Maduro tenía 843 presos políticos, que ahora están siendo liberados gracias a Trump. Boric tiene 400 (eran 500, pero han fallecido cien). Nadie, salvo un grupo minoritario de patriotas y esta columna, se preocupa de ellos.
El presidente electo ni siquiera los alude. Son exmilitares, es decir, los más indefensos de nuestra sociedad, junto con los que están por nacer. Debería aludirlos, porque gracias a ellos Chile no es hoy otra Cuba. Y también porque su conocimiento del derecho y su futura obligación como gobernante de defender el estado de derecho o rule of law, deberían impulsarlo a indultarlos a todos. Con la misma prontitud con que Boric indultó a los destructores del metro, incendiarios de iglesias y devastadores de ciudades.
En el caso de Kast el indulto deberá fundarse en que han sido condenados por un delito que no existe y que, según confesión del autor de la trampa judicial, no se ha probado. Lo cual he acreditado latamente en columnas anteriores.
Kast seguramente teme al poder comunicacional de la izquierda, que ha demonizado a los salvadores de Chile. Es tan fuerte que ha consagrado una gran mentira como verdad dominante: que Pinochet violó sistemáticamente los derechos humanos, en circunstancias que en este mismo blog y en las ediciones del 22 al 25 de noviembre he probado que ordenó a todas las unidades uniformadas y de orden respetar los derechos humanos.
El poder comunicacional de la izquierda llama a esos presos políticos "violadores de derechos humanos", pero ni siquiera a uno de ellos se le ha probado el delito por el cual está preso.
La peor derrota del marxismo chileno en este siglo fue la del 14 de diciembre. Pues que un político que había votado Sí a la segunda presidencia de Pinochet haya triunfado con el 58 por ciento de los votos sobre la candidata comunista, fue demoledor.
Pero en la situación actual se viola masivamente el derecho humano a un debido proceso de los exmilitares. Boric, Piñera, Bachelet han sido violadores de derechos humanos.
Yo le denuncié esto a Trump en su primer mandato y la Casa Blanca me acusó recibo. Pero, como es sabido, los demócratas le robaron la reelección. y no alcanzó a hacer nada.
Ahora volvió al poder y le escribiré de nuevo. Espero que algo le sugiera al silente presidente electo cuando venga a la transmisión del mando, para marcharse satisfecho de haber sumado 400 a los 843 presos políticos del marxismo que ya ha salvado en Venezuela.