Lo más notable es que la comitiva de Arellano no tuvo participación en la condena. El jefe de zona de Valdivia, general Héctor Bravo Muñoz (ya fallecido) declaró en el mismo expediente que los ministros sentenciadores de hoy evidentemente no han leído: "En la primera visita que Arellano hizo a Valdivia, que según recuerdo debe haber sido entre el 23 y el 25 de septiembre de 1973, le dije taxativa pero cortésmente que, sin perjuicio de su nombramiento de Oficial Delegado, no interferiría en la sustanciación de las causas ni menos en los consejos de guerra que ya estaban en proceso y así lo aceptó y se hizo. La segunda visita de Arellano a Valdivia se produjo entre el 3 y 5 de octubre de ese mismo año, cuando ya sentenciados los inculpados por el consejo de guerra que afectó a Liendo y a las personas vinculadas a él, firmé el decreto de cumplimiento de las sentencias. Recuerdo que Arellano agregó su firma a la mía en el mismo decreto".

En el sitio web memoriaviva.com, de organismos de DD. HH., se comenta también el mismo consejo de guerra 1498-73. El derecho a defensa de los procesados fue tan efectivo que el abogado DC de izquierda Andrés Aylwin, representando a algunos guerrilleros, reconoció lo siguiente en sus memorias antes citadas: "las defensas que hicimos los tres abogados estuvieron bien sincronizadas y quedé con la impresión de que algún impacto podrían haber causado en el solemne consejo de guerra".

Otros miembros de la comitiva de Arellano fueron ahora también inexplicablemente condenados y uno, Pedro Espinoza, nada menos que a diez años. Todo insólito. Menos participación aún tuvo el piloto del helicóptero de la comitiva, Emilio Robert de la Mahotiere, que se limitó a manejar la máquina, no obstante lo cual los jueces actuales le impusieron 3 años y un día como "encubridor". Pilotar el helicóptero donde van personas que no participaron en el consejo de guerra ¿cómo puede ser "encubrimiento"? ¿Qué sucede con las cortes chilenas, que se han vuelto tan desvergonzadas?

Pero todos sabemos qué sucede: es otro "negocio raro". Condenas de efectos políticos (un ex miembro de la Junta) y pago de $ 1.910 millones a los familiares de los guerrilleros. ¿Qué importa que los hechos no sean delito, no sean verdad y estén prescritos y amnistiados? Integrar un consejo de guerra establecido en la ley y aplicar el código de Justicia Militar no puede ser delito. Y menos para quienes ni siquiera han participado. 

El móvil económico genera fallos absurdos: hace poco se condenó a un fiscal militar de Calama, Oscar Figueroa, por un fusilamiento múltiple de 1973 en que no pudo físicamente participar, pues a la misma hora conducía un consejo de guerra lejos del lugar de las ejecuciones, sin tener noción de que tenían lugar. ¿Cómo pudo ser? Es que los jueces de izquierda se han ido quedando sin culpables, por fallecimiento de los hechores, y entonces necesitaban culpar a alguien, cualquiera, para condenar al fisco a la millonaria indemnización, el verdadero objeto del litigio.

Resumen: un general (r) condenado por homicidio calificado cuando lo que hizo fue fallar dentro de la Constitución y de la ley. ¿Por qué? Por haber sido miembro de la Junta. Un brigadier (r) condenado a ¡diez años! pese a que ni falló ni participó en el consejo. ¿Por qué? Por ser muy nombrado en muchos procesos. Otros oficiales (r), que tampoco fallaron ni participaron, pero de nombres menos conocidos, condenados sólo a cinco años; y un piloto de helicóptero condenado a tres años y un día como encubridor de nada, pues sólo trasladó a los que no hicieron nada. ¡Oh vil dinero, cuántas prevaricaciones se cometen en tu nombre!

viernes, 7 de agosto de 2020

¿Usted Sabe Quién es Heriberto Novoa?

Si usted no sabe quién fue Heriberto Novoa, quiere decir que no es un ciudadano apto para ejercer el derecho a sufragio debidamente informado.

Heriberto Novoa era un carabinero de guardia en la Llama de la Libertad, en la plaza Bulnes, en mayo de 1980. Ese mes el MIR, grupo inspirado en el marxismo-leninismo, había asaltado tres sucursales bancarias y estimó que debía culminar su tarea asesinando al servidor del orden que custodiaba la Llama, y le dio muerte a tiros, a mansalva. Hoy es un héroe nacional no reconocido, olvidado.

