Tomás Mosciatti es el Larry King chileno. Este último, entrevistador norteameriano hace largo tiempo fallecido, exhibía llamativos suspensores y generalmente sabía más que sus entrevistados del asunto en discusión y terminaba, en habitualmente, "masacrándolos" en cámara.
En Chile surgió un imitador suyo, Tomás Mosciatti, periodista co-dueño de Radio Bío Bío, que con los mismos suspensores y el mismo grado de información, pone en apuros y a veces "masacra", cuando le resulta posible. a sus entrevistados.
Recuerdo, en particular, la entrevista que le hizo al candidato José Antonio Kast en la presidenical de 2021, en que literalmente "lo deshizo" con acusaciones de torturas bajo el Gobierno Militar, nada de lo cual José Antonio fue capaz de replicar, por carecer de información o personalidad, o ambas.
En esa oportunidad yo le hice en este blog una crítica dura a Mosciatti, porque domino los hechos mejor que José Antonio Kast y, en general, que todos los políticos del momento. En la entrevista reciente a Johannes, éste tuvo más energía para replicar, pero quedó de manifiesto que tampoco maneja toda la información, así es que las acusaciones de "torturas" bajo el Gobierno Militar tampoco fueron adecuadamente replicadas.
El hecho es que Mosciatti masacra a los candidatos de la derecha con ese tema y casi no los deja replicar, porque repite esa palabra insistentemente. Como si las torturas hubieran sido una práctica introducida en Chile bajo el Gobierno Militar, cuando ha sido todo al revés: son un procedimiento antitguo en los gobiernos chilenos.
Recuérdense los centenares de páginas de la revista Punto Final, que en los años 70 acusaron al régimen de Eduardo Frei Montalva de torturar a opositores, denuncia que firmaron cien abogados de izquierda, incluyendo a Ricardo Lagos.
Después, en el gobierno de Allende, las torturas de opositores fueron habituales. Y eso que la derecha nunca tuvo guerrillas que cometieran atentados.
Bajo Allende las denuncias de torturas salieron in extenso en los diarios, en particular en los casos del entonces director del diario El Cóndor de Santa Cruz, Maximiano Errázuriz, que después fue diputado. Tras ser torturado por detectives miristas, fue amarrado a una vía férrea por donde pasaban trenes. Por fortuna lo desataron abntes de que pasara alguno.
La tortura de opositores fue tan frecuente en el gobierno de Allende que constituyó uno de los capítulos por los cuales el Acuerdo de la Cámara del 22 de agosto de 1973 llamó a los militares a destituirlo.
Entonces los derechistas "masacrados" por Mosciatti con el tema podrían perfectamente replicarle que era una costumbre inveterada de la política chilena y que el Gobierno Militar fue el único bajo el cual se la persiguió y sancionó, como lo probó la condena en los años '70 del Comando de Vengadore de Mártires, cuyos detectives fueron a presidio por haber aplicado apremios ilegitimos a un subversivo de izquirda.
Pero para decir eso hay que interrumpir a Mosciatti, que no se deja interrumpir. En abono de éste hay que decir que es igual con entrevistados de izquierda y de derecha.
Alguien debería refutarlo en sus propias entrevistas cuando esgrima la tortura bajo el Gobierno Militar, que ha sido su leit motiv contra Kast y Kaiser, pero nadie lo ha hecho.
Cuando el siguiente político de derecha, defensor del Gobierno Militar (¿queda alguno, excepto el senador Urrutia?) sea víctima del intento de "masacre" de Mosciatti, debería contestarle todas esas cosas y, en particular, recordarle que las torturas del régimen de Allende, por ejemplo, en el caso de Juan Luis Ossa (QEPD), salieron in extenso en El Mercurio, en febrero de 1972, y Allende nunca las desmintió y ni siquiera escribió al diario al respecto, siendo que quien las aplicaba era su subdirector de Investigaciones, el comunista Carlos Toro.
Entonces, cuando el Larry King chileno acose de nuevo a un político de derecha con las torturas, éste ya sabe lo que le debe replicar.