Heriberto Novoa murió porque no hay nada que motive más el ejercicio de la violencia marxista-leninista que el imperio de la libertad, pues los que profesan el comunismo se proponen suprimirla en todas las instancias de la sociedad. 

Por eso el asesinato de Heriberto Novoa fue simbólico: custodiaba lo más representativo del régimen militar, nuestra salvación en 1973 de perder nuestra libertad y el testimonio de lo más valioso que ese gobierno legó al país: una sociedad libre. 

En efecto, bajo ese régimen los chilenos fueron recobrando sus libertades de trabajo, de elección diaria, de educación, de salud, de transporte, hasta culminar con la libertad política y electoral que les brindó el articulado permanente de la Constitución de 1980, a partir del 11 de marzo de 1990. Todo ello hizo posibles después treinta años de estabilidad y progreso que llegaron a su fin el 18 de octubre de 2019, cuando la Revolución Totalitaria Roja, de signo contrario, aprovechándose de un gobernante débil, sin convicciones, sin personalidad y listo para rendirse al primer embate, puso final violento al mejor período de nuestra historia independiente.

Hoy tenemos los testimonios directos de la pérdida de libertades con lo que sucede en la Araucanía, oyendo las grabaciones de una propietaria llorosa que debe abandonar su predio en medio de la agresión extremista y sin recibir el menor auxilio de la fuerza pública, poniendo así de manifiesto el amplio abandono de deberes en que ha incurrido Sebastián Piñera, cuyo gobierno ha dejado por completo de velar por los derechos básicos de los ciudadanos libres. Leer las cartas sobre la Araucanía en "El Mercurio" deja un vacío. ¿Alguna recuerda que en 1990 era una región próspera, agradecida del Presidente que había dado títulos de propiedad sobre 400 mil hectáreas y que en el plebiscito de 1988 había votado mayoritariamente "Sí"? ¿Alguien siquiera se ha preguntado por qué pasaba todo eso entonces, tan distinto de lo que sucede hoy?

Cuando comenzaba a escribir estas líneas me llamó el encargado agrícola de una propiedad de mi cónyuge para comunicarme que un sujeto ha entrado al predio pisoteando almácigos, acompañado de un gran perro y, ante su requerimiento de que no haga daño y la advertencia de que se trata de una  propiedad privada, le ha respondido altaneramente que él tiene pleno derecho a ingresar ahí, como si supiera exactamente lo que está pasando en Chile, es decir, que no hay gobierno ni autoridad. Pasa en la Araucanía y está comenzando a pasar en todo Chile. 

En este momento, desde Maipú hasta Santiago, hay numerosos predios particulares tomados, "nuevos campamentos". Y lo más sorprendente es que la mayoría de los tomadores son haitianos, colombianos y venezolanos, entrados en la oleada que admitió la excomandante Claudia en sus últimos meses de mandato.

Los que ignoran quién fue Heriberto Novoa y, por tanto, carecen de conocimientos adecuados para emitir un "voto informado", deberían haber reparado en la importancia que tuvo el restablecimiento del derecho de propiedad, de la libertad de iniciativas y de la entrega a particulares del derecho a fundar entidades educacionales, centros de salud privados y demás libertades. Recuérdese que los propios partidarios de regímenes liberticidas, como lo son, en particular, los comunistas, aprovecharon las libertades que les brindaba la Revolución Militar para fundar colegios y universidades comunistas. Así, fundaron a Universidad Arcis, aunque después la esquilmaron, defraudando a sus estudiantes. Los comunistas también fundaron el Colegio Latinoamericano de Integración. Compañeros de ruta suyos, como la Compañía de Jesús, aprovecharon también de fundar la Universidad Católica Alberto Hurtado. que subsiste hasta hoy. ¿Qué mayores testimonios de que la libertad económica está en la base de la libertad política?

Ahora estamos ad portas de que, bajo un régimen de facto, como el que se ha impuesto en Chile por la fuerza (como lo ha reconocido el senador Quintana, al hablar de un "parlamentarismo de facto") se lleve a cabo un plebiscito nacido de la amenaza de la fuerza. Yo en un principio me había negado a participar en este esquema institucional impuesto ilícitamente, pero  al ver cómo mucha gente ha recapacitado y se ha ido inclinando por votar "Rechazo" y extirpar así de raíz el tumor totalitario representado por la Asamblea Constituyente que derivaría de un triunfo del "Apruebo", pienso que a la ciudadanía de bien la cabe un papel como última defensa de nuestra libertad amenazada, votando "Rechazo" y lo voy a hacer.

Si la mayoría silenciosa, que por escepticismo pensaba no concurrir a votar, se hace presente en el irregular plebiscito del 25 de octubre, existe la posibilidad de que el país no se deslice por la pendiente totalitaria.

Aunque no sepa quién es Heriberto Novoa, carabinero héroe de la defensa de la libertad y aunque, por eso, su voto no sea debidamente informado, si así y todo concurre y vota "Rechazo", Chile todavía puede salvarse. He visto  que muchas personas, que inexplicablemente había anunciado que votarían "Apruebo", ahora han tenido a bien anunciar que han cambiado o "han entrado en período de reflexión". He leído que el propio Andrés Velasco ya se manifiesta dudoso y que columnistas ex comunistas ya han abandonado la idea de votar "Apruebo", ante la magnitud de la catástrofe institucional que el triunfo de esa opción representaría.

Chile puede salvarse y un gran paso hacia lograrlo es jugarnos enteros por el triunfo del "Rechazo" el 25 de octubre próximo, aunque ello ocurra sin tener plena información, en medio de un régimen de facto y bajo la amenaza de la violencia. Sería un ejemplo histórico de una aparente minoría inicial que se transforma en mayoría cuando se da cuenta de que se trata de salvar el destino de su propio país.

jueves, 6 de agosto de 2020

El Problema de No Hacerme Caso

Hace semanas propuse una cura para el Covid-19 que ha sido exitosa en Japón, Taiwán, Singapur e Islandia, países que la aplican y casi no tienen el problema. La cura consiste en el uso de la Budesonida, un remedio para el asma recomendado por el doctor de Texas, Richard Bartlett, y aplicado por él con éxito del ciento por ciento, es decir, se han curado todos los pacientes de Covid-19 que ha tratado. El mismo remedio se aplica en los antes citados países que han superado el problema.

Los aportes de los lectores de este blog, Ricardo Fernández y Marcelo Jorquera, han puesto al alcance de los chilenos la Budesonida, que se vende en Santiago con el nombre de Aerovial ($7.000) y que el primero de los nombrados usa hace más de diez años; y también con el nombre de Budasmal, de otro laboratorio, que el segundo nombrado compra en $ 16.590. Este medicamento debe emplearse con asistencia médica, pero recordando lo que aconseja el doctor Bartelett quien, siguiendo la recomendación de su hijo, dedicado a combatir incendios forestales, dice que se debe "apuntar al origen del fuego", es decir, en el caso del Covid-19, procurar que un respirador o nebulizador lleve el remedio al pulmón, donde eliminará la inflamación provocada por el virus y el paciente mejorará en pocos días.

Pero como los chilenos no me hacen caso, son los que más contagios tienen, según la información "Países Con Más Contagios" de "El Mercurio", que este diario dejó de publicar hace días. "Mataron al mensajero".

Hace unos días me dio risa que Meganoticias presentara, con carácter de "alarma mundial", el caso de los Estados Unidos, que tiene 3.896.848 contagiados y 143.269 muertos por el coronavirus. Pero resulta que Estados Unidos tiene 11.769 contagiados por millón de habitantes y Chile 17.304, es decir, un 47 % más. Y los  norteamericanos tienen también menos muertos por millón de habitantes, 433, y nosotros 445. Meganoticias es un típico caso de los que ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

En su columna dominical en "El Mercurio" Hernán Büchi dijo que en el mundo fallecen 150 mil personas diarias, de las cuales 2.200 mueren por el Covid-19; 2.600 por el Sida; 26 mil de cáncer y 50 mil por problemas cardiovasculares. El coronavirus es la menor de las amenazas a la vida.

Días antes la TV chilena, tan anti Bolsonaro como anti Trump, se había dedicado a destacar el horror del Covid-19 en Brasil, hasta que se dieron cuenta de que ese país tiene sólo poco más de la mitad de contagiados por millón de habitantes que Chile y sólo 374 muertos por millón, contra 445 de Chile.

Chilenas y chilenos, háganme caso por una vez: reabran la actividad económica y curen el Covid-19 con Budenosida (Aerovial o Budasmal) llevándolo directamente a los pulmones con un nebulizador o aspirándolo de una cánula y dejen al país en condiciones de ser nuevamente arrasado por las hordas comunistas, sin autoridad, sin orden público y sin  futuro, por lo menos hasta que un nuevo presidente reemplace a Piñera  y ponga mano dura para terminar con un mal mucho peor que el coronavirus: el ideario de la violencia comunista.

lunes, 3 de agosto de 2020

La Última Oportunidad

La más reciente encuesta Activa Research muestra que el apoyo al "Apruebo", es decir, a una asamblea constituyente que nos transforme en "Chilezuela", ya alcanza al 70 %. Toda una sorpresa a partir de lo que indicó la presidencial de 2017, en que a la izquierda se le "dieron vuelta" los suficientes votantes como para permitir el triunfo de Piñera. Pues en diputados y senadores la izquierda probó, en 2017, ser mayoría; pero al momento de también triunfar en la presidencial y poder cambiarlo todo, una parte de su electorado le dijo "¡un momentito!" y se pasó al otro bando en porcentaje suficiente para impedir que Guillier ganara y nos condujera a "Chilezuela".

Pero, como el destino no está escrito en piedra, el país se equivocó con Piñera y de todas maneras ahora se encamina a ser "Chilezuela" de la mano de éste. Pues el triunfo del "Apruebo" que auguran las encuestas significaría ni más ni menos que eso: asamblea constituyente y socialismo del siglo XXI. Pero el partido no ha terminado.

Con su ojo para detectar lo que está sucediendo, el senador Jaime Quintana ya nos lo describió: Chile hoy, dijo, vive "un parlamentarismo de facto". Pues no es "de iure", de derecho. La Constitución, que instituye un régimen presidencial, no habría permitido hacer lo que se está haciendo, pero ella ya dejó de regir para efectos prácticos. El parlamento se ha impuesto sobre un ejecutivo débil. Los cambios recientes se han aprobado violando el texto de la Carta, según el cual el Presidente de la República tiene "la iniciativa exclusiva" para modificar "las normas sobre seguridad social", sea que ello se intente mediante un proyecto de ley, uno de reforma constitucional o cualquier resquicio que se discurra. Simplemente, no puede hacerse. Pero se ha hecho. De facto.

Antes, las fuerzas armadas eran garantes de la institucionalidad y podrían haber levantado la voz. Nunca la levantaron y con el tiempo eso se derogó y ya no son garantes, desde 2005. 

También antes los jueces obraron de facto cuando condenaron a los uniformados en retiro violando preceptos básicos de la Constitución y, desde luego, el que dice: "ningún delito puede ser castigado con otra pena que la que señale una ley promulgada con anterioridad a su perpetración". Los militares (r) comenzaron a ser condenados por "delitos de lesa humanidad" creados por ley de 2009 y aplicada a sus conductas de los años 70 y 80. También las fuerzas armadas lo han dejado pasar sin la menor protesta y lo mismo ha hecho el resto de la sociedad. 

Pronto, cuando quede atrás la pandemia (pues "todo pasa") va a retornar la violencia, que está en receso debido al estado de excepción y al toque de queda. Este gobierno ya ha probado no poder controlarla. Es decir, tendremos parlamentarismo de facto más violencia.

Entonces vamos a sumar esos ingredientes, ya de por sí negativos, a la incertidumbre de "la hoja en blanco" sobre la cual va a escribir la nueva constitución la asamblea constituyente. La "incerteza" a que adujo Büchi como una de sus razones para irse a vivir a otro país (el diccionario de la Academia acepta el término, pero todos acá antes decíamos "incertidumbre") se va a agudizar. Bajo uno u otro sinónimo, una cosa es segura: habrá menos inversión y menos crecimiento. Es decir, menos empleo y más pobreza.

¿Qué ha hecho la mayoría del país en el pasado, cuando ha habido más violencia, más desorden, menos crecimiento, más desempleo y más pobreza? En 1952 eligió a un ex militar, ex dictador; en 1958 eligió a un hombre de derecha; en 1973 los representantes de la mayoría, interpretándola, llamaron a los militares a cambiar el gobierno, y nos salvamos. Es decir, este otro año el electorado podría volver a votar mayoritariamente por alguien capaz de sacarnos del camino a "Chilezuela", como creyó hacerlo en 2017, pero se equivocó, porque hasta ahora es la extrema debilidad de Piñera la que nos pone en ese camino. 

En resumen, pese a habernos equivocado, nos queda todavía una última oportunidad